el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 3 de junio de 2014

03/ 06: SPIROU ET FANTASIO Vol.26

Aclaremos algo importante: en realidad, Tembo Tabou es el Vol.24 de Spirou et Fantasio. Lo que pasa es que esta colección no es la original, sino una que editó el sello Cobra en 2013, para festejar los 75 años de Spirou. Esta editorial relanzó TODOS los álbumes en una colección de 54 libros, cuyos contenidos no coinciden con los de la colección original. De hecho, en la edición de 1974, Tembo Tabou traía como complemento una historia corta del Marsupilami (La Cage) y esta edición trae esa historieta y varias más, obviamente dibujadas en los ´90, también con el bicho amarillo como protagonista.
Tembo Tabou se serializó por primera vez en 1959, en el diario Le Parisien Libéré, por eso tiene un formato medio raro. Después se publicó por entregas en la revista Spirou y recién en 1974 salió en libro. El guión está co-escrito por André Franquin y Greg y en el dibujo colaboraron Franquin y Jean Roba. Se trata de una historia bastante corta, de apenas 30 páginas, en la que Spirou, Fantasio, Spip y el Marsupilami viajan al corazón del Africa en busca de un científico extraviado. La historia no empieza en Bruselas (como casi siempre) sino que pareciera omitir prólogos y epílogos, para mostrarnos peligros y locaciones exóticas desde la primera página hasta la última. Como en toda la etapa del maestro Franquin al frente de la serie, el guión combina con muchísima elegancia un misterio, mucha acción y unas cuantas secuencias muy cómicas, al borde del disparate, casi siempre centradas en el Marsupilami.
Las páginas están todas plantadas en cuatro tiras, casi todas ellas de dos viñetas, una grilla pensada para meter muchas tomas panorámicas, muchos planos generales y poquísimos primeros planos, que coinciden con las páginas en las que, en vez de ocho viñetas, tenemos 10 o 12 más chiquitas. Por supuesto, todo se luciría más si las viñetas fueran más grandes, pero así también se disfruta muchísimo el estilo de Franquin, ese vértigo, esa sensación de kilombo, de desorden, de que todo lo que se puede mover, lo hace en forma caótica.
Al tratarse de una aventura corta, casi sin pausas para que los personajes analicen mínimamente lo que sucede, no hay grandes desarrollos en los protagonistas y tampoco una construcción demasiado elaborada de los villanos. Lo más positivo en este sentido es que los nativos africanos, mayoritariamente pigmeos, no están presentados como animales salvajes bípedos, sino como tipos que defienden lo suyo, capaces de actos de enorme valentía y de entablar vínculos solidarios y hasta afectivos con los “intrusos” que defienden los mismos intereses que ellos. Y como siempre, menos minas que en un submarino soviético. Si las aventuras de Tintín eran la casa matriz, las de Spirou eran la sucursal del club “Acá Sí Que No Se Coge”, algo que se empezaría a revertir recién en la segunda mitad de los ´80.
En la primera historia corta del Marsupilami me reencuentro con Bring M. Backalive, el villano de La Cola del Marsupilami, el primer álbum “solista” del bicho creado por Franquin. Muy loco. Yo creía que lo habían inventado en los ´80, para esa aventura (reseñada el 30/11/13). Son seis páginas a pura acción, con pantomimas muy graciosas y unos dibujos impresionantes. Las seis páginas siguientes presentan chistes autoconclsuivos del Marsupilami, con menos cuadros por página y un Franquin totalmente prendido fuego. Y cierra una historieta cortita, de dos páginas, también muy orientada al humor y con unos dibujos fastuosos.
Hacía muchos años que no conseguía ninguno de los álbumes que me faltaban para completar la etapa de André Franquin al frente de Spirou, por eso me emocioné cuando mi viejo me rescató esta edición de Tembo Tabou de un kiosco de Bruselas. Me desentona por completo en tamaño y diseño con los tomos que ya tengo (casi todos comprados en Barcelona por chaucha y palito en el ´99, en un memorable holocausto comiquero que hicimos con Luquitas Varela) pero me lo guardo con toda felicidad. Este mes habrá más Spirou, acá en el blog.

lunes, 9 de diciembre de 2013

09/ 12: MARSUPILAMI Vol.2

Ahora sí, con los personajes y las locaciones ya presentadas, esta vez André Franquin y Greg se juegan con un argumento mucho más elaborado para este segundo álbum solista del Marsupilami. La consigna básica es muy sencilla: un cachorrito de oso panda cae por accidente en la selva de Palombia y el marsupilami y los suyos deberán ocuparse de que no se muera de hambre… lo cual es bastante complejo porque el osito sólo come bambú.
Felizmente, Greg y Franquin se dan cuenta al toque de que con eso no llenan ni por accidente 46 páginas de historieta (franco-belga clásica, de la que tiene pocas páginas con menos de 10 viñetas) y entonces estiran para atrás y para los costados. El osito panda cae en la selva en la página 10, cuando ya pasaron un montón de cosas graciosísimas, en secuencias en las que no aparecen ni el marsupilami ni ningún otro personaje conocido. Ahí los autores presentan en clave satírica a la ciudad capital de Palombia, un pandemónium político y social en el que anidan toda clase de corruptos e inescrupulosos. Y de ahí sale el avión hacia la jungla, tripulado por dos chinos (que jamás explican de dónde sacaron al panda bebé) y piloteado por un alemán que funciona como un estereotipo tan cruel y tan políticamente incorrecto como el yanqui y el sudamericano que vimos en el tomo anterior. Entre estos tres personajes se logra una química muy efectiva, que dura poco, pero que hace que para cuando realmente empieza la aventura, uno esté totalmente enganchado con el álbum.
El alemán mentiroso y codicioso se verá enroscado en una tramoya con el hechicero de una tribu aborigen, casualmente la misma a la que los marsupilamis le robarán el bambú para alimentar al osito. Y ahí ya termina de cuajar la mezcla, ahí los autores encuentran la materia prima para combinar la comedia de enredos con la acción “dramática”, con los peligros que deberán afrontar nuestros héroes. Sobra un personaje muy raro, poco explicado (el pajarito orejón) y no queda espacio para explicar cómo sobreviven los chinos al estallido del avión. Tampoco importa demasiado. Por suerte, el avechuchesco Helmut queda vivo y no estaría mal verlo volver en otras aventuras. No sé qué tan probable sea eso, porque esta es la última entrega de la serie en la que mete mano Greg, quien a partir del próximo tomo será reemplazado, creo que por Yann. Pero ojalá veamos los regresos de varios de los personajes presentados en los dos primeros libros.
Por el lado del dibujo, Batem está más afianzado que en el primer tomo. Su línea imita cada vez mejor a la del maestro Franquin y ya hasta las caras de los personajes humanos le salen casi idénticas. Las páginas que transcurren en la ciudad muestran, además, la gran versatilidad del dibujante y su talento para llevar esa sensación de caos y descontrol tan típica de Franquin a otro tipo de ambientaciones, no sólo a la jungla amazónica. Un laburo hermoso de Batem, de nuevo muy bien complementado por un colorista de gran sutileza y gran eficacia.
Me queda por leer el Vol.3, que es el único que tengo en francés. La semana que viene casi seguro lo reseño por acá.

