el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 17 de mayo de 2023

MARAVILLOSO MIÉRCOLES

El otoño nos sigue regalando días increíbles a los porteños y las porteñas, y uno los aprovecha para... leer comics, obviamente. Vamos con un par de reseñas, así, de una. Cuando vi este libro de Oddville! en una batea en EEUU, pensé "Jay Stephens está loco, ¿cómo va a editar un comic para público infantil en blanco y negro?". Después me di cuenta de que el equivocado era yo. Este material se produjo originalmente entre 1995 y 1996 para los semanarios alternativos de EEUU, en el clásico formato de historieta cuadrada en blanco y negro que asociamos (por ejemplo) con Life in Hell, la mítica tira semanal de Matt Groening. O sea que, si bien Stephens juega con la estética del comic infantil, Oddville! es una serie apuntada al público adulto. La gracia de Oddville es la bizarreada, la forma en que Stephens atraviesa un montón de géneros sin circunscribirse a las convenciones de ninguno de ellos. Por momentos hay aventuras con una superheroína, por momentos aparecen elementos de terror (muertos que resucitan como zombies, un simio gigante), elementos de ciencia ficción (un robot gigante), por momentos la serie se centra en la vida cotidiana de una familia contada en plan de comedia (como en tantas otras tiras de los diarios yankis) y a veces el foco se desplaza a las mascotas de la familia y se vuelve una tira de "animalitos cómicos" al estilo de Mutts, Garfield, Marmaduke y tantas otras. La mejor de todo es que Stephens no se toma nada de esto en serio, y encima, ni bien puede, dispara dardos venenosos hacia temas picantes de la sociedad, como la codicia, el fanatismo por las armas de fuego y la brutalidad policial. El resultado es un comic muy ágil, totalmente impredecible, repleto de volantazos que no te ves venir, donde un elemento inclasificable (una bebita de origen alienígena que tiene el poder de volar) desencadena toda una serie de sucesos, uno más desopilante que el otro, ambientados en la ciudad que da nombre a la tira. Esto (y su continuación, Land of Nod) más tarde se va a convertir en un dibujo animado apuntado al público infantil, pero acá todavía Stephens puede mostrar una arista más cruda, o más cínica. No en el dibujo, que es perfectamente amigable y atractivo para los más chicos, pero sí en los guiones. En el trazo del canadiense se ve una mezcla hermosa entre Beto Hernández, Seth, Joe Matt, Hunt Emerson, y hasta Jason, que no sé si en 1995 era conocido en Canadá, pero ese mono gigante al toque me remitió a la estética del astro noruego. El pincel suelto, atrevido, de Stephens le permite darle al dibujo una gama muy amplia de matices, y el uso de las tramas mecánicas lo complementa a la perfección. Esto es anterior a Atomic City Tales (ver reseña del 15/09/22) y se le parece poco en la superficie, pero por debajo subyace el mismo talento y la misma imaginación desbordada. Creo que ya tengo todas las historietas de Jay Stephens, que no son muchas porque hace años que se dedica exclusivamente a la animación, pero sigo atento, a ver si aparece algo más, para entrarle como el agua al Titanic.
Entre 2004 y 2010 se produjeron en Europa los cuatro álbumes de Borgia, la serie de Alejandro Jodorowsky y Milo Manara, luego convertida en un tomo integral que salió en 2013 en el mercado francés y en 2021 acá en Argentina, en una impecable edición del sello Merci. Borgia es un comic histórico, en el que Jodorowsky se abstiene de introducir elementos fantásticos para ceñirse a los hechos tal como sucedieron en la Italia del Renacimiento. De hecho, este es el Lado B del Renacimiento: una mirada salvaje y descarnada a la corrupción, la desigualdad, la pestilencia, la depravación y la abyección moral que reinaba por sobre aquellos inmensos artistas que prácticamente refundaron la cultura "occidental y cristiana". Es un relato de ambición y lujuria llevados al límite, donde los protagonistas (Rodrigo Borgia y sus hijos) se presentan como los abanderados del incesto, la sodomía, la codicia, los asesinatos políticos, la compra y venta de influencias y favores eclesiásticos y la ruptura de pactos entre nobles de distintos países por los motivos más prosaicos que se te ocurran. Acá vale todo: orgias de todos contra todos, violaciones, mutilaciones, torturas, decapitaciones, vas a ver gente que le mea el rostro a otra gente, gente moribunda arrojada a las fauces de perros famélicos... y además vas a sentir el olor nauseabundo de una época en la que no existían ni la ducha, ni el inodoro, ni el bidet. El guionista chileno y el dibujante italiano contraponen todo el tiempo el lujo, la pompa y el boato de los papas y los nobles con el hedor de las caballerizas, e incluso de las calles pobladas de gente que se bañaba muy de vez en cuando. Jodorowsky se relame al mostrar en detalle las miserias del poder político y eclesiástico y explica el trasfondo de todas las hazañas militares, a veces motivadas por la ambición y otras veces por la lujuria. El Papa Alejandro VI aparece como un personaje venal, desesperado por el poder, capaz de todo con tal de amasar más riquezas, más influencia y más impunidad para sus pecados carnales. Ni el mismísimo Leonardo Da Vinci se salva en este revisionismo histórico furibundo en el que prácticamente todas las figuras del Renacimiento están salpicadas de sangre, mierda y semen. Con estos guiones fuertes, al hueso, sin fumanchereadas ni delirios místicos, Manara realiza el que, para mi gusto, es el mejor trabajo de su extensa carrera. Las malas lenguas dicen que buena parte de las tareas las delegó en su hija, porque su salud no le permitía cumplir con las entregas, pero yo acá veo todo el tiempo la mano del maestro. Y me pongo de pie, y lo ovaciono, porque (enfermo o no) Manara acá puso el alma y la vida. Esas escenas multitudinarias, esas batallas, las expresiones faciales, los decorados de los palacios, los paisajes, los barcos, los trajes, los peinados... y por supuesto esa sensualidad infernal en los cuerpos, tanto desnudos como vestidos, hacen que uno no pueda más que rendirse ante el despliegue descomunal realizado por el creado de Giuseppe Bergman. Lo único que le critico es que entre la primera página y la última pasan apenas once años y -sobre el final de la obra- el Papa Alejandro VI parece estar 30 años ó 35 años más viejo que al inicio, mientras que el resto de los personajes no parece envejecer demasiado. En todos los demás aspectos, el dibujo y el color de Borgia son un hito absoluto, en la bibliografía de Manara, y en la historieta histórica en general. Por si no nos quedó claro durante la lectura de la obra, al final del libro aparece un texto de Jodorowsky en el que el chileno traza los paralelismos entre las atrocidades, inequidades y salvajadas de esa bisagra entre los siglos XV y XVI y los albores del Siglo XXI. Me parece que no hacía falta explicitarlo tanto, pero sin dudas Borgia es una obra que habla de nuestro presente, y lo hace de una manera realmente cautivante y estremecedora. Un libro sumamente recomendable para los fans de Jodo, de Manara, del comic histórico, del Renacimiento, o de la buena historieta para adultos. Hasta acá llegamos, por hoy. Ni bien tenga leídos un par de libritos más, nos reencontramos con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 30 de marzo de 2023

