Este libro lo compré sin saber qué carajo traía adentro, porque se vendía embolsado. Era un libro de Miguel Brieva, y eso era todo lo que yo necesitaba saber para cebarme y desembolsar los pesitos (solcitos, porque estaba en Lima) que pedían por él. Al abrirlo me encuentro con que Bienvenido al Mundo NO es un libro de historietas ni de humor gráfico, sino un libro de texto, ilustrado con chistes e historietas muy breves del propio Brieva.
En este libro, el genial autor español toma el formato de las típicas enciclopedias y lo usa para reunir y pasar en limpio todas sus ideas cáusticas y mordaces acerca de la sociedad en la que le toca vivir, con textos que muchas veces renuncian definitivamente al humor para centrarse en la otra especialidad de Brieva, que es la bajada de línea pura, dura y sin piedad. Como en sus mejores chistes, Brieva habla del poder, de la televisión, del consumo, de los políticos, de la estupidez y la mediocridad de la gente común, de la corrupción y la ineptitud de los gobernantes, de las nefastas consecuencias de la guerra, la religión organizada y el sistema capitalista y lo va mechando con boludeces, con textos más light acerca del futbol, los intelectuales o los carniceros.
En total, son 140 páginas en las que el texto se queda con el protagonismo. De todos modos, todas las páginas están ilustradas. Hay viñetitas sueltas, hay muchos de los magníficos chistes gráficos de Brieva (parecidos a los que vimos el 7 de Enero de este año en la reseña de El Otro Mundo), hay pequeñas historietas de unas pocas viñetas y alguna que otra foto trucada. También hay dos historietas más extensas: una de cuatro páginas (Grandes Personajes de la Humanidad) y una de tres páginas, a la que ya habíamos visto el 18 de Diciembre del año pasado en aquel especial de la revista Crash! dedicado a los grandes autores del comic español. Como pasó aquella vez, acá también, Animalandia sube al podio de lo mejor de este tomo. Entre las historietas cortitas también hay varias joyas, como la de Muffy (que andá a saber para qué publicación la creó Brieva y que acá la usa para ilustrar el texto dedicado al Osito), la tira del maestro Siddartha, la fundamental Clases Nocturnas, o La Noche Libre de Martin Heidigger. O sea que, si bien Bienvenido al Mundo no es un libro de historietas, estas están y –por supuesto- están brillantemente pensadas y dibujadas. Exactamente lo mismo sucede con los chistes. Hay tantos geniales que no podría enumerarlos.
Este es un libro raro, nunca vi algo así. Por ahí el principal problema de todo este combo es que se hace un poco heavy de digerir. Si te planteás leer todos los textos, es imposible bajarte el libro en menos de dos o tres días. Si leés sólo las historietas y los chistes, el libro se hace corto y deja gusto a poco. Mi consejo es leerlo todo, pero encararlo con paciencia. Acá hubo alguien (quizás el mismo Brieva) que se tomó el laburo de diagramar las páginas para que textos y viñetas convivan armónicamente y eso hay que aprovecharlo. Además, si no seguís habitualmente la vasta variedad de medios en los que Brieva publica sus trabajos (desde diarios y revistas careta tipo la Rolling Stone hasta publicaciones re-under de bajísima tirada) te vas a encontrar con un montón de chistes y pequeñas historietas que seguro no conocías. Y por si le faltaba algún atractivo, al ser un libro tan extraño, que claramente no parece el enésimo álbum de historietas, se lo podés enchufar a la gente que no lee historietas ni en pedo, convencida de que el arte que nos apasiona transmite enfermedades venéreas o te convierte en un subnormal invertebrado que a las pocas páginas empieza a babear o a preguntar si Superman es más fuerte que Son Goku.
Miguel Brieva es –ya lo dije otras veces- un genio único e irrepetible. Y este libro es tan raro, tan inclasificable y tan zarpado como él.
