Me reencuentro con el maestro Shigeru Mizuki para recorrer una serie de relatos breves, todos con la participación de algún elemento fantástico: mundos paralelos, seres sobrenaturales, fantasmas, esa onda que tanto le gusta al veterano mangaka. Arrancamos con la que le da nombre al libro, una de realidades alternativas bastante atrapante, a cuyo final por ahí le falta una última vueltita, un cierre un poquito más impactante. La segunda historieta (Al Otro Lado del Aro) es una joya absoluta de sólo 14 páginas, una cátedra de sutileza por parte de Mizuki realmente bellísima.
El Licor de la Inmortalidad tiene un planteo alucinante, un desarrollo fuerte, con escenas zarpadísimas y perturbadoras, y se cae un poquito al final, como si Mizuki no se hubiese calentado demasiado en darle un cierre grosso a una historia que venía levantando en truculencia, bizarreada y crueldad hasta alcanzar niveles dignos de Hideshi Hino. De todos modos la pongo entre las historietas muy, muy atractivas que ofrece el libro. Los Remolinos del Mar se me hizo eterna. Tiene 45 páginas dibujadas como la hiper-concha de Dios, repletas de imágenes fastuosas, casi inverosímiles de tan perfectas y tan elaboradas. El guión, sin embargo, va lento, se repite bastante y no está a la altura del tratamiento gráfico que propone el sensei. No es horrible ni mucho menos, de hecho tiene momentos muy grossos. Pero le falta algo, no sé qué, para terminar de cerrar con más onda.
Las Tres Calaveras parece una de esas típicas historias que aparecían en las antologías de misterio setentosas de DC: un avechucho se zarpa y después, algo sobrenatural aparece en escena para pasarle factura. Está bien, es una historia con muy buen ritmo y que te logra poner bastante nervioso. La única contra es que son más de 20 páginas, casi todas con muchas viñetas, para contar algo que se podría haber contado tranquilamente en seis u ocho páginas. El tomo cierra con la brevísima Los Monstruos Massmedia, una comedia desopilante, pasada de rosca, a la que Mizuki elige terminar en cualquier parte, justo cuando al protagonista le cae la ficha de que está en el horno y mucho antes de que se le ocurra cómo zafar del kilombo en el que se metió.
Y me queda la historia más extensa, La Chica del Ultimo Tren, una novela gráfica en sí misma, con más de 70 páginas y una notable complejidad en la construcción del argumento y de los protagonistas. Esta es una historia de suspenso inquietante, que avanza a un ritmo pausado por un sendero que nunca podés prever. Tiene escenas dramáticas, escenas cómicas, escenas de descontrol místico con poderes sobrenaturales zarpados y hasta una explicación perfectamente coherente para absolutamente todo lo que sucede. Por si faltara algo, el protagonista es un mangaka de la B Metropolitana, así que Mizuki aprovecha para retratar con aguda mala leche al circuito de las editoriales crotas, siempre al borde de la quiebra, por el que se mueven los autores con escasas chances de pegar un hitazo en la siempre competitiva industria del manga.
A nivel dibujo, Mizuki está prendido fuego. Los personajes están dibujados en su estilo funny, sumamente caricaturescos y hasta grotescos. Los fondos, en cambio, son mucho más reales y están laburadísimos. En la novela gráfica de Hitler (ver reseña del 10/08/10), Mizuki copiaba fotos a lo loco para recrear los escenarios reales de la vida del genocida. Esta vez hay poquísimos dibujos basados en fotos y mucha más imaginación por parte del artista, inclusive en las historietas que transcurren en la actualidad, en las grandes ciudades. Y por supuesto, estas historias le permiten a Mizuki dibujar lo que más le gusta: los yokais, es decir, las criaturas fantásticas del folklore japonés. Fantasmas, seres espectrales, monstruos míticos... Nadie supera a Mizuki en ese rubro y acá el maestro está a sus anchas, aunque sin descontrolar. Lo que más sorprende es el uso (en los fondos, nunca en los personajes) de una amplísima gama de texturas, logradas con esfumados, cepillados, puntitos puestos a mano, tramas mecánicas, cross-hatchings imposibles... muchísimas técnicas para lograr efectos asombrosos, de esos que aparecen todo el tiempo en los mangas de Hideshi Hino. Visualmente, esto es mil veces mejor que la novela de Hitler.
Y sí, lo recontra-recomiendo a los fans de Mizuki, del manga de misterio, o de las historias cortas con climas ominosos y elementos sobrenaturales. Habrá más Shigeru Mizuki en el blog, dentro de unos meses.
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lunes, 5 de agosto de 2013
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