Hace unos días me metí por primera vez con los comics de Archie y hoy me interno por segunda vez en los comics de Disney. Esta vez, en vez de seguir a un autor, sigo a una temática que –casualmente- me interesa muy poco. Las historias que componen esta antología fueron elegidas por girar en torno al amor, los novios y el día de San Valentín, fiesta pelotuda si las hay. Predeciblemente, la mayoría de los guiones son infumables, plagados de cursilería y banalidad.
¿Donde está el atractivo de este libro? En la decisión por parte de BOOM! de meter historietas originalmente publicadas en las cuatro usinas de comics Disney que existen a nivel mundial. Acá hay material generado en EEUU, en Dinamarca, en Italia y en Brasil, casi siempre a cargo de autores emblemáticos, de los próceres que engalanaron con sus plumas los comics de Mickey, Donald y familia. En esa diversidad de estilos y en la calidad de casi todos los dibujantes está la posta, lo que me hizo soportable este tomo.
Que arranca muy bien, con la historieta mejor escrita de la antología. Se trata de Love Trouble, originalmente publicada a lo largo de 1941 en la tira diaria de Mickey Mouse, por supuesto integramente a cargo del maestro Floyd Gottfredson. Las viñetas están remontadas para que en vez de tiras parezcan páginas de historieta, algo que se podía hacer muy mal pero se hizo con mucho criterio. Y muy loable también la labor de Marie Javins (otrora colorista y coordinadora de muchas series de Marvel), encargada de sumarle el color digital a un material muy pensado para blanco y negro. Odio a Mickey, lo quiero ver fracasar en todo, pero esta historia está muy lograda, muy divertida y poco predecible.
La siguiente historia es más breve (10 páginas) y a priori prometía, por tratarse de una de Donald escrita y dibujada por el genial Carl Barks. Bueno, me ensarté. El dibujo está excelente, pero el guión es la nada misma. Parece improvisado, termina en cualquier lado, casi no es gracioso, nunca termina de tener peso la trama “romántica”... una boludez atómica.
Nos vamos a Italia, para rescatar una historieta de 34 páginas creada en 1964 por el maestro Romano Scarpa, quien es –junto a Giorgio Cavezzano, que acá oficia de entintador- el mejor dibujante de Disney que dio la península. Acá el protagonista es Uncle Scrooge, el guión tiene algún que otro momento cómico (hasta ahí nomás) y el dibujo es hermoso, muy moderno, muy suelto, lleno de plasticidad. Además, como cada página tiene menos cuadros, estos son más grandes y el trazo de Scarpa se luce mucho más. Como en el clásico “fumetto” de aventuras, acá hay muchos más primeros planos y planos cortos que en las historias realizadas en EEUU, algo que, evidentemente, es un rasgo que comparten todos los autores tanos, más allá de la corriente estética en la que se enrolen.
Desde Dinamarca nos llega una historieta de Mickey de apenas cinco páginas, que nada tiene que ver con el amor y el romance. Pasan unas cuantas cosas porque ninguna página baja de las 10 viñetas, pero igual es muy menor. El autor es Dan Jippes, el máximo referente de la editorial Egmont, la factoría escandinava de comics de Disney. Después volvemos a EEUU un toque para una historia muy cortita, de sólo dos paginitas, a cargo de Al Taliaferro. Esto es de 1961 y se ve muy mal, quizás porque para esta época Taliaferro ya tenía pocas ganas de romperse el lomo en cada viñeta. El color la levanta bastante, pero el guión y el dibujo son bastante tristes.
Y terminamos con una de 32 páginas de 1988, en la que cuatro autores brasileros (dos guionistas y dos dibujantes) exploran un What If... en el que Donald y Daisy se casan. Creo que acá está lo peorcito del libro, el guión más obvio, más cabeza, y los dibujos más apurados, más derivativos, con menos onda. Todo lo que se ve bien parece afanado a Scarpa, Cavezzano o Barks, y lo que no parece afanado se ve muy mal. De una buena idea salió un resultado –con suerte- mediocre.
