el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 27 de abril de 2017

NOCHE DE JUEVES

Una pausita en el medio de días bastante intensos nunca viene mal y menos cuando se me empieza a acumular el material ya leído.
Arranco con Strange Adventures, un TPB que recopila dos one-shots de antología de Vertigo: Mystery in Space y el que da nombre al libro. Básicamente es un compilado de historietas de ciencia-ficción, a cargo de un elenco de autores sencillamente demoledor. Mirá esta guarangada: Mike Allred, Jeff Lemire, Brian Azzarello, Eduardo Risso, Peter Milligan, Kyle Baker, Paul Cornell, Juan Bobillo, Mike Kaluta, Denys Cowan, Andy Diggle, Sebastián Fiumara, Steve Orlando, Ann Nocenti, Ramón Bachs, Goran Sudzuka, Davide Gianfelice… y suspendo acá, pero podríamos seguir, eh?
Lo loco es que no hay una proporción directa entre la chapa de los autores y la calidad de las historias. Es decir, me emocioné mucho más leyendo la lista de los artistas involucrados que leyendo las historietas. Pará: ¿estoy diciendo que esta horda de asesinos seriales se confabuló para entregar material medio pelo a estas antologías? No, en absoluto. Hay varias gemas, pero no tantas como uno esperaría frente a semejante alud de nombres grossos. Repasemos:
Seewyn Seyfu Hinds escribe una historieta no brillante, pero más que digna, a la que Denys Cowan le pone mucha onda desde el dibujo. Juan Bobillo deja la vida en ocho páginas fastuosas, al nivel de sus mejores trabajos, pero con un guión que no termina de convencer. La que escribe Peter Milligan es una linda historia, inquietante, muy bien narrada, pero le tocó un dibujante tercerón, que desluce un poco. Una de las historietas realmente notables es la de Lauren Beukes e Iñaki Miranda, una dupla a la que ya nos tocó reseñar allá por el 08/01/15. La que escribe y dibuja Lemire también es una exquisitez, te dan ganas de que se convierta en serie mensual. No va a suceder. Cornell y Sudzuka nos narran un unitario que encaja tangencialmente con la serie Saucer Country, que no está mal. Mientras que Azzarello y Risso nos muestran una especie de prólogo a Spaceman, dibujado como los dioses, pero que en el contexto global de la obra (ver reseña del 07/08/15) no aporta demasiado.
La historia corta de la dupla Diggle-Gianfelice (vimos otro trabajo de ellos el 10/02/13) no es gloriosa pero está muy bien. Sebas Fiumara se luce en ocho páginas magníficamente dibujadas, en base a un guión de Robert Rodi que también está bastante bueno. La de Kyle Baker, junto a Kevin McCarthy, también está entre los puntos altos del tomo. Y la de Mike Allred… ponele que zafa por lo arriesgado del concepto. O sea que hay bastante para rescatar, pero no tanto como uno supondría a partir del elenco multiestelar de la antología. Si ves el TPB a buen precio, no lo dudes.
Hablando de duplas de las que a hemos visto varios trabajos, tengo para recomendar enfáticamente Reflejo, una breve novela gráfica de Rodolfo Santullo y Jok. Este es un policial con mucha onda Blade Runner, es decir, con un tratamiento de serie negra y una ambientación de futuro cercano, oscuro, jodido y sobre todo posible.
Si me pongo muy en estrecha, tengo que decir que me hubiese gustado un último giro, algún volantazo impredecible, para el final. Pero la verdad es que disfruté muchísimo la historia, sobre todo por el increíble oído de Santullo para los diálogos (escrito en mi amado castellano rioplatense, a años luz de esa pedorrada del “castellano neutro”). Me atraparon los climas, el timing y destaco también la habilidad de Santullo para mantenernos compenetrados con la trama de investigación cuando uno como lector maneja MUCHISIMA data que los personajes que investigan desconocen por completo. Muchas veces cuando el lector sabe mucho más que los personajes, la historia pierde gracia o interés. No es el caso de Reflejo, que mantiene la tensión, las emociones fuertes y el énfasis en el desarrollo de los personajes hasta la última página.
El trabajo de Jok me pareció excelente. Es increíble cómo se adapta al tono de cada relato que le toca dibujar, como va madurando su estilo obra a obra. El Jok de Reflejo es un artista más clásico, que además de romperla en el claroscuro y en la espectacularidad de las escenas, presta atención a detalles, texturas, efectos de iluminación… La narrativa está cuidadísima, las transiciones son hiper-gancheras, esa puesta en página que sugiere una división de casi todas las páginas en dos mitades funciona muy bien (obviamente juega con el título de la obra) y los decorados futuristas, máquinas y vehículos tienen muchísima onda. Además, en las secuencias donde cobran relieve los sentimientos y las emociones, Jok da cátedra en materia de expresiones faciales, algo que no suele enfatizar tanto en otros trabajos.
Si extrañás esos thrillers futuristas en ciudades corruptas que aparecían en la Zona 84 (dibujados por José Ortiz, Altuna o Bernet), no dejes de jugarle una fichita a Reflejo, 65 páginas en las que Santullo y Jok demuestran categóricamente por qué son una de las duplas más interesantes del panorama local, y por qué la rompen cada vez en más mercados donde se están publicando sus obras anteriores.
Volvemos con más reseñas en algún momento del finde largo. ¡Hasta entonces!

