Mientras estalla cada 15 minutos un bolonki nuevo, yo sigo leyendo y reseñando comics, como si fuera el verano más tranqui de mi vida.
Hace no mucho, el 24/11/17, me tocó comentar el Vol.1 de la serie de She-Hulk escrita por Charles Soule, y ahora voy por el segundo y último tomo. El Vol.1 estaba bueno, el Vol.2 es prácticamente una joya. Los guiones son mejores, los conflictos son mejores, los diálogos son mejores y la resolución al plot que venía colgado del Vol.1 (el famoso Blue File) es buenísima. Soule se da todos los gustos, incluso el de presentarnos tres episodios en los que prácticamente no hay violencia. Es la trilogía del juicio a Steve Rogers, claramente el punto más alto de la etapa de Soule (que en la vida real también es abogado) al frente de esta serie. A lo largo de todo el tomo, el guionista desarrolla la química entre She-Hulk y Hellcat, pero además en esta trilogía se integran perfectamente al elenco Steve Rogers y Matt Murdock, dos personajes cuya dinámica con Jennifer y entre sí funciona como si Soule los hubiese escrito todos los meses durante 20 años.
Por si faltara algo, en este tomo hay un sólo dibujante y es Javier Pulido, un virtuoso del dibujo y sobre todo del armado de las secuencias, del manejo del tiempo narrativo. Pulido sabe cuándo romper todo y salir a buscar decididamente el impacto, pero también sabe cómo engancharte en las escenas en las que sólo vemos gente conversando. Mezquina poco los fondos, se mata en los flashbacks a los ´40 y los ´80, es en buena parte responsible de que los momentos de comedia que propone el guión lleguen a buen puerto, y además encuentra un complemento ideal en los colores de Muntsa Vicente. Creo que aunque no te interese en lo más mínimo She-Hulk, si te gustan los buenos dibujantes vas a ser muy feliz con este trabajo de Pulido, a quien me gustaría volver a ver en un proyecto que lo tenga como autor integral.
En 2017, el investigador y guionista Julián Oubiña Castro se probó también la pilcha de editor y produjo una antología de 200 páginas titulada Hora Tres. La misma combina historietas con textos muy interesantes acerca de la historia de la historieta argentina (extensos, sesudos, siempre necesarios), algunos co-escritos por Oubiña Castro y Ricardo De Luca, y uno muy largo escrito por el maestro José Muñoz, en el que toca un montón de temas, repasa toda su carrera y hace que lo admiremos aún más.
Pero vamos a las historietas: La primera es una obra del ya fallecido Luis García Durán, con un argumento muy remanido y un dibujo… no berreta, pero sí por debajo de las posibilidades del maestro. Trampa Cósmica, del legendario Alfredo Grassi y Ernesto Melo, tiene una cantidad de texto que la hace ilegible y que le resta lucimiento a los esfuerzos de Melo por dibujar parecido al Moebius de mediados de los ´70. Roberto Barreiro y Edu Molina aportan una historia que se hace larga porque la idea daba para mucho menos que las 10 páginas que ocupa. Por suerte el dibujo es magnífico. García Durán reaparece con una historia mil veces mejor dibujada que la primera del tomo, más corta y más original. Al Servicio de la Impunidad, de un tal N.N., es interesante a nivel plástico, pero catastrófica a nivel narrativo. Otros dos maestros de la línea clásica, Jorge Morhain y Juan Dalfiume, aportan un unitario bélico impactante y conmovedor, que atrasa un poquito (se nota que es de los ´70) pero todavía pega fuerte. Y una de las luminarias del panorama argentino actual, Renzo Podestá, se manda 22 páginas de una historieta totalmente adictiva (lejos lo mejor de la antología), que funciona como presentación de personajes a los que ojalá volvamos a ver muy pronto.
