el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 2 de octubre de 2022

TERROR Y ABURRIMIENTO

Justo que empieza Octubre (mes asociado con el género del terror, supongo que por la celebración pagana de origen celta conocida como Halloween) me tocó leer dos historietas de monstruos y criaturas abisales, y con las dos me aburrí como una ostra. Hacía mucho que no leía Hellboy, pero recuerdo que allá por el 12/11/12 leí aquel tomo en el que el querido personaje de Mike Mignola moría y descendía al Infierno, el lugar donde nació. Este tomo (Hellboy in Hell: The Descent) recopila la primera mitad de la breve serie en la que Mignola regresa a los lápices y las tintas para contar qué le pasa a Hellboy en esta "vida después de la muerte". Hay alguna chance de que esto remonte en la segunda mitad, pero lo que me aburrí con este TPB no tiene nombre. Mientras el dibujo brilla con un fulgor incandescente, el guion te manda a dormir temprano, y si no te despertás, mucho mejor, porque te ahorrás un embole cósmico. Es un comic solemne, protocolar, que avanza a un ritmo exasperante, donde las poquísimas escenas de acción se ven totalmente forzadas (hay un solo momento impactante, la decapitación de uno de los hermanos de Hellboy) y donde el glorioso Anung Un Rama es el único que -de vez en cuando- tira un diálogo que no parece anquilosado o formulaico. La mayoría de los personajes secundarios no me interesaron en lo más mínimo, y el que sí me interesó (Edward Grey, el especialista en sectas satánicas que cayó al Infierno en 1916) tiene menos desarrollo del que me hubiese gustado ver. Mirá si será choto el guion que los mejores momentos son los flashbacks, los pasajes en los que Mignola pasa en limpio algunos hechos clave del origen de Hellboy y algunas puntas de su pasado, en una de esas suponiendo que este sería el primer comic de Hellboy que comprarían algunos de sus fans. Es decir que lo que más me gustó son las partes de la historia que ya conocía. Y la secuencia del nacimiento de Hellboy, que no recuerdo haberla visto/leído en tomos anteriores, y es majestuosa. Con la posibilidad de dibujar infinitos monstruos gigantes y poquísimos fondos, este parecía el proyecto ideal para que Mignola volviera a enamorarse del dibujo y nos diera muchos años más de su magia como autor integral. Pero evidentemente esta saga lo aburrió a él tanto como a mí, y la aguantó solo 10 números. Son 10 números en los que tanto él como el colorista Dave Stewart dejan la vida para que la faz visual sea deslumbrante... y es solo por eso que no cedo al impulso de deshacerme de este tomo y bancar a leer el segundo para ver si la historia repunta. Ni bien consiga barato el Vol.2, le entro y lo comentamos por acá.
Tampoco me fue bien con Los Primogénitos, de Emilia y Emiliano Plissken (guion) y Luca Vassallo (dibujos). Yo era bastante fan de Vassallo, gracias a su labor en Gunvara y en alguna historieta corta escrita (creo) por Damián Connelly. Pero acá se me fue al descenso. Muy flojito el dibujo, muuuuy flojito. Hay páginas que parecen de Juan Carlos Quattordio, mirá lo que te digo. El color está muy opaco, los personajes muy duros... me gustó mucho esa imagen del ciervo prendido fuego, y todo lo demás me pareció poco inspirado. Y el guion, nada... una colección de lugares comunes, un pastiche al límite del grotesco. De nuevo, cuando terminé de leer la historieta me enteré que esto no es una obra completa, sino el Vol.1 de una serie. A lo cual digo 1) la puta madre, ¿qué te costaba advertírmelo antes?, y 2) está la esperanza de que la historia cobre sentido, o al menos algo de originalidad en una segunda entrega. Pero la verdad es que ni la trama, ni la ambientación, ni los personajes me resultaron interesantes como para querer leer un Vol.2 de Los Primogénitos. Lo que más me gustó es cómo están armadas las secuencias, los momentos que eligen los guionistas para ponerle fin a cada secuencia y empalmar con la siguiente. Así logran que, incluso cuando el argumento cuenta poco, el ritmo se haga llevadero. Y lo que menos me gustó es cómo están escritos los diálogos, que parecen sacados de una película yanki mal doblada en Centroamérica. Menos mal que hay varias escenas mudas (una de ellas bastante extensa) como para darme un respiro, y bajar un poco el hastío que me produce leer a personajes que hablan así. Tengo para leer el año que viene otro libro de esta editorial, con los mismos guionistas y -creo- una temática similar, de nuevo con alienígenas y bichos horribles que hacen estragos en ciudades de EEUU sin identificar. Ojalá el nivel sea similar o superior al de El Recolector. Si me encuentro con algo más parecido a Los Primogénitos, le bajo la persiana a esta línea de comics, porque acá realmente veo muy poco para rescatar. Bueno, nada más. Por ahí se da el milagro y puedo postear de nuevo antes del 13 o 14 de Octubre. Pero por ahora, supongamos que no, que recién para esas fechas habrá nuevas reseñas acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

domingo, 22 de marzo de 2020

FALSA VISPERA DE FERIADO

Supuestamente mañana lunes es feriado, pero cuando llevamos varios días de cuarentena obligatoria y aislamiento, ya todos los días son igual de feriados. O sea que en vez de estar planificando una salida nocturna típica de víspera de feriado, estoy en casa tan al pedo como todos estos días previos (y los que vendrán). Aprovecho para reseñar un par de libritos que leí en estos días.
En 2004 se recopilaron en un hermoso libro llamado Bellas Artes un montón de chistes de Rep centrados en artistas plásticos, escultores, dibujantes e historietistas. De las pinturas rupestres hasta nuestros días, Rep satiriza el mundo del arte en viñetas repletas de ingenio, en las que asume riesgos importantes, como el de reproducir en su estilo muchísimos cuadros famosos. Lo que más me gustó es eso, esos ejercicios de mímesis en los que Rep recrea imágenes que ya vimos mil veces, y no sólo las hace 100% reconocibles sino que siempre logra filtrar su estilo personal, que se combina muy bien con el de los distintos artistas a los que parodia/ homenajea.
También aparecen muchos artistas caricaturizados, y ahí el autor sale airoso de otro desafío que es el de lograr la resemblanza con la persona real sin que el trazo deje de ser claramente humorístico. Esto es algo que Rep logró con creces en la recordada serie Los Alfonsín, pero que después no retomó en obras posteriores. Así que fue otra grata sorpresa, ver que no perdió para nada la mano para caricaturizar personas reales. De especial interés me resultó el capítulo dedicado a los chistes con historietistas y personajes de historieta, en los que Rep juega con el Yellow Kid, Krazy Kat, Patoruzú, La Mujer Sentada, Mickey Mouse, Robert Crumb, Quino y el Viejo Breccia, entre otro íconos.
El libro (editado por Sudamericana) es muy grande, y no me va a ser fácil encontrarle un lugar razonable para guardarlo en la biblioteca. Seguramente esto mismo se podría haber disfrutado igual en un tamaño más chico. Pero el contenido amerita, sin ninguna duda, comprar el libro y atesorarlo, más allá de cualquier “pero” que pueda generar la elección del formato.
Me voy a EEUU, año 2008, cuando Dark Horse publica B.P.R.D. 1946, una saga protagonizada por el Profesor Trevor Bruttenholm en la época en la que el Bureau era una organización muy incipiente y Hellboy todavía era muy chiquito como para andar viviendo locas aventuras por distintos lugares del planeta. Mike Mignola y Joshua Dysart co-escriben un guión muy oscuro, donde el horror tiene muchísimo peso en la trama. Estamos en una Berlín recientemente arrebatada de las manos de Adolf Hitler por rusos y yankis, que ahora se reparten la otrora capital del Tercer Reich y empiezan a descubrir planes muy jodidos que los nazis no lograron llevar a cabo.
En este caso, Bruttenholm pacta una alianza con las fuerzas soviéticas (lideradas por Varvara, el mejor personaje de la saga) para investigar lo que pudo haber sido el Proyecto Vampir Sturm, una macabra operación que consistió en inyectarle sangre de vampiros a los internos de un manicomio para luego lanzarlos contra EEUU. Por supuesto Bruttenholm y los suyos evitarán que esto se concrete, no sin antes soportar cuantiosas pérdidas, sucumbir ante el miedo a lo inexplicable y rosquear con demonios y otras criaturas de dudosa profilaxis. Se podría haber contado lo mismo en cuatro episodios en vez de cinco, pero en general el guión está bien logrado, crea tensión, le da chapa a los personajes correctos y recrea muy bien la época, ese momento en el que –ya sin los nazis de por medio- los EEUU y la URSS empiezan a plantear cómo va a ser la segunda mitad del Siglo XX.
El dibujante elegido para esta saga (Vol.9 de la serie del B.P.R.D.) fue Paul Azaceta, a quien me había cruzado alguna vez en alguna antología, pero de quien no tenía obras más extensas. Azaceta se zarpa un poco con el uso de fotos retocadas para los fondos y tiene un trazo sintético, grueso, que le queda bien a una historia de terror. Es como un John Paul Leon con mucho menos detalle, y con momentos que me hicieron recordar a dibujantes argentinos como Jorge Zaffino, Gustavo Trigo, los trabajos más oscuros de Leopoldo Durañona… o incluso a dibujantes italianos de Dylan Dog. Los demonios y los chimpancés tienen –lógicamente- mucho de la estética de Mignola, y el color (a cargo de Nick Filardi) abusa un poco de los tonos oscuros sobre todo en los tres primeros episodios.
No está mal. Si sos fan del B.P.R.D., o si siempre quisiste ver al Profe Bruttemholm calzarse la pilcha de héroe protagónico de una saga, o si lo ves barato, entrale con confianza.

