Este TPB era carísimo cuando salió allá por 1989 y sigue siendo caro aún hoy: u$ 20 por 160 páginas. ¿Qué trae adentro? ¿Las mejores 160 páginas de la vida enmarcadas en oro? No. Las primeras historietas del reboot de Hawkman de 1961, a cargo de Julius Schwartz, Gardner Fox y el inmortal Joe Kubert. Son nueve historietas repartidas en seis números de la revista Brave & the Bold, que narran las primeras peripecias de quien sería conocido durante años como “el Hawkman de Tierra-1”. Hasta ahora, mis experiencias con los comics de DC de hace más de 50 años fueron más bien olvidables, pero bueno... lo vi barato y esa portada de Kubert me resultó irresistible.
En una de esas, el libro es caro porque está íntegramente recoloreado por Tom Ziuko y seguramente en 1989 era muy complicado –y, por ende, muy caro- recolorear comics clásicos. Lo de Ziuko no es impresentable, pero claro, yo sigo prefieriendo este material en blanco y negro. El problema es que el primer Showcase de Hawkman no está todo dibujado por Kubert, sino que incluye muchas páginas de Murphy Anderson, que es muy lindo, muy fino, pero a mí me aburre bastante. El Viejo Joe, en cambio, deja la vida en cada viñeta y si no es aún mejor, es porque hay demasiadas viñetas por página. El Kubert de principios de los ´60 era una bestia, un dibujante de increíble dinamismo, de inobjetable elegancia, un Alex Raymond menos estático y con un manejo de la mancha y el pincel que lo acercaba a los próceres del bando “de enfrente”, el de Milton Caniff y Frank Robbins. Un dibujante clásico perfecto, reconocible, capaz de logros asombrosos incluso en un género como el de los superhéroes, en el que había incursionado poco en las décadas anteriores.
Pero claro, leés los guiones y la cosa se precipta rápidamente hacia el pantano de la intrascendencia. Gardner Fox es un guionista universalmente reconocido como un capo, un escritor fundamental, de increíble solvencia... yo no logro encontrar UNA historia de Fox que me cierre, y eso que lo leo desde los 11 años. Se suponía que este era un nuevo Hawkman, un concepto de los ´40 totalmente renovado. En la práctica, el único cambio importante es que en vez de ser terrestre es del planeta Thanagar, y en vez de arqueólogo, policía. Le agregan algunos poderes comprados en la mesa de saldos (volar fuera de la atmósfera, resistir las bajas temperaturas incluso semi-desnudo, comunicarse con los pajaritos) y nunca se explica del todo por qué carajo decide usar armas antiguas para combatir con criminales modernos.
Ni Hawkman ni Hawkgirl tienen profundidad como personajes. Son canas, luchan contra delincuentes, y punto. Protegen boludamente el secreto de sus identidades heroicas frente a un par de personajes secundarios pedorrísimos y le ganan de formas inverosímiles a ladrones de bancos y joyerías, más algún bicho alienígena, de esos que nunca faltaban en las revistas que coordinaba Schwartz. Con poderes chotos, origen choto, personalidad chota, secundarios chotos y villanos chotos, lo único que distingue a Hawkman y Hawkgirl, lo único que los eleva mínimamente de la masa anodina de justicieros enmascarados, es el hecho de que –a pesar de que se ven absolutamente humanos- son alienígenas. Y mal que mal, Fox aprovecha ese elemento tanto para gestar historias como para resolver algunas tramas que parecen demasiado complejas y que uno supone que –en las poquitas páginas que duraban las historietas en 1962- no se iban a poder resolver. Por supuesto son giros absolutamente frutihortícolas, apoyados en las complejas explicaciones científicas (o pseudo-científicas) tan típicas de la línea de Schwartz, con tecno-chiches ocultos en lugares imposibles, o efectos extraños de radiaciones, cristales y sustancias varias. Cuenta la leyenda que Fox cultivaba marihuana en su jardín y le daba de lo lindo... No se nota. Esto es más bien aventura clásica, formal, careta, sin riesgos y casi sin sorpresas.
Este libro sólo es recomendable para los muy fanáticos de Hawkman, o para los fanáticos de Kubert que prefieran ver los trabajos del maestro a color, o no se quieran fumar las muchas páginas del Showcase que no dibuja el maestro. Es un clásico, eso no lo discuto. Pero con todos los problemas que tenían los comics de DC de principios de la Silver Age, que para mi gusto eran muchísimos.
