el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 31 de julio de 2012

31/ 07: FANTASTIC FOUR Vol.3

Otra deuda saldada: terminé los Fantastic Four de Mark Waid y Mike Wieringo. La verdad es que me gustó muchísimo. No sé si la pongo al nivel imbatible de los clásicos de Stan Lee y Jack Kirby, o de las glorias ochentosas de John Byrne, pero está muy, muy bien.
Este tomo arranca con un arquito de tres episodios dibujado por Paco Medina (una mezcla rara pero no fallida entre Wieringo y Humberto Ramos) en el que Waid y el co-guionista Karl Kesel replantean al Wizard y sus Frightful Four. La idea (convertirlos en una especie de reflejo oscuro de la familia Richards) está muy buena y el desarrollo tiene buenos momentos, aunque se apoya demasiado en la machaca. Digamos que este es el tramo menos imprescindible del tomo.
Los tres episodios siguientes (ya con los lápices en las manos mágicas de Wieringo) son una especie de prólogo muy intenso, muy extremo, muy vibrante y absolutamente impredecible a una nueva saga con... Galactus! Acá, los FF van a tratar de recuperar el prestigio perdido defendiendo a una New York que se quedó sin héroes (porque engancha con Avengers Dissasemble) de la enésima invasión alienígena. Pero esta vez, además de traer hordas de criaturas jodidas con las que pelear, el invasor trae una solución prácticamente infalible y definitiva al problema de Galactus y su hambre cósmico. La letra chiquita es que para que el plan funcione hay que sacrificar a un miembro de los Fantastic Four. Así es como la trama se espesa, se le agrega el dilema ético y al final, un giro que nunca ves venir y que garpa muchísimo a lo largo del tramo siguiente.
Con esta previa tan estimulante arranca el último arco argumental de Mark Waid, una saga en la que Johnny se roba el protagonismo... y los poderes de Sue! Y una saga en la que además de revisitar el origen de Galactus, los autores se replantean el rol del devorador de planetas, su verdadera motivación y las cosas que lo unen o lo separan a los humanos, esa raza de mierda que tantas veces le escupió el asado y a la que –por un motivo u otro- el cabeza de balde le vive perdonando la vida. El último episodio de la saguita, con Galen (ya no Galactus) inmerso entre los mortales, como un turista más en New York, tiene un planteo tan extremo que podría haber derrapado a los tres cuadritos. Olvidate. Acá Waid saca chapa de grosso y pilotea una situación bizarrísima de un modo brillante, con unos diálogos magníficos (una constante a lo largo de todo el tomo) y una bajada de línea devastadora. Digo, además de los huevos...
Y para el cierre, un epílogo en el que –como suele suceder- Waid y Wieringo vuelven para atrás los cambios más zarpados de su etapa para dejarles el patio limpito a los autores que vienen a jugar después de ellos. Esta última historia también es una cátedra de caracterización, humor y acción al palo, y una acertada reflexión acerca de qué es lo que mantiene unidos a Reed, Sue, Johnny y Ben después de tantos años.
No me quiero extender con infinitos elogios al trabajo de Mike Wieringo. Se aplican todos los que se ganó en los tomos anteriores y muchos más. ¿Con qué seguimos? A ver, después de esto vienen dos numeritos escritos por Kesel que nunca vi (creo que nunca salieron en libro) y después la etapa de J.M. Straczynski. Eso lo leí en scans y si bien no es choto, tampoco es maravilloso. No creo que me compre nunca los TPBs. Después viene la etapa de Dwayne McDuffy, muy loca y muy condicionada por los hechos de Civil War. Eso también fue bastante puteado por los fans, a pesar de que a mí me pareció digno. Tampoco me compré esos libros. De ahí nos vamos a la etapa de Mark Millar y Bryan Hitch, que a priori parecía interesante. Mis amigos que la leyeron me recomendaron pasarla por alto, porque –dicen- es puro humo, grandilocuencia y espejitos de colores. Les hice caso y no me compré los recopilatorios (veremos si me resisto el día que los vea muy baratos). Y después arranca la etapa de Jonathan Hickman y ahí sí, me quemaron tanto la cabeza que leí un par de numeritos en scans y me pedí los primeros TPBs. Eso, entonces, será lo próximo que voy a leer del glorioso cuarteto.
El Gran Wieringo ya no está con nosotros, pero el maestro Waid sí, y quiero cerrar la reseña ovacionándolo por esta excelente seguidilla de episodios que le permitieron a los Fantastic Four brillar durante un par de años con luz propia, a la par de tantas otras joyas inolvidables de las que nos regaló la etapa de Bill Jemas y Joe Quesada al frente de Marvel. Ahora que Hickman abandona la serie, parece que se la dan a Matt Fraction. Pero como Plan B, no lo descarten a Waid, que ya demostró que la tiene muuuuuy clara.

