Sí, ya sé que clavé un post hace menos de 24 horas, pero tengo un par de libros leídos y un ratito para redactar reseñas, así que ¿quién carajo me lo va a impedir?
De las muchísimas obras que realizó para el mercado francés el recordado Walther Taborda, seguramente la más relevante para nosotros es Malvinas: El Cielo es de los Halcones, con guión de Néstor Barron, cuyo Vol.1 se publicó en Europa en 2010 y acá en 2015. Una pena que acá se haya publicado igual que allá, en tamaño grande, tapa dura, papel de lujo, 48 páginas… porque terminó llegando al público a un precio altísimo, que hizo que un montón de potenciales lectores no lo pudieran comprar. Aún así, un año después salió el Vol.2 y quizás antes de fin de año salga el Vol.3, aunque Walther no llegue a verlo. Obviamente hubiese sido más lógico publicar los tres tomos en un único libro, con tapa blanda y en un formato un poco más chico. Pero bueno, la edición corrió por cuenta de un sello que nunca antes había publicado historietas…
Claro, es un álbum pensado para el mercado francés, con las infaltables páginas de 10 viñetas, y en una de esas, en un formato más chico el dibujo se luciría menos. Por suerte Taborda resuelve todo lo que es figura humana y primeros planos con un trazo bastante sintético, muy plástico, sin sobrecargar en absoluto la imagen con texturas o detalles. Los detalles aparecen y cobran protagonismo cuando le toca dibujar aviones, barcos, cascos, bases militares… Ahí se nota que hubo una investigación a fondo, un trabajo muy serio de documentación para recrear con precisión quirúrgica las escenas de la guerra que tuvo lugar en 1982 sobre el Atlántico Sur. El contraste entre estos personajes definidos de modo sintético y estas máquinas y edificios super-detallados llama bastante la atención, pero no incomoda, no se convierte en obstáculo para engancharse con la historia.
El guión… no sé, creo que esperaba un poco más. De hecho, no tengo dudas de que en 46 páginas se podían contar más cosas y desarrollar más a los personajes. La mejor escena (a años luz de la segunda) dura apenas una página: es cuando Luis, el colimba, le revela al Capitán Cruz que siente miedo y odio estando entre los militares porque estos son los responsables de la desaparición forzada de su hermano mayor. Es un momento emotivo, tenso, pero que (por lo menos en este primer tomo) no pasa de ahí. No sé si más adelante Barron seguirá desarrollando la relación entre Luis y Cruz a partir de esto. El resto es una clásica aventura de tipos que desafían a la adversidad para enfrentarse a un enemigo mucho más poderoso y terminan hechos mierda, pero con chapa de héroes. Hay un cierto espíritu patriótico, pero no llega a oler a cosa facha, entre otras cosas porque habia que venderlo en Europa. La verdad, lo conseguí en oferta y no me enganchó como para pagar fortunas el Vol.2..
Con Starlight, en cambio, me divertí mucho y me emocioné más. Mark Millar y Goran Parlov nos cuentan una saga crepuscular de una especie de Flash Gordon convertido en un sesentón canoso y con panza, que es Maradona en un planeta lejano pero en la Tierra no la estaría pasando bien. Duke McQueen no tiene a quién contarle anécdotas en las que derrota a villanos, libera a planetas enteros y se codea con princesas y emperadores de otros mundos, porque su esposa falleció, sus hijos tienen familia y trabajos y no le dan pelota y la gente de su pueblo lo considera un viejo chamuyero al que le faltan un par de jugadores. Por supuesto, Duke tendrá la posibilidad de volver al planeta al que liberó hace 40 años, donde es considerado el ídolo máximo por varias generaciones.
Y ahí es donde Millar pudo haber derrapado mal. Un sutil toque de mala leche decontructivista y McQueen terminaba o bien ridiculizado también en Tantalus, o manipulado para derrocar a un gobierno decente para que subiera un tirano, o directamente corrompido por el poder, poniéndose él mismo como tirano. Sin embargo, McQueen resulta ser un tipo noble hasta el final, enamorado de su esposa incluso años después de su muerte, con unos códigos éticos inquebrantables y la certeza de que lo suyo no es el poder… aunque una ovación de la hinchada de vez en cuando no esté mal.
La trama está muy bien llevada y el personaje central muy bien trabajado, aunque sí, le gana un poquito fácil a sus adversarios… está bien que sea muuuuy capo, pero quizás si transpiraba más la camiseta todo cerraba un poquito más. El tono de la obra es perfecto, el ritmo está llevado con mano maestra, con pausas y flashbacks en los momentos justos, hay unos cuantos diálogos muy ingeniosos y el final es realmente conmovedor. Bien Millar, apostando por el amor, el heroismo y los valores de la honestidad y la buena onda.
