el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 14 de enero de 2026

MEDIODíA DE MIÉRCOLES

Traté de redactar estas líneas anoche, pero justo me cayó la ficha de que no había dormido la siesta. Así que me fui a dormir a las 21:45 y me levanté a las 9 AM de hoy. Una demencia. Vamos con las reseñas, que para eso vinimos. Loco Rabia metió otro acierto difícil de mensurar cuando decidió publicar en nuestro país una obra de autores argentinos que circula hace más de 20 años por los mercados europeos, pero que acá era totalmente desconocida: Pampa, de los maestros Jorge Zentner y Carlos Nine. Esto es más argento que comerse un chori en el Obelisco cantando la marcha peronista y sí, parece una joda pero hasta hace muy poquito estuvo inédito en nuestro país. También es inverosímil la calidad del dibujo de Nine, y por supuesto llama la atención que un dibujante con semejante vuelo plástico se ponga al servicio de la narración como lo hacía Carlos. Esto podría ser un artbook, una galería de (fastuosas) imágenes inconexas, pero no: la solidaridad icónica se hace presente en cada página y Nine, incluso cuando experimenta y cambia de técnicas, cuida siempre la fluidez y la consistencia del relato. La pampa infinita y mayormente vacía ofrece la posibilidad de prescindir casi por completo de los fondos y obviamente Nine la aprovecha. Eso sí: cuando el guion pide fondos, se manda unas locaciones perfectamente detalladas, tanto cuando las vemos desde afuera como cuando la escena transcurre puertas adentro. Y lo que más me gustó del trabajo de Nine son las texturas: tanto en las viñetas que parecen pintadas con óleos o crayones sobre lienzos como en las que dejan ver el trazo mágico de los lápices de colores. Visualmente, Pampa nos ofrece una fiesta irrepetible, y única en el sentido de que -si no me equivoco- Nine nunca dibujó tantas páginas de una misma historieta. El gran acierto de Zentner es haber creado una trama que entusiasmara a Nine y le dieran ganas de comprometerse a largo plazo y dibujar estos tres álbumes con unas pilas gigantescas. Es una historia que combina vuelo poético con atrocidades indecibles (gente estaqueada, violaciones, masacres) y aventura de alto impacto con problemas más mundanos, como la disfunción eréctil. Zentner respeta a rajatabla los tropos de la historieta gauchesca, pero le agrega el aspecto sobrenatural: fantasmas, lobizones, profecías, maldiciones de ultratumba y poderes extrasensoriales. Con todo esto sale una historieta fuerte, dramática (más allá de alguna mínima pincelada de comedia), en la que Cirilo y Zenón, los hijos de Francisco Parra, se roban el protagonismo. Y con un toque magistral por parte de Zentner: acá el monstruo no es el hombre lobo, sino su hermano, que no se transforma en licántropo. Hay amor, hay sexo, hay violencia, hay un misticismo muy atractivo, y además está la historia de Bartolomé y su viaje espiritual. Todo esto en un contexto que se nutre de la vida real de los gauchos que poblaban nuestras planicies en el último tercio del Siglo XIX, justo cuando empezaba a asomar una democracia trucha, basada en el fraude electoral, al que los autores satirizan con deliciosa mala leche. Me cuesta decir que Pampa es "el libro del año", porque la primera parte salió en Francia en 2003. Pero la verdad que, de lo que leí hasta ahora, me cuesta encontrar material de autores argentinos que me haya gustado más que este clásico atemporal de Jorge Zentner y Carlos Nine. Ultra-recomendado.
Retomé la lectura de East of West, que había dejado tras leer y reseñar (un ya lejano 18/10/22) el Vol.5. De nuevo, me costó volver a entrar a este mundo creado por Jonathan Hickman y Nick Dragotta, y volví a sentir la incertidumbre: esto que sucede acá, en los tomos "del medio", ¿será relevante en el contexto global de la obra, tendrá un peso real a la hora de resolver los conflictos, o son Hickman y Dragotta "despilfarrando" páginas para que en vez de cinco o seis TPBs la serie dure diez? Por suerte ya tengo todos los tomos que faltan comprados, en la pila de los pendientes, y me los voy a liquidar en las próximas semanas. No más baches de varios años entre tomo y tomo, porque así no se disfruta una mierda. East of West es una serie complicadísima que avanza a un ritmo pachorro, se abre, se ramifica. Hickman cuenta con un elenco protagónico tan numeroso e incluye tantas ideas, situaciones y locaciones, que podría abastecer tranquilamente a tres o cuatro series más que se desarrollaran en paralelo, todas explorando el mismo universo. En este tomo algunos personajes mueren (y acá es para siempre, no como en X-Men) pero la complejidad de la trama no disminuye en lo más mínimo. El dibujo de Dragotta (hoy encumbrado gracias al tremendo éxito de Absolute Batman) me sigue pareciendo un poco cabeza, en contraste con el guion de Hickman que es, casi todo el tiempo, elegante y sutil. Por suerte está el colorista Frank Martin, que se desvive para que su paleta le baje un poquito el tono al kilombo, el descontrol y el frenesí que transmiten los trazos de Dragotta. Este es un tomo con mucha acción, machaca y sangre a raudales, y aún así el colorista logra que no se vea todo como un show grotesco y ultraviolento. Por supuesto, me engancho más con East of West cuando la intriga política tiene más peso que la machaca pero -dentro de todo- la serie conserva el equilibrio que la hace atractiva tanto al público más adulto como a los pibes que se emocionan con los chumbos, las batallas y las decapitaciones. Vamos a ver con qué me encuentro en los cuatro tomos finales. Y nada más, por hoy. Si necesitás más lectura, acordate que en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ te podés descargar por poquísima plata el nuevo número de la Comiqueando Digital, con 364 páginas de artículos inéditos y QRs para acceder a contenidos audiovisuales exclusivos. Gracias totales y hasta pronto.

