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miércoles, 16 de julio de 2025
SMURFS
Bueno, ahora sí. Fui a ver la nueva peli de los Pitufos, una mega-producción animada, hecha con guita de empresas de varios países, y por supuesto basada en las historietas creadas por el glorioso belga Pierre Culliford, más conocido como Peyo. Nunca había visto un largometraje de los Pitufos, y tengo entendido que los que hay son bastante chotos. Por eso fui al cine con bastante miedo. Sin embargo, me tranquilizó ver que en el afiche no aparecían actores de carne y hueso, solo personajes animados, y que el director de este film es Chris Miller, el mismo de Shrek III y Puss in Boots.
Después empecé a reconocer las voces de los actores que participan: Rihanna, John Goodman, Kurt Russell, Xolo Maridueña, Sandra Oh... y por supuesto pensé "Qué zarpado, y qué delirio que en la mayoría de las funciones esto se proyecte en la versión doblada, donde en vez de estas bestias están las voces de... Juan Carlos Nadie". Te imaginarás que si el rol principal es para Rihanna, la película tendrá canciones. Y sí, tiene canciones, pero poquitas. No es exactamente un musical.
La película me atrapó y por momentos me fascinó por su faceta visual. El diseño de los personajes está perfecto (como en la serie de Astérix: El Combate de los Jefes, combina los yeites de la animación moderna con el trazo clásico de las historietas de Peyo), los escenarios son magníficos, la acción es tremenda, hay un exceso de imaginación, estallidos de creatividad sin límites a la hora de plasmar (con técnicas tan variadas como asombrosas) esta aventura de magia, fantasía y (por momentos) delirio. Es un eye-candy perfecto. Te sentás, mirás esa pantalla, y la peli te transporta, te hace vivir mundos y sensaciones que no están en los comics de los Schtroumpfs, pero a quién carajo le importa si está todo tan bien dibujado, con esos colores y esos chiches visuales tan lindos. Son 93 minutos de un vuelo casi lisérgico, falopa de la buena, que hará que, incluso si los personajes y el argumento te parecen una pelotudez atómica, la pases bien.
El argumento (escrito por Pam Brady) es muy raro. Simplista al mango para los adultos, y MUY fumado para los chicos. Por ahí para la generación post-Adventure Time y post-Steven Universe, los conceptos que tira esta peli no son taaan extremos. Pero no tengo dudas de que hace 10 años nadie te aprobaba un guion de peli para chicos con múltiples dimensiones paralelas, portales místicos, varias razas de bichos fantásticos, largos flashbacks y un lore complejo y ambicioso como el que vemos acá. Tal vez lo más loco sea lo de la ampliación del lore de los Pitufos. Brady se habrá dado cuenta de que la única forma de que esto no fuera un capítulo más de una serie, sino un hito en la historia de los personajes, era subiendo mucho el nivel de ambición, el alcance de la aventura en cuestión. Y así introduce un montón de elementos fantásticos que no vienen de la obra de Peyo, que le dan a la película un contexto mucho más épico, más grandilocuente, al punto (a mi juicio, ido a la mierda) de que para el final tenemos a un pitufo con las habilidades mágicas del mejor Doctor Strange, enchulado con el power cosmic del Silver Surfer. Una fumariola tan extrema que, si mañana se hace una secuela y no la escribe Pam Brady, va a quedar rápidamente en el olvido.
Los personajes son carismáticos, y acá muestran un costado más bravío, menos tierno, porque los riesgos que corren así lo exigen. Hay varios chistes muy graciosos, pero (a diferencia de las pelis de Shrek, por ejemplo) no están esos guiños para los adultos que los pibitos difícilmente pesquen. También hay un subtexto interesante que tiene que ver con la búsqueda de la identidad, de eso que nos hace diferentes a los demás y nos permite destacarnos, aunque sea por los motivos incorrectos (como ser vanidoso, gruñón, torpe o dormir todo el día). Y un mensaje muy positivo para los chiquitos, que es "por más distintos que seamos, juntos podemos lograrlo". Atenti, dije "mensaje" y no "moraleja". Esta no es una historia con moraleja, que te baja línea y te enseña a vivir. Es un mega-bolonki aventurero, con un ritmo frenético, alguna que otra pausa más lírica, y un desfile incesante de peripecias en las que uno que es grande, sabe que los Pitufos no se van a morir, pero los chiquitos van a sentir en carne propia la tensión.
