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miércoles, 11 de febrero de 2026
NOCHE DE MIÉRCOLES
Sigo a full, leyendo ATR, y no solo hoy hay reseñas sino que, si no pasa nada raro, mañana también.
Empiezo en Francia, año 2005, en pleno auge de la colección Poisson Pilote, donde daban cátedra todos los autores que fueron protagonistas del comic galo de las dos primeras décadas del siglo. En "Total souk pour Nic Oumouk", el grossísimo Manu Larcenet nos trae una nueva creación, que no se había serializado previamente en ningún lado. Nic Oumouk es un francés hijo de árabes, que vive en un suburbio bastante heavy, donde el crimen parece ser la principal salida laboral para los adolescentes, en su mayoría pertenecientes a minorías raciales. Y si bien se trata de una historieta humorística, con diálogos muy graciosos y varias situaciones realmente desopilantes, el núcleo de la obra pasa por el afecto y la contención que necesitan estos jóvenes de familias muy humildes, nacidos y criados con muchas desventajas respecto de los típicos pibes europeos de clase media. No es fácil hacer humor con el tema de los chicos a los que les toca crecer en un ambiente hostil, pero acá Larcenet lo logra, y pela una comedia muy efectiva, con gran ritmo y con espacio para momentos más profundos.
Antes de la mitad de la obra, Nic ya se convenció de que lo mejor para él va a ser convertirse en un delincuente, un integrante más de una pandilla de jóvenes gangsters tiene en vilo a todo el barrio, pero va a suceder algo imprevisto: la aparición de un justiciero enmascarado, Edukator, que va a confrontar con los pandilleros. Nic, que es pobre pero no boludo, va a deducir la identidad secreta del Edukator, y eso va a forjar un vínculo entre ambos que va a reformular la relación del petiso anteojudo con los jóvenes criminales. Pero hasta que eso suceda a Nic lo van a cagar a palos, lo van a humillar, le van a robar hasta su último centavo y va a quedar como un idiota frente a su familia y varios de sus amigos del cole. Hay una dosis importante de mala leche en el periplo que Larcenet traza para Nic, que tiene que ver por un lado con las decisiones erróneas que toma, y por el otro con lo que señalaba yo antes de las carencias afectivas que padecen todos estos chicos.
El dibujo de Larcenet acá está totalmente fuera de escala. Probablemente sea el mejor dibujado de todos los álbumes del ídolo que vimos en estos 16 años que lleva el blog. Larcenet trabaja en su estilo más caricaturesco, pero le agrega a todo una cantidad de detalles casi digna de Robert Crumb. Las sombras y las masas negras tienen una importancia poco frecuente en una comedia que pareciera apuntada a un público adolescente, los movimientos de cámara son continuos, no paran un segundo, y le dan mucha onda a páginas divididas en cuatro tiras en las que Larcenet nunca mete menos de 10 viñetas. Su hermano Patrice asiste a Manu en el coloreado de la historieta, con excelentes resultados. Tengo sin leer la adaptación que hizo Larcenet de La Carretera (ya llegaremos), donde podremos apreciar su otro estilo. Pero dentro del estilo "en joda", me cuesta pensar en un trabajo suyo mejor que Nic Oumouk.
Y como ya es costumbre, me toca hablar de una publicación de 2025 a cargo de autores argentinos, en este caso la antología Croma Cómics Especial Superterror. Si seguís a Croma en las redes, sabés que la mayoría de las historietas que publican tienen que ver con los superhéroes, pero como este especial salió para Halloween, la idea es que estas historias cortas jueguen también con elementos típicos de los relatos de terror. Veamos cómo les fue.