miércoles, 14 de agosto de 2024

MEDIODIA DE MIÉRCOLES

Mañana temprano arranco rumbo a Rosario, a disfrutar un par de días de una nueva edición de Crack Bang Boom, pero antes, un ratito para reseñar las últimas lecturas. En al año 2002, cuando todavía editaba libros en tapa blanda y en formatos copados, Astiberri publicó Caravana, una extraña historieta del guionista entrerriano Jorge Zentner y el dibujante francés Bernard Olivié. Son casi 160 páginas en las que -literalmente- no pasa nada. Hay un protagonista, un hombre con rasgos europeos, que camina por el desierto junto a una caravana integrada por camellos y por otros hombres (no hay mujeres) de rasgos arábigos, todos vestidos con los típicos turbantes y túnicas de los beduinos y demás habitantes de las zonas desérticas del Norte de África y Medio Oriente. Los personajes casi no dialogan entre sí, sino que los textos (que son muy pocos) están narrados en primera persona por el anónimo protagonista, a veces como bloques dentro de las viñetas y muchas veces como único elemento gráfico en páginas completamente en blanco. Sí, hay como 40 páginas completamente en blanco en las que solo vemos un breve texto, que a veces no llega a las 10 palabras. Son textos atractivos, con un extraño vuelo poético, casi haikus, que Zentner utiliza para darle más relieve a esta no aventura. A veces hacen algún aporte narrativo, otras veces son meramente descriptivos, y a veces reflejan sensaciones que los dibujos no pueden mostrar. Pero lo más importante es que Caravana no cuenta una historia. No sabemos por qué este personaje se sumó a la peregrinación, qué buscan, a dónde van... Pasan algunas cosas típicas de estos periplos (tormentas de arena, oasis, camellos que no quieren avanzar), se resuelven en poquísimas viñetas y la caravana continúa su marcha como si nada. Ni siquiera en la última página hay algún indicio de que el viaje está por llegar a su destino. No hay final, no hay destino, no hay rumbo. Es solo eso: gente que camina por el desierto. A la luz del giro que tomó la carrera de Zentner en los últimos años, que lo alejaron de la historieta y lo encumbraron como una especie de gurú new age, tienen más sentido todas esas frases que parecen sacadas de libros de autoayuda, y hasta me permito sospechar que hay un mensaje, o una enseñanza de índole espiritual que el autor quiere transmitir a través de este viaje por la nada hacia la nada. Mala mía: me jodo por comprar una historieta pensando que me va a contar una historia en vez de enseñarme a vivir :P El dibujo de Bernard Olivié me gustó bastante. Es como un continuador de la línea de Miguel Calatayud, al que le quedan muy bien la síntesis, la línea apenitas temblorosa que utiliza a menudo Fer Calvi, y que maneja muy bien la composición de las viñetas. Toda la historieta está publicada en blanco, negro y grises, y eso le da mucho peso a las formas y los contornos, muy bien trabajados por Olivié, al igual que la combinación entre las distintas tonalidades de grises, las masas negras y los espacios blancos. La cosa se empieza a hacer monótona y a derrapar hacia el choreo cuando los dibujos se empiezan a repetir. Claro, los personajes son siempre los mismos, el paisaje que recorren es siempre el mismo, no hay acción más allá de esa lenta caminata... y lógicamente Olivié cae en la tentación de repetir los dibujos que ya vimos. A veces cambia el enfoque, o tuerce un poquito la angulación, pero son los mismos dibujos que aparecieron unas páginas atrás. Entre esto y las páginas en blanco en las que solo hay texto, se desluce bastante una faz gráfica que podría haber salvado las papas. Caravana es claramente un comic experimental que, para mi gusto, no salió bien. Me sirvió para descubrir a un dibujante interesante, con un grafismo muy sólido, pero a partir de cierto punto me aburrió muchísimo, más allá de que algunos textos estén realmente bien escritos. No lo recomiendo a nadie que no sea talibán de Jorge Zentner y quiera tener el 100% de sus obras.
