el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 16 de marzo de 2025

SE TERMINA EL DOMINGO

Empató Racing, empieza a anochecer más temprano, porque al verano ya le queda menos de una semana, y yo tengo un rato para reseñar un par de los libros que tengo leídos. Allá por 2012, la editorial IDW le dio luz verde a un proyecto raro: un revival de Popeye que apuntó a recuperar el estilo de la etapa clásica del personaje, es decir, de las tiras de Elzie Segar que se publicaron en los diarios de EEUU bajo el nombre de Thimble Theatre, allá por los años ´30. Algo hablamos de eso hace muchos años, en la reseña del 03/01/14, y mucho más a fondo en el artículo que escribió Roberto Barreiro para la Comiqueando Digital nº2. Al frente del proyecto se puso nada menos que Roger Langridge, el prócer neozelandés, fanático de Segar, quien escribe los guiones de la serie, o por lo menos de los cuatro episodios que integran este primer tomo recopilatorio. Los dibujantes son varios y yo no conocía a ninguno, excepto a Vince Musacchia, quien moriría en 2015, con solo 63 años. El resto, no me suena ni remotamente. Pero son todos clones más que correctos de Segar, tipos super-capacitados para narrar en cuatro tiras por página, para dibujar chiquito y claro, en un estilo sintético, expresivo, dinámico. Claro, Segar estaba tan adelantado a su época, que hoy ves a otros autores trabajar en su estilo y no suena tan retro. Es obvio el intento de estos dibujantes por "anclarse" a la estética de los años ´30, pero en ningún momento huele a naftalina, y con el correr de las páginas uno naturaliza la impostura. Las aventuras que escribe Langridge son muy entretenidas y bastante distintas entre sí. Hay chistes, momentos disparatados, peripecias y diálogos muy graciosos. El neozelandés capta perfecto el grado del deformación del inglés que hace tan cómico a Popeye, y al mismo tiempo lo hace casi tan intraducible como Inodoro Pereyra. Además, siempre está bueno ver reaparecer a los personajes que Segar desarrolló durante años, pero que quedaron relegados al olvido simplemente porque no aparecían en los dibujos animados. Langridge quiere que te olvides del Popeye de los dibujos animados: no usa el gorrito de marinero, come espinacas pero no para recibir superpoderes, y Bluto es un enemigo más, no está constantemente en el centro de la escena. En esta versión tienen más peso el Jeep, Castor Oyl, la Bruja del Mar... hasta Sappo y Wotasnozzle, que protagonizaban la tira chiquita que aparecía como complemento a las planchas dominicales de Popeye. Un toque muy fino, y muy bienvenido, es que aparecen en roles muy chiquitos personajes de otras tiras de los años ´30, no necesariamente creados por Segar, que -si te gusta esa onda- podés jugar a reconocer. Lo único que no entiendo es cómo alguien puede soportar a un personaje tan de mierda como Wimpy. Cómo en la primera aventura no le pegan un voleo en el orto como para ponerlo en órbita y que no aparezca nunca más. En la anteúltima del tomo (Good-Night, Blozo!) hay un intento por reivindicarlo y darle un rol menos repulsivo en la trama. Pero para ese entonces yo ya lo quería ver muerto, sepultado y comido por los gusanos. En fin, conozco a fans de Popeye que aman a Wimpy, pero a mí no me puede caer peor. Disfruté mucho de este tomo, no sé si como para comprarme todos los que siguen, pero sí como para prestarle atención a la versión de Roger Langridge de este clásico del Noveno Arte que en cualquier momento sopla las 100 velitas.
Nos vamos a Japón, año 2021, para leer nuevas historias de misterio, terror y bizarreada creadas durante la pandemia por el maestro Junji Ito. Ya vimos el primer libro de La Zona Liminal el 29/10/24, y este es una especie de continuación, si bien todas las historias son autoconclusivas. Esta vez tenemos cuatro relatos, de diversas extensiones: uno de 66 páginas, uno de 68, uno de 46 y uno de 34. Vamos a repasarlos. La primera historia me hipnotizó. Le falta, como suele suceder en las historias cortas de Ito, un poco más de profundidad al personaje protagónico. Pero la trama es original, tiene el grado justo de complejidad, de enrosque, de sorpresas, de mala leche... y un final bien pasado de rosca, bien ido a la mierda, en el que la bizarreada está perfectamente justificada. La segunda historia tiene un problema, y es que le sobran unas 20 páginas. Es de esas ideas que en los ´70, te las ponían en una antología de misterio de DC, desarrolladas (y desperdiciadas) en ocho páginas. Acá, Ito se toma todo el tiempo del mundo para llegar a donde era evidente que iba a llegar, y si bien condimenta ese recorrido con unas cuantas sorpresas impactantes, no deja de ser predecible. Probablemente sean las páginas mejor dibujadas del tomo, y eso ya de por sí justifica cualquier cosa. La tercera mezcla de manera muy ingeniosa los zombies con los espíritus de los fantasmas que buscan cuerpos en los que reencarnar. Tiene un elenco amplio, en el que no todos los personajes aportan algo a la trama, pero también tiene un ritmo espectacular y unas 10 páginas finales dibujadas a un nivel colosal. Finalmente, la última tiene el argumento más enigmático, con las mejores ideas y el planteo más retorcido y más original. Ito arma una espiral ascendente de tensión y suspenso, en una historia que sabés que va a terminar mal, pero no te imaginás cómo. El final es entre macabro y poético, satisfactorio por donde se lo mire. La verdad que cerré el libro muy contento, porque Ito me ofreció un buen rato de entretenimiento, con muchas ideas copadas, giros imprevisibles, momentos en los que el terror se va tan al carajo que te causa gracia, y unos dibujos superlativos, a años luz de los mangakas casi sin estilo que llenan todas las semanas páginas y páginas de shonens de peleas. Por si faltara algo, magnífica la edición de Ivrea para este material, con muy buenas traducciones de Martín Parle. Tengo más libros de Junji Ito en el pilón de los pendientes, así que nos reencontraremos con él, más temprano que tarde. Nada más, por hoy. Gracias por pasar por el blog a leer las boludeces que uno escribe y volvemos pronto con nuevas reseñas.