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martes, 25 de diciembre de 2012
sábado, 7 de enero de 2012
07/ 01: EL OTRO MUNDO Vol.1
No habrá ninguno igual, no habrá ninguno. Miguel Brieva ya se ganó una chapa que en el ámbito de la historieta y el humor es más difícil de ganar que la de genio: Brieva es inimitable. Quien trate de imitarlo, enseguida quedará en evidencia como un clon choto de Brieva, o a lo sumo como “el Brieva del Nacional B”. Conocido en Argentina por Dinero (que se editó allá por 2007), este monstruo desarrolló con los años mucho más que un estilo. Lo de Brieva es una fórmula, una ecuación compleja, en la que el estilo es apenas un factor más. Y lo más lindo es ver funcionar esa fórmula.
Esta fastuosa edición de Random House/ Mondadori arranca con Muvirecor, una serie de tiras realizadas por Brieva para la revista Cinemanía. Son apenas 20 tiras protagonizadas por Mario, un pibe cinéfilo que empieza atrás del mostrador de un videoclub y termina envuelto en un bizarro proyecto para filmar un cortometraje clase Z en el que participan su novia, un robot y el fantasma de Stanley Kubrick. Esto es MUY gracioso (sobre todo la primera parte, en la que Brieva dirige sus dardos a la producción cinematográfica) pero casi pueril en comparación con lo que viene después.
La gran masa del libro está compuesta por El Otro Mundo, nombre que engloba los trabajos de Brieva para el mítico semanario El Jueves. Y ahí es donde la cosa se pone heavy. Sí, más heavy que en Dinero, si es que eso era posible. Acá se desata una tempestad del humor más cáustico y corrosivo al que te podés llegar a exponer. Dentro de la Fórmula Brieva, uno de los elementos centrales es la bajada de línea, en su vertiente más tremenda. Y ahí va, a satirizar con el cuchillo entre los dientes los más variados aspectos del capitalismo salvaje, el consumismo pelotudo, las falsas creencias y los engaña-pichanga que sostienen a instituciones tan afianzadas como la familia, la religión o la democracia.
La víctima favorita de Brieva es, sin dudas, la publicidad. De hecho, parte de su fórmula consiste en presentar sus chistes (a veces mini-historietas) en forma de publicidades apócrifas, en las que exagera apenas un toque el tono de las que hoy nos bombardean sin piedad (y sin más intención que la de hacernos comprar porquerías que no necesitamos). Y como la publicidad recurre casi siempre a gente que se muestra feliz (por consumir, por poseer), el contraste con la crueldad y el patetismo que “vende” Brieva en sus avisos es absolutamente devastador.
Cuando no trabaja sobre el modelo de la publicidad, Brieva mira con su lente maligno a los documentales, los programas de concursos, los noticieros... Su “otro mundo” es, inequívocamente, el que inventa la tele para tener a la gilada controlada, estupidizada, atemorizada o ansiosa de gastar guita en boludeces, según los horarios en los que la enciendas.
Por encima de su asco hacia los políticos, los publicistas, la manipulación mediática y la payasada retrógrada de curas y milicos, Brieva tiene su verdadero ancho de espadas, que es la pasmosa calidad de su dibujo. Si el capitalismo salvaje ya te ganó la pulseada y te convirtió en un subnormal que sólo piensa en comprarse la nueva consola, el nuevo celular, o lo que mierda sea que está de moda esta semana, igual te van a quedar los ojos. Y si tenés ojos, por imbécil que seas, te vas a conmover con el dibujo de este genio del pincel nacido en Sevilla. Ese es otro elemento en su fórmula: la estética retro corrompida por sutiles toques de los dibujantes de MAD, de Robert Crumb, en alguna medida Charles Burns o Daniel Clowes... toda gente de mierda que nos mostró lo mal que huele el Sueño Americano cuando se lo deja tres días fuera de la heladera. Y el talento con el que banca esa elección estética, claro.
El Otro Mundo es un viaje de ida, mal. Te vas a reir en voz alta, te vas a sentir compelido a pensar y de pronto te vas a replantear miles de cosas en las que no habías reparado, con una mezcla de carcajada y dolor, porque el humor de Brieva duele. Entre todas las contradicciones que desnuda El Otro Mundo, me quedó picando una grossa: Qué loco que un autor tan comprometido con la militancia anti-capitalismo salvaje publique en Random House/ Mondadori, un hiper-conglomerado multinacional controlado por un puñado de garcas inescrupulosos e insaciables como esos a los que Brieva masacra en casi todos sus chistes...
