el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Neal Wooten. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Neal Wooten. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de diciembre de 2019

MIERCOLES COPADO

Sí, parece mentira pero es posta: el miércoles ya vamos a tener un nuevo gobierno y las probabilidades de que sea peor que el que se va son similares a las de que te atropelle un micro escolar en la esquina de Lavalle y Florida, un sábado de Enero a las 4 AM. Y mientras espero ese día de ir a cantar a la Plaza, tengo para reseñar un par de libritos más.
Tarde pero seguro empecé a leer Low, una serie iniciada en 2014 por Rick Remender y Greg Tocchini de la que salieron sólo 19 episodios (ni idea si terminó o quedó inconclusa, pero por ahí algún lector me desasna). Low es un comic de recontra-ciencia-ficción, ambientada decenas de miles de años en el futuro, cuando el sol se empezó a expandir hasta convertir en inhabitable la superficie de la Tierra. Los humanos que sobrevivieron se fueron a vivir en ciudades-domos bajo el océano, y mandaron miles de sondas al espacio, en busca de algún planeta menos hostil a donde mudarse. Pero las noticias que llegaron de estas sondas fueron escasas y desalentadoras.
El entorno, entonces, de este primer tomo de Low es el fondo del mar, donde viven Stel, sus hijos y su marido Johl, que es una especie de sheriff de una de las ciudades subacuáticas. Pero el status quo va a cambiar rápido y para el segundo episodio la familia de Stel estará hecha pedazos por una tragedia capaz de eliminar cualquier rastro de esperanza. Remender va a poner el foco ahí, en qué hacer cuando la esperanza agoniza, y va a plantear a Stel como una especie de elemental de la esperanza, como la mina que jamás se rinde, que jamás pierde la ilusión ni la convicción de que las cosas pueden resolverse, o al menos mejorar. Con unos ovarios monumentales, se pondrá al hombro el protagonismo de la serie y emprenderá una búsqueda heroica (algunos dirán suicida) de sus hijas y de una sonda que regresó con noticias que (en una de esas) son alentadoras. O sea que la machaca acuática con mega-chiches tecno, naves y trajes exóticos y criaturas alucinantes tiene también una especie de trasfondo filosófico, una ética, un mensaje que en general no había visto en otras de Remender, donde la violencia se explica y se impone por sí sola, sin profundizar demasiado.
Todo esto, sin embargo, corre el riesgo de pasar absolutamente desapercibido, porque MUY por encima de cualquier logro de Remender en materia de desarrollo de personajes, diálogos o contexto espacio-temporal, está el dibujo de Tocchini. Esta bestia oriunda de San Pablo (Brasil) deslumbra con su trazo hiper-estilizado, realista, muy detallado y de increíble fluidez. Me cuesta muchísimo describir (y ni hablar de explicar) lo que hace Tocchini en estas páginas, la elegancia que le pone a las escenas más bestiales, la majestad que ostentan sus decorados, sus paisajes… Visualmente, este es un comic realmente mágico, único e irreproducible. Encima Tocchini se colorea a sí mismo, también a un nivel superlativo. O sea que aunque no te interese en lo más mínimo el guión, te recomiendo sumergirte en Low para morir de emoción con los dibujos. Tengo por ahí el Vol.2, prometo entrarle pronto.
Hora de reencontrarme con Pancho el Pitbull, la tira que realizan el estadounidense Neal Wooten y el uruguayo Nicolás Peruzzo para… algún medio de EEUU. Como ya vimos en las reseñas de los tomos anteriores, la edición uruguaya tiene como gran atractivo la traducción al rioplatense realizada por el propio Peruzzo, que no sólo conserva sino que hasta potencia el contenido humorístico de la tira. A la hora de armar los libritos, Peruzzo mete mucha mano, agrega dibujos y hasta una historieta de ocho páginas 100% realizada por él, que me pareció brillante entre otras cosas porque rompe el molde de las tiras, todas (TODAS) divididas en tres viñetas de igual tamaño.
Es muy difícil bancar años y años de una tira siempre en ese formato tan restrictivo un poco por el cansancio que genera en el dibujante y un poco porque hay que ser un mago del timing para acomodar TODOS los chistes a esa grilla sin que pierdan efecto cómico. Por suerte Peruzzo se banca esas reglas tan estrictas, y Wooten (sin grandes destellos de originalidad) encuentra siempre nuevos lugares por donde llevar a la tira y que no se haga repetitiva o aburrida.   
El dibujo está muy bien, el color es excelente, después de cuatro libritos uno ya quiere a los personajes como si fueran amigos de toda la vida, y si bien nunca estallé en carcajadas, el aspecto humorístico funciona como debe funcionar en una tira de estas características, en buena medida gracias a los diálogos reformulados por Peruzzo para esta edición. Difícilmente las generaciones futuras se refieran a Pancho el Pitbull como una tira fundamental para entender el humor gráfico de nuestros días, pero pasar un buen rato sin mayores pretensiones, esto recontra-garpa.