martes, 25 de agosto de 2020

ZOOT SUITE

Por lo menos hasta fin de mes, sigo transitando mi cuarentena sin superhéroes, y es hora de compartir una reseña complementaria a la del 11/02/14, que nunca está demás repasar. En un libro bastante más finito que aquel y en formato comic-book, Fantagraphics recopila trabajos muy locos del glorioso neozelandés Roger Langridge, todos de 1992-96, esta vez acompañado por su hermano Andrew en los guiones. La portada te engaña: parece que de nuevo casi todo va a girar en torno a Art D´Ecco y The Gump, pero en realidad aparecen muy poquito y en historias muy breves, de una página, que complementan a la principal. La historia más extensa se titula The Journey Halfway y es una tragicomedia absolutamente hipnótica que te hace reir, te pone nervioso, te bajonea y por momentos te deja en bolas, pensando qué quisieron decir los autores. Por momentos parece un sketch de los Monty Phyton, por momentos una parodia de Waiting for Godot (el clásico surrealista de Samuel Beckett), por momentos una aventura costumbrista de borrachos y perdedores que podría haber contado Peter Bagge en un número de Hate. Andrew Langridge ensaya distintos tipos de humor (de los Hermanos Marx a Bugs Bunny), distintos climas, y a la vez le da el pie a Roger para probar distintas grillas y distintos tempos narrativos a la hora de llevar la historia a la página. Y por supuesto Roger no se guarda nada y despliega ese asombroso arsenal gráfico que lo posiciona hace muchos años como uno de los mejores historietistas del planeta, el heredero natural de Will Elder y Harvey Kurtzman. Estamos hablando de un dibujante realmente fenomenal, brillante en todos los rubros. Un genio absoluto. Por el lado de las historietas cortas, no sólo tenemos más despliegue visual por parte de Roger (que se anima a modificar el trazo, a narrar sin fondos, a irse más al carajo en el diseño de los personajes) sino que además Andrew abraza con más pasión el surrealismo, el delirio y el humor con mala leche, sin descuidar nunca la calidad de los diálogos, que es altísima en todo el tomito. Calling Claire y No Shit Man son verdaderas micro-joyas, The Friendly Pooh es tan graciosa que daba para seguirla hasta el infinito, y la onírica I Dreamt está repleta de ideas limadísimas, y además contiene las páginas mejor dibujadas por Roger a lo largo del librito. Me da la sensación (chotísima, por cierto) de que en Argentina somos muy poco los fans de Langridge y no se me ocurre qué corno hacer para reparar esta horrorosa injusticia. Por ahí ponerle un chumbo en la cabeza a algún editor local para que le publiquen aunque sea una historia corta. Por lo pronto me sigo maravillando cada vez que uno de sus trabajos cae en mis manos, porque siempre encuentro cosas nuevas que me sorprenden y me fascinan, dentro de un estilo muy reconocible, capaz de brillar tanto en color como en blanco y negro, en historias más aventureras, más cómicas o más inclasificables, ya sea con guiones propios o ajenos. Sueño con el día en que los comiqueros de todo el planeta se apuñalen unos a otros por un libro de Roger Langridge, y en todos los medios más o menos especializados se lo cite como el referente, como el capo, como la bruta bestia que es desde hace más de 30 años. No sé si Zoot Suite es un buen punto de entrada para el que no es fan de Langridge, porque si no te gusta el surrealismo tiene varios momentos medio WTF?!?. Pero aunque sea para flashear con los dibujos, todos, hasta los lectores más cabeza, se merecen tener frente a sus ojos estas historietas creadas por los gloriosos hermanos neozelandeses. Esto es todo por hoy. Gracias por tanto, perdón por tan poco y seguramente antes de que termine Agosto tendremos una nueva reseña, acá en el blog.