martes, 17 de abril de 2012

17/ 04: FANTASTIC FOUR Vol.2

Ah, bueno... El primer tomo de Fantastic Four por Mark Waid estaba buenísimo, pero este está mucho mejor. Pero MUCHO mejor! De hecho, la saga de seis episodios Authoritative Action ya está en mi Top Five de las mejores historias de los FF de todos los tiempos, así, de una.
El tomo arranca con ese arco, con Reed y sus compañeros en Latveria, decididos a hacerse cargo del país del Dr. Doom ahora que este se hundió en las fosas del Averno. ¿Superhéroes al frente del gobierno de un país? Ya lo vimos otras veces, no? Pero esto es distinto. Esto es casi perfecto, al nivel (o un toque por encima) de la época de Warren Ellis en The Authority. “Siempre hacemos la mitad del trabajo –dice Reed- Le ganamos a Victor, pero no reparamos sus daños. Va a volver, ¿para qué fingir que no? Y cuando vuelva, va a venir a recuperar su tecnología, su fortuna, su soberanía y su inmunidad diplomática para volver a lastimarnos. La idea es que esta vez, cuando vuelva, se encuentre con que no le dejamos nada”.
Con esa idea, Reed toma las riendas de una nación, la da vuelta en pocos días y, claro, las fuerzas de las Naciones Unidas, que jamás se indignaron cuando Latveria era gobernada por un genocida hijo de mil putas, se escandalizan porque un ciudadano de los EEUU tomó el poder y vienen con todo a apurar a los FF para que se retiren. La consigna promete machaca, pero poquita. Y si hay una falencia es esa, las excusas que inventa Waid para que vuele alguna trompada en cada episodio. Por supuesto son mil veces más ricas las escenas en las que los héroes evalúan el dilema moral en el que están metidos por tratar de neutralizar el “canuto de poder” que mantiene siempre peligroso a Doom.
El final, en el que uno de los cuatro cae muerto, no se lo cree nadie. Sabés que muy pronto va a volver. Y de eso se trata el arco siguiente, los tres episodios de Hereafter, la saguita en la que los FF van al Cielo a negociar con Dios para que resucite a... quien cayera muerto en Latveria. Esto está un toquecito estirado, pero viene bien, porque Waid dedica bastante espacio a reflexionar acerca de las consecuencias de lo que hizo Reed en el arco anterior. Y al final pasa lo que todos queríamos que pasara, aunque nunca te imaginás cómo.
Para el final, dos episodios claramente en joda, co-protagonizados por Johnny y Spider-Man, como para descomprimir un poco. Acá tenemos una excelente dosis de chistes de esos que Waid siempre supo meter en sus comics y si bien no pasa nada relevante, la lectura se hace sumamente llevadera.
De los 11 episodios que ofrece el libro, Mike Wieringo está a cargo de cinco, los tres de Hereafter y los dos con Spidey. Y realmente, lo que pela acá no tiene límites. La expresividad de las caras, el lenguaje corporal, las escenas de acción, la atención a los detalles, los climas... Wieringo se envuelve con la bandera de “la imaginación al cuadrado” y en cada cuadrito pone todo y mucho más, como hizo casi siempre en los pocos años que duró su ejemplar carrera como historietista.
Pero la saga más grossa, Authoritative Action, viene con una sorpresa interesante. Por primera vez desde que tengo memoria, veo dibujos de Howard Porter que no me desagradan. No está al nivel de lo de Wieringo, obviamente. Pero al lado de lo que hacía en la JLA o Underworld Unleashed (por citar otros proyectos que le tocó compartir con Waid), esto está muy, muy bien. No le pidas que arme buenos climas, porque no tiene idea, pero por lo menos no hay casi errores en la narrativa, no escasean los fondos, no hay tropiezos graves en la anatomía y las caras más o menos zafan, a pesar de que las entinta el (a mi juicio muy precario) Norm Rapmund. O sea que, de alguna manera, esta serie logró que un verdulero irredento como siempre fue Porter, buscara la redención. No sé si en su trabajo inmediatamente posterior, que fue Flash, junto a Geoff Johns, se la bancó o reincidió en sus habituales crímenes de lesa historietidad. Pero en Fantastic Four cumplió muy dignamente.
Faltan un par de tomos para terminar la recorrida por todo lo que hicieron Waid y Wieringo en esta serie. Dudo que me vaya a encontrar con una saga tan bien escrita como Authoritative Action o con una tan emotiva como Hereafter. Pero vamos a intentarlo. De eso se trata FF hace más de 50 años: de aventurarse hacia lo desconocido en busca de cosas nuevas y alucinantes. ´Nuff said!

