el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 12 de junio de 2020

DOS ANÉCDOTAS CON DENNY O ´NEIL

Tengo un par de libritos leídos como para meter reseñas, pero las podemos guardar para mañana.
Hoy la noticia (triste noticia) es la muerte del maestro Denny O´Neil, a los 81 años. Doblemente triste para mí, porque buscando información sobre el fallecimiento de Denny, me enteré que en 2017 falleció también su esposa, Marifran, que es personaje importante en estas dos anécdotas que quería compartir.
La primera vez que lo vi a Denny O´Neil fue en la San Diego Comic Con de 1991. No le hablé más que para pedirle permiso y sacarle la foto que acompaña al post. El vínculo empezó de un modo disparatado en Julio de 1998, cuando nos tocó a ambos ser invitados al MECYF, un evento gigantesco que se hizo en la ciudad de México D.F.. El primer día hubo un mega-agasajo para todos los invitados, en un sector VIP dentro del predio (inmenso) donde se hacía la convención. Al poco tiempo de llegar, yo me puse a charlar con Sergio Aragonés (obviamente en castellano), a quien también conocía desde aquella San Diego del ´91. En un momento se acercan Denny y Marifran, y Sergio –un tipo educadísimo- interrumpe nuestro diálogo en castellano para presentarnos en inglés.
Le doy la mano a Denny y le digo “qué tal, mucho gusto”.
Le doy la mano a Marifran y le digo “Hola, soy Andy”.
Marifran era una señora formal, chapada a la antigua, unos 30 años mayor que yo. No le causó mucha gracia mi exceso de familiaridad, y sin soltarme la mano, levantó una ceja, como cagándome a pedos, y me corrigió: “Deberás ser Andrew”, dijo.
Yo sin soltarle la mano, le digo “No, de hecho soy Andrés, como sacarse la ropa, pero me pareció un poco fuerte para presentarme ante una dama como usted”.
Sergio y Denny se miraron y explotaron en una carcajada. Marifran se puso colorada. Yo creo que también, pero no de vergüenza, sino porque estaba haciendo fuerza para no reirme.
Por supuesto esto sólo es gracioso si entendemos que “Andrés” suena casi igual a “undress”, que en inglés significa desvestirse.
El resto de los días en México se armó muy buena onda con los O´Neil, y gracias sobre todo a la parla de Alan Grant, Denny se comprometió a venir a Fantabaires, no ese año, sino el siguiente, o sea, en 1999.
Al mes siguiente (Agosto de 1998) nos volvimos a encontrar en la San Diego Comic Con y ahí tuve una charlita muy interesante con Denny acerca de la continuidad de Batman, en la que él anticipa un poco lo que iba a ser No Man´s Land. Esa charla la grabé y se publicó en el nº35 de Comiqueando.
Saltamos a Noviembre de 1999, cuando Denny y Marifran están en Buenos Aires, como invitados de Fantabaires. Un día, tipo 13:30, salgo a la playa de estacionamiento a recibir a los invitados, que llegaban del hotel al predio (el viejo Centro Municipal de Exposiciones, donde ahora está… el Area 51, no se sabe bien qué corno hicieron ahí, porque nunca se abrió al público). Denny me dice “estuve viendo mi agenda de actividades para hoy y lo único que tengo es una charla tipo 19 hs.. No nos queremos quedar haciendo huevo hasta esa hora acá en el predio, nos gustaría salir a caminar, ir al cine…”
Todo bien –le digo yo- Vayan tranquilos. Acá cerca hay un sólo cine, no sé qué tienen ganas de ver…
En lo posible cine europeo –me dicen- porque cine yanki vemos en casa.
Bueno, tienen suerte, acá cerca está el Atlas Recoleta (ya no, obviamente), donde suelen dar buen cine europeo.
Marifran tenía un mapita que le habían dado en el hotel, y les expliqué cómo llegar. Era una boludez, no se podían perder nunca. “Cruzan la avenida, suben por la plaza de los artesanos, van bordeando el cementerio, doblan acá, etc.”. Y ahí fueron.
A las tres o cuatro horas, entro al VIP donde descansaban los invitados y los veo a Denny y Marifran.
-¿Y, cómo la pasaron? ¿Vieron alguna peli buena?
-La peli creo que era buena, pero la pasamos mal.
-¿Por qué? ¿Qué pasó?
-Era una película húngara, con subtítulos en castellano, y nosotros no entendemos ninguno de los dos idiomas.
Se hizo un silencio de un par de segundos y todo el VIP se cagó de risa.
Claro, ahí me cayó la ficha de que en EEUU, cuando dan pelis habladas en otro idioma, las doblan al inglés o les ponen subtítulos en inglés. Acá, ninguna de las dos. Me tendría que haber dado cuenta, pero a mí nunca había pasado algo así en un cine, por eso ni se me ocurrió.
Gracias por tanto, maestro. Dejaste una marca indeleble en varias generaciones de lectores de comics y a mí me regalaste estas anécdotas copadas que atesoro para siempre.