martes, 10 de junio de 2014

10/ 06: SNARKED! Vol.3

Hoy otra vez muy cortito, por falta de tiempo.
Este tercer y último tomo de la saga creada por Rogr Langridge es realmente magnífico. Muy probablemente sea el mejor de los tres: el que tiene más ritmo, el que tiene los mejores chistes, el que mejor muestra la evolución de los personajes. Tiene un problema, nomás: una vez que leés el Vol.3, sentís que fue al pedo leer el Vol.2. Todo lo que Langridge abre en el Vol.1 se cierra acá, de modo prolijísimo, y al leer los tres tomos de corrido queda bastante claro que la historia se podía contar sin ningún problema en 8 episodios, ya que los cuatro del medio son básicamente relleno: peripecias divertidas, chistes graciosos, diálogos ingeniosos... pero que no hacen a la esencia de la trama de Snarked! El día que relea esta saga (el Día del Arquero suplente que patea penales con la zurda, a este ritmo) voy a hacer el experimento de no leer el Vol.2, a ver si realmente cierra todo con los cuatro capítulos del principio y los cuatro del final.
Por otro lado, esta vez Langridge juega menos a mostrarnos guiños a la obra de Lewis Carroll (de la que toma nada menos que a los protagonistas de Snarked!, la morsa y el carpintero), porque necesita espacio para rematar la historia. Lo que sí enfatiza esta vez son diálogos muy filosos, muy críticos para con el rol de los reyes, justo ahora que está de moda el tema a raíz de lo que pasó en España.
Y el dibujo, felizmente, no baja nunca de ese nivel extraordinario que le vimos al maestro neozelandés en las primeras viñetas del Vol.1. Snarked! es un verdadero deleite visual, con páginas inolvidables, que vibran al ritmo de una narrativa sólida y cristalina, a la que no le faltan trucos y experimentos. Pero claro, el que experimenta es un auténtico genio del Noveno Arte.
Se acabó Snarked!, amigo viñetófilo, y ahí se va Roger Langridge, con un Eisner abajo del brazo, a encarar nuevos desafíos. Si te pinta una aventura distinta, apta para todo público, repleta de chistes brillantes y dibujada como la hiper-concha de Dios, ahí están estos tres tomos, esperando ser descubiertos por los cultores de la buena historieta.

