el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 16 de enero de 2020

UN JUEVES MAS

Estoy con un montón de cosas en la cabeza, dándole bastante poca bola al tema de leer y reseñar comics. Pero algo tengo leído.
Hace unas semanitas, el 26/12/19, me sumergía en Sub Diego, la parte de San Diego sumergida en el Pacífico de la mano (cuac) de Aquaman. Ahora voy por la continuación de eso, ya sin Will Pfeifer, el guionista que orquestó la ambiciosa jugada de hundir la mitad de la ciudad más austral de California. Este TPB (To Serve and Protect) ofrece nada menos que nueve episodios, en los que otros tres guionistas indagan en serio acerca de lo que pasó en el tomo anterior. Tanto se esfuerzan, que lo hacen quedar a Pfeifer como el vendehumo que tiró la bomba y se fue, porque si bien todos se basan en lo que hizo el guionista anterior, los nueve episodios de este tomo son mucho mejores que los del anterior.
Arranca con dos numeritos el maestro John Ostrander, que se hace cargo de modo impecable del hecho de que San Diego está llena de bases militares. Lo acompaña el correcto Chris Batista, pero por supuesto el punto fuerte son el argumento y los diálogos. Después tenemos cinco episodios a cargo de quien quedará como guionista titular de esta serie, el nunca bien ponderado John Arcudi. Arcudi es el que más se anima a profundizar en el personaje de Aquaman y en su nueva sidekick, Lorena Márquez, pero sin descuidar la aventura, la machaca y más consecuencias impredecibles del hundimiento de media San Diego. En todas estas páginas tenemos una vez más a Patrick Gleason, con muchas pilas, bien ido al carajo a la hora de dibujar las peleas y la acción en general, con esos cogotes del grosor de un pilar de los que sostienen autopistas y mujeres que le salen cada vez más lindas. El Gleason de Aquaman está ahí, a un pasito de la consagración, que le llegará cuando pase a la revista Green Lantern Corps. Y los dos últimos episodios son los que más me gustaron. Mirá que soy muy fan de Arcudi y casi talibán de Ostrander, pero mi arquito argumental favorito fue el último, a cargo de Marc Guggenheim, mucho más identificado con Marvel que con DC, y no precisamente con los mejores títulos de la Casa de las Ideas. Pero acá orquesta una intriga policial espesa, en la que Aquaman tiene que resolver las cosas pensando, y con la que logró ponerme bastante nervioso. Además tuvo ojete con el dibujante: le tocó nada menos que el británico Andy Clarke, el del trazo elegante y la pasión por los detalles.
Me divertí bastante con este voluminoso broli de Aquaman, así que ni bien lo vea, me lanzaré sobre el que me falta. El tomo siguiente compila los últimos arcos de Arcudi y Gleason (antes de que les metan una patada en el orto porque llegaba el One Year Later y la revista cambiaba radicalmente de dirección) y me acuerdo que cuando los leí en revistitas me encantaron.
A grandes rasgos y mediante duros cachetazos, la década del 2010 me volvió poco fan del género autobiográfico, pero a veces se produce el milagro y aparece una obra de este género que satisface mis expectativas. Es el caso de Rakas, el nuevo trabajo de Paula Andrade, en el que nos invita a viajar con ella a la lejana Finlandia, donde estuvo en 2016 y 2017, compartiendo una residencia para artistas. Rakas no es una novela gráfica, ni un compilado de historias cortas, ni un diario de viaje en el sentido literal del término. Es una mezcla entre todo eso, una experiencia que alterna secuencias más narrativas con otras más descriptivas, y otras decididamente introspectivas. Andrade cuenta y muestra desde un lugar 100% personal, como si el viaje fuera al interior de ella misma. Todo lo que aparece en Rakas está pensado para que nosotros, los lectores, sintamos lo que sintió ella al vivir esas anécdotas, al descubrir esos paisajes, esas personas, esos climas, esos sabores, esa música.
Me enteré de un montón de cosas que no sabía acerca de Finlandia, pero sobre todo me enteré de un montón de cosas que no sabía acerca de Paula, a quien tenía como una mina tenaz, valiente, decidida, siempre del lado correcto de los combates en los que la vi pelear. Acá hay otra Paula, más reflexiva, más vulnerable, más madura, que se anima a cuestionar sus propias motivaciones para viajar sola a chupar frío a la Loma del Orto, pero también para encarar otros aspectos de su vida, entre ellos hacer historietas.
El dibujo me gustó más que lo visto en Cría Cuervos (reseña del 30/06/18), más fino, más prolijo y sobre todo más versátil. Andrade va del hiper-realismo al dibujo minimalista-bonito-chibi sin ninguna dificultad, la rompe cuando mete ilustraciones por fuera de los mini-relatos que componen el libro, saca mucha diferencia en la aplicación de grisados y tramas mecánicas, y hasta se da el lujo de homenajear al gran Junji Ito en una página alucinante. Por supuesto que Rakas me habría impactado más si fuera todo historieta, si toda la info, todas las emociones y todas las sensaciones que transmite el libro estuviesen envueltas en una narración lineal, con conflictos, desarrollo de personajes, cierta intriga, etc.. Pero incluso sin entrar en esa lógica (sin siquiera respetar la progresión temporal), me encontré con un libro cautivante por su honestidad, su profundidad y su vertiente más de “manifiesto”. Sin hablar de la gran calidad de la faz gráfica, que alcanza y sobra para que muchísima gente compre y disfrute Rakas.