Como fan de los comics de Peyo, me fui perplejo por todo lo que esta película le agrega a la mitología de la serie que desde 1958 triunfa en el mercado franco-belga. Entre los productores figura la hija de Peyo, de lo cual deduzco que todo esto tiene la aprobación de los herederos del ídolo. Y obviamente me pregunto si en próximas entregas de la historieta van a incorporar algunos de los conceptos y personajes que introduce la peli, o si van a quedar en la anécdota cuasi-bizarra, una iteración totalmente fuera de la continuidad canónica, como pasa con las versiones fílmicas de los comics de superhéroes.
La función arranca con un cortito de SpongeBob Squarepants (conocido en Latinoamérica como Bob Esponja), de unos tres minutos, que no tiene diálogos y es un meo de la risa. Si vas al cine, llegá temprano, así no te lo perdés.
domingo, 5 de octubre de 2014
05/ 10: THE SMURFS ANTHOLOGY Vol.2
Por tercera vez en el año me siento a leer historietas de los Pitufos y esta vez es una dosis extra-large, porque este segundo tomo de Papercutz ofrece dos álbumes con historias cortas de los enanitos azules y una novela gráfica de Johan & Pirluit, la serie en la que Peyo nos mostró por primera vez a sus mega-taquilleras creaciones.
El primer álbum de Los Pitufos recopilado en la antología arranca con una historia clave: el origen y primera aparición de la Pitufina (Smurfette en inglés, Schtroumpfette en francés), quizás el personaje que más desentona en el contexto de esta serie. Y al leer detenidamente el guión nos encontramos con otro de esos casos de desfasaje de valores, de anacronismo ideológico, si se quiere. A mediados de los ´60, a Peyo e Yvan Delporte se les ocurrió que la forma perfecta para destruir la perfecta armonía de los Pitufos era meterle una minita a esta sociedad sin distinciones de género. Y lo hacen de modo muy heavy. El conjuro de Gargamel para darle vida a su “arma secreta” incluye un cerebro minúsculo, odio, codicia, mala leche, astucia, orgullo, busconería, descuidos, envidia, volatilidad, obstinación, mentiras, lengua de serpiente… entre otros ingredientes que pintan al género femenino como una verdadera maldición, capaz de traer las peores desgracias a este “mundo ideal” en el que sólo hay varones. Me parece que hoy ningún editor, ni de revistas para chicos ni de ningún otro tipo, aceptaría publicar una cosa así.
De todos modos la aventura funciona, cambia un toquecito el rumbo cuando van 20 de las 40 páginas, y está muy bien condimentada con chistes y peripecias, además de mostrarnos algunos sucesos realmente traumáticos para la aldea de los Pitufos. Ese primer tomo termina con otra aventura un toque espesa, las 20 páginas de The Hungry Smurfs, en la que una tragedia deja a los Pitufos sin provisiones para el invierno y, cagados de hambre, deben abandonar la aldea. El final es medio deus ex machina, pero hasta ese punto la historia se sostiene sobre un andamiaje dramático muy sólido y muy original.
El siguiente tomo nos ofrece tres historias de 20 páginas, bastante más livianitas. La primera es el típico plot de un elemento mágico fuera de control, que genera transformaciones bizarras muy graciosas y caóticas. El remate es sumamente efectivo y Peyo llega hasta ahí luego de una secuencia de tres páginas que son lo mejor de la historia. Después tenemos un nuevo plan de Gargamel para infiltrarse en la aldea, esta vez convertido en un pitufo trucho. El resultado es una comedia de enredos tranqui, con muchos momentos cómicos, en la que nunca se llega a sentir la sensación de peligro. Y la tercera está bastante estirada, podrían haber sido 10 páginas en vez de 20. El conflicto casi no existe y lo único notable es cómo, a partir de algo que le sucede al Pitufo Vanidoso, se suma un nuevo pitufo a una sociedad que no tiene previsto el crecimiento poblacional.