Quique Alcatena lleva al Dr. Talismán (el Dr. Fate del universo de Dr. Paradox) a los escenarios creados por Howard P. Lovecraft para Las Montañas de la Locura (ver reseñas del 26/12/24 y el 06/01/25), en una historia bastante emotiva y muy bien dibujada. En su aporte a la antología, Max Fiumara la rompe toda con el dibujo, le pinta la cara groseramente a todos sus colegas en una demostración de técnica, de puesta en página, de ritmo narrativo, de diseño de personajes, de color... todo al servicio de una historia con ínfimos vestigios de guion. Al ver trabajos como este, resulta especialmente frustrante que en Croma Cómics no haya guionistas...
Manu Loza trae de regreso a El Chtulo, con una linda historia ambientada en el mundo del catch, con buen ritmo, buenos dibujos, buenos textos y un color precioso a cargo de El Santa. En apenas seis páginas, Jules Mamone (antes conocida como Femimutancia) hace lo posible por presentarnos a dos personajes importantes y desarrollar una trama que los va a cambiar para siempre, pero resulta claro que en tan poco espacio no se puede ir tan lejos como se lo propuso la autora. El dibujo, exquisito.
Patricio Oliver y Dolores Alcatena ya estuvieron en la última antología que me tocó reseñar, y reinciden en esta. El aporte de Pato tiene un guion un toque confuso, con muchos personajes, pero unos dibujos y un color del hiper-carajo. En la de Dolores, por su parte, el guion parte de una consigna atractiva pero rápidamente se enrosca demasiado, mientras que el dibujo y el color están buenísimos. Dolores entiende posta los códigos del comic de terror y acá pone todo para inquietar al lector y hacerlo cagar en las patas.
Ignacio Minaverry y Luciano Vecchio ofrecen algunas de las páginas mejor dibujadas de todo el libro, pero las suyas no llegan a ser historias: son secuencias gancheras, atractivas, con mucho impacto visual, sin demasiada intención narrativa. Pedro Mancini casi se anima a prescindir del color, y la verdad que su historieta está tan buena que no lo necesita. El atractivo está claramente en el guion y en el inverosímil dibujo. Y me queda para el final la de Pablo Vigo, dibujada en un registro muy atractivo, con influencias de Gilbert Hernández, Basil Wolverton y Fletcher Hanks, pero con un guion confuso, que perdió mi interés en la segunda o tercera página. Otro artista de la San Puta al que le vendría bien trabajar en dupla con un guionista.
O sea que, como balance general, a nivel gráfico tenemos a diez bestias salvajes fagocitándose las unas a las otras, sin piedad. Los diez dejan la vida y demuestran a las claras por qué están entre los mejores dibujantes de nuestro país (y otros países). Y por el lado de los guiones, la cosa es mucho más despareja y nos encontramos con una mezcla entre hallazgos y tropiezos, algo bastante inevitable cuando los dibujantes se ponen la pilcha de artista integral y dejan afuera a los guionistas. La edición, a cargo de Black Cat y Meridiana, impecable. Ojalá este año haya otro especial de Croma Cómics en papel, con este mismo elenco de dibujantes y tres o cuatro guionistas de los que la tienen más o menos clara.
Y nada más, por hoy. Mañana, nuevas reseñas acá en el blog.
miércoles, 6 de noviembre de 2019
DOS Y A DORMIR
Estoy bastante cansado,
con muchas ganas de irme a apolillar, pero estiro un poquito más la jornada del
miércoles para reseñar un par de libritos que me bajé en estos días.
Arrancamos en 2006, cuando
se publica en Francia una obra bastante extraña del maestro Manu Larcenet. Vida
de Perros (una aventura rocambolesca de Sigmund Freud) parece un rejunte, un
amalgam (para decirlo en términos comiqueros) entre dos ideas distintas, muy
distintas, tan distintas que al fusionarlas en un único álbum, el autor descoloca
incluso a los fans que lo seguimos a todas partes hace añares. Por un lado,
tenemos la muy buena idea de mandar a Freud a recorrer los polvorientos
desiertos de Estados Unidos, en la segunda mitad del Siglo XIX, cuando en buena
parte de ese territorio el salvajismo todavía se imponía por sobre la
civilización. Larcenet se toma totalmente en joda la figura del Padre del
Psicoanálisis y lo reduce a una caricatura sumamente idónea para la comedia y
el humor. Su adláter, Igor, es un personaje simple, unidimensional, también
pensado totalmente en función del aspecto humorístico del álbum. “Freud recorre
el Salvaje Oeste y vive bizarras peripecias mientras busca un cowboy para
psicoanalizar” es un pitch infalible, de innegable atractivo. Le tirás ese
anzuelo a cualquier editor y pica seguro.
