el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 27 de junio de 2019

JUEVES FRESQUITO

Vengo leyendo poca historieta, porque por distintos motivos estoy saliendo poco de mi casa y no tengo esos viajes en subte, tren o colectivo que (si consigo asiento) generalmente uso para leer. Pero como siempre, algo hay.
Empiezo con una gema a la que le tenía mucha fe, pero que superó ampliamente mis expectativas: el Vol.1 de Black Hammer, la serie de Jeff Lemire y Dean Ormston que publica (con gran éxito y numerosos spin-offs) Dark Horse. Black Hammer es un comic con disforia de género: Lemire nos presenta a un grupo de personajes forjados en el molde de los superhéroes clásicos (hasta nos explica en los textos del final en qué personaje de DC estaba pensando cuando creó a cada uno) pero puestos a funcionar en otro género, un género que les resulta hostil, o por lo menos incómodo.
Tras un combate contra un villano cósmico infinitamente poderoso (una especie de Darkseid/ Galactus), estos héroes y heroínas reaparecen en una granja, en algún lugar del Bible Belt de los EEUU. Algunos conservan sus cuerpos originales, otros ven sus mentes trasladadas a cuerpos que no son los suyos, ninguno puede salir de esa zona, a todos les cuesta adaptarse a una vida normal, rural, apacible, sin más conflictos que los que emergen de sus propias personalidades y de su interacción con la gente del pueblito vecino a la granja. Lemire acierta al revelarnos con cuentagotas la información que necesitamos acerca de estos personajes, los poderes que tienen, el combate que terminó en este brutal cambio del status quo, el rol que cumplió en esa batalla el héroe principal de este universo (Black Hammer, cuya ausencia en esta nueva realidad es más que notoria)… Todos esos puntos dramáticos que tienen que ver con el costado superheroico de la serie “sacan número” y esperan su turno mientras el guionista explora lo que más parece interesarle, que son los vínculos entre los personajes, sus inseguridades y lo mucho que les cuesta adaptarse a la nueva situación. Y por detrás de todo esto avanza el subplot de la hija de Black Hammer, que quiere llegar a la verdad y descubrir qué pasó con su padre y sus compañeros de super-grupo.
Sin dudas es un comic raro, que juega con el conocimiento que tienen el lector de los tropos del género supeheroico, pero además agrega varias capas de profundidad y un montón de elementos pensados para descolocar al cancherito que cree que ya ningún comic de tipos y minas con superpoderes lo puede sorprender. Lo que está haciendo Lemire en Black Hammer es algo que –posta- nunca hizo nadie y lo está haciendo asombrosamente bien.
Por supuesto, me pongo de pie para ovacionar al maestro Dean Ormston por su labor al frente de la faz gráfica. Obvio, juega con seis anchos de espada en el mazo porque lo colorea Dave Stewart, pero el trabajo del inglés es realmente exquisito. Ormston no falla en los climas, en las referencias visuales a los comics que Lemire quiere que recordemos cuando tira un flashback, se mata en los fondos y resuelve todos los efectos de iluminación con un claroscuro poderosísimo, expresivo y evocativo al mango. No tengo comprado el Vol.2, pero ni bien lo vea a un precio razonable, le entro como el agua al Titanic.
Después de este escarceo con la gloria, necesito una lectura más tranqui, más livianita, y salto a Argentina para ver qué onda el Vol.14 de Macanudo, con más de 250 tiras de las que publica Liniers en el diario La Nación. El tomo arranca fuerte, con una seguidilla de tiras acerca de garcas coimeros, testaferros de otros garcas coimeros, que hablan de cuentas offshore y de ser felices dilapidando el dinero malhabido. No es una temática que habitualmente aparezca en las tiras de Liniers, y la verdad que fue una muy grata sorpresa. Después tenemos el tradicional desfile de personajes al que nos acostumbró Macanudo, todos vehículos para que Liniers explore distintas facetas del humor y del dibujo sin aburrirse.
De las ideas que no había visto en tomos anteriores, la que más me gustó es Charlas Entre Chicos de Cinco Años, pero hay varias muy buenas y otras (como siempre) muy raras. Un tema que aparece mucho en tiras muy distintas entre sí es el de la relación entre la gente de hoy y el mundo de las redes sociales, los celulares, las selfies y demás pelotudeces de la era digital. Liniers es sumamente crítico de todo esto, y arroja sus dardos con sutileza y elegancia, en parte porque sabe que su público es parte de la gran masa que compró y abraza todas estas pelotudeces.
Y como siempre, por encima de la comicidad, o de la ternura, o de la bizarreada que le pone Liniers a cada tira, emerge el tremendo placer que genera ver a un tipo dibujando a este nivel, con esta amplitud de registro, este manejo del color, de la línea, de las formas de las viñetas, del armado de las secuencias. Debe ser muy frustrante ser historietista, publicar hace mil años una tira en un diario y tener que ver todos los días lo que hace Liniers en Macanudo…

Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 28 de febrero de 2014

28/ 02: MACANUDO Vol.10

Dosis extra large (casi 190 páginas) de Macanudo y la verdad no es mucho lo que me queda para decir, porque ya pasaron por el blog las reseñas de los dos tomos anteriores.
Quiero destacar que me reí bastante. Hay como... cinco o seis tiras que me hicieron reir en serio, no una sonrisita, ni un “ja” medio contenido. La del pagadiós, o la de las precuelas de libros famosos son tiras que me llegaron con mucha fuerza, que me impactaron con su gran comicidad. Está claro que Liniers no sale a buscar la carcajada, sino la complicidad del lector, la predisposición de este (o esta) a pasear junto con el autor por distintos estados de ánimo, distintos climas, donde en general prima una atmósfera de reflexión y de buena onda, de invitación a sentirnos bien, a reencontrarnos con valores copados, con cosas lindas de la infancia, o simplemente a encontrarnos con situaciones absurdas o descolgadas. Por ese camino laberíntico, sinuoso, también se llega (de vez en cuando) a la risa.
En este tomo doble, el elenco clásico de Macanudo se refuerza con incorporaciones como Nuevos Refranes, Benito el Nihilista, Pambo Dice Cosas, El Escritor de Cartas y la que menos me cerró: Estos Locos, Locos Políticos, una serie de tiras muy bien dibujadas, en las que Liniers regurgita todos los clichés del típico discurso de la anti-política. Yo no digo que los políticos se merezcan la canonización, por el contrario, me parece muy sano señalar los delitos que cometen, su doble discurso, etc. Pero puestos a señalar, prefiero que se señale con nombre y apellido a los que EFECTIVAMENTE mienten, chorean y se cagan en la gente, que por suerte no son todos. Con chistes como estos, en los que se bardea a los políticos en general, se le da sustento al malintencionado chamuyo de que TODOS son chorros, garcas, etc., y la verdad que eso no suma en lo más mínimo.
Liniers también recopila muy lindas anécdotas de la vida real protagonizadas por sus hijas y republica cinco tiras de los ´90, de antes de que empezara a publicar Bonjour en Página/12 (yo las tengo en un fanzine, en blanco y negro), donde vemos un estilo de dibujo muy, muy distinto al actual. La recopilación termina justo cuando Macanudo festeja sus 10 años de publicación en la contratapa de La Nación, y se complementa con las tiras “apócrifas”, entre las que hay muy, muy poquito para rescatar: la de Juan Sáenz Valiente, el dibujo de la de Marcela Trujillo, y el resto... para atrás.
Y como siempre, lo más destacable de cada libro de Macanudo es la infrecuente calidad del dibujo, muy por encima de lo que se ve normalmente en las tiras diarias no sólo de nuestro país. Es muy obvio que Liniers ama dibujar, que le pone el alma a cada trazo, a cada pincelada, y que se mata para sorprender incluso al lector que lo sigue hace más de 10 años con el armado de la tira, con el montaje de las viñetas y –obviamente- con los contenidos.
Sigo a la espera de una novela gráfica de Liniers que rompa todo y le cierre el orto a todos los que lo critican. Mientras tanto, Macanudo sigue vigente como un patio de juegos donde pasar un buen rato y dejarnos maravillar por la pasión, la imaginación y el laburo que le pone este animalito a cada tira, cosas que por supuesto se aprecian más en estos tomos recopilatorios que en las páginas del house organ de la oligarquía argentina.