sábado, 31 de mayo de 2014

31/ 05: SNARKED! Vol.2

Hoy de nuevo estoy con poco tiempo, así que me viene bien reseñar un libro que me da poco margen para explayarme, porque sigue a grandes rasgos los lineamientos que ya vimos la semana pasada, cuando me tocó reseñar el Vol.1.
Ni me caliento en hablar del dibujo, porque va por el mismo cauce que la vez pasada: Roger Langridge se aguanta las ganas de llenar todo con tramitas y texturitas, para darle espacio al colorista (Matthew Wilson), que lo complementa muy bien. El resto, la solvencia pasmosa de siempre, marca de fábrica del genio neozelandés.
El guión avanza hacia su resolución a paso firme y cada vez se ve más clara la posibilidad de que un personaje misérrimo y ventajero al mango como W.J. Walrus encuentre en el heroismo el camino hacia la redención. Una vez más, la aventura se puebla de chistes muy efectivos, y de apariciones en roles menores de otras criaturas tomadas libremente de los relatos de Lewis Carroll: el gato de Cheshire, el ciempiés, el sombrerero loco, Humpty Dumpty... un montón. El único personaje que no me termina de entusiasmar, que me parece que tiene que estar, pero que a la larga aporta muy poco, es Gryphon, el sicario enviado por los villanos para traer de vuelta al palacio a los hijitos del Rey. Gryphon fracasa en sus misiones de un modo patético, al estilo de los villanos de los dibujos animados, que intentan mil veces y mil veces pierden, y la verdad es que llega un punto en que no se justifica interrumpir la historia de la morsa, el carpintero y los herederos al trono para mostrarnos el enésimo plan de un antagonista que ya no mete miedo ni por error. Pero bueno, los tropiezos de Gryphon están plasmados por Langridge en un tono bastante cómico, y esta es una historieta pensada para enganchar también a los chicos, así que quizás no esté tan mal.
Banco a full a Snarked!, porque es una aventura entretenida, atrapante, delirante y muy graciosa. Me queda por leer el último tomo, seguramente para la semana que viene.

viernes, 23 de mayo de 2014

23/ 05: SNARKED! Vol.1

Ayer los teníamos a Trillo y Breccia metiéndole mano a los cuentos de hadas clásicos, los que llegaron a nosotros a través de los libros de los Hermanos Grimm, o de las películas de Disney, y hoy tenemos algo más o menos en ese estilo. En Snarked!, el genio neozelandés Roger Langridge se apodera de dos personajes de Lewis Carroll, que aparecen en uno de los libros de Alicia, y en la película de Disney basada en Alice in Wonderland y su secuela, Through the Looking Glass. Se trata de la morsa y el carpintero, ahora convertidos por Langridge en el carismático e inescrupuloso Wilburforce J. Walrus y su inepto adláter, el carpintero Clyde McDunk.
El entorno que elige Langridge para las aventuras, sin embargo, no se aferra tanto al de los relatos de Carroll. En todo caso, mezcla ciertos elementos de surrealismo o de absurdo con un contexto más afín al de los cuentos de hadas más clásicos, aunque todavía no aparecieron las hadas. Sí tenemos, en este primer tomo, un rey en peligro, una princesa que debe rescatarlo y una conjura puertas adentro del palacio, liderada por avechuchescos personajes que quieren sacar provecho de la ausencia del monarca. En el medio hay unas criaturas extrañas, los snark, cuya sola mención aterroriza a los moradores de este reino. Seguramente pronto habrá un flashback que nos explique qué onda con estos pseudo-dragones que tanto pánico causan.
Si bien esto está repleto de chistes de todo tipo, el ritmo es claramente aventurero. Hay una epopeya en ciernes y Langridge apuesta a envolvernos en esta trama y a que alucinemos viendo cómo un personaje cínico y amoral (Walrus) termina por asumir un rol heroico y a jugarse el pellejo en una gesta peligrosa, pero no por eso poco disparatada. El equilibrio está logradísimo: aventuras, humor y desarrollo de personajes se amalgaman en las dosis justas. Y lo más interesante: al igual que los comics de los Muppets, esto es bien para todo público. Lo pueden leer los chicos, entender todo y cebarse a full, y lo pueden leer los grandes sin sentir que te están contando un cuentito para nenes de segundo grado o para subnormales incapaces de seguir tramas más complejas. Lo único que se me ocurre para criticarle al guión es que, si comprás sólo este primer tomo, te deja totalmente en pelotas. Snarked! es una saga narrada en tres libros y me da la sensación de que si no leés los tres, no se entiende nada. Lo cual, por otro lado, habla de la complejidad y la ambición de la historia que propone Langridge.
El dibujo del ídolo está al mismo nivel que vimos en los comics de los Muppets. Está claro que, cuando trabaja con un colorista (en este caso Rachelle Rosenberg), Langridge no pone toda la carne al asador, sino que trata de dejar un margen para que se luzca también su partenaire. Muchos de los efectos que el neozelandés suele resolver con texturas y tramas surgidas de su pincel mágico, acá están resueltos con la paleta digital de Rosenberg. De todos modos, hay páginas pletóricas de detalles microscópicos, en las que Langridge se zarpa tanto en la composición de las escenas como en el acabado del dibujo, y seguramente Rosenberg sufrió para colorear cada cosita mínima como sufre Tom Luth cada vez que tiene que colorear un comic de Groo. El diseño de los personajes es dinámico, amistoso, con una nena que parece exiliada de Peanuts y una mezcla rara entre personajes humanos y animales antropomórficos, algunos con ciertos rasgos similares a los que vimos en los comics de los Muppets. Como siempre, tenemos los excelentes fondos y las hermosas onomatopeyas que nunca faltan en los comics de esta bestia.
Tengo para leer pronto el Vol.2 y es probable que me lo liquide antes de fin de mes, porque este primer tomo de Snarked! me dejó muy cebado. Una vez más, garpó apostar por una obra de este verdadero genio del Noveno Arte nacido en Nueva Zelanda, radicado en Inglaterra y llamado Roger Langridge. Gracias BOOM! por editar esta papita tan fina.