sábado, 30 de noviembre de 2013

30/ 11: MARSUPILAMI Vol.1

A mediados de los ´80, el maestro André Franquin llegó a un acuerdo con la editorial Dupuis para recuperar los derechos sobre el Marsupilami, el carismático bicho mitad mono mitad leopardo que creara allá por los ´50 para una aventura de Spirou y Fantasio. Así, el legendario historietista se puso al frente de Marsu Productions, un sello editor independiente que, desde 1987, lleva publicados 26 álbumes protagonizados por este extraño animal y su familia.
Para este primer tomo, Franquin co-escribió el guión con Greg (el mismo Greg que trabajó junto a Hermann en los álbumes de Comanche) y puso los dibujos a cargo de Luc Collin, más conocido como Batem, un notable dibujante nacido en el Congo Belga, quien se quedaría muchos años a cargo de la serie.
La Cola del Marsupilami (título del álbum que inició la colección) tiene un sólo problema: es MUY introductorio. Es un álbum claramente apuntado a los lectores que nunca habían leído las historietas de Spirou en las que aparecía el Marsupilami y no estaban para nada familiarizados con el bicho, sus habilidades, su familia y su habitat, la increíble selva de Palombia, que es casi un personaje más en esta saga. Entonces, todo lo que sucede en este álbum es eso: una forma elegante de presentarnos a los personajes, de mostrarnos cómo funciona el mundo en el que se desenvuelve el Marsupilami, mediante una aventura muy menor, sin consecuencias, sin profundidad y sin mayor tensión dramática.
Para que el artificio funcione, Franquin y Greg le ponen muchas pilas a la construcción de dos personajes que van a volver en los álbumes posteriores: el experto cazador Bring M. Backalive (un yanki que vendría a ocupar el rol del villano) y el Capitán Bombonera, un trucho encantador al que los traductores de Norma hacen hablar (más o menos) como un argentino. Lo cual no es muy loco, porque desde el primer momento Franquin dejó en claro que Palombia quedaba en algún lugar de Sudamérica... aunque yo sinceramente nunca me imaginé que fuera en Argentina. O capaz que los autores belgas le pusieron otro acento y el traductor español (Narciso Fradera) dijo “si es sudamericano, pongámosle acento argentino”, andá a saber. Lo cierto es que la mímica del habla argenta tiene aciertos y errores. Me encantaría leer este libro en francés, a ver cómo habla el Capitán Bombonera (que dudo que se llame así en la versión original).
El guión no va a pasar de ahí: de un intento frustrado por parte de Bring M. Backalive por capturar a un marsupilami. Es una aventura entretenida, con diálogos muy graciosos, excelentes secuencias mudas, mucha acción y no mucho más. El dibujo de Batem hace esfuerzos sobrehumanos para reproducir la magia gráfica del maestro Franquin, y la verdad es que cuando dibuja al Marsupilami, lo logra con jerarquía. La diferencia entre un genio (como era Franquin) y un muy buen dibujante (como es Batem) se nota en otros aspectos, como por ejemplo el lenguaje corporal y las expresiones faciales de los personajes humanos, que no tienen ni en pedo la gracia de los que dibujaba Franquin. Ahí, el trabajo de Batem está al nivel de un buen autor franco-belga de historieta infanto-juvenil, pero lejos de las glorias que pelaba Franquin en sus álbumes de Spirou, o en sus series más personales, como Gaston Lagaffe o Ideas Negras. El color de Vittorio Leonardo es excelente, más sutil, más moderno y más versátil que los coloristas que trabajaban con Franquin en su etapa al frente de Spirou.
Tengo un par de álbumes más para leer y reseñar el mes que viene, a ver para dónde agarra la serie “solista” del Marsupilami, una vez que el nuevo equipo creativo ya presentó al elenco y al contexto elegido para estas nuevas aventuras de la alucinante criatura creada en 1952 por ese genio inconmensurable del Noveno Arte que fue André Franquin.
¿Palombia será argentina? Me quedé tildado con esa boludez...

