el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 2 de mayo de 2012

02/ 05: CORAZONES ROLLIZOS Vol.2

El otro día, con el Vol.1, me morfé un Cero Comentarios más injusto que aquel Huracán 0- Vélez 1 que le valiera a este último el Clasura 2009. Pero no importa, ahí voy de nuevo...
Para este segundo tomo de sus historias con gorditas como protagonistas, Jean-Paul Krassinsky introduce una novedad importante: en vez de cinco historias de 8 ó 10 páginas, ahora tenemos tres historias: dos de 12 y una de 27. Como en los jeans ajustados, las gordas necesitaban más espacio, y la decisión del autor de estirar las historias repercutió en una mejora en la calidad de las mismas.
En la primera historia, una periodista entrada en carnes termina casi por accidente en pareja con Ricky Lefraud, un famoso astro del rock que habitualmente se bajaba a las más apetitosas top models. El personaje de Ricky se le va un poco de las manos a Krassinsky. No sólo le roba el protagonismo a Fanny: también amenaza con romper el verosímil, porque es una caricatura demasiado grosera del rockero pasado de rosca. Es como si metiéramos a un personaje extremo, tipo Pomelo o Violencia Rivas, en un contexto de comedia romántica tipo Graduados. Cuando más protagonismo le demos, más va a desentonar. Aún con ese handicap, la historia es interesante.
La segunda juega con la doble identidad y se mete, por un lado, con el submundo de los darkies hechos mierda que se creen vampiros o criaturas de la noche; y por el otro con las pésimas condiciones de trabajo que deben aceptar muchos chicos jóvenes para ganarse un mango en las sociedades regidas por el capitalismo salvaje. La gordita de turno va a consumar en estas páginas un pequeño acto de justicia más grotesca que poética, pero justicia al fin, en otra historia en la que las caricaturas de ciertos tipos sociales están un toquecito exageradas.
Y queda la historia larga, la de 27 páginas, que es –por lejos- la mejor. La protagonista es Miriam, una gordita que se queda sin novio y se compra un perrito bastante repulsivo. Enseguida se le empiezan a acercar los tipos en busca de llevársela a la cama, pero el perrito rápidamente se encarga de establecer una especie de filtro, que uno sólo de los pretendientes de Miriam logrará pasar. El tono es el de una comedia de enredos muy graciosa, con momentos de una violencia increíble no tanto por lo jodida, sino por lo impredecible. Acá hay un sólo personaje descripto con brocha gruesa: Víctor, el tosco e inculto empleado de la concesionaria de autos. El resto de los candidatos a quedarse con Miriam están presentados con humor, pero son caricaturas más agudas y más sutiles. Por suerte, la mayor extensión de la historieta abre el juego para que todos se puedan lucir. El resultado es una excelente comedia, sin nada que envidiarle a películas tipo There´s Something About Mary, que justifica por sí sola la compra de este libro.
A la hora de dibujar todo esto, Krassinsky recurre a su estilo indeciso. Para que te ubiques es como una mezcla entre Peni y Feliciano García Zecchín, pero un toque más realista, no tanto en las caras sino en la anatomía y los decorados. Como decíamos la vez pasada, el autor oscila entre la línea clara y el estilo más sucio, tipo Blain y Blutch. La mezcla le queda bastante bien. Y de nuevo, se abstiene de dibujar a sus gordas con rasgos más extremos. Todo el tiempo se nota el esfuerzo de Krassinsky para que estas chicas no se vean grotescas ni desagradables, sino sexies y atractivas a pesar de sus talles XL. En la última historia, la de Miriam y su perrito, el dato de que Miriam es gordita casi no tiene peso (valga la paradoja) en la trama. Krassinsky la dibuja tan linda, que los tipos la buscan igual, como si fuera una actriz porno.
Con más espacio para narrar, Krassinsky sigue fiel a las páginas de 10 ó 12 cuadros. No descomprime para nada, sino que aprovecha el espacio extra para contar cosas más complejas o darle más desarrollo a los personajes. El resultado es que el dibujo no se luce tanto, pero el alemán radicado en Francia sabe (creo yo) que lo suyo no es el virtuosismo y, si el dibujo pasa medio desapercibido, casi se hace un favor a sí mismo. El ancho de espadas acá son los guiones y el de bastos es la consigna: comedias románticas con sátira costumbrista protagonizadas por gorditas. Con eso alcanza para captar a un montón de curiosos, o de lectoras que se sientan identificadas con las “Chicas Krassinsky”. Corazones Rollizos es un producto cuidadosamente pensado y elaborado, apuntado a un target específico, pero mucho más genuino y más sabroso que esos alfajores dietéticos con gusto a cartón. Y si pinta una rica golosina... a comerla!