Y hasta acá llegamos, por hoy. Ni bien tenga leídos un par de libritos más, habrá un nuevo posteo acá en el blog.

miércoles, 26 de febrero de 2020

MIERCOLES MEXICANO

Vamos a México, ¿se copan?
Arranco en 2012, cuando se edita en el país hispanoparlante de Norteamérica la antología 12M. Se trata de un librito muy finito, con sólo 48 páginas, de las cuales apenas 36 son de historieta (claramente no cumple la Ratio Accorsi). Esas 36 páginas están distribuídas de a tres para cada un@ de l@s 12 historietistas convocados, siempre con la consigna de contar en sólo tres páginas una mini-historia vinculada a uno de los 12 meses del año. ¿Contar historias en tres páginas? Muy complicado, no? Como se imaginarán, la mayoría de l@s artistas involucrad@s en 12M fracasan en el intento. De todo modos, encontré algunas cosas para rescatar (además de descubrir a 10 autor@s a los que no conocía).
Por orden de aparición, me dejó muy frío la historieta de Carlos Bernal, me pareció falta de onda y de imaginación. La de Beatrix de Velasco también, la nada misma, sin brillo ni en el guión ni en el dibujo. Marzo me trajo la intención de contar algo un poco más jugado, y muy buenos dibujos, cortesía de Thalia De la Torre. También hay buenas intenciones (y dibujos por momentos excelentes en un contexto bastante desparejo) en la historieta de H.G. Santarriaga. Las tres paginitas de Mayo le corresponden al virtuoso, al genio, al ídolo. Sí, Tony Sandoval participó de 12M con una historieta que apenas cuenta el principio de algo que podría ser copado, con un nivel de dibujo pasmoso, de una belleza rotunda incontrastable. En Junio la antología atraviesa su peor momento de la mano de Nomi Sad, con tres páginas sumamente olvidables.
En Julio aparece la otra autora a la que conocía de antes, la gran Cintia Bolio, que cuenta una especie de chiste (no llega a ser una historia), casi como excusa para desplegar sus magníficos dibujos. Gratísima sorpresa (sólo a nivel visual) la de Patricio Betteo, un crack del dibujo, con un grafismo que me cautivó a primera vista. Me gustaría leer más material suyo, a ver si encuentro el mismo impacto en los guiones. Flojito y genérico lo de Rocío Pérez García, con un buen combo entre la técnica del claroscuro y la aplicación de grises en el photoshop. En Octubre me encontré con Rosalba Jáquez, dueña de un dibujo sutil, sugestivo, al que le falta muy poquito para estar buenísimo. La “historia” que narra no me atrapó en lo más mínimo, pero visualmente me gustó. Y cierro con dos historietas también muy decepcionantes, tanto para Diciembre (de la mano de Fraga) como para Noviembre. Esta última (a cargo de Raúl Montiel) arranca con un políptico espectacular en la primera página y ni bien arranca la segunda se desploma, ante el estupor del gil que creyó que iba a leer algo realmente grosso.
Y bueno, las antologías son así. Urgente un buen tratamiento de rehabilitación para el que fijó en tres páginas la extensión de estos 12 intentos de historieta.
Y me quedo en México para recorrerlo de la mano de Hellboy, en un TPB (lógicamente llamado Hellboy in Mexico) que reúne todas las historias del querido Anung un Rama ambientadas en ese país, en aquellos meses de 1956 de los que dice no tener casi ningún recuerdo.
Las primeras 28 páginas (hijos de mil putas) ya me las habían vendido en el TPB que reseñé el 07/04/12, pero como las leí hace mucho, me volvieron a emocionar. No voy a reiterar conceptos, así que se puede buscar esa reseña y repasarla. Sobre el final del TPB, Mike Mignola y Richard Corben vuelven a la carga con otra historieta ambientada en México, esta vez de 49 páginas, que es en alguna medida secuela de la anterior, pero también tiene su peso propio. De hecho ahí está la primera aparición de Frankenstein Underground, un personaje al que Mignola le seguiría sacando el jugo en futuras miniseries. El guión es aceptable, sin brillar demasiado, y el dibujo de Corben es fastuoso, con una expresividad increíble y un maridaje perfecto con la paleta de Dave Stewart.
Si querés ver a Hellboy dibujado por Mignola, acá están las ocho paginitas de Hellboy versus the Aztec Mummy, lo más flojo del tomo tanto a nivel argumental como gráfico. Otro guión muy pobre, casi indigente, firmado por Mignola es el de Hellboy Gets Married, por suerte dibujado con muchísima garra (y una impronta mignolesca que le sienta muy bien) por el británico Mick McMahon, que lo salva del oprobio.   
Hablando de dibujantes de impronta mignolesca, tenemos ocho paginitas dibujadas por Gabriel Bá (uno de los gemelos fantásticos) en la que reproduce un montón de yeites gráficos y narrativos del creador de Hellboy, remando contra un guión que tampoco aporta nada. Y no podía falta su hermano, Fábio Moon, que también levanta con su magia gráfica un guión flojito, pero sin clonar para nada a Mignola, sino a fuerza de originalidad, sutileza y una línea más para el lado de Craig Thompson.
Hellboy in Mexico tiene algunos momentos brillantes (sobre todo en la historieta que da título al tomo) y unos dibujantes tan pero tan buenos que el más choto es el propio Mignola. Pero a grosso modo, los argumentos son apenas un rejunte de excusas chotas para mostrar monstruos cagándose a palos. Sobra machaca, hay buenos climas, hay pequeños (y acertados) toques de humor, pero falta un poco más de profundidad. Igual si sos hardcore fan de Corben o de los gemelos brazucas o de Mignola o del propio Hellboy, seguro ya te lo compraste y lo enchastraste con hectolitros de baba…