Y lo mejor del tomo, o lo que a mí más me gustó, es La Guerre des 7 Fontaines, una aventura de Johan & Pirluit de fines de los ´50, recoopilada en álbum en 1961, donde los pitufos aparecen por segunda vez, en apenas tres páginas de las 60 que tiene la obra. Esto está pensado por Peyo como una verdadera novela gráfica, por la extensión, por la complejidad del argumento y por la cantidad de viñetas por página. Acá también hay un volantazo muy marcado en la página 27, donde se resuelve el conflicto que disparó la trama y, de pronto, se plantea otro, mucho más interesante, que levantará muchísimo la tensión para un segundo tramo realmente memorable. Del slapstick más básico a la epopeya más espectacular, con intriga política, elementos sobrenaturales y un ritmo increíble, La Guerre des 7 Fontaines se la hiper-banca leída 55 años tarde.
No hay mucho para agregar acerca del dibujo, excepto que gracias a los excelentes textos que complementan esta edición me entero que las aventuras de los Pitufos editadas en álbum durante buena parte de los ´60 no son exactamente las que dibujaba Peyo en las páginas del semanario Spirou, sino que están en buena medida redibujadas por un equipo de asistentes, mientras el maestro avanzaba en la realización de otras historietas. Chapeau para estos soldados desconocidos, porque el arte en esas historias es magistral. Y lo de Peyo en las 60 páginas de Johan & Pirluit, glorioso. No tengo más material de los Pitufos pendiente de lectura, así que hasta acá llegamos con este clásico insumergible, que tanta alegría le dio a chicos, grandes y pitufos de varias generaciones.
El primer álbum de Los Pitufos recopilado en la antología arranca con una historia clave: el origen y primera aparición de la Pitufina (Smurfette en inglés, Schtroumpfette en francés), quizás el personaje que más desentona en el contexto de esta serie. Y al leer detenidamente el guión nos encontramos con otro de esos casos de desfasaje de valores, de anacronismo ideológico, si se quiere. A mediados de los ´60, a Peyo e Yvan Delporte se les ocurrió que la forma perfecta para destruir la perfecta armonía de los Pitufos era meterle una minita a esta sociedad sin distinciones de género. Y lo hacen de modo muy heavy. El conjuro de Gargamel para darle vida a su “arma secreta” incluye un cerebro minúsculo, odio, codicia, mala leche, astucia, orgullo, busconería, descuidos, envidia, volatilidad, obstinación, mentiras, lengua de serpiente… entre otros ingredientes que pintan al género femenino como una verdadera maldición, capaz de traer las peores desgracias a este “mundo ideal” en el que sólo hay varones. Me parece que hoy ningún editor, ni de revistas para chicos ni de ningún otro tipo, aceptaría publicar una cosa así.
De todos modos la aventura funciona, cambia un toquecito el rumbo cuando van 20 de las 40 páginas, y está muy bien condimentada con chistes y peripecias, además de mostrarnos algunos sucesos realmente traumáticos para la aldea de los Pitufos. Ese primer tomo termina con otra aventura un toque espesa, las 20 páginas de The Hungry Smurfs, en la que una tragedia deja a los Pitufos sin provisiones para el invierno y, cagados de hambre, deben abandonar la aldea. El final es medio deus ex machina, pero hasta ese punto la historia se sostiene sobre un andamiaje dramático muy sólido y muy original.
El siguiente tomo nos ofrece tres historias de 20 páginas, bastante más livianitas. La primera es el típico plot de un elemento mágico fuera de control, que genera transformaciones bizarras muy graciosas y caóticas. El remate es sumamente efectivo y Peyo llega hasta ahí luego de una secuencia de tres páginas que son lo mejor de la historia. Después tenemos un nuevo plan de Gargamel para infiltrarse en la aldea, esta vez convertido en un pitufo trucho. El resultado es una comedia de enredos tranqui, con muchos momentos cómicos, en la que nunca se llega a sentir la sensación de peligro. Y la tercera está bastante estirada, podrían haber sido 10 páginas en vez de 20. El conflicto casi no existe y lo único notable es cómo, a partir de algo que le sucede al Pitufo Vanidoso, se suma un nuevo pitufo a una sociedad que no tiene previsto el crecimiento poblacional.