Allá por el 28/09/19 le entré a un TPB de Black Widow a cargo del equipazo integrado por Mark Waid y Chris Samnee, para encontrarme con la primera mitad de una breve serie de 12 episodios que Marvel publicó entre 2016 y 2017. Tarde pero seguro conseguí y leí la segunda mitad, en la que llega a su fin este thriller oscuro, trepidante y por momentos perturbador. Lo que más me gustó es, por lejos, el dibujo de Samnee. Acá sobran las escenas en las que el dibujante (y en esta serie también co-guionista) puede desplegar sin límites su talento inusitado para la acción, la gran plasticidad de los personajes y su manejo apabullante de la iluminación. En esos claroscuros extremos, en los que las figuras no fingen en lo más mínimo ser tridimensionales, sino que hasta se ufanan de su bidimensionalidad (como en las historietas del maestro Alex Toth) es donde más amé a Samnee y su estilo despojado y sutil. Pero además hay un gran trabajo en los fondos (muy valioso, porque es un dibujante que le mete muchísima mano a la referencia fotográfica al punto de otorgarle la misma impronta gráfica que a sus personajes) y una gran expresividad en cuerpos y rostros. Matthew Wilson tiene la dura tarea de sumarle algo más desde el color a unas páginas majestuosas, ricas en climas y efectos de iluminación zarpados, y la verdad que sale bastante bien parado, aunque no dudo de que esto se vería mejor en blanco y negro. Por el lado del guion, en estos seis episodios pasa un poco más que en los seis primeros, y se nota menos la intención de los autores de estirar un plot chiquito a lo largo de muchas páginas. Natasha zafa muchas veces de casualidad de situaciones muy extremas, gracias a los errores o la pésima puntería de sus oponentes, y lamentablemente dos de los tres nuevos villanos no llegan vivos al final del último número. Obviamente en Marvel esto no es impedimento para (eventualmente) hacerlos volver, pero bueno, quedó una villana interesante y una punta argumental, la de las seis nenas rusas, para retomar algún día, si Waid o Samnee vuelven a encontrarse con Black Widow. Entre venganzas, traiciones, manipulaciones, secretos antiguos, crímenes de lesa humanidad y peleas a todo o nada en locaciones exóticas, esta serie está buena para agregarle un poco de profundidad a Black Widow, explorar un poco su mitología, para atrás y para los costados, para leer a un Waid que cambia de registro y se parece (como señalé la vez pasada) más a Greg Rucka que a sí mismo, y para flashear a lo bestia con un Samnee prendido fuego, que deja la vida en cada página. Ah, no me quiero olvidar de esto. Un pedido a los guionistas de Marvel: ya sé que Maria Hill no tiene tanta chapa como Nick Fury, pero por favor dejen de retratarla como una cínica hija de puta con menos códigos que un "periodista" de La Nación + a sueldo de Milei. Ya son varias las historietas en las que esto se me hace muy evidente, y me parece que es hora de aflojar un poquito con esa caracterización tan grotesca, tan falta de matices, para un personaje que merece la oportunidad de ser mínimamente querido por los fans, más allá de la pátina de ambigüedad que debe tener cualquier referente del palo del espionaje. Nada más. Nos vemos mañana y pasado en la Crack, y seguramente a la vuelta habrá nuevas reseñas acá en el blog.

