el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 29 de abril de 2013

29/ 04: IRON MAN 3

Hice la clásica: fui al cine con cero expectativas, sin esperar nada, sin la menor idea de nada, sin haber visto un puto trailer ni haber leído ninguna crítica. Y salí satisfecho, creo que vi una buena película. Esta vez no fui al preestreno (pagué la entrada como cualquier otro mortal), sino que vi lo mismo que ya vieron casi 600.000 personas sólo en Argentina, con lo cual me mando a spoilear a lo guanaco sin el menor resquemor.
No sé si es una película de superhéroes y por ahí eso es lo más discutible. Me parece que Shane Black se mandó una especie Arma Mortal 5, o Duro de Matar... algo (no sé por qué número va), y le metió donde pudo a Iron Man. Claramente es una peli de acción, con suspenso, persecuciones, tiros, espionaje, satélites, programas y códigos encriptados, traidores encubiertos, armas experimentales, mascaradas orquestadas desde niveles muy altos del poder global, explosiones, investigaciones, proezas imposibles... y en medio de ese kilombo, como no está Bruce Willis, está Robert Downey Jr. Da la sensación de que el director se enamoró perdidamente del actor, porque incluso en las batallas más tremendas, Tony Stark viste la(s) armadura(s) sólo en las fracciones de segundo en las que eso le resulta absolutamente indispensable. En la inmensa mayoría de las escenas, el que hace TODO es Tony Stark. Tony es héroe de películas de acción que salta mientras dispara sus chumbos, es detective, es galán, es payaso, es tierno, es turro, es obsesivo, es genial, es empresario, es mecánico, es fiestero, es mentalmente inestable, y hasta es el tipo que amenaza a cara descubierta y por televisión al terrorista más peligroso del mundo. Esa es la otra crítica: demasiado Tony Stark, sobredosis de Tony Stark.
El resto, es una locomotora. El guión es excelente, no deja cabos sueltos, se resuelve de modo muy impactante, te hace comer unos cuantos amagues jodidos, y que llega a un punto altísimo de tensión a partir de que Tony y Rhodey se mandan al mega-buque petrolero armados con dos míseros chumbos. En ese momento, sospechás que Tony va a pelar un as de abajo de la manga, pero nunca te imaginás cuál es. Por supuesto no faltan los chistes (que tanta onda le ponen a un personaje que en los comics es un completo imbécil), hay un buen desarrollo de los personajes secundarios y hasta muchos diálogos que se hacen cargo de lo sucedido en la peli de los Avengers. Y si creías que la presencia de Iron Patriot tiraba un guiño para el lado de Civil War, Dark Reign, o alguna de esas sagas, olvidate, nada que ver.
Tenele paciencia al primer tramo. Si bien tiene acción y pasan cosas grossas, si bien hay un conflicto claro, a la primera mitad le falta algo que sí tendremos en la segunda: un villano real, peligroso de verdad, que tenga grandes chances de cumplir con su objetivo y una buena motivación para cometer las atrocidades que comete. Obviamente, como todo villano, se equivoca al no matar de modo categórico y de inmediato a los buenos cuando los captura; pero es así, eso es algo que está en el reglamento de este tipo de ficciones y con lo que no se negocia.
No hace falta (me imagino) volver a hacer hincapié en la inverosímil calidad de los efectos visuales. Acá no están ni Hulk, ni Thor, ni los ejércitos invasores de Ch´tauri, y aún así hay un despliegue de efectos de la hiper-concha de Dios, con muchas imágenes que nunca pensaste que ibas a ver en una peli con actores. La música está impecable, los decorados también, los créditos del final son alucinantes (no así la escenita post-créditos, que aporta muy poco), los actores no desentonan para nada (hermosa Rebecca Hall, a la que nunca había visto) y sospecho que los diseños de las armaduras deben estar tomados de los comics de Iron Man, pero no estoy seguro porque felizmente leí muy pocos comics de Iron Man. Como dije varias veces, esta es una de las pocas versiones cinematográficas en las que uno aplaude de pie cada vez que los guionistas y directores de Hollywood se limpian el orto con la obra de Stan Lee y sus sucesores: todo lo que modifiquen, alteren o barran abajo de la alfombra va a ser para mejor, porque -salvo alguna excepción- el material original es de mediocre para abajo.
Y se terminó la trilogía que más contribuyó a armar el Universo Marvel en el cine, y que logró que un personaje de la B Nacional ascendiera a Primera y ganara varios torneos cortos. Esta es la verdadera magia del cine: dos directores y un actor lograron que (por un rato) me hiciera fan de Iron Man. Por favor, no se les ocurra seguir la saga sin Robert Downey Jr.. Posta, sin él abajo de la armadura, esta se cae a pedazos. Si RDJ dice “basta”, mátenlo con dignidad en la segunda peli de los Avengers y que lo reemplace War Machine en una hipotética Avengers 3. ´Nuff said!