Pero hay más: Vida de
Perros se llama así porque el protagonista no es Freud (ni Igor), sino un
perro. Un perro que camina sobre sus patas traseras, manipula objetos como si
tuviera manos, viste pantalones y habla, en vez de ladrar. Todo lo importante
que pasa en este comic, desde la primera página hasta la anteúltima, le pasa a
Spot, este perro antropomórfico que –sin ninguna explicación- se codea con los
humanos como si fuera uno más de ellos. ¿Qué es esto? ¿Es una metáfora? ¿En
realidad Larcenet está hablando de cómo eran tratados los negros en los EEUU
del Siglo XIX y en vez puso a un perro en lugar de un negro? Es bastante
probable.
Lo importante es que la
trama principal (la de Spot) es hipnótica, potente y está repleta de acción y
de momentos en los que Larcenet nos invita a la reflexión. Y los contrapuntos
entre el sofisticado doctor Freud y los violentos habitantes de estos EEUU
jóvenes y rudimentarios también están muy logrados. Faltaría (en una de esas)
explicar un poco mejor a Spot, o reemplazarlo por un humano de raza negra. Y
terminar de fusionar mejor la magnífica trama que lo tiene como eje central con
las hilarantes desventuras de Freud y su asistente, que a veces interrumpen el
hilo del relato con cierta torpeza, como un flato estridente en medio de una
suite para violín y flauta traversa. El dibujo de Larcenet, brillante como
siempre, con algunos puntos de contacto con el estilo de Lewis Trondheim y
muchísimos hallazgos en la puesta en página. Si lo ves a un precio razonable,
entrale sin dudarlo.
A principios de este año
me tocó reseñar el Vol.1 de Ladrones y Mazmorras, el primer recopilatorio en
nuestro idioma de Dungeons & Burglars, la historieta de Rodolfo Santullo y
Jok que aparece cada semana en la revista digital británica Aces Weekly. Se ve
que la edición argentina/uruguaya tuvo buena aceptación, porque ya está en mis
manos el Vol.2, de nuevo con varias historias cortas ambientadas en un universo
al estilo Dungeons & Dragons, con guerreros, hechiceros, ladrones, reyes,
princesas, piratas, y sí, dragones. El toque de distinción, que convierte a
Ladrones y Mazmorras en una obra tan atípica como adictiva, es que todo esto
está tomado para la chacota.
Santullo subvierte este
clásico género de la aventura para brindarnos un festival farsesco, jocoso, por
momentos irónico, por el que desfilan personajes entre inescrupulosos y
entrañables, muy bien delineados. Esta vez hay aventuras un poco más largas,
resueltas en dos episodios de 11 páginas, y otras más breves, donde todo se
resuelve en la página 11. Me gustaron mucho una de las más largas (El
Estandarte) y una de las más cortas (Un Trabajo Simple), dos historietas que –me
parece- le hubiese gustado escribir a Carlos Trillo. Y las demás no están nada
mal, eh? Todas tienen buen ritmo, diálogos graciosos, situaciones que le
escapan al control de los personajes, buenos giros argumentales… Y por supuesto
en todas se luce a full el dibujo de un Jok inspiradísimo, dispuesto a dejar la
piel en cada viñeta y a tirar magias dignas de Quique Alcatena, Enrique Breccia
o Mike Mignola en los fondos, las criaturas, la indumentaria y hasta en las
expresiones faciales de los muchos y muy atractivos personajes. Un verdadero
deleite para los ojos de cualquier fan del claroscuro.