Y lo mejor del tomo, o lo que a mí más me gustó, es La Guerre des 7 Fontaines, una aventura de Johan & Pirluit de fines de los ´50, recoopilada en álbum en 1961, donde los pitufos aparecen por segunda vez, en apenas tres páginas de las 60 que tiene la obra. Esto está pensado por Peyo como una verdadera novela gráfica, por la extensión, por la complejidad del argumento y por la cantidad de viñetas por página. Acá también hay un volantazo muy marcado en la página 27, donde se resuelve el conflicto que disparó la trama y, de pronto, se plantea otro, mucho más interesante, que levantará muchísimo la tensión para un segundo tramo realmente memorable. Del slapstick más básico a la epopeya más espectacular, con intriga política, elementos sobrenaturales y un ritmo increíble, La Guerre des 7 Fontaines se la hiper-banca leída 55 años tarde.
No hay mucho para agregar acerca del dibujo, excepto que gracias a los excelentes textos que complementan esta edición me entero que las aventuras de los Pitufos editadas en álbum durante buena parte de los ´60 no son exactamente las que dibujaba Peyo en las páginas del semanario Spirou, sino que están en buena medida redibujadas por un equipo de asistentes, mientras el maestro avanzaba en la realización de otras historietas. Chapeau para estos soldados desconocidos, porque el arte en esas historias es magistral. Y lo de Peyo en las 60 páginas de Johan & Pirluit, glorioso. No tengo más material de los Pitufos pendiente de lectura, así que hasta acá llegamos con este clásico insumergible, que tanta alegría le dio a chicos, grandes y pitufos de varias generaciones.
domingo, 3 de agosto de 2014
03/08: LES SCHTROUMPFS Vol.10
Este año me tocó leer un tomo de Los Pitufos en inglés, pero también tenía acovachado un álbum en francés, una edición original de 1976 relativamente bien conservada que rescaté de una cueva en Lima. Ya tenía un tomito francés del clásico de Peyo, que encontré una vez de pedo en una librería del centro, acá en Buenos Aires. Pero este Vol.10 es especial porque tiene una de las historias de los Pitufos más querida por los fans y más alabada por los críticos: La Soupe aux Schtroumpfs (La Sopa de Pitufos), co-escrita por Peyo y su habitual colaborador Yvan Delporte.
Son 30 páginas, nada más, pero la verdad es que acá está todo lo que convirtió a los Pitufos en un ícono importantísimo del comic franco-belga. La Soupe aux Schtroumpfs nos ofrece una aventura hecha y derecha, con verdaderos peligros y emociones, un desfile fascinante de elementos fantásticos, un plan maligno de Gargamel, una exhibición contundente de la chapa, el ingenio y la sangre fría del Grand Schtroumpf (Papá Pitufo), una alta dosis de humor, y la única aparición de un personaje fabuloso, al que explotarían mucho más en los (bastante pedorros) dibujos animados de los ´80: el gigante Grossbouf. Toda esta amalgama cuaja a la perfección en una trama muy bien armada por Peyo y Delporte, que por momentos logra ponerte nervioso, y que además tiene la cuota justa de delirio y comicidad como para que siempre sientas que es un juego, y que Grand Schtroumpf tiene siempre el ancho de espadas.
Para completar el álbum, tenemos nueve planchas autoconclusivas, chistes largos que avanzan hacia un remate en la última viñeta al estilo de Boule et Bill, y una historieta de cuatro páginas. Esta funciona como secuela a la historia principal del Vol.3 (creo que está en el tomo de Papercutz que tengo sin leer), la seminal primera aparición de la Schtroumpfette (Pitufina). Acá, la única pitufa de sexo femenino amaga con volver a la aldea, nada menos que a buscar a un pitufo con el cual casarse. Obviamente Peyo aprovecha para reirse de las boludeces que hacemos los hombres cuando una misma mina nos calienta la pava a varios. Por supuesto, al final la Pitufina no elegirá a ninguno de sus pretendientes y volverá a abandonar la aldea, para eventualmente regresar. Lo más loco es que ese es el final feliz: se fue la minita, vuelven a reinar la paz y la armonía en la aldea. Y digo “muy loco”, porque queda muy claro que los Pitufos son todos varones heterosexuales. TODOS le quieren bajar la caña a la Pitufina. Y todos coinciden en que, con la Pitufina lejos de la aldea, son todos más felices, incluso con cero chances de ponerla. O sea que los muchachos prefieren matarse a pajas antes que pelearse entre ellos por una mina. Está bien, son códigos respetables, me parece.