Y dejo para el último párrafo las cinco (!) historietas escritas por el propio Oubiña Castro. Mobiüs Crux es un pastiche insostenible, pobre remedo de las buenas historias de espada y brujería de los ´70 y ´80, muy lastrada por un dibujante que puso todo pero no le alcanzó. El Revés de la Trama, con dibujos de Hernán Castellano, se choca con sus propias pretensiones y con un dibujo que tampoco está a la altura de lo que pide el guión. La breve El Otro Espejo, en colaboración con Laura Gulino (dibujante emblemática de la revista Intervalo de los ´80) es una historieta sin conflicto, muy bien resuelta, que aprovecha plenamente el período histórico en el que está ambientada. Y también junto a Hernán Castellano, hay otras dos historietas interesantes: el western Los Actos de Codicia (buen guión, con algunos problemas en el armado de las secuencias que entorpecen un poco el flujo del relato) y la breve Ubi Sunt, algo así como una historieta romántica sumamente efectiva, y en la que más se luce el dibujo de Castellano. Claramente, el día que se mande una historieta larga en ese estilo y conservando ese nivel de calidad en figuras y fondos, Castellano está destinado a convertirse en una figura de primera línea, capaz incluso de romperla a nivel global.
Y hasta acá llegamos hoy. Volvemos pronto, obviamente, con más reseñas.
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jueves, 18 de enero de 2018
viernes, 24 de noviembre de 2017
DOS MINAS BRAVAS
Parece una joda, pero encontré otro libro editado en 2016 que no habia leído. No se termina mássss…
Evita Vol.1 es el primero de seis tomitos que narran en forma de historieta la vida de Eva Duarte de Perón, uno de los mitos argentinos que todavía no habíamos visitado en el blog. La publicación está gestada desde la Asociación Museo Evita y cuenta con guión de F.G. Aleman y dibujos de Juan Pablo Valdecantos, dos autores a los que nunca había oído nombrar.
La historieta está muy bien, es dinámica, el dibujo tiene momentos realmente grossos, la documentación histórica está muy bien, la narrativa está muy cuidada y los textos brindan mucha información sin aburrir ni predicar. ¿Cuál es el problema, entonces? La extensión. Esta entrega tiene 41 páginas de historieta, y suponiendo que las cinco restantes (cuya existencia no me consta) mantengan esa misma extensión, F.G. Aleman podrá darse el lujo de narrar los 33 años de Evita en 205 páginas, lo cual es un montón. Entonces elige un ritmo descomprimido, que contribuye a la fluidez de la lectura y al lucimiento de Valdecantos, pero que implica contar muy poco en cada página. Y eso lo obliga a sintetizar mucho, a elegir con mucha cautela qué escenas de los primeros años de la vida de Eva nos va a mostrar, porque para cuando llegue la página 41, la protagonista tiene que quedar por primera vez cara a cara con Juan Domingo Perón, para clavar el cliffhanger e invitarnos a volver. Claramente, la historia de Evita se pone picante en ese segundo tramo, que espero conseguir a la brevedad (si es que está editado).
No es que no me guste la Vida de Eva Perón que realizaron Héctor Oesterheld y Alberto Breccia en los ´60, pero la verdad es que la relevancia del personaje justificaba una biografía en historieta más actual, más sintonizada con la forma de leer comics del público de hoy. Por ahora esta versión funciona, y me imagino que puede llegar a aspirar a la chapa de obra importante el día que terminen de editarse los seis episodios que la componen.
Vamos con otra mina pulentosa, She-Hulk, que tuvo un relanzamiento en 2014 a cargo de un equipo creativo muy interesante. Como guionista, Charles Soule, un tipo que además de escribir comics, es abogado, como Jennifer Walters. Y como dibujante, Javier Pulido, un español brillante, originalísimo, que aunque quisiera plegarse al “más de lo mismo” no podría. Es muy grosso ver cómo años y años de laburo para el mainstream de EEUU no han logrado estandarizar ni restarle vuelo o identidad gráfica a este distinto, a este verdadero dotado para el dibujo y la narrativa, que se mantiene ahí, único e inimitable. Los dos números que no dibuja Pulido van a manos de Ronald Wimberly (a quien ya vimos entrar de suplente en alguna otra serie), también muy interesante, con un trazo pleno de riesgo y personalidad, que estalla especialmente en el último episodio, cuando lo dejan colorearse a sí mismo.