sábado, 9 de febrero de 2013

09/ 02: MACANUDO Vol.9

Nuevo tomo de Macanudo y bueno, no es mucho lo que tengo para decir que no haya dicho ya en la reseña del Vol.8, aparecida en el blog allá por Marzo de 2011. O sea que, ante todo, recomiendo repasar ese texto.
¿Ya está? Bien. A todo lo anterior le agrego que en este tomo hubo dos tiras que me hicieron reir mucho, en voz alta. Una de Enriqueta y Fellini muy ingeniosa y la otra fue la primera aparición de un personaje nuevo, al que rápidamente puse en el podio de la fauna macanuda: Ome, el emo al revés. Un concepto brillante que –ya cerca del final del tomo- le habilita a Liniers una nueva veta para explorar, con resultados excelentes, plenos de originalidad y comicidad.
Otra vertiente que Liniers enfatiza en este tomo es la de los chistes geeks, con muchísimas tiras relacionadas a Star Wars (varias de ellas gloriosas), el Pac-Man, Donkey Kong, E.T., Hello Kitty y hasta un superhéroe creado ad hoc, el Capitán Déja Vu. Este último protagoniza varias tiras (una de ellas perfecta, con formato circular), pero –por ahora- es un recurso con más posibilidades de repetirse que de sorprender. Veremos si Liniers le encuentra otra vuelta más adelante.
A todos los experimentos estéticos y temáticos hay que sumarle además los experimentos formales. Y no me refiero sólo al armado de las tiras (con esa incesante búsqueda en materia de formas y tamaños de las viñetas) sino a esa mini-serie dentro de la tira llamada Random Macanudo, en la que Liniers ofrece tres tiras armadas con viñetas “al azar” de otras tiras ya publicadas. Por supuesto, esto tiene trampa: las viñetas están elegidas para lograr un efecto cómico y además están re-dibujadas, no son copy-paste de viñetas viejas. Una gran idea que ojalá Liniers revisite en el próximo tomo. Ah! Y ojalá haya un segundo Casting. Esas tiras me parecieron increíblemente ingeniosas.
El resto va por los carriles que ya conocemos: Olga y Martincito, el Hombre Misterioso, Conceptual Incomprensible, Pablo Picasso, Pan Chueco, los pingüinos, los duendes, un par de apariciones memorables de la Vaca Cinéfila y El Señor que Traduce los Nombres de las Películas y muchas de Enriqueta, su gato y su osito. Y un montón de tiras (no necesariamente chistes) en las que no aparecen los personajes recurrentes y en las que Liniers hace gala de su impactante estilo gráfico y de su capacidad para generar ideas, reflexiones y –a veces- sonrisas. Esta es la tira no de un humorista, sino de un visionario, y me parece que lo que la hace atractiva es precisamente eso, la visión que tiene Liniers de la vida, la óptica (a veces alucinada y a veces muy prosaica) que utiliza para mirar y el talento que pela para mostrar. E incluso para sugerir.
Macanudo ya lleva más de 10 años en la contratapa de La Nación. Son más de 3650 tiras, aparecidas TODOS LOS PUTOS DIAS y encima con un nivel promedio muy, muy alto. Alguna vez dije que el que inventó la frase “La Imaginación al Poder” había leído la Doom Patrol de Grant Morrison. Ahora cambio el discurso (al mejor estilo UCR) y digo que no, que el que acuñó esa frase seguro era un lector de Macanudo. Pocas veces la imaginación voló tanto y tan alto como en esta quijotada de Liniers, cada día más difícil de superar.

miércoles, 2 de marzo de 2011

02/ 03: MACANUDO Vol.8


Esos dias en los que me creo el Más Guacho Pija por postear textos nuevos en este blog todos los fuckin´días desde hace 14 meses, miro el sector de mi biblioteca donde tengo los libros de tiras diarias y enseguida bajo 136576 cambios. Man, Liniers en Macanudo lleva más de ocho años mandando tiras TODOS LOS PUTOS DIAS! ¿Sabés lo que debe ser eso? Al principio, una fiesta. Después, rutina. Y en un punto, un calvario. Está bien, Liniers se toma vacaciones, licencia por paternidad, etc. Y no dibuja cuando se va de viaje, sino que deja material adelantado. Pero… son más de ocho años, si no cumplió ya los nueve! Son más de 3000 días! ¿Cómo te queda el bocho después de imaginar y dibujar una tira durante 3000 días? Y además, ¿cuánto te cambia la vida en 3000 días? ¿Cuánto de lo que te copa hoy te va a copar dentro de 3000 días? La verdad es que dibujar una tira diaria es un sacerdocio heavy metal y aún los que las dibujan así nomás, con ideas chotas o afanadas y dibujos mediocres, se merecen algún tipo de reconocimiento, aunque más no sea por la constancia.
Liniers, además, se merece pasar a la historia, porque Macanudo es una cátedra de generosidad. Acá ves todos los dias a un tipo que AMA dibujar y que pela siempre y nunca se guarda nada. Las tiras te pueden causar gracia o no, los personajes te pueden interesar o no, pero no se puede discutir lo obvio: Liniers es un dibujante de un talento indescriptible, un tipo cuya comprensión del oficio excede por completo el medio en el que publica, los géneros en los que incursiona y los mercados en los que se comercializa su trabajo. No hay muchos dibujantes del nivel de Liniers, en general, en el mundo. Y mucho menos tipos de ese nivel que se banquen dibujar una tira todos los días. El sólo hecho de jugar con las viñetas, los marcos que dividen a unas de otras, sus formas y tamaños, ya lo pone a años luz del que va segundo. Un juego casi inevitable, porque cuando dibujás tan bien, los márgenes de las viñetas, el propio formato de la tira, te quedan chicos, no alcanzan para contener la fuerza de tu dibujo. Pero además Liniers juega con la secuencia y hasta con la no-secuencia, maneja una gama de personajes amplísima (que le permite saltar por géneros y estéticas distintas, una demostración de inteligencia, pero además de respeto por la inteligencia del lector), se mueve cómodo por distintos tipos de humor, e incluso abre una puerta por la que después se colaron varios: la del no-humor.
Muchas de las tiras de Macanudo (sobre todo en los últimos años) no pretenden ser cómicas. A veces son irónicas, a veces reflexivas, a veces tiernas, a veces intencionalmente incomprensibles, a veces bizarras, a veces pelotudas y –cada tanto- MUY graciosas. Liniers busca todo el tiempo nuevas cosas para hacer en la tira, nuevos universos por explorar, nuevos rumbos. Se resiste (vaya a saber por qué) a cohesionar su universo: cada personaje está en la suya y no se tocan ni se visitan, como sí sucede en otras tiras de protagonismo coral, como la de Rep, o Lucha Peluche. Y siempre, pero siempre, las ideas que encuentra Liniers terminan eclipsadas por la verdadera estrella de la tira, por el ancho de espadas, que es el dibujo.
Este recopilatorio incluye (creo que por primera vez) las tiras que se publicaron en una de las vacaciones de Liniers, los Macanudos Apócrifos, en los que otros autores prestan su talento para dibujar una tira cada uno hasta que vuelva el ídolo. Acá hay 17 invitados y quiero destacar a tres que son los que más me gustaron: Alberto Montt, Fernando Calvi y sobre todo El Bruno, que pela una de las cuatro o cinco mejores tiras del libro.
Y bueno, obviamente cuanto más leo Macanudo más quiero ver a Liniers mandarse una novela gráfica de la hiper-concha de Dios, que le parta el cráneo a los salames que no lo valoran, o que lo catalogan como un nene cheto que se hace el artista sensible para levantarse minitas de escuela secundaria. Probablemente eso no pase nunca, porque lo que sostiene al fenómeno Liniers (término que abarca las muestras, los shows con Kevin Johansen, las ilustraciones, los cortos animados y hasta la propia editorial que publica este libro) es Macanudo. Y Liniers lo sabe, no come vidrio. Así que nada, a seguir soñando con esa novela gráfica en la que este virtuoso del dibujo y de la vida pueda demostrar definitivamente que es uno de los historietistas más grossos que habitan hoy nuestro planeta.