Del dibujo de Peyo ya hablé bastante en la reseña del 18/03/14 y no me quiero repetir. La verdad es que es excelente por donde se lo mire, y tanto el color como el rotulado lo acompañan con gran jerarquía. Estamos ante un material de hace casi 40 años que no sólo no pierde vigencia, sino que se mantiene entre los títulos más importantes de la historieta infanto-juvenil a nivel mundial, incluso hoy, que se ha avanzado muchísimo en ese rubro. Como ya mencioné, tengo in leer el Vol.2 de la Smurfs Anthology de Papercutz, al que prometo pitufar en los próximos meses.
Son 30 páginas, nada más, pero la verdad es que acá está todo lo que convirtió a los Pitufos en un ícono importantísimo del comic franco-belga. La Soupe aux Schtroumpfs nos ofrece una aventura hecha y derecha, con verdaderos peligros y emociones, un desfile fascinante de elementos fantásticos, un plan maligno de Gargamel, una exhibición contundente de la chapa, el ingenio y la sangre fría del Grand Schtroumpf (Papá Pitufo), una alta dosis de humor, y la única aparición de un personaje fabuloso, al que explotarían mucho más en los (bastante pedorros) dibujos animados de los ´80: el gigante Grossbouf. Toda esta amalgama cuaja a la perfección en una trama muy bien armada por Peyo y Delporte, que por momentos logra ponerte nervioso, y que además tiene la cuota justa de delirio y comicidad como para que siempre sientas que es un juego, y que Grand Schtroumpf tiene siempre el ancho de espadas.
Para completar el álbum, tenemos nueve planchas autoconclusivas, chistes largos que avanzan hacia un remate en la última viñeta al estilo de Boule et Bill, y una historieta de cuatro páginas. Esta funciona como secuela a la historia principal del Vol.3 (creo que está en el tomo de Papercutz que tengo sin leer), la seminal primera aparición de la Schtroumpfette (Pitufina). Acá, la única pitufa de sexo femenino amaga con volver a la aldea, nada menos que a buscar a un pitufo con el cual casarse. Obviamente Peyo aprovecha para reirse de las boludeces que hacemos los hombres cuando una misma mina nos calienta la pava a varios. Por supuesto, al final la Pitufina no elegirá a ninguno de sus pretendientes y volverá a abandonar la aldea, para eventualmente regresar. Lo más loco es que ese es el final feliz: se fue la minita, vuelven a reinar la paz y la armonía en la aldea. Y digo “muy loco”, porque queda muy claro que los Pitufos son todos varones heterosexuales. TODOS le quieren bajar la caña a la Pitufina. Y todos coinciden en que, con la Pitufina lejos de la aldea, son todos más felices, incluso con cero chances de ponerla. O sea que los muchachos prefieren matarse a pajas antes que pelearse entre ellos por una mina. Está bien, son códigos respetables, me parece.
Del dibujo de Peyo ya hablé bastante en la reseña del 18/03/14 y no me quiero repetir. La verdad es que es excelente por donde se lo mire, y tanto el color como el rotulado lo acompañan con gran jerarquía. Estamos ante un material de hace casi 40 años que no sólo no pierde vigencia, sino que se mantiene entre los títulos más importantes de la historieta infanto-juvenil a nivel mundial, incluso hoy, que se ha avanzado muchísimo en ese rubro. Como ya mencioné, tengo in leer el Vol.2 de la Smurfs Anthology de Papercutz, al que prometo pitufar en los próximos meses.