Nada más, por hoy. Mil gracias y nos reencontramos pronto.

miércoles, 4 de marzo de 2015

04/ 03: HELLBOY: THE MIDNIGHT CIRCUS

En los ´80, salían los Annuals. En los ´90, los prestige. Hoy, para venderte una aventura de un personaje conocido que no engancha con lo que le está sucediendo en su serie regular, o que propone una mirada más o menos alejada de la que impuso su autor más conocido, te tiran por la cabeza un hardcover de u$ 15, con 49 páginas de historieta y 6-7-8 páginas de relleno. Te podés resistir, claro. Hasta que te dicen que el personaje es Hellboy y los autores son Mike Mignola y Duncan Fegredo. Y ahí vas al muere. ¿Qué opción te queda? Tener culo y conseguirlo en oferta, que es lo que me pasó a mí, por eso dejé las elucubraciones de lado y dije “adentro”.
¿Con qué me encontré? Con una historia bastante menor, bastante prescindible. Entretenida, con una buena dosis de cheap thrills, con menos machaca que la aventura promedio de Hellboy (porque acá nuestro demonio favorito es un pendejito de 9 o 10 años que no está ni entrenado ni desarrolado para rebolear enemigos por el aire), pero sin la fuerza de los grandes relatos que, cada tanto, pela Mignola. De hecho, si el propio Mignola se hubiese propuesto dibujar The Midnight Circus, en ves de 49 páginas tendría como mucho 16, porque es un autor que no se copa estirando, que no tiene problema en armar páginas de 10 ó 12 viñetas y que además sabe que su mejor recurso para expandir las historias es la machaca, y acá no daba.
El argumento, livianito, casi etéreo, nos muestra a este Hellboy borreguito en la senda de Pinocchio: se escapa de su “casa”, se fuma su primer pucho y se termina por meter en un lindo despelote fascinado por la magia del circo. Un circo dark, tenebroso, obviamente sobrenatural, poblado por criaturas espectrales, freaks y demonios. ¿Querías un villano un poco más complejo, o más trabajado? Olvidate. Acá hay apenitas una punta de caracterización para un par de estos monstruos y el resto está ahí sólo para garantizar el impacto. Lo más logrado por parte del guión es el constante homenaje a Pinocchio, los constantes paralelismos que traza Mignola entre su creación y la de Carlo Collodi. Con el famoso cuento como base, Mignola arma un juego entre realidad y alucinación que tiene sus momentos tensos, pero adolesce de una cierta falta de profundidad. Además, al ser una historia del pasado, sabés que (por más que Trevor Bruttenholm se asuste) a Hellboy no le va a pasar nada grave.
Nombraba recién el juego entre realidad y alucinación y de ese contraste sale el principal atractivo de este libro: ver dibujar a Duncan Fegredo no en uno, sino en dos estilos distintos. El británico subraya desde el grafismo estas idas y vueltas entre los dos planos de “realidad” y logra un efecto absolutamente cautivante, por supuesto resaltado por la(s) paleta(s) mágica(s) del maestro Dave Stewart, que acá realiza un trabajo sublime. Además, como no tiene que dibujar al Hellboy adulto, Fregredo se anima a despegarse un poquito más de la estética de Mignola y el resultado es una obra que visualmente se parece mucho más a otros trabajos de Fegredo que a otras sagas de Hellboy. Bah… la verdad es que no recuerdo obras de Fegredo dibujadas al nivel que pela el ídolo en estas 49 páginas. Esto es magia en estado puro, una imagen alucinante atrás de otra, con muchísimo trabajo en las expresiones faciales, en los fondos, con una claridad diáfana en la narrativa, con muchos recursos para darle una identidad gráfica propia a los flashbacks… Si alguna vez pensaste que en sus episodios anteriores de Hellboy la dupla Fegredo-Stewart había alcanzado su techo, acá el techo vuelve a subir, mientras nuestras mandíbulas se caen, rebotan contra el piso, se reacomodan y se vuelven a caer.
Si comprás comics por los dibujos, esto es fundamental, de una. Si sos muy fan de Hellboy y lo seguís a todas partes, obvio que también lo tenés que tener. Si sos barrabrava de Fegredo, ni hablar. Y si no, compralo sólo si lo ves barato. The Midnight Circus es un producto digno, respetuoso, al que no dudo que los autores le pusieron amor y dedicación, pero tampoco es de esas obras que te cambian la vida, ni mucho menos.

viernes, 28 de noviembre de 2014

28/11: HELLBOY: THE TROLL WITCH AND OTHERS

Este libro lo leí allá por 2008, de prestado, porque no lo tenía y justo estaba trabajando en un artículo sobre los comics de Hellboy. Me acuerdo que cuando lo terminé dije “esto me lo voy a comprar de puro completista y sólo cuando lo vea en recontra-oferta”, porque la verdad es que me pareció el libro más flojo de todo lo que había leído con el carismático personaje de Mike Mignola. Efectivamente, lo encontré muy barato, lo compré y lo volví a leer anoche.
The Troll Witch and Others es el séptimo recopilatorio de la serie y reúne ocho historietas, siete de ellas ya publicadas con anterioridad entre 2003 y 2006, y una inédita. La inédita se titula The Vampire of Prague y es la primera historieta de Hellboy escrita por Mignola para otro dibujante, en este caso el correctísimo P. Craig Russell, que pobrecito, la rema contra un guión que no tiene pies ni cabeza. El propio Mignola se hace cargo de lo despelotado que es a la hora de escribir los guiones y cuenta que cuando le entregó a Russell el argumento para The Vampire of Prague, éste no aclaraba cuántas páginas debía durar la historia. Russell, acostumbrado a trabajar con guionistas meticulosos, le preguntó: “Mike, ¿cuántas páginas tengo para desarrollar el guión?”, a lo que Mignola respondió “¿Qué sé yo? ¡Las que vos quieras!”.
De las ocho historietas, la única extensa (48 páginas) es Makoma, en la que Mignola dibuja apenas el prólogo y el epílogo, mientras que el grueso de la narración recae en otro dibujante invitado, el legendario Richard Corben. Esta historia, ambientada en Africa, hace agua por todos lados y sólo zafa por el gran trabajo de ambos dibujantes en la faz gráfica. En algunas viñetas, Corben dibuja a Hellboy tan parecido a como lo dibuja Mignola que parece un copy-paste de una viñeta de un tomo anterior. Pero en el clima, en las composiciones, en el color, en los escenarios y en los secundarios, se aprecia a full la impronta del gigante de Kansas. El guión, mejor olvidarlo rápido.
Como en otros tomos de los que ya repasamos en el blog, todas las historias que componen este libro están ambientadas en el pasado, en la época en que Hellboy trabajaba para el B.P.R.D. La más lograda es casualmente The Troll Witch, la que da título al tomo, apenas diez páginas en las que Mignola demuestra que no hace falta revolear trompadas para contar una historia bella y profunda. A la inversa, con poquísimo texto y muchas trompadas, también funciona muy bien Dr. Carp’s Experiment, una de 13 páginas.
El resto deambula entre lo predecible y lo catastrófico, con un Mignola afiladísimo para dibujar, con ese trazo oscuro y sintético, con hermosas pausas en la narración (incluso en las escenas de machaca) y con el invaluable aporte del colorista Dave Stewart, que entiende perfectamente qué es lo que trata de hacer Mignola con su grafismo. O sea que el atractivo principal del tomo está casi totalmente en manos de los dibujantes.
Y para que la reseña no me quede tan cortita, una reflexión. ¿No es medio raro que en TODOS esos años de investigar fenómenos paranormales, el B.P.R.D. no falle nunca? Digo, en TODAS las historias, cada vez que Hellboy y sus compañeros se internan en una casa abandonada, un templo, un bosque o un vestuario de un club de la B Metropolitana, TODO lo que investigan resulta ser posta. Momias, brujas, fantasmas, criaturas inclasificables… ¿Nunca les tocó UNA aventura onda Scooby-Doo, donde el sasquatch/ monstruo/ alienígena/ fantasma era un viejo garca disfrazado? ¿No estaría bueno mechar una de esas, de vez en cuando? Lo tiro como una inquietud…
Bueno, ahora que llené el huequito en mi biblioteca con el tomo que me faltaba, prometo avanzar con los nuevos, que seguro tengo uno o dos sin leer. El año que viene, habrá más Hellboy acá en el blog.

