Y sí... hoy tengo que empezar de nuevo diciendo “Qué grande Jerry Ordway, qué loco que no tenga muchos más fans, etc.”. Es, sin dudas, la primera conclusión a la que llegué tras bajarme estas 528 páginas de All-Star Squadron, la revista en la que Ordway debutó profesionalmente (primero como entintador y firmando “Jeremiah Ordway”) allá por 1981. En los seis primeros episodios, Ordway entinta a Rich Buckler, el siempre eficiente (aunque nunca muy original) dibujante al que ya vimos en varios Essentials de Marvel. Después vienen otros 9 números y un Annual en los que entinta a su sucesor, Adrián González, un dibujante bien comunardo, al que no le sobra nada. Esos 16 episodios (varios larguísimos, de más de 25 páginas), que a lápiz deberían verse como un típico comic de superhéroes de esa época, sin demasiada onda ni inspiración, entintados por Ordway se ven primero como la obra de un único dibujante (es decir, el paso de Buckler a González se hace casi imperceptible), y después como historietas llenas de fuerza, de elegancia y de detalles deliciosos. El increíble aporte de Ordway a la faz gráfica de esta serie te queda definitivamente claro al ver los últimos episodios, en los que González aparece entintado por otras manos. Ahí no hay magia ni onda y, si bien el dibujo no se desploma de manera catastrófica, la diferencia se nota muchísimo, como si compraras una Coca y el líquido fuera verde flúo.
¿Y qué onda las historias? La verdad, se bancan decorosamente el paso de las tres décadas y monedas. La consigna está buena: un comic ambientado en 1941 y en Tierra-2, donde los superhéroes aparecieron a fines de los ´30. Y con un detalle limado más: los protagonistas no son los héroes más grossos (o sea, los de la Justice Society), sino que el guionista Roy Thomas dedica buena parte de estos 19 episodios a darle chapa a los héroes menores, que existían en 1941 pero jugaban en la C, y a personajes nuevos, retro-injertados en este período. Lo más notable es la cantidad de referencias que maneja Thomas: por un lado, se nota que escribía esta serie con los diarios de 1941 en el escritorio, porque de ahí saca nombres de ministros, generales, sucesos de la Segunda Guerra Mundial, cosas relacionadas a la misma que pasaban dentro de EEUU, noticias de celebridades, deportes, etc. No hay un sólo detalle, ni el más mínimo, que te haga ruido en cuanto a la autenticidad y la veracidad de que estamos en 1941.
Bueno, sí. En nuestro 1941 no había superhéroes... Y esa otra referencia Thomas también la maneja a la perfección. Además de los diarios, el guionista tiene perfectamente estudiado qué pasaba en ese momento en las historietas de cada uno de los 20 ó 25 personajes que aparecen en este tomo (luego serán muchos más) y se hace cargo de todo, incluso de historias chotísimas y cuasi-inexplicables, de esas que abundaban bastante en los comics de la “Golden Age”. Si la historia transcurre en Enero del ´42, Thomas sabe que –ponele- el Dr. Mid-Nite no puede aparecer, porque en una aventura ambientada en Enero del ´42 y publicada en esa época, nos lo mostraban de viaje por Africa. Esto está armado con tanta disciplina y tanto respeto, que si llegás al final de All-Star Squadron sin caer en la tentación de empezar a leer los comics de los ´40 de todos estos personajes, es porque realmente nunca en tu vida los vas a leer. Yo, por suerte, zafé. Pero posta, en más de una ocasión me dieron ganas, sobre todo cuando Thomas se desloma para darle onda y coherencia a los personajes más pedorros, a los que en los ´40 tuvieron poquísimas apariciones, siempre en historias cortitas y menores.
Si sos fan de larga data de DC, seguro ya tenés All-Star Squadron completa, porque es una serie que en los ´80 acumuló una chapa más que considerable. Si sos fan de Marvel y querés ver qué hizo Roy Thomas cuando se fue a DC, creo que también te va a gustar. Si te copa la Segunda Guerra Mundial y querés leer una versión alternativa, en la que los superhéroes cumplen un rol que no es el que te imaginás, también te la recomiendo. Si te gusta el comic clásico de superhéroes, así, a secas, dale nomás. Y si sos fan del inmenso Jerry Ordway, no te pierdas All-Star Squadron porque acá es donde empieza la leyenda. Quiero ya más Showcases de esta serie, así termino de reemplazar a las revistitas, a las que hice guita hace varios años.
