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domingo, 31 de octubre de 2021
25 al 31 de OCTUBRE
Esta semana me tocó leer tres comics que se pueden catalogar como “de superhéroes”, todos dibujados en Argentina.
Il Futuro e´Adesso es el Vol.36 en la colección de novelas gráficas de 96 páginas de Cybersix realizadas en los ´90 para la editorial italiana Eura, por el equipo que encabezaban los inolvidables Carlos Trillo y Carlos Meglia. En esta entrega en particular, de Meglia apenas se ve el estilo: el dibujo en sí, salvo algún que otro fondo, es todo obra de Alejandro (o Enrique) Santana, que para este momento ya tenía un vasto dominio de la estética creada por el maestro quilmeño. Por ahí sin la magia y sin los saltos al vacío que cada tanto pegaba Meglia, pero con una notable comprensión de lo que el lector de Cybersix esperaba ver en cada viñeta.
Lo más interesante de este episodio es el guion de Trillo, compuesto en su mayoría por flashbacks. Buena parte de estas 96 páginas indagan más a fondo en tres momentos de la vida de Cybersix que se nos habían contado muy someramente en el origen de la heroína-vampiro-androide-transexual. La infancia junto a los otros chicos artificialmente creados por Von Reichter, la etapa en la que Cyber recién se apoderó de la identidad de Adrián Seidelman y lleva poco tiempo en la ciudad de Meridiana, y un momento posterior, de una Cyber/Adrián ya con veintipocos años, casi un prólogo a las primeras aventuras. Son secuencias de distintas extensiones, casi sin acción, muy jugadas a la introspección. Y Trillo remata la historia (basada en la memoria) con un encuentro entre la Cybersix adulta y el Lucas Amato amnésico, en un contrapunto muy inteligente. Y sin machaca. Creo que eso fue lo que más me gustó: me entretuve a lo largo de 96 páginas en las que prácticamente no hay acción, ni aventuras más “físicas”, ni peleas contra villanos. Casi un lujo que se dio Trillo en medio de la vorágine que impone una serie en la que la violencia siempre tuvo un rol preponderante.
Nos vamos a EEUU, año 2018, cuando Image recopila el segundo arco argumental de la serie regular de Kick-Ass, ya sin Dave Lisewzki en el rol principal, ahora a cargo de Patience Lee. Me falta el TPB con el arco en el que nos cuentan por qué Dave cuelga la máscara, pero no importa, ya lo conseguiré (acepto donaciones, también). Acá los encargados de mover la trama hacia adelante son el guionista Steve Niles y un dibujante de lujo: el rosarino Marcelo Frusín, que volvía a publicar en EEUU después de varios años de trabajo para Francia. El dibujo es fastuoso. Dinámico, explosivo, preciso, emotivo, con muchos menos fondos que los trabajos de Frusín para Francia y con el apoyo de un excelente coloreado a cargo de Sunny Gho, que entiende a la perfección qué es lo que tratan de hacer en cada viñeta el lápiz y la tinta de Marcelo. Faltan los animales, nada más, que es algo que pocos dibujantes ilustran tan bien como este crack rosarino.
El guion de Niles está estirado de una manera criminal. No sé cómo no se le cae la cara de vergüenza al diluir entre más de 150 páginas una trama que daba –con suerte- para 48. La premisa no tiene el menor dejo de originalidad (todo el tiempo sentí que estaba leyendo un Annual de Vigilante de los años ´80), y en todo caso lo interesante pasa por la construcción del personaje de Patience, y el desarrollo de un sub-plot que se arrastra a lo largo de los seis episodios a un ritmo lentísimo… y no se resuelve en el final del tomo. No me pego un corchazo solo porque el siguiente arco argumental también tiene dibujos de Frusín y colores de Gho, y eso me garantiza que voy a flashear con los dibujos aunque Niles me vuelva a estafar contando en miles de páginas una historia que se podría resumir en muchas menos. Banco la jugada de poner a un nuevo personaje bajo la capucha de Kick-Ass y no dudo del potencial de Patience, pero déjense de joder y cuenten la historia a un ritmo más parecido al que utiizaba Mark Millar en las miniseries originales.
Termino la recorrida en Argentina, con el Vol.5 de Manta, una nueva entrega en la ambiciosa saga creada por Martín Mazzeo y Jonathan Crenovich. Un buen episodio, en el que pasan unas cuantas cosas importantes y la trama avanza como tiene que avanzar. Incluso hay espacio para buenos diálogos, para profundizar el desarrollo de Santiago, Manuka, Mirko, Paula y el que hasta ahora es el principal villano. Lo único choto es que no se entiende nada (pero NADA) si no tenés muy presente lo que pasó en las entregas anteriores. Manta está escrito como un libro en ocho fetas, y acá arranca la segunda mitad, sin concesiones, sin recapitular ni explicitar nada de lo que vimos en la primera mitad.
El dibujo de Nicolás Brondo está muy bien, muy sólido, con un gran trabajo en los fondos, rostros expresivos y un buen manejo del timing para narrar tanto escenas de acción como secuencias en las que solo hay diálogos o silencios. En un momento del librito, Santiago tiene una alucinación (producto de una sustancia que se inyecta) y los guionistas nos la muestran en una secuencia muda de cuatro páginas, dibujadas de modo bellísimo por Quique Alcatena. A los efectos del relato, esas cuatro páginas podrían tranquilamente no estar, pero los dibujos de Quique están tan buenos que se ganan nuestra ovación. Manta sigue su avance a paso firme, sin descuidar el misterio, la trama política, los vínculos entre los personajes… La verdad que es una serie muy, pero muy interesante y vale la pena coleccionarla desde el Vol.1 para entender todo y engancharse rumbo a la recta final.
Y hablando de final, esto es todo por hoy. Gracias y hasta el finde que viene.
