el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 29 de junio de 2019

SABADO ASQUEROSO

Mientras en Buenos Aires no para de llover, mientras en Montevideo se quieren matar y mientras los garcas que tienen la guita escondida en Panamá festejan la firma de un acuerdo pensado para que Argentina y Brasil retrocedan 90 años, me siento a escribir las reseñas de dos libritos editados recientemente en nuestro país.
Empiezo con el Vol.6 de Amuleto, la exitosa saga de Kazu Kibuishi, que sigue avanzando a un ritmo muy descomprimido, sin ningún apuro para llegar al final. Son un montón de páginas de peripecias, misterio, tensión y aventuras al límite, siempre protagonizadas por Emily y Navin, los chicos comunes y corrientes que (como Den, Avrack y tantos otros) resultan ser muuuuy capos en este mundo fantástico repleto de elementos que uno asocia con Star Wars, Lord of the Rings, Harry Potter y las películas de Hayao Miyazaki.
El único problema que tiene esto es que yo lo leo sabiendo que el final va a llegar en el Vol.9. Entonces doy por descartado que cualquier volantazo grosso que involucre a Emily o a Navin va a llegar (como muy temprano) sobre final del Vol.8. Todo lo que pase hasta ese momento, va a ser relleno, o a lo sumo un build-up hacia ese final que (intuyo) va a ser muy grosso. Lo bueno es que Kibuishi desarrolla mucho y muy bien a los personajes secundarios y cuando los sacudones más brutales que necesita la trama para mantener el interés (panquequeadas dignas de Pichetto, heridas graves, incluso muertes) los afectan a ellos, uno siente el impacto, no le chupa un huevo. 
Estamos en un momento de la saga de Amuleto muy The Empire Strikes Back, un tramo oscuro, ominoso, con los protagonistas separados entre sí, metidos en distintas búsquedas, distintos aprendizajes, distintas runflas. Me imagino que ya a partir del Vol.7, cuando arranque el tercio final de la obra, Kibuishi va a tratar de que todo esto confluya hacia un cierre épico y emotivo. El dibujo, como siempre, muy sencillito, casi rudimentario en los personajes, y con un nivel devastador en las grandes tomas panorámicas. El color, hermoso de punta a punta. Todavía no se sabe si el Vol.7 sale en Argentina este año, o si habrá que esperar a 2020 (como para volver a llenar la heladera, ver gratis los partidos de la Superliga o irse de vacaciones).
Hora de reencon-
trarme con Nahuel Amaya, que vuelve a la carga con Capitán Muerte, un libro que recopila un montón de tiras humorísticas protagonizadas por un bizarro superhéroe cuyo poder consiste en matar en el acto a cualquier cosa viva a la que toca. Las tiras nunca tienen menos de cuatro viñetas, y en cada uno de ellas Amaya mete mucha información, con lo cual a alguien se le ocurrió publicarlas de a una por página. Eso hace que en 96 páginas tengamos apenas 80 tiras, con mucho espacio blanco arriba y mucho espacio blanco abajo. Un libro de 96 páginas con 16 páginas que no tienen historietas, y las que sí tienen ofrecen sólo una tira… ya saben lo que opino yo de eso, no? No hace falta reiterar los conceptos.
Me quedo con el dibujo de Amaya, que mejoró notablemente desde la última vez que vimos una obra suya (19/06/15). Más plástico, más suelto, más limpio, con mejor criterio para elegir cuándo sintetizar y cuándo ponerle a la viñeta una sobrecarga de elementos gráficos bien dispuestos… Por supuesto que adentro no vas a ver dibujos al nivel de lo que se ve en la portada, en buena medida porque las tiras del Capitán Muerte son en blanco y negro, pero realmente el aspecto visual del libro está todo muy cuidado.
En cuanto a las tiras en sí, hay algunas muy graciosas, con un humor negro muy logrado. Algunas incluso te hacen sentir mal por reirte de ese tipo de situaciones. Después hay otras que juegan con los clásicos tropos de superhéroes y supervillanos, en las que Amaya desaprovecha un poco las buenas ideas que se le ocurren para los personajes, poderes, trajes… En un comic de 8, 12 ó 16 páginas seguramente esos personajes funcionarían mejor y se lucirían más. Básicamente, está todo muy jugado a la contradicción entre un tipo que supuestamente es un héroe y un poder absolutamente letal, que fulmina (incluso accidentalmente) a todo lo que entra en contacto con el justiciero que da título a la obra. Por eso está bueno que sean relatos muy cortitos, de cuatro o cinco viñetas (a veces son seis o siete, también), como para no aburrir, ni agobiar, ni restarle impacto al recurso.
Para pasar un buen rato, Capitán Muerte no está nada mal. No es el antes y después de nada, pero es entretenido y está muy bien dibujado.
Y nada más, por hoy. Estoy saboreando de a poco un librazo de chotocientas páginas y ya palpitando la previa a la función de prensa de la nueva peli de Spider-Man, así que por ahí vendrán las próximas reseñas que tendremos (espero que muy pronto) acá en el blog.