Los guiones de Soule se vuelcan acertadamente a la comedia y –si bien no descuidan la machaca- se nutren principalmente de la actividad de Jen como abogada y de su relación con los personajes secundarios que van poblando la serie. Entre ellos, un aporte de Soule muy atractivo, como es la asombrosa Angie Huang, que seguramente esconde secretos que el guionista revelará en el segundo tomo de la serie (prometo leerlo en 2018). A la hora de reclutar para su elenco a personajes ya existentes, Soule no hace la obvia y trae a tercerones largamente relegados al freezer, como Kristoff, Nightwatch, Shocker, Tigra y sobre todo a Hellcat que (en aquellos tiempos pre-serie de Netflix de Jessica Jones) tenía tantas chances de encabezar una colección propia como Tristán Suárez de darle baile al Real Madrid en la final del Mundial de Clubes.
Esta versión de She-Hulk no me cambió la vida, no me hizo reir a carcajadas ni vibrar de emoción, pero la pasé bien y me encantaron los dibujos. Así que la banco. Además creo que son sólo dos TPBs.
Estamos a sólo 12 posts de llegar a las 100 entradas en 2017. ¿Llegaremos? No está fácil, pero me tengo fe. Lunes o martes, vuelvo con reseñas de los brolis que me baje durante el viaje a Santa Teresita. Hasta entonces.
Evita Vol.1 es el primero de seis tomitos que narran en forma de historieta la vida de Eva Duarte de Perón, uno de los mitos argentinos que todavía no habíamos visitado en el blog. La publicación está gestada desde la Asociación Museo Evita y cuenta con guión de F.G. Aleman y dibujos de Juan Pablo Valdecantos, dos autores a los que nunca había oído nombrar.
La historieta está muy bien, es dinámica, el dibujo tiene momentos realmente grossos, la documentación histórica está muy bien, la narrativa está muy cuidada y los textos brindan mucha información sin aburrir ni predicar. ¿Cuál es el problema, entonces? La extensión. Esta entrega tiene 41 páginas de historieta, y suponiendo que las cinco restantes (cuya existencia no me consta) mantengan esa misma extensión, F.G. Aleman podrá darse el lujo de narrar los 33 años de Evita en 205 páginas, lo cual es un montón. Entonces elige un ritmo descomprimido, que contribuye a la fluidez de la lectura y al lucimiento de Valdecantos, pero que implica contar muy poco en cada página. Y eso lo obliga a sintetizar mucho, a elegir con mucha cautela qué escenas de los primeros años de la vida de Eva nos va a mostrar, porque para cuando llegue la página 41, la protagonista tiene que quedar por primera vez cara a cara con Juan Domingo Perón, para clavar el cliffhanger e invitarnos a volver. Claramente, la historia de Evita se pone picante en ese segundo tramo, que espero conseguir a la brevedad (si es que está editado).
No es que no me guste la Vida de Eva Perón que realizaron Héctor Oesterheld y Alberto Breccia en los ´60, pero la verdad es que la relevancia del personaje justificaba una biografía en historieta más actual, más sintonizada con la forma de leer comics del público de hoy. Por ahora esta versión funciona, y me imagino que puede llegar a aspirar a la chapa de obra importante el día que terminen de editarse los seis episodios que la componen.
Vamos con otra mina pulentosa, She-Hulk, que tuvo un relanzamiento en 2014 a cargo de un equipo creativo muy interesante. Como guionista, Charles Soule, un tipo que además de escribir comics, es abogado, como Jennifer Walters. Y como dibujante, Javier Pulido, un español brillante, originalísimo, que aunque quisiera plegarse al “más de lo mismo” no podría. Es muy grosso ver cómo años y años de laburo para el mainstream de EEUU no han logrado estandarizar ni restarle vuelo o identidad gráfica a este distinto, a este verdadero dotado para el dibujo y la narrativa, que se mantiene ahí, único e inimitable. Los dos números que no dibuja Pulido van a manos de Ronald Wimberly (a quien ya vimos entrar de suplente en alguna otra serie), también muy interesante, con un trazo pleno de riesgo y personalidad, que estalla especialmente en el último episodio, cuando lo dejan colorearse a sí mismo.