Gracias por el aguante de siempre y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 9 de abril de 2018

LUNES NEGRO

Se me murió la computadora y me quiero morir yo también. Un palo en el orto del grosor de una palmera. Pero bueno, serán días en los que no podré actualizar el sitio de Comiqueando ni subir nuevos videos a YouTube, con lo cual me va a quedar tiempo para leer libros y escribir reseñas para el blog.
Occupy Comics es una antología que funciona como documento, como testimonio de lo que fue Occupy Wall Street, aquel movimiento popular y espontáneo, que sacudió a New York allá por 2011. Como suele suceder en este tipo de publicaciones, hay bastante material que, leído lejos del contexto que lo originó, pierde bastante el atractivo. También hay bastante relleno (ilustraciones muy lindas, pero que no narran nada) y algunas historietas que se esfuerzan por bajar una línea copada, pero no llegan a buen puerto por la impericia de sus autores, chicos o chicas poco experimentados o veteranos poco inspirados.
Veamos qué fue lo que más me gustó: Citizen Journalist, escrita por Ales Kot, es una especie de tutorial para que cualquiera pueda cubrir periodísticamente este tipo de manifestaciones populares en las que la cana sale a reprimir y el riesgo es importante. J.M. DeMatteis intenta despolitizar el conflicto y verlo a través de su típico prisma de gurú sesentón new age, y la verdad que queda medio como un boludo. Por suerte trabaja con un muy buen dibujante (Mike Cavallaro) que le salva un poco las papas. Mark L. Miller, un capo, capaz de mandar un mensaje claro y potente a través de un grafismo experimental, de alto impacto visual y gran belleza plástica. Matt Bors, lejos, lo mejor del tomo. Es humor gráfico, a veces sin secuencias, pero sin dudas es el que mejor combina buenas ideas con buenos dibujos.
Los guiones de Mark Sable, Matt Pizzolo y Caleb Monroe también son muy buenos. David Mack le pone unas imágenes gloriosas a un relato muy básico de Amanda Palmer. Otra historieta que funciona muy bien (incluso sin el contexto) es la de Si Spurrier y el ignoto pero excelente Smudge. El texto de Alan Moore pinta interesante, pero está editado y diseñado de tal manera que resulta casi imposible de leer. Páginas y páginas a un solo renglón, con una tipografía microscópica. Dejame de joder… Voy a ver si lo encuentro online, para cambiarle el formato y leerlo. Ron Wimberly y Kevin Colden tienen buenos aportes, pero de una sóla página. Y sin ponerse mucho las pilas en la narrativa, el gran Ben Templesmith tira magia visual y baja una línea tremenda en apenas dos páginas memorables.
En líneas generales, el libro no es la gloria, pero si querés tener una idea de lo que pasó en Wall Street mucho más real y honesta que lo que en su momento nos llegó a través de los medios masivos (que obviamente laburan para el 1% al que este movimiento se propuso escrachar), Occupy Comics cumple holgadamente esa función.
Salto a Argentina, 2017, cuando se publica el primer recopila-
torio de ¡Corré, Wachín!, la tira de Nahuel Sagárnaga de la que me hice fan cuando la descubrí en la web. La relación entre el pibe medio vago/ pajero/ colgado y su perro copado y simpático es algo muy frecuente en el universo de la historieta cómica y, si bien es una dinámica que Nahuel maneja con mucha soltura, no es lo que más me llama la atención. Lo que más me gusta de ¡Corré, Wachín! Es el dibujo, el dominio que muestra Sagárnaga sobre la línea, las expresiones faciales, los efectos de iluminación, los fondos, el criterio para elegir en qué momentos deformar las figuras, tirar el realismo a la mierda y jugar a plasmar expresiones grotescas y desaforadas… Los chistes podrán ser malísimos, e igual me cebaría sólo por los dibujos.
Por suerte los chistes son mayoritariamente graciosos, o en su defecto proponen una mirada tierna, buena onda, al vínculo entre humano y mascota. Acá el gran acierto de Nahuel es poner todo el tiempo el énfasis en lo adorable que es su perrito. El carisma del Wachín funciona como el ancho de espadas con el que el autor saca adelante los pasos de comedia (muchas veces 100% basados en anécdotas reales) de los que se nutre la tira.
También en 2017 salió en Uruguay el Vol.2 de Pancho el Pit Bull, otra tira cómica basada en la relación entre un pibe medio colgado y su mascota, esta vez con guiones de Neal Wooten y dibujos de Nicolás Peruzzo. No tengo mucho para agregar a la reseña del Vol.1 (publicada el 25/09/15), pero quiero señalar que los chistes me parecieron mejores que aquella vez. Lo veo a Peruzzo más suelto en la traducción, atreviéndose -me parece- a faltarle un poquito más el respeto a los diálogos originales (que Wooten escribe en inglés) para que suenen más cómicos al oído rioplatense. Peruzzo además aporta ilustraciones, entretenimientos y hasta una mini-historieta introductoria, en la que prescinde de su co-equiper estadounidense y asume él la responsabilidad de darle algo más, un extra, un mimo, a los fans de Pancho. Muy divertido, sobre todo cuando los autores se escapan de la vida cotidiana y se meten con el siempre fértil tema de la política.
Y hasta acá llegamos, por hoy. Seguramente vuelvo a postear muy pronto, porque el blog es una de las pocas cosas que puedo hacer funcionar sin tener acceso a mi computadora (que en paz descanse).