viernes, 12 de octubre de 2018

TRIPLETE Y A ROSARIO

Esta noche me voy a dormir temprano, porque en la mañana del sábado nos vamos para Rosario, a disfrutar un par de días de Crack Bang Boom. Así que aprovecho para reseñar algunos libritos que leí en estos días.
Barcelona es una breve novela gráfica de Kenny Ruiz, el autor cuya obra más conocida (El Cazador de Rayos) vimos acá en el blog el 14/12/17. Esto no tiene ni en pedo la calidad de dibujo que vimos en El Cazador de Rayos (sobre todo en los tramos finales de dicha saga), en parte porque acá Ruiz arma un equipo con un entintador y varios coloristas en vez de hacer todo él. Pero aún así, Barcelona se ve bien, no decepciona a nivel visual. Y narrativamente se banca decorosamente el hecho de que Ruiz cuenta en 42 páginas una historia que daba para 50 ó 60. Hay que fumarse páginas con muchas viñetas chiquititas en las que el dibujo se luce poco, pero felizmente el flujo del relato no se resiente para nada.
En cuanto al argumento, entré convencido de que el álbum era una especie de canto de amor a la Ciudad Condal, pero al leerlo me encuentro con que no es así. Ruiz nos muestra (a través de los ojos de Cyan, la protagonista) lo chota y lo hostil que puede ser Barcelona para una chica que llega del sur, con poca guita, pocos contactos y pocas ganas de que la forreen. El libro se podría llamar tranquilamente “Las desventuras de Cyan en Barcelona”, porque recién sobre el final la senda de esta intrépida fotógrafa se empieza a encarrilar.
Lo cierto es que la historia se hace llevadera, dinámica, las casualidades no suenan tan forzadas y uno se encariña rápidamente con Cyan. Como fan de la ciudad, me parece que Ruiz no le sacó todo el jugo posible. Pero como fan de las historias realistas, humanas, cercanas, con un tinte de denuncia social apenas disimulado, Barcelona me pareció forma bastante satisfactoria de ver qué hace Kenny Ruiz cuando no está narrando ambiciosas epopeyas pensadas para el mercado francés.
Me bajé también el Vol.5 de Amuleto y por primera vez no tengo el tomo siguiente pidiendo pista. Tranqui, sale el mes que viene. Este es, por lejos, el tomo menos interesante de los cinco primeros. Nunca antes me había parecido que Kazu Kibuishi estaba estirando innecesariamente la saga, ralentizando más de la cuenta el ritmo al que avanza el relato. Esta vez, para mi profunda desazón, la trama se arrastra, avanza a un ritmo sólo comparable al de un bondi por la avenida Medrano, en el tramo que va de Córdoba a Bartolomé Mitre, un miércoles a las 5 de la tarde. Ya cuando empieza ese festival de las secuencias oníricas, queda de manifiesto la intención de Kibuishi por tirar la pelota a la tribuna y dejar correr los minutos. Ojo, algunas cosas suceden. Pero son pocas para la cantidad de páginas que ofrece el tomo y para el ritmo que tenía Amuleto hasta acá.