martes, 18 de marzo de 2014
18/ 03: THE SMURFS ANTHOLOGY Vol.1
No me canso de decirlo: en EEUU se edita poco comic europeo, pero se edita muy bien. Esto que tengo acá es un lujo: Más de 190 páginas, tapas duras, artículos escritos por gente que sabe, y una consigna irresisitible: una recopilación de los álbumes de Los Pitufos (Schtroumpfs en francés, Smurfs en inglés) en orden cronológico. Este primer tomo incluye los dos álbumes iniciales de la serie lanzada por Peyo en 1959 en las páginas del semanario Spirou, y el Vol.9 de Las Aventuras de Johan & Pirlouit, de 1958, donde aparecen por primera vez los enanitos azules.
La sola mención de la revista Spirou nos permite ubicar claramente a Peyo entre los dibujantes alineados a la escuela de Marcinelle, es decir, a la línea clara cercana a la estética creada por el maestro André Franquin. Lo más notable es cómo mejora el dibujo de Peyo entre el Vol.9 de Johan & Pirlouit y el Vol.1 de Los Pitufos, a pesar de que sólo pasan dos años entre uno y otro trabajo. La línea del belga gana soltura, plasticidad y riesgo, porque se anima a hacer a los pitufos más cabezones, para que sus expresiones faciales se luzcan más. Y lo otro muy notable es lo bien que se acopla con los colores de Nine Culliford, la esposa del maestro. Realmente no parecen comics coloreados hace más de 50 años.
El libro abre con “The Purple Smurfs”, la primera historia del Vol.1. Sí, te acordás bien: en Francia esta historia se llamó “Les Schtroumpfs Noirs” y los pitufos que “se hacían malos” eran negros, no violetas. Pero bueno, en EEUU no da para que el que se vuelve jodido, bruto y violento se vuelva negro, y la editorial yanki convocó a Diego Jourdan (el uruguayo que vive en Chile) para que redibujara a los pitufos negros y los hiciera violetas, sin moverse un milímetro del estilo de Peyo. La historia (en la que Peyo contó con la colaboración de Yvan Delporte) es, ni más ni menos, una de epidemia zombie. La resolución es medio pavota, pero el desarrollo logra poner tan nervioso a un nene de ocho o nueve años como The Walking Dead a uno de 18.
Después viene una historia corta, “The Flying Smurf”, en la que Peyo refrita uno y mil gags de los cortos animados del Coyote y el Correcaminos, Tweety y Silvestre y demás dibujos clásicos en los que un personaje intenta volar y no lo logra. Es gracioso, pero no original. La siguiente historia, de 20 páginas, es importante porque nos muestra la primera lucha entre los pitufos y Gargamel. Acá hay muchos gags, pero muy integrados a la aventura, que nos muestra el costado corajudo de los enanitos.
El Vol.2 tiene dos historietas: una de 40 páginas y una de 20. La más larga es la que en Francia se llamó “Le Schtroumpfissime” y los yankis rebautizaron (con escasa onda) como “The Smurf King”. Acá, Peyo y Delporte vuelven a sorprender desde el argumento, que es una perfecta sátira política sobre el totalitarismo de las monarquías y de los dictadores onda Hitler. Por supuesto acá no hay muertes ni torturas, pero es un comic bastante violento, espeso, con consecuencias jodidas para la aldea de los protagonistas. Y la segunda historia arranca para el lado de la joda y rápidamente deriva hacia una nueva aventura contra Gargamel, con chistes, magia y pantomimas exageradas.
Y cerramos con las 60 páginas de “La Flute a Six Schtroumpfs”, la extensa aventura de Johan y Pirlouit en cuya segunda mitad aparecen por primera vez los pitufos. Este es un típico álbum de comic infanto-juvenil franco-belga, de la era dorada de la revista Spirou. Es una aventura intensa, con mucho diálogo, mucha rosca, toques de comedia y un argumento que –al involucrar a un objeto mágico- se torna cada vez más impredecible, aunque uno sabe que al final van a ganar los buenos. Acá Peyo plantea páginas con menos cuadros que en las historias de Los Pitufos (que a veces llegan a las 15 viñetas) y compensa metiendo más textos. El final tiene una vueltita muy linda y no, en ningún momento te permite suponer que los enanitos azules van a volver, ni mucho menos que se van a convertir en un fenómeno mundial, capaz de eclipsar ampliamente a Johan, Pirlouit y todas las otras creaciones de Peyo.