OTRA NOCHE CON RESEÑAS

Vamos con las reseñas de otros dos libritos que pude leer entre ayer y hoy, aprovechando largos viajes en bondi. Entre 2010 y 2012 salieron en Francia los tres álbumes de Showman Killer, la saga creada por Alejandro Jodorowsky y Nicolás Fructus, que en 2017 ECC publicó en un único tomo, en formato "jibarizado", como le dicen los españoles a las ediciones que aparecen en un tamaño menor al original. La verdad que el tamaño a veces importa: acá las letras se ven muy chiquitas y el dibujo hiper-impactante de Fructus pierde un poco en la reducción. El despliegue visual del autor justifica por sí solo una edición más grande. Fructus tiene un trazo muy detallado, muy rico en matices, y -como buen francés- se copa narrando "de lejos", en tomas panorámicas en las que la viñeta se llena de paisajes, o de edificios inmensos, repletos de pequeñas líneas, elementos casi microscópicos, y efectos de iluminación alucinantes, que seguramente se verían mejor en páginas más grandes. Pero en este formato también se luce, porque estamos hablando de un artista cuyo talento traspasa las confines de la página. Showman Killer tiene tanto que ver con La Casta de los Metabarones, que es casi imposible no imaginarse esta saga dibujada por Juan Giménez, o por Moebius. Y sin embargo, Fructus la hace 100% suya, le pone su impronta, su técnica personalísima de color, su manejo personal de las expresiones faciales y corporales (el único rubro en el que pierde fácil contra Giménez y Moebius) y un hambre de gloria, unas ganas de trascender, de comerse cruda a la historia, que te deja idiota, pidiendo más. Fructus es como un Vicente Segrelles más moderno, más atrevido, más extremo. Un virtuoso sin más límites que el capricho de los editores franceses de que no haya páginas con menos de cinco viñetas y que unas cuantas tengan más de diez. Acá vez a Fructus "tirar" en un cuadrito lo que cualquier dibujante del mainstream yanki te muestra en una doble splash page. Visualmente, Showman Killer es un despelote cósmico, tremendamente disfrutable para cualquier fan del dibujo. El guion de Jodorowsky no se queda atrás. Después de haber creado al guerrero definitivo, nos trae al mercenario definitivo. Una especie de Lobo pero con los poderes del Martian Manhunter recontra papeados, ponele. Un tipo insensible, frío, implacable, inescrupuloso... hasta un punto. Como en casi todas las historias protagonizadas por mercenarios, algo va a pasar que le va a aflojar el corazón y Showman Killer va a terminar por jugarse el pellejo en una cruzada que considera justa, más allá del rédito económico que puede obtener (o no). Lo acompañan un gran elenco de secundarios, en una aventura extrema que tiene por lo menos dos giros argumentales en el tercer tramo que nunca me vi venir. Los diálogos conservan la chispa que vimos y disfrutamos en La Casta de los Metabarones, con términos como "paleoputas", "onironautas", "omnimonarca" o "suprahierofante", que le dan una pátina muy original a conceptos que, muy bien adornados con un contexto de ciencia-ficción, podrían aparecer en una saga de magia, fantasía e intriga palaciega ambientada en algún imperio ancestral de los que suelen visitar Mazzitelli y Alcatena. Podría estar días enteros tirando similitudes y diferencias entre esta obra de Jodorowsky y los clásicos de Eduardo y Quique, pero para sintetizar, creo que Mazzitelli se copa más con lo poético, y por eso se juega más a los bloques de texto, y al chileno le gusta más lo prosaico, se emociona con la exploración del costado más