Lo bueno de estas secuencias oníricas y de la narración mucho más descomprimida es que Kibuishi encuentra espacio para meter más de sus magníficas ilustraciones. Entonces, cuando aparecen esas composiciones, esos paisajes, esos colores, medio que se hace irrelevante que la trama avance poco o nada. Por ahora hay crédito para seguir apostando por Amuleto y ver qué onda el Vol.6.
Y cierro con el Vol.5 de Lucha Peluche, que marca el fin de la fascinante tira de El Niño Rodríguez, tira a la que la gran masa del pueblo comiquero le dio escasísima bola, más allá de sus inmensos méritos.
Este tomo probablemente sea el mejor de los cinco, porque acá se nota que el Niño se sacó de encima la presión de la entrega diaria (originalmente Lucha Peluche salía en un diario) y puede pensar mejor cada mini-relato. E incluso –lo más interesante- plantear relatos más extensos, sin llegar a armar una estructura de novela, pero sí con mucho más margen para explorar a algunos personajes. La Familia Bolchevique, Mortadela, Tony Torres y en especial Alejo son los que logran hilvanar historias más jugadas, que traspasan las fronteras del chiste para parecerse un poco más a las típicas historias cortas que podrían aparecer en cualquier antología de historieta.
El humor del Niño combina chistes con reflexiones, siempre con una mirada cáustica, filosa, provocativa. Es un humor descarnado, sin concesiones, que contrasta explícita e intencionalmente con la sencillez y la belleza del dibujo. El capitalismo y sus crisis cíclicas, el vínculo espurio entre los medios de comunicación y el poder, la desigualdad social, la frivolidad de los famosos, el miedo como forma de control social y otros temas complejos y elevados se mezclan con chistes de culos y pedos, de futbol y merca, de Instagram y Twitter, en una fiesta sin límites, repleta de imaginación y con ideas que trascienden ampliamente la coyuntura que reflejaron en el momento en que el Niño las llevó al papel. Ojalá más gente descubra esta verdadera gema de la historieta humorística argentina.
Y bueno, hasta acá llegamos. Probablemente haya nuevas reseñas el lunes, si duermo poco en los bondis de ida y vuelta a Rosario. Nos vemos en la Crack Bang Boom, o donde pinte.

