el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 20 de febrero de 2017

DOS GEMAS DE LUNES

El otro día prometí volver a ocuparme de Facundo Percio en una reseña, y acá estamos, con el libro de Fashion Beast, la historieta que en realidad es una adaptación del guión que escribieran Alan Moore y Malcom McLaren (dos nenes de pecho) para una pelícuka que nunca se filmó. Como suele suceder cada vez que los muchachos de Avatar revuelven los cajones del Mago de Northampton y encuentran un texto adaptable al comic, el encargado de convertir el guión cinematográfico en un guión de historieta fue Antony Johnston. Y se ve (después de adaptar poemas, canciones, relatos, conjuros y listas de los mandados) que el tipo está curtido en estas lides, porque la historieta se lee muy bien, como si Fashion Beast hubiese sido imaginada de entrada como una novela gráfica. El desafío más cuesta arriba para Johnston es lograr transmitir sin canciones las sensaciones que la supuesta película pensaba transmitir desde su soundtrack, y la verdad es que ese punto está muy bien logrado. Hay extensas secuencias mudas (que uno imagina musicalizadas en el quimérico largometraje) y dos escenas en las que Johnston incorpora la letra de un tema muy importante para la trama, que parece ser una versión “alternativa” (llámese “no tenemos guita para usar la letra del tema que todo el mundo conoce”) de Vogue, el hitazo de Madonna que ardía en llamas en 1990, el año en que Moore y McLaren concibieron Fashion Beast.
La historia en sí es atrapante. Es un cuento de hadas moderno, con un leve trasfondo político con sabor a distopía (ahí se ve clarita la mano del Mago, jugando de local en esa cancha tras el éxito de V for Vendetta), una mínima trama romántica y una visión descarnada y original acerca del mundo de la moda, los diseñadores de moda y las modelos. Los tres personajes protagónicos están muy bien trabajados, con mucho desarrollo, mucha carnadura. Había que conseguir MUY buenos actores para que una versión filmada transmitiera todo lo que trasmiten los personajes en el comic.
Obviamente eso es mérito de los dibujos de Facundo Percio, quien se consagra con un trabajo fantástico, realmente impactante. Nuestro compatriota te detona las retinas con un nivel de detalle superlativo, con un criterio infalible en la planificación de secuencias muy complejas, con la expresividad que logra darle a los rostros de los personajes que no se parecen para nada entre sí. No te voy a chamuyar: Percio no es un dibujante hiper-original, ni un genio vanguardista que se proponga revolucionar el Noveno Arte, ni mucho menos. Es un autor ideal para historietas de género, de estética realista, con rasgos bien expresivos, que después de dibujar mucha aventura de terror y ciencia-ficción, acá sorprende al demostrar su jerarquía también en el terreno de una historieta más intimista, más romántica y más política. Si no lo conocías, no se me ocurre mejor carta de presentación que este trabajo, extenso, lleno de desafíos, con el sello de prestigio que le otorga la mano mágica de Alan Moore (autor, además, de un prólogo obscenamente bien escrito) y donde se lo ve magníficamente complementado por los colores de Hernán Cabrera.
Y sigo con autores argentinos, esta vez con Renzo Podestá, el increíble rosarino radicado en Córdoba, que en 2016 lanzó su novela gráfica Warpaint. Warpaint tiene un sólo problema, y es que se lee muy rápido. Son 70 páginas de historieta que, al tener poco texto y pocas viñetas por página, duran poco. Fuera de eso, Warpaint es una experiencia fascinante, por la calidad de los dibujos, la fuerza del mensaje y la intensidad de la historia. Después de un arranque a pura machaca medieval, el segundo tramo te confunde un toque, te descoloca. ¿Qué pasa acá? De pronto Renzo pega un giro hacia una trama medio metafísica, intimista, melancólica… Nada, rápidamente llega otro volantazo, y revelaciones impactantes que le dan otra vuelta de tuerca al argumento y lo llevan hasta una resolución brillante.
El dibujo de Podestá llega en Warpaint a un pico, a un nivel de originalidad imposible. Esto es idiosincracia pura, acá no hay la menor intención de cumplirle las expectativas ni los caprichos a nadie. No hay fan service, hay un autor desencadenado, fuera de control, decidido a convertir a la página en su patio de juegos, en su laboratorio de experimentación, en su campo de batalla, en su cementerio, si hiciera falta, pero sin bajarse los lienzos ni un milímetro y sin guardarse nada. Quizás te parezca que el estilo visceral, experimental, a todo o nada, no se condice mucho con una propuesta más o menos aventurera como la de Warpaint. En ese caso, preparate para llevarte una sorpresa. Acá Renzo saca chapa de genuino heredero del Viejo Breccia y Ted McKeever con un combo mortal entre el estallido plástico y la disciplina narrativa que hace falta para tener a un lector enganchado durante 70 páginas con un relato potente y conmovedor. Muy grosso.
Volvemos pronto con más reseñas.