Lo único que tengo para
criticar es la cantidad de páginas del libro que NO ofrecen historietas y se
despilfarran entre carátulas, separadores y páginas 100% en blanco, como si no
hubiese más historietas de esta serie para traducir al castellano, o como si
esas páginas (vacías como los negocios de la Avenida Córdoba en tiempos de
debacle neoliberal) no encarecieran el precio que terminamos pagando por el libro.
El resto, todo muy, muy disfrutable. Ojalá tengamos todos los años una dosis de
Ladrones y Mazmorras… y más historietas de Santullo y Jok, ¿por qué no?
Gracias por el aguante y
nos encontramos este viernes, sábado y domingo en la San Luis Comic Con.
Etiquetas:
Jok,
Manu Larcenet,
Rodolfo Santullo
jueves, 5 de enero de 2017
LECTURAS VERANIEGAS
Bueno, acá estoy de nuevo. Vamos con algunas lecturas veraniegas…
Un muy lejano 2 de Mayo de 2010, acé en blog nos reíamos un buen rato con Los Superhéroes Injustamente Desconocidos, un álbum en el que el maestro francés Manu Larcenet nos presentaba a superhéroes absurdos, patéticos, condenados al fracaso antes de empezar. En este álbum de 2003, Larcenet descarga toda su mala leche sobre un único héroe: La Leyenda de Robin de los Bosques nos propone reencontrarnos con el mítico Robin Hood, pero viejito, chicato, con Alzheimer y transplantado al mundo moderno. Son siete historietas breves, de seis páginas cada una, en las que Larcenet plantea, desarrolla y remata una idea, siempre en clave de parodia, de sátira muy aguda.
El pequeño Juan, el padre Tuck, el sheriff de Nothingham y Lady Marian también tienen sus roles en este Sherwood otoñal, donde te podés cruzar también con turistas, un árbol que habla o un Tarzan también octogenario al que los animales le gustan demasiado. Además de humor y mala leche (los episodios con Tarzan y el padre Tuck son particularmente malignos), Larcenet nos garantiza un dibujo de gran calidad, esta vez a todo color, con reminiscencias de maestros del humor “mugriento” como Reiser o Vuillemin, pero con composiciones y timing mucho más próximos a la corriente en la que militó siempre Larcenet, que es la de Trondheim y Sfar. La traducción al castellano es MUY graciosa, así que evidentemente Norma contrató a gente que sabe hacerlo muy bien.
Otro flashback, esta vez al 14/02/16, cuando me tocaba reseñar el libro de La Duendes dedicado al maestro Alfredo Grondona White, prócer inolvidable para los que alguna vez leímos Hum®, SuperHum® o SexHum®. Si repasás ese texto, vas a ver que el libro tenía más problemas que la AFA. Pero por suerte, en 2016 salió una nueva edición, corregida y aumentada, en tamaño grande, sin errores, con la misma escacez de ideas en el diseño gráfico, pero con más material. Y como además Grondona White falleció en 2015, la nueva edición incluye homenajes que otros autores le hacen al maestro. La versión de 2012 estaba agotada hacía rato, así que olvidate de que existe: ahora el único libro que circula por ahí con chistes, historietas, tiras y dibujos de Grondona White (más textos, entrevistas y bocetos) es este. Y está muy bien. Si sos fan de este exquisito exponente del humor y la historieta argentinos, o si nunca lo habías oído nombrar, buscalo y maravillate con su talento.
