el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 23 de enero de 2024

MARTES MORTIFERO

Acá estamos de nuevo, con tres libros listos para reseñar. Empiezo con una breve mención para el Vol.11 de El Escorpión... sí, conseguí el puto Vol.11 en tapa blanda, después de buscarlo siglos y siglos. Me acordaba bastante de la trama, a pesar de que el tomito anterior lo leí un lejano 22/09/15, y por suerte el guion de Stephen Desberg tira bastantes pistas de lo que pasó antes, sin caer en una recapitulación detallada ni mucho menos densa. El Escorpión es, sobre todo, una historieta dinámica. A veces (como en este librito) la aventura pasa a un segundo plano y el protagonismo se lo lleva la rosca político-religiosa, pero siempre pasan cosas impactantes y el ritmo de la narración es ágil y ganchero. Acá además de la intriga palaciega tiene mucho peso el componente sentimental, porque a Armando "se le junta el ganado" y tiene que decidir con cuál de sus dos mujeres se va a quedar. Desberg se revela como un diestro guionista de telenovelas y genera una tensión muy interesante en torno a este punto. El Vol.12 es el final de este arco, y como un gil no me lo compré en España, porque no me acordaba que tenía el 11 sin leer. Y también es el último tomo con dibujos del glorioso Enrico Marini, cuyo trabajo en estas páginas es motivo más que suficiente para comprar el álbum. Todo el apartado gráfico es magistral, pero además está todo puesto al servicio del relato, no es Marini canchereando ni robándole la atención del lector a la historia que cuenta el guionista. Son dos narradores del carajo en perfecta sincronía, y por eso esto funciona tan bien. Ni bien pueda salgo a la caza del Vol.12, así cerramos como corresponde esta magnífica serie.
Me voy a EEUU, a leer seis números más de la serie regular de Astro City que publicó Vertigo durante la década pasada. Lovers Quarrel es el Vol.12 en la colección de trade paperbacks (la antigua, hoy ya hay una nueva donde se reordenó todo) y ofrece como plato principal la saga homónima, cuatro episodios protagonizados por Quarrel y Crackerjack. A un ritmo pachorro, pero sin aburrir jamás, Kurt Busiek aborda un tema central en el mundo de los superhéroes: qué pasa cuando los personajes que son humanos sin superpoderes empiezan a envejecer. Quarrel y Crackerjack son una pareja de justicieros enmascarados que comen sano, tratan de descansar bien y dejan la vida en cada entrenamiento para estar siempre listos para saltar, trepar, caerse y pelear, a veces en pie de igualdad con tipos y minas con poderes alucinantes. Pero ellos no tienen poderes, son simplemente una mina y tipo con habilidades y reflejos muy trabajados... que en algún momento, ya pasados los 40 años, empiezan a perder. Los golpes duelen más, las heridas tardan más en curarse, y son más frecuentes, porque ya no están tan afilados como para salir siempre enteros de los combates en los que participan. Lovers Quarrel explora todos esos cambios, y cómo además cambia irremediablemente la forma en que los personajes se vinculan con una actividad de riesgos tan altos como la de ser justicieros enmascarados. Todo esto contado con el máximo realismo que se le puede pedir a este género, grandes diálogos y excelente trabajo en el desarrollo de personajes, a los que sentimos absolutamente humanos y verosímiles. Complementa la historia de Sticks, el gorila baterista, que es entretenida y simpática, pero está contada en 48 páginas cuando daba para una historia corta, un complemento de 10 ó 12 páginas. Todo el libro cuenta con dibujos de Brent Anderson, siempre muy correcto. A Anderson le queda mejor el trazo más definido, más preciso, con más influencias de Neal Adams, que cuando opta por el trazo más fluido, más etéreo, más para el lado de Gene Colan. Por suerte mira más a Adams que a Colan, y además tiene buenos coloristas que lo respaldan. En la historia del gorila, se nota que Anderson lo dibuja copiando de fotos de distintos gorilas, con lo cual los rasgos del protagonista cambian bastante de una viñeta a otra, pero bueno, no es tan grave. Por los menos se nota que es un gorila, no parece un chabón peludo con dientes de hombre lobo como los gorilas que dibujaban en los comics de DC de los ´60. Y me parece que de acá me tengo que pasar a la colección actual de TPBs, la de Image, donde recopilan los números de Vertigo que solo habían salido en tapa dura, más los que nunca habian salido en libro, más los nuevos arcos argumentales. Hay que hacer un curso para leer Astro City en libro, lamentablemente, pero por suerte las historietas rara vez decepcionan.
Allá por el 14/02/19 me encontré en las páginas de una antología con un autor boliviano que llamó favorablemente mi atención: Armin Castellón. Y en 2023, en la Crack Bang Boom, me lo encontré vendiendo Mixtorieta, un hermoso álbum que recopila historias cortas que realizó en solitario, o junto a otra artista muy notable, Nicole Molleda. Ambos adoptan distintos estilos gráficos para cada historia corta, con lo cual al hojear el libro pareciera una antología en la que participan siete u ocho autores distintos. Pero no, son Armin y Nicole probando distintas líneas, distintas formas de armar la página, de trabajar el color, etc.. El resultado es muy interesante, al punto que las ocho historietas de la antología me gustaron. Las dos del final, dibujadas por Castellón en blanco y negro, son increíbles. Son trabajos de un autor maduro, sólido. En Juego de Niños muestra una estética parecida a la de ZeroCalcare, mientras que en Monstruos se zarpa con la aplicación de las tramas mecánicas como si fuera Sean Murphy o Nicolás Brondo. El nivel es realmente bueno en todo el libro y re vale la pena tenerlo, o por lo menos sumar a Armin Castellón y Nicole Molleda a la lista de autores bolivianos a los que conviene seguir de cerca, para disfrutar de su creatividad, su talento y su solvencia en el arte de narrar historietas. Ojalá pronto caigan en mis manos nuevos trabajos de cualquiera de los dos. Nada más, por hoy. Mañana, paro general en defensa de tu país. Nos reencontramos pronto.