sábado, 14 de julio de 2018

SABADO EN BUENOS AIRES

Qué mala leche, la puta madre… Único sábado del mes que estoy en Buenos Aires, la noche está bárbara y yo estoy con una congestión espantosa que no me deja respirar. Vamos a ahogar las penas en reseñas…
Ordenando las pilas de lecturas pendientes, encontré dos libros más editados en Argentina en 2017 que me faltaba reseñar. Arranco por ahí.
El Vol.4 de Amuleto, de Kazu Kibuishi, es (hasta ahora) el más Star Wars de la saga. Tiene más elementos de ciencia-ficción, hay una ciudad en las nubes, un amigo que traiciona, un consejo integrado por guerreros con poderes extrasensoriales, naves espaciales, androides… y hasta termina para el orto, como The Empire Strikes Back. Otro recurso de dicha peli que se ve en este libro es el de separar a los buenos en varios sub-grupos para narrar en paralelo las mini-historias de cada uno. Bueno, ese es el punto flojo de esta entrega de Amuleto: Kibuishi divide a los protagonistas en tres, y el tramo en el que va saltando de un grupito al otro se hace desparejo, porque no todas las sub-tramas generan el mismo interés.
Lo bueno es que Amuleto mantiene siempre un ritmo, un dinamismo en el avance de las tramas que hace que no tengas tiempo de aburrirte. El desarrollo de los personajes sigue presente como una preocupación central para Kibuishi y –como siempre- logra introducir, explicar y hasta explorar a fondo conceptos nuevos (algunos bastante elaborados, si pensamos que Amuleto está apuntado a lectores de hasta 13 años) sin atentar contra esta sensación de aventura constante, que va siempre para adelante sin parar.
Del dibujo no tiene mucho sentido hablar, porque ya es el cuarto tomo y el autor se mueve siempre dentro de los mismos parámetros. Este año salió el Vol.5, que está ahí, esperando su turno.
También a fines de 2017, se editó Humor al Diván, recopilatorio de chistes e historietas de Tute, con material del que aparece en el diario La Nación y su revista dominical. Le encuentro un único problema al libro, que son las páginas en las que sólo aparece un chiste, flotando en el medio, con mucho espacio arriba y mucho espacio abajo. En el mismo libro hay unas cuantas páginas con DOS chistes, y hubiese sido mucho mejor que fuera todo así, con dos chistes (o una historieta) por página, para no sentir que nos están mezquinando contenidos, sobre todo cuando uno piensa que estos libros no son baratos.
El resto, impecable. Uno supone que ya se hicieron todos los chistes posibles sobre psicoanalistas y pacientes, pero Tute siempre tiene algo nuevo para sorprendernos. Por suerte no son TODOS los chistes de esa misma temática. El libro va mechando también algunos cartoons más reflexivos, o introspectivos, o centrados en el otro tema que Tute domina a la perfección, que son los vínculos afectivos. Y además están las historietas, que no giran en torno al psicoanálisis, sino que son mucho más libres. Algunas se centran en estos romances (casi siempre frustrados) entre hombres y mujeres, y otras levantan un vuelo más raro, más personal, a veces para el lado de la poesía, otras veces para el lado del sinsentido. En las páginas de historieta el dibujo de Tute suele reducirse a su mínima expresión, con personajes dibujados tan chiquitos que ni siquiera tienen rasgos faciales, y el foco está puesto en los diálogos, que están buenísimos, más allá de la desprolijidad del autor a la hora del rotulado.
Sin personajes recurrentes, sin chistes pensados para arrancarte carcajadas, sin rozar coyunturas socio-políticas ni tirar referencias a famosos o a consumos culturales, sin escatología, en un estilo que muchas veces pareciera escaparle adrede al virtuosismo gráfico, los chistes e historietas de Tute tienen un encanto muy especial, que creo que pasa por la libertad, por lo mucho que se nota que el autor está haciendo lo que se le cantan las pelotas, ni más ni menos. Después hay reflexiones agudas, situaciones con las que uno se puede identificar, algunas frases brillantes y algunas ideas gráficas de alto impacto. Pero lo que a mí más me llega es la idiosincracia, la forma en la que Tute se aferra a la idea de ser autor, de sacar a relucir mediante el humor gráfico su mundo interior, de contar lo que tiene ganas de contar y dibujarlo como se le da la gana, caiga quien caiga, pasándose por el orto los condicionamientos que uno supone que pueden existir en un medio careta como es el diario La Nación. Si nunca te aventuraste en el universo de Tute, dejá terapia y conseguite un buen psiquiatra.
Tengo un librito más para reseñar, pero me dio fiaca. Lo dejo para la próxima. Aprovecho para invitarlos el finde del 21 y 22 a Villa Viñetas (en Villa Constitución, cerquita de San Nicolás) y el del 28 y 29 a Comarca Fest, en Viedma, provincia de Río Negro. ¡Gracias y hasta pronto!