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lunes, 6 de enero de 2020
LUNES DE GEMAS
¡A la mierda! Tenía colgada L´Expedition desde 16/05/15!
Casi cinco años de pausa entre el Vol.2 y este Vol.3 (editado en 2017) que me
leí anoche y disfruté a lo pavote.
Este es un tomo rarísimo de la serie de Richard Marazano y
Marcelo Frusín, porque básicamente no hay acción. Fuera de una secuencia de
cuatro páginas en la que pasa lo mismo que en la portada del álbum, acá tenemos
54 páginas de rosca, diálogos, conjuras, silencios, tiempos muertos, en los que
los personajes esperan que pase algo y que Marazano aprovecha para hacerlos
hablar un montón entre ellos y sobre todo para profundizar en las
personalidades de cada uno. Por supuesto el capo, el ídolo, el poronga, es
Marcus Livius. De él depende que la trama de L´Expedition avance o se empantane,
a tal punto que de los dos años que pasa en coma, Marazano nos muestra apenas
un puñadito de momentos, en flashbacks que alguien le narra al propio Marcus
Livius. Así que la clave de este tercer (y anteúltimo) tomo es esa: tener
paciencia, dejarse atrapar por la red que teje Marazano, por el clima que se
enrarece a medida que los hombres que siguen vivos y leales a Marcus se
empiezan a impacientar, a dudar de su líder, a verlo más como un… enajenado que
como un amigo. Veremos cómo resuelve todo esto el guionista en un Vol.4 que
todavía no tiene fecha de salida en Francia.
Mientras tanto, nos espera una fiesta, que son 54 páginas
dibujadas por Marcelo Frusín a un nivel tremendo, arrollador. El rosarino
divide casi todas las páginas en tres tiras, como si estuviera trabajando para
EEUU, y despliega la acción (escasa, pero bueno) en no más de siete viñetas
grandes, en las que el dibujo y el color se lucen enormemente. Hay un trabajo
impresionante en los climas, en las secuencias mudas, en ponerle onda y
dinamismo a las escenas en las que sólo vemos gente hablando, la única
secuencia realmente trepidante (la lucha de Marcus Livius contra el león) te
quita el aliento, la reconstrucción de época es perfecta y –como siempre-
Frusín saca una ventaja irremontable cuando dibuja animales. Ya desde la tapa
te aniquila con ese león y adentro te tira fatalities con serpientes, panteras
y elefantes que no te vas a poder olvidar nunca.
Este es el momento en que la aventura a todo o nada se
toma un respiro para que crezca una trama de ambición, poder y locura que
seguramente va a detonar un final impactante e impredecible para esta maravillosa
serie que –a paso lento- está haciendo historia, por su vuelo, su profundidad y
por lo mucho que se juega a no parecerse a otras 700 sagas de aventuras con
ambientación histórica que pululan por el mercado francés. Quiero ya el Vol.4.
Me vengo a Uruguay, año 2019, cuando sale Diskettes, una
novela gráfica a todo color a cargo de los mismos autores de Rincón de la Bolsa
(ver reseña del 26/12/16). Esto tiene un sólo problema: los sellos Ninfa y Loco
Rabia publican un libro de 128 páginas de las cuales sólo 100 están ocupadas
por la novela de Nicolás Peruzzo y Gabriel Serra. Las otras 28 páginas (por las
que uno paga, y a las que tiene que ”alojar” en su biblioteca) son la nada
misma, la interminable sucesión de carátulas, prólogo, bocetitos, páginas en
blanco… No sé de dónde sale esa pésima costumbre, que se ve poco en los libros
de manga, o de comic europeo, y un poco más en los de mainstream yanki. Pero
aflojen con ese vicio, posta. No suma nada, encarece los libros al pedo, hace
que ocupen más lugar, que pesen más…
Lo bueno es que Diskettes es una gran novela gráfica.
Tiene excelentes diálogos, una excelente construcción de los tres
protagonistas, un gran aprovechamiento de la época en que está ambientada
(principios de los ´80, en las postrimerías de la última dictadura militar que
padecieron los hermanos uruguayos), tiene un elenco de secundarios
laburadísimo, la trama ofrece volantazos impredecibles que no sólo agregan
impacto, sino que le sirven a Peruzzo para hacer crecer el espesor dramático de
lo que narra, varios personajes que parecen estar de relleno cobran relevancia
en algún momento y le aportan muchísimo a la trama, nunca se rompe el verosímil…
La verdad que no son pocos los guionistas que aceptarían torturar a sus hijos
con tal de escribir una obra tan redonda como la que nos ofrece Peruzzo en
Diskettes.
Esta es una historia de afectos, de solidaridad, de ambición,
de intriga, en la que lo más importante es que el lector se sienta partícipe
del sueño, de las frustraciones, de los riesgos, los miedos y la forma en que
Antonio, Diego y Roberto se vinculan entre sí, con el entorno de una empresa (de
nuevo Peruzzo se florea en un viaje al interior de una empresa uruguaya) y con
sus respectivos entornos personales. Y para eso es fundamental que el dibujo
sea claro, creíble, que nos ayude a distinguir de una a todos los personajes que
desfilan por la novela. En esos y en varios rubros más, la labor de Serra es muy,
muy notable. Con un trazo que de a poco se va despegando de Matías Bergara y Rafael
Albuquerque, y con un gran manejo de la mancha negra y del color, acá Serra
avanza varios casilleros respecto de sus trabajos anteriores. Banco a muerte a
esta dupla, obviamente.
Y nada más, por hoy. Si están de vacaciones, aprovechen
para leer muchos comics, o repasen reseñas viejas, hasta que yo vuelva a postear
nuevas, acá en el blog.