truculento, más perverso, más macabro de lo que tiene para contarnos, y por eso escribe más pensando en la acción y en cómo la va a retratar el dibujante. Asi es como este Showman Killer, sin ser el comic más violento de Jodorowsky, parece una de Marshal Law con naves espaciales comparado con cualquier saga de Mazzitelli y Alcatena. Banco fuerte a esta breve serie. Y me parece muy bien que no la hayan continuado, porque el final del Vol.3 es un final posta, muy redondo y muy satisfactorio. Y porque Jodo ya está muy viejito y por ahí si la sigue la caga, como a la saga del Metabarón. Aceptá los laburos más abyectos, con tal de que paguen bien, y con esa guita comprate Showman Killer, que la rompe toda.
Me voy a EEUU, donde en 2020 sale una serie de Dr. Strange que dura apenas seis números: Surgeon Supreme, con guiones de Mark Waid y (esto hay que destacarlo) un solo dibujante en las seis entregas: el más que correcto (y por momentos muy grosso) Kev Walker. Salvo por alguna que otra tirada a chanta en alguna secuencia en la que los fondos brillan por su ausencia, el británico ofrece un trabajo muy sólido, con una gran variedad de enfoques y angulaciones, formas originales de mostrar los conjuros del Tordo y personajes muy expresivos, sin caer en la caricatura. Lo ayuda muchísimo la gran labor del colorista, el amigo argento Java Tartaglia. Pero lo que más me sorprendió fue el enfoque de Waid en los guiones. Debo confesar que compré el librito por accidente, mi intención era empezar a coleccionar la etapa de Dr. Strange escrita por Jason Aaron. Y bueno, en el fragor del combate, en una convención de EEUU donde levanté ofertas a lo pavote, cayó este tomo en vez del que yo quería. Posta, no me arrepiento de nada. Acá está la efímera Surgeon Supreme completa, y es una pena que no siguiera porque Waid, además de las aventuras y las luchas con villanos, ofrece una mirada muy interesante al costado olvidado de Stephen Strange: su carrera como eximio cirujano. Por esa rendija, el guionista mete reflexiones acerca de cómo funciona el sistema de salud, de cómo la burocracia se morfó a la medicina, y aprovecha para rodear al Tordo de nuevos y atractivos personajes secundarios. Por si eso fuera poco, se acuerda de que otro Doctor místico de Marvel, el Dr. Druid, alguna vez fue psiquiatra y, al mismo tiempo que Stephen, decide reincorporarse al ámbito médico. Si conocés un toque la historia de Anthony "Druid" Ludgate, vas a estar todo el tiempo al filo del asiento, atento a ver si le clava o no la puñalada trapera al Hechicero Supremo, y si no, vas a disfrutar a lo loco de la interacción entre dos veteranos muy curtidos, muy capos en la magia, que juegan a ser médicos y a ver quién es el más arrogante y el más poronga. Excepto por la elección de los villanos, Waid se ajusta perfectamente al canon de Dr. Strange y lo enriquece con nuevos personajes, nuevos conflictos y un ámbito (el del hospital) que había aparecido apenas en un par de viñetas, allá por 1963, cuando Stan Lee y Steve Ditko narraron el origen del personaje. En estos breves seis números, Waid y Walker ofrecieron una mirada fresca, actual, dinámica, muy divertida y muy piola del Doctor, como para dejar en claro que es un personaje cuyas posibilidades narrativas están muy lejos de agotarse. Ahora sí, ni bien pueda, trato de empezar a coleccionar la etapa de Aaron... Por ahora, nada más. Creo que fui al carajo con la extensión de los textos, no? Bueno, ni bien pueda, vuelvo a postear. Seguramente será el mes que viene. Gracias y hasta entonces.