Prometo pitufar más álbumes de esta serie en los próximos pitufos, acá en el blog.
La sola mención de la revista Spirou nos permite ubicar claramente a Peyo entre los dibujantes alineados a la escuela de Marcinelle, es decir, a la línea clara cercana a la estética creada por el maestro André Franquin. Lo más notable es cómo mejora el dibujo de Peyo entre el Vol.9 de Johan & Pirlouit y el Vol.1 de Los Pitufos, a pesar de que sólo pasan dos años entre uno y otro trabajo. La línea del belga gana soltura, plasticidad y riesgo, porque se anima a hacer a los pitufos más cabezones, para que sus expresiones faciales se luzcan más. Y lo otro muy notable es lo bien que se acopla con los colores de Nine Culliford, la esposa del maestro. Realmente no parecen comics coloreados hace más de 50 años.
El libro abre con “The Purple Smurfs”, la primera historia del Vol.1. Sí, te acordás bien: en Francia esta historia se llamó “Les Schtroumpfs Noirs” y los pitufos que “se hacían malos” eran negros, no violetas. Pero bueno, en EEUU no da para que el que se vuelve jodido, bruto y violento se vuelva negro, y la editorial yanki convocó a Diego Jourdan (el uruguayo que vive en Chile) para que redibujara a los pitufos negros y los hiciera violetas, sin moverse un milímetro del estilo de Peyo. La historia (en la que Peyo contó con la colaboración de Yvan Delporte) es, ni más ni menos, una de epidemia zombie. La resolución es medio pavota, pero el desarrollo logra poner tan nervioso a un nene de ocho o nueve años como The Walking Dead a uno de 18.
Después viene una historia corta, “The Flying Smurf”, en la que Peyo refrita uno y mil gags de los cortos animados del Coyote y el Correcaminos, Tweety y Silvestre y demás dibujos clásicos en los que un personaje intenta volar y no lo logra. Es gracioso, pero no original. La siguiente historia, de 20 páginas, es importante porque nos muestra la primera lucha entre los pitufos y Gargamel. Acá hay muchos gags, pero muy integrados a la aventura, que nos muestra el costado corajudo de los enanitos.
El Vol.2 tiene dos historietas: una de 40 páginas y una de 20. La más larga es la que en Francia se llamó “Le Schtroumpfissime” y los yankis rebautizaron (con escasa onda) como “The Smurf King”. Acá, Peyo y Delporte vuelven a sorprender desde el argumento, que es una perfecta sátira política sobre el totalitarismo de las monarquías y de los dictadores onda Hitler. Por supuesto acá no hay muertes ni torturas, pero es un comic bastante violento, espeso, con consecuencias jodidas para la aldea de los protagonistas. Y la segunda historia arranca para el lado de la joda y rápidamente deriva hacia una nueva aventura contra Gargamel, con chistes, magia y pantomimas exageradas.
Y cerramos con las 60 páginas de “La Flute a Six Schtroumpfs”, la extensa aventura de Johan y Pirlouit en cuya segunda mitad aparecen por primera vez los pitufos. Este es un típico álbum de comic infanto-juvenil franco-belga, de la era dorada de la revista Spirou. Es una aventura intensa, con mucho diálogo, mucha rosca, toques de comedia y un argumento que –al involucrar a un objeto mágico- se torna cada vez más impredecible, aunque uno sabe que al final van a ganar los buenos. Acá Peyo plantea páginas con menos cuadros que en las historias de Los Pitufos (que a veces llegan a las 15 viñetas) y compensa metiendo más textos. El final tiene una vueltita muy linda y no, en ningún momento te permite suponer que los enanitos azules van a volver, ni mucho menos que se van a convertir en un fenómeno mundial, capaz de eclipsar ampliamente a Johan, Pirlouit y todas las otras creaciones de Peyo.
Prometo pitufar más álbumes de esta serie en los próximos pitufos, acá en el blog.
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