miércoles, 23 de octubre de 2013

23/ 10: DOCTOR STRANGE AND DOCTOR DOOM: TRIUMPH AND TORMENT

Ah, qué hermosas épocas las de las novelas gráficas de Marvel! A veces te tocaban adefesios infumables y otras veces, sin siquiera salir de la temática superheroica, los mismos autores que la remaban mes a mes en las series regulares se zarpaban para crear historias fuertes, redondas, a veces muy importantes para el desarrollo de algún personaje destacado del Universo Marvel.
En 1989, se juntaron dos bestias: Roger Stern (uno de los dos o tres guionistas clave para entender la Marvel de los ´80) y Mike Mignola, ese dibujante raro que había desaparecido de las revistitas mensuales de Marvel en el ´87 y la había roto en DC en el ´88 (con la mini del Phantom Stranger y Cosmic Odyssey). Y para entintar y colorear a Mignola se sumó un artista más raro todavía, Mark Badger, a quien ya vimos incursionar en este formato, en la reseña del 12/06/11. El elenco protagónico de estas 78 inolvidables páginas lo componen los tres pichis a los que vemos en la portada: el Dr. Strange (a quien Stern guió a lo largo de muchas sagas gloriosas en su propia revista), el Dr. Doom y el querido Mephisto, chabón copado si los hay.
La historia tarda un poco en arrancar. Las primeras 24 páginas están buenas, son muy divertidas, y presentan a un personaje de bastante peso en la trama. Sin embargo, en el contexto general de la novela, son un prólogo en esteroides. Todo lo que cuenta Stern en ese tramo es la previa, la excusa para que, una vez que nos tire la consigna, esta nos resulte atractiva y no una fumanchereada traída de los pelos. La gesta propiamente dicha, lo que Strange y Doom tendrán que lograr para que la aventura llegue a buen puerto, se nos plantea recién en la página 26 y se empieza a desarrollar recién en la 40. En el medio, un magistral repaso por el origen del Dr. Doom, más un giro brillante en la recapitulación de la historia de su madre (a la que Stern rescata de un lejano Fantastic Four Annual 2), más la explicación de cuál va a ser el rol de Mephisto en la trama. Y por si faltara algo, una bajadita de línea sobre lo bien que vive la gente en Latveria bajo el supuesto yugo del supuesto dictador.
Una vez que arranca la aventura, no para hasta que se termina la novela. El epílogo ocupa menos de tres páginas y todo lo demás es acción al palo, luchas y conjuros al límite, excelentes diálogos, un flashback traumático que le permite a Stern revisitar brevemente el origen del Tordo Strange y lo más grosso: la runfla final con Mephisto, ese poker a todo o nada entre fulleros místicos, con varias almas en juego, que el guionista resuelve de un modo impredecible y genial, y que además sirve para dejar en claro que, si bien todo lo realmente importante que pasa en la novela le pasa a Doom, esta no tenía sentido sin Strange y sin Mephisto. La escena del final, en la que Doom, en vez de blanquear por qué hizo lo que hizo, elige el silencio y la reclusión, es impactante, emotiva y –por si faltara algo- te deja clarísimo por qué la novela se llama “Triunfo y Tormento”.
Por el lado del dibujo, tenemos al Mignola ochentoso, ese de línea más clara, de anatomía más kirbyana, todavía lejos de su mejor nivel (que llegaría unos pocos años después, en el ´92-´93) y más lejos aún de su actual búsqueda de la síntesis, de ese grafismo más caligráfico, más para el lado del Hugo Pratt de los últimos años, que le ha espantado a más de un fan. Acá, el ancho de espadas de Mignola es la narrativa. El creador de Hellboy deja la vida en el armado de cada secuencia y cuando el guión le pide muchas viñetas, aprovecha las posibilidades del formato más grande para lucirse jugando al álbum europeo. Después, en todo lo demás, se nota mucho la mano de Badger: el acabado, los detalles, la paleta de colores, las texturas, los climas que logra en los flashbacks, el estallido cromático de las escenas en el Infierno, hasta algunas expresiones de los rostros, revelan más la impronta de Badger que la de Mignola. Pero me gusta el combo, eh? Tiene esa cosa visceral, jodida, que no tenía Mignola cuando lo entintaba P. Craig Russell, por ejemplo.
Si sos fan de Roger Stern, de Mike Mignola o de alguno de los dos facultativos, no dudes un segundo a la hora de comprarte esta paponga clásica y moderna, que se reeditó hace poquito, después de muchos años de haber sido un Santo Grial. Si está cara, rosqueá con Mephisto y pagala con el alma, en 24 cuotas sin interés.

lunes, 12 de noviembre de 2012

12/ 11: HELLBOY: THE STORM AND THE FURY

Hubo un leve cambio de planes: la mega-epopeya con la que Mike Mignola y Duncan Fegredo se propusieron revolucionara Hellboy allá por 2007, se pensó para cuatro tomos y finalmente fueron tres. Lo malo: menos páginas dibujadas por este Fegredo mignolizado e insuperable, que deja la vida en cada viñeta. Lo bueno: ya no hace falta seguir esperando para saber cómo termina esta saga absolutamente fundamental.
Los primeros tres episodios (de seis) se podrían haber contado tranquilamente en 30 páginas. Acá, Mignola aprovecha el espacio que le sobra para recapitular bastante de lo sucedido en los tomos anteriores, para avanzar lentamente algunos sub-plots, para desarrollar un poquito más a un personaje riquísimo (Alice) y –por supuesto- para meter a personajes y lectores en el clima que requiere esta saga. El clima es ese de “un mundo fascinante, de salvaje belleza e infinitas posibilidades, que está a punto de irse a la mierda, pero muy, muy mal”. Algo así como lo que sentís cuando estás en un boliche repleto de minas espectaculares y el DJ pone un tema de Ricky Martin o Chayanne. Efectivamente, se viene el apocalipsis.
Y la verdad es que desde que empezó Hellboy que las profecías del apocalipsis se vienen acumulando como las copas en las vitrinas del Barça. La diferencia es que, esta vez, es todo posta. La segunda mitad de The Storm and the Fury es el verdadero final, el combate definitivo contra… no te lo puedo decir, pero es muy grosso. El sitio elegido para la batalla final es Inglaterra, la machaca desafía todos los límites de la machaca y el resultado es… desolador. Si venís leyendo las noticias, o el Previews, sabés que la próxima saga de Hellboy es en el Infierno. Creeme, te va a gustar mucho saber cómo llega hasta ahí el querido Anung Un Rama. Vas a sufrir, no lo vas a poder creer, te vas a emocionar al ver cómo el bicho de la mano indestructible aguanta hasta el final, y el final, cruel y perverso como Rodríguez Larreta, te va a cerrar a full.
A esta altura, ya es bastante obvio que Mignola se convirtió en un excelente guionista: su plan a largo plazo, su desarrollo de los conflictos y los personajes, los diálogos, los bloques de texto y hasta las secuencias mudas nos hablan de un autor que aprendió a ponerle magia y poesía al festival de los monstruos que se cagan a trompadas. ¿Por qué no es más reconocido en este aspecto? Quizás porque eligió como compañeros de aventuras a unos dibujantes tan bestialmente grossos que logran eclipsarlo. Con Fegredo pasa eso. El dibujo es tan, pero tan bueno, que los bloques de texto parecen molestar, ocupar centímetros en los que uno quiere ver más dibujitos de Fegredo. Los logros del dibujante inglés son demasiados, aunque tal vez el más notable sea cómo logró ensamblar su estilo con el del creador de la serie. Incluso la puesta en página, los enfoques, la composición de las viñetas nos recuerda en el acto a las de Mignola. Y cuando ves las páginas de cerca, aparece Fegredo, con sus detallitos sutiles, con la expresividad de los rostros (sobre todo femeninos) que Mignola no podría lograr. El combo , ese estilo en el que se mezclan los dos maestros, y al que tan bien entiende, complementa y realza el glorioso Dave Stewart con su paleta, se termina al final de este libro pero se queda a vivir para siempre en mis retinas y -me parece- en el corazón de todos los que amamos a Hellboy.
Se termina una saga que amenazaba con cambiar a Hellboy para siempre y cumplió con creces. Ahora se vienen los festejos de los 20 años del personaje y una nueva dirección, bajo las manos de un Mignola que se reconcilió con el tablero de dibujo. Gloria eterna a esta serie, un ejemplo de coherencia, creatividad y huevos para bancar un proyecto personal que al principio podía parecer medio ladri y hoy es un emblema del comic norteamericano actual.