Para terminar, un clásico de 1988 que DC tardó nada más que 26 años en recopilar en libro: Cinder and Ashe, una historieta escrita por Gerry Conway y dibujada por el ilustre José Luis García López, claramente apuntada al público adulto. Este es un Conway raro, más oscuro y a la vez más libre, que nos invita a adentrarnos en una trama muy violenta, con una conspiración jodida (por momentos me hizo acordar a XIII, el clásico de Jean Van Hamme) y personajes muy duros, muy sórdidos y sobre todo muy bien elaborados. Lo único que no me cerró del guión es que el recurso de ir mechando flashbacks al pasado de los personajes (principalmente ambientados en la Guerra de Vietnam) se extiende hasta casi la última página. Para que eso te salga bien, la resonancia entre escenas del pasado y el presente tiene que ser perfecta, a nivel Alan Moore. Si no, parece un recurso de guionista desesperado al que se le acaban las páginas y le quedan un montón de cosas por contar.
El dibujo de García López (como siempre) es majestuoso. El ídolo te hace sentir que dibujar así es lo más normal del mundo, porque sus personajes tienen esa fluidez, esa plasticidad… son actores que actúan bien, no modelos que posan para la foto. El cuidado en la ropa, las armas, los escenarios, las expresiones faciales… un trabajo realmente magistral del argentino nacido en España y radicado en EEUU. Y además muy loco, porque dibuja una escena de sexo muy impactante, que es algo que nunca le había visto dibujar. El color de Joe Orlando (sobrio, sin estridencias) podría no estar sin que la historieta se resienta en lo más mínimo. La estrella de Cinder and Ashe es, sin dudas, el dibujo y la narrativa de un García López inspiradísimo, que se banca páginas de 9 ó 10 viñetas, cuadros recontra-cargados de texto, varias escenas narradas en paralelo… un montón de desafíos sorteados con la jerarquía de un grande entre los grandes. Una lástima que Conway y García López no hayan producido más aventuras con estos personajes.
Hasta acá llegamos por hoy. Gracias y hasta pronto.
Un muy lejano 2 de Mayo de 2010, acé en blog nos reíamos un buen rato con Los Superhéroes Injustamente Desconocidos, un álbum en el que el maestro francés Manu Larcenet nos presentaba a superhéroes absurdos, patéticos, condenados al fracaso antes de empezar. En este álbum de 2003, Larcenet descarga toda su mala leche sobre un único héroe: La Leyenda de Robin de los Bosques nos propone reencontrarnos con el mítico Robin Hood, pero viejito, chicato, con Alzheimer y transplantado al mundo moderno. Son siete historietas breves, de seis páginas cada una, en las que Larcenet plantea, desarrolla y remata una idea, siempre en clave de parodia, de sátira muy aguda.
El pequeño Juan, el padre Tuck, el sheriff de Nothingham y Lady Marian también tienen sus roles en este Sherwood otoñal, donde te podés cruzar también con turistas, un árbol que habla o un Tarzan también octogenario al que los animales le gustan demasiado. Además de humor y mala leche (los episodios con Tarzan y el padre Tuck son particularmente malignos), Larcenet nos garantiza un dibujo de gran calidad, esta vez a todo color, con reminiscencias de maestros del humor “mugriento” como Reiser o Vuillemin, pero con composiciones y timing mucho más próximos a la corriente en la que militó siempre Larcenet, que es la de Trondheim y Sfar. La traducción al castellano es MUY graciosa, así que evidentemente Norma contrató a gente que sabe hacerlo muy bien.
Otro flashback, esta vez al 14/02/16, cuando me tocaba reseñar el libro de La Duendes dedicado al maestro Alfredo Grondona White, prócer inolvidable para los que alguna vez leímos Hum®, SuperHum® o SexHum®. Si repasás ese texto, vas a ver que el libro tenía más problemas que la AFA. Pero por suerte, en 2016 salió una nueva edición, corregida y aumentada, en tamaño grande, sin errores, con la misma escacez de ideas en el diseño gráfico, pero con más material. Y como además Grondona White falleció en 2015, la nueva edición incluye homenajes que otros autores le hacen al maestro. La versión de 2012 estaba agotada hacía rato, así que olvidate de que existe: ahora el único libro que circula por ahí con chistes, historietas, tiras y dibujos de Grondona White (más textos, entrevistas y bocetos) es este. Y está muy bien. Si sos fan de este exquisito exponente del humor y la historieta argentinos, o si nunca lo habías oído nombrar, buscalo y maravillate con su talento.