Mañana, las reseñas. Prometidísimo.

jueves, 20 de septiembre de 2018

SE TERMINA EL INVIERNO

Pero siguen los horrores del neoliberalismo salvaje al que votaron sus propias víctimas. Por suerte tengo mucho material encanutado, como para que no falten lecturas.
Arranco con el último TPB de The Question, el que recopila los últimos seis episodios de la gloriosa serie regular escrita por Denny O´Neil y dibujada por Denys Cowan. Estos no son precisamente los mejores episodios de la serie, pero como O´Neil está decidido a terminarla, sin dudas pasan cosas importantes. El tema es que lo importante pasa mucho por lo emocional, lo cual está muy bueno, pero a O´Neil se le complica equilibrar eso con la machaca, con una aventura en la que el héroe esté en peligro y tenga alguien contra qué pelear. Hay algunos recursos, algunas ideas para que no resulte tan abrupta esta transición de los conflictos físicos a los dilemas éticos, o las decisiones que tienen que ver con los sentimientos… y algunos funcionan y otros no. El final es impredecible, la vuelta de tuerca que pega Myra en la última página es brillante, pero la previa hacia ese final se estira, con apariciones innecesarias de casi todos los personajes que en algún momento integraron el elenco de la serie, y que tranquilamente podrían no estar ahí para atestiguar esa trágica despedida de Vic Sage y su ciudad natal.
En el medio, O´Neil acierta con el primer unitario (el de la demolición), apunta alto pero pifia con el segundo (el del ex-combatiente) y en el unitario más blandito, con una estructura menos copada, presenta a Harold, el jorobado al que luego desarrollará Alan Grant en los comics de Batman. Después arranca la trilogía que desemboca en el final, y lo hace con un episodio realmente flojo, donde encima tenemos a un entintador suplente (Carlos Garzón) que desluce por completo el trabajo de Denys Cowan. En todo ese arco final, como ya señalé, Vic no revolea una sola patada y Cowan está condenado a dibujar casi 70 páginas donde el grueso de las viñetas nos muestran sólo gente hablando. El episodio del medio, donde aparece un impostor disfrazado de Question, tiene alguna piña y varios tiros, pero poco margen para el lucimiento de este dibujante particularmente dotado para las escenas de acción y las artes marciales.