Esta fastuosa edición de Random House/ Mondadori arranca con Muvirecor, una serie de tiras realizadas por Brieva para la revista Cinemanía. Son apenas 20 tiras protagonizadas por Mario, un pibe cinéfilo que empieza atrás del mostrador de un videoclub y termina envuelto en un bizarro proyecto para filmar un cortometraje clase Z en el que participan su novia, un robot y el fantasma de Stanley Kubrick. Esto es MUY gracioso (sobre todo la primera parte, en la que Brieva dirige sus dardos a la producción cinematográfica) pero casi pueril en comparación con lo que viene después.
La gran masa del libro está compuesta por El Otro Mundo, nombre que engloba los trabajos de Brieva para el mítico semanario El Jueves. Y ahí es donde la cosa se pone heavy. Sí, más heavy que en Dinero, si es que eso era posible. Acá se desata una tempestad del humor más cáustico y corrosivo al que te podés llegar a exponer. Dentro de la Fórmula Brieva, uno de los elementos centrales es la bajada de línea, en su vertiente más tremenda. Y ahí va, a satirizar con el cuchillo entre los dientes los más variados aspectos del capitalismo salvaje, el consumismo pelotudo, las falsas creencias y los engaña-pichanga que sostienen a instituciones tan afianzadas como la familia, la religión o la democracia.
La víctima favorita de Brieva es, sin dudas, la publicidad. De hecho, parte de su fórmula consiste en presentar sus chistes (a veces mini-historietas) en forma de publicidades apócrifas, en las que exagera apenas un toque el tono de las que hoy nos bombardean sin piedad (y sin más intención que la de hacernos comprar porquerías que no necesitamos). Y como la publicidad recurre casi siempre a gente que se muestra feliz (por consumir, por poseer), el contraste con la crueldad y el patetismo que “vende” Brieva en sus avisos es absolutamente devastador.
Cuando no trabaja sobre el modelo de la publicidad, Brieva mira con su lente maligno a los documentales, los programas de concursos, los noticieros... Su “otro mundo” es, inequívocamente, el que inventa la tele para tener a la gilada controlada, estupidizada, atemorizada o ansiosa de gastar guita en boludeces, según los horarios en los que la enciendas.
Por encima de su asco hacia los políticos, los publicistas, la manipulación mediática y la payasada retrógrada de curas y milicos, Brieva tiene su verdadero ancho de espadas, que es la pasmosa calidad de su dibujo. Si el capitalismo salvaje ya te ganó la pulseada y te convirtió en un subnormal que sólo piensa en comprarse la nueva consola, el nuevo celular, o lo que mierda sea que está de moda esta semana, igual te van a quedar los ojos. Y si tenés ojos, por imbécil que seas, te vas a conmover con el dibujo de este genio del pincel nacido en Sevilla. Ese es otro elemento en su fórmula: la estética retro corrompida por sutiles toques de los dibujantes de MAD, de Robert Crumb, en alguna medida Charles Burns o Daniel Clowes... toda gente de mierda que nos mostró lo mal que huele el Sueño Americano cuando se lo deja tres días fuera de la heladera. Y el talento con el que banca esa elección estética, claro.
El Otro Mundo es un viaje de ida, mal. Te vas a reir en voz alta, te vas a sentir compelido a pensar y de pronto te vas a replantear miles de cosas en las que no habías reparado, con una mezcla de carcajada y dolor, porque el humor de Brieva duele. Entre todas las contradicciones que desnuda El Otro Mundo, me quedó picando una grossa: Qué loco que un autor tan comprometido con la militancia anti-capitalismo salvaje publique en Random House/ Mondadori, un hiper-conglomerado multinacional controlado por un puñado de garcas inescrupulosos e insaciables como esos a los que Brieva masacra en casi todos sus chistes...
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