miércoles, 27 de abril de 2011

27/ 04: FANTASTIC FOUR Vol.1


Hace como 11 años, en una conversación con Mark Millar, me dijo (y yo tuve la precaución de grabarlo) “Pokémon no es ni la mitad de bueno que Fantastic Four, o que los X-Men, u otros personajes creados por Jack Kirby... y los pibes se apuñalan unos a otros por una figurita de Pokémon. ¿Por qué no se apuñalan por los Fantastic Four? Las compañías tienen que hacer algo al respecto. No puede ser que los grandes capos, los que mueven la plata grande, se crucen de brazos en sus hermosas oficinas de New York, mientras observan cómo desaparece el mercado y se les muere el negocio”. Dos años después, la Marvel mágica de Bill Jemas y Joe Quesada iniciaba una de las tres o cuatro mejores etapas en la historia de los Fantastic Four, no precisamente con Millar al timón, sino con Mark Waid y Mike Wieringo. Y no sé si lograron que los chicos se apuñalaran los unos a los otros por los Fantastic Four, pero por lo menos demostraron que el concepto (en aquel entonces con 40 años a sus espaldas) todavía funcionaba tan bien como cuando lo “pensaron” Stan y Jack.
Waid se pone para esta serie desafíos jodidísimos: se niega a tocar puntos clave como los poderes, se niega a cambiar miembros, se niega a traer de vuelta a los villanos medio-pelo y –tal vez lo más importante- se niega a pensar a Reed y los suyos como un grupo de superhéroes. Para él, los Fantastic Four son exploradores, investigadores del más allá, son la vanguardia, los que hacen cosas y visitan lugares que ningún otro personaje de Marvel hizo ni vio jamás. Y además le da bola a un tema apenas insinuado en la etapa de Carlos Pacheco: atrás de los aventureros hay una familia, y atrás de la familia hay una empresa, que si no factura, se va a la B.
Con todos estos replanteos y con toques muy novedosos e interesantes en la dinámica entre los cuatro protagonistas (más los hijos de Reed y Sue), Waid llena SEIS episodios en los que la acción o bien es mínima o bien es intrascendente, porque el foco está puesto en otra cosa. Recién para el séptimo número vuelve el más grande, el Dr. Doom (también repensado a fondo por el creador de Impulse) y por fin, arranca una saga larga, donde el peligro se respira en cada puta viñeta. Tan grossa es la saga de Doom, que Waid se toma dos episodios enteros (!) en sopesar las consecuencias y en cerrar algunas de las heridas que quedan abiertas. De nuevo nos esperan cuarenta y pico de páginas casi sin machaca, repletas de excelentes diálogos y de escenas muy logradas, que avanzan y redefinen las relaciones entre los personajes.
La espectacular edición de estos 12 episodios en libro, incluye también la propuesta que presentó Waid cuando le ofrecieron hacerse cargo de la serie. Y es increíble ver cómo en las historietas aparecen uno por uno y sin una coma cambiada TODOS los elementos que Waid presenta en su “plataforma”. Cada idea, cada toque, cada replanteo, se ve plasmado en alguna de las secuencias del comic. ¿Se puede decir que le dieron permiso para hacer comic de autor dentro del mainstream? Y, no sé… banquemos a leer un par de tomos más. Pero posta, sorprende la exactitud con la que el guionista mete en las historias TODO lo que se le ocurrió cuando redactaba la propuesta.
Parte de lo que lo alentó Waid a hacerse cargo de Fantastic Four fue la presencia de su amigo Mike Wieringo, aquel ídolo que se nos fuera en 2007, y que en 2002 estaba en un enorme momento creativo. Mark y Mike se entendían a la perfección y eso se nota mucho en las historietas de este tomo. Acá vemos a un Wieringo jugado, comprometido, dispuesto a dejar la vida en cada viñeta. Su New York es creíble, sus personajes “normales” son perfectos, su Thing y su Franklin son definitivos, su Sue y su Johnny se visten como gente real, acorde a su onda y a su edad, y además de cuidar tooodos esos detalles menores, nos regala unas secuencias redonditas, lindas, impactantes y muy, muy funcionales al relato. Sus escenas de machaca son trepidantes y sus expresiones faciales, variadas y atrapantes.
En los números en los que Wieringo descansa, tenemos primero a Mark Buckingham (muy bien, pero con una estética demasiado distinta a la del ídolo) y después a Casey Jones, mediocrón consumado que zafa con lo justo del papelón. Por suerte, casi todo el libro explota con la alquimia entre Waid y Wieringo, los tipos que volvieron a darle onda a los Fantastic Four en los albores del milenio y demostraron –una vez más- que no hay personajes chotos: sólo hay autores chotos, y si los reemplazás con autores buenos, ya está. Problema resuelto.