martes, 12 de febrero de 2013

12/ 02: COMANCHE Vol.4

Retomo esta serie clásica a la que redescubrí con ojos de adulto a mediados de Agosto del año pasado. Aquel tomo, Les Loups de Wyoming, enfrentaba a los buenos contra los hermanos Dobbs, temibles forajidos responsables de infinitos robos y violentos asesinatos. Uno de los Dobbs, Russ, el más jodido, lograba escaparse y este tomo, llamado Le Ciel est Rouge sur Laramie, consistirá precisamente en cerrar ese plot.
Acá la dupla sin apellido, integrada por el guionista Greg y el dibujante Hermann (ambos belgas), tomará una decisión arriesgada: Les Loups de Wyoming era un álbum de protagonismo coral, con seis o siete personajes importantes, entre los que se destacaban por sobre el resto dos: uno creado ex profeso para esa aventura y otro, Red Dust, que integraba el elenco de la serie desde el Vol.1. Esta vez será Red Dust, el pelirrojo fachero, cínico, testarudo y siempre al filo del conflicto con los compañeros y la patronal, quien monopolice las acciones. Los otros cowboys del Rancho 666 aparecen en apenas tres páginas y Comanche, que supuestamente es la protagonista, en una sola. Ella será la encargada de leerle a sus muchachos la carta que envía Red Dust, en la que narra (en primera persona) la osada cacería que emprende para capturar vivo o muerto al perverso Russ Dobbs.
Entre la página 5 y el final del álbum, entonces, será Red Dust quien cabalgue por la majestuosa geografía de Wyoming. Lo más loco es que no lo hará solo. No sé si para llenar páginas o porque piensa usarlos más adelante, Greg rodea a Red Dust de un atractivo combo de personajes secundarios, a los que desarrolla bastante pero utiliza poco. “Bombardero” Cavendish secunda a Dust en el tramo final y junta mucha chapa, Amos Coogan y Shaver Sharp tienen buenos momentos, con escenas importantes para la trama, pero Isadora Davenport y Leighton Hart, por lo menos en este tomo, están ahí para hacer número, no para aportar nada memorable, ni mucho menos. Sospecho que más adelante tendrán peso en alguna otra historia.
Como ya olfatearás, a una historia de 47 páginas en la que hay que presentar y desarrollar a cinco personajes nuevos no se le puede pedir demasiado énfasis en la acción. Por el contrario, se hacen imprescindibles las escenas más tranquis, para que estos personajes puedan conocerse y uno se interese mínimamente por ellos y sus motivaciones. Greg lo tiene clarísimo. Fuera de las cuatro o cinco páginas finales, la acción se circunscribe a un puñado de viñetas, estratégicamente repartidas en distintos pasajes del libro. Y en el final sí, estalla la violencia y Red Dust, cansado y molido a palos, encuentra lo que fue a buscar al pueblo de Laramie.
El dibujo de Hermann no hace más que mejorar y acercarse de a poco al estilo que lo haría famoso a nivel mundial en los ´80, en las obras que él mismo escribiera. En el trazo del belga sigue muy presente la influencia del gran Antonio Hernández Palacios, el más notable de los muchos maestros de la línea académico-realista a los que Hermann estudiaba en esta etapa. Cuando trata de sintetizar, de prescindir de algunas líneas, sombras y texturas, se empieza a ver muy de a poquito el Hermann de Jeremiah y Las Torres de Bois-Maury. Cuando va a fondo con el realismo más “fotográfico” no sólo aparece con fuerza la impronta de Hernández Palacios, sino también viñetas de inconmensurable fuerza visual, desbordantes de virtuosismo, como esa secuencia de las páginas 17 y 18 en la que los malos cascotean un puente y la diligencia y los caballos caen al río. Eso es casi imposible de dibujar y menos al nivel que lo hace Hermann. El resto es todo de muy bueno para arriba: muy expresivo, muy dinámico, muy bien narrado, y si hay algo que no me deja del todo conforme es el color, que en algunas viñetas recurre (como sucedía en los álbumes clásicos de Blueberry) al “pintamo´todo el fondo del mismo color y a comerla”. Si en el fondo además de decorados hay gente, no calienta. Será gente toda azul, toda violeta, toda naranja o toda marrón. Habría que ver si en las ediciones más recientes esto no fue recoloreado con más tiempo, más dedicación y técnicas más modernas.
Le Ciel est Rouge sur Laramie es un álbum incluso más al límite que el anterior en materia de crueldad y violencia, lo cual es muy loco si pensamos que esto se publicaba (allá por 1975) en una revista infanto-juvenil. Quiero más Comanche, para disfrutar de más Greg y Hermann, y para ver si los otros personajes del Vol.3 reaparecen, o si la serie fue definitivamente copada por Red Dust, el Wolverine del Rancho 666.

