Hoy me toca reseñar dos obras que había leído varias veces, pero que nunca había tenido en formato libro.
Arranco en 1986, cuando DC publica Legends, con la difícil misión de mantener alta la vara impuesta un año antes por Crisis on Infinite Earths. Así se juntan un argumentista de lujo como John Ostrander, un dialoguista con mucha experiencia en materia de Universo DC como Len Wein, un dibujante hiper-poderoso que atravesaba su mejor momento como John Byrne, y un entintador exquisito como Karl Kesel. Y me acuerdo que cuando la leí en mi adolescencia Legends me re-gustó, pero esta vez me dejó gusto a poco.
La mejor idea que se le ocurre a Ostrander (un decreto presidencial prohíbe las actividades de los superhéroes pero unos cuantos siguen actuando en la clandestinidad) está muy desaprovechada. En ese mismo momento, la misma idea le iba a dar frutos mucho mejores a Alan Moore en Watchmen, y ni hablar de lo que hizo Mark Millar cuando la recicló varios años después para Civil War. El resto, o son ideas flojitas, o se plasman en conflictos que se resuelven de modo demasiado simplista. De todos modos, eso no es lo peor: lo peor son los conflictos que se resuelven en otras colecciones (crossovers y spin-offs) que este tomito no incluye.
¿Qué se puede rescatar? Ese primer cruce picantísimo entre Amanda Waller y Rick Flag, algunos diálogos copados, la aparición épica de Wonder Woman y ese gaste inmisericorde al fracasado New Universe de Marvel, con garrotazo a Jim Shooter incluído. Y el trabajo de Byrne y Kesel, obviamente, que es impecable. En esta época, no era tan infrecuente que los comics de DC tuvieran implicancias políticas, ni que Ronald Reagan apareciera como personaje secundario (casi siempre como un viejito boludo bastante desorientado), pero me parece que el propio Ostrander utilizará este recurso mucho mejor en otros trabajos. Acá me resultó todo muy lavadito, muy falto de huevos. Y además me irritó verlo a Superman casi como un amanuense de Reagan, casi dándole letra a Frank Miller para que se mofara mal de ese aspecto del personaje en su (también contemporáneo a Legends) Dark Knight.
Me guardo el librito porque funciona bien como prólogo al Suicide Squad, a la Justice League de Giffen y DeMatteis y al Flash de Mike Baron, que ojalá algún día salga en libro. Y porque soy hardcore fan del Dios Byrne.
Saltito hasta Argentina, años 1990-91, cuando Pablo Fayó serializa en tres revistas distintas una de sus mejores obras, la recordada (y por fin recopilada) Pamela y el Extraterrestre. Es muy loco, porque me acordaba perfecto los episodios de la revista País Caníbal y no los de la Cóctel, la revista en la que yo laburaba cuando Fayó entregaba (siempre tarde) estas páginas, a las que incluso lo vi entintar o rotular en la oficina donde armábamos la revista.
El episodio mejor dibujado es el tercero (el último de País Caníbal), donde Fayó alcanza la síntesis perfecta entre los clásicos norteamericanos de los años ´20 y ´30 (George Herriman, Cliff Sterret, Elzie Segar, su ruta), Robert Crumb y la movida argentina de “línea chunga” (en algún punto heredera también de lo que hacían Miguel Gallardo y Juan Mediavilla en El Víbora) que cobraba fuerza en aquellos inicios de los ´90, para apagarse poco después. En las entregas siguientes, Fayó simplifica un poco el dibujo, renuncia a ese tratamiento más extremo de las masas negras que tan buen resultado le dio en el arranque de Pamela… y dibuja menos cuadros por página, si bien recurre bastante a la grilla de nueve viñetas.
El guión es una verdadera delicia, una mezcla infalible entre aventura de ciencia-ficción Clase Z y comedia costumbrista desopilante, en la línea de lo que hacía el glorioso Mique Beltrán en las aventuras ochentosas de Cleopatra. El ritmo es impredecible, los diálogos están afiladísimos y los volantazos y situaciones bizarras te mantienen siempre enganchado. Pero claro, son pocas páginas. Y eso abre la puerta a otro acierto de este libro: las 30 páginas finales, en las que tenemos un montón de historietas muy breves que no conectan en lo más mínimo con la saga de Pamela y Maxi, y que Fayó realizó para otras publicaciones. Recuerdo haber leído algunas en El Tajo… y hay un par que creo no haber leído nunca. Una de ellas, la que cierra el libro (Coleccionistas), me pareció una joya, una auténtica maravilla, seguramente una de las mejores historias cortas del hoy reputado cantante de tangos.