jueves, 5 de julio de 2012

05/ 07: B.P.R.D.: BEING HUMAN

Bueno, lo confieso: me engañaron como a una quinceañera en estado de ebriedad... El resumen del Previews nombraba a Mike Mignola, Richard Corben, Guy Davis, John Arcudi y un montón más que ni conocía, pero con esos cuatro ya me habían vendido el tomo. No te digo que haya parecido una abominación infumable, pero la verdad es que yo esperaba mucho más.
La primera historia es un larguísimo flashback a la primera misión de Liz Sherman para el B.P.R.D.. Acá apenas aparece Mignola como co-guionista, junto a Scott Allie (coordinador de la serie), y con Karl Moline como dibujante. La historia no es chota, pero está absurdamente estirada. No había forma de que esto requiriera 66 páginas para llegar a la resolución a la que finalmente llega. Lo único positivo es que sobra espacio para desarrollar a los personajes y Allie y Mignola lo aprovechan para darnos un excelente pantallazo de qué le pasaba por la cabeza a Liz en esta etapa de su vida. El dibujo de Moline se pasa un poquito de bonito, de tierno, a tal punto que su Trevor Bruttenholm parece un tipo de 35 años y sus criaturas espectrales, al lado de las de Corben o Mignola, son la Reina de la Promoción (como San Lorenzo). Urgente un título con superhéroes jovencitos y cool para Moline.
Después viene una dibujada por el ídolo máximo del B.P.R.D., el genial Guy Davis! Pero dura apenas ocho páginas, la puta que los parió, y el guión (de nuevo de la dupla Allie-Mignola) es una anécdota menor, casi intrascendente.
La siguiente historia es la que le da título al libro. Son 28 páginas protagonizadas por Hellboy y Roger el Humúnculo, con guión de Mignola y dibujos de Corben. Acá la puntería levanta bastante. Por ahí la trama no es super-ganchera, pero lo que le interesa a Mignola es ahondar en los personajes, especialmente en Roger, quien –como Liz en la primera historia- se embarca en su primera misión para el Bureau. Y le sale muy bien: los momentos en los que cobran relevancia las personalidades de estos freaks son invariablemente grandes momentos. Corben no mezquina nada, sino que por el contrario, se esfuerza para que cada viñeta, cada angulación, cada clima, te ponga los pelos de punta. El maestro Dave Stewart se da cuenta de que el gigante de Kansas pone mucho más que lo indispensable y por eso se desloma para que su mágica paleta photoshopera lo haga verse aún mejor.
Y el nunca bien ponderado John Arcudi llega para el postre, una aventura de 24 páginas co-escrita con Mignola en la que nos cuentan cómo muere y cómo se integra al B.P.R.D. el cada vez más grosso Johann Kraus. Los guionistas titulares de esta serie se zarpan creando para este relatos a un villano MUY heavy, de inmenso potencial, al que –por lo menos a simple vista- Kraus va a despachar definitivamente sobre el final de la historia. Ojalá hayan encontrado algún vericueto para que este sorete abyecto de Wieland Lorst pueda volver a hacer de las suyas. Lo cierto es que, sin ser brillante, es una historia sólida y entretenida, con un muy buen giro final. El dibujante, pobrecito, todavía está muy lejos de poder sentarse a la mesa con Guy Davis y Corben. Se llama Ben Stenbeck y tiene potencial, no es un muerto irredimible, pero le falta.
En la definición por penales y cortando clavos con el orto, B.P.R.D.: Being Human logra la clasificación para la siguiente ronda porque no tiene ni guiones ni dibujos que nos falten el respeto y porque son todas historias importantes (o por lo menos relevantes) en términos del background de los personajes más destacados de la ya longeva serie. Si tu excusa para engancharte con B.P.R.D. son los dibujos de Guy Davis, acá no corre. Ahora, si sos muuuuy fan de Corben y preferís fumarte todo este TPB en vez de buscar Being Human en formato de revistita pedorra, no seré yo quien te tilde de enfermito fuera de control, porque esas 28 páginas son realmente majestuosas.

