Es jueves a la tarde, tengo un rato al pedo y un par de libritos leídos, así que vamos a ver qué sale…
Finalmente me clavé el sexto y último tomo de Wonder Woman de Brian Azzarello, y sí, es lo mejor del New 52, por amplio margen. Por muchos motivos, principalmente porque es una historia jugada, rupturista, narrada en forma aislada del resto del universo, un verdadero comic de autor protagonizado por un personaje emblemático del mainstream. Algo que DC cada tanto le deja hacer a algún autor importante, pero no con un ícono de primera línea como es Wonder Woman. Por otro lado, Azzarello no deja de sorprender nunca. Cada giro argumental es menos predecible que el anterior… excepto el del hijito de Zola, que se veía venir desde el primer tomo. Pero pasan muchas cosas grossas, y pasan de modo orgánico, natural, no parecen manotazos de ahogado de un guionista que abrió muchas puntas y ahora las tiene que cerrar de golpe, sin saber bien cómo.
La entrada y salida de este amplísimo elenco de personajes es coherente, es prolija, obedece siempre a momentos cruciales en la trama. Los diálogos están afiladísimos, el villano tiene motivos para arriesgar todo lo que arriesga en la pelea final, la brutalidad de la machaca no nos distrae nunca de la magnitud de lo que está en juego en cada combate, y para el final uno quiere a Diana mucho más que al principio, la admira mucho más, la banca mucho más en cada decisión que toma.
El dibujo se mantiene a lo largo de todo el tomo en un nivel altísimo, gracias a los relevos entre Cliff Chiang y Goran Sudzuka, ambos comprometidísimos, dispuestos a no guardarse nada, y además muy potenciados por la labor del colorista Matt Wilson. Una vez terminada la epopeya final, el tomo ofrece las 12 páginas de esa especie de “año cero” que escribió Azzarello para un número de la revista Secret Origins, una comedia recontra-queer que termina con la llegada de Steve Trevor a Themiscyra. Para estas páginas, Matt Wilson acomoda su paleta para jugarse a colores más planos y más intensos, mientras que Sudzuka recrea con su trazo el estilo de las mejores historietas románticas de fines de los ´60, con vestigios de Mike Sekowski y Alex Toth. Una joyita en clave retro, pero transgresora hasta el final.
Por otro lado, en 2016 salió el Vol.2 de Brunella, que recopila otras 60 planchas de la historieta creada por J.J. Rovella para la revista Comic.ar. La verdad que es poco lo que puedo agregar respecto de la reseña del Vol.1 (23/07/14), así que recomiendo revisitarla.
Lo más importante es que a lo largo de estas 60 planchas, Rovella desarrolla hasta las últimas consecuencias ese núcleo argumental que se planteaba sobre el final del Vol.1. Este segundo tomito es básicamente la resolución de ese planteo, un largo y penoso tránsito hacia un final no feliz ni mucho menos, pero no tan desolador como el del primer tomo.
El resto, ya lo dije en su momento: buenísimo el dibujo, impresionante el manejo del autor de los recursos iconográficos que le permiten narrar todo esto sin palabras, tremendo el impacto que genera la combinación de un formato y una estética de tira humorística con una temática tan acuciante, tan desgarradora como la de una nena sumida en la miseria y la marginalidad.
Y el enigma que sigo sin descifrar, que es a qué público está apuntada esta historieta. De a poco me va cerrando la posibilidad de que Brunella sea un comic pensado principalmente para los talibanes de Rovella, los que lo tenemos allá arriba y le compramos cualquier cosa que lleve su firma. En el último tiempo, el personaje reapareció en “chistes” de una sóla viñeta, a color y con textos, que circulan con éxito en las redes sociales y en cualquier momento van a parar a un libro en una editorial más grande, más mainstream. Quizás entonces nos llegue la revancha a los “rovellistas” que sufrimos con las privaciones, la angustia, la sordidez que el autor nos mostró y nos hizo sentir con estas historietas tan extrañas y tan difíciiles de olvidar.
Vuelvo la semana que viene con nuevas reseñas. Si estás al pedo sábado o domingo, venite a Sismicomix, que la vamos a pasar bárbaro. Voy a estar ahí conduciendo algunas charlas con autores muy grossos, y con una mesa repleta de papa finísima a precios cuidados. La data completa del evento está acá: https://www.facebook.com/events/277068702721483/
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jueves, 30 de marzo de 2017
miércoles, 23 de julio de 2014
23/ 07: BRUNELLA
Ultimo de los cuatro tomitos que salieron el año pasado recopilando material que originalmente había aparecido en la revista Comic.ar.
Esta es una historieta de J.J. Rovella realmente extraña. A lo largo de 60 planchas, el creador de Dante Elefante y Zebita nos muestra la penosa vida de Brunella, una nena de unos 9 o 10 años, que vive en una casucha misérrima, en un barrio de extrema pobreza al lado de un basural donde se acumulan los residuos y las amarguras. El formato es el de una tira humorística y de hecho Rovella despliega un montón de recursos típicos de la tira cómica, algunos de los cuales ya vimos en otros trabajos suyos reseñados acá en el blog. Y acá está la tensión que hace única a esta tira: Brunella tiene momentos de ternura, momentos de comicidad… pero el clima general es triste, dramático, porque todo gira en torno a las carencias que sufre la protagonista en materia de alimentación, de salud, de vivienda, de higiene, y ya ni hablemos de educación, porque se trata de personajes absolutamente excluidos del sistema.
