Hoy no pensaba postear, pero bueno, este clima del orrrto nos obligó a cancelar las actividades en Tecnópolis y acá estoy. Mucho de lo que no se pudo hacer hoy se hará mañana, así que lo más probable es que mañana no haya post.
Me falta bastante para ponerme al día con los Fantastic Four de Jonathan Hickman, pero mientras tanto me concentro en una de las versiones alternativas, una nueva incursión de Marvel por el subgénero de “superhéroes en el mundo real” y por otra vertiente que ya casi es un subgénero, la de “le damos los personajes clásicos a algún autor del palo alternativo, a ver qué hace”.
En ambos casos, hay sorpresas. Por un lado, el autor elegido no es otro que James Sturm, un creador muy raro, muy personal, “famoso” por algunas historietas muy cercanas al género documental, siempre situadas en pequeñas ciudades de EEUU a fines del Siglo XIX o principios del XX. Sturm se hace cargo de los guiones, pero no de los dibujos, en una movida muy piola, porque el estilo gráfico de Sturm difícilmente sea digerible para los lectores habituales de Marvel. Para dibujar Unstable Molecules llega un ídolo de larga trayectoria en editoriales chicas, Dark Horse y Vertigo: el maestro Guy Davis, en el que creo que es su único trabajo para Marvel.
Y por el otro lado, esto es tan del “mundo real”, que Reed, Sue, Ben y Johnny no tienen poderes. De hecho, NADIE tiene poderes. Es una historia 100% realista, ambientada en 1958, antes del fatídico viaje al espacio del famoso cuarteto. En ese sentido, el del realismo, Sturm sube la apuesta aún más: Unstable Molecules no es una historia de los Fantastic Four, sino una biografía de las personas de carne y hueso en cuyas vidas se inspiraron Stan Lee y Jack Kirby para crear a los Fantastic Four. De hecho, Sturm nos cuenta que los Johnny y Sue Storm a los que leímos durante 51 años están basados en Johnny y Sue Sturm, parientes del guionista.
Toda la historia, e incluso el prólogo, las notas y los artículos que complementan la edición en TPB, se presentan como el resultado de una rigurosa investigación por parte de Sturm. El autor conoce el paño de la historieta documental y acá juega abiertamente con eso, y obviamente con el contraste entre las vidas “reales” de estos cuatro personajes y las vidas superheroicas que les imaginaron Lee y Kirby en los ´60 y que los lectores nos sabemos de memoria. Cada giro, cada volantazo, cada cosa que les pasa a estos personajes y que los alejan cada vez más de los FF que uno conoce, provocan un impacto maravilloso, además de ser funcionales a una historia que avanza con un rumbo sumamente coherente.
Además de jugar con los mitos de los FF y demostrar que los conoce a la perfección, Sturm le suma mucho a su historia cuando explota a full el contexto socio-político de fines de los ´50: el miedo a los soviéticos, el creciente control de los milicos sobre el desarrollo científico e industrial, el repudio de buena parte de la sociedad contra los comics, los primeros replanteos del rol de la mujer, el auge de la ciencia-ficción, la irrupción de los beatniks, el impacto de novelas como On the Road o Payton Place... todo eso está en Unstable Molecules perfectamente hilvanado a la trama principal.
Podría hablar mucho más de los hallazgos del guión de Sturm, pero quiero redondear con algunas frases acerca del dibujo de Guy Davis. Este es un trabajo raro en la trayectoria de este prócer: no hay monstruos ni criaturas infernales, casi no hay secuencias que transcurren de noche, no hay elementos fantásticos y, si bien es muy importante la reconstrucción de época, se trata de un período “luminoso”, o habitualmente graficado como luminoso. Los ´50 no tienen ni la oscuridad del medioevo, ni la sordidez de los años ´30, ni los claroscuros brutales de los ´40. O sea que Davis, sin subirse al tren del realismo fotográfico, se ve limitado a contar historias 100% verosímiles de gente 100% común, en un ámbito urbano básicamente limpito y lindo. Por supuesto, lo hace muy bien.
Y aplauso también para Robert Sikoryak, otro autor que viene del indie, que aporta esas extrañas viñetas de Vapor Girl, la historieta que obsesiona a Johnny y que Sturm conecta con la trama de Unstable Molecules al mejor estilo Watchmen.
En el prólogo, Sturm afirma que este es sólo el principio de una trilogía. Esto salió en 2003 y los volúmenes siguientes no salieron jamás, con lo cual supongo que esa afirmación es parte de la gran farsa que hay detrás de este comic supuestamente biográfico y definitivamente grosso. Te lo recomiendo incluso si no sos fan de los FF, ni de Marvel, ni de los superhéroes.