¿Para qué sirve este libro? Para ver historietas con los personajes icónicos de Disney hechas en cuatro países distintos, a lo largo de cinco décadas. ¿Hay historietas mejores con Mickey, Donald, Minnie y Daisy? Obvio, mil veces mejores. Pero no conozco otros recopilatorios donde Barks y Gottfredson convivan con Scarpa y Jippes y eso hace que este extraño experimento de BOOM! resulte digno de un lugarcito en la biblioteca.
Mostrando entradas con la etiqueta Disney. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Disney. Mostrar todas las entradas
lunes, 5 de mayo de 2014
viernes, 23 de marzo de 2012
23/ 03: WALT DISNEY TREASURY: DONALD DUCK Vol.1
Mucho más reconocido fuera de los EEUU que en su propio país, el maestro Don Rosa pasó a la historia por haber emprendido –él solito- la renovación y recuperación de los comics de Disney en la segunda mitad de los ´80. Porque, si bien en países como Italia, Brasil y Dinamarca la producción jamás cesó y los comics de patos y ratones siempre estuvieron entre los más vendidos, en el país que los vio nacer la producción se había vuelto tan escasa como estancada y la bola que le daban los fans de la historieta era menos que mínima. Todo esto cambió en 1987, cuando Don Rosa empezó a colaborar en las revistas de la editorial Gladstone (que en esa época publicaba los comics de Disney en EEUU), y a aplicar una fórmula infalible: recuperar la magia de las historias de Carl Barks, el Patriarca de los Patos. Este libro recopila en orden cronológico las primeras 13 historietas de Donald realizadas por Rosa, al principio como autor integral y para el final, en colaboración con guionistas alemanes.
El Donald de las primeras historietas es insufrible: competitivo, envidioso, irascible, miserable, tramposo, mentiroso... un tipo absolutamente despreciable. Pero claro, después aparece en escena Uncle Scrooge, y al lado de su tío, Donald es el más altruista y solidario de los héroes. Lo más interesante es que Rosa ensaya (aunque sea tímidamente) la explicación para el carácter de mierda del pato: está sin laburo, podrido de contar las monedas para bancar los gastos suyos y de los tres sobrinos. No es un argumento que se esgrimiera habitualmente en las historietas infantiles creadas durante los gobiernos de Ronald Reagan y George Bush padre.
Para su octava historieta, Rosa se decide a retomar la senda que lo llevó a publicar profesionalmente en los comics de Disney: como en su primer trabajo (Son of the Sun, una historia de Uncle Scrooge, Donald y los sobrinos que es secuela a uno de los clásicos de Barks), el autor se tira de cabeza en las gigantescas huellas de su maestro y recrea aquella cautivante dinámica entre el elenco básico de las grandes aventuras firmadas en los ´50 por el Patriarca de los Patos. The Crocodile Collector es (como Son of the Sun) un clásico instantáneo y Rosa junta coraje para emprender una historia más extensa (28 páginas) titulada Return to Plain Awful, otra secuela en la que retoma una de las grandes historias de Barks. Return to Plain Awful es, sin dudas, lo mejor que tiene para ofrecernos este libro. Acá el dibujo es perfecto y el balance entre acción y humor está tan logrado como en los mejores trabajos de Barks o de Hergé. Y por supuesto, la caracterización de los patos está logradísima.
Después, Rosa se va de Gladstone porque la editorial se niega a devolverle sus originales, y recala en Oberon, una editorial alemana que generaba material propio de Disney para ese país y que le ofrecía mejores condiciones de trabajo. El material que Rosa produce para Oberon (que es poquito, porque se queda ahí poco tiempo) también se publica en EEUU, y son historias más tranqui, mucho menos ambiciosas, más cortas y con mucho más énfasis en la comedia que en la aventura. Este libro ofrece tres, de las cuales la mejor es la última.