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sábado, 16 de mayo de 2015
16/ 05: L´EXPEDITION Vol.2
Pasaron más de dos años desde que Richard Marazano y Marcelo Frusín me impactaran con la primera parte de esta serie y ahora me vuelven a impactar, porque la trama pega un giro totalmente inesperado, que cambia todo. Casi hasta cambia de género.
Para no repetir boludeces, te propongo que dejes de leer este texto acá, leas primero la reseña del Vol.1 (publicada el 16/02/13), y después vuelvas. ¿Ya está? Bien.
En aquel momento, yo definía a L´Expedition como “una especie de peplum con elementos fantásticos, hasta ahora sólo insinuados” y acá el amigo Marazano me pone en ridículo, porque nada de eso es así. A ver… sí, los personajes principales siguen siendo los legionarios romanos, pero con el correr de las páginas eso se desenfatiza muchísimo. Mucho antes de la mitad del tomo, ya no importa mucho para qué imperio peleaban Marcus Livius y sus hombres. Los elementos fantásticos apenas insinuados en el Vol.1 acá brillan por su ausencia: este álbum tiene una impronta mucho más realista, más sombría. La historia no pasa (como uno sospechaba) por las maravillas que descubren los romanos en su expedición por el corazón de Africa. Ni siquiera pasa por los combates contra fieras salvajes que ellos nunca habían visto y que consideraban parte de relatos fantásticos pergeñados por los nativos.
Acá sucede algo muy jodido (no lo quiero spoilear, porque es un libro reciente, aparecido en Francia en Septiembre del año pasado) que interrumpe el viaje de los romanos por este continente misterioso. Y los que venían muy cancheros, a conquistar giles y chorearles las riquezas, terminan por enfrentar la ordalía de sus vidas. Livius y los suyos deberán luchar por la supervivencia como nunca antes y experimentarán en carne propia el yugo, el látigo, la anulación total de sus voluntades. Por supuesto, Marazano no se pierde la oportunidad de hacer todavía más espeso el clima, y la situación ya de por sí muy complicada se termina de tensar con la sedición, la rosca interna entre los hombres de Livius que –al filo de la desesperación- van a empezar a buscar alternativas menos convencionales y moralmente más cuestionables. La línea entre buenos y malos, que ya era borrosa en el Vol.1, acá es prácticamente imperceptible.
El desenlace será apoteótico: habrá muerte, sangre, rebeliones, sumisiones, más roscas y –finalmente- algún atisbo de misterio más o menos sobrenatural, que por supuesto queda pendiente para el Vol.3. Otra vez, el guacho de Marazano cierra el episodio en un momento crucial, definitivo, donde el continuará duele como duelen los huevos después de tres horas franeleando con una mina que no entrega. Pero sabe que vamos a volver. Esto está demasiado interesante como para colgar acá. El desarrollo de los personajes, el cambio de ritmo que permite profundizar, lo impredecible de los giros argumentales, la premisa del Vol.1, que quizás recupere peso más adelante… todo está pensado para que uno se fume mansito los dos años que faltan para leer el Vol.3 y lo compre el día que salga, sin chistar.
Un gran porcentaje de esos méritos le corresponden a Marcelo Frusín, que mantiene el altísimo nivel de dibujo que exhibiera en el Vol.1. Las páginas 2 y 3 son las más impactantes porque, claro, son las que tienen animales y Frusín es uno de los mejores dibujantes de animales que hay hoy en la historieta mundial. Después, cuando los humanos monopolizan las salvajadas, tampoco faltarán las escenas zarpadísimas, los fondos fastuosos, las iluminaciones extremas, las expresiones faciales fuertes (algunas logradas con una técnica gráfica distinta a la del resto del álbum, que le queda muy bien) y unas coreografías brillantes para los combates. Todo eso, además, realzado por el propio Frusín desde el color, que está perfectamente pensado para acompañar los climas que propone el guión.
Esto no se ve ni por accidente como la típica aventura francesa de ambientación histórica. Como en el Vol.1, Frusín aprovecha que el guión avanza a un ritmo más descomprimido y mete pocos cuadros por página, en los que se luce a full y puede asombrar (a los franceses) con muchos de los recursos que adquirió en sus años de producción para EEUU. Un trabajo realmente consagratorio para este maestro rosarino, al que –por esas injusticias del universo- en Argentina se conoce poco.
Recomiendo vehemente L´Expedition, una de las series 100% fundamentales que tiene hoy el mercado europeo. Y espero ansioso (por no decir al palo) el Vol.3.
Para no repetir boludeces, te propongo que dejes de leer este texto acá, leas primero la reseña del Vol.1 (publicada el 16/02/13), y después vuelvas. ¿Ya está? Bien.
En aquel momento, yo definía a L´Expedition como “una especie de peplum con elementos fantásticos, hasta ahora sólo insinuados” y acá el amigo Marazano me pone en ridículo, porque nada de eso es así. A ver… sí, los personajes principales siguen siendo los legionarios romanos, pero con el correr de las páginas eso se desenfatiza muchísimo. Mucho antes de la mitad del tomo, ya no importa mucho para qué imperio peleaban Marcus Livius y sus hombres. Los elementos fantásticos apenas insinuados en el Vol.1 acá brillan por su ausencia: este álbum tiene una impronta mucho más realista, más sombría. La historia no pasa (como uno sospechaba) por las maravillas que descubren los romanos en su expedición por el corazón de Africa. Ni siquiera pasa por los combates contra fieras salvajes que ellos nunca habían visto y que consideraban parte de relatos fantásticos pergeñados por los nativos.