domingo, 18 de febrero de 2018

LECTURAS DEL FINDE

A unas poquitas horas de grabar el Podcast nº100 de Comiqueando, me siento a reseñar los libros que me bajé en estos últimos días.
Arranco con el Vol.3 de Amuleto, de Kazu Kibuishi, esta adictiva epopeya que combina elementos de Harry Potter, Lord of the Rings y las pelis de Hayao Miyazaki. Esto tiene muchas “atractividades” diría el ingeniero más iletrado del planeta: es un comic muy ganchero, la trama tiene un gran ritmo, mucha acción, mucho espacio para el desarrollo de personajes (combinado con un elenco que no para de expandirse), ideas fantásticas… lo único que me deja un sabor medio choto es pensar que estamos en el Vol.3 y son nueve… Con lo cual muchas de las peripecias que te hacen vibrar en este tomo, en el contexto global de la obra, cuando la hayamos leído completa y podamos mirarla desde una cierta distancia, nos van a parecer boludeces, relleno, secuencias que podrían no estar y que hubiesen ayudado a que la historia fuera del punto A al punto B por un camino más lineal, menos laberíntico. Pero es una presunción mía, porque todavía me faltan años para leer el final de Amuleto y no tengo forma de saber cuánto peso real tienen estas peripecias en la estructura básica, en los cimientos de la saga.
Así que por ahora me engancho y disfruto como un pibe de 11 años de lo que me cuenta Kibuishi. Me dejo emocionar con los momentos emotivos, me dejo maravillar con esas ilustraciones de paisajes, me dejo asombrar por las criaturas imposibles… hasta me fumo una traducción al castellano rioplatense a la que se le notan algunas inconsistencias. Y sigo recomendando Amuleto a aquellos que están buscando una lectura para compartir con chicos de 9 a 12-13 años, que esté bien dibujada, que no haga tanto hincapié en la violencia como los comics de superhéroes y que no requiera la compra de 25 ó 30 tomos como el shonen. Tengo el Vol.4 pidiendo pista, y seguro le entro este año.
En Mayo de 2016, salió en España la que hasta ahora es la última novela gráfica del prócer gallego Miguelanxo Prado. Un par de meses después, tuve la suerte de viajar a ese país y me compré Presas Fáciles, sin dudar un instante.
En Presas Fáciles, Prado se despoja de una de sus armas infalibles, el color. Pero nos recuerda que trabajando con blanco, negro y grises también puede alcanzar resultados fascinantes. El dibujo es realmente perfecto y si bien se nota bastante cuando Prado elabora los fondos en base a fotos, esto contribuye muchísimo a la sensación de realidad palpable y hasta incuestionable que quiere transmitir la obra. Porque en Presas Fáciles, el autor deja de lado también los elementos fantásticos. Ya no hay nada que no exista en la realidad posta, no hay pinceladas de realismo mágico, todo es absolutamente terrenal, prosaico, y cuanto más constatable resulte, mejor.
A través del artificio de una investigación policial, Prado nos cuenta el plan perfecto de un grupo de jubilados para vengarse de los banqueros que los cagaron como de arriba de un puente y se quedaron con sus ahorros de toda una vida allá por el 2008-2009, cuando se pinchó la burbuja inmobiliaria y la mentira de los créditos accesibles para todos. Como siempre que el sistema pega estos cimbronazos, los perjudicados fueron los débiles, los pequeños ahorristas, nunca los grandes garcas a los que les sale gratis incluso equivocarse y perjudicar -al punto de dejar en la calle- a miles de personas que confiaron en ellos. Prado abreva en los diarios, en los noticieros, en el pulso de la calle, y con eso urde una trama de fición que respeta a rajatabla las convenciones del “policial de procedimiento”. Y además encuentra espacio para darle onda y carnadura a varios personajes, principalmente a la protagonista (la inspectora Olga Tabares).
Esta vez, Prado no busca crear una obra maestra como en Trazo de Tiza o Ardalén. Se conforma con bajar línea acerca de las consecuencias de darle rienda suelta a la banca para que haga lo que se le da la gana… y de paso nos advierte que, si les tocás el culo, los septuagenarios y octogenarios también se pueden convertir en villanos jodidos y letales. Mirá lo espesa que estará la realidad en esta España gobernada hace años por la derecha más cabeza de Europa, que hasta Prado -que siempre descolló en la ciencia-ficción, en la comedia o en el realismo mágico- se mandó una obra 100% verídica, ambientada en 100% en el presente y prácticamente sin chistes. Obviamente le salió muy bien. Presas Fáciles es, además de un alegato bravísimo, una excelente novela gráfica.
Volvemos pronto con nuevas reseñas. ¡Hasta entonces!