lunes, 15 de marzo de 2010

15/ 03: SHOWCASE PRESENTS STRANGE ADVENTURES Vol.1


Se abre otro portal a la bizarreada y esta vez es realmente jodido, porque nos lleva a 1954, al período bizarro por antonomasia que sirve de puente entre la Golden Age y la Silver Age. El Showcase arranca en el n°54, cuando la revista coordinada por Julius Schwartz deja de lado a su estrella excluyente de los primeros años, el Captain Comet, para convertirse en una antología con cuatro historietas autoconclusivas por número, sin ninguna relación entre sí, ni continuidad alguna. Las historias de Strange Adventures se basan casi siempre en encuentros entre humanos y alienígenas, o si no, en accidentes extraños que le dan a un humano algún poder fumado, como desdoblar su mente en cuatro y hacer cuatro cosas al mismo tiempo.
Con esta fórmula, y con un equipo de guionistas integrado por Otto Binder, John Broome, Joe Samachson y Edmond Hamilton (todos importados de la ciencia-ficción, el palo donde Schwartz era referente ineludible), Strange Adventures se convierte en un laboratorio de experimentación donde se ponen a prueba un montón de conceptos que años más tarde vamos a ver en los comics de superhéroes. Los protagonistas son en su mayoría científicos de saco y corbata (o moñito), muchachos valientes, íntegros y convencidos de que todo avance de la ciencia debe ser usado para el bien de la Humanidad y no para rédito personal. Son los ancestros de Ray Palmer, Reed Richards, Barry Allen, Bruce Banner… los obvios. Pero además acá aparecen un montón de ideas que vamos a ver en otros comics en los que los humanos interactúan con aliens, como Green Lantern, Hawkman, Legion… Hay gorilas inteligentes, tipos que se miniaturizan, tipos a los que les salen alas, aliens que patrullan los distintos sectores del cosmos, un chorro que usa una máquina del tiempo para robar, un metal capaz de neutralizar la gravedad… cientos de ideas que Schwartz y sus colegas reciclarán cuando llegue la hora de revivir a los superhéroes.
En los guiones simplistas, ingenuos y en un punto ridículos de Strange Adventures los humanos son gente copada e ingeniosa que siempre se las rebusca para repeler una invasión alienígena. Y los aliens son una manga de gansos que entran en toda clase de engañifa, se convencen de la grossitud de los terrestres y ordenan (en el último cuadrito) suspender la invasión, porque creen que de visitante se comen cinco. Y cuando digo “los humanos”, digo varones de raza blanca. Schwartz tenía estudiadísimo su target y sabía que eran 99% varones, con lo cual en estas historias casi no hay mujeres y cuando aparecen, lo hacen en roles patéticos y denigrantes. Y por supuesto, tampoco hay negros. Si uno lee sólo comics de DC, se convence de que los primeros afroamericanos aparecieron en EEUU a principios de los ´70 y por combustión espontánea. En 500 páginas, el único protagonista no-blanco es un piel roja, que por supuesto labura de guardabosques, no vaya a ser que agarre un libro o un microscopio…
El equipo de dibujantes es lujoso. El único medio pelo es Sid Greene (luego entintador de la JLofA), pero Sy Barry, Carmine Infantino y Gil Kane dan cátedra de sobriedad y elegancia. Infantino es, claramente, el primero al que se le notan las ganas de pelar cosas distintas, pero los tres están muy bien, en esa línea pre-Kirby, influenciada en partes iguales por Alex Raymond y Milton Caniff.
Strange Adventures se puede leer hoy sobre todo como testimonio de una época lejana, en la que EEUU le tenía miedo a los marcianos (y a los comunistas, a los que acá ni se menciona) y una fe inmensa, casi irracional, a la ciencia, que era la que nos iba a llevar a desarrollarnos tecnológicamente a niveles increíbles y a conquistar el espacio y a controlar de taquito cosas como los fenómenos climatológicos, la gravedad, la electricidad, el magnetismo y todas esas cosas que, ya desde los años ´50, obsesionan a los geeks. O se puede leer para chorear ideas, ya que (al igual que en House of Secrets) acá los guionistas quemaban en 6 páginas conceptos con los que hoy podés escribir una serie de 60 comic-books. Para encontrar uno viable hay que hurgar en un pantano bastante desgarrador, pero seguro algo pulenta se puede rescatar…