Esta es una novela gráfica breve (52 páginas) de autores argentinos jóvenes, a los que hasta ahora sólo habíamos visto en alguna que otra antología. Es claramente una obra de género, casi siempre de misterio. Hay una sana intención aventurera, por momentos parece inclinarse hacia el terror, y en un momento sin duda se va hacia el género catástrofe, pero básicamente lo que se mantiene firme a lo largo de toda la novela es el misterio.
¿Y cuál es el misterio a resolver? La aparición de una extraña civilización en el subsuelo de Plaza Flores y sus consecuencias: el colapso edilicio en la zona afectada y la desaparición de gente que viajaba en el subte A (antes de que este llegara a Flores). Uno de los desaparecidos, Martín, desencadenará la investigación que llevarán a cabo su novia Mariana y una especialista en culturas antiguas, Lucrecia Montiel. A una la mueve la curiosidad científica, a otra el amor por su chico, y las dos van a terminar por jugarse la vida en estos túneles repletos de sombra y ancestrales peligros. Todo eso en un in crescendo dramático, planteado con mucho realismo, con mucha coherencia y mucho cuidado por no romper el verosímil... hasta la página 30.
Ahí viene una secuencia muy extraña, en la que el guión de Daniel Perrotta y el dibujo de Emmanuel Enríquez (muy compenetrados el uno con el otro a lo largo de la novela) saltan al vacío. El clima del relato ya venía bastante enrarecido por esa ceremonia ritual, y de pronto empiezan a sucederse imágenes y situaciones muy locas: una mina cuya cara se convierte en una especie de vagina con dientes, un nene que espía por un agujero cómo una mina le hace un pete a un tipo, mientras el agujero empieza a parecer... otra cosa, un garche homosexual con un tema de Pink Floyd de fondo, en el que uno de los pibes parece ser Martín (los varones son todos muy parecidos en esta novela), un eclipse contado de un modo bastante inusual... De a poco, extraños simbolismos invaden una historia que hasta ahora era lineal y la confusión le gana al argumento. Por un rato.
Después vienen más secuencias “normales” (dentro de lo extremo del planteo de la trama, claro), con el derrumbe de media ciudad, la huída de los túneles, la despedida de Mariana, Martín y Lucrecia... hasta que llega una doble página en la que vemos cómo dos guerreras de la civilización perdida matan y decapitan a un tipo que ¿es Martín? No se entiende. Parecía que Martín había zafado y de pronto esta escena evoca el clima (incluso desde el color) de una escena 20 páginas anterior. Me quedaron un montón de dudas, me sentí muy pelotudo.
Por suerte están buenos los diálogos, está bueno el dibujo (acá vemos a Enríquez dibujar cosas que son MUY difíciles de dibujar), está bueno el color, hay algunas planificaciones de páginas muy raras y muy efectivas, también un buen manejo de las grillas clásicas, hay muchas buenas ideas en la elección de los enfoques (brillante esa página en la que la cámara está puesta en el fondo de un jarrito con café), está bueno el rotulado, están bien puestas las secuencias mudas para acentuar los climas... Se nota que estamos ante autores que no improvisan, para nada. Esto es el fruto de muchas horas de laburo muy serio, muy a conciencia.
Me queda esa espina, frustrante como perder un partido de ping-pong después de haber estado 20-20, de no haber entendido ese tramo medio raro, en el que me quedó claro que una de las guerreras se garchó a Martín y no mucho más. El resto no sé si son sueños, alucinaciones, realidades paralelas, flashbacks a cosas que pasaron antes... Sólo por eso no recomiendo enfáticamente Lo Subterráneo. En todo lo demás, Perrotta y Enríquez superaron mis expectativas.
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martes, 21 de enero de 2014
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