domingo, 6 de febrero de 2011

06/ 02: ULTIMATE IRON MAN


El primer Iron Man que me enganchó, que me resultó mínimamente copado, fue el de la peli de 2008. Del Iron Man de los comics, podría rescatar -con buena leche- tres o cuatro sagas desde su primera aparición hasta hoy. Odio al Iron Man de los comics. Me parece un personaje chotísimo, sin onda, sin ningún atractivo. No entiendo cómo hizo para perdurar tantos años, hasta que las pelis con Robert Downey Jr. lo hicieron popular y masivo, como para seguir vendiendo muy bien aún con más títulos de los que banca el personaje, y aún sin buenas historias para contar.
La mejor historia que leí es una gema oculta. Rara, porque –como la peli- plantea una nueva versión de Iron Man que, acertada y felizmente, traiciona a casi todos los conceptos creados por Stan Lee en los ´60, que para mi gusto no funcionan. En Ultimate Iron Man, el escritor de ciencia-ficción Orson Scott Card recibe luz verde para cagarse en todo y el resultado es muy, pero muy satisfactorio. Tony Stark no es Anthony sino Antonio (wow, qué jugado!) y además es una especie de freak de la ciencia, que arrastra desde su nacimiento una genética única y alucinante, o para decirlo en términos más geeks: es un metahumano, con las funciones cerebrales repartidas por todo el cuerpo, la incapacidad de sentir dolor y el poder de regenerarse en caso de sufrir heridas y hasta amputaciones de sus miembros.
Como en Ultimate Fantastic Four, Card hace una de más: para que este sea un comic fresco, cool, reader-friendly, atractivo para el borregaje, Iron Man es Iron Boy. En los 10 episodios que llega a escribir Card, Tony no llega a cumplir ni 18 años. Pero, por extraño que parezca, esto no jode para nada. No sólo porque Card escribe adolescentes creíbles y gancheros, sino porque buena parte de estos 10 episodios están centrados en la infancia de Tony, en la que pasan miles de cosas fundamentales para la saga. De hecho, la primera vez que aparece la armadura es en la segunda mitad del quinto episodio, donde termina en primer arco. Hasta ese momento, no sólo no hay héroes que vuelan y lanzan rayos: prácticamente no hay machaca. La historia avanza con muy buen ritmo, pero movida por tramas que van por el lado del espionaje, la ciencia-ficción y el thriller financiero, con poco margen para los combates violentos y la estridencia pochoclera tan típica del género superheroico.
El segundo arco (con Tony y Rhodey ya vestidos cada uno en su armadura) tiene un poco más de acción, pero de nuevo, la trama avanza por otros carriles más sutiles, donde el diálogo, los aprietes, las runflas y la investigación tienen más peso que las peleas y las explosiones. Card maneja muy bien el suspenso, la sensación de peligro, y la rompe cada vez que en esas situaciones tensas mete chistes, abruptas bajadas a la realidad de algún personaje con el cinismo (o la mente fría) suficiente para señalar lo bizarro o lo cuasi-inverosímil de la situación. Muy grosso.
La primera saga está casi toda dibujada por un Andy Kubert muy comprometido, con muchas pilas. Se debe haber querido matar cuando leyó el guión, porque su estilo brilla más cuando hay tole-tole que cuando todo se centra en cabecitas que hablan, pero igual no mezquinó nada. Bueno, sí… las últimas 13 páginas, que las termina Mark Bagley tratando de copiar el estilo de Andy. El segundo arco cuenta con los dibujos de un inspiradísimo Pasqual Ferry, complementado con una gran labor de Dean White y otros coloristas. Ferry se banca con elegancia muchas páginas con muchos cuadros y muchos diálogos entre muchos personajes normales, sin nada estridente ni impactante para dibujar. Y tampoco se arremanga hasta el final: las últimas 14 páginas (en las que hay bastante acción) las termina Leo Manco, sin intentar en lo más mínimo clonar el estilo del maestro español.
Ultimate Iron Man es infinitamente más interesante, emocionante y creíble que cualquier comic del Iron Man “posta” que hayas leído. Y además tiene a tres dibujantes de enorme nivel (Kubert, Ferry y Manco) y a un guionista que venía de otro palo pero que mostró una gran solvencia y un gigantesco ingenio para captar y sorprender al lector. Ojalá se vengan más comics (de Iron Man o de lo que sea) escritos por Orson Scott Card.