viernes, 7 de marzo de 2014

07/ 03: FRED THE CLOWN

Vuelvo a encontrarme con el genio neozelandés Roger Langridge (ya definitivamente incorporado a la lista de autores fetiche de este blog), esta vez para recorrer un voluminoso tomo que recopila TODO lo que hizo el maestro con Fred the Clown, quizás su creación más reconocible. Esto originalmente salió en revistitas y yo ya había leído un par, por eso estaba bastante al tanto de lo que podía llegar a encontrarme en las páginas de este libro.
Aún así, Langridge me volvió a sorprender, a dejarme atónito, con su desmesurado talento para el guión, el dibujo y la narrativa gráfica. Además de las patéticas pantomimas del payaso Fred (algunas acompañadas por textos en rima, sumamente ingeniosos), hay pasajes del libro en los que el neozelandés se dedica a homenajear a los grandes próceres de la historieta, a los pioneros, y lo hace a través de una mímica PERFECTA de sus estilos. Así, de la mano de Langridge reviven aunque sea para un puñadito de viñetas los maestros Richard Outcault, Frederick Burr Opper, Winsor McCay, George Herriman, Cliff Sterrett, Billy DeBeck, Chic Young y hasta dibujantes más cercanos en el tiempo, como Walt Kelly, el Dr. Seuss, Jack Kirby o Robert Crumb.
Las historias de Fred pueden ser intimistas o alocadas, más volcadas a la peripecia o incluso más introspectivas, y todas combinan dos elementos: la comicidad y el regusto tristón, la certeza de que todo lo que sucede le sucede a un pobre tipo, a un auténtico subnormal que nunca va a ser feliz. La pésima leche que despliega Langridge a la hora de hacer humor subraya aún más este costado trágico de Fred, y por supuesto se lo toma para la chacota. El ritmo increíble que le pone el autor a las secuencias más aventureras hace que se destaquen aún más sus escenas pachorras, en las que se impone un ritmo mucho más tranqui. Claramente, el neozelandés tiene un control milimétrico del tempo de relato, que le permite incluso salir bien parado de experimentos limados como el de la página en la que el pececito se cae de la pecera en la terraza y Fred lo ataja en la vereda, una cátedra absoluta, que debería usarse en las escuelas para explicar el infinito potencial de la historieta.
En el estilo de los clásicos o en el suyo propio, Langridge no para un minuto de tirar magia. Su claroscuro es impresionante y está complementado a veces con grises aplicados en el photoshop y a veces con un laburo fastuoso de texturas y crosshatchings en los que se ven horas y horas de rotring (no creo que sea plumín) en cada puta viñeta. En todos los casos el nivel del dibujo está totalmente fuera de escala y nos muestra a un historietista definitivamente quintaesencial (de nuevo la palabrita que tanto altera a un par de nabos) en su mejor momento, subido irreversiblemente al Olimpo de los mejores dibujantes de la historia de este medio.
No quiero seguir babeándome. Simplemente subrayar que este es un libro IDEAL para engancharte con Roger Langridge si aún no lo hiciste, porque tiene humor, aventuras, poesía, romance, mala leche, delirio, homenajes grossísimos a los pioneros del comic y –lo más importante- personajes, guiones y dibujos del mega-carajo. Fundamental es poco. Y sí, claro, tengo más libros del ídolo neozelandés para reseñar en los próximos meses.

viernes, 21 de febrero de 2014

21/ 02: THOR: THE MIGHTY AVENGER

Hoy como ayer, me toca deleitarme con el trabajo de un maestro del claroscuro. Chris Samnee (que de él se trata) no dibuja parecido a Leandro Fernández, pero entiende como el rosarino la fuerza que tiene el dibujo cuando es sólo mancha negra y espacio blanco y además, aunque está perfectamente inserto en el mainstream yanki donde todo se publica a color, se le nota que piensa la historieta en blanco y negro. Samnee tiene una anatomía tranqui, que no se regodea en músculos imposibles ni en poses estridentes pasadas de rosca. Y lo más lindo: maneja unas expresiones faciales fascinantes, dignas del mejor Ty Templeton. Por si faltara algo, su gran capacidad para la síntesis y su uso de las masas negras lo emparentan, además, con Alex Toth. O sea que estamos frente a un dibujante con un estilo muy atractivo, muy personal, a años luz de los Juan Carlos Flicker que recurren todo el tiempo a la foto y de los pavos que sobredibujan y llenan las viñetas de rayitas innecesarias. Que un dibujante como Samnee se haya impuesto en un contexto tan adverso, donde se valora tanto a los que hacen todo lo contrario a lo que hace él, resulta tan asombroso como meritorio.
Lo que más me sorprendió de este libro, sin embargo, son las fechas en las que se publicaron originalmente estas historietas. Varias de ellas salieron en 2010, es decir, bastante antes que la primera película de Thor. Sin embargo, el guionista (nada menos que el prócer neozelandés Roger Langridge, un fetiche de este blog) ya juega con varios elementos de los que –creía yo- se habían inventado para la peli. Langridge des-bizarrea el origen de Thor, desconoce olímpicamente a Don Blake, le da onda, chapa y personalidad a Jane Foster (la cambia tanto que se podría haber llamado de cualquier otra manera) y explota esa veta tan atractiva que es mostrar a Thor como un tipo medio alienígena, al que le cuesta bastante adaptarse a los EEUU del presente, porque viene de una cultura radicalmente distinta. Y no puedo creer que a Langridge se le haya ocurrido hacer negro a Heimdall. Eso seguro se lo impuso algún capanga de Marvel que ya sabía que en la peli el personaje iba a estar a cargo de un actor afroamericano.
Hasta ahí llegan las coincidencias con la versión fílmica de Thor, porque Langridge le reserva a Loki un rol MUY chiquito y –lo más loco- nunca llega a mostrarnos a Asgard. La meta de Thor es volver al Reino Eterno, pero en estos nueve episodios no lo logra. Ni siquiera confronta con alguno de los villanos asgardianos, o con los gigantes de hielo, y a Sif (que aparece en la ilustración de la portada) ni siquiera la nombran. Supongo que el guionista se guardaba a los villanos asgardianos (y a Odin) para más adelante, un más adelante que nunca llegó, porque la revista vendió poco y duró menos. Lo cierto es que en estos episodios el neozelandés rompe la tradición de los comics de Thor, esa que impone buscar un equilibrio entre cosas que suceden en la Tierra y cosas que suceden en Asgard. Acá todo pasa por la Tierra, por la relación entre Thor y Jane y por los encuentros de Thor con algún que otro villano y unos cuantos superhéroes de nuestra dimensión. El Dios del Trueno pareciera llegar “con todo ya empezado”, porque Langridge nos muestra a los otros héroes (Giant Man y Wasp, Captain Britain, Namor, Iron Man) como más asentados en lo suyo, más curtidos en comparación con este extranjero en tierra extraña que va por ahí, medio a los tumbos, dándose cuenta sobre la marcha de cómo viene la mano. Por supuesto, el coraje y la nobleza de Thor lo harán ganarse rápidamente la confianza y la amistad de estos paladines.
Como suele suceder en el mainstream superheroico, varias de las peleas que nos muestran Langridge y Samnee están al pedo, porque claramente les interesa más mostrarnos otra faceta del personaje. Sin embargo, estas no eclipsan a los momentos más intimistas, a la “comedia romántica” entre Thor y Jane, que está finamente elaborada y sostenida por excelentes diálogos, silencios, miradas y seguramente algún encuentro sexual de alto voltaje, que no está, pero que uno se puede imaginar dónde se produce sin mayor dificultad. Si te gusta Thor, dale una chance a esta versión medio descolgada de su “year one”. Y si sos fan de Samnee o de Langridge, aprovechá para disfrutarlos en una serie muy linda, muy ganchera, muy reader-friendly, en la que los dos pusieron mucho huevo y mucho talento. Habrá más trabajos de ambos muy pronto, acá en el blog.

martes, 11 de febrero de 2014

11/ 02: ART D´ECCO

Ya tuvimos a dos hermanos brasileros que publican en Argentina, un canadiense que vive en Francia, y hoy dos hermanos neozelandeses que viven en Inglaterra. Uno de ellos el es genio máximo del comic de su país, el maestro Roger Langridge. Y el otro es su hermano Andrew, que acá oficia de guionista para escribir casi 150 páginas rarísimas, más inclasificables aún que lo que hace Roger en solitario.
Art D´Ecco es una serie claramente humorística, apoyada en dos pilares: por un lado el absurdo, el delirio, el disparate, el non-sense, la limadura en la que cualquier cosa puede pasar; y por el otro, el humor basado en los juegos de palabras boludos, pero graciosos. Al principio parece que se trata de una idea que sólo funciona en historias muy cortas, pero pronto empiezan a aparecer relatos más largos, de 12 ó 15 páginas, y antes de la mitad del libro, Andrew y Roger se clavan una verdadera novela gráfica de 60 páginas en la que enfrentan el demencial desafío de sostener algo así como un argumento sin que decaiga la infinita sucesión de gags.
El veredicto es “no, no superaron el desafío”. La Trahisson des Images (que así se llama la extensa aventura) lleva a los protagonistas (Art D´Ecco y The Gump) a vivir una peripecia bizarra atrás de otra, hay desarrollo de personajes secundarios, flashbacks, secuencias muy distintas narradas en paralelo, mucho firulete, pero el resultado es un comic que se hace largo, que te obliga a contar cuántas páginas faltan para que se termine, porque el interés no se sostiene.
Por suerte a los hermanos les va mucho mejor con las 21 páginas de The Secret Origin of the World, una maravillosa incursión en el género de los chistes de naúfragos, que no aburre nunca y está repleta de momentos geniales. Y después, más chistes de una sóla página y más historias cortas de menos de 12, algunas muy efectivas y otras medio pavotas.
Me parece que, salvo en The Secret Origin of the World, la dinámica entre los personajes y el estilo de humor propuesto por Andrew se disfruta más en dosis más pequeñas. Casi 150 páginas de esto es un poco mucho. De hecho, es imposible bajarse todo el libro en una sentada. La lectura pide a gritos varias pausas, en lo posible con otras lecturas (más convencionales, menos anárquicas) en el medio.
Por supuesto, nada de esto importa cuando las historietas están dibujadas con total libertad y muchísima onda por Roger Langridge. Estamos ante un artista de una magnitud tan sublime, ante un historietista tan “quintaesencial” (palabrita que hace saltar a más de un pelotudo de los que leen este blog para indignarse), que nada opaca el infinito placer de tener otro libro suyo en la biblioteca. Langridge experimenta con todo: con la línea, con los fondos, con los marcos de las viñetas, con la puesta en página, con las tipografías, con las tramas mecánicas, con el armado de las secuencias (en las que aparecen transiciones totalmente impredecibles) y hasta en el diseño de los personajes. Y ahí, en este último rubro, es donde se manda la única que a mí no me gusta, que es ese diseño triangular para The Gump, un personaje que le quedó muy feo, muy chocante. Todo lo demás es talento en estado puro y podría incluirse tranquilamente en aquel fundamental recopilatorio de historias cortas del ídolo que vimos el 24/04/12.
Todo este material se escribió y dibujó entre 1988 y principios de los ´90 y, salvo alguna que otra historietita de una página, el resto envejeció con muchísima dignidad. Hoy se pueden mirar las casi 150 páginas de Art D´Ecco, compararlas con los últimos trabajos de Langridge, y que salgan muy bien paradas. Irrefutable testimonio de la vigencia de este genio del lápiz y la tinta, al que volveremos a visitar acá en el blog. Varias veces, incluso.