miércoles, 2 de febrero de 2022

ARRANCA FEBRERO

Se viene un mes con muchos compromisos sociales, y con viajes ya confirmados a ciudades donde vamos a estar presentando ¿Quién quiere ser superhéroe?, el libro que supongo que todos los lectores de este blog ya habrán comprado y leído ;) Así que cada día de paz en Buenos Aires es sagrado, y hay que aprovecharlo para avanzar con la lectura y las reseñas. Hace casi 11 años, la primera vez que viajé a Perú, vi muy barato este libro, y como era de Jorge Zentner y Rubén Pellejero, no dudé en comprarlo. Después descubrí que se trataba de la segunda parte de un díptico, y luego de putear en todos los idiomas, me dediqué a tratar de conseguir el Vol.1 de Aromm. Mi fracaso fue absoluto y aún hoy jamás lo vi en ningún lado. Así que dije “me chupa un huevo, vamos a leer el Vol.2 y si no se entiende nada, mala leche”. Para mi sorpresa, se entiende TODO. El Vol.2 arranca con los personajes ya presentados, pero al nivel de las tramas, es perfectamente autoconclusivo. De hecho, es un guion excelente, con acción, rosca política, romance, dilemas morales espesos, data histórica muy bien incorporada… Una maravilla, hasta que en las últimas 15 páginas Zentner parece desviarse de la senda de la gloria y la historia de Aromm se deshilacha un poco, se empantana entre escenas oníricas y escenas que narran en muchas viñetas hechos que el lector daba por sentados y que se podrían haber obviado, o apenas sugerido. De todos modos, cuando esto sucede, venimos de vibrar con más de 30 páginas magníficas, una cátedra de aventura histórica para cualquier guionista que quiera incursionar en este género tan popular sobre todo en Francia. El dibujo de Pellejero (ni hace falta decirlo) me pareció brillante, con esa combinación irresistible entre potencia y poesía que pocos dibujantes logran y que a los lectores nos hace flashear. El color es fastuoso, el rotulado está buenísimo, y la edición española de Glénat es impecable. Obviamente, el día que vea el Vol.1 me lo voy a comprar, y seguramente me aportará poco a nivel argumental. Pero como fan de la dupla, y a sabiendas de que el Vol.2 me hizo pasar momentos memorables, no tiene sentido resistirse.
Allá por 2016, el maestro Genndy Tartakovsky, capo de la animación yanki nacido en Rusia, debutó como autor de historietas con una miniserie de cuatro episodios protagonizada por Luke Cage y ambientada en los años ´70. Finalmente la leí, y la verdad es que el guion es menos que la nada misma. Es una aventura ínfima, que si el Tarta la contaba en un dibujo animado, a duras penas llegaba a ocho minutos. Es irrelevante, no tiene consistencia, no tiene desarrollo de personajes… Tiene un par de buenos chistes, y lindos homenajes a los villanos y personajes secundarios de la serie de Power Man de los ´70, que seguramente Tartakovsky leyó y disfrutó de pibe. Pero es un guion indigente, por debajo de la línea de pobreza. El dibujo, en cambio, es una fiesta. Apoyado por las tintas del nunca bien ponderado Stephen DeStefano, el Tarta se va al carajo y más allá para regalarnos unas puestas en página espectaculares, unas expresiones faciales geniales y unas peleas de un impacto increíble. Todo el tiempo se nota que Tartakovsky la pasó bárbaro dibujando este comic, y que dejó el alma en cada viñeta. El coloreado de Scott Willis también está en perfecta sintonía con la magia visual que proponen el Tarta y DeStefano y contribuye mucho a que la experiencia sea de una intensidad arrolladora. Lástima el guion, que es pésimo. Esto mismo, reversionado para ocho o diez páginas en una antología de historias cortas, pudo haber sido una gema inolvidable. Así, conserva el atractivo de ser la única historieta realizada por un referente ineludible de la animación, pero solo se sostiene por el dibujo y por el cariño que uno le tiene al personaje de Luke. La próxima vez que a Genndy le pinte incursionar en el mundo de las viñetas, háganle (y hágannos) un favor y pónganle un guionista. Y nada más, por hoy. Tengo leído otro libro, pero lo reseñamos la próxima, junto con alguna cosa más que lea en estos días. Gracias y hasta pronto.