Acá sucede algo muy jodido (no lo quiero spoilear, porque es un libro reciente, aparecido en Francia en Septiembre del año pasado) que interrumpe el viaje de los romanos por este continente misterioso. Y los que venían muy cancheros, a conquistar giles y chorearles las riquezas, terminan por enfrentar la ordalía de sus vidas. Livius y los suyos deberán luchar por la supervivencia como nunca antes y experimentarán en carne propia el yugo, el látigo, la anulación total de sus voluntades. Por supuesto, Marazano no se pierde la oportunidad de hacer todavía más espeso el clima, y la situación ya de por sí muy complicada se termina de tensar con la sedición, la rosca interna entre los hombres de Livius que –al filo de la desesperación- van a empezar a buscar alternativas menos convencionales y moralmente más cuestionables. La línea entre buenos y malos, que ya era borrosa en el Vol.1, acá es prácticamente imperceptible.
El desenlace será apoteótico: habrá muerte, sangre, rebeliones, sumisiones, más roscas y –finalmente- algún atisbo de misterio más o menos sobrenatural, que por supuesto queda pendiente para el Vol.3. Otra vez, el guacho de Marazano cierra el episodio en un momento crucial, definitivo, donde el continuará duele como duelen los huevos después de tres horas franeleando con una mina que no entrega. Pero sabe que vamos a volver. Esto está demasiado interesante como para colgar acá. El desarrollo de los personajes, el cambio de ritmo que permite profundizar, lo impredecible de los giros argumentales, la premisa del Vol.1, que quizás recupere peso más adelante… todo está pensado para que uno se fume mansito los dos años que faltan para leer el Vol.3 y lo compre el día que salga, sin chistar.
Un gran porcentaje de esos méritos le corresponden a Marcelo Frusín, que mantiene el altísimo nivel de dibujo que exhibiera en el Vol.1. Las páginas 2 y 3 son las más impactantes porque, claro, son las que tienen animales y Frusín es uno de los mejores dibujantes de animales que hay hoy en la historieta mundial. Después, cuando los humanos monopolizan las salvajadas, tampoco faltarán las escenas zarpadísimas, los fondos fastuosos, las iluminaciones extremas, las expresiones faciales fuertes (algunas logradas con una técnica gráfica distinta a la del resto del álbum, que le queda muy bien) y unas coreografías brillantes para los combates. Todo eso, además, realzado por el propio Frusín desde el color, que está perfectamente pensado para acompañar los climas que propone el guión.
Esto no se ve ni por accidente como la típica aventura francesa de ambientación histórica. Como en el Vol.1, Frusín aprovecha que el guión avanza a un ritmo más descomprimido y mete pocos cuadros por página, en los que se luce a full y puede asombrar (a los franceses) con muchos de los recursos que adquirió en sus años de producción para EEUU. Un trabajo realmente consagratorio para este maestro rosarino, al que –por esas injusticias del universo- en Argentina se conoce poco.
Recomiendo vehemente L´Expedition, una de las series 100% fundamentales que tiene hoy el mercado europeo. Y espero ansioso (por no decir al palo) el Vol.3.
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domingo, 8 de marzo de 2015
08/ 03: LOVELESS Vol.2
Segundo tomo de esta serie y ahora sí, empieza a estar más claro por qué, a pesar de la jerarquía de sus autores, no logró pasar la marca de los 24 episodios. Lo mejor de este tomo (creo que de los dos tomos que leí hasta ahora) son los tres unitarios con los que arranca el Vol.2. El primero es brillante y está protagonizado por Atticus Mann, el ex-esclavo negro convertido en cazador de recompensas. Si sospechabas (como yo) que el rol de este personaje podía crecer hasta convertirse en fundamental para el desarrollo de Loveless, acá Brian Azzarello te da la razón y le inyecta al personaje toda la onda y la complejidad necesaria para que ese crecimiento sea sustentable a lo largo de los episodios.
El segundo unitario se centra en Ruth, la mujer de Wes Cutter. Es otro desafío para Azzarello, porque en todo el episodio no hay tiros ni piñas. Son, básicamente, mujeres hablando. De la Guerra, de sus maridos, de sus anhelos… y también hay unas pinceladas más para Jonny, el hermano de Wes, que al principio pintaba para villano y pareciera cumplir un rol más ambiguo. El tercer unitario también, es una charla tranqui entre Wes y Trotter, el hombre que lo nombró sheriff de Blackwater. Pero acá sí, Azzarello mete varios flashbacks bien shockeantes, con tiros, persecuciones y explosiones, ambientados en la época de la Guerra. No está al nivel de los otros dos, pero se la banca muy bien.
Y nos queda un arco argumental de cuatro episodios bastante piantavotos: hay demasiados personajes, todos hablan mucho y los conflictos se definen de forma bastante etérea. El primer tramo enfatiza el rol de villanos de Boyd y su banda (responsables de matar y colgar de los árboles a familias enteras de negros) pero después aparece un nuevo asesino, Punch, que juega más de keruza y es potencialmente más peligroso. En el medio hay muchas persecuciones, emboscadas, intentos de boletear a Boyd, charlas, roscas y conjuras entre los pobladores de Blackwater para sacarse de encima a Wes, más flashbacks jodidos a la época en la que Ruth se quedó sola… y nada termina de impactar. Es como un rompecabezas en el que las piezas están buenas, pero no terminan de encajar. El accionar del propio Wes es tan liviano, tiene tan poco peso en lo que sucede, que no se termina de entender.
Por suerte, cuando lo que pasa no te interesa, Azzarello te ensarta con el cómo sucede. Narra secuencias en paralelo, combina los diálogos con imágenes que no corresponden a esa escena pero que terminan por vincularse en ese juego entre texto y dibujo que Alan Moore le enseñó a todos, calza los flashbacks donde más duelen y te acribilla con los diálogos. O sea que incluso este arco medio endeble se hace sumamente llevadero. Y los unitarios, más focalizados, con más fuerza argumental, son exquisitos.