miércoles, 1 de febrero de 2023

LLEGÓ FEBRERO

Enero se me hizo tan largo y tan intenso, que nunca pensé que terminaría. Pero acá estamos, en el mes más corto del año, y además el mes de mi cumpleaños. Me voy a 2016, cuando al maestro Alejandro Jodorowsky se le ocurre convertir en historieta el guion de Los Hijos del Topo, pensado originalmente para una película que funcionara como secuela de la famosa El Topo, que él mismo dirigiera allá por 1970. Con alta banca de la editorial francesa Glénat, Los Hijos del Topo se convirtió en una serie de tres álbumes de historieta, de los cuales me aventuré con el primero, porque lo vi muy barato en una librería de saldos de Uruguay. Aclaro antes que nada que jamás vi la película El Topo y que este es mi primer contacto con esos personajes y ese universo. El argumento me gustó más que el guion. O sea, me atrapó más lo que sucede que cómo me lo cuenta Jodorowsky. Ese entramado bizarro de lazos familiares, poderes infinitos y situaciones cuasi bíblicas pero traídas a un país pobre de Latinoamérica en una época que parece ser mediados del Siglo XX, me pareció atractivo, obviamente extraño, y por momentos apasionante. Se nota que es una idea pensada para cine, porque hay pocas escenas que se explican o se resuelven mediante el diálogo. Jodorowsky piensa más en climas (secuencias mudas que serían realzadas por una música que en el comic nos tenemos que imaginar los lectores) y en acción. Y probablemente lo mejor del guion sean las secuencias mudas, en las que el hilo conductor son las acciones de los personajes, no lo que dicen, que generalmente eso muy obvio o rebuscado al pedo. Son secuencias fuertes, por momentos muy violentas, o muy descarnadas, que más de un boludo con poder en la industria del cine diría "¿te parece...?". Este primer tomo se titula "Caín", y lo bien que hace, porque este personaje es claramente el eje del argumento. Su conflicto interno y su conflicto externo (con El Topo, su padre) ocupan la mayor parte de las páginas del álbum, y si bien no podemos decir que al final del tomo "conocemos" a Caín, sin dudas es el personaje más trabajado por Jodorowsky en este tramo. Supongo que en la segunda parte el foco se desplazará hacia Abel, hermano menor de Caín, pero no lo puedo afirmar porque no lo leí ni lo tengo comprado. Supongo que el día que lo vea lo voy a comprar, porque esta primera entrega no llegó a apasionarme, pero me generó el suficiente interés, la suficiente intriga, como para ver qué onda la segunda parte. Buena parte del interés me lo generó el dibujo de José Ladrönn, que es espectacular. Sobre todo por la forma radical en que el mexicano cambió de estilo. Yo lo conocí originalmente como un eficaz clon de Jack Kirby que buscaba aggiornar a los ´90 el estilo del Rey. Después lo vi chorearle a cuatro manos al maestro Juan Giménez, y ahora lo veo encarar para el lado del dibujo de aventuras más tradicional, en la línea de los autores más clásicos de España, Italia o Croacia. Una sorpresa de alto impacto, porque en este estilo Ladrönn también la descose. Sin el estallido cinético de Kirby ni el festival cromático de Giménez, el dibujante banca de punta a punta una puesta en página prolija, clásica, perfectamente comprensible, y llena las viñetas de personajes, animales, decorados y paisajes muy realistas, que denotan un manejo muy notable de anatomía, perspectiva, iluminación y color. Si te gusta el dibujo académico-realista, de la noche a la mañana tenés que hacerle a Ladrönn un lugarcito en el panteón de tus ídolos, porque este es un trabajo realmente soberbio de este autor, que ha demostrado una versatilidad fenomenal y una calidad envidiable en el manejo de cada estilo que adopta. Solo para babearme con otras sesenta y pico de páginas de Ladrönn, ya se justifica comprar un segundo libro de Los Hijos del Topo.
Y cierro con una breve glosa del nº4 de Grafito, correspondiente a 2018, una publicación tan oscura que nadie jamás digitalizó su portada para subirla a la web (por eso ilustro con la del nº1). Esta vez quien coordina el taller de historieta del Centro Cultural Eugenio Flavio Virla es Segundo Moyano y también aporta una historieta a la antología, en la que casi todos los relatos tienen que ver con hechos históricos relevantes para el Noroeste argentino. Pero lo dejan bastante solo, pobre Moyano. No está Jorge Vildoza, Matías Muzzillo tiene apenas cuatro páginas, y lo más parecido a una segunda línea competente son los trabajos de Aureliano Acevedo (muy comprimido para que la historia que cuenta entre en cuatro páginas) y Sergio Olivera, que por momentos me hizo acordar al español Álex Fito y al noruego Jason. No tengo más números de Grafito para leer, pero con esto me doy una idea bastante completa de para dónde van los autores emergentes de Tucumán, una ciudad que supo originar unas cuantas publicaciones más que interesantes. Y cierro con un anuncio más bizarro que las cosas que Jodorowsky le hace hacer al Topo y sus hijos: por lo menos las próximas cuatro entradas del blog van a ser "de las de antes", con un solo libro reseñado en cada posteo. Son libros voluminosos, que prometen lecturas a fondo, o por lo menos bastante sustancia como para dedicarles una entrada completa a cada uno. Ni bien tenga leído el primero, se viene la reseña acá en el blog. Será hasta entonces.