La verdad que ese tramito final, el de las historias cortas, me dejó tan cebado que ahora quiero un libro con 100 ó 120 páginas de eso: historietas cortas de Fayó, con todos los personajes que no son ni Pamela ni Agapito, o sin personajes, sólo con esas ideas brillantes y desaforadas que el crack “quemaba” en tres páginas repletas de diálogos y piruetas argumentales alucinantes.
Y nada más, por hoy. Terminamos un mes de mucha actividad en el blog, y vamos a ver hasta dónde llegamos en Noviembre. Tengo en carpeta un montón de eventos en los que voy a estar, y arranco este sábado (si no llueve) en la Feria del Libro de Vicente López. Ojalá nos crucemos por ahí.
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miércoles, 31 de octubre de 2018
miércoles, 2 de marzo de 2016
LISTO PARA VOLVER
Bueno, acá estoy de vuelta… Estoy evolucionando muy bien después de la cirugía, no descartamos la posibiidad de que tenga healing factor, como Wolverine. Y además aflojó un toque el calor, que era algo que me sacaba por completo las ganas de sentarme en el estudio y escribir… Así que vamos con breves reseñas de otras cuatro publicaciones que leí en estos días, siempre con la meta de bajar a la brevedad la pila del material que se publicó en Argentina durante el inolvidable 2015.
Arranco con el Vol.6 de Escuela de Monstruos, que tiene el PEOR argumento del mundo: hay un concurso de bandas de rock para chicos de escuela primaria, se anotan los buenos, se anotan los malos, los dos llegan a la final, los malos hacen trampa pero igual ganan los buenos. Es un argumento PENOSO, que vimos hasta el cansancio en esas películas chotas que dan los canales que antes daban dibujos animados. Y a partir de esa consigna vomitiva, El Bruno logra una historieta divertidísima. Porque ya maneja de taquito a los personajes, porque mete guiños de tipo que sabe de rock, porque le pone ese toque de humor bizarro y porque aprovecha al máximo el elemento de que estos chicos, además de alumnos de escuela primaria, son monstruos. El dibujo, magnífico, como siempre.
Loco Rabia se mandó una edición impresionante de Super Monsieur Fruit, un clásico de los ´90 del alucinante Nicolas De Crécy. Es una obra extensa (más de 300 páginas) y totalmente en joda, ambientada en New York-sur-Loire, la ciudad desmesurada y de hipnótica belleza que aparece en muchas de las obras del genio francés. El chiste principal se agota rápido: es una parodia al género de los superhéroes. Pero la mala leche de De Crécy es exquisita, los planes de los villanos son un delirio brillante, hay muy buenos diálogos (gran traducción de Thomas Dassance), ideas muy locas y un montón de excusas para que esta bestia del lápiz dibuje cosas que –se nota mucho- tenía ganas de dibujar. O sea que, si bien no le alcanza para entrar al Top Five de las mejores obras en la carrera de De Crécy, Super Monsieur Fruit tiene méritos de sobra para hacerte pasar un muy buen rato, reirte bastante y –si no lo conocías- descubrir a uno de los mejores dibujantes de todos los tiempos.
El sello Musaraña recopiló en un hermoso libro todo Agapito, del gran Pablo Fayó. Tiene un sólo problema y es que sólo hay 50 páginas de Agapito y resultan un poquito escasas para llenar un libro de 64 páginas. Pero la verdad es que tanto la edición como el material son hiper-disfrutables. Me sorprendió el hecho de que las historietas que más me gustaron son las primeras, las que hizo Fayó hace como 20 años para la revista Suélteme. De todos modos, en todas las historietas hay diálogos gloriosos, silencios inquietantes y situaciones disparatadas. Por momentos sentí que estaba leyendo un sketch de Cha Cha Cha, esos en los que te reías sólo viéndoles las caras a los actores, que trataban de decir la letra sin tentarse. Incluso los mínimos trazos que emplea Fayó para definir cada locación me remitieron a esos decorados intencionalmente precarios de Cha Cha Cha. Agapito es un gran comic humorístico, en el que Fayó no sólo muestra un notable manejo de su estilo, sino que pela ideas y diálogos realmente increíbles. No es para cualquier lector, pero si sintonizás la onda de Fayó, la vas a pasar bárbaro.
Y cierro con el segundo de los tres libritos en los que Marvel recopiló la breve etapa de Ed Brubaker al frente de Winter Soldier. Este TPB supera ampliamente al anterior porque en vez de Butch Guice tenemos como dibujante a Michael Lark, que la rompe incluso cuando se zarpa metiendo fotos. El guión mantiene la tensión muy alta, pega volantazos sorprendentes y sobre todo no afloja nunca en su intento de ahondar en la psiquis de Bucky Barnes y convertirlo en un personaje complejo, profundo e impredecible. En apenas cuatro episodios no se pueden cerrar ni a palos todas las puntas que abrió Brubaker en el Vol.1, así que mucho de lo que pasa en este tomo es build-up hacia el tercer TPB, que es donde –supongo- se va a resolver todo. Papa fina, con grandes secuencias de acción, muy buenos diálogos y mucho respeto por la historia de los personajes.