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domingo, 7 de octubre de 2012
martes, 7 de diciembre de 2010
07/ 12: B.P.R.D. Vol.7

Sí, ya sé: la última vez que comenté un tomo de B.P.R.D. fue el Vol.4. Pero bueno, el 5 jamás lo conseguí (se aceptan donaciones) y el 6 lo tengo de hace mucho, lo leí antes de empezar el blog. Básicamente, lo que vemos en ese tomo es:
1) Una aventura bastante estirada protagonizada por Kate Corrigan.
2) Un flashback que nos revela quién, cómo y por qué le desfiguró la cara al Capitán Daimio.
3) La muerte de Roger el Homúnculo, al que se ve que le dieron murra de la buena en el Vol.5.
Y es casi coherente pasar del Vol.4 al Vol.7, porque acá el tema central gira en torno a la vida de Abe Sapien antes de su mutación, y fue en el Vol.4 donde lo vimos recuperar los primeros recuerdos de su antigua identidad, de su pasado como Langdon Everett Caul. John Arcudi y Mike Mignola se tomaron su tiempo para retomar el plot de la vida anterior de Abe, pero la pensaron MUY bien. Acá está perfectamente explicado quién era, qué hacía, quién y por qué lo sometió al experimento que lo convirtió en un anfibio y además qué fue de la vida de la gente que rodeaba a Langdon Caul allá por 1860. En cualquier otra serie, nadie supondría que ninguno de ellos sigue vivo 150 años después, pero esto es B.P.R.D. y acá eso es tan normal como los travas en el programa de Anabella Ascar. La respuesta a cómo, por qué y para qué siguen vivos los viejos (viejísimos) camaradas de Caul constituyen el tronco de esta atractiva saga.
Que dura más de 120 páginas, pero podría durar traquilamente 70. Los guionistas eligen estirarla con un salpicado de escenas tranqui: charlas de Kate y Liz en la oficina, de Kate y Abe frente a la tumba de Roger, y la investigación de Johann en los archivos del recontra-subsuelo del bunker del B.P.R.D., donde encuentra datos grossos y sorprendentes sobre el pasado de Daimio. A la hora de la machaca, el único que reparte y cobra es Abe el Escamoso, y Daimio le hace la segunda a la hora de impedir que se concrete el ambicioso plan de los villanos, pero sin entrar en combate. O sea que la acción está muy bien balanceada con el desarrollo de los personajes y con la siembra de puntas argumentales para el tomo siguiente. Así, vale la pena que la mini tenga cinco episodios en vez de tres.
B.P.R.D. debe ser una serie difícil de escribir. Mitad porque todos los protagonistas fueron pensados para ser secundarios (de Hellboy, obvio) y mitad porque la gracia es que siempre pasen cosas imposibles, limadas, inverosímiles, pero a las que los guionistas tienen la obligación de explicar y de hacernos sentir que son reales, porque la fantasía de este universo tiene un fuerte anclaje en la realidad (por eso Hellboy no interactúa más con el B.P.R.D.; ahí Mignola explora otro tipo de fantasía). Parece mentira pero, saga tras saga, Arcudi y Mignola se las ingenian para que cada freakeada pasada de rosca que aparece en la serie tenga sentido y coherencia.
Por suerte para ellos, se pueden apoyar en la magia visual del glorioso Guy Davis, dibujante y narrador del hiper-carajo, que –sin despegarse del todo de la estética mignoleana- le da a este universo su inconfundible toque personal. Davis la rompe a la hora de dibujar gente común, monstruos, máquinas, animales, ciudades, selvas, mansiones victorianas, bunkers mega-tecno, lo que quieras. Si se empantana en algún diseño, consulta con Mignola, que la tiene clarísima. Y si no, se dedica a desparramar talento por las viñetas, a deslumbrarnos con sus manchas, con sus climas, con esos fondos impresionantes… todas cosas que nuesto colorista favorito, el maestro Dave Stewart, entiende y potencia como el grosso que es. Davis en B.P.R.D., Fegredo y Corben en Hellboy… Mignola resultó un boludo bárbaro a la hora de elegir dibujantes, no?
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viernes, 8 de enero de 2010
08/ 01: B.P.R.D. Vol.4: THE DEAD

Y sí, estoy prendido fuego con Guy Davis. Estoy más cebado que el Virrey Ceballos en el CBC. Enseguida me puse a buscar algo de Davis que tuviera sin leer y así caí en este gran recopilatorio del B.P.R.D., co-escrito por Mike Mignola y John Arcudi y dibujado por este monstruo supremo del Noveno Arte.