sábado, 7 de abril de 2012

07/ 04: HELLBOY Vol.11

Otro tomo de Hellboy dedicado a recopilar historias cortas ambientadas en el pasado, cuando nuestro demonio favorito militaba en las filas del B.P.R.D., y otra vez con un elenco de dibujantes invitados que te hiela la sangre.
El que más participa es el maestro Richard Corben, con cuatro historietas. La primera en la que le da vida a un guión de Mike Mignola es la maravillosa Hellboy in Mexico: un guionazo de Mignola, dibujado como la hiper-concha de Dios por Corben, para lograr una historia realmente distinta, lejos de la media, con una intensidad y una onda que la despegan muchísimo de la típica historia del pasado de Hellboy. Como sucede muy de vez en cuando, estas 28 páginas valen lo que pagues por todo el tomo.
Hay más Corben en la inquietante Sullivan´s Reward, una historieta un poquito más “normal”, incluso con más puntos en común con lo que hacía Corben en los ´70, cuando la rompía dibujando breves unitarios de terror en los magazines de la editorial Warren. El guión no es la gloria, pero está muy bien. The House of Sebek tiene apenas seis paginitas, o sea que no hay lugar para mucho más que un poquito de machaca y un remate casi humorístico. Corben igual le pone todo al dibujo.
El gigante de Kansas dibuja también las 24 páginas de la historieta que le da nombre al libro, The Bride of Hell. Y acá sí, el guión es bastante remanido, bastante similar a varias aventuras de Hellboy que ya nos sabemos de memoria: leyendas europeas que tienen que ver con las Cruzadas, un monstruo que mata gente, un templo... La historia tiene mucho ritmo pero le falta sorpresa. Lo más grosso es que en esta historia Corben encuentra –aunque sea de a ratos- la forma de dibujar a Hellboy sin que parezca copiado de los comics de Mignola. Impresionante cómo el ídolo hace suyo al personaje prestado aunque claro, en un mundo perfecto, la infartante minita que está a punto de ser sacrificada en el altar tendría que estar en pelotas. Mientras las minas estén vestidas, nunca vamos a disfrutar de un comic 100% Corben.
Otro invitado de lujo es el gran Scott Hampton, a cargo del dibujo de la historia más extensa, una historia de vampiros que arranca muy jugada a los climas, pero termina demasiado jugada a la machaca, como si Mignola no supiera cómo aprovechar la sutileza y la maligna depravación de lo que plantea en las primeras páginas. Hampton cumple con las imágenes crepusculares, ofrece una puesta en página totalmente distinta a la que le gusta a Corben y a Mignola, peca –como tantos- de dibujar un Hellboy demasiado parecido al de su creador (casi parece un copy-paste) y si bien labura mucho con referencias fotográficas, encuentra la forma de integrarlas muy bien a la página, para que no parezca la Gran Juan Carlos Flicker.
El otro invitado grosso es Kevin Nowlan, dibujante del mega-carajo aunque con poca producción, que acá se fuma 24 páginas de uno de los guiones más flojos de la historia de Hellboy. Igual lo dibuja muy bien y le pone bastante de su propio estilo al protagonista. Además se copó y pidió colorearla y rotularla él mismo.
Y me queda una cortita, de 8 páginas, escrita y dibujada por el propio Mike Mignola. The Whittier Legacy tampoco tiene un guión demasiado inspirado ni demasiado original (tampoco se podía esperar un milagro en tan poquitas páginas) y su único atractivo es ver a Mignola dibujar de nuevo a Hellboy (cosa que hace varios años que hace poco) y dar nuevos testimonios de su imparable evolución gráfica, cada vez más orientada a la síntesis.
Y bueno, ya está. Suficientes historias cortas del pasado. El próximo tomo sí o sí tiene que retomar la epopeya actual, la que dibuja Duncan Fegredo y me tiene agarrado de las pelotas hace años. Es absolutamente imprescindible.

jueves, 23 de febrero de 2012

23/ 02: THE AMAZING SCREW-ON HEAD

En realidad el título completo del libro es The Amazing Screw-On Head and Other Curious Objects, pero en el blog quedan feos los títulos tan largos. Esto es, por definirlo sintéticamente, una antología de historias raras de Mike Mignola, que no interesectan en lo más mínimo con el universo de Hellboy.
La más conocida es The Amazing Screw-On Head, entre otras cosas porque ganó un Eisner y tuvo una versión en dibujos animados. En esas 30 páginas Mignola da cátedra de dibujo (como casi siempre) y crea no sólo a un personaje muy atractivo, sino a todo un mundo, al que después no se le cantó volver a visitar. El tono es burlón, casi bufonesco, y la aventura es más una ironía que una epopeya. La trama es lineal, muy simple, llena de los típicos lugares comunes de la antigua historieta de aventuras, y a la vez brillantemente adornada con diálogos, personajes y locaciones totalmente bizarros y fascinantes. Una joya.
También ganadora de un Eisner, no podía faltar The Magician and the Snake, un comic co-escrito por Mignola y su hija Katie, cuando esta tenía apenas 7 años. Acá se publica por primera vez a color (magia del maestro Dave Stewart mediante) esta historia breve, extraña y contundente, en la que aparece por enésima vez una imagen recurrente en los comics de Mignola: el chimpancé con corona.
Probablemente lo mejor del tomo sea la nueva versión de Abu Gung and the Beanstalk, una historieta que Mignola realizó originalmente para una antología llamada Scatterbrain, y que para esta edición fue expandida y totalmente redibujada. Sin dudas, la remake es mil veces mejor que la versión original, sobre todo en el dibujo y el color. El argumento es igual de grosso, y el guión, al tener más páginas, se luce mucho más.
The Witch and her Soul es otra historieta muy breve, nunca antes publicada, en la que Mignola se tira un toquecito a menos en el dibujo. Igual es muy linda, con buenos personajes y un guión muy redondito.
Otra joya que debuta en este libro es The Prisoner of Mars, una historia de 17 páginas ambientada en la Inglaterra victoriana y –como su nombre lo indica- en Marte. Acá Mignola recupera el tono farsesco de The Amazing Screw-On Head para una historia menos grandilocuente, pero no menos fascinante. Ideas limadas, diálogos perfectos y dibujos de la mega-San Puta se dan la mano en otra demostración de la genialidad del creador de Hellboy.
Cierra la brevísima In the Chapel of Curious Objects, que no es exactamente un relato, sino más bien un epílogo que pretende –de algún modo- englobar a las historias ya mencionadas. Y como siempre, un montón de ilustraciones, bocetos y textos en los que Mignola cuenta cositas del backstage de cada una de las historietas de la antología. En total, son poco más de 100 páginas fundamentales para los fans del glorioso Mignola, editadas como los dioses en un hardcover precioso y para nada caro.
Puestos a quejarnos por algo, falta una historia corta maravillosa, también descolgadísima: Squid of a Man. Pero es entendible que no la hayan puesto en este libro, porque está en el TPB de Hellboy Junior y porque el guión no es del Gran Mike, sino del maestro Bill Wray.
Si te querés deleitar con el impresionante talento de Mignola sin meterte en el universo de Hellboy y sus casi 20 años de continuidad acumulada, sumergite sin dudarlo en esta colección de rarezas y bizarreadas y encontrate con el ídolo en historias que derrochan emociones, diversiones y delirios de altísimo vuelo.

martes, 7 de diciembre de 2010

07/ 12: B.P.R.D. Vol.7


Sí, ya sé: la última vez que comenté un tomo de B.P.R.D. fue el Vol.4. Pero bueno, el 5 jamás lo conseguí (se aceptan donaciones) y el 6 lo tengo de hace mucho, lo leí antes de empezar el blog. Básicamente, lo que vemos en ese tomo es:
1) Una aventura bastante estirada protagonizada por Kate Corrigan.
2) Un flashback que nos revela quién, cómo y por qué le desfiguró la cara al Capitán Daimio.
3) La muerte de Roger el Homúnculo, al que se ve que le dieron murra de la buena en el Vol.5.
Y es casi coherente pasar del Vol.4 al Vol.7, porque acá el tema central gira en torno a la vida de Abe Sapien antes de su mutación, y fue en el Vol.4 donde lo vimos recuperar los primeros recuerdos de su antigua identidad, de su pasado como Langdon Everett Caul. John Arcudi y Mike Mignola se tomaron su tiempo para retomar el plot de la vida anterior de Abe, pero la pensaron MUY bien. Acá está perfectamente explicado quién era, qué hacía, quién y por qué lo sometió al experimento que lo convirtió en un anfibio y además qué fue de la vida de la gente que rodeaba a Langdon Caul allá por 1860. En cualquier otra serie, nadie supondría que ninguno de ellos sigue vivo 150 años después, pero esto es B.P.R.D. y acá eso es tan normal como los travas en el programa de Anabella Ascar. La respuesta a cómo, por qué y para qué siguen vivos los viejos (viejísimos) camaradas de Caul constituyen el tronco de esta atractiva saga.
Que dura más de 120 páginas, pero podría durar traquilamente 70. Los guionistas eligen estirarla con un salpicado de escenas tranqui: charlas de Kate y Liz en la oficina, de Kate y Abe frente a la tumba de Roger, y la investigación de Johann en los archivos del recontra-subsuelo del bunker del B.P.R.D., donde encuentra datos grossos y sorprendentes sobre el pasado de Daimio. A la hora de la machaca, el único que reparte y cobra es Abe el Escamoso, y Daimio le hace la segunda a la hora de impedir que se concrete el ambicioso plan de los villanos, pero sin entrar en combate. O sea que la acción está muy bien balanceada con el desarrollo de los personajes y con la siembra de puntas argumentales para el tomo siguiente. Así, vale la pena que la mini tenga cinco episodios en vez de tres.
B.P.R.D. debe ser una serie difícil de escribir. Mitad porque todos los protagonistas fueron pensados para ser secundarios (de Hellboy, obvio) y mitad porque la gracia es que siempre pasen cosas imposibles, limadas, inverosímiles, pero a las que los guionistas tienen la obligación de explicar y de hacernos sentir que son reales, porque la fantasía de este universo tiene un fuerte anclaje en la realidad (por eso Hellboy no interactúa más con el B.P.R.D.; ahí Mignola explora otro tipo de fantasía). Parece mentira pero, saga tras saga, Arcudi y Mignola se las ingenian para que cada freakeada pasada de rosca que aparece en la serie tenga sentido y coherencia.
Por suerte para ellos, se pueden apoyar en la magia visual del glorioso Guy Davis, dibujante y narrador del hiper-carajo, que –sin despegarse del todo de la estética mignoleana- le da a este universo su inconfundible toque personal. Davis la rompe a la hora de dibujar gente común, monstruos, máquinas, animales, ciudades, selvas, mansiones victorianas, bunkers mega-tecno, lo que quieras. Si se empantana en algún diseño, consulta con Mignola, que la tiene clarísima. Y si no, se dedica a desparramar talento por las viñetas, a deslumbrarnos con sus manchas, con sus climas, con esos fondos impresionantes… todas cosas que nuesto colorista favorito, el maestro Dave Stewart, entiende y potencia como el grosso que es. Davis en B.P.R.D., Fegredo y Corben en Hellboy… Mignola resultó un boludo bárbaro a la hora de elegir dibujantes, no?