viernes, 25 de septiembre de 2015

25/09: PANCHO EL PIT BULL

Otro recopilatorio de una tira cómica, esta vez escrita por el yanki Neal Wooten (a quien nunca había oído nombrar) y dibujada por el uruguayo Nicolás Peruzzo, que ya tuvo varios libros reseñados acá en el blog.
Pancho el Pit Bull es una tira clásica, de humor costumbrista, tranqui, muy apta para todo público, muy controlada en materia de escatología y para nada comprometida en áreas como la sátira política o social. “Humor blanco” se le decía a esto cuando en Argentina había muchas tiras de este estilo. El gran problema que tiene esta tira es que se parece demasiado a Garfield: las especialidades de Pancho son las mismas que las del gato creado por Jim Davis: morfar, dormir y poner a su dueño (un pibe joven y soltero) en el rol del loser.
Obviamente los chistes no son los mismos, e incluso hay unos cuantos muy buenos, pero la onda en general de la tira se despega poco de muchas otras. En busca de recursos humorísticos, Wooten incorpora gradualmente personajes secundarios, y en un momento ensaya una solución que –para mi gusto- es trampa: diálogos entre Tato y su mascota en los que humano y perro parecen entenderse a pesar de que este último no habla. Al principio la gracia de muchos chistes pasa por esa desconexión entre lo que uno verbaliza y el otro interpreta. Para la segunda mitad, ya humano y perro parecen dialogar en la misma sintonía y, si bien de ahí salen juegos verbales graciosos, es algo que no me termina de cerrar.
Lo otro que pasa en la tira luego de las primeras semanas es que Peruzzo adopta una grilla de tres viñetas por tira y ya no se mueve de ahí. Al principio había tiras de uno y dos cuadros, pero pronto las variantes se reducen a una sola: tres viñetas por tira. Por suerte el dibujante se acomoda muy bien a esa grilla, organiza muy bien la cantidad de elementos que tiene que mostrar en cada cuadro (personajes, fondos y globos) y el dibujo se ve muy bien. Una vez más, Peruzzo acierta al agregarle al dibujo varias texturas en la etapa del coloreado. Esto, con colores planos, quizás se vería más simple, más atractivo para los más chicos (como en la portada), pero esas texturas que incorpora el uruguayo le dan a la tira una impronta más personal, que queda muy bien.
Y ya en el terreno de la suposición, intuyo la mano de Peruzzo a la hora de traducir los diálogos al rioplatense. Esta versión de la tira está llena de las expresiones que los porteños usamos todos los días, y si no nos dicen que los guiones originales los escribió un yanki, no tendríamos forma de imaginarlo. Obviamente en una tira costumbrista es fundamental que los personajes y los lectores sintonicen la misma frecuencia a la hora de los diálogos y eso está muy logrado. Hay un sólo “uruguayismo”: a las zapatillas les dicen “championes”. Pero es una sóla tira y todo el resto suena MUY gracioso al oído porteño.
Por ahora, Pancho el Pit Bull se editó en Uruguay y no se distribuyó fuera del país vecino. Pero si eventualmente lo ves, dale una oportunidad y compartilo con lectores adolescentes o con chicos de 10-12 años. Me da la sensación de que se van a copar.