Me fui a la mierda, no? Me quedó un post larguísimo. Bueno, es lo que hay. Hacía mucho que no me sentaba a sanatear… Nos reencontramos pronto. Gracias a todos por la paciencia y gracias por los buenos deseos a los que me mandaron un “mejorate pronto”.
Arranco con el Vol.6 de Escuela de Monstruos, que tiene el PEOR argumento del mundo: hay un concurso de bandas de rock para chicos de escuela primaria, se anotan los buenos, se anotan los malos, los dos llegan a la final, los malos hacen trampa pero igual ganan los buenos. Es un argumento PENOSO, que vimos hasta el cansancio en esas películas chotas que dan los canales que antes daban dibujos animados. Y a partir de esa consigna vomitiva, El Bruno logra una historieta divertidísima. Porque ya maneja de taquito a los personajes, porque mete guiños de tipo que sabe de rock, porque le pone ese toque de humor bizarro y porque aprovecha al máximo el elemento de que estos chicos, además de alumnos de escuela primaria, son monstruos. El dibujo, magnífico, como siempre.
Loco Rabia se mandó una edición impresionante de Super Monsieur Fruit, un clásico de los ´90 del alucinante Nicolas De Crécy. Es una obra extensa (más de 300 páginas) y totalmente en joda, ambientada en New York-sur-Loire, la ciudad desmesurada y de hipnótica belleza que aparece en muchas de las obras del genio francés. El chiste principal se agota rápido: es una parodia al género de los superhéroes. Pero la mala leche de De Crécy es exquisita, los planes de los villanos son un delirio brillante, hay muy buenos diálogos (gran traducción de Thomas Dassance), ideas muy locas y un montón de excusas para que esta bestia del lápiz dibuje cosas que –se nota mucho- tenía ganas de dibujar. O sea que, si bien no le alcanza para entrar al Top Five de las mejores obras en la carrera de De Crécy, Super Monsieur Fruit tiene méritos de sobra para hacerte pasar un muy buen rato, reirte bastante y –si no lo conocías- descubrir a uno de los mejores dibujantes de todos los tiempos.
El sello Musaraña recopiló en un hermoso libro todo Agapito, del gran Pablo Fayó. Tiene un sólo problema y es que sólo hay 50 páginas de Agapito y resultan un poquito escasas para llenar un libro de 64 páginas. Pero la verdad es que tanto la edición como el material son hiper-disfrutables. Me sorprendió el hecho de que las historietas que más me gustaron son las primeras, las que hizo Fayó hace como 20 años para la revista Suélteme. De todos modos, en todas las historietas hay diálogos gloriosos, silencios inquietantes y situaciones disparatadas. Por momentos sentí que estaba leyendo un sketch de Cha Cha Cha, esos en los que te reías sólo viéndoles las caras a los actores, que trataban de decir la letra sin tentarse. Incluso los mínimos trazos que emplea Fayó para definir cada locación me remitieron a esos decorados intencionalmente precarios de Cha Cha Cha. Agapito es un gran comic humorístico, en el que Fayó no sólo muestra un notable manejo de su estilo, sino que pela ideas y diálogos realmente increíbles. No es para cualquier lector, pero si sintonizás la onda de Fayó, la vas a pasar bárbaro.
Y cierro con el segundo de los tres libritos en los que Marvel recopiló la breve etapa de Ed Brubaker al frente de Winter Soldier. Este TPB supera ampliamente al anterior porque en vez de Butch Guice tenemos como dibujante a Michael Lark, que la rompe incluso cuando se zarpa metiendo fotos. El guión mantiene la tensión muy alta, pega volantazos sorprendentes y sobre todo no afloja nunca en su intento de ahondar en la psiquis de Bucky Barnes y convertirlo en un personaje complejo, profundo e impredecible. En apenas cuatro episodios no se pueden cerrar ni a palos todas las puntas que abrió Brubaker en el Vol.1, así que mucho de lo que pasa en este tomo es build-up hacia el tercer TPB, que es donde –supongo- se va a resolver todo. Papa fina, con grandes secuencias de acción, muy buenos diálogos y mucho respeto por la historia de los personajes.
Me fui a la mierda, no? Me quedó un post larguísimo. Bueno, es lo que hay. Hacía mucho que no me sentaba a sanatear… Nos reencontramos pronto. Gracias a todos por la paciencia y gracias por los buenos deseos a los que me mandaron un “mejorate pronto”.
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