lunes, 28 de agosto de 2023

NOCHE HORROROSA

Hace un frío atroz y el cielo está más oscuro que el corazón de Mephisto. Una noche inmunda, que sólo se puede soportar leyendo comics. O reseñas de comics, en una de esas... Empiezo con el tercer y último tomo de La Danza del Tiempo, de Igor Baranko, una obra de la primera década del milenio que le valió al autor ucraniano un éxito enorme a nivel global. La verdad que la labor de Barank en la faz gráfica lo justifica ampliamente, porque acá se lo ve en un nivel espléndido, como ya dijimos en las reseñas de los tomos anteriores. Acá hay un poquito de Moebius, un poquito de Druillet, mucho Milo Manara, mucho Sergio Toppi, algo del primer Bilal, algo de Durañona, algo de Hugo Pratt... hasta algo de Andrea Pazienza, si me apuran. La narrativa es dinámica, variada, sorprendente, el color es hermoso, las secuencias están armadas con gran criterio... hasta esa página con nueve cuadros chiquitos repletos de texto llama la atención por la calidad del dibujo y la variedad de los enfoques. El guion está muy bien, aunque me parece que en un punto se le fue de las manos al autor y, cuando se dio cuenta, ya estaba muy cerca de las últimas páginas y tuvo que pegar un volantazo para resolver la trama central de un modo que -me parece- no era el que había planificado en un principio. Nunca vemos el reencuentro entre Luna-entre-las-Nubes y Cuatro-Vientos, éste nunca cruza el Océano Atlántico para llegar a las tierras de los blancos y el ritual para cerrar la brecha del Tiempo nunca se llega a concretar. Son demasiadas las diferencias entre las cosas que los personajes enuncian como parte de sus objetivos y lo que realmente sucede, con lo cual uno sospecha que el final real era otro, y Baranko no llegó a mostrarlo, porque se colgó con otras historias dentro de la historia, o le dio bola a otros aspectos de la trama que le comieron mucho espacio. En este tomo, por ejemplo, entre que Luna-entre-las-Nubes llega al país de los iroqueses tras la pista de su ex-marido y que decide seguir viaje tras conocer su paradero, pasan 30 páginas. Que están bárbaras, pero en el contexto de un álbum de 48, donde además quedaban por resolver puntas argumentales de dos álbumes previos, es mucho. El resto está muy bien. Baranko juega fuerte con el misticismo propio de las culturas originarias de América del Norte, pero no cae en la tentación de hacer "la Gran Jodorowsky" y aprovechar los elementos sobrenaturales para no explicar nada y dejar medio en bolas al lector. Acá hay un elemento sobrenatural importante, pero tiene peso sólo sobre el final y no es un deus ex machina para resolver cabos sueltos, sino que es un desafío más en el derrotero de Cuatro-Vientos. Es probable que por el tono de la saga, ésta requiriera un final más épico, más definitivo, en lugar de deshilacharse hacia un desenlace donde a Baranko le quedan varias cosas por definir. Pero el viaje se disfruta a pleno, no faltan la acción, la intriga palaciega, la rosca, la contradicción a veces irónica entre las creencias de estos pueblos y lo que realmente le sucedió a América en el Siglo XVI, y hay muchos personajes de los que uno se enamora y quiere volver a ver en infinitas secuelas. Así que La Danza del Tiempo es, por lo menos para mi gusto, una trilogía de álbumes sumamente recomendable.