Lo mejor que tiene el final de The Question es que O´Neil no traiciona el espíritu de la serie. Hasta la última escena, mantiene el esfuerzo por provocar al lector, por invitarlo a pensar en esta relación intrínseca y un tanto perversa entre mantener el orden, la paz y la seguridad de un distrito y la compulsión por resolver los problemas (casi siempre de raigambre social) por la vía de las piñas y las patadas. La que sale mejor parada del dilema es Myra, que cree (como O´Neil, supongo yo) que la solución no está en manos (o puños) de los justicieros, sino de políticos que asuman su responsabilidad y dejen la vida por hacer las cosas bien. En el global de los seis TPBs, The Question se la sigue bancando muy arriba, como testimonio de esa revolución de la segunda mitad de los ´80, en la que el mainstream se pobló de excelentes historietas de autor.
Salto a Argentina, a 2018, cuando Diego Arandojo y Hernán González publican Bela (el terror mundo), una breve novela gráfica de un terror más bien psicológico, aunque no escasea en absoluto la sangre. El guión es muy interesante, está pensado en términos muy visuales, el ritmo al que narra Arandojo te logra poner muy nervioso, el final es muy potente… La verdad que con muy poco texto y muy pocos personajes, la trama logra efectos bastante potentes y bastante inusuales.
La lectura se complica cuando González se deja poseer por los demonios de la tinta. Alcanza con mirar las 10 ó 12 primeras páginas para darnos cuenta de que estamos ante un dibujante de gran virtuosismo, con una solvencia técnica impresionante y un notable vuelo plástico. Pero a partir del segundo tercio de la novela, cuando empiezan a pasar las cosas más espesas, el dibujo de González empieza a naufragar en un océano de tinta. Las manchas negras se convierten en lagunas negras, y en un punto se empieza a hacer difícil lo que debería ser lo más fácil: decodificar qué carajo está pasando en cada viñeta. Las secuencias están bien armadas, la puesta en página ofrece variantes muy atractivas, el clima es el adecuado, pero el dibujo en sí, el aspecto morfológico del dibujo, se hace muy confuso, requiere demasiado esfuerzo por parte del lector, y termina por distraernos de lo más interesante que tiene Bela, que es este conflicto sobrenatural jodido, exasperante.
Con otra estética, quizás incluso con a misma estética que le vimos en Hellhound on my Trail (reseñada el 23/12/17), me parece que González podría haber logrado que la faz gráfica se ensamblara mucho mejor con la propuesta narrativa de Arandojo. Una pena.
Y bueno, nada más por ahora. Sigo leyendo material para volver a postear pronto. Y si el domingo a la tarde no llueve, nos vemos en la Plaza del Lector, en la Fiebre del Libro, la feria que organiza la Biblioteca Nacional acá en Buenos Aires.