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viernes, 26 de abril de 2013
miércoles, 28 de noviembre de 2012
28/ 11: SHOWCASE PRESENTS THE SPECTRE
Otro viaje largo, otro masacote de más de 600 páginas que sucumbe bajo mis retinas. Este libro repasa varias etapas muy distintas en la trayectoria editorial del Spectre, que trataré de sintetizar.
1) Tres números de Showcase de 1966, escritos por Gardner Fox y dibujados por Murphy Anderson. Acá Fox nos lleva a la ciudad ficticia de Gateway (creo que es la misma que John Byrne retoma en su etapa al frente de Wonder Woman) y se esfuerza por repartir equitativamente el protagonismo entre el policía Jim Corrigan (intachable y atildado) y el hiper-poderoso Spectre. Bueno, le sale bastante mal. Las escenas de Corrigan no revisten el más mínimo interés al lado de las de su alter ego. Y hay otra falla: las excusas inverosímiles con las que cualquier chorro de cuarta adquiere poderes comparables a los del Spectre para hacerle el aguante unas cuantas páginas. También hay mega-hechiceros y demonios pulentosos, como para que el carapálida tenga con quién entretenerse en sus combates cósmicos y pluridimensionales.
2) De ahí sale una serie regular en la que Fox y Anderson comparten un sólo número, bastante lindo. Al toque se va el dibujante y lo reemplaza Neal Adams, que se quedará cuatro números y escribirá dos de ellos, también con villanos re-power y hampones de la B “enchulados” para bancarse al héroe. El dibujo de Adams está totalmente on fire, repleto de riesgos y hallazgos. Los guiones giran hacia el Spectre, en detrimento de Corrigan, que pasa a tener la misma (poca) chapa que Bruce Wayne en los comics de Batman de esa época.
3) Para el n°6 Fox vuelve a escribir un par de números, ahora dibujados por Jerry Grandinetti, un dibujante que intenta (con limitado éxito) rescatar la estética tenebrosa de los comics de la EC. Y los últimos tres números van muy para ese lado, el de las historias de misterio de DC, esas llenas de fantasmas y moralejas. De hecho, hasta hay un número en formato de antología, que incluye una historia corta magníficamente dibujada por Berni Wrightson. En esta etapa, Corrigan directamente ni figura.
4) Después viene todo el tramo del Spectre en Adventure Comics, la llamada Wrath of the Spectre, con el equipo integrado por Michael Fleisher y Jim Aparo. Esto es raro: transcurre en un universo donde la gente común sabe que Clark Kent es Superman, no estamos en Gateway sino en Nueva York, Corrigan ahora es un cana pesado al estilo Harry el Sucio y –lo más lindo- no hay más villanos ni amenazas sobrenaturales: ahora el Spectre se dedica a cazar y masacrar a meros ladrones, secuestradores y terroristas. Y los hace mierrrda, eh? Sin piedad para los pecadores. Hay un interés romántico para Corrigan, unos dibujos de la San Puta, y un enfoque muy arriesgado (por lo menos para los ´70) que se desactiva cuando se enciende la polémica.
5) Hay tres historias cortitas, que fueron back-ups de la revista Ghosts, en las que el Spectre comparte protagonismo con el Dr. Thirteen, como lo hiciera años atrás el Phantom Stranger. Esto está muy bien escrito por Paul Kuppeberg, pero los dibujos son abominables.
6) Y me quedan varios team-ups: uno con Flash (el guión, una fumanchereada ilógica por donde se la mire, con majestuosos dibujos de Carmine Infantino), uno con Superman (interesante, a cargo de Len Wein y Jim Starlin) y cuatro con Batman, de los cuales el único bueno es el de la Brave & the Bold n°116. Paradójicamente, uno de los team-ups con Batman se lo dejan escribir a Fleischer y el tipo mete (por primera vez en muchísimos años) una amenaza sobrenatural para enfrentar al Spectre.