Nada más, por ahora. Ni bien tenga leídos un par de libritos más, reaparezco por estos lares. Gracias y hasta entonces.

sábado, 30 de junio de 2018

SE VIENE EL SEGUNDO SEMESTRE

Terminada la ilusión del Mundial, mañana arranca un semestre en el que se terminarán las ilusiones para los pocos que todavía creen que el rumbo que tomó el gobierno de la Pesada Gerencia es el correcto. Posta, preparémonos para lo peor, porque es lo que se viene, por lo menos de acá a Enero o Marzo.
Por suerte tengo un pilón zarpado de comics para leer y hoy empiezo con la reseña de un libro editado en 2003, que descubrí de casualidad en 2016 y comió estante casi dos años. Al Servicio de las Damas es un álbum que recopila varias historias cortas de Juan Carlos San Román, más conocido como Calo. Bastante desconocido fuera de España, Calo es de esa generación que empezó a publicar a fines de los ´90, cuando la cosa estaba realmente espesa para los autores que entendían al comic como un ámbito de expresión con alguna aspiración artística. El libro se encarga de rescatar material publicado en fanzines, revistas de muy baja tirada o incluso historietas inéditas, lo cual lo hace indispensable para los fans de Calo.
Claramente lo mejor del libro es La Veredita Alegre, esa historieta de 30 páginas a todo color. Acá lo vemos a Calo muy sólido como guionista, muy sobrio y muy eficaz en la planificación de la página y muy inspirado en el dibujo, una especie de línea clara clásica contaminada con la magia del pincel de Ana Miralles, cuya influencia en la estética de Calo es muy marcada. Acá hay una trama bien elaborada, que avanza a muy buen ritmo, y sobre todo unas imágenes preciosas, excelentes composiciones (bien de comic franco-belga) y una bajada de línea muy atractiva.
Y entre las historias cortas, me quedo con Isabel, ese relato al que le alcanzan seis páginas para darle vuelta la vida a una chica que un día decide darle rienda suelta a sus fantasías sexuales. Una belleza, realmente. Después, el resto, es todo bonus track: historias muy cortitas a las que no se les puede pedir mucho en materia de guión, y que sirven para disfrutar un poco más del talento de Calo como dibujante. Si nunca lo habías oído nombrar, dale una posibilidad. Creo que descubrir a Calo te va a hacer mejor lector de historietas y –en una de esas- mejor persona.
Salto a Argentina, a fines de 2017, cuando se publica Cría Cuervos, la novela gráfica con la que descubrí otro universo gráfico y narrativo, el de Paula Andrade, a quien sólo conocía por algunos webcomics. A lo largo de unas 150 páginas, Andrade cuenta la historia de un hechicero en busca de la redención, aborda un tema interesante y se anima a profundizar en la psiquis del protagonista y en el universo fantástico en el que se mueve. Hasta ahí, todo buenísimo.
Para mi gusto, los problemas con la forma en que está contada la historia, por momento críptica, retorcida, con algunas situaciones que no están bien explicadas o que yo no entendí. Me parece que lo que me confundió es el dibujo. A lo largo de Cría Cuervos, Andrade cambia muchas veces de estilo, a veces en una misma página. Por momentos me encuentro con una dibujante de un virtuosismo pasmoso, atenta a los detalles, a las texturas, con un entintado perfecto, que se puede dar el lujo “alcateniano” de mostrar un trazo barroco, sobrecargado, sin sacrificar claridad ni plasticidad en el dibujo. De ahí saltamos a dibujos muy bien terminados en tinta, en un estilo muy dinámico, muy atractivo (una mezcla entre Hiroaki Samura y Rafael Albuquerque), que también están buenos y son casi siempre funcionales al relato. Pero después caemos en viñetas que parecen dibujadas muy rápido, sin bocetos previos, que son casi tres líneas, o tres manchas, sin fondos, quizás con alguna onomatopeya muy cruda (sin dudas las onomatopeyas no son el fuerte de Paula)… y eso desluce mucho la página y hasta obstaculiza el fluir del relato. La aplicación de los grises tampoco aporta claridad, sino que a veces logra el efecto contrario al que se propone.
Me quedó clarísimo que a Andrade le sale bien esto de imaginar mundos fantásticos, y que le pone un compromiso notable a la creación de sus personajes. La siguiente etapa, a mi juicio, sería que la autora se decidiera por perfeccionar el manejo de una o dos técnicas gráficas, y que las banque de punta a punta de una obra extensa. En Cría Cuervos las técnicas de entintado son demasiadas y terminan por aportarle más confusión que claridad a una narrativa en la que sobran muchísimos primeros planos, escasean bastante los fondos y terminé un poco mareado con esos saltos entre ilustraciones elaboradísimas y bosquejos muy rápidos, muy básicos, hechos directo en tinta. Y supongo que no va a suceder, pero también me gustaría leer, eventualmente, una obra realizada en conjunto por Paula Andrade y un/a guionista, a ver qué sale.
Por ahora, nada más. El lunes tengo función de prensa de Ant-Man and the Wasp, así que calculo que el próximo posteo se va a tratar de eso. ¡Gracias por leer y la seguimos pronto!