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lunes, 9 de febrero de 2026
LUNES RETRO
Sigo con un buen ritmo de lectura, por suerte. Y ya me pongo a contarles qué fue lo último que leí.
Volví a los digest de Archie, con el Vol.15 de una colección llamada Archie Milestones. ¿Qué tiene de bueno esta colección? Dos cosas: 1) además de un montón de páginas de historietas antiguas, incluye una nueva, en este caso una bastante cómica escrita por el veterano Tom DeFalco, con dibujos de Rex Lindsey. 2) a diferencia de todas las colecciones anteriores dedicadas a republicar historietas viejas de Archie, esta incluye los nombres de TODOS los guionistas, dibujantes y letristas. O sea que esos datos no se omitían en las ediciones anteriores porque no estaban, sino por una decisión sumamente ortiva de la editorial, que en algún momento se revirtió. Gracias a estos Milestones, tenemos a nuestra disposición una información de un valor incalculable, que nos permite ponerle nombre a esos trazos, a esos remates, a esas ambientaciones... y por supuesto nos permite ir más allá en el conocimiento y el análisis de este hito en la historia del comic que es Archie y su universo de publicaciones. Lo único que no nos aclaran en los Milestones es dónde fue publicada originalmente cada historieta, pero bueno, en un tomo temático como este (titulado Best of the 1970s) ya tenemos un dato bastante relevante que es la época en que las historietas fueron realizadas. Y en el último tramo del libro, las últimas 78 páginas, hay una mezcla de material de los años ´40, ´50, ´60, ´80 y ´90 y lo que nos permite situar cada historia corta en su época son -casi siempre- los dibujantes. Es muy loco ver una historieta de Bill Vigoda (típico dibujante de principios de los ´40) al lado de una de Dan Parent (el más reconocible de los dibujantes de Archie de los ´90 y 2000), al lado de una de George Frese (ultra-clásico de los años ´50), al lado de una de Dan DeCarlo (el dibujante top de los ´70 y ´80). Pero me parece que la idea es esa: tirarte desde la gráfica el concepto de que cuando se publicó este libro (2022) Archie ya tenía a sus espaldas una tradición de más de 80 años de publicación ininterrumpida.
Acá encuentro el dato de que la colección Archie Milestones llegó a los 30 tomos, y la verdad que lamento no haberme comprado varios más la última vez que estuve en EEUU, porque vi unos cuantos a u$ 2,50, mientras que el precio de tapa era de u$ 9. No te digo que me fascina leer estas historietas, porque no: la sensación no se parece ni ahí a la que me transmitían a los 10 u 11 años, cuando (pese a las pésimas traducciones mexicanas) deliraba a full con Archie y sus amigos. Pero por lo menos en esta selección (y en la de la serie Archie Americana, a la que eventualmente volveremos porque conseguí el tomo centrado en los años ´40) hay un criterio bastante acertado para elegir material cuya calidad se sostiene más allá de las décadas transcurridas y se puede leer hoy sin sentir que te están faltando el respeto. No es algo que suceda con muchas historietas realizadas hace 50 años para los pibes de 10 u 11 años de aquel entonces...
Y sigo leyendo historieta de autores argentinos publicada en nuestro país durante 2025. Esta vez me toca otra recopilación de historias cortas del maestro Leopoldo Durañona, que no se parece en nada a la que vimos el 03/12/25. Para llenar estas 76 páginas, la editorial Deux eligió ocho historietas de los años ´80 (y quizás principios de los ´90, aunque acá también falta esa información tan necesaria de fecha y publicación donde el material apareció originalmente), cuando Durañona ya era un autor consagrado, con una trayectoria muy sólida a sus espaldas.
La Ejecución y Otras Historias promete en la portada explorar "el universo de Franz Kafka adaptado por Leo Durañona" y lo cumple a medias, porque incluye apenas 30 páginas de historietas basadas en cuentos del mítico escritor checo. Son cuatro adaptaciones, de las cuales la primera ("La Ejecución") sospecho que data de fines de los ´80, mientras que las otras tres son anteriores. Y mucho mejores, además. "Un Médico Rural" es la única en la que sobrevive esa fuerte impronta brecciana que veíamos en Durañona en los ´60 y los ´70, mientras que en "Ante la Ley" y "Un Mensaje Imperial" se ve una búsqueda estética totalmente distinta, una muy seductora cruza entre Sergio Toppi, Horacio Lalia y Moebius.