jueves, 17 de noviembre de 2016

EN PESIMO ESTADO

Estoy re-baqueta. Tengo una congestión y un dolor de cabeza espantosos y un párpado hinchado como si me hubiese boxeado Wildcat. Además, ese tramito que va entre el medio de la nariz y el labio superior me quedó al rojo vivo de tanto sonarme los mocos… que ni siquiera son mocos, es una agüita de mierda que nunca termina de gotear… En fin, trataremos de pilotearla un rato más, lo suficiente como para reseñar un par de libritos que leí en estos días…
Arranco con Replay, una historia que en Francia se serializó en tres álbumes allá por el 2000 y un par de años después se editó en España, en un sólo tomo. El guionista es Jorge Zentner, el maestro entrerriano radicado hace muchos años en Barcelona, y el dibujante es el francés David Sala (sí, otro Sala más). Replay es una historia amarga, de esas que para la décima página ya sabés que sólo puede terminar para el orto. Zentner se mete con dos temas muy atractivos: la amistad y el azar. ¿Se parecen mucho o poco? ¿La verdadera amistd es tan efímera como una racha de buena suerte? ¿Qué pasa cuando la fortuna te sonríe y no parás de ascender? ¿Ascendés solo, o con tus amigos? Preguntas difíciles que el guionista responderá a través de las acciones y omisiones de Don Walden un pibe ambicioso y de pocos escrúpulos, al que la suerte arrastrará en una road movie (tranqui, para nada frenética) que tendrá a la timba como hilo conductor.
Zentner (fiel a su costumbre) le da mucha bola a los climas, sin descuidar nunca los diálogos. Lo que no abunda es la acción, algo que el guionista acovacha para luego dejarla explotar cerca del final, cuando Don vuelva a quedar frente a frente con su viejo amigo Chuby. El dibujo de Sala es glorioso, difícil de describir de tan grosso. Y eso que este es uno de sus primeros trabajos. El color es magnífico, un verdadero festival de técnicas pictóricas (quizás haya también algo de computadora) que potencian el dibujo y juegan fuerte a favor de esos climas que tanto peso tienen en la trama. Visualmente, esto es una maravilla. Y al nivel del guión, hay que bancarse una alta dosis de decomprensión, que no llega a aburrirnos al nivel de una película francesa, pero se siente. Esto mismo podría contarse en mucho menos de 150 páginas, no tengo dudas, aunque no sé cuánto quedaría de esa impronta pausada, introspectiva y profunda que tiene el guión de Zentner.
Y me voy a la otra punta: 80 páginas de machaca de la mano de Mighty Man, el Captain Marvel del universo de Savage Dragon, un personaje surgido de la devoción de Erik Larsen por la creación de C. C. Beck que con el tiempo fue cobrando rasgos más propios para dejar de ser un mero choreo. En este one-shot, Larsen co-escribe junto a su viejo amigo Gary Carlson y entinta los lápices de Mark Englert, ignoto dibujante que, en caso de tener un estilo propio, se ve completamente eclipsado por las tintas del gigante de Minneapolis.
El argumento del one-shot parece un dejá vu, una excusa para repasar todo lo sucedido con Mighty Man desde que Larsen lo integró al universo de Savage Dragon (estamos hablando de unos 10 años de continuidad, porque esto es de 2004), hasta que te das cuenta de que no, que estos son el Mighty Man y la Ann Stevens del OTRO universo donde transcurren las aventuras de Dragon, en el que todas estas cosas no habían pasado nunca, y otras jamás pasarán (entre ellas, el romance de Ann con el héroe verde). Larsen y Carlson reciclan un viejo plot que ya se había insinuado en la continuidad anterior: el del sobrino del Mighty Man original que sueña con recuperar el legado de su tío y ser el receptáculo de los fabulosos poderes que hoy ostenta Ann.
El resultado es un comic pasatista, sin sorpresas, que se deja leer sin inconvenientes, que te engancha con el ritmo y con las constantes referencias a otros comics, otros personajes e incluso a la continuidad anterior en la que vivieron (y en algunos casos murieron) estos mismos personajes. El dibujo conserva la impronta estridente, granguiñolesca de los buenos trabajos de Larsen, así que también contribuye a la lectura ágil y a que los impactos del guión nos peguen con fuerza, incluso cuando pasan cosas obvias.
Ni bien me sienta mejor, retomo las lecturas y las reseñas.