Los guiones de Soule se vuelcan acertadamente a la comedia y –si bien no descuidan la machaca- se nutren principalmente de la actividad de Jen como abogada y de su relación con los personajes secundarios que van poblando la serie. Entre ellos, un aporte de Soule muy atractivo, como es la asombrosa Angie Huang, que seguramente esconde secretos que el guionista revelará en el segundo tomo de la serie (prometo leerlo en 2018). A la hora de reclutar para su elenco a personajes ya existentes, Soule no hace la obvia y trae a tercerones largamente relegados al freezer, como Kristoff, Nightwatch, Shocker, Tigra y sobre todo a Hellcat que (en aquellos tiempos pre-serie de Netflix de Jessica Jones) tenía tantas chances de encabezar una colección propia como Tristán Suárez de darle baile al Real Madrid en la final del Mundial de Clubes.
Esta versión de She-Hulk no me cambió la vida, no me hizo reir a carcajadas ni vibrar de emoción, pero la pasé bien y me encantaron los dibujos. Así que la banco. Además creo que son sólo dos TPBs.
Estamos a sólo 12 posts de llegar a las 100 entradas en 2017. ¿Llegaremos? No está fácil, pero me tengo fe. Lunes o martes, vuelvo con reseñas de los brolis que me baje durante el viaje a Santa Teresita. Hasta entonces.
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martes, 29 de enero de 2013
29/ 01: 27 Vol.2
Hace casi un año, el 31 de Enero de 2012, me tocó leer el primer tomo de 27 y ahora voy por el segundo, que por ahora es el último. Ahora que DC lo llamó para tomar la posta de Swamp Thing tras la partida de Scott Snyder, seguro debe haber mucha gilada hablando (bien y mal) de Charles Soule, mientras que hace un año había que ser muy vanguardista (o lector de este blog) para saber que existía este guionista.
Y la verdad que ni en pedo me bajo de Swamp Thing cuando se vaya Snyder, porque si faltaba algo para hacerme fan de Soule, ya está, con este tomo lo recontra-logró. La segunda parte de la extraña historia de Will Garland me gustó más que la primera, y eso es mucho decir. No quiero ahondar de nuevo en argumento. Cualquier cosa, cliqueá la etiqueta de 27 y leete la reseña del Vol.1. Así como en el primer tomo todo giraba en torno al Club de los 27 (los músicos famosos que murieron a los 27 años), esta vez el argumento se arma en torno a otro tópico muy atractivo de la historia del rock, que son los one hit wonders, las bandas y solistas que pegaron un hitazo, ascendieron al Olimpo... y se cayeron al toque, sin volver a pegar otro éxito en sus putas vidas. Podría hablar horas de ese tema, porque me apasiona y lo tengo estudiadísimo, sobre todo en lo referente al rock y pop de los ´80, que lo que a mí más me gusta.
Soule arranca por ese lado, teje, mete mucho en escena a las entidades sobrenaturales que le dieron los poderes a Garland, nos recuerda que estos se van a acabar en algún momento, aunque sin ponerle demasiada carga dramática al asunto, y finalmente el eje de la saga se desplaza hacia el eterno tema de la fama. ¿Qué es ser famoso? ¿Qué pasa cuándo sos famoso y un día dejás de serlo? ¿Cómo se pilotea el diluvio de guita, poder, chupamedias y groupies que se te cuelgan de la... fama cuando sos famoso? ¿Quién decide que algunos tipos talentosos nunca lleguen a la fama y algunos mediocres impresentables sean inmensamente famosos? Esta saga nos invita a hacernos todas esas preguntas de un modo crítico, punzante, con cero ingenuidad y abundante mala leche. Además hay acción, peleas, grandes diálogos, garches, comedia, rock y seres supraterrenales, confabulados en bizarras runflas que ni Garland ni su enemiga de este tomo lograrán descifrar.
