Por fin tengo un ratito para sentarme a escribir reseñas…
Arranco con The New York Five, de Brian Wood (autor fetiche de este blog) y Ryan Kelly. ¿Te acordás cuando yo decía que DMZ era un canto de amor de Wood a la ciudad de Nueva York? Bueno, olvidate. ESSSSTA es la verdadera oda del guionista a la Gran Manzana. Acá es donde Wood no oculta en absoluto las ganas de contarte una historia en la que New York sea la protagonista, donde se hace obvia su intención de cebarte con la ciudad, de que te enamores perdidamente de ella.
Y además hay un argumento que está bueno (la clásica slice of life con cuatro amigas jóvenes y sus conflictos low-fi) y varios toques brillantes en el guión, tanto en diálogos como en bloques de texto, como en decisiones que toma Wood a la hora de orquestar ciertas secuencias. Me entero leyendo este libro que hay un tomo anterior, The New York Four, con las mismas protagonistas… y la verdad es que debe ser bastante introductorio, bastante acotado a la presentación de los personajes, porque acá todo se entiende perefcto sin haber leído lo anterior.
Wood aprovecha que las New York Five son chicas atractivas de 18 años para hablar de temas vinculados a los romances, las parejas y la sexualidad, pero también se mete con la presión que se les ejerce a los estudiantes desde las universidades, con lo mucho que cuesta bancar una carrera en una universidad privada, con esa cosa tan yanki de que casi seguro cursás la universidad en una ciudad que no es la de tus viejos y amigos del secundario, con lo duro que es tener un familiar enfermo en un país donde la salud pública casi no existe… y por si faltara algo, la quinta integrante del elenco (muy secundaria respecto de Ren, Riley, Merissa y Lona) es una chica que vive en la calle. O sea que esto no es exactamente un capítulo de Friends sin varones, hay un contexto un poco más duro.
El trabajo de Ryan Kelly es excelente, lejos el mejor de su carrera. La decisión de no colorear estas páginas y publicarlas así, en blanco y negro (más algunos grises aplicados con tramas mecánicas), es acertadísima. Kelly nunca va a ser el rey de los virtuosos, nunca se va a terminar de sacudir algunos tics que heredó de Paul Pope, nunca va a ser un dibujante super-original, pero con lo que hizo acá, ya pasó a ser el tipo que mejor dibuja a New York. Los fondos de esta obra son PERFECTOS, realmente sentís que ahí atrás hay una ciudad que vive, que late, que seduce, no son sólo fotos copiadas, hay mucho más. Y además hay un cuidado por detalles que tienen que ver con la ropa y los peinados de las chicas, que no se ve habitualmente en los comics. Muy linda novelita gráfica, aunque menor en el contexto global de la obra de Brian Wood.
Seguro alguna vez escuchaste la frase “Menos es más”, o su pariente cercana, “Lo bueno si breve, dos veces bueno”. Seguramente también, el que acuñó esas frases sabía que Brian Janchez iba a lanzar en 2017 El Permiso, este librito de apenas 32 páginas, en las que el prolífico autor narra una de las mejores historias de su carrera.
Un personaje principal, dos secundarios con peso en la trama, un par de personajes menores, muchas páginas de tres viñetas, pocas de cinco o seis, ninguna de siete o más, un dibujo despojado, los fondos mínimos necesarios, diálogos muy breves, silencios muy elocuentes, cero acción… Con eso, un autor solvente, maduro y con un gran manejo del timing puede crear una historieta memorable. Y no tengo dudas de que El Permiso lo es. Una historia chiquita, pero profunda, un drama llevado adelante sin golpes bajos, sin boludeces… por un autor que hasta ahora había brillado en el humor y la comedia.
No me animo a hablar de “obra maestra” simplemente porque son sólo 32 páginas. Pero aún así El Permiso tiene TODO para conmoverte, para involucrarte, para hacerte sentir que conocés a Federica de toda la vida. Y eso la hace por un lado un comic indispensable, