el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 30 de junio de 2017

NOCHE RARA DE VIERNES

Rara vez me siento a escribir un viernes a esta hora, pero este sábado viajo muy temprano a Villa Constitución para asistir a un evento y eso me obliga a levantarme a la hora a la que normalmente me acuesto. Así que, para irme a dormir a un horario razonable, me pierdo la joda de esta noche y me quedo en casa, reseñando los últimos libritos que leí…
Arranco con el Vol.2 de Ten Grand, segunda y última parte de la saga imaginada por J.M. Straczynski que empezamos a comentar allá por el 22/01/15. La verdad que esta segunda mitad me convenció bastante menos que la primera. El nivel de los diálogos sigue muy alto, pero hay demasiado diálogo. Se explican demasiadas cosas a través de los diálogos. La acción, en cambio, es poca. Hay una machaca grossa casi al final, pero lo que pasa antes y lo que pasa después le restan relevancia en la trama global. Ese equilibrio muy bien logrado en la primera parte entre el hard boiled terrenal y la runfla metafísica entre Cielo e Infierno se pierde por completo en este tramo. Straczynski se concentra en el conflicto entre ángeles y demonios y el resto pasa muy a segundo plano.
¿Qué queda de todo lo bueno que vimos en el Vol.1? Como dije antes, la calidad de los diálogos, sumada al excelente trabajo de caracterización del protagonista y a un logro no menor, que es darle un cierre coherente y satisfactorio en 12 episodios a una saga que (uno intuye) el guionista había pensado para que durara mucho más. Y el final llega de modo armónico, no es una acelerada brutal para clavar el freno un milímetro antes del precipicio, ni una estirada grotesca de una idea muy chiquita.
El dibujo recupera a Ben Templesmith, quien desapareció de la faz de la Tierra en la mitad del Vol.1 y debió ser reemplazado, ahora a cargo de breves secuencias de flashbacks, invariablemente impactantes desde lo visual, pero con menos gancho a nivel argumental. Y C.P. Smith, el que en el Vol.1 entró de suplente, acá se siente MUY titular y nos brinda las que sin duda son las mejores páginas de su carrera. Me cuesta describir lo que hace Smith con el dibujo y el color en Ten Grand, pero me atrevo a decir que es la mejor representación del Cielo y el Infierno que recuerdo haber visto en un comic. Y no mucho más. Una pena que el Vol.2 no haya alcanzado el alto grado de expectativa generado por el Vol.1, porque incluso con este bajón, no me parece que Ten Grand sea una mala historieta, para nada.
Me vengo a Argentina, a 2016, cuando sale ZOK!, una antología que reúne tres historietas autoconclusivas de 24 páginas, cada una a cargo de un autor distinto.
La primera, El Juez, nos muestra a Nahuel Amaya (el de El Hombre Cucaracha) ahora volcado a un estilo mucho más realista, con ciertas reminiscencias a la estética de Salvador Sanz. La trama me pareció lineal, sencilla, muy basada en la violencia, pero me entretuvo bastante. Lo mejor: la aplicación de los grises y el trabajo en los fondos.
La segunda, Héroes del Estiércol, es una especie de comedia costumbrista protagonizada por los recolectores de residuos de un futuro post-apocalíptico. Hay acción, machaca fuera de control, diálogos ingeniosos y chistes… pero Hurón opta por un estilo raro, a años luz del que vimos hace poco cuando leímos la biografía de José Ortega y Gasset. Un estilo de alto impacto visual (también con una aplicación formidable de las tramas de gris), pero muy confuso a nivel narrativo. Hay páginas enteras en las que no entendí un carajo de lo que estaba pasando… y era una de peleas con monstruos gigantes, no un comic metafísico ni experimental…
La tercera, Runner, es la que tiene el argumento más flojo, más obvio. Emmanuel Ortiz se queda con las peleas entre chabones musculosos y la destrucción, no se calienta mucho en proponer algo más. El dibujo tiene tropiezos menores en la anatomía y sobre todo en las expresiones faciales, pero es muy sólido en la puesta en página, en la narrativa y –acá también- en la aplicación de los grisados y de las manchas negras.
El librito es espectacular en calidad de papel, impresión, portadillas a color y demás. Le falta un poquito más de profundidad a las historias, algo que probablemente los autores consigan trabajando en equipo con guionistas, o con editores que los obliguen a ponerle tanto huevo a los guiones como el que le ponen a los dibujos.
Vuelvo la semana que viene, con nuevas reseñas. ¡Feliz segundo semestre para todos y todas!

jueves, 22 de enero de 2015

22/ 01: TEN GRAND Vol.1

Acá tenemos otra de las muy buenas series de la Image actual, a la que quizás no se le dio toda la pelota que merece. Ten Grand estuvo parada un tiempito, pero los episodios siguen apareciendo (a veces un poco espaciados) y para el mes que viene ya se anuncia el segundo TPB. Los primeros cuatro episodios arrancaron con un Dream Team: guiones de J.M. Straczynski y dibujos de Ben Templesmith. Pero en un momento, el glorioso artista austarliano tildó y dejó de responderle los mails al guionista, dejó su cuenta de twitter, abandonó su blog… virtualmente cortó la comunicación con el mundo. A tal punto que Straczynski se calentó y le avisó a través de los medios de prensa que estaba afuera de la serie, y que su reemplazante sería C.P. Smith, a quien vimos allá por el 30/05/13 al frente de la faz gráfica de The Programme. Este tomo ofrece cuatro episodios dibujados por Templesmith y dos por Smith (se nos cayó el Temple).
Alguien elogió a Ten Grand con la frase “llena el agujero que nos dejó Hellblazer” y la verdad es que coincido muchísimo. Esto es un toquecito más cabeza que Hellblazer, porque en casi todos los episodios hay tiroteos, piñas o ambas cosas. Pero sin dudas va para ese lado y va muy bien. La historia combina mugre urbana, la sordidez del submundo de los asesinos a sueldo, con un complejo entramado de ángeles y demonios, de almas cautivas, de gente que resucita una y otra vez en busca de la redención, o simplemente del amor. A las clásicas roscas entre el Cielo y el Infierno acá se suma un protagonista humano, muy heavy, que sabe mucho de estos temas y tiene un arsenal místico bastante considerable. Joe Fitzgerald fue un sicario al servicio de un capo mafioso, hasta que su esposa fue masacrada y recibió una oferta de los ángeles: cada vez que muera por una causa noble, podrá compartir cinco minutos con su mujer y luego volver a la vida.
Pero lo cierto es que, a pesar de lo atractivo de la consigna, pensada para estructurar una larga serie de episodios, Straczynski pega el volantazo muy temprano y para el final del cuarto episodio, manda a Joe al Infierno a buscar el alma de su mujer. En seis capítulos, las veces que lo vemos morir para ayudar a un inocente son… una sola, sobre el final de un arco muy intenso, muy ganchero, que combina perfectamente la escencia del hard boiled con la machaca sobrenatural. Ojalá la serie retome ese planteo y veamos a Joe tratar de resolver otros casos vinculados al misticismo para morir, ver a Laura y resucitar.
Lo mejor de este primer TPB son, por un lado, los diálogos: afilados, zarpados, muy graciosos, con muchísima onda. Y por el otro, la magia que tira Straczynski para mechar en medio de todos estos despelotes unos flashbacks formidables al pasado del protagonista, cuyo camino al Infierno empieza a los 13 años, cuando boletea a sangre fría a… no te lo puedo contar. Cada vez que puede, el guionista nos revela algún momento más del pasado de Joe y son todas escenas tremendas, que nos revelan a un personaje oscurísimo, cuya única virtud es el genuino amor que siente por su mujer.
El trabajo de Ben Templesmith en los cuatro episodios que dibuja es realmente brillante. A su habitual talento para el expresionismo pasado de rosca, acá agrega un cuidado poco frecuente en los fondos y en el arma de Joe, que se ve sumamente realista, mientras que los dedos que la sostienen a veces son un alambre retorcido, un garabato a mano alzada de esos que tan bien le quedan al australiano. El color es alucinante, lleno de matices, de texturas, perfecto para enfatizar los climas jodidos por los que transcurre el relato. Los demonios, los fantasmas, las explosiones, los tugurios inmundos… todo está fantásticamente bien dibujado. Y cuando llega C.P. Smith, llega con una sorpresa, porque despliega un estilo que se parece poco a lo que habíamos visto en otros trabajos suyos. Acá el autor se juega todo a la paleta digital, a lograr efectos zarpados de iluminación, texturas raras, volúmenes y demás yeites con técnicas 100% digitales. Y le queda muy bien, primero porque se despega bastante de la manada de los Juan Carlos Flicker, y después porque estos experimentos locos le salen muy bien. Obviamente desaparece ese clima espeso, ominoso, de “se pudrió todo” tan presente en las páginas de Templesmith. Pero el arte de Smith transmite otras sensaciones, que también pegan fuerte.
Si eras fan del Hellblazer de Garth Ennis, Ten Grand te va a asesinar. Straczynski y sus dibujantes nos cerraron el orto a los que creíamos que ya no había más formas posibles de combinar el hard boiled o el policial urbano con la onda mística de ángeles y demonios. Y lo hicieron con mucha categoría, en una serie cuyo arranque me dejó muy cebado, pidiendo más. Dejate corromper por esta historia de violencia, amor, mala leche y redención.