Por el lado del dibujo, lo tenemos a nuestro Renzo Podestá prendido fuego, muy asentado en su estilo realista hasta por ahí nomás, con mucho margen para irse a la mierda y estilizar a full, sobre todo a los personajes y sus expresiones faciales. En este tomo, Podestá le pega un upgrade grosso al color, que ahora tiene más peso en la impronta visual de la serie. También mejora mucho en el uso de efectos y texturas. Estas últimas son muy importantes, porque en este tomo Podestá dibuja muy pocos fondos y hay páginas y páginas en las que lo único que vemos detrás de los personajes son texturas, al mejor estilo Ben Templesmith. La narrativa es cristalina, ganchera y con muy buenos recursos para pilotear las muchas páginas de cabecitas que hablan. Las páginas de una sóla viñeta son invariablemente memorables, impactantes en la composición y repletas de detalles alucinantes. Lo único que se podría criticar a nivel gráfico es que estas páginas, publicadas en blanco y negro, probablemente se caerían a pedazos. Habría que repensarlas demasiado, o redibujarlas en el estilo que Renzo peló en la imprescindible Jueves, cuando era cuasi-under y publicaba en Llanto de Mudo. Por suerte está el color y –repito- está muchísimo más laburado que en el tomo anterior.
Obviamente, 27 no se parece a nada que hayas leído antes. Hay un chabón que pela algunos poderes, es cierto. Pero hasta ahí llegan las coincidencias. Todo lo demás es fresco, sorprendente e impredecible. Esperemos que al multitudinario grito de “u-na más, y no jodemos más!” Soule y Podestá vuelvan a subir a escena a deleitarnos con una nueva saga de 27.
Y la verdad que ni en pedo me bajo de Swamp Thing cuando se vaya Snyder, porque si faltaba algo para hacerme fan de Soule, ya está, con este tomo lo recontra-logró. La segunda parte de la extraña historia de Will Garland me gustó más que la primera, y eso es mucho decir. No quiero ahondar de nuevo en argumento. Cualquier cosa, cliqueá la etiqueta de 27 y leete la reseña del Vol.1. Así como en el primer tomo todo giraba en torno al Club de los 27 (los músicos famosos que murieron a los 27 años), esta vez el argumento se arma en torno a otro tópico muy atractivo de la historia del rock, que son los one hit wonders, las bandas y solistas que pegaron un hitazo, ascendieron al Olimpo... y se cayeron al toque, sin volver a pegar otro éxito en sus putas vidas. Podría hablar horas de ese tema, porque me apasiona y lo tengo estudiadísimo, sobre todo en lo referente al rock y pop de los ´80, que lo que a mí más me gusta.
Soule arranca por ese lado, teje, mete mucho en escena a las entidades sobrenaturales que le dieron los poderes a Garland, nos recuerda que estos se van a acabar en algún momento, aunque sin ponerle demasiada carga dramática al asunto, y finalmente el eje de la saga se desplaza hacia el eterno tema de la fama. ¿Qué es ser famoso? ¿Qué pasa cuándo sos famoso y un día dejás de serlo? ¿Cómo se pilotea el diluvio de guita, poder, chupamedias y groupies que se te cuelgan de la... fama cuando sos famoso? ¿Quién decide que algunos tipos talentosos nunca lleguen a la fama y algunos mediocres impresentables sean inmensamente famosos? Esta saga nos invita a hacernos todas esas preguntas de un modo crítico, punzante, con cero ingenuidad y abundante mala leche. Además hay acción, peleas, grandes diálogos, garches, comedia, rock y seres supraterrenales, confabulados en bizarras runflas que ni Garland ni su enemiga de este tomo lograrán descifrar.
Por el lado del dibujo, lo tenemos a nuestro Renzo Podestá prendido fuego, muy asentado en su estilo realista hasta por ahí nomás, con mucho margen para irse a la mierda y estilizar a full, sobre todo a los personajes y sus expresiones faciales. En este tomo, Podestá le pega un upgrade grosso al color, que ahora tiene más peso en la impronta visual de la serie. También mejora mucho en el uso de efectos y texturas. Estas últimas son muy importantes, porque en este tomo Podestá dibuja muy pocos fondos y hay páginas y páginas en las que lo único que vemos detrás de los personajes son texturas, al mejor estilo Ben Templesmith. La narrativa es cristalina, ganchera y con muy buenos recursos para pilotear las muchas páginas de cabecitas que hablan. Las páginas de una sóla viñeta son invariablemente memorables, impactantes en la composición y repletas de detalles alucinantes. Lo único que se podría criticar a nivel gráfico es que estas páginas, publicadas en blanco y negro, probablemente se caerían a pedazos. Habría que repensarlas demasiado, o redibujarlas en el estilo que Renzo peló en la imprescindible Jueves, cuando era cuasi-under y publicaba en Llanto de Mudo. Por suerte está el color y –repito- está muchísimo más laburado que en el tomo anterior.