Para terminar, un clásico de 1988 que DC tardó nada más que 26 años en recopilar en libro: Cinder and Ashe, una historieta escrita por Gerry Conway y dibujada por el ilustre José Luis García López, claramente apuntada al público adulto. Este es un Conway raro, más oscuro y a la vez más libre, que nos invita a adentrarnos en una trama muy violenta, con una conspiración jodida (por momentos me hizo acordar a XIII, el clásico de Jean Van Hamme) y personajes muy duros, muy sórdidos y sobre todo muy bien elaborados. Lo único que no me cerró del guión es que el recurso de ir mechando flashbacks al pasado de los personajes (principalmente ambientados en la Guerra de Vietnam) se extiende hasta casi la última página. Para que eso te salga bien, la resonancia entre escenas del pasado y el presente tiene que ser perfecta, a nivel Alan Moore. Si no, parece un recurso de guionista desesperado al que se le acaban las páginas y le quedan un montón de cosas por contar.
El dibujo de García López (como siempre) es majestuoso. El ídolo te hace sentir que dibujar así es lo más normal del mundo, porque sus personajes tienen esa fluidez, esa plasticidad… son actores que actúan bien, no modelos que posan para la foto. El cuidado en la ropa, las armas, los escenarios, las expresiones faciales… un trabajo realmente magistral del argentino nacido en España y radicado en EEUU. Y además muy loco, porque dibuja una escena de sexo muy impactante, que es algo que nunca le había visto dibujar. El color de Joe Orlando (sobrio, sin estridencias) podría no estar sin que la historieta se resienta en lo más mínimo. La estrella de Cinder and Ashe es, sin dudas, el dibujo y la narrativa de un García López inspiradísimo, que se banca páginas de 9 ó 10 viñetas, cuadros recontra-cargados de texto, varias escenas narradas en paralelo… un montón de desafíos sorteados con la jerarquía de un grande entre los grandes. Una lástima que Conway y García López no hayan producido más aventuras con estos personajes.
Hasta acá llegamos por hoy. Gracias y hasta pronto.
viernes, 8 de abril de 2011
08/ 04: ORDINARY VICTORIES Vol.2

Retomamos la bizarra tradición de leer comic francés en edición yanqui, una verdadera grasada, pero bue… Lo importante es que el tomo con dos álbumes franceses vale sólo 16 dólares, guita con la que acá no te comprás ni un tomo de la edición española.
En realidad lo importante es la historieta. En este caso, los dos tomos finales de Le Combat Ordinaire (Los Combates Cotidianos, en castellano), una obra absolutamente brillante del siempre atractivo Manu Larcenet. Si la primera mitad parecía interesante, distinta, con onda, con un buen balance entre comedia costumbrista, denuncia social y drama humano, en la segunda parte todo eso se potencia hacia el infinito y más allá. Se achica el espacio para la comedia (porque la primera mitad cierra con algo demasiado heavy), pero el costumbrismo se mantiene, rico y filoso, mientras la trama social avanza y retrocede, como las olas del mar. Por momentos, todo pasa por el conflicto que amenaza con terminar para siempre con el viejo astillero donde trabajó toda su vida el padre de Marco. Y son los mejores momentos del libro, o por lo menos los menos asfixiantes, porque la tensión más jodida pasa por un conflicto externo y no por algo interno, de la psicología de los personajes. Larcenet también saca un jugo alucinante de la situación política de Francia: de hecho el último álbum termina en la noche en que Nicolás Sarkozy gana las elecciones. La comedia costumbrista, por su lado, cambia de registro: de la onda Peter Bagge de sexo, droga y rockanrol de los primeros tomos, pasamos a la onda “familia cute”, y nos divertimos (en una de esas, hasta nos conmovemos) con la relación entre Marco y su hijita Maude, esa que él se negaba a “encargar” y que termina por cambiarle totalmente la vida.