jueves, 30 de mayo de 2013

30/ 05: THE PROGRAMME

Ayer traté de arrancar con el Vol.2 de esta serie, cuyo Vol.1 había leído antes de empezar con el blog. Obviamente descubrí que no me acordaba un carajo, con lo cual me puse las pilas y me releí el Vol.1. Acto seguido, y preso de un cebamiento desmedido, cacé el Vol.2 y me lo bajé, sin solución de continuidad. O sea que la reseña de hoy vale para la saga entera, los 12 números de esta historia creada por Peter Milligan y C.P. Smith allá por 2007.
Con The Programme, Milligan se propone mostrarnos su versión del famoso tópico “superhéroes en el mundo real” y explica todo a partir de la Guerra Fría, de un proyecto para gestar super-seres imaginado por científicos nazis y luego desarrollado tanto por la Unión Soviética como por los EEUU. Los super-seres que confrontarán entre sí en 2007 son resabios de aquella Guerra Fría, y eso le suma a The Programme un fuerte tinte político: el super-clásico del Siglo XX, Capitalismo vs. Comunismo, es decir, Rusos vs. Yankis, tiene tanto peso en esta trama como la machaca entre estos señores y señoras con increíbles poderes. Hay machaca, y es tremendamente salvaje, sólo para lectores con mucho aguante. Y sin embargo, esta no tiene tanto peso en la trama como uno supone. Ese espacio que Milligan le retacea a las trompadas y las explosiones, se lo da a la runfla política, especialmente a las turbias operetas de la CIA, de las que esta vez el presidente de los EEUU es partícipe y hasta impulsor.
Si bien el ritmo del guión se ralentiza en pos de no descuidar el realismo (es decir, la exploración a fondo y en serio de las consecuencias de cada una de las cosas extraordinarias que se suceden en la historia), al terminar la primera mitad uno cree que Milligan va a poder resolver todo bien, en los tiempos y espacios razonables. Pero casi desde el arranque de la segunda mitad, se complica la vida con un nuevo elemento, que cobra bastante importancia y que le quita páginas al tema de los super-seres: los rusos convencen a los afroamericanos de que el gobierno yanki, capitalista e imperialista, los quiere cagar. Los negros compran este discurso (convengamos que motivos no les faltan) y rápidamente crece el plot de una inminente guerra racial dentro de los EEUU. Con esto, Milligan se hace una panzada y mete diálogos, situaciones y personajes memorables. Pero ocupa páginas que necesitaba para lo otro, y así es como la trama central, la de los “muñecos” rusos y Max, se resuelve de modo parcial, con menos fuerza y consistencia de la que uno esperaba, como si hubiese un Vol.3 y un Vol.4 a la vuelta de la esquina. Tanto es así que el personaje que hace las veces de héroe en casi toda la saga termina claramente alineado a la facción más facha del gobierno yanki, a la que Milligan nos presenta como “los malos”.
Y sí, me quedé con ganas de que The Programme siguiera por lo menos 12 episodios más. En parte por los plots que no terminan de cerrar y en parte por el gran trabajo de caracterización que hace Milligan con Max, el agente Chivers, Stella, el profesor Korovin y especialmente Michael Hinks, el yanki zurdo, que es el personaje que tiene los mejores diálogos en un comic al que le sobran los buenos diálogos. Y la destrucción, y las torturas, y los aprietes, y los asesinatos, y los desmembramientos, más una violación que dura un sólo cuadrito, como para decir “presente” en este festival de la atrocidad, totalmente justificado (de un lado y del otro) con dogmas políticos que hoy huelen a naftalina.
Al frente del dibujo tenemos a C.P. Smith, un abanderado del estilo Juan Carlos Flicker, decidido a llevarlo al límite. Este muchacho no dibuja NADA, pero nada de nada. Cuesta encontrarle algún rasgo de identidad gráfica, de tanta foto que mete... por ahí esas manchas dark en los rostros, cercanas a las que mete J.H. Williams III en sus laburos más realistas. Pero esto es TODO foto, hay más fotos que en el Facebook. A favor de este delincuente tengo que decir que, a pesar de este tratamiento estético tan extremo, la narrativa no se resiente. Y que en la segunda mitad, cuando el propio Smith se hace cargo de colorear las páginas, la historieta se ve realmente bien. Ahora, digo yo... ¿qué te costaba dibujar algo? Las nubes, un ojo, algo... Zarpado lo de este muchacho, de quien nunca había visto ningún trabajo.
The Programme es una historieta atrapante, de devastadora mala leche, en la que un inglés usa un concepto re-yanki como son los superhéroes para deconstruir el Sueño Americano. Y de paso, para recordarnos el daño que le hicieron a la Humanidad el maccarthismo y el stalinismo. Más el daño que le sigue haciendo la canallada impune de los políticos y demás personajes sombríos, adictos al poder y a los privilegios, caiga quien caiga, mueran cuantos mueran en las guerras que se esfuerzan por sostener y justificar. Un laburo notable del maestro Milligan, del cual quisiera ver HOY una secuela.