domingo, 28 de noviembre de 2021

22 al 28 de NOVIEMBRE

Finalmente, después de muchos meses clavado en Buenos Aires, el viernes retomo mi sana costumbre de viajar a otras ciudades, así que no sé si el finde que viene tendremos nuevas entradas acá en el blog. Por ahí nos vamos a un esquema de “postear cuando pinte”, sin un día predeterminado para que aparezcan nuevas reseñas en este espacio. Veremos cómo nos acomodamos. Pero vamos con el repaso por el material que leí esta semana. Encontré muy barato un ejemplar de La Juventud de John Difool, el Vol.1 de la saga de Antes del Incal, en la edición ochentosa de la Colección Humanoides, o sea: álbum finito de 48 páginas, tapa blanda, rotulado medio choto y una traducción bastante cuestionada (en décadas posteriores) por los fans españoles más exigentes. Esto lo había leído de prestado cuando salió (año 1988, casi seguro) y obviamente no me acordaba nada. Miento: me acordaba que me había parecido bastante flojo, por eso nunca leí el resto de la saga que (ni hace falta aclararlo) funciona como precuela de El Incal. Ahora, con otra edad y otra cabeza, con varias relecturas de El Incal a cuestas y la lectura de La Casta de los Metabarones y alguna otra historieta que interesecta con este universo, veleteo y afirmo que La Juventud de John Difool está muy bien. Sin ser un álbum fundamental, es un gran trabajo de Alexandro Jodorowsky, que se tira con los tapones de punta a dotar de mayor profundidad a John Difool, a enriquecer su pasado, a explorar un poco más en sus motivaciones, a contarnos cómo conoce a Beepo, como se vincula con su familia, y sobre todo a darle relieve, espesor sociopolítico y potencial para la aventura a la Ciudad-Pozo. En la saga de El Incal, la magnitud de los conflictos va a hacer que esta mega-urbe quede chica, y que los personajes vivan aventuras alucinantes en otros escenarios aún más extremos. Pero en Antes del Incal, pareciera que la idea de Jodorowsky es enfocarse 100% en Ciudad-Pozo y dotarla de un montón de “atractividades” (como diría un burro) y de claroscuros que la conviertan en un terreno aún más fértil para las tempranas andanzas de John Difool. El guion tiene acción, romance, humor con bastante mala leche y guiños al que ya sabe todo lo que le va a pasar a los protagonistas en la saga que sucede después pero leímos antes. El dibujo está a cargo del por entonces yugoslavo (hoy serbio) Zoran Janjetov, un artista exquisito que jugaba muy pegado a la línea de Moebius, pero sobre todo a la de Arno. Fuera de esa falta de originalidad, no hay mucho que se le pueda criticar a Janjetov: su trabajo en materia de anatomía, iluminación, perspectiva, fondos, puesta en página y sobre todo color, es absolutamente intachable, y cumple con creces la misión de enganchar al fan de Moebius y hacer absolutamente reconocibles a los personajes y locaciones que el lector de El Incal ya conocía. Podría hablar mucho más sobre este álbum, pero quiero referirme también a otros. No descarto para nada comprarme un integral que traiga todo Antes del Incal, y eventualmente leerlo y reseñarlo, porque este primer tramo que gustó más de lo que esperaba.
Llegué a la anteúltima de las novelas de 96 páginas de Cybersix, y me encontré con una de las más decepcionantes. El dibujo es muy bueno. Está firmado por Carlos Meglia, pero yo estoy seguro de que acá no hay prácticamente nada dibujado por el ídolo. Simplemente a la editorial no se le cantó acreditar a los asistentes que llevaron adelante la tarea de dibujar esto en el estilo del querido maestro. Pero la verdad que visualmente esto es más que atractivo, a pesar del papel horrendo en el que está impreso. El guion (firmado por Carlos Trillo, también si acreditar a posibles colaboradores) me gustó mucho menos. Primero, porque no continúa ninguno de los sub-plots que la serie venía arrastrando en los tomos anteriores. Esta es una historia básicamente autoconclusiva publicada como Vol.43 pero que se podría injertar sin mayor inconveniente en cualquier punto de la colección posterior al nacimiento de Gengis. Y después, porque la trama de este tomo en sí es poco original, está muy estirada y por momentos hasta pierde la brujula y no se sabe bien a dónde va. Tiene que ver con los siete pecados capitales, y cómo estos tienen que ver con los distintos personajes que componen el elenco principal de la serie. Y con esa excusa, hay momentos más dramáticos, otros más cómicos, algo de machaca, pero falta el sustento, lo que hace que todo eso tenga peso, tenga sentido, sea algo más que una idea para rellenar 96 páginas de una serie que, claramente, dabe signos de agotamiento. Me falta un solo librito. Ojalá el último sea mejor que este, que realmente me costó bancarlo hasta el final.
Y cierro con una breve glosa para Mi Primera Pandemia, un recopilatorio de chistes de El Niño Rodríguez, cuya temática está bastante explicada en el título. El libro reúne material originalmente publicado en el diario Clarín, entre Marzo de 2020 y Marzo de 2021. La verdad que a esta altura uno ya leyó demasiados chistes acerca del COVID-19, el confinamiento, la cuarentena, las vacunas, las penurias económicas consecuencia de la pandemia, la angustia provocada por el encierro y los cuestionamientos (lógicos e ilógicos) a las distintas medidas de prevención dispuestas por los distintos gobiernos en las distintas fases de todo este bolonki. Quizás por eso, las ideas que vuelca el Niño en este libro no me hayan resultado ni muy graciosas, ni muy novedosas, ni siquiera un toque transgresoras. Hasta los momentos más polémicos del libro (como esa imagen de una villa superpoblada de casitas de chapa y estigmatizada con la palabra “Plandemia”) son cosas que ya vi en otros medios. Así que me limito a recomendarle este libro a los fans del dibujo, porque realmente acá el Niño despliega un arsenal de recursos gráficos muy, muy notable y muy diverso. Del dibujo vectorial al lápiz pelado, combinado con fotos, con texturas, con tramas mecánicas, efectos de photoshop, lápices de colores, chistes dibujados en el estilo de Charly Putowznschvtzky (o Puto!, como firmaba sus colaboraciones en Barcelona)… Lo mejor del libro es eso: ver al Niño correr los límites de lo que puede hacer en materia de técnicas de dibujo. Ahora sí, nada más. Gracias, hasta pronto, y ojalá nos veamos en vivo en las presentaciones de ¿Quién quiere ser superhéroe? que me van a llevar a recorrer un montón de ciudades de Argentina y el resto de Sudamérica.