Vamos a Estados Unidos, año 2014, la época en la que Astro City era un título mensual en la línea Vertigo, siempre a cargo de Kurt Busiek y Brent Anderson, pero con la posibilidad de sumar a algún otro dibujante para garantizar la periodicidad mensual. Así es como en este tomo, Private Lives (vendría a ser el Vol.11 en la colección de TPBs), tenemos un unitario dibujado por Graham Nolan, siempre lejos de mi lista de favoritos, pero en un nivel bastante aceptable. Anderson, en los otros cinco episodios, está sólido como siempre, sin cancherear, sin que le sobre demasiado, pero muy en sintonía con los guiones de Busiek (que a veces se van un poquito a la mierda en cantidad de texto) y con el trabajo de los coloristas. En cuanto a las historias, acá tenemos cuatro episodios unitarios y uno de dos partes, que además es el mejor. Como lo sugiere el título del TPB, son historias chiquitas, que atañen a las vidas privadas de los personajes. No busques la hiper-epopeya en la que está en juego el universo entero, porque acá no la vas a encontrar. En el primer unitario, Busiek nos cuenta cómo es la vida de la secretaria de una especie de "hechicera suprema", que no es Stephen Strange pero es obvio que funciona como analogía del Tordo en esta realidad. Después tenemos la historia de un villano de la B que adoptó distintas identidades a lo largo de las décadas porque nunca pudo dejar la adrenalina que le genera cometer delitos. La tercera es una especia de ejercicio formal en la que los autores eligen contar una historia en desorden, con secuencias intercaladas de modo casi aleatorio, sin respetar la diégesis. Es un experimento complicado porque además hay dos tramas: una más romántica y una más... metafísica, porque trata de la aparición en Astro City de una entidad más cercana a un dios que a los humanos. El libro cierra con un gran unitario protagonizado por Starbright, un superhéroe joven, bastante en la línea del primer Firestorm, que transiciona de varón a mujer. Y la historia en dos partes juega con un tema que aparece en miles de comics de superhéroes, pero nunca se había encarado desde esta óptica: los robots asesinos. ¿Cuántas veces viste a un superhéroe desactivar o destruir robots asesinos? ¿Y alguna vez te preguntaste qué pasa con ellos una vez terminada la batalla? ¿Alguien pasa a levantarlos, alguien trata de reconstruirlos, alguien estudia esa tecnología para aplicarla a otras cosas? Busiek propone una respuesta que te va a asombrar, y a la vez te va a cerrar por todos lados. Como suele suceder en las historias de Astro City, por encima de la aventura se luce el desarrollo de personajes, que en general son hombres y mujeres bastante más normales que el superhéroe o supervillano promedio. En ese contraste entre un universo poblado de super-seres y personajes muy humanos y muy reales, Busiek encuentra hace casi 30 años la materia prima con la que construye estas historias, casi siempre conmovedoras y a veces muy impactantes. La idea básica siempre es mostrar el lado más terrenal de los universos superheroicos, la vida en las calles (o puertas adentro) de la gente como nosotros que vive en un mundo en el que existen desde siempre versiones mínimamente camufladas de los icónicos justicieros de DC y Marvel. Y es una idea tan bien llevada a cabo, que hoy Astro City es, más que una serie recomendable, una serie indispensable. Tengo otro tomo sin leer en el pilón de los pendientes, así que pronto volveremos a visitar a esta gran creación de Busiek, Anderson y Alex Ross. Nada más, por hoy. Gracias por tanto, perdón por tan poco, y si el miércoles a las 22:30 están al pedo, vengan al canal de YouTube de Comiqueando, que vamos a estar charlando de comics, cine, literatura, política, deportes, amor, sexo, religión, morfi, viajes... sin restricciones de ningún tipo, en vivo y gratis para toda el habla hispana en una nueva emisión de Agenda Abierta. Nos vemos por ahí.