viernes, 1 de octubre de 2010

01/ 10: HELLBOY Vol.10


Vuelvo a visitar a este entrañable amigo y no, no podíamos pretender tres tomos seguidos de la majestuosa epopeya con la que Mike Mignola y Duncan Fegredo están redefiniendo al personaje y, de paso, produciendo los mejores trabajos de sus respectivas carreras. Nos toca un interludio, un tomo de historias más cortas, con material no de relleno, pero tampoco de primera necesidad.
La aventura más larga, The Crooked Man, le da título al libro y a una miniserie de 2008 que ganó el Eisner en esa categoría en 2009. La verdad es que acá Mignola se reivindica de la berretada que escribió la primera vez que consiguió que Richard Corben dibujara un guión de Hellboy. Esa saguita en Africa era bastante patética (a pesar de estar dibujada como los mega-dioses), pero esta (la primera en la que Hellboy se mete con los relatos folklóricos de EEUU) tiene un guión a prueba de balas, inquietante, coherente, con los puntos álgidos bien distribuídos a lo largo de sus 72 páginas, con excelentes caracterizaciones (personajón el cura ciego!) y un villano que mete miedo de verdad.
El dibujo de Corben es espectacular. El gigante de Kansas entiende como pocos los climas ominosos, la decadencia, la podredumbre física y moral, y hasta maneja esos códigos de “violencia pasada de rosca, pero medio en joda” que tan claros tiene Mignola. Hay dos peros: Corben dibuja a Hellboy demasiado parecido a como lo dibuja Mignola, o sea que en algunas viñetas parece como si el mostro estuviera dibujado por su creador y superpuesto en un comic de Corben. Obviamente estoy exagerando, pero de verdad, parece más de Mignola que de Corben. La otra cagada (menor, claro) es que no hay sexo. Y poner a Corben a dibujar un comic sin sexo… es casi desaprovecharlo, es como ir a una heladería cheta y pedir helado de vainilla, o tener DirecTV y mirar Canal 9. The Crooked Man con un par de garches bien explícitos se elevaría a obra maestra, perturbaría y excitaría mucho más. Pero el laburo de Corben –repito- es maravilloso y Dave Stewart, mago del color, lo apuntala con su habitual (y pasmosa) eficacia.
Entre los complementos tenemos una de la dupla definitiva (Mignola y Fegredo, claro), que está obscenamente bien dibujada, pero el guión es una falta de respeto. También una de 24 páginas, co-escrita por Mignola y Joshua Dysart y dibujada por Jason Shawn Alexander. El guión, si no fuera por el final choto y anticlimático, se la re-bancaría, y el dibujo es realmente muy, muy notable. Alexander viene de una escuela radicalmente distinta a la de Mignola, y no esfuerza en lo más mínimo para clonar al Hellboy o al Abe Sapien a los que nos acostumbró el ídolo. El pibe viene, hace la suya, reinterpreta todo lo que se le canta y se luce sin repetir y sin soplar (y sin mandar fotos al voleo, sin retoques ni manoseos) en un estilo mucho más vertiguesco y más realista que el del resto de los artistas involucrados.
También en 2008, justo cuando se estrenaba la segunda peli de Hellboy, Mignola lanzó un one-shot escrito y dibujado por él mismo, después de bastante tiempo sin dibujar comics. El resultado son 24 páginas dibujadas medio de taquito, en las que Mignola mezquina un poco los fondos, va un poco a lo seguro (machaca y talking heads) para sacárselas de encima en un tiempo razonable. Pero igual está buena, porque el guión da perfectamente para hacer eso: una seguidilla de secuencias bien de clima, tranquis, intimistas, minimalistas, que en un punto dan lugar a cinco o seis páginas de machaca elegante, potente, pero sin mayor estridencia. No es LA historia de Hellboy, ni rivaliza con casi nada de lo que realizó Mignola en solitario, pero tampoco está nada mal.
Y bueno, ahora a esperar el Vol.11, que seguro continuará con la mega-saga que empezó en el Vol.8 y que elevó a Hellboy al status de Serie Fundamental del Siglo XXI. Recorrió un largo camino, el pibe del infierno. Y la verdad que, salvo alguna que otra vez donde se va un poco al carajo, acompañarlo resulta una experiencia religiosa, de las buenas.