El trabajo de Parlov es majestuoso… si te gusta Moebius. Si no, lo vas a odiar, porque acá el croata reproduce TODOS los yeites del Genio Infinito, sobre todo los de esa etapa más suelta, de fines de los ´80 y principios de los ´90. Posta, hay páginas que si te dicen “las dibujó Moebius”, te lo creés. Incluso el rotulado imita la caligrafía del inolvidable Jean Giraud. Y bueno, yo que soy hardcore fan de Moebius me volví loco y espero que de ahora en más Parlov dibuje siempre así.
Nos reencontramos pronto, ni bien tenga unos libritos más listos para ser reseñados. Gracias y hasta entonces.
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martes, 24 de octubre de 2017
viernes, 20 de agosto de 2010
20/ 08: GHETTO POURSUITE

Los editores de Francia, esos que tienen al mercado bajo permanente análisis e investigan los fenómenos del comic a nivel molecular, descubrieron que hay un segmento del público juvenil en el que el consumo de historietas es particularmente bajo: los fans del rap y el hip-hop. Así es como Dargaud (nada menos) se aventuró a seducir a ese segmento “rebelde” con un libro en cuya trama tiene bastante peso Rim´K, el líder del grupo de hip-hop galo 113.
Rim´K participó del guión junto a Régis Hautiére, un guionista prolífico (acumuló más de 20 obras en seis años) y querido por los fans. Pero entre los dos se mandaron un cagadón: buena parte del peso dramático de la trama recae en un recurso maravilloso para el cine y muy complicado para la historieta: una persecución de autos. La persecución de autos en un medio sin sonido y (sobre todo) sin movimiento se hace muy, muy cuesta arriba. Por supuesto, hay metáforas visuales para sugerir el movimiento, pero no es lo mismo. En el cine ves y hasta sentís con mucha más intensidad lo cerquita que pasa un auto de otro, los sacudones que se dan dentro de la cabina en cada frenada o cada curva agarrada medio a lo salvaje, el verdadero vértigo de una persecución. En el comic, si extremás los recursos expresionistas para acentuar el vértigo, te despegás mucho de la imagen “real”, de cine, que es la que el lector tiene como referencia para la persecución de autos. Si la dibujás muy real, con fotos mínimamente retocadas, te queda algo estático, donde no se lucen ni la velocidad ni el vértigo.
El dibujante al que le tiraron este fardo no es otro que el argentino Walther Taborda, el “BD Maker”, uno de los artistas locales más curtidos en el tema de laburar con constancia para el mercado francés. Y la verdad es que Taborda pilotea el avión averiado con destreza y profesionalismo. Hay escenas en las que tanta foto de auto retocada te llena un poquito las bolas, pero el BD Maker trata de variar los ángulos y de mechar con tomas de adentro de los autos, donde los personajes aparecen dibujados en su estilo habitual, más suelto, menos acartonado. Ahí es donde Taborda hace la diferencia, cuando interactúan entre sí los cinco chicos protagonistas, e incluso los villanos. En esas secuencias, entre personajes con mucha onda y unos fondos laburadísimos, transcurren los mejores pasajes del álbum.
Por el lado de los guionistas, no todo está perdido. Sí, se mandan una que cualquier profesor de guión les recomienda a sus alumnos no hacer. Pero también hay aciertos: la trama de corrupción política descubierta casi sin querer por estos pibes del suburbio está muy bien llevada. Los chicos además son reales. Parecen de acá nomás, de cualquier barrio del conurbano bonaerense. Juegan al fulbito en el potrero, se ceban con la playstation, y coexisten con padres que no les dan ni bola y con malvivientes que los usan para algún laburito sucio, pero menor. Los diálogos están cuidados y el rol que Rim´K se reserva para sí mismo no es intrascendente, pero tampoco es el superhéroe omnipotente que resuelve todo solito y sin ensuciarse la capuchita. O sea que, a pesar de abusar de un recurso que en el comic cuesta un huevo hacer funcionar, la historia tiene onda, sustento y –sin ser nada del otro mundo- atractivo.
Y bueno, no sé si los fans del hip-hop acudieron masivamente a las librerías a comprar Ghetto Poursuite, pero me sirvió para ver a Taborda en un muy buen nivel, en una historieta de temática urbana, actual, dinámica, con un guión que no le exige 150 cuadros por página, y con un colorista que entendió el tema del claroscuro y desarrolló una paleta intencionalmente limitada, y a la vez muy bien ajustada al clima de la historia y al dibujo del BD Maker. Por ahí, y por la construcción de los personajes, pasan los logros de este álbum.
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Ghetto Poursuite,
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