Obviamente, 27 no se parece a nada que hayas leído antes. Hay un chabón que pela algunos poderes, es cierto. Pero hasta ahí llegan las coincidencias. Todo lo demás es fresco, sorprendente e impredecible. Esperemos que al multitudinario grito de “u-na más, y no jodemos más!” Soule y Podestá vuelvan a subir a escena a deleitarnos con una nueva saga de 27.
martes, 31 de enero de 2012
31/ 01: 27 Vol.1
De pibe te gustó tocar la guitarra. Estudiaste hasta convertirte en un buen violero, formaste una banda de rock, compusiste un montón de temas grossos, sacaste un disco, vendió bárbaro, saliste de gira, te hiciste famoso, la hinchada coreó tu nombre y las minas se te entregaron como si fueses un adonis. Un día, se te cagó una mano, la derecha, la que usabas para tocar la viola, y no pudiste volver a tocar. Adios segundo álbum, adios fama, adios contratos millonarios, adios minitasssshhh. Ahora tenés tres mangos en el bolsillo, un juicio de los ex-miembros de tu banda y menos fans que la leucemia. Y por si fuera poco, tenés 27 años, los mismos que tenían cuando se fueron “de gira” estrellas como Jim Morrison, Jimi Hendrix, Kurt Cobain, Amy Winehouse o nuestro Rodrigo. Linda encrucijada, no?
Pero pará, que no termina ahí. Después de agotar las opciones razonables (terapias, operaciones, etc.) caés en el laboratorio de un tipo medio freak que dice que puede devolverte la habilidad con la mano sublevada. El procedimiento incluye una especie jaula, gatos muertos, dos entidades cósmicas y una especie de botonera que te aparece en el pecho. Cada vez que apretás un botón, tenés un superpoder distinto que dura tres horas, pero cuando hayas apretado los botones 27 veces, sos boleta. ¿Qué es esto? Veníamos bien y nos fuimos a la mierda...
Estas son apenas algunas de las puntas con las que Charles Soule nos engancha para acompañarlo en esta extraña y fascinante historia en la que Will Garland tratará de volver a ser la estrella de rock que fue sin morir en el intento. Una historia en la que se meten entidades sobrehumanas alucinantes, perfectamente explicadas, superpoderes bizarros y –cagate de risa- la matemática y la numerología. Y el propio rock, claro, con sus historias, sus leyendas, sus promesas y sus decepciones.
27 arranca muy arriba, como si volvieran los Redondos y arrancaran un show con Ji, ji, ji. Soule tiene muy bien pensado todo, desde el protagonista, hasta el último de los personajes secundarios, sin dejar de lado las extrañas implicancias del número 9 en la historia del arte, ni el dilema moral que implica ese pacto cuasi-faustiano en el que se mete Garland para recuperar la habilidad perdida. También hay algo de acción, para que Garland use los poderes de la botonera, pero por ahora no es lo más relevante. O no tiene tanto peso como lo que le pasa al personaje por dentro, en su fuero interior, donde todo le resulta demasiado limado para ser real, hasta que se encuentra con el fantasma de Jim Morrison y este le explica cómo viene la mano.
La acción está des-enfatizada incluso desde el dibujo, que corre por cuenta del fascinante Renzo Podestá, un rosarino que vive hace varios años en Córdoba y que tiene una ilustre trayectoria en el under argento de los ´90. Para esta serie, Renzo sintetiza su estilo, lo libera de un montón de las rayitas y texturas que exhibía en sus obras más conocidas en Argentina, que son Bangkok y la fundamental Jueves. Las rayitas las guarda para cuando aparece algún monstruo o ente sobrenatural y las texturas las pone con el photoshop, aprovechando que lo dejan ser él quien coloree sus dbujos. Para todo lo demás, opta por un claroscuro fuerte, con iluminaciones muy laburadas ya desde la tinta y después potenciadas con el color. La narrativa es clásica, sin estridencias y sin fisuras y por ahí lo único a mejorar son las figuras en movimiento, que se ven un poquito estáticas. Ojo, sólo en los cuatro episodios de la saga central. Porque después hay un bonus track, una historia breve apenas conectada con la saga de Will Garland en la que se ve a otro Renzo Podestá, mucho más plástico, más jugado tanto en las formas como en el color, más cerca de Lorenzo Mattotti, ponele. Y absolutamente genial.