sábado, 17 de julio de 2010

17/ 07: SPIDER-MAN AND THE FANTASTIC FOUR: SILVER RAGE


Hasta hace un rato, lo confieso, creía como un boludo que Jeff Parker era el mismo que en los ´90 hacía ese comic de Beavis & Butt-Head magníficamente jodido que editaba Marvel. Eso, sumado a que varios amigos comiqueros me hablaban muy bien de los trabajos actuales de Parker como guionista, me llevaron a leer esta saga. Ahora me doy cuenta de que no, de que el capo que me hacía reir muchísimo con Beavis & Butt-Head era Rick Parker, y que efectivamente, este es mi primer comic de Jeff Parker.
Y la verdad es que me gustó. No es la gloria, no es imprescindible, ni es el antes y después de nada. Pero es una buena historia, con un muy buen ritmo, personajes bien trabajados, un peligro real que genera verdadera tensión (incluso cuando antes de abrir el libro sabés que al final ganan los buenos), una amenaza bien explicada y con matices, como para que no sea una mera machaca de héroes vs. villanos, y algo que en estos días es una virtud cada vez más infrecuente en el comic de superhéroes: Silver Rage dura lo que tiene que durar, se inicia, se desarrolla y se liquida en 90 páginas y está perfecto, hasta ahí daba.
La trama gira en torno del enésimo imperio mega-planetario que se decide a sumar a la Tierra a su lista de mundos colonizados, o sea que se acerca mucho más al tipo de historias que habitualmente se narran en Fantastic Four que a las que suelen involucrar a Spider-Man. Pero el rol de Peter no es menor, ni se lo ve desubicado en el conflicto, porque Parker se las ingenia para que la resolución cobre dos caminos paralelos: uno más de ciencia-ficción, que es donde se lucirá Reed Richards, y uno más de machaca superheroica, donde los resultados llegarán cuando Spidey se integre al grupito de Sue, Ben y Johnny como si hubiesen trabajado juntos toda la vida. Además, la combinación de Ben, Johnny y Peter potencia las instancias de comedia y Parker las aprovecha metiendo muchísimos chistes, algunos buenísimos.
¿Por qué Parker no va a ser nunca un gran guionista de Fantastic Four? Porque no maneja bien a Sue. Sue es el personaje difícil del grupo y sólo los guionistas que la entienden son los que dejan una huella importante en la serie. ¿Por qué Parker tiene todo para ser un gran guionista de Spider-Man? Porque maneja bien a Peter Parker, y sólo los guionistas capaces de escrbir un buen Peter pueden escribir un gran Spider-Man. Los otros personajes destacados de la saga provienen de la mitología del cuarteto (y no, no me refiero a la Mona Jiménez): los Knights de Wundagore, el Dr. Doom y el Impossible Man. Y es con este último con quien mejor se lleva Parker, al punto que redefine y le da un poco más de sentido a la raza Poppupiana, que hasta ahora siempre había sido una especie de chiste que era más gracioso si nadie lo explicaba.
Por el lado del dibujo, tenemos a un grosso que ya no está: el inolvidable Mike Wieringo, autor junto a Mark Waid de muchos números alucinantes de Flash y de una etapa de Fantastic Four a la que los fans veneran, y que yo todavía no empecé a leer. Wieringo dibuja un Spider-Man perfecto, un Dr. Doom espectacular, un Impossible Man brillante y al mejor Thing de todos los tiempos (bue, parejo con los de John Byrne y Carlos Pacheco, así somos más justos). No sé a quién se le ocurrió ponerle como entintadores a Wade Von Grawbadger y Andy Lanning, porque son tipos con estilos muy distintos, que van para un lado distinto al que proponía el querido “Ringo”. Pero cuando abajo hay un dibujo con tanta onda, tanta potencia y tan bien desplegado a lo largo y a lo ancho de la página, el resultado final sigue siendo más que satisfactorio.
Como en las buenas historias del universo de Star Trek, acá tenemos ese raro híbrido al que podemos llamar “pochoclo para nerds”: un dilema moral, un conflicto de escala cósmica que no se soluciona a trompadas (aunque hay muchas) y una resolución en la que el nerd de la física (Reed) y el nerd de la biología (Peter) se complementan para salvar no a una sino a tres civilizaciones. Interesante, divertido y muy, muy bien dibujado por un titán al que vale la pena homenajear hoy y siempre.