sábado, 21 de abril de 2018

SABADO SETENTOSO

Sigo en mis mini-vacaciones de historieta argentina, pero este país tan maldito y tan querido me persigue a todas partes.
Me fui a 1975, cuando DC toma la extraña decisión de darle su propia revista a un villano, y nada menos que al Joker. Por supuesto, el experimento duró poco (apenas nueve episodios), y el resultado es previsiblemente mediocre, pero bueno… leí estas historietas de pibe en las ediciones mexicanas y me sedujo la idea de tenerlas todas en un lindo TPB. La verdad que, leídas con ojos de adulto, es un material que deja gusto a poco.
De los nueve episodios, hay cuatro escritos por Denny O´Neil. Uno es catastrófico (el del actor que se cree Sherlock Holmes), uno es bastante flojo (el de Creeper) y los otros dos, mal que mal , son entretenidos. O´Neil hace que el Joker hable con un vocabulario florido, sofisticado, tal como harían con el Penguin los escritores de la serie animada de Batman de los ´90. Y por supuesto, para que el yosapa se banque mejor el rol protagónico, le amplía el arsenal de trucos, la habilidad para pelear, y hasta intenta armarle un elenquito de personajes secundarios. También hay cuatro episodios firmados por Elliot S! Maggin, todos bastante olvidables, aunque es este el guionista que se anima a darle al Joker un puñado de esbirros fijos, a los que -de a poquito- intenta desarrollar. Y la historia más aceptable, la que más me atrapó, es la que escribe Martin Pasko, contra la Royal Flush Gang. No hay joyas en este libro, pero es interesante ver los malabares que hacían los guionistas setentosos de DC para que el protagonista de la serie sacara en cada episodio aunque sea un empate, después de tantos años condenado a la derrota simplemente por ocupar el lugar de “el malo”.
El dibujante titular de la serie era Irv Novick, un dibujante ya veterano en los ´70, que en esa época tenía a su cargo también la serie mensual de Flash (The Joker era bimestral). De chico me gustaba mucho Novick, y hoy me resultó un poco soso, un poco aburrido. Por suerte hay un episodio en el que lo entinta el glorioso José Luis García López, que lo levanta muchísimo. Y dos episodios en los que el propio García López (nacido en España, pero criado y formado como profesional en Argentina, de ahí la referencia ineludible a la historieta nacional) se hace cargo del dibujo y la recontra-rompe. Incluso con páginas muy cargadas de texto, incluso con los colores estridentes y espantosos de aquella época, el dibujo de García López ostenta sublime majestad y casi justifica por sí solo la compra de este broli.
Me voy a 1986, cuando el sensei Takao Saito se decide a publicar en inglés cuatro libros de Golgo 13, para lanzar su editorial (Leed) en Estados Unidos. El primer tomo reúne una historia larga y una corta. La larga le da el título al libro, y es Into the Wolves´Lair, la historia escrita y dibujada por Saito en la segunda mitad de los ´70 (no encuentro el dato exacto). En esta misión, el implacable mercenario es contratado por el Mossad para liberar a un agente secreto israelí, prisionero del Cuarto Reich, un ejército nazi que planea la conquista del mundo desde su guarida… en los subsuelos del aeropuerto de Ezeiza, acá en las afueras de Buenos Aires. Man, es un karma: autor ponja, edición yanki… y la trama sucede acá en Argentina.
Y está bastante bien, dentro de todo. El dibujo es magnífico y Saito se toma el trabajo de explicar todo muy bien, de reforzar mucho el verosímil para que no te cagues de risa cuando Golgo triunfa en una misión absolutamente imposible, en la que tiene que zafar de peligros extremos, uno atrás del otro, sin parar. Obviamente esto no alcanza para compensar la excesiva simpleza del argumento (hay un solo giro sorprendente, y llega a siete páginas del final) ni la nula empatía que me generan Golgo 13 y su accionar.
La segunda historia es mucho más breve (46 páginas) y tiene la enorme ventaja de funcionar como una crónica de algo que en su momento (fines de los ´70, principios de los ´80) era noticia en todos los diarios del mundo: la invasión soviética en Afganistán. Esta vez, la intervención de Golgo tiene que ver con un contexto político y económico absolutamente real, que Saito explica coherentemente y que ofrece aristas polémicas: no hay un villano claro, ni una víctima clara, tampoco. En ese terreno gris, la misión de Golgo tiene mucho más sentido. Saito la remata rápido, sin perder tiempo en boludeces, y sin que el protagonista transpire una sóla gota. De nuevo, el ancho de espadas está en el dibujo y en la construcción de las secuencias, que es un roller coaster infernal, violento y adictivo. Si sos fan de Golgo 13, contratá un mercenario que te rastree estos cuatro libros editados por Leed en los ´80, que hoy son muy jodidos de conseguir.
Y hasta acá llegamos. Vuelvo pronto con más reseñas (seguro volveré a leer material argentino reciente), y atenti que el martes hay función de prensa de Avengers: Infinity War.