miércoles, 26 de julio de 2017

A VER SI ME PONGO AL DIA…

Arranco con una breve mención al Vol.2 de Amuleto, del maestro Kazu Kibuishi. Muy interesante cómo la trama se complica de a poco, cómo se construye un ritmo muy atrapante, que da mucho espacio a la introspección y a un desarrollo de personajes notable, y a la vez te tiene todo el tiempo vibrando al ritmo de una machaca muy, muy intensa, donde nunca cede un ápice la sensación de que lo que está en juego es muy grosso, donde realmente no sabés si los buenos van a ganar, o a qué costo pueden llegar a ganar. Atrás de ese dibujo sencillo, mitad dibujo animado moderno/ mitad manga clásico, Kibuishi pela una jerarquía impresionante para el dibujo e incluso para la ilustración. Pero sobre todo para la narrativa, que es sin duda su punto más fuerte. Tengo el Vol.3 y no veo la hora de entrarle.
También breve glosa para Ventura y Nieto Atacan de Nuevo, un recopilatorio de historias muy cortitas (todas tienen dos páginas) de los maestros españoles Enrique Ventura y Miguel Angel Nieto, no muy distinto del que vimos allá por el 02/12/10. La diferencia es que acá no aparece Groucho y que las historietas son un toque anteriores, de 1986 y 1987. Ventura y su primo, el ya fallecido Nieto, fueron y son referentes absolutos de la historieta humorística y satírica española, y acá eso queda clarísimo con algunos momentos brillantes como las parodias de Prince Valiant, Tintín o de las clásicas historietas ochentosas de ciencia-ficción con bajada de línea y pretensiones de relevancia. Algunas historias quedaron un poquito ancladas a la coyuntura de su época, pero en general te podés defecar de la risa leyéndolas 30 años tarde.
Me voy a EEUU, donde en 2015 se edita el primer TPB de Southern Bastards, la creación de Jason Aaron y Jason Latour. Me gustó bastante, pero me encontré con dos limitaciones bastante evidentes: 1) no me parece que el núcleo del argumento se pueda estirar más allá de los… ocho, diez episodios como máximo. A menos que Aaron pegue un volantazo ni bien arranca el Vol.2, no veo cómo la serie puede estar por llegar al nº18. Por ahí me equivoco, pero bueno… Y 2) muchas similitudes con las obras anteriores de Aaron. Southern Bastards te va a gustar mucho más si nunca leíste Scalped y sobre todo Men of Wrath, que es con la que tiene más puntos de contacto.
El resto, todo ganancia. Hay buenos personajes, buenas situaciones, un clima perfectamente construído, mucha data sobre temas que desconocía (la cocina sureña, las ligas regionales de football americano…) y un dibujante que deja la vida en cada página. Latour se colorea a sí mismo, y logra que su paleta realce a full la impronta expresionista y el power casi descontrolado de su trazo. El dibujo de Southern Bastards no sólo es buenísimo, sino que además se parece poco al de los otros comics que hay hoy en las bateas. Sin dudas, ni bien pueda capturo el Vol.2 a ver cómo sigue esta historia de violencia, impunidad y mala leche.
Y cierro con Femme, la novelita gráfica de Matías Di Stefano y Fernando Biz publicada el año pasado en el sello Módena. De la faz gráfica me gustó la narrativa y la aplicación de los grises, y me parece que Biz derrapa cuando mete cross-hatchings u otros efectos de iluminación plasmados con el plumín o el pincel. Ahí se desvía de esa estética cuasi-manga que tan bien maneja y todo se desluce bastante.
Por el lado del guión, claramente el fuerte de Di Stefano está en los diálogos. Si te gustan los diálogos realistas, 100% auténticos, rápidamente vas a sumar a Di Stefano a la lista de los guionistas a seguir muy de cerca. Hasta cuando uno de los personajes habla en francés todo suena perfecto al oído. Después la trama y la construcción de los personajes evidencian unos cuantos problemas, algunos de ellos insalvables. Situaciones forzadas, coincidencias inverosímiles, personajes relevantes en la trama que pasan de ser y pensar una cosa a ser y pensar otra sin mayor análisis… La verdad que si te digo que el guión me atrapó o que me cerró cómo están prensentados los conflictos o cómo se resuelven, te estaría mintiendo descaradamente.
Me quedó un librito leído sin reseñar. Ya le llegará su turno. Gracias por el aguante y la seguimos pronto.