En materia de narrativa y puesta en página, las sorpresas más gratas están en una de las historietas escritas por el propio Leopoldo: "Tal Padre, tal Hijo", una de ciencia ficción donde el guion no es tan redondo, pero el dibujo y la planificación son impresionantes. El mejor guion le pertenece a la historieta más larga: "La vírgenes de Kumur", 15 páginas con acción, intriga y un final magnífico. Complementan una historia llamada "Alta Diplomacia", mezcla de policial y espionaje probablemente dibujada en los ´90, con un guion no muy inspirado y errores en los textos que nadie corrigió; y "La Brecha", una historia con un planteo atractivo, bastante original, que tranquilamente podría haber sido el episodio inicial de una serie, o de una novela gráfica. A nivel visual, "La Brecha" y "Las vírgenes..." rivalizan con las mejores páginas basadas en los relatos de Kafka, y si bien destilan excelencia por todos los poros, no llegan al nivel devastador, cuasi-mágico, de "Ante la Ley" y "Un Mensaje Imperial".
Fuera de la lamentable omisión de las fechas y revistas donde se publicaron originalmente las historietas, el libro no tiene problemas en su factura técnica y está pensado para el lucimiento de las historietas (y algunos bocetos) de Durañona, con un tamaño, un gramaje de papel y una encuadernación acorde a la chapa del maestro. No es habitual este nivel de cuidado en los libros de Deux, por eso este de alguna manera sobresale en la abultada producción de la editorial.
Y nada más, por hoy. Pronto habrá nuevas reseñas, y si necesitan más material de lectura, siempre está disponible la gloriosa Comiqueando Digital que se puede descargar por chaucha y palitos en https://comiqueandoshop.blogspot.com.
miércoles, 3 de diciembre de 2025
OTRO MIÉRCOLES CON RESEÑAS
Interrumpo un toque el frenesí de la Comiqueando Digital para comentar un par de libros que leí en estos últimos días.
Soy un Cobarde y Otras Historias es un libro que nunca imaginé tener en mi biblioteca. Es un recopilatorio de historias cortas dibujadas en la primera mitad de la década del ´60 por el maestro Leopoldo Durañona, cuando todavía era una joven promesa, un pibe más de esa generación que irrumpió en la industria de la historieta argentina en esos años finales de la Editorial Frontera.
Acá vemos a Durañona dibujar tres guiones de Héctor G. Oesterheld (de los años ´62 y ´63), en un estilo muy pegadito al que lucía en esos años Alberto Breccia. Ninguno de los guiones me pareció deslumbrante (sí la calidad de la prosa de Oesterheld, pero romperla en los bloques de texto no equivale a escribir buenos guiones), y sin dudas el atractivo pasa por el trazo de Durañona, que -repito- no es muy original, pero no cualquiera recreaba la magia que tiraba Breccia en la época de Mort Cinder.
En el medio hay una historia medio intrascendente que salió en la revista Super Misterix (en la etapa de la editorial Yago), y después, tres historietas imposibles. Una sorpresa abrumadora, algo absolutamente insólito, que me dejó estupefacto. "El librero", "Puerto" y "El Túnel" son historietas loquísimas, en las que Durañona experimenta con el trazo y con las técnicas como si fuera Luis Scafati (pero 15 años antes) y obtiene resultados rarísimos, páginas en las que prima un dibujo casi abstracto, que requiere muchísima decodificación por parte del lector. Hay manchas, texturas extrañas, pedazos de fotos, recortes de diarios, tramas mecánicas, líneas de plumín bien finitas... un despelote visual increíble, que por momentos alcanza cotas de belleza impensables en la historieta industrial, y por momentos se vuelve un obstáculo para entender qué corno está pasando, si bien son historietas con bastante texto. Y subrayo lo de "historieta industrial" porque parte de la sorpresa, parte de lo que hace inverosímil a este material, es que originalmente se publicó en la revista Intervalo. Sí, esa revista de Columba que nos parecía un embole, con historietas "para señoras", en los ´60 le daba cabida a trabajos sumamente experimentales de un pibe que tenía huracanes, tifones y torbellinos en el tintero, como era en ese entonces Durañona.