Al igual que Barks, Rosa se siente cómodo con una narrativa sumamente clásica y controlada (la página dividida en cuatro tiras, casi siempre de dos viñetas), de una claridad cristalina y con logros asombrosos en la composición de las viñetas. El grafismo de Rosa se asemeja al de Barks, pero hasta ahí nomás: el trazo del alumno tiene una oscuridad que el del maestro no tenía. Esas rayitas obsesivas y meticulosas tipo Robert Crumb con las que Rosa enfatiza los efectos de iluminación, o las emociones más extremas de los personajes, combinadas con un entintado más power, más denso, aportan un look más extraño, menos “cute”, casi un coqueteo con el peligro.
Si lo único que conocías de Don Rosa era su fundamental The Life & Times of Scrooge McDuck, este libro te da la oportunidad de ir un cachito más atrás y redescubrir otros clásicos. Re-da para pedirse también el Vol.2.
El Donald de las primeras historietas es insufrible: competitivo, envidioso, irascible, miserable, tramposo, mentiroso... un tipo absolutamente despreciable. Pero claro, después aparece en escena Uncle Scrooge, y al lado de su tío, Donald es el más altruista y solidario de los héroes. Lo más interesante es que Rosa ensaya (aunque sea tímidamente) la explicación para el carácter de mierda del pato: está sin laburo, podrido de contar las monedas para bancar los gastos suyos y de los tres sobrinos. No es un argumento que se esgrimiera habitualmente en las historietas infantiles creadas durante los gobiernos de Ronald Reagan y George Bush padre.
Para su octava historieta, Rosa se decide a retomar la senda que lo llevó a publicar profesionalmente en los comics de Disney: como en su primer trabajo (Son of the Sun, una historia de Uncle Scrooge, Donald y los sobrinos que es secuela a uno de los clásicos de Barks), el autor se tira de cabeza en las gigantescas huellas de su maestro y recrea aquella cautivante dinámica entre el elenco básico de las grandes aventuras firmadas en los ´50 por el Patriarca de los Patos. The Crocodile Collector es (como Son of the Sun) un clásico instantáneo y Rosa junta coraje para emprender una historia más extensa (28 páginas) titulada Return to Plain Awful, otra secuela en la que retoma una de las grandes historias de Barks. Return to Plain Awful es, sin dudas, lo mejor que tiene para ofrecernos este libro. Acá el dibujo es perfecto y el balance entre acción y humor está tan logrado como en los mejores trabajos de Barks o de Hergé. Y por supuesto, la caracterización de los patos está logradísima.
Después, Rosa se va de Gladstone porque la editorial se niega a devolverle sus originales, y recala en Oberon, una editorial alemana que generaba material propio de Disney para ese país y que le ofrecía mejores condiciones de trabajo. El material que Rosa produce para Oberon (que es poquito, porque se queda ahí poco tiempo) también se publica en EEUU, y son historias más tranqui, mucho menos ambiciosas, más cortas y con mucho más énfasis en la comedia que en la aventura. Este libro ofrece tres, de las cuales la mejor es la última.
Al igual que Barks, Rosa se siente cómodo con una narrativa sumamente clásica y controlada (la página dividida en cuatro tiras, casi siempre de dos viñetas), de una claridad cristalina y con logros asombrosos en la composición de las viñetas. El grafismo de Rosa se asemeja al de Barks, pero hasta ahí nomás: el trazo del alumno tiene una oscuridad que el del maestro no tenía. Esas rayitas obsesivas y meticulosas tipo Robert Crumb con las que Rosa enfatiza los efectos de iluminación, o las emociones más extremas de los personajes, combinadas con un entintado más power, más denso, aportan un look más extraño, menos “cute”, casi un coqueteo con el peligro.
Si lo único que conocías de Don Rosa era su fundamental The Life & Times of Scrooge McDuck, este libro te da la oportunidad de ir un cachito más atrás y redescubrir otros clásicos. Re-da para pedirse también el Vol.2.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