lunes, 6 de agosto de 2012

06/ 08: BOUNCER VOL.3

Mirá si todas las series fueran así... Este tercer tomo de Bouncer arranca un nuevo arco argumental (después de aquella magistral saga con la que arrancó la serie, repartida entre los dos primeros tomos) y lo hace de tal manera que no necesitás en lo más mínimo haber leído los álbumes anteriores. Si este es tu primer libro de Bouncer, ni vas a sospechar que antes hubo otros dos. Por ahí te preguntarás por qué le falta un brazo, pero bueno, no es lo importante. Alexandro Jodorowsky te presenta a los personajes que vienen desde el Vol.1 de la misma manera que a los nuevos, y de la misma manera que al conflicto que los va a envolver en este tomo y en el próximo. Todo da la sensación de empezar acá y eso es realmente muy, muy notable.
Por supuesto, lo grosso es que la nueva trama también está bárbara: Bouncer se convierte casi por accidente en el verdugo de su pueblo y recibe la orden de ejecutar a la mujer a la que ama y al marido de esta, un ex-esclavo negro que encontró oro y se convirtió en minero. Por algún motivo, Bouncer está seguro de que la pareja es inocente, y ahora va a tener que demostrarlo. En el medio, hay un enfrentamiento muy heavy con los muchachones de un peso pesado, un millonario que de a poco se quiere comprar todo el pueblo, incluyendo el saloon donde labura Bouncer. Y además hay un subplot que avanza poco e intriga mucho: los hombres importantes del pueblo que mueren envenenados por la picadura de una serpiente coral. Seguramente en el próximo tomo esto se integrará al tronco central de la trama.
El villano, el soberbio y desalmado Clark Cooper, es el personaje más opaco de este tomo. Es demasiado obvio, tiene pocos matices, tanto él como sus matones. Y el personaje mejor trabajado, lejos, es Noemie, la puta del saloon que tiene la mejor onda con Bouncer pero a la hora de los bifes, lo deja en banda para... no te lo puedo contar. La secuencia de la juventud de Noemie, su secret origin que termina con ella ya convertida en prostituta, es probablemente la más estremecedora de un tomo en el que las emociones fuertes se acumulan como las puteadas contra Macri por el paro de los subtes. Así como en los dos primeros álbumes sorprendían la crueldad, la violencia, lo escabroso de las atrocidades que veíamos perpetrar a los personajes, acá sorprende lo conmovedor de las escenas, cómo Jodorowsky juega todo el tiempo a exaltar sentimientos de lealtad, de amor, de amistad, de dignidad, pero también de codicia, de lujuria, de odio e intolerancia.
El otro integrante de la devastadora dupla de Bouncer, el maestro François Boucq, también hace, a su manera, una especie de “borrón y cuenta nueva”. No le cambia los rasgos al personaje principal, ni mucho menos, pero sí encuentra la vuelta para desprenderse del omnipresente fantasma de Jean Giraud, que tanto se notaba en los primeros tomos. Acá hay “giraudismos” sólo en las tomas amplias de los paisajes, esos cañones y desfiladeros semi-desérticos que sí, parecen copy-pasteados de algún álbum del Teniente Blueberry. Pero todo el resto es mucho más Boucq que en las entregas anteriores. Sobre todo las expresiones faciales (más extremas, más zarpadas) y las peleas, tienen cero Giraud y muchísimo Boucq. En el Vol.2, el creador de Jerónimo Puchero la descosió con una secuencia onírica, en la que uno de los personajes flasheaba bajo los efectos del peyote. Esta vez, el guión encuentra la forma de meter otra escena en esa onda y de nuevo, el lucimiento de Boucq es prodigioso.
Si no conseguís los dos primeros tomos de Bouncer, no te calentés: arrancá con el Vol.3 y dale para adelante. Yo ahora tengo que conseguir el Vol.4, a ver cómo catzo termina esta saguita, que arrancó con un tomo brillante, que no bajó ni un milímetro el altísimo listón propuesto por los dos anteriores. Aguante el buen western!