¿Se puede recomendar este broli sin arriesgarse a un castigo divino? Sí, por la chapa del personaje y porque el desempeño de los dibujantes (con tanto y tan buen Aparo, bastante Adams, lindos momentos de Anderson y esa perlita de Wrightson) nivela mucho para arriba. Con los guiones, no hay cómo remarla: hagan lo que hagan estos muchachos, al lado de lo que hará John Ostrander a partir de 1992, quedarán siempre como una manga de verduleros de improbable redención.
1) Tres números de Showcase de 1966, escritos por Gardner Fox y dibujados por Murphy Anderson. Acá Fox nos lleva a la ciudad ficticia de Gateway (creo que es la misma que John Byrne retoma en su etapa al frente de Wonder Woman) y se esfuerza por repartir equitativamente el protagonismo entre el policía Jim Corrigan (intachable y atildado) y el hiper-poderoso Spectre. Bueno, le sale bastante mal. Las escenas de Corrigan no revisten el más mínimo interés al lado de las de su alter ego. Y hay otra falla: las excusas inverosímiles con las que cualquier chorro de cuarta adquiere poderes comparables a los del Spectre para hacerle el aguante unas cuantas páginas. También hay mega-hechiceros y demonios pulentosos, como para que el carapálida tenga con quién entretenerse en sus combates cósmicos y pluridimensionales.
2) De ahí sale una serie regular en la que Fox y Anderson comparten un sólo número, bastante lindo. Al toque se va el dibujante y lo reemplaza Neal Adams, que se quedará cuatro números y escribirá dos de ellos, también con villanos re-power y hampones de la B “enchulados” para bancarse al héroe. El dibujo de Adams está totalmente on fire, repleto de riesgos y hallazgos. Los guiones giran hacia el Spectre, en detrimento de Corrigan, que pasa a tener la misma (poca) chapa que Bruce Wayne en los comics de Batman de esa época.
3) Para el n°6 Fox vuelve a escribir un par de números, ahora dibujados por Jerry Grandinetti, un dibujante que intenta (con limitado éxito) rescatar la estética tenebrosa de los comics de la EC. Y los últimos tres números van muy para ese lado, el de las historias de misterio de DC, esas llenas de fantasmas y moralejas. De hecho, hasta hay un número en formato de antología, que incluye una historia corta magníficamente dibujada por Berni Wrightson. En esta etapa, Corrigan directamente ni figura.
4) Después viene todo el tramo del Spectre en Adventure Comics, la llamada Wrath of the Spectre, con el equipo integrado por Michael Fleisher y Jim Aparo. Esto es raro: transcurre en un universo donde la gente común sabe que Clark Kent es Superman, no estamos en Gateway sino en Nueva York, Corrigan ahora es un cana pesado al estilo Harry el Sucio y –lo más lindo- no hay más villanos ni amenazas sobrenaturales: ahora el Spectre se dedica a cazar y masacrar a meros ladrones, secuestradores y terroristas. Y los hace mierrrda, eh? Sin piedad para los pecadores. Hay un interés romántico para Corrigan, unos dibujos de la San Puta, y un enfoque muy arriesgado (por lo menos para los ´70) que se desactiva cuando se enciende la polémica.
5) Hay tres historias cortitas, que fueron back-ups de la revista Ghosts, en las que el Spectre comparte protagonismo con el Dr. Thirteen, como lo hiciera años atrás el Phantom Stranger. Esto está muy bien escrito por Paul Kuppeberg, pero los dibujos son abominables.
6) Y me quedan varios team-ups: uno con Flash (el guión, una fumanchereada ilógica por donde se la mire, con majestuosos dibujos de Carmine Infantino), uno con Superman (interesante, a cargo de Len Wein y Jim Starlin) y cuatro con Batman, de los cuales el único bueno es el de la Brave & the Bold n°116. Paradójicamente, uno de los team-ups con Batman se lo dejan escribir a Fleischer y el tipo mete (por primera vez en muchísimos años) una amenaza sobrenatural para enfrentar al Spectre.
¿Se puede recomendar este broli sin arriesgarse a un castigo divino? Sí, por la chapa del personaje y porque el desempeño de los dibujantes (con tanto y tan buen Aparo, bastante Adams, lindos momentos de Anderson y esa perlita de Wrightson) nivela mucho para arriba. Con los guiones, no hay cómo remarla: hagan lo que hagan estos muchachos, al lado de lo que hará John Ostrander a partir de 1992, quedarán siempre como una manga de verduleros de improbable redención.
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