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domingo, 30 de diciembre de 2012
viernes, 28 de diciembre de 2012
28/ 12: TOM STRONG Vol.4
Me reencuentro con Tom Strong (una serie de la que nunca llegué a hacerme hardcore fan) porque encontré muy barato este TPB con los números 20 al 25 de la serie creada por Alan Moore y Chris Sprouse.
Vamos de atrás para adelante, y así es como arrancamos con un numerito muy menor, apenas una anécdota graciosa, escrita por Geoff Johns y muy bien dibujada por el gran John Paul Leon. Después aparecen dos unitarios más, ambos escritos por Peter Hogan y dibujados por Sprouse, aunque no con todas las pilas. Uno de los guiones de Hogan, el de las mujeres murciélago de la Luna, es bastante flojo y sólo se redime porque le da a Sprouse la oportunidad de homenajear a Hergé con una ilustración que recrea la genial portada de Aterrizaje en la Luna. El resto, es sin dudas prescindible. El otro unitario, el de Greta Gabriel y el Dr. Permafrost, es realmente grosso, con una trama fuerte, redondísima, con grandes escenas y grandes diálogos y un final totalmente impredecible. Está tan bueno que se podría cambiar a Permafrost por Mr. Freeze y meterlo entre los comics basados en la serie animada de Batman, esos que escribía Kelley Puckett en los ´90, en los que cada vez que aparecía Mr. Freeze se prendían fuego las páginas (valga la paradoja).
Y claro, la papa más fina está en la trilogía con la que abre el tomo, escrita por el mismísimo Mago de Northampton, quien luego de esta saguita abandonaría la serie para regresar sólo en el capítulo final (el 36). Entre tanto Elseworlds y What If...? medio pelo, acá Moore se embarca en una historia alternativa de ese estilo, pero con un nivel impresionante. Una mínima variante en una secuencia del origen de Tom Strong da pie a una nueva línea temporal en la que el héroe nunca nace, y su lugar lo ocupa Tom Stone, hijo de la mamá de Tom Strong y un marinero negro. La vida de Tom Stone tendrá puntos de contacto y puntos de absoluto disenso con la del Tom Strong que todos conocemos y de ahí Moore sacará un jugo virtualmente inagotable para mostrar nuevas e impredecibles aristas de los personajes y el mundo que los lectores ya teníamos asimilados.
Además, fiel a su estilo, el Mago explorará esta bizarra vuelta de tuerca hasta sus últimas consecuencias: ¿quién causó esta variación en el pasado de los personajes? ¿Por qué? ¿Quién sabe que esa realidad no es la “verdadera realidad”, sino que es una versión alterada de otra realidad “oficial”? ¿Qué se hace para anular una línea temporal alternativa cuando uno sabe que sólo puede conducir a la catástrofe? Todos esos elementos tan gancheros y adictivos que vimos mil veces en sagas como Back to the Future o la Legion de Keith Giffen, en manos de Alan Moore cobran un vuelo realmente impactante, electrizante. Y no puede faltar la secuencia en la que el Mago hace jueguito para la tribuna y pela algún truco narrativo de esos que te quitan el aliento: en este caso, las dos páginas previas a la última, en la que nos narra en paralelo dos secuencias que transcurren en distinto lugar y en distinto tiempo, alternándolas de a una viñeta cada una, todas widescreen y todas importantísimas para la definición de una saga brillante.
Como todo truquito de narrativa, para que salga bien hace falta la complicidad de un dibujante de bueno para arriba, y acá el Mago contó nada menos que con Jerry Ordway, quien se puso al hombro toda la trilogía de Tom Stone con la solvencia y la elegancia que lo caracterizan. Algún día alguien me explicará por qué un dibujante con la calidad de Ordway no tiene muchísimos más fans, ni una legión de editores a sus pies, suplicándole que trabaje para ellos. Lo cierto es que acá el ídolo no sólo recrea con mínimas modificaciones las escenas del origen de Tom Strong que ya nos habia contado Sprouse en los primeros episodios, sino que además reversiona a decenas de héroes y villanos (en la saga interviene prácticamente todo el universo ABC) y crea a otros tantos, para luego entrelazarlos en secuencias sumamente ambiciosas y jodidas de dibujar. Y bueno, maestro, vos sabés que cuando agarrás un guión de Moore, te vas a tener que esforzar el doble. Felizmente, tanto Ordway como Sprouse y Leon están apuntalados por el trabajo siempre magistral de Dave Stewart, as indiscutido del color digital. Lo de Stewart es muy importante, sobre todo para realzar la labor de Sprouse, cuyos unitarios están dibujados muy con lo justo, bastante por debajo del nivel habitual de este animalito.
Y bueno, de acá en más queda un sólo episodio de Tom Strong escrito por el Mago, así que me bajo en esta, nomás. Tendremos más Alan Moore acá en el blog durante 2013. Prometido.
Vamos de atrás para adelante, y así es como arrancamos con un numerito muy menor, apenas una anécdota graciosa, escrita por Geoff Johns y muy bien dibujada por el gran John Paul Leon. Después aparecen dos unitarios más, ambos escritos por Peter Hogan y dibujados por Sprouse, aunque no con todas las pilas. Uno de los guiones de Hogan, el de las mujeres murciélago de la Luna, es bastante flojo y sólo se redime porque le da a Sprouse la oportunidad de homenajear a Hergé con una ilustración que recrea la genial portada de Aterrizaje en la Luna. El resto, es sin dudas prescindible. El otro unitario, el de Greta Gabriel y el Dr. Permafrost, es realmente grosso, con una trama fuerte, redondísima, con grandes escenas y grandes diálogos y un final totalmente impredecible. Está tan bueno que se podría cambiar a Permafrost por Mr. Freeze y meterlo entre los comics basados en la serie animada de Batman, esos que escribía Kelley Puckett en los ´90, en los que cada vez que aparecía Mr. Freeze se prendían fuego las páginas (valga la paradoja).
Y claro, la papa más fina está en la trilogía con la que abre el tomo, escrita por el mismísimo Mago de Northampton, quien luego de esta saguita abandonaría la serie para regresar sólo en el capítulo final (el 36). Entre tanto Elseworlds y What If...? medio pelo, acá Moore se embarca en una historia alternativa de ese estilo, pero con un nivel impresionante. Una mínima variante en una secuencia del origen de Tom Strong da pie a una nueva línea temporal en la que el héroe nunca nace, y su lugar lo ocupa Tom Stone, hijo de la mamá de Tom Strong y un marinero negro. La vida de Tom Stone tendrá puntos de contacto y puntos de absoluto disenso con la del Tom Strong que todos conocemos y de ahí Moore sacará un jugo virtualmente inagotable para mostrar nuevas e impredecibles aristas de los personajes y el mundo que los lectores ya teníamos asimilados.
Además, fiel a su estilo, el Mago explorará esta bizarra vuelta de tuerca hasta sus últimas consecuencias: ¿quién causó esta variación en el pasado de los personajes? ¿Por qué? ¿Quién sabe que esa realidad no es la “verdadera realidad”, sino que es una versión alterada de otra realidad “oficial”? ¿Qué se hace para anular una línea temporal alternativa cuando uno sabe que sólo puede conducir a la catástrofe? Todos esos elementos tan gancheros y adictivos que vimos mil veces en sagas como Back to the Future o la Legion de Keith Giffen, en manos de Alan Moore cobran un vuelo realmente impactante, electrizante. Y no puede faltar la secuencia en la que el Mago hace jueguito para la tribuna y pela algún truco narrativo de esos que te quitan el aliento: en este caso, las dos páginas previas a la última, en la que nos narra en paralelo dos secuencias que transcurren en distinto lugar y en distinto tiempo, alternándolas de a una viñeta cada una, todas widescreen y todas importantísimas para la definición de una saga brillante.
Como todo truquito de narrativa, para que salga bien hace falta la complicidad de un dibujante de bueno para arriba, y acá el Mago contó nada menos que con Jerry Ordway, quien se puso al hombro toda la trilogía de Tom Stone con la solvencia y la elegancia que lo caracterizan. Algún día alguien me explicará por qué un dibujante con la calidad de Ordway no tiene muchísimos más fans, ni una legión de editores a sus pies, suplicándole que trabaje para ellos. Lo cierto es que acá el ídolo no sólo recrea con mínimas modificaciones las escenas del origen de Tom Strong que ya nos habia contado Sprouse en los primeros episodios, sino que además reversiona a decenas de héroes y villanos (en la saga interviene prácticamente todo el universo ABC) y crea a otros tantos, para luego entrelazarlos en secuencias sumamente ambiciosas y jodidas de dibujar. Y bueno, maestro, vos sabés que cuando agarrás un guión de Moore, te vas a tener que esforzar el doble. Felizmente, tanto Ordway como Sprouse y Leon están apuntalados por el trabajo siempre magistral de Dave Stewart, as indiscutido del color digital. Lo de Stewart es muy importante, sobre todo para realzar la labor de Sprouse, cuyos unitarios están dibujados muy con lo justo, bastante por debajo del nivel habitual de este animalito.
Y bueno, de acá en más queda un sólo episodio de Tom Strong escrito por el Mago, así que me bajo en esta, nomás. Tendremos más Alan Moore acá en el blog durante 2013. Prometido.
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