The Dead viene justo después de Plague of Frogs y es cuando B.P.R.D. pela chapa de serie en serio, ya no de mero spin-off de Hellboy. Acá vemos cómo se suma un miembro nuevo (el Capitán Ben Daimio), cómo se explica minuciosamente el pasado de Abe Sapien, y cómo Liz, Roger y Johann se mudan del viejo edificio de Connecticut a una mega-base en una montaña de Colorado donde –fiel al estilo del B.P.R.D.- los esperan más peligros que si salieran a pasear por el Bajo Flores a las tres de la mañana disfrazados de los Teen Angels.
Cuando ya parecía que no había forma, Mignola y Arcudi se las ingenian para hacer aparecer a… más villanos nazis! Es increíble cómo los guionistas yankis pelan todo el tiempo nuevos villanos nazis. Creánme: Vamos a estar en el año 2340, nadie se va a acordar de qué carajo era la Segunda Guerra Mundial, y los comics yankis van a seguir poblados de villanos del Tercer Reich. En esta ocasión la amenaza es creíble, y además está al nivel de poder que maneja el B.P.R.D. en esta nueva y recontra-upgradeada locación.
El aporte de John Arcudi a la serie es notable, en el sentido de que se nota. Esta saga no se lee igual que las que escribía Mignola en solitario. Y eso está muy bueno, además. El caso de Arcudi es raro: es un guionista que se cansó de cosechar fracasos… con trabajos de MUY buen nivel! El tipo creó a Major Bummer (gran serie que leíamos cinco boludos y que catapultó a la fama a Doug Mahnke) y la rompió en títulos segundones del mainstream como Thunderbolts, Gen13, Doom Patrol y Aquaman, ante la atenta mirada de seis o siete fans y el ninguneo de la gran masa del pueblo comiquero. Acá por suerte le toca mojar en un título que funciona más allá de la convocatoria que él pueda aportar, o sea que no se lo van a cancelar, ni a rajarlo a la primera de cambio, como le pasó tantas veces.
El trabajo de Guy Davis acá es muy distinto que el que nos genocidó las neuronas en The Marquis. Casi todas las páginas tienen cinco cuadros o menos, lo cual le permite jugar con una narrativa más descomprimida. La propia impronta del guión le exige mantener la sensación de freakeada todo el tiempo: no hay una página en la que uno no sienta que puede pasar cualquier cosa, y cuando pasan “esas” cosas, Davis no escatima impacto ni grandilocuencia. Además es impresionante cómo un tipo que demostró semejante dominio del blanco y negro, se complementa a la perfección con un colorista. Está bien… no es cualquier colorista. Es Dave Stewart, el violero de Eurythimcs… digo, el colorista top de Dark Horse y uno de los tres o cuatro más grossos de los EEUU. De cualquier manera, la simbiosis entre Stewart y Davis es sorprendente y magistral.
Y por supuesto, el ídolo hace acá algunas de las cosas que ya mostró en su obra magna: Se luce con los fondos y los trajes, crea unos monstruos alucinantes y trabaja las expresiones faciales con tanta sutileza y tanta precisión, que estas nos cuentan muchísimo acerca de los personajes. Parte del conflicto de la trama es que el Capitán Daimio aparece de la nada y toma las riendas del equipo, y Liz desconfía de él, no sólo porque le falta un cacho de cara y acaba de verlo resucitar (que sería lógico, no? ¿O vos tenés muchos amigos con media cara y tres días de hospedaje con todo pago en la morgue?), sino porque no sabe nada sobre Daimio, su historia y su forma de ser. Pero claro, Liz no lee la historieta dibujada por Davis. Nosotros sí, y es impresionante lo mucho que sabemos acerca de Daimio sólo por las expresiones que el ídolo le dibuja en el rostro.
En general, los arcos de transición entre sagas grossas suelen naufragar en el Océano de la Intrascendencia, pero esta vez, gracias a la incorporación de Arcudi y el gran momento por el que pasaba Guy Davis, B.P.R.D. ganó todos los partidos de la pretemporada y llegó al Clausura con el equipo en condiciones de “pelear allá arriba”. Cuando lea el Vol.5, les cuento cómo le fue…
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miércoles, 6 de enero de 2010
06/ 01: THE MARQUIS: INFERNO

Guy Davis es un autor sumamente atípico para el mercado norteamericano, en el que se desenvuelve con creciente éxito y repercusión desde fines de los ´80. Atípico por miles de motivos, entre ellos su inmensa y siempre ascendente calidad, pero además por el hecho de que le gusta a los franceses. Los franceses se ceban MAL con Guy Davis, lo tienen allá arriba y logran que el autor reparta su tiempo entre las miniseries del B.P.R.D. que dibuja para Dark Horse y distintos proyectos para editoriales francesas, entre los que se destaca Los Zombies que se Comieron la Tierra, junto al guionista Thierry Frissen. Y Davis, feliz de la vida, produce muchas páginas y embolsa muchos cheques.