jueves, 15 de septiembre de 2016

VAMOS CON DOS MAS

Nunca había comentado comics de The Question en el blog, porque cuando le empecé ya había leído los primeros cuatro de los seis TPBs que recopilan (casi) toda la maravillosa serie de los ´80, en la que brillaron como nunca Denny O´Neil y Denys Cowan. Ahora le entré al quinto tomo y me queda pendiente conseguir barato el sexto y regalarle las revistitas a un amigo que las tenía en castellano, en la edición de Zinco.
Este es un tomo de transición, es lo que va entre un suceso fundamental para la serie (Myra Fermin gana las elecciones pero su marido le encaja un tiro y la deja al borde de la muerte) y el arco final, que obviamente no te voy a contar, en parte porque lo leí hace mil años y me acuerdo poco y nada. En estos seis episodios, Hub City no tiene autoridades y está más caótica y peligrosa que nunca. Un comisario honesto, Izzy O´Toole, se trata de poner al frente de la lucha contra los violentos y The Question lo va a tratar de ayudar. En el medio va a reaparecer Lady Shiva a tirarle nafta al fuego y cuando Myra revele su plan para retomar el control sobre la ciudad, buenos y malos se mirarán con cara de ¿WTF?!?. Por supuesto de lo que habla O´Neil es de la violencia, y nos invita a preguntarnos si salir a repartir piñas y patadas por la calle sirve o no para acabar con ella.
Además tenemos un unitario 100% fan service (Question vs. Riddler), en el que toda la chapa se la lleva un personaje creado y finiquitado en ese episodio. Y un segundo unitario que gira en torno a “la magia de la historieta”. Los dos están muy bien, aunque el del Riddler lo dibuja Bill Wray, en un estilo que no le sienta para nada bien. Poner a Wray a imitar a Cowan en un estilo cuasi-realista es desaprovecharlo por completo, como tener Direct TV y mirar Canal 7. En los cinco episodios restantes, Cowan se luce en la narrativa, en las escenas de pelea, e incluso sale bien parado de las secuencias superpobladas de diálogos. La tinta de Malcolm Jones III lo tapa un poco, no lo potencia tan bien como lo hacían las de Rick Magyar, pero igual el estilo de Cowan se impone por su propio peso gráfico. No hace falta que te recomiende que leas The Question, no? A esta altura, ya es una obviedad tan irrefutable como la ineptitud de Patricia Bullrich.
Y un día volvío Sento. Uno de los autores clave del comic español de los ´80, un referente de la línea clara valenciana y del estilo atómico, reapareció en 2014 con Un Médico Novato, una novela gráfica basada en hechos reales, que iba a publicar Sins Entido y terminó publicando Salamandra.
Lo único que le puedo criticar a Un Médico Novato es que está demasiado pensada para ganar premios y gustarle a los jurados de concursos y festivales. Es la típica historia de un pibe optimista, copado y laburador, al que de la nada le cae una dictadura que lo mete preso, mientras sus amigos, colegas, parientes, novias, etc., hacen lo que pueden para no ser los próximos en una larga lista de torturados, fusilados o desaparecidos. Sento toma una historia real sucedida en los albores de la Guerra Civil Española y la narra con maestría, virtuosismo y emoción, sin olvidarse nunca de bajar la línea política que garpa en este caso. No se le puede decir ni mu.
Por supuesto, si bien la historia de Pablo es real, el autor le puso su impronta a la (re)construcción de villanos y personajes secundarios y obviamente a la forma en que el relato se construye viñeta a viñeta, con secuencias realmente muy logradas y un laburo titánico en la recreación de la época.
Al dibujo de Sento le pasó algo muy raro: ¡se convirtió en un clon de Marcos Vergara! Si me mostrás este libro sin decirme quién lo dibujó, yo te digo “Es obvio que Marcos Vergara”. Y bueno, si leés este blog hace un tiempo, sabés que me encanta cómo dibuja Vergara. Extraño el trazo del Sento de los ´80, más estilizado, más anguloso, con más masas negras, pero esto me transmitió una calidez que no tenía (por ejemplo) Velvet Nights.
Un Médico Novato es una novela gráfica recontra-solvente, pensada para impactar también en el público que habitualmente no lee historietas pero se copa con las novelas históricas, o con la (aún hoy candente) temática de la Guerra Civil Española. Ojalá esta sea apenas la primera de una larga lista de obras en esta “segunda etapa” de Vicent Llobell (que así se llama Sento) como autor de comics.
La seguimos pronto.