martes, 24 de abril de 2012

24/ 04: THE SHOW MUST GO ON

Esto es demasiado bueno para ser real. Más de 200 páginas de historietas de Roger Langridge (el genio neozelandés radicado hace muchos años en Londres) es más de lo que cualquiera puede soportar sin salir a afanar metales para hacerle un monumento en la plaza más cercana. Roger Langridge es el Dibujante Supremo, el historietista más completo que yo haya visto en muchos años. Leerlo es como leer la historia del comic. Es reencontrarse con George Herriman, E.C. Segar, Cliff Sterrett, Frank Willard, Billy DeBeck, Al Capp, Walt Kelly, Jack Davis, Bil Elder, Wally Wood, Jack Cole, Basil Wolverton, obviamente Robert Crumb... Langridge es una lámpara de Aladino con un montón de genios adentro, una bestia de la viñeta que sabe demasiado y a la que todo le sale demasiado bien. El expresionismo al palo, el control molecular sobre el grosor de la línea, los cross-hatching enfermizos, las tramas mecánicas, el claroscuro, los grises, el color directo, el timing para la comedia, las splash pages, las páginas con 16 viñetas... Todo lo que debe hacer bien un dibujante que aspira a ser considerado un virtuoso, Langridge lo hace perfecto. Hasta pareciera que le sobra, que lo hace de taquito.
Este libro reúne toda su obra dispersa, publicada en antologías o revistas semi-under, mayoritariamente a lo largo de los ´90. Es un compendio de todas las obsesiones, delirios y bizarreadas que Langridge hizo para hinchar las bolas, no para pagar las expensas, y se nota. Las historias irradian libertad, disparate, humor absurdo de gran nivel, homenajes a los maestros, parodias a los verduleros e incluso, en las aventuras de Mugwhump, asistimos al nacimiento de un género nuevo, el Género Langridge, que es el que le valió al neozelandés la posibilidad de ponerse al frente de los comics de los Muppets, a los que encaró como un comic 100% de autor. Hay mala leche, ironía fina y alguna grosería... pero también ternura freak, planteos existencialistas y dilemas éticos. Por supuesto que al lado de su talento como dibujante el Langridge guionista pasa un poquito desapercibido, pero sólo porque dibuja indescriptiblemente bien. Como guionista es realmente maravilloso.
En algunos de estos disparates forma equipo con Gordon Rennie, un guionista que lleva más de 15 años acumulando éxitos en el Reino Unido, pero que nunca se lanzó a la conquista de otros mercados. Del trabajo en conjunto entre Rennie y Langridge salen dos de las mejores historietas del tomo: la bizarrísima Kabuki Kid (con artes marciales, robots, masacres en pueblitos onda Far West y teoría marxista) y la fundamental Dr. Spin, una brillante y descarnada sátira los comics de superhéroes, sus kilombos de continuidad, su eterno reciclaje de plots y sus sagas gradilocuentes que amenazan todo el tiempo con re-escribir la historia “para siempre”. Repletas de chistes, pero también de ideas grossas, las 32 páginas de Dr. Spin (dibujadas por Langridge como la hiper-concha de Dios) valen lo que pagues por todo el libro.
Esto es un prodigio. Un libro para comprar, leer, atesorar por siempre y no prestar jamás a nadie. Un libro lleno de vitalidad, de personajes memorables, de aventuras limadas, de situaciones cómicas muy originales. Un libro pensado para rescatar material raro o disperso, que termina por funcionar como un totem sagrado, un testimonio del inmejorable nivel alcanzado por ese prócer del Noveno Arte, que aún hoy tiene muchos menos fans de los que merece (y eso que mojó en proyectos más populares, como los comics de los Muppets, lo nuevo de Popeye, una serie de Thor, casi todos los Big Books de Paradox Press, etc.). Roger Langridge, amigo viñetófilo. Un maestro de los maestros al que recomiendo seguir a muerte, a donde vaya. Si hay que nadar hasta Nueva Zelanda, todo bien.