lunes, 2 de enero de 2017

OCTAVA TEMPORADA

Y bueno, arrancamos la octava temporada de este blog que empezó allá por el binario 01/01/10. A riesgo de aburrirlos a ustedes, porque a mí, la verdad que este formato de varias reseñas cortas cada dos o tres días me resulta muy cómodo y muy divertido.
Ajustes económicos mediante, en 2016 compré bastantes menos libros que en 2015, pero para un año más seguro va a alcanzar el canuto que tengo armado, sumado a lo que se vaya publicando a lo largo de este año y me resulte accesible o irresistible. El año anterior lo terminamos con 67 entradas, y me parece una cifra sumamente superable este año, principalmente porque el mes que tuvo más posts fue Diciembre.
Para 2017 se vienen muchos viajes (ya iremos manijeando los distintos eventos en los que voy a estar como invitado o como expositor), varias pelis interesantes (creo que arrancamos con la de Valérian) y sobre todo muchas lecturas. Vamos con las primeras reseñas, de libros que me devoré durante las últimas horas del extraño e inclasificable 2016.
En Mayo, en Montevideo Comics, regalaban este libro con un montón de historietas de José Rivera, un dibujante uruguayo de los ´50 y ´60 del que nunca había oído hablar. El tipo era una BESTIA como ilustrador (lo cual queda clarísimo con ese fragmento de un dibujo que aparece en una de las solapas del libro, con los gauchos a caballo) y como historietista… va mutando. El libro arranca con una tira llamada Patricio York, de 1957, que es la nada misma. Guiones horrendos, un dibujo adocenado, muy estático, un clon mediocre de José Luis Salinas. Y mejora mucho cuando llega Ismael, otra tira de aventuras de temática gauchesca que Rivera dibuja entre 1959 y 1960. Los guiones siguen siendo más bien ilegibles, pero por lo menos la tipografía no te daña los ojos. Y el dibujo de Rivera está mucho mejor: gana en plasticidad, en dramatismo, en virtuosismo a la hora de retratar la anatomía de hombres, mujeres y caballos, y hasta muestra un cierto riesgo en los efectos de iluminación y en la planificación de las secuencias mudas, que tienen bastante peso en la trama.
Para el final, lo vemos a Rivera al frente de una historieta infantil, con muchas menos viñetas por página y poco texto. Una gran oportunidad para descollar con el dibujo… que el maestro desperdicia, porque en las planchas de Paloma y Pequitas sólo queda la plasticidad de Ismael. Las demás virtudes, brillan por su ausencia. Y por supuesto, los guiones son infumables. Estamos frente a un libro que se distingue por ofrecer material raro, sólo para arqueólogos de la historieta latinoamericana, y está muy bueno que se editen cosas asi, para seguir descubriendo trabajos de los viejos maestros, hoy bastante olvidados.
Rompo mi regla de leer comic de origen anglófono en inglés, por culpa de la edición nacional de Amuleto: El Guardián de la Piedra, el primer tomo de la mega-epopeya de Kazu Kibuishi (japonés radicado en EEUU, fundador de la antología Flight) que la está rompiendo entre los pibes de medio planeta. La verdad que la traducción es floja. Donde hay margen para trastabillar, trastabilla. No está mal redactada, ni dice animaladas, pero entra en esas clásicas frases que se nota que están mal traducidas del inglés.
La historieta está muy bien. Tiene ritmo, sube la apuesta varias veces, tiene giros impredecibles (dentro de un planteo general bastante clásico), los personajes son interesantes… Se recomienda “para chicos de 7 a 12 años” pero me parece que es medio heavy para menores de 9 ó 10. Y para grandes… te tiene que gustar mucho el tema de los universos fantásticos para engancharte a full, pero el ritmo es ganchero, atrapante.
El dibujo de Kibuishi es sintético, dinámico, cero virtuoso, como un dibujo animado de los de ahora. Como en las historietas que aportaba en Flight, Kibuishi se mata dibujando fondos y paisajes y te destruye con la paleta de colores y la forma de aplicarlos. Visualmente, Amuleto no se parece a otras historietas de aventuras, y eso es un gran punto a favor. Si querés cebar con un comic a un pibe o piba fan de Harry Potter y ese tipo de literatura, este Amuleto seguro te va a ayudar a lograr tu cometido.
Tengo leído un librito más, pero me lo guardo para la próxima. ¡Feliz año para todos y los invito a seguir recorriendo el maravilloso universo del Noveno Arte!