jueves, 4 de septiembre de 2014

04/09: EL CAUTIVO

Hoy en Argentina festejamos el Día de la Historieta y la lógica indicaba reseñar una historieta argentina. No pudo ser. Aunque con buena voluntad, algo arrima, porque lo que tengo para reseñar hoy es un comic escrito por un guionista argentino, Jorge Zentner, radicado hace más de 30 años en España, pero argentino al fin. Junto con su co-equiper ideal, el catalán Rubén Pellejero, Zentner realizó a fines de los ´80 este trabajo que luego formaría parte de la recordada colección del Quinto Centenario, editada por Planeta-DeAgostini.
Como es habitual en los álbumes de esta colección, el guionista tiene que transitar la delgada línea entre la aventura y la divulgación histórica. Zentner tiene muchas obras ambientadas en el pasado, en las que hace falta explicar contextos y exponer datos que el lector promedio desconoce, pero acá se nota que le pidieron más: más data, más investigación, más rigor. El entrerriano se la bancó muy decorosamente y logró una alquimia rara, pero efectiva. Por un lado, algunas páginas con mucho texto, mucha información, en las que Pellejero tiene que mechar cuadros en los que aparecen los personajes con cuadros que reproducen grabados de la época (año 1550, más o menos), en los que vemos cómo llegaba a Europa la información que recolectaban estos adelantados, estos tipos que salieron a explorar el nuevo continente. Algunas de estas páginas se hacen un poco densas, es verdad.
Pero por otro lado, Zentner y Pellejero se juegan a meter un montón de páginas mudas, muchas más que en los otros álbumes de la colección, y ahí es donde El Cautivo realmente levanta vuelo. Esa secuencia casi sin textos de las páginas 43 y 44, por ejemplo, es perfecta. Ahí vemos a los autores rematar la historia, activar varias ideas en la mente del lector y hasta meternos a fondo en la psiquis del protagonista (Hans Staden) quizás por primera vez en el tomo. A lo largo del álbum hay varios momentos más en los que el texto “se calla la boca” y deja que las imágenes conjuradas por Pellejero se carguen al hombro el peso de la narración. Y son todos momentos memorables, ya sea por su carácter épico o por la belleza y el grado de detalle en las composiciones, el trabajo preciocista en climas, fondos e iluminación.
A nivel dramático, este trabajo tiene el mismo problema que otros de la colección. Está todo narrado a modo de flashback, por un protagonista que ya sabemos que sobrevivió a todo y llegó a viejo. Eso le resta emoción y suspenso al relato, porque sabemos que de alguna manera Hans va a zafar incluso cuando parece estar en el horno; y por el otro obliga a Zentner a mechar viñetas del “presente” en las que Stader narra su historia a un interlocutor, que interrumpen ese ritmo más intenso que logra la trama cuando se suceden varias secuencias del europeo en la selva, en ese sacudón constante que fue su prolongada convivencia con las tribus aborígenes de lo que hoy es Brasil.
El dibujo de Pellejero está a un nivel altísimo. Todavía en su estilo ochentoso, el de la línea más finita, más cercana a la de Alfonso Font, años antes de emprender ese camino hacia la síntesis, que se ve mejor en sus obras posteriores a la primera mitad de los ´90. La faz gráfica del álbum está plagada de aciertos: el tratamiento del color es magnífico, los climas te ponen los pelos de punta, el manejo de la documentación histórica es impecable, las escenas de acción están resueltas con sobriedad y los primeros planos nunca son gratuitos, sino que están ahí cuando Pellejero necesita subrayar desde los rostros las emociones que en cada momento atraviesan a los personajes.
Con este álbum, Zentner y Pellejero terminaron de demostrar por qué fueron una de las duplas más sólidas de la historia del comic español. El Cautivo les propuso una partida complicada, con restricciones y exigencias que no habían tenido en los álbumes de Dieter Lumpen, ni volverían a tener más adelante. Sin embargo, el entrerriano y el catalán se las ingeniaron para dejar su impronta autoral en el álbum y para regalarnos (otra vez) unas cuantas páginas sumamente disfrutables para cualquier fan de la aventura histórica. Otro de los libros del Quinto Centenario que se tendrían que reeditar cuanto antes.
¡Feliz Día de la Historieta para todos!