Un detalle no menor es que esos tres unitarios están dibujados por el prócer croata Danijel Zezelj, quien ya había colaborado con Azzarello en el electrizante western El Diablo (ver reseña del 06/07/10). Una vez más, el croata detona su devastador arsenal de recursos para elevar el claroscuro a una potencia brecciana y, si bien se zarpa un toque en la política de “no te dibujo un fondo”, pela unas páginas impresionantes, desbordantes de expresionismo y de emoción, con un gran manejo de la acción y unos caballos majestuosos, todo muy bien complementado por la paleta de Patricia Mulvihill.
Después tenemos unas cuantas páginas de Marcelo Frusín (que pintaba para titular pero apenas llegó a dibujar siete episodios), también a un gran nivel, con momentos de una oscuridad casi mignolesca y un gran trabajo en las expresiones faciales. Pero el rosarino cuelga los guantes a la mitad del arquito y se va para no volver. Este es (por ahora) su último aporte al sello Vertigo. Entra del banco de suplentes el italiano Werther Dell´Edera, un dibujante más tranqui, con mucha menos personalidad que Frusín, una especie de Giuseppe Camuncoli con poca onda. Dell´Edera conserva esa impronta gráfica basada en el claroscuro, pero tiene un trazo más finito, menos plasticidad en los cuerpos y se zarpa mucho menos a la hora de graficar la violencia y las atrocidades que imagina Azzarello para los personajes.
O sea que sobre siete episodios, tenemos cinco dibujados como la San Puta y los dos últimos, bastante por debajo. Lo peor es que este dibujante “menor” será el titular en la segunda mitad de la serie, que está toda recopilada en el Vol.3. Prometo entrarle pronto. Mientras tanto, si sos fan a muerte de Zezelj y rastreás por cielo y tierra sus trabajos, acá tenés más de 60 páginas del ídolo realmente gloriosas. Y si seguís a todas partes a Frusín, acá están sus últimas 44 páginas publicadas en Vertigo. ¡Buena cacería!
El segundo unitario se centra en Ruth, la mujer de Wes Cutter. Es otro desafío para Azzarello, porque en todo el episodio no hay tiros ni piñas. Son, básicamente, mujeres hablando. De la Guerra, de sus maridos, de sus anhelos… y también hay unas pinceladas más para Jonny, el hermano de Wes, que al principio pintaba para villano y pareciera cumplir un rol más ambiguo. El tercer unitario también, es una charla tranqui entre Wes y Trotter, el hombre que lo nombró sheriff de Blackwater. Pero acá sí, Azzarello mete varios flashbacks bien shockeantes, con tiros, persecuciones y explosiones, ambientados en la época de la Guerra. No está al nivel de los otros dos, pero se la banca muy bien.
Y nos queda un arco argumental de cuatro episodios bastante piantavotos: hay demasiados personajes, todos hablan mucho y los conflictos se definen de forma bastante etérea. El primer tramo enfatiza el rol de villanos de Boyd y su banda (responsables de matar y colgar de los árboles a familias enteras de negros) pero después aparece un nuevo asesino, Punch, que juega más de keruza y es potencialmente más peligroso. En el medio hay muchas persecuciones, emboscadas, intentos de boletear a Boyd, charlas, roscas y conjuras entre los pobladores de Blackwater para sacarse de encima a Wes, más flashbacks jodidos a la época en la que Ruth se quedó sola… y nada termina de impactar. Es como un rompecabezas en el que las piezas están buenas, pero no terminan de encajar. El accionar del propio Wes es tan liviano, tiene tan poco peso en lo que sucede, que no se termina de entender.
Por suerte, cuando lo que pasa no te interesa, Azzarello te ensarta con el cómo sucede. Narra secuencias en paralelo, combina los diálogos con imágenes que no corresponden a esa escena pero que terminan por vincularse en ese juego entre texto y dibujo que Alan Moore le enseñó a todos, calza los flashbacks donde más duelen y te acribilla con los diálogos. O sea que incluso este arco medio endeble se hace sumamente llevadero. Y los unitarios, más focalizados, con más fuerza argumental, son exquisitos.
Un detalle no menor es que esos tres unitarios están dibujados por el prócer croata Danijel Zezelj, quien ya había colaborado con Azzarello en el electrizante western El Diablo (ver reseña del 06/07/10). Una vez más, el croata detona su devastador arsenal de recursos para elevar el claroscuro a una potencia brecciana y, si bien se zarpa un toque en la política de “no te dibujo un fondo”, pela unas páginas impresionantes, desbordantes de expresionismo y de emoción, con un gran manejo de la acción y unos caballos majestuosos, todo muy bien complementado por la paleta de Patricia Mulvihill.
Después tenemos unas cuantas páginas de Marcelo Frusín (que pintaba para titular pero apenas llegó a dibujar siete episodios), también a un gran nivel, con momentos de una oscuridad casi mignolesca y un gran trabajo en las expresiones faciales. Pero el rosarino cuelga los guantes a la mitad del arquito y se va para no volver. Este es (por ahora) su último aporte al sello Vertigo. Entra del banco de suplentes el italiano Werther Dell´Edera, un dibujante más tranqui, con mucha menos personalidad que Frusín, una especie de Giuseppe Camuncoli con poca onda. Dell´Edera conserva esa impronta gráfica basada en el claroscuro, pero tiene un trazo más finito, menos plasticidad en los cuerpos y se zarpa mucho menos a la hora de graficar la violencia y las atrocidades que imagina Azzarello para los personajes.
O sea que sobre siete episodios, tenemos cinco dibujados como la San Puta y los dos últimos, bastante por debajo. Lo peor es que este dibujante “menor” será el titular en la segunda mitad de la serie, que está toda recopilada en el Vol.3. Prometo entrarle pronto. Mientras tanto, si sos fan a muerte de Zezelj y rastreás por cielo y tierra sus trabajos, acá tenés más de 60 páginas del ídolo realmente gloriosas. Y si seguís a todas partes a Frusín, acá están sus últimas 44 páginas publicadas en Vertigo. ¡Buena cacería!