Con un TPB ya publicado y un segundo en camino (creo que se anuncia en el Previews de Febrero), 27 ya es una serie de culto, de esas que en un tiempito te van a permitir cancherear y decir “obvio, papá, yo la sigo desde el principio”. Posta, esto no puede faltar en tu MP3... digo, en tu biblioteca.
Pero pará, que no termina ahí. Después de agotar las opciones razonables (terapias, operaciones, etc.) caés en el laboratorio de un tipo medio freak que dice que puede devolverte la habilidad con la mano sublevada. El procedimiento incluye una especie jaula, gatos muertos, dos entidades cósmicas y una especie de botonera que te aparece en el pecho. Cada vez que apretás un botón, tenés un superpoder distinto que dura tres horas, pero cuando hayas apretado los botones 27 veces, sos boleta. ¿Qué es esto? Veníamos bien y nos fuimos a la mierda...
Estas son apenas algunas de las puntas con las que Charles Soule nos engancha para acompañarlo en esta extraña y fascinante historia en la que Will Garland tratará de volver a ser la estrella de rock que fue sin morir en el intento. Una historia en la que se meten entidades sobrehumanas alucinantes, perfectamente explicadas, superpoderes bizarros y –cagate de risa- la matemática y la numerología. Y el propio rock, claro, con sus historias, sus leyendas, sus promesas y sus decepciones.
27 arranca muy arriba, como si volvieran los Redondos y arrancaran un show con Ji, ji, ji. Soule tiene muy bien pensado todo, desde el protagonista, hasta el último de los personajes secundarios, sin dejar de lado las extrañas implicancias del número 9 en la historia del arte, ni el dilema moral que implica ese pacto cuasi-faustiano en el que se mete Garland para recuperar la habilidad perdida. También hay algo de acción, para que Garland use los poderes de la botonera, pero por ahora no es lo más relevante. O no tiene tanto peso como lo que le pasa al personaje por dentro, en su fuero interior, donde todo le resulta demasiado limado para ser real, hasta que se encuentra con el fantasma de Jim Morrison y este le explica cómo viene la mano.
La acción está des-enfatizada incluso desde el dibujo, que corre por cuenta del fascinante Renzo Podestá, un rosarino que vive hace varios años en Córdoba y que tiene una ilustre trayectoria en el under argento de los ´90. Para esta serie, Renzo sintetiza su estilo, lo libera de un montón de las rayitas y texturas que exhibía en sus obras más conocidas en Argentina, que son Bangkok y la fundamental Jueves. Las rayitas las guarda para cuando aparece algún monstruo o ente sobrenatural y las texturas las pone con el photoshop, aprovechando que lo dejan ser él quien coloree sus dbujos. Para todo lo demás, opta por un claroscuro fuerte, con iluminaciones muy laburadas ya desde la tinta y después potenciadas con el color. La narrativa es clásica, sin estridencias y sin fisuras y por ahí lo único a mejorar son las figuras en movimiento, que se ven un poquito estáticas. Ojo, sólo en los cuatro episodios de la saga central. Porque después hay un bonus track, una historia breve apenas conectada con la saga de Will Garland en la que se ve a otro Renzo Podestá, mucho más plástico, más jugado tanto en las formas como en el color, más cerca de Lorenzo Mattotti, ponele. Y absolutamente genial.
Con un TPB ya publicado y un segundo en camino (creo que se anuncia en el Previews de Febrero), 27 ya es una serie de culto, de esas que en un tiempito te van a permitir cancherear y decir “obvio, papá, yo la sigo desde el principio”. Posta, esto no puede faltar en tu MP3... digo, en tu biblioteca.
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