Después, la vida lo va a "domesticar" y Leopoldo va a brillar en mercados como el italiano y el norteamericano con historietas más tradicionales, con un dibujo realista y una narrativa más clásica, más ajustada a lo que requieren relatos de género, sea policial, terror, bélico, o lo que le pidan los guionistas. Yo tuve la suerte de conocerlo y trabajar con él a principios de los ´90, y la verdad que nunca me imaginé que 30 años antes había hecho estas locuras. Por suerte la recopilación (a cargo de Sector Editorial) incorporó un nuevo rotulado, buen papel, algunas ilustraciones publicitarias que realizó Durañona en aquella época y mucha información, como para convertir muy rápido a los neófitos en especialistas en la obra de este monstruo del Noveno Arte. No lo compres esperando grandes guiones, así no te clavás. Compralo para descubrir una faceta de Durañona que seguro desconocías y que te va a dejar totalmente atónito.
Allá por 2019, se empezó a publicar History of the Marvel Universe, una miniserie escrita por Mark Waid y dibujada por Javier Rodríguez. En su momento me re enganché y la leí mes a mes en scans, hasta que conseguí a buen precio el TPB, y la volví a leer, toda de un saque y en papel, como me gusta a mí. La idea es bastante similar a la del History of the DC Universe que hicieron Marv Wolfman y George Pérez justo después de Crisis on Infinite Earths, pero Waid le agrega un elemento muy copado, que -a mi juicio- la hace superior. Esto no es informe que prepara Harbinger para... alguien que no sabemos quién es, sino que es una historia que Galactus le cuenta a Franklin Richards justo antes de que el universo muera, y ellos dos pasen a otro nivel de existencia. O sea que, además de la lograda organización cronológica de todos los sucesos más o menos relevantes en la historia del Universo Marvel (desde el big bang hasta el futuro remoto), tenemos muy buenos diálogos entre el máximo creador de mundos (Franklin) y el máximo consumidor de mundos (Galan).
Obviamente lo que más llama la atención es lo rápido que pasamos del inicio de los tiempos a las historias que alguna vez fueron "el presente", es decir, las publicadas por Marvel (en sus distintas iteraciones) de 1939 para acá. La mayoría de los sucesos que subraya Waid y que están ubicados entre el big bang y la Segunda Guerra Mundial nos fueron revelados a través de flashbacks, en historias ambientadas en "el presente". Muy pocas veces, casi nunca, los autores de Marvel nos contaron en revistas publicadas de 1939 para acá historias ambientadas en épocas pretéritas. No me quiero extender mucho acerca de esto (ya lo hice en los primeros capítulos de ¿Quién quiere ser superhéroe?) pero sin dudas es notable lo poco explorados que están todos esos siglos de posibles aventuras, en comparación con la grotesca acumulación de hechos canónicos que se sitúan de 1939 a 2019.
Atrás de la historieta, el libro ofrece anotaciones, en este caso breves textos que (en un derroche de erudición nerd que harán las delicias de los fanáticos) nos aclaran en qué historietas se dieron a conocer los hechos que Waid y Rodríguez repasan en cada página del comic.
Rodríguez, además de un dibujante sumamente talentoso, es un pibe inteligente, y enseguida deduce lo difícil que es ganar de visitante en una cancha que inventó George Pérez (que en ese momento todavía estaba vivo). Entonces inventa otro juego, nuevas formas de desplegar en las páginas las imágenes que acompañan a los textos de Waid. El guionista le da una mano: explica las sagas de manera muy resumida, como para que a) el lector que se interese por ellas las vaya a buscar en vez de conformarse con esos parrafitos tan sintéticos, y b) el dibujante pueda lucirse con dibujos enormes y puestas en página mil veces más arriesgadas y complejas que las que peló Pérez en el ´86. El resultado es tan atrapante que aunque no te interese en lo más mínimo la historia que cuenta Galactus, vale la pena leer el libro para disfrutar de los dibujazos de un Javier Rodríguez en estado de gracia. Y si sos fan del Universo Marvel (en su iteración comiquera, claro) esto es una pieza imprescindible, una gran pasada en limpio de 80 años de publicaciones a veces medio caóticas o contradictorias. Una tarea titánica que solo el maestro Mark Waid podía acometer, y de la que salió tan bien parado que hasta este año se animó a hacer lo mismo, pero con 90 años de historias mucho más caóticas y contradictorias como son las del Universo DC. Esa también la leí en scans y la quiero comprar cuando salga el TPB. Pero tranqui, falta un montón.
Nada más por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog.
Etiquetas:
Javier Rodríguez,
Leopoldo Durañona,
Mark Waid
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