miércoles, 4 de abril de 2012

04/ 04: BOUNCER Vol.2

Ningún asesino que se precie deja un trabajo a medio hacer y yo ya soy un asesino serial de comics, así que vuelvo al toque, a despachar a este sucio bastardo que zafó casi de milagro, el otro día.
No me lo vas a creer, pero este tomo de Bouncer es mucho mejor que el anterior. Tiene un único “problema”: acá cierra TODO lo que planteó Alexandro Jodorowsky en el Vol.1. El plot de la venganza de Seth contra el asesino de sus padres (que no es otro que su tío Ralton) y el misterio acerca del paradero del fastuoso diamante que se choreó Lola en el último asalto que perpetró junto a sus hijos, hace ya muchos años. Y no sólo eso. Además de resolver perfectamente los plots pendientes, Jodorowsky ahonda un poco más en el pasado de Bouncer, y presenta, desarrolla y les pone moñito a dos nuevos personajes: por un lado Deborah, el interés romántico de Seth, y por el otro el carismático Crazy Butterfly, un personaje que a Jodorowsky no le interesa trabajar hacia adelante, pero que trabaja maravillosamente hacia atrás, en un flashback sencillamente glorioso.
¿Cómo seguirá esta serie? Ni idea. La verdad es que este tomo cierra todo tan bien, que el Vol.3 va a tener que abrir otra saga, que lleve a Bouncer para otro lado totalmente distinto. Y va a tener que ser una historia del mega-carajo, para que no parezca que los autores están estirando una serie sin ideas nuevas (y grossas) simplemente para que no se corte la facturación. Por suerte, están los elementos para gestar nuevas aventuras fuertes, impactantes. Ya está resuelta la cuestión familiar (madre, hermanos y sobrino) de Bouncer, y ahora es tiempo de que el manco encargado del saloon/ cabarulo “El Infierno” se convierta en el verdadero protagonista, ya no en el mentor de Seth, que lo opacaba bastante. Será cuestión de que el shaman Jodorowsky no baje ningún cambio en la salvajada, en la forma atroz y descarnada que propone para redescubrir el tan remanido (pero evidentemente, todavía viable) Far West.
Por el lado del dibujo, tenemos al maestro François Boucq muy inspirado, y no sólo en el Teniente Blueberry de Jean Giraud. Guarda: mirás un álbum de Bouncer de lejos y parece un álbum de Blueberry, de no ser por dos detalles. El color, que es mil veces mejor, y los diálogos, que son menos y mejor repartidos entre las viñetas. Después, cuando lo mirás de cerca, descubrís que –a pesar de las nada desdeñables similitudes- el estilo de Boucq dice presente, se planta, se muestra y la rompe. Y además Giraud nunca dibujó una escena en la que Blueberry le entrara al peyote y empezara a alucinar, sin duda uno de los picos más altos de este tomo. La narrativa, una vez más, está muy jugada a las viñetas chatas y horizontales, tipo widescreen, con bastantes primeros planos, en los que Boucq muestra con lujo de detalles las caras de los personajes y hace gala de su virtuosismo a la hora de dibujar expresiones faciales.
Con mucha acción, excelente caracterización, mucha violencia, mucha crueldad y una asombrosa capacidad para rematar las tramas en espacio breves, sin estirar en lo más mínimo, Jodorowsky y Boucq pegaron un hitazo que duró siete tomos. Cuando lea el Vol.3 me voy a enterar si valió la pena seguir más allá del final que propone el Vol.2 que –repito por enésima vez- es redondísimo, emotivo y brillante.
Ah, me quedaba pendiente el tema de la traducción: impecable, realmente. Muy buen trabajo de la gente de Norma, que logra que esto se lea tan lindo en castellano como en francés.