De todos modos, la estrella de la segunda mitad es el drama, o por lo menos la reflexión, la introspección más profunda y menos fiestera. Claramente, Larcenet madura entre tomo y tomo y esa evolución del autor se ve también en el personaje central y en el tono de la obra. Es más, no tengo idea de si esto es así o no, pero me juego un huevo y medio a que el padre de Larcenet falleció mientras él trabajaba en Le Combat Ordinaire. El drama de la muerte del padre, los recuerdos, la actitud de la madre frente a la pérdida de su compañero, los secretos del pasado que Marco se esfuerza por desempolvar, su propio dolor, el de su hermano… todo suma para que el color plomizo, crepuscular, nostalgioso, se apodere de una historieta en cuya primera mitad se respiraba un añorado clima de joda, de libertad en el sentido de la irresponsabilidad más sana.
Lo peor que está buenísimo. Uno, que le escapa a las historias dramáticas como al virus de ébola o los programas de Chiche Gelblung, acá no tiene más opciones que rendirse, que dejarse emocionar y conmover por la historia de Marco, su familia y el astillero en el que nunca laburó, simplemente por lo bien contada que está, por la magia que hace Larcenet para que esto sea atractivo, para que quieras saber qué pasa con las vidas de esta gente común y corriente, para que las frases y los silencios te lleguen al corazón.
Por supuesto, buena parte de esa magia Larcenet la hace con el dibujo, que es glorioso. Ya despegado de Lewis Trondheim y Joann Sfar (las influencias más claras de su primera etapa), Larcenet logra una extraña síntesis entre ambos, a la que le suma mucho de su propia cosecha. Por ejemplo las narices, esas que después vemos en otros autores como Fede Pazos o Pablo Túnica. Sin romper casi nunca la grilla de cuatro tiras, Larcenet logra un increíble control del tempo narrativo, con énfasis en los silencios, en las escenas más tranquilas, aunque cuando quiere descontrolar, lo logra con creces. En casi todas las secuencias, los colores subrayan la onda melancólica y bajonera del guión, y cuando aparecen las secuencias repletas de colores vivos, el dibujo parece querer hacerle respiración artificial a la trama, para que no decaiga, para que no renuncie a esa vitalidad que al dibujo de Larcenet le sobra, pero que a varios de los protagonistas les falta.
Le Combat Ordinaire es mucho, pero mucho más que una historia realista de gente común. Es una historia de sueños cumplidos y sueños destrozados, de lealtades honradas y traicionadas, de amor a la pareja, a los viejos, a los hijos, a los amigos, a las raíces… y a la vez todo eso en algún momento se cuestiona, se pone en crisis. Según con qué personaje te identifiques, es todo maravilloso, es todo una mierda, o es todo chamuyo y nada vale nada ni tiene ningún sentido. Por suerte, Larcenet no le da la razón inapelable a ninguno de los protagonistas. De hecho, se esfuerza por dejar bien claro que ninguno tiene la posta, todos tratan de zafar lo mejor que pueden de las realidades chotas a las que les toca enfrentar. Y eso es lo que le permite al autor evitar el peor de los pecados: bajar línea, enseñarle al lector cómo tiene que pararse frente a estos temas fundamentales de la vida de todos. Esto es, ante todo, una historieta, una obra de ficción, no una lección de vida. Y por ahí pasa buena parte de su enorme encanto.