jueves, 26 de abril de 2012

26/ 04: CORAZONES ROLLIZOS Vol.1

Esto me lo compré por lo raro: un autor al que no conocía, alemán radicado en Francia, que arma una antología de relatos cortos (cinco en este tomo y cinco en el Vol.2) con onda de comedia urbana, actual, y protagonizados por chicas gordas. Sí, las rellenitas, las entradas en carnes, esas eternamente discriminadas por no parecerse a las chicas de los afiches publicitarios, esas que sufren en silencio por esos tipos que sólo les dan bola cuando todas las flacas los mandaron a cagar.
Jean-Paul Krassinsky se sumerge en el mundo de las chicas gordas, pero tranqui, sin ir al extremo. En ninguna de las historias aparecen esas gordas gigantescas, que ocupan casi dos asientos en el bondi. Las de Krassinsky son gorditas light (valga el oxímoron), pensadas para no desagradar. De hecho, son las heroínas de todas las historias. En todos los remates, las gordas quedan bien paradas y terminan por darle una lección a los varones que las seducen en plan “mesa de saldos” o a las flacas que las basurean. Con bastante ingenio y sin romper nunca el verosímil, Krassinsky le da a cada corazón rollizo un final bastante feliz.
La primera historia es la más cómica, donde menos importa explicar racionalmente lo que pasa. Gana el disparate y gana bien. La segunda es medio border, es casi una advertencia: acá la protagonista es bastante jodida. Tiene motivos, claro, pero igual es jodida. La tercera es la más dramática si se quiere, la menos festiva a pesar de que tiene secuencias muy graciosas, sobre todo las protagonizadas por Axelle, la amiga de la gordita protagónica, que tiene menos tacto que la Venus de Milo. La cuarta es flojita, predecible, sin ningún condimento que la destaque.
Y la quinta es la mejor escrita. “Sandy” parece seguir los lineamientos convencionales de “pibe ganador usa a la gordita copada de pañuelo para llorar y de yegua para galopar sólo cuando su novia titular –y flaca- le corta el rostro”, pero en las últimas viñetas pega un vuelco magnífico, rematado con fina ironía por Krassinsky. Sobre el final está, claramente, la historieta más atractiva (iba a decir “redondita”, pero sería una redundancia) del tomo.
Nada de esto es fundamental, aclaremos. No encontré en Krassinsky a un nuevo ídolo al que sumar al panteón (ya más superpoblado que Tokyo) de los Dioses del Noveno Arte. Sus historias tienen cosas lindas, la última me encantó, pero no me cambió la vida ni mucho menos. Lo que más me interesó fue, claramente, el enfoque, la consigna. Después, la ejecución... no está mal. Y por supuesto me parece chota la decisión de Glénat de respetar a rajatabla el formato francés y publicar estas 10 historietas en dos tomos y no en uno sólo, que sería mil veces más coherente.
A nivel dibujo, Krassinsky es correcto, aunque no se termina de decidir. Por momentos va hacia la línea clara, por momentos quiere ensuciar como Blain y Blutch, hay personajes más caricaturescos y otros más realistas... una mezcla que al principio suena medio rara y termina de cuajar más cerca del final del tomo. Como tienen bastante peso (cuac!) la temática romántica y las emociones, es imprescindible que los personajes se expresen con fuerza y con onda, sobre todo en los primeros planos. Eso a Krassinsky le sale bastante bien. En sus mejores viñetas, sus personajes tienen la expresividad de los de Gerard Lauzier o de Frederik Peeters. Como todo álbum pensado para el mercado francés, tenemos muchas viñetas por página y un festival de fondos recontra-laburados. Y una novedad, sumamente bienvenida: Krassinsky inventa una nueva forma de mostrarle al lector que un personaje está borracho. En la página 52 (dentro de la destacadísima “Sandy”) experimenta con un recurso visual que yo jamás había visto y que le sale perfecto.
“Lo importante es lo de adentro”, dijo Jack el Destripador, y Krassinsky baja línea en el mismo sentido. Su fin último, más que impactar con historietas devastadoras es –sospecho- que no vuelvas a ver con los mismos ojos a las chicas que ostentan unos kilos de más. En ese sentido, recontra-cumple.