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domingo, 1 de marzo de 2015
01/ 03: LOVELESS Vol.1
Las ventas de la Distri durante Febrero fueron bastante insignificantes, con lo cual no da para armar un ranking más o menos serio. Haremos un Febrero + Marzo más adelante, y aprovechamos la entrada de hoy para avanzar con las reseñas.
Esta es una serie de Vertigo a la que le fue bastante mal y terminó cancelada luego de apenas 24 episodios. Una pena, porque en todo momento se nota que Brian Azzarello estaba colocando los cimientos de algo grande, algo ambicioso, probablemente pensada (como American Vampire) para abarcar muchas décadas en la historia de los EEUU. Por ahora, este primer TPB (el único tramo de Loveless que había leído en su momento en revistitas) se queda todo el tiempo en el mismo momento, un par de años después del fin de la Guerra de Secesión. Felizmente, esa etapa histórica nutre a Azzarello de una buena variedad de conflictos, como para tejer una primera parte de la historia rica en tensiones, aunque por ahí con poca acción.
Este tramo se centra en Wes Cutter, un tipo duro y honesto que peleó en la guerra para el Sur, y tras la derrota, se decide a regresar al pueblito de Blackwater, donde se va a encontrar con las cosas muy cambiadas. Cutter va a tener que lidiar no sólo con haber perdido la guerra, sino con haber perdido a su mujer, haberse distanciado de su hermano (que pinta para ser un villano importante) y tener su tierra ocupada por el ejército vencedor, que no ve con buenos ojos su regreso a Blackwater. Igual, algo va a inventar para quedarse en el pueblo y empezar a saldar cuentas que le quedaron pendientes.
O sea que está todo dado para que se genere un lindo clima de rosca política, sumado a un drama familiar, una historia de amor, las secuelas de las atrocidades cometidas por uno y otro bando durante la guerra, y un tema con mucho peso en el EEUU de aquellos años: la reciente libertad de los esclavos negros, que ahora buscan insertarse en una sociedad que (sobre todo en el Sur) no está muy conforme con el nuevo status quo. Uno de estos ex-esclavos, Atticus, está muy bien desarrollado por Azzarello y también amenaza con convertirse en un personaje relevante en el contexto global de la saga.
¿Por qué no me sorprende que Loveless no haya sido un hitazo a la par de 100 Bullets, por ejemplo? Porque me parece que arranca a un ritmo demasiado pachorro, le falta impacto. Azzarello muestra un par de escenas jodidas en las primeras páginas, pero no se explica sino hasta mucho después en qué afectan a los personajes principales. Y además hay muchísimos personajes, demasiados. Enseguida cobra preponderancia Wes Cutter, pero a su alrededor se aglutina un elenco de secundarios muy nutrido, y son pocos aquellos en los que Azzarello llega a profundizar. El resto se convierte en un cúmulo de Juan Carlos Nadie con los que el lector nunca logra empatizar y apenas si alcanza a diferenciarlos entre sí. Obviamente eso se puede corregir sin necesidad de hacer milagros a lo largo de los futuros episodios, pero me imagino que, en el momento del mes-a-mes, debe haber ahuyentado a más de un lector.
Lo que, por el contrario, funciona como un gancho irresistible, es el dibujo del maestro rosarino Marcelo Frusín, que ya había formado dupla con Azzarello en unos cuantos episodios de Hellblazer. Como todo comic ambientado en las agrestes planicies cuasi-rurales del EEUU del Siglo XIX, Loveless le brinda a Frusín la posibilidad de dibujar muchos espacios abiertos y pocos fondos. Por eso, en las exiguas escenas en las que la acción se traslada a las callecitas de Blackwater o al interior de algún edificio, el dibujante deja la vida en cada fondo. Siempre subrayo la cuota extra de virtuosismo que pela Frusín cada vez que tiene que dibujar animales, y acá me encontré con caballos y perros gloriosos. Quiero más bichos en los próximos tomos. Pero lo más notable es lo que hace Marcelo a la hora de crear climas (apoyado por el color de Patricia Mulvihill) y sobre todo a la hora de plantear juegos narrativos que tienen que ver con cosas que suceden fuera de cuadro, con la elección de ángulos para sorprender al lector, con la integración de los flashbacks a las viñetas del presente, o con el armado de montajes paralelos como el de las primeras dos páginas del quinto episodio. Frusín no se va a quedar hasta el final de Loveless, pero en este primer tramo no falta nunca y deja todo.
Por temática, por ambientación, incluso por el tono, entiendo que Loveless pueda no ser una lectura prioritaria para el típico fan de Vertigo. Pero si sos fan de Azzarello o de Frusín, te la recomiendo igual, porque acá los dos animalitos salieron a dar lo mejor, a innovar y a meterse con temas que la historieta (especialmente ell mainstream yanki) rara vez aborda.
Esta es una serie de Vertigo a la que le fue bastante mal y terminó cancelada luego de apenas 24 episodios. Una pena, porque en todo momento se nota que Brian Azzarello estaba colocando los cimientos de algo grande, algo ambicioso, probablemente pensada (como American Vampire) para abarcar muchas décadas en la historia de los EEUU. Por ahora, este primer TPB (el único tramo de Loveless que había leído en su momento en revistitas) se queda todo el tiempo en el mismo momento, un par de años después del fin de la Guerra de Secesión. Felizmente, esa etapa histórica nutre a Azzarello de una buena variedad de conflictos, como para tejer una primera parte de la historia rica en tensiones, aunque por ahí con poca acción.