lunes, 2 de febrero de 2015

02/ 02: ASTRO CITY Vol.8

Este es el tomo que reúne las cuatro historias de Astro City de cuando la serie de Kurt Busiek y Brent Anderson aparecía muy de vez en cuando. Son todas historias autoconclusivas, dos de 38 páginas y dos de 48, originalmente publicadas entre 2007 y 2010, como para que hubiese algo de Astro City en las comiquerías y la gente no se olvidara de la serie. Yo había leído en su momento las dos historias de 38 páginas y, felizmente, no me acordaba un carajo.
Arrancamos con el unitario supuestamente protagonizado por Samaritan. Y digo “supuestamente” porque el rol del héroe acá es bastante menor. Todo gira en torno al villano, Infidel (creado por Busiek y Alex Ross para un especial de Wizard), y el guionista delega en este la voz cantante: el narrador de la historia es Infidel, y a Busiek le alcanzan esas 38 páginas para darle un origen alucinante y una personalidad complejísima, sin nada que envidiarle a un Dr. Doom. De hecho, la relación entre Infidel y Samaritan está planteada en términos bastante similares a los de la relación entre Doom y Reed Richards. Pero, fiel a la tradición de esta serie, Busiek no usa a los héroes y los villanos para contarnos el enésimo combate entre el Bien y el Mal, sino que toma esta mitología y la usa para hablar de temas trascendentales, universales, que nos afectan y emocionan a todos, tengamos o no superpoderes. Eso es una constante en las cuatro historias y seguramente es lo más interesante que tiene Astro City, en general.
La segunda historia pone el foco en Beautie, la superheroína que además es una especie de muñeca Barbie viviente. Acá volvemos sobre un tema recurrente en los comics: el personaje artificial, creado por otro, que trata de construir una identidad, de saber más sobre su vida, sobre su origen, sobre quienes lo crearon. La diferencia con otras historias similares es que Busiek no tiene la obligación de equilibrar o matizar esta búsqueda con la machaca, entonces el drama se hace más humano y la aventura se hace más low-fi.
La tercera historia, la de Astra, está un poquito estirada. Lo más probable es que se haya pensado originalmente para el formato de 38 páginas y luego reformulada para publicarse en 48. Pasan muchas cosas interesantes, hay un trabajo excelente de caracterización en varios personajes obvio e impredecibles, muchos diálogos memorables, pero la verdad es que el conflicto no daba para tantas páginas. De hecho, una frase de la página 7 resume toda la historia, cuando Astra dice “A veces “normal” suena mejor que “sensacional””. Por suerte ese conflicto chiquito evita todo tipo de solemnidad y está bien decorado con una muy acertada exploración de Astra y de su universo.
Y finalmente una historia que Busiek nos debía hace tiempo, que es la pasada en limpio de todos los bolonkis temporales que armó con el Silver Agent. Lo vimos morir, lo vimos volver, lo vimos meter mano en hechos de distintas épocas y era obvio que la explicación tenía que ver con viajes en el tiempo. Acá está todo: el origen, la vida, la muerte, las idas y venidas por el tiempo, el espacio y los planetas, en una saga que también se podrían haber contado con 10 páginas menos, pero que explica y aclara tantas cosas, que no está mal ese aire, ese espacio adicional, para que no parezca una masa compacta de datos. En 48 páginas, Busiek tiene lugar para contar aventuras cósmicas, dramas humanos, guerras, tragedias, amores y lealtades, en una historia muy, muy redonda y que además abre un montón de puntas para explorar a futuro.
Al frente de la faz gráfica está, como siempre, el esmerado Brent Anderson, dibujante muy correcto, no virtuoso, pero sí laborioso. Un tipo que no acostumbra a guardarse nada y que pone su habilidad para la narrativa y su destreza en el estilo realista al servicio de un planteo muy clásico, lo cual no significa que no asuma algunos riesgos. Anderson flaquea en algunos rostros, pero en general se lo ve muy sólido, con figuras dinámicas, fondos muy trabajados y excelentes diseños para los personajes, criaturas, artefactos, vehículos, armas y hasta mundos que tiene que inventar. Algunos de estos diseños nacen de la imaginación de Alex Ross, pero casi todo lo que vemos en Astro City es fruto de la labor de Brent Anderson.
La sequía para los fans de Astro City se terminó con el lanzamiento de la actual serie regular en Vertigo, con lo cual esta etapa de la serie, en la que Busiek y Anderson ofrecían -con mucho ojete- 38 ó 48 páginas nuevas por año, es apenas un recuerdo. Por suerte es un recuerdo copado, porque nos dejó cuatro historias muy originales, muy atractivas, muy logradas, no sé si al nivel de lo mejor de Astro City, pero sin dudas muy por encima de la media de lo que se puede leer en este siglo en materia de superhéroes.