Ganes o pierdas, no dejes de pelear en este fascinante combate propuesto por un maestro absoluto, que alcanzó una calidad y un grado de madurez artística realmente asombroso.
domingo, 2 de mayo de 2010
02/ 05: LOS SUPERHEROES INJUSTAMENTE DESCONOCIDOS

En los últimos 50 años nos hemos cansado de leer y ver historias en las que autores más lúcidos y más pícaros que Bob Kane o Jerry Siegel (o sea, casi todos) se dedicaron a satirizar al superhéroe, a parodiarlo, o simplemente a deconstruirlo por el absurdo al situarlo en un contexto realista, en el cual un tipo así vestido es poco menos que un payaso, o si los poderes se lo permiten, un aspirante a dictador. Se me ocurren millones de ejemplos de cada cosa, buenos, chotos, exitosos, fracasados… pero lo cierto es que, cuando la sátira está bien hecha, sigue causando gracia.
Esta vez el piola de turno es el increíble Manu Larcenet, dibujante de varios libros de La Mazmorra y autor de la fundamental Los Combates Cotidianos, entre otras. Este trabajo es anterior a todo eso y data de los años 2000-2001, cuando Larcenet colaboraba en la famosa revista humorística Fluide Glaciel. Allí se publicaron estas siete historietas cortas, cada una con la historia de un superhéroe de la B Metropolitana, no tan injustamente olvidado. Larcenet nos presenta a héroes que a veces de héroes tienen sólo el disfraz y los poderes. En general son losers, marginados, o simplemente idiotas, que obtienen sus poderes por accidente y no siempre los usan para ayudar al prójimo.
Super Científico Man es –como su nombre lo indica- un científico creído y aburrido que se dedica a refutar disparates científicamente imposibles como caminar sobre el agua o resucitar tres días después de morirse. Y sí, su principal enfrentamiento es con Jesucristo. Super Tímido Boy tiene poderes grossísimos, pero sale corriendo si le tiene que hablar a una mujer. Esta probablemente sea la mejor historieta del libro. Wonder Mecánico es el rey de los motores y las bujías, capaz de reparar “en dos patás” cualquier desperfecto mecánico de cualquier artefacto. Combustion Man es un superhéroe ya cuarentón, que en los años ´20 logró repeler una invasión alienígena, y de paso carbonizar a 11 personas. Super Divertido logra ganarse el respeto de unos muchachones muy heavies y hasta alcanzar la paz mundial, gracias a su control sobrehumano de… los chistes! Agrikultor es otro chico bastante loser, que adquiere el poder de hacer crecer rápido todo tipo de vegetales. Y cierra el libro Hiper Colocado Man, un lumpen, chorro y drogadicto, a quien un jeringazo de cierta sustancia tóxica convierte en un torbellino imbatible. Esta es la única historieta en la que aparecen superhéroes consagrados (Iron Man y Batman).
Las situaciones y peripecias que nos narra Larcenet son muy variadas, desopilantes y con bastante mala leche. La historia de Agrikultor es particularmente cruel, y las de Super Científico Man e Hiper Colocado Man definitivamente no se podrían publicar en EEUU. La única contra es que el álbum se lee demasiado rápido. Se disfruta a pleno, pero un ratito corto.
La recopilación conserva el blanco y negro (con grises) de la publicación original en Fluide Glaciel, y eso sirve para ver algunas cosas que habitualmente se notan menos en el dibujo de Larcenet, básicamente esos sombreados con carbonillas, que le agregan matices a su excelente manejo de rotring y pincel. Como siempre, el trazo medio chungo de Larcenet (obviamente emparentado con el de Lewis Trondheim) lo hace ideal para contar historias cómicas de perdedores y mediocres, y sus diálogos son jugosos y afilados. Si te pinta leer algo muy gracioso, guarro, despiadado, ingenioso y con una vuelta de tuerca bastante original sobre la ya muy trillada parodia de los justicieros enmascarados, este rejunte de ignotos super-losers te va a hacer pasar un muy buen momento.
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