Este tramo se centra en Wes Cutter, un tipo duro y honesto que peleó en la guerra para el Sur, y tras la derrota, se decide a regresar al pueblito de Blackwater, donde se va a encontrar con las cosas muy cambiadas. Cutter va a tener que lidiar no sólo con haber perdido la guerra, sino con haber perdido a su mujer, haberse distanciado de su hermano (que pinta para ser un villano importante) y tener su tierra ocupada por el ejército vencedor, que no ve con buenos ojos su regreso a Blackwater. Igual, algo va a inventar para quedarse en el pueblo y empezar a saldar cuentas que le quedaron pendientes.
O sea que está todo dado para que se genere un lindo clima de rosca política, sumado a un drama familiar, una historia de amor, las secuelas de las atrocidades cometidas por uno y otro bando durante la guerra, y un tema con mucho peso en el EEUU de aquellos años: la reciente libertad de los esclavos negros, que ahora buscan insertarse en una sociedad que (sobre todo en el Sur) no está muy conforme con el nuevo status quo. Uno de estos ex-esclavos, Atticus, está muy bien desarrollado por Azzarello y también amenaza con convertirse en un personaje relevante en el contexto global de la saga.
¿Por qué no me sorprende que Loveless no haya sido un hitazo a la par de 100 Bullets, por ejemplo? Porque me parece que arranca a un ritmo demasiado pachorro, le falta impacto. Azzarello muestra un par de escenas jodidas en las primeras páginas, pero no se explica sino hasta mucho después en qué afectan a los personajes principales. Y además hay muchísimos personajes, demasiados. Enseguida cobra preponderancia Wes Cutter, pero a su alrededor se aglutina un elenco de secundarios muy nutrido, y son pocos aquellos en los que Azzarello llega a profundizar. El resto se convierte en un cúmulo de Juan Carlos Nadie con los que el lector nunca logra empatizar y apenas si alcanza a diferenciarlos entre sí. Obviamente eso se puede corregir sin necesidad de hacer milagros a lo largo de los futuros episodios, pero me imagino que, en el momento del mes-a-mes, debe haber ahuyentado a más de un lector.
Lo que, por el contrario, funciona como un gancho irresistible, es el dibujo del maestro rosarino Marcelo Frusín, que ya había formado dupla con Azzarello en unos cuantos episodios de Hellblazer. Como todo comic ambientado en las agrestes planicies cuasi-rurales del EEUU del Siglo XIX, Loveless le brinda a Frusín la posibilidad de dibujar muchos espacios abiertos y pocos fondos. Por eso, en las exiguas escenas en las que la acción se traslada a las callecitas de Blackwater o al interior de algún edificio, el dibujante deja la vida en cada fondo. Siempre subrayo la cuota extra de virtuosismo que pela Frusín cada vez que tiene que dibujar animales, y acá me encontré con caballos y perros gloriosos. Quiero más bichos en los próximos tomos. Pero lo más notable es lo que hace Marcelo a la hora de crear climas (apoyado por el color de Patricia Mulvihill) y sobre todo a la hora de plantear juegos narrativos que tienen que ver con cosas que suceden fuera de cuadro, con la elección de ángulos para sorprender al lector, con la integración de los flashbacks a las viñetas del presente, o con el armado de montajes paralelos como el de las primeras dos páginas del quinto episodio. Frusín no se va a quedar hasta el final de Loveless, pero en este primer tramo no falta nunca y deja todo.
Por temática, por ambientación, incluso por el tono, entiendo que Loveless pueda no ser una lectura prioritaria para el típico fan de Vertigo. Pero si sos fan de Azzarello o de Frusín, te la recomiendo igual, porque acá los dos animalitos salieron a dar lo mejor, a innovar y a meterse con temas que la historieta (especialmente ell mainstream yanki) rara vez aborda.
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sábado, 16 de febrero de 2013
16/ 02: L´EXPEDITION Vol.1
El rosarino Marcelo Frusín es el abanderado, el referente indiscutido, de algo que no debería existir: los dibujantes argentinos con muchísima trayectoria, gran producción e indiscutido talento, pero con cero obras publicadas en nuestro país. Preguntale a cualquiera de los chicos argentos que trabajan para Marvel, DC, Dark Horse, Avatar o la que sea, y todos te van a decir lo mismo: “Frusín, el más grosso”. Con 45 años ya cumplidos y miles de páginas publicadas en editoriales de primera línea, Marcelo sigue inexplicablemente inédito en Argentina. Acá vimos algunos trabajos que realizó en su etapa de asistente de Eduardo Risso, pero llevan la firma de Risso, no de Frusín. Con lo cual este monstruo del Noveno Arte es una especie de secreto cuya existencia conocemos sólo los iniciados, mientras miles de fans de la historieta argentina ni saben que existe. Injusticia absoluta rayana en el disparate, aunque al rosarino eso le importe poco.
Después de muchos años de batallar en el sello Vertigo, hace un tiempo Frusín aceptó una oferta de la editorial Dargaud para sumarse al mercado del álbum francés. El resultado es L´Expedition, una serie cuyo primer tomo (aparecido en 2012) causó conmoción y arrasó en las librerías francófonas. La propuesta tenía todo para ganar: L´Expedition es una aventura ambiciosa con ambientación histórica (ancho de espadas entre los comiqueros franceses), escrita por Richard Marazano, uno de los guionistas de moda, un pulpo que escribe 8.000 series por mes y con todas le va bien, y dibujada por Frusín a un nivel que te deja estupefacto. No sé si la coloreó él mismo, pero el color también, está más allá de lo verosímil.