martes, 8 de mayo de 2012

08/ 05: ASTRO CITY: THE DARK AGE Vol.2

Bah, podríamos denominarlo también “Astro City Vol.7”, a secas. Para el que viene siguiendo la serie en libro, este es el séptimo tomo de la serie creada allá por 1995 por Kurt Busiek y Brent Anderson. Además, es la conclusión de The Dark Age, el arco argumental más extenso y más ambicioso de toda la serie, pre-publicado primero como cuatro miniseries de cuatro episodios (un verdadero disparate: hay cientos de series regulares que no llegan a los 16 números y este arco de Astro City tuvo cuatro números uno).
Ed Brubaker, en su prólogo, coincide conmigo. No literalmente, claro. No dice “tiene razón Andrés cuando dice que...”. Pero se hace cargo de algo que yo señalaba hace un tiempo, que es la inmensa influencia de Astro City sobre Gotham Central. Según el propio Brubaker, esta fue la cátedra definitiva, en la que aprendió a contar historias de gente normal ambientadas en un mundo poblado de superfreaks.
Y ya que estamos, yo coincido con Brubaker. El guionista dice que la primera mitad de The Dark Age era, para su gusto, lo mejor que había aparecido con el logo de Astro City desde que se lanzó la serie. Para mí también, sin dudas. Aquellos ocho episodios fueron realmente insuperables, repletos de emociones, misterios, dilemas morales jodidos, acción, runflas malignas y la habitual dosis de guiños geeks que tanto levantan el puntaje de Astro City.
Estos ocho episodios, sin embargo, no mantienen el altísimo nivel de los primeros ocho. El problema es uno sólo: se nota demasiado cómo Busiek fuerza el ensamblaje, la interrelación entre dos tramas muy distintas: una, la principal, la más atractiva, es la de los hermanos Charles y Royal Williams, y su lucha por vengar la muerte de sus padres. Esta es una historia fuerte, planteada con mucha inteligencia y desarrollada con mucha intensidad desde la primera página de The Dark Age. Charles y Royal son los personajes más humanos, más tridimensionales y mejor trabajados de la historia de Astro City, cosa que queda clarísimo con leer apenas las seis páginas del epílogo. Sin embargo, la resolución de su extenso peregrinar para capturar al asesino de sus padres no resulta satisfactoria. ¿Por qué?
Porque sucede justo al final, un final bastante precipitado, en el que colapsa por su propio peso otra trama, desarrollada por Busiek al principio con mucha elegancia y al final con cierta torpeza: Los héroes de Astro City deben enfrentar la Era Oscura, los años heavies, en los que los buenos ya no son tan buenos. La idea es MUY buena y Busiek la usa para bajar línea a ocho manos acerca del período 1980-1985, en el que los comics de superhéroes salen en busca de la madurez y encuentran no mucho más que violencia, sangre, muerte y códigos rotos. Hay una sóla mala idea en todo esto: corporizar a la oscuridad, darle entidad, convertirla en algo (casi alguien) a quien vencer. Busiek lo hace y, sobre el final, fuerza la colisión entre esta entidad oscura y el villano pulenta de la otra trama, el asesino al que buscan los Williams. Y ahí es donde lo que debería cerrar con una ovación cierra con un “y bue...”.
Otro día discutimos sobre por qué Busiek pone a 1986 como punto final de la Dark Age. Para los comics de superhéroes que leímos nosotros, el período 1980-1985 fue más tierno y blandito que un osito cariñoso, comparado con lo que vimos después. De todos modos, en este arco traza un montón de paralelismos alucinantes con las historias de los ´70 y ´80 que todos conocemos. Sobre todo con las de Marvel, porque acá Busiek reformula miles de las ideas que tenía para la secuela de Marvels que nunca le dejaron escribir.
Brent Anderson, por su parte, demuestra una vez más que ser clásico garpa siempre. El tipo no se sube a ninguna moda, le sigue fiel a Neal Adams y Gene Colan y en ese terreno se mueve con una destreza envidiable. Se mata en los fondos, en los climas, en los primeros planos y si alguna vez pifia es en las secuencias en las que tiene que mostrar desde lejos a 145 coñemus enmascarados envueltos en una hiper-machaca contra algo muy power. Cuando la historia baja a la calle, Anderson juega de local y gana por goleada.
Me encanta Busiek cuando se embarca en esas epopeyas superheroicas a todo o nada, me encanta Busiek cuando cuenta historias de gente común y mete a los superhéroes en el decorado y lo considero uno de los tipos más capacitados para contar, reversionar o hasta discutir la historia del género. Esta vez, la mezcla no salió del todo bien. O por lo menos el último tramo no estuvo a la altura de las glorias acumuladas hasta ahora por Astro City, que son muchas. Igual volveremos.