Entonces, ¿cómo hacer para reirse? ¿Siquiera para esbozar una sonrisa? A veces, el ingenio descomunal de Rovella lo logra. Otras veces, es el propio autor el que nos tira un mazazo al corazón, con secuencias realmente desgarradoras. Lo más heavy es el final, o en realidad las últimas 11 planchas que ofrece este librito, porque no creo que Rovella haya planeado terminar así la historia. A diferencia del resto, estas 11 páginas están hilvanadas por un argumento que avanza plancha a plancha y que no te lo voy a contar, pero es de una sordidez y una crueldad devastadoras. Ahí, la historieta deja incluso de ser “apta para todo público” y ya ni me animo a suponer a qué público puede estar apuntada. Acá sí, ya no hay forma de ponerle onda, ya no queda ni una rendija por donde filtrar ni cinco centavos de esperanza.
El dibujo está muy bien, muy efectivo, muy expresivo, aunque recuerdo haber visto algunas de estas páginas a color y se veían realmente mucho mejor que en esta versión, de blancos, negros y grises (muy bien aplicados, eso sí). Lo más notable es cómo una vez más Rovella se da maña para narrarnos todo esto sin textos. Como en Dante Elefante, como en Niko & Miko, el autor resuelve cada una de estas secuencias sin apelar nunca a la palabra. Los globos de diálogo se rellenan con íconos (en una nueva demostración de impecable manejo del lenguaje del comic) y todo lo demás está explicado por el lenguaje gestual y corporal de los personajes.
Es una pena, pero no sé a quién recomendarle este librito. Si sos fan de Rovella por lo bien que dibuja, yo iría directo a Dante Elefante, donde el color levanta y complementa muy bien al dibujo. Si te copa ver cómo este autor resuelve secuencias complejas sin textos, de nuevo Dante Elefante o Niko & Miko tienen cosas más jugadas. Para disfrutar del humor de Rovella… la verdad que no da, porque por cada sonrisa te llevás una patada en la garganta, tipo el rodillazo de Neuer al Pipa Higuaín. Y para dársela a un pibe e incentivarlo en la lectura de historietas tampoco, porque se zarpa de sórdido y de bajonero. Me parece muy interesante que un autor apele a los recursos del comic humorístico para denunciar (por decirlo de algún modo) las injusticias sociales y los padeceres de los que menos tienen. El tema es que no se me ocurre a quién venderle un producto así. Menos mal que Rovella es un grosso con mucha obra a cuestas y seguro seremos unos cuantos los talibanes que le compramos prácticamente todo lo que publica…
Esta es una historieta de J.J. Rovella realmente extraña. A lo largo de 60 planchas, el creador de Dante Elefante y Zebita nos muestra la penosa vida de Brunella, una nena de unos 9 o 10 años, que vive en una casucha misérrima, en un barrio de extrema pobreza al lado de un basural donde se acumulan los residuos y las amarguras. El formato es el de una tira humorística y de hecho Rovella despliega un montón de recursos típicos de la tira cómica, algunos de los cuales ya vimos en otros trabajos suyos reseñados acá en el blog. Y acá está la tensión que hace única a esta tira: Brunella tiene momentos de ternura, momentos de comicidad… pero el clima general es triste, dramático, porque todo gira en torno a las carencias que sufre la protagonista en materia de alimentación, de salud, de vivienda, de higiene, y ya ni hablemos de educación, porque se trata de personajes absolutamente excluidos del sistema.
Entonces, ¿cómo hacer para reirse? ¿Siquiera para esbozar una sonrisa? A veces, el ingenio descomunal de Rovella lo logra. Otras veces, es el propio autor el que nos tira un mazazo al corazón, con secuencias realmente desgarradoras. Lo más heavy es el final, o en realidad las últimas 11 planchas que ofrece este librito, porque no creo que Rovella haya planeado terminar así la historia. A diferencia del resto, estas 11 páginas están hilvanadas por un argumento que avanza plancha a plancha y que no te lo voy a contar, pero es de una sordidez y una crueldad devastadoras. Ahí, la historieta deja incluso de ser “apta para todo público” y ya ni me animo a suponer a qué público puede estar apuntada. Acá sí, ya no hay forma de ponerle onda, ya no queda ni una rendija por donde filtrar ni cinco centavos de esperanza.
El dibujo está muy bien, muy efectivo, muy expresivo, aunque recuerdo haber visto algunas de estas páginas a color y se veían realmente mucho mejor que en esta versión, de blancos, negros y grises (muy bien aplicados, eso sí). Lo más notable es cómo una vez más Rovella se da maña para narrarnos todo esto sin textos. Como en Dante Elefante, como en Niko & Miko, el autor resuelve cada una de estas secuencias sin apelar nunca a la palabra. Los globos de diálogo se rellenan con íconos (en una nueva demostración de impecable manejo del lenguaje del comic) y todo lo demás está explicado por el lenguaje gestual y corporal de los personajes.
Es una pena, pero no sé a quién recomendarle este librito. Si sos fan de Rovella por lo bien que dibuja, yo iría directo a Dante Elefante, donde el color levanta y complementa muy bien al dibujo. Si te copa ver cómo este autor resuelve secuencias complejas sin textos, de nuevo Dante Elefante o Niko & Miko tienen cosas más jugadas. Para disfrutar del humor de Rovella… la verdad que no da, porque por cada sonrisa te llevás una patada en la garganta, tipo el rodillazo de Neuer al Pipa Higuaín. Y para dársela a un pibe e incentivarlo en la lectura de historietas tampoco, porque se zarpa de sórdido y de bajonero. Me parece muy interesante que un autor apele a los recursos del comic humorístico para denunciar (por decirlo de algún modo) las injusticias sociales y los padeceres de los que menos tienen. El tema es que no se me ocurre a quién venderle un producto así. Menos mal que Rovella es un grosso con mucha obra a cuestas y seguro seremos unos cuantos los talibanes que le compramos prácticamente todo lo que publica…
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