lunes, 2 de abril de 2012

02/ 04: BOUNCER Vol.1

Uh, qué dejá vu (diría el poeta). Por segunda vez en la semana, agarro el Vol.2 de una serie cuyo primer tomo había leído antes de empezar con el blog, para descubrir que no entendía ni me acordaba una chota, y finalmente regresar al primer casillero, a releer el Vol.1. Esta vez me pasó con Bouncer, el impactante western de los maestros Alexandro Jodorowsky y François Boucq (a tacharlos de la lista de ilustres próceres del Noveno Arte a los que este blog nunca les había dedicado ni una mísera reseña), una obra extensa iniciada en 2001 por esta dupla que en algún momento, cuando estaban haciendo Cara de Luna, se peleó para el orto, dejándola inconclusa. Pero pasaron los años, los grossos se reconciliaron y no sólo terminaron con muchas pilas Cara de Luna, sino que se reunieron para una nueva epopeya, que es esta.
La idea de que Jodorowsky y Boucq pudieran encarar un western ya era, por lo menos, atractiva. Bizarra, sorpresiva, potencialmente llena de sorpresas. Y la verdad es que el primer tomo cumple ampliamente con las expectativas que genera. ¿Querías sorpresas? Hay miles. ¿Querías un western que no se pareciera a los miles que ya existían? Esto es exactamente eso. El primer tomo sirve para presentar a los que –yo sospecho- serán los tres personajes centrales de la saga. El que más chapa acumula (y más secuencias protagoniza) es el tuerto Ralton, sin dudas el villano central de Bouncer. Los otros dos son el hermano de Ralton, quien además de haber perdido un brazo, enterró su antigua identidad y se hace llamar simplemente Bouncer; y Seth, sobrino de Ralton y Bouncer, único sobreviviente de una de las varias masacres que le vemos perpetrar a Ralton, en la que decapita a su hermano Blake, padre de Seth.
La historia de los tres hermanos (Blake, Bouncer y Ralton) y su mamá Lola (una de las prostitutas más aguerridas del Oeste, que dio a luz a sus tres hijos entre los 12 y los 16 años) ocupa un tercio del tomo, un extenso y cautivante flashback que Bouncer le narra a Seth y que ojalá continúe en los próximos tomos. En este racconto aparece un elemento que sin dudas será central, porque tiene todo para convertirse en el eje de la confrontación entre Ralton (capitán del recientemente derrotado ejército de la Confederación) y Bouncer: el botín del más espectacular robo perpetrado por Lola y sus hijos, oculto hace décadas en algún lugar que hasta ahora nadie dice conocer. Pero en el flashback queda bastante claro que Bouncer probablemente sepa dónde están escondidos los miles de dólares y el majestuoso diamante de aquel sangriento asalto a un tren, que terminó con los hermanos enfrentados entre sí.
La codicia, entonces, pareciera ser el motor de esta siniestra trama enchastrada de asesinatos, saqueos, torturas, violaciones, mutilaciones y profanación de cadáveres, en un nivel muy heavy, incluso para los standards del Salvaje Oeste. Al lado de Bouncer, los comics más jodidos de Jonah Hex son para publicar en la Genios o la Billiken.
El dibujo de Boucq es glorioso. Trabaja mucho con viñetas alargadas, horizontales, lo que los yankis llaman “widescreen”. Casi todas las páginas tienen una o dos de esas, y algunas tienen cinco o seis. En las caras, vemos a un Boucq más realista, menos caricaturesco, más cerca de un comic de Hermann (ponele) que de los delirios grotescos que pelaba en Jerónimo Puchero. Por supuesto, a la hora de dibujar westerns, ningún dibujante francés puede zafar de la sombra, de la impronta omnipresente, del insuperable Blueberry de Jean Giraud, y Boucq no es la excepción. Todo el tiempo vamos a encontrar paisajes, angulaciones, trucos de iluminación, etc., que ya vimos en algún álbum del querido Teniente. Un detalle menor, pero notorio: Boucq trabaja acá con dos coloristas... y uno es Nicolas Fructus! La bestia salvaje, el grosso entre los grossos, autor integral de la saga de Thorinth, que ahora labura con Jodorowsky en la serie Showman Killer. Un lujo absoluto.
Bueno, acá hay pasta para disfrutar de una gran serie. Veremos como sigue y lo veremos bastante pronto, porque el Vol.2 está ahí, sobre la mesa. De hecho, me mira y me dice “¿Y, boludo? ¿Ya entendiste lo que antes te dejó descolocado? ¿Cuándo volvés a terminar con lo que empezaste?”. El Vol.1 lo tengo en francés y los siguientes en castellano, así que acá se juegan una parada importante también los traductores de Norma. Que no decaiga.