miércoles, 28 de julio de 2010

28/ 07: HELLBOY Vol.9


El noveno libro de Hellboy se titula The Wild Hunt, y retoma la historia casi donde la dejó Darkness Calls. Una vez más, se trata de un único relato extenso y ambicioso, de alto impacto para el status quo de la serie. Darkness Calls, serializada en 2007, fue un auténtico “nuevo punto de partida” para la serie, un punto de inflexión en el que Mike Mignola profundiza la movida de separar a Hellboy del mundo de los humanos y afianzarlo en su rol de criatura legendaria y mitológica. Mignola afirmó en su momento que Darkness Calls era apenas el primero de una serie de cuatro libros que cambiarían a Hellboy “para siempre” y una vez que leés The Wild Hunt, te queda clarísimo que el autor cumplió con su palabra. Después de este tomo, Hellboy jamás puede volver a ser lo que fue.
Este es un libro de revelaciones. No importa tanto lo que Hellboy hace como las verdades de las que se entera. Muchas tienen que ver con su origen, con su linaje. De pronto se descorren velos que ocultaban datos fundamentales acerca de la madre del bicho rojo y todo cobra otro sentido, perfecto y coherente, y a la vez abre infinitas posibilidades a futuro. Pero lo principal es el pasado. Como en Darkness Calls, Mignola cosecha mucho de lo sembrado en los años previos. Reaparecen villanos, personajes secundarios, profecías y visiones mencionados en sagas y unitarios anteriores. Hasta encuentra la forma de darle más sentido, coherencia e importancia a las dos historias que componen Strange Places, que era el tomo más aburrido, inexplicable y descolgado de la serie. Ahora resulta que no, que Mignola no se había fumado un churro, no se había tirado a chanta y no estaba tratando de hacer su Mu, o su Elvetiche: Rosa Alchemica, convencido de ser el Hugo Pratt yanki. Todas esas anécdotas mínimamente hilvanadas, de dudosa trascendencia y difícil comprensión eran también un sembrado de plots para esta saga que, ahora que llegó a su primera mitad, promete convertirse en uno de los máximos clásicos del comic yanki contemporáneo.
Posta, no quiero contarles nada del argumento para no spoilear, pero lo que pasa en este tomo, y lo que parece avecinarse para el próximo es indescriptible. Gruagach consiguió la caja, la abre y sale la nueva reina de todas las brujas (no puedo nombrarla para no dar datos acerca de otras puntas importantes de la trama), quien decide que, además de la reina de las brujas quiere ser la diosa de la guerra, y para eso se decide a derramar TODA la sangre del universo. La nueva y depravada villana empieza a amasar un mega-ejército de criaturas fantásticas malignas para arrasar con todo y alguien (tal vez Hellboy) tendrá que hacer lo mismo, pero con las fuerzas del Bien para hacerle el aguante.
Como en Darkness Calls, acá Mignola cuenta con el magistral dibujante británico Duncan Fegredo (Enigma, Kid Eternity, Jay & Silent Bob y un larguísimo etcétera), el socio ideal para esta epopeya de Hellboy. Y Fegredo, fanático de Hellboy de la primera hora, cumple con creces. Hay viñetas que parecen dibujadas por Mignola, otras en las que se ve el trazo distintivo de Fegredo y otras que parecen obra de un tercer autor, que reúne las virtudes de ambos. El Hellboy de Fegredo se parece al de los primeros álbumes de Mignola, con más líneas y menos manchas, aunque casi sin hombros, como el Hellboy más actual. Fegredo además se mata en los decorados, castillos, cuevas, criaturas, armas y trajes de combate. Como el propio Mignola, pilotea con idéntica cancha las escenas introspectivas, las oníricas y los estallidos de violencia donde pela unos combates electrizantes. No sé cómo hace, pero Fegredo le pone poesía a la machaca entre dos monos pulentosos. La paleta del maestro Dave Stewart se luce como pocas veces, y se adapta con holgura no sólo a los distintos climas que propone el guión, sino también al grafismo de Fegredo, que se basa menos en la mancha negra y más en la línea a la que luego realzará el color.
The Wild Hunt es un comic demoledor. Tiene pasión, tragedia, misterio, runflas espurias, profecías, revelaciones shockeantes, peleas monumentales, personajes logradísimos, y aún así, más grosso que lo que nos muestra es lo que se guarda para el próximo. El Vol.10 acaba de salir y recopila varias historias cortas (entre ellas una con Fegredo y una con Richard Corben) que no conectan (creo) con esta saga. O sea que hay que seguir esperando para saber a dónde va esta epopeya, cuyos primeros dos tomos son gloriosos de verdad.

viernes, 8 de enero de 2010

08/ 01: B.P.R.D. Vol.4: THE DEAD


Y sí, estoy prendido fuego con Guy Davis. Estoy más cebado que el Virrey Ceballos en el CBC. Enseguida me puse a buscar algo de Davis que tuviera sin leer y así caí en este gran recopilatorio del B.P.R.D., co-escrito por Mike Mignola y John Arcudi y dibujado por este monstruo supremo del Noveno Arte.
The Dead viene justo después de Plague of Frogs y es cuando B.P.R.D. pela chapa de serie en serio, ya no de mero spin-off de Hellboy. Acá vemos cómo se suma un miembro nuevo (el Capitán Ben Daimio), cómo se explica minuciosamente el pasado de Abe Sapien, y cómo Liz, Roger y Johann se mudan del viejo edificio de Connecticut a una mega-base en una montaña de Colorado donde –fiel al estilo del B.P.R.D.- los esperan más peligros que si salieran a pasear por el Bajo Flores a las tres de la mañana disfrazados de los Teen Angels.
Cuando ya parecía que no había forma, Mignola y Arcudi se las ingenian para hacer aparecer a… más villanos nazis! Es increíble cómo los guionistas yankis pelan todo el tiempo nuevos villanos nazis. Creánme: Vamos a estar en el año 2340, nadie se va a acordar de qué carajo era la Segunda Guerra Mundial, y los comics yankis van a seguir poblados de villanos del Tercer Reich. En esta ocasión la amenaza es creíble, y además está al nivel de poder que maneja el B.P.R.D. en esta nueva y recontra-upgradeada locación.
El aporte de John Arcudi a la serie es notable, en el sentido de que se nota. Esta saga no se lee igual que las que escribía Mignola en solitario. Y eso está muy bueno, además. El caso de Arcudi es raro: es un guionista que se cansó de cosechar fracasos… con trabajos de MUY buen nivel! El tipo creó a Major Bummer (gran serie que leíamos cinco boludos y que catapultó a la fama a Doug Mahnke) y la rompió en títulos segundones del mainstream como Thunderbolts, Gen13, Doom Patrol y Aquaman, ante la atenta mirada de seis o siete fans y el ninguneo de la gran masa del pueblo comiquero. Acá por suerte le toca mojar en un título que funciona más allá de la convocatoria que él pueda aportar, o sea que no se lo van a cancelar, ni a rajarlo a la primera de cambio, como le pasó tantas veces.
El trabajo de Guy Davis acá es muy distinto que el que nos genocidó las neuronas en The Marquis. Casi todas las páginas tienen cinco cuadros o menos, lo cual le permite jugar con una narrativa más descomprimida. La propia impronta del guión le exige mantener la sensación de freakeada todo el tiempo: no hay una página en la que uno no sienta que puede pasar cualquier cosa, y cuando pasan “esas” cosas, Davis no escatima impacto ni grandilocuencia. Además es impresionante cómo un tipo que demostró semejante dominio del blanco y negro, se complementa a la perfección con un colorista. Está bien… no es cualquier colorista. Es Dave Stewart, el violero de Eurythimcs… digo, el colorista top de Dark Horse y uno de los tres o cuatro más grossos de los EEUU. De cualquier manera, la simbiosis entre Stewart y Davis es sorprendente y magistral.
Y por supuesto, el ídolo hace acá algunas de las cosas que ya mostró en su obra magna: Se luce con los fondos y los trajes, crea unos monstruos alucinantes y trabaja las expresiones faciales con tanta sutileza y tanta precisión, que estas nos cuentan muchísimo acerca de los personajes. Parte del conflicto de la trama es que el Capitán Daimio aparece de la nada y toma las riendas del equipo, y Liz desconfía de él, no sólo porque le falta un cacho de cara y acaba de verlo resucitar (que sería lógico, no? ¿O vos tenés muchos amigos con media cara y tres días de hospedaje con todo pago en la morgue?), sino porque no sabe nada sobre Daimio, su historia y su forma de ser. Pero claro, Liz no lee la historieta dibujada por Davis. Nosotros sí, y es impresionante lo mucho que sabemos acerca de Daimio sólo por las expresiones que el ídolo le dibuja en el rostro.
En general, los arcos de transición entre sagas grossas suelen naufragar en el Océano de la Intrascendencia, pero esta vez, gracias a la incorporación de Arcudi y el gran momento por el que pasaba Guy Davis, B.P.R.D. ganó todos los partidos de la pretemporada y llegó al Clausura con el equipo en condiciones de “pelear allá arriba”. Cuando lea el Vol.5, les cuento cómo le fue…