martes, 14 de agosto de 2012

14/ 08: COMANCHE Vol.3

Me cebé mal con el western francófono, nomás. Me pegó tanto Bouncer que empecé a buscar para atrás y me encontré con Comanche, una serie emblemática de la década del ´70, que salía en el Journal Tintin, siempre de a poquitas páginas por semana, y después se recopilaba en lujosos tomos de tapa dura. En total, y con varios parates en el medio, la serie se publicó hasta 2002, pero la pulenta –dicen- son los 10 primeros tomos, que son los realizados por la dupla creadora, integrada por dos belgas de lujo: el guionista Greg y el dibujante Hermann (la dupla sin apellidos, de acá en más). Cuando Hermann dejó la serie, Greg escribió cuatro tomos más, pero no era lo mismo.
En una comiquería de Rosario me encontré varios tomos de Comanche originales, editados en Bélgica en los ´70, obviamente en francés. Compré dos, leí uno, y me guardé otro para el año que viene (sí, ya estoy comprando material que no voy a poder leer antes de fin de año). Yo había leído alguno en castellano, cuando Billiken los editaba como un suplemento dentro de la revista en épocas de verano, allá por el ´77 o ´78, no recuerdo bien (posta, era muy chico). Obviamente no me acordaba nada, excepto que había cowboys y unos dibujos de la San Puta, que en su momento me parecían un poquito más pedorros que los de Antonio Hernández Palacios, cuyos westerns conocía por la revista Trinca. No es que ahora sean mejores (difícil superar a Hernández Palacios a la hora de dibujar un western realista), pero como en los ´80 me hice fan de Hermann, estoy en condiciones de disfrutar mucho más esos dibujos en los que ya se insinuaban muchas de las genialidades que el belga nos regalaría en las décadas posteriores.
Este tomo, Les Loups du Wyoming, es el tercero de la serie, editado en álbum en 1975. La protagonista es Comanche, una chica valiente y un poco cabeza dura que –nunca supe cómo- está al frente del rancho 666. Pero es la protagonista hasta ahí nomás. Está muy claro que la idea es repartir el juego entre Comanche y sus empleados, cinco tipos a las órdenes de una minita, cosa que en el duro far west no sé si era tan frecuente. De los cinco, el que más chapa tiene, o por lo menos al que más bola le da la dupla sin apellidos es Red Dust, el guacho recio y fachero, quien en buena parte de la aventura eclipsa por completo a Comanche. De todos modos, el verdadero artífice de la derrota de los villanos será un personaje creado sólo para esta aventura: Braggshaw, un sacerdote poco ortodoxo, que predica la paz y el amor pero no duda a la hora de pelar el chumbo y disparar. Paradójicamente, es Red Dust quien menos se copa y más choca con quien tendrá el rol más destacado de esta saga.
El argumento de Greg es bastante lineal. No tonto, ni siquiera predecible, pero ni por casualidad tan oscuro, complejo y realista como los dibujos de Hermann. Hay malos muy malos, buenos muy buenos y un montón de guita que no puede caer en las garras de los villanos para que no se paralicen las construcciones en un pueblo vecino al rancho, en las inmensas planicies de Wyoming. Y por ahí pasa el subtexto más sutil propuesto por Greg: se viene el progreso, muchachos! Hasta los majestuosos bosques de Wyoming pronto dejarán de ser terreno salvaje para integrarse a un país moderno, pujante y civilizado. La reacción frente a eso no es igual en Comanche que en Red Dust, y mucho menos en los hermanos Dobbs, los malos de esta película. Por ahora, ese punto está apenas sugerido, pero por ahí más adelante Greg se decide a explorarlo a full. Como en todo western “serio” va a morir mucha gente, más que en cualquier otra historieta de las que recuerdo haber visto en los ´70 en las revistas para chicos. Por lo menos no hay torturas ni gente morfada por los lobos, como en Bouncer, Blueberry y otros franco-westerns un toque más jodidos.
Del dibujo de Hermann ya hablé bastante y me queda por destacar una cosa: que no es tributario del de Jean Giraud, una especie de milagro en el comic de cowboys made in Europe. En todo caso, Hermann mira más a Jijé (el maestro de Giraud) y obviamente a Hernández Palacios. El resultado es muy atractivo, con una narrativa muy ágil y un dibujo que combina rigor documental con mucho margen para darle expresividad y onda a los rostros de héroes y villanos. Lo único lamentable es el color, muy precario para los standards actuales y que desluce mucho el dibujo de Hermann, especialmente en las (extensas) secuencias que transcurren en la oscuridad de la noche.
Greg no tiene ni medio fan en Argentina (creo), pero Hermann seguro que sí. Si sos uno de ellos, fijate si se puede conseguir de algún modo Comanche en castellano (o en el idioma que te guste) y jugale unas fichas, que además de mostrarte cómo dibujaba el ídolo en sus años mozos, te va a entretener con una aventura intensa, con muy buen ritmo y personajes sumamente atractivos.
Ah, en cuanto a lo que decía antes de que ya estoy acovachando material que voy a poder leer recién en 2013, sé que es un poco temprano, pero te tiro igual la bomba atómica: El año que viene hay SEGURO cuarta temporada para este blog.