Entre su abultada producción, se destaca aquella que él mismo escribe, y a la que claramente le puso todo su corazón y hasta su último miligramo de talento: The Marquis. Iniciada en 1997 e interrumpida mil veces porque caían otros trabajos, The Marquis tuvo un preludio en Caliber, una miniserie de 5 episodios, más un one-shot y una mini de dos partes en Oni, y ahora recaló en Dark Horse, que recopiló todo lo publicado hasta hoy en el fastuoso tomo que hoy nos ocupa. Cuando Davis tenga un rato libre, piensa continuar la serie, obviamente en la editorial del caballito.
La historia transcurre en la ciudad de Venisalle, que no existe, pero a la que Davis sitúa en una Francia de mediados del Siglo XVIII (y por ahí sea eso lo que la convirtió en hitazo entre los franceses). Bajo el férreo control de la Iglesia y el Ejército, la ciudad vive con miedo a la Inquisición, pero casi nadie se abstiene de cometer abyectos pecados y de entregarse a los vicios más profanos, bajo el ala de impunidad que les brinda una especie de hiper-burdel llamado El Confesionario. Con total hipocresía, esa gente sale después a la calle a pedir mano dura contra los pecadores… no sé si les suena…
Vol de Galle es un inquisidor ya veterano, que recibe un don: ver a los demonios que poseen los cuerpos de los humanos y los conducen por la senda del pecado y el crimen. Ungido por los santos y oculto bajo su aterradora máscara, combate a fuego y acero a los humanos poseídos, ante la mirada atónita de curas y militares que no saben quién es, ni por qué mata a esa gente aparentemente decente. Hasta ahí, la historia es más o menos convencional. Pero Davis pega un giro magistral: cerca del final del primer arco nos enteramos qué hacen esas criaturas infernales entre los vivos, cómo llegaron a ocupar los cuerpos de los ciudadanos de Venisalle y quién le otorgó a Vol los dones que lo convirtieron en el temido cazador de diablos conocido como el Marquis. No les quiero contar más para no estropearles la sorpresa.
Antes de estas revelaciones, la vulnerabilidad del Marquis era la duda, que horadaba su fe hasta convertirse en una especie de condena del espíritu. Luego, cuando se entera de cómo es realmente la cosa, se vuelve mucho menos vulnerable y pierde un poquito la gracia. Excepto porque es un mortal común y corriente que se machaca casi a diario con poderosísimas criaturas del Averno que bien podrían manducárselo como si fuera un alfajor Cachafaz. Emerge así un Marquis más heroico y menos traumado, en un contexto donde cobran más protagonismo las internas entre los demonios.
Los personajes secundarios son básicamente dos: el General Herzoge, cuyas milicias tratan sin éxito de detener al misterioso y esquivo Marquis, y el Inquisidor Supremo Morsea, que sueña con someter al justiciero a los más ignominiosos tormentos para arrancarle la confesión que lo condene al Infierno. Ambos están muy bien trabajados y resultan fundamentales para explicarnos (en extensas secuencias de diálogo que rara vez se hacen pesadas) el contexto social, político y religioso en el que se desarrolla la saga. Pero hasta ahora, el Marquis, con su poder de detectar el aura de los diablos “encubiertos”, les saca tanta ventaja a sus perseguidores que no logran tener demasiado peso en la trama, más allá de ser un mero obstáculo que Vol sortea con holgura. En algún momento, el Marquis se verá máscara a cara con Herzoge y Morsea, y supongo que va a ser memorable.
Y me queda un párrafo para hablar maravillas del dibujo de Guy Davis, cuando se podría escribir un libro entero de loas a este animal del lápiz, la tinta y las tramas mecánicas. Su trabajo en The Marquis es técnicamente soberbio: se embarca en páginas de muchos cuadros, cuida al milímetro todos los detalles de la ambientación (trajes, armas, edificios), pela en los momentos justos las splash-pages y las secuencias mudas (que suelen ser magníficas), y como si esto fuera poco, te hace delirar con unos monstruos alucinantes y originalísimos, que bien podría haber imaginado Quique Alcatena. Cada episodio de The Marquis tiene un laburo infernal (en más de un sentido) y nos muestra a un maestro en su mejor momento, comprometido a full con la historia que narra y con el mundo en el que la ambienta. Posta, vale la pena venderle el alma a Satanás (o incluso a Ricardo Fort) para comprarse este libro y zambullirse de lleno en el subyugante mundo de The Marquis.
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