La trama arranca bien de atrás, sin apuro por llegar a los momentos más impactantes. Los personajes y la dirección se construyen de a poco, en diálogos en los que Marazano tira mucha data sin aburrir. Con el correr de las páginas, terminamos por entender perfectamente al enigmático Marcus Livius y su férrea (casi demencial) determinación por descubrir de dónde salió ese hombre tatuado y cubierto en joyas extrañas que apareció un día, flotando en un barquito en las aguas de una Tebas ocupada por el Imperio Romano. Livius se rodeará de mercenarios codiciosos y pendencieros y emprenderá la búsqueda de esa civilización desconocida y aparentemente poseedora de increíbles tesoros. Por ahora, lo veremos padecer el calor de los desiertos, la voracidad de las fieras y la persistencia inclemente de fantasmas del pasado, de cagadas que se mandó y que la vida le cobró caras. El Vol.1 termina en un momento tremendo, con una secuencia fundamental para la trama, y te deja prendido fuego, pidiendo a gritos el Vol.2. Maligno pero válido, el recurso al que apela Marazano para que uno se haga adicto a la serie.
Frusín, mientras tanto, pelará el mejor trabajo de su carrera. Como se nota que Marazano no tiene apuro, el rosarino se encuentra con la libertad de dibujar pocas viñetas por página (casi no hay páginas con más de seis), lo que le permite repetir y refinar los trucos de narrativa que tan bien le salían cuando laburaba en Vertigo. El trabajo del color, que imita la pincelada del color directo, le da al dibujo de Marcelo una impronta más personal, más alejada de la de Risso. Los personajes, que en principio son todos chabones grandotes con cara de pesados, tienen cada uno sus rasgos distintivos. Y los animales... ma-mita! No hay muchos dibujantes en el mundo que dibujen animales mejor que Frusín. Acá tenemos camellos, hienas, buitres, una pantera, un elefante (que aparece en una sola viñeta pero te detona el cerebro)... todos dibujados como la hiper-concha de Dios. El laburo de Marcelo es tan, tan potente, que en Francia se editó una segunda versión del álbum, en formato aún más grande (casi al tamaño real de los originales) y en blanco y negro, para que los fans más exquisitos puedan degustar hasta el más mínimo detalle. Me imagino que debe ser un festival del claroscuro difícil de olvidar.
L´Expedition, amigo viñetófilo, es aventura clásica en su máxima expresión. Una especie de peplum con elementos fantásticos (hasta ahora sólo insinuados), perfectamente documentado, osado, duro, para nada solemne, con sutiles pinceladas de humor negro y el tema subyacente del imperialismo y el choque entre conquistadores y conquistados. No creo que jamás se publique en Argentina, pero me conformo con que haya una edición en castellano, para que más gente la pueda disfrutar. Ah, y quiero YA el segundo tomo!
Después de muchos años de batallar en el sello Vertigo, hace un tiempo Frusín aceptó una oferta de la editorial Dargaud para sumarse al mercado del álbum francés. El resultado es L´Expedition, una serie cuyo primer tomo (aparecido en 2012) causó conmoción y arrasó en las librerías francófonas. La propuesta tenía todo para ganar: L´Expedition es una aventura ambiciosa con ambientación histórica (ancho de espadas entre los comiqueros franceses), escrita por Richard Marazano, uno de los guionistas de moda, un pulpo que escribe 8.000 series por mes y con todas le va bien, y dibujada por Frusín a un nivel que te deja estupefacto. No sé si la coloreó él mismo, pero el color también, está más allá de lo verosímil.
La trama arranca bien de atrás, sin apuro por llegar a los momentos más impactantes. Los personajes y la dirección se construyen de a poco, en diálogos en los que Marazano tira mucha data sin aburrir. Con el correr de las páginas, terminamos por entender perfectamente al enigmático Marcus Livius y su férrea (casi demencial) determinación por descubrir de dónde salió ese hombre tatuado y cubierto en joyas extrañas que apareció un día, flotando en un barquito en las aguas de una Tebas ocupada por el Imperio Romano. Livius se rodeará de mercenarios codiciosos y pendencieros y emprenderá la búsqueda de esa civilización desconocida y aparentemente poseedora de increíbles tesoros. Por ahora, lo veremos padecer el calor de los desiertos, la voracidad de las fieras y la persistencia inclemente de fantasmas del pasado, de cagadas que se mandó y que la vida le cobró caras. El Vol.1 termina en un momento tremendo, con una secuencia fundamental para la trama, y te deja prendido fuego, pidiendo a gritos el Vol.2. Maligno pero válido, el recurso al que apela Marazano para que uno se haga adicto a la serie.
Frusín, mientras tanto, pelará el mejor trabajo de su carrera. Como se nota que Marazano no tiene apuro, el rosarino se encuentra con la libertad de dibujar pocas viñetas por página (casi no hay páginas con más de seis), lo que le permite repetir y refinar los trucos de narrativa que tan bien le salían cuando laburaba en Vertigo. El trabajo del color, que imita la pincelada del color directo, le da al dibujo de Marcelo una impronta más personal, más alejada de la de Risso. Los personajes, que en principio son todos chabones grandotes con cara de pesados, tienen cada uno sus rasgos distintivos. Y los animales... ma-mita! No hay muchos dibujantes en el mundo que dibujen animales mejor que Frusín. Acá tenemos camellos, hienas, buitres, una pantera, un elefante (que aparece en una sola viñeta pero te detona el cerebro)... todos dibujados como la hiper-concha de Dios. El laburo de Marcelo es tan, tan potente, que en Francia se editó una segunda versión del álbum, en formato aún más grande (casi al tamaño real de los originales) y en blanco y negro, para que los fans más exquisitos puedan degustar hasta el más mínimo detalle. Me imagino que debe ser un festival del claroscuro difícil de olvidar.
L´Expedition, amigo viñetófilo, es aventura clásica en su máxima expresión. Una especie de peplum con elementos fantásticos (hasta ahora sólo insinuados), perfectamente documentado, osado, duro, para nada solemne, con sutiles pinceladas de humor negro y el tema subyacente del imperialismo y el choque entre conquistadores y conquistados. No creo que jamás se publique en Argentina, pero me conformo con que haya una edición en castellano, para que más gente la pueda disfrutar. Ah, y quiero YA el segundo tomo!
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