Con este libro me pasó algo muy raro, que creo que nunca me había pasado antes. Alguien (sinceramente no me acuerdo quién) me lo regaló en Abril, durante la FIC de Santiago de Chile, en la que estuve participando. En ese momento ni lo abrí. Miré la tapa, me gustó mucho, me transmitió una onda de historieta europea finoli, y sin siquiera hojearlo, lo guardé en la valija, junto a los otros libros que compré o me regalaron en ese evento.
Meses más tarde, más precisamente anoche, me senté a leerlo. Le pegué una hojeada y no me gustó el dibujo. Leí la contratapa, donde más o menos te “tratan de vender” la historieta con un resumen del argumento y me pareció un embole. Leí el prólogo y casi me duermo. De alguna manera, junté coraje para seguir adelante y leí la primera página. Me pareció aburridísima. Volví a hojear el libro, y sin leerlo, saqué estas conclusiones:
1) El dibujo de Juan “Nitrox” Márquez (cuyo trabajo había disfrutado en una antología del Dr. Mortis reseñada hace justo un año, el 19/10/13) se pasa de pecho frío. El equilibrio entre blancos y negros no existe, es todo 90% blanco, como si fuera a venir un colorista a pintar la historieta. Y tiene páginas con demasiadas viñetas, en las que el dibujo se desluce bastante.
2) La tipografía de los diálogos la eligió el enemigo, alguien decidido a que no leamos jamás la historia de Pueblo Hundido.
3) El guión de Maycols Alfaro no propone una curva dramática, ni el típico periplo de introducción-nudo-desenlace. Es apenas la puesta en práctica de uno o dos recursos para tirar toneladas de data acerca de la historia de este pueblo, sin conflictos, sin aventura, sin emociones. Simplemente información, disfrazada de historieta a ver si los pibes la leen con más ganas que si fuera un típico manual de Historia.
4) La cantidad de texto que metió el compañero Maycols en esta historieta es absolutamente desmedida. No hay el menor intento de conservar una proporción razonable entre imagen y texto, algo importantísimo si querés que la historieta capte a lectores del segmento infanto-juvenil. Acá los globos se morfan las páginas y eclipsan feo a los dibujos de Nitrox.
Y la verdad es que, una vez constatados estos obstáculos para disfrutar de la historieta, decidí no leerla. Es un garrón, nunca me había pasado. La tuve en mis manos horas enteras, me la llevé a la cama, al trono… y nada. Fue como franelear tres horas con una mina para después no coger. Me siento mal y le pido disculpas sobre todo al guionista, porque quizás, si me adentraba en la historia, encontraba algo para rescatar en los diálogos, o en algún punto de la trama que –repito- se me hizo imperceptible en las reiteradas hojeadas del libro.
Hoy por hoy está bastante claro que una historieta de temática histórica, con cierto perfil didáctico, tiene grandes chances de conseguir subsidios de instituciones educativas estatales, de llegar a escuelas y bibliotecas y –lo más importante- generarle un ingreso genuino a sus autores. Imagino que la tentación debe ser irresistible. Pero se puede hacer bien y se puede hacer infumable, por lo menos a los ojos del lector de historietas que aunque sea de pedo, se pueda topar con ese material. Me acuerdo que hace no tanto tiempo salió en Argentina una historieta de onda histórica, a la que se le notaba el perfil “escuela-friendly”, con mucha investigación, textos complementarios y demás. Y aunque involucraba a autores que me gustan, dije “nah, capaz que es un plomazo y no me quiero clavar”. Y así, prejuiciosamente, la dejé pasar. Esta vez, dejé el prejuicio de lado, puse buena voluntad y aún así “hice patito” contra un material que me pedía a gritos que leyera otra cosa. Le agradezco a Maycols Alfaro y Nitrox Márquez por el gesto copado de hacerme llegar este libro, pero (un toque tarde) descubrí que no era para mí.
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lunes, 20 de octubre de 2014
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