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miércoles, 27 de julio de 2011

27/ 07: EL INVIERNO DEL DIBUJANTE


En este momento tendría que estar haciendo cualquier otra cosa menos escribir una reseña para el blog, pero bueno, me debo a mi público…
Y además estoy prendido fuego, porque acabo de leer una de las mejores historietas que descubrí en lo que va del… milenio, probablemente. Al español Paco Roca lo sigo desde el 2001, cuando La Cúpula le publicó (sin publicitarlo y en un formato medio croto) la brillante El Juego Lúgubre. O sea que no me subí al carro con Arrugas, sino que para cuando Roca peló esa maravilla, ya me contaba entre sus fans acérrimos. Ese fanatismo se acaba de multiplicar más brutalmente que el euro en las comiquerías argentinas. El Invierno del Dibujante es mejor que Arrugas, y eso es muchísimo decir.
Se trata de algo muy raro: una obra 100% documental, que no tiene ficción, o si la tiene es producto de algún recuerdo borroso por parte de alguno de los involucrados, a los que Roca entrevistó para conocer a fondo toda la movida de la que da cuenta la novela gráfica. Y además no tiene acción. Nadie persigue a nadie, nadie le pega a nadie, nadie se empoma a nadie (por lo menos en sentido literal) y todas, absolutamente todas las escenas del libro están basadas en diálogos, o en algún silencio demasiado elocuente como para necesitar de las palabras.
¿Qué hechos nos narra Roca? El intento por parte de cinco historietistas consagrados por independizarse de la poderosa editorial Bruguera y producir una nueva revista de humor e historieta, gestionada por los propios creadores. La Gran Image, pero en 1958, cuando España era un país dominado por un tirano muy heavy, y donde la libertad y la independencia no eran conceptos con muy buena prensa. Pero ahí se lanzaron cinco valientes, a romper cadenas para ver si podían hacer lo mismo de siempre pero con mejor rédito económico, y si conocés algo de la historia del comic español, no hace falta que te cuente cómo termina la odisea de la revista Tío Vivo.
El enfoque de Roca es objetivo, pero también muy humano. No es una entrada de la wikipedia. Hay anécdotas que pintan tanto a los capos de la editorial como a los dibujantes como seres reales, de carne y hueso, y seguramente esa es la parte de la exhaustiva investigación de Roca que más realza la realización de esta obra. El contexto sociopolítico está perfectamente aprovechado, al igual que las condiciones en las que la industria del tebeo español funcionaba a fines de los años cincuenta. Leído desde Argentina, no es difícil reemplazar mentalmente a Bruguera por Columba, con la salvedad de que los autores más grossos de la editorial de la palomita se retobaron mucho más tarde, cuando el boom de ventas ya no era tal, y con mucha menos dignidad.
Me queda poquísimo tiempo y lo quiero aprovechar para hablar maravillas del dibujo de Paco Roca, que es sencillamente perfecto. La documentación, los climas, el armado de cada página, todo es brillante. El estilo de Roca difiere un toque de lo visto en Arrugas. Acá parece algo así como Edgar-Pierre Jacobs, pero con onda, mestizado con dibujantes norteamericanos tipo Jason Lutes, o el David Mazzucchelli de City of Glass. El resultado es devastador y está absolutamente al nivel de genialidad del guión, que es de lo que más se habló hasta ahora.
Documento imprescindible sobre una época interesantísima de la historia del comic español, novela gráfica del carajo, y lectura cautivante, repleta de matices y de logros, y de escenas memorables, y de todo lo que necesita una historia para marcarte para siempre. Sí, sin ficción ni acción también se puede aspirar a crear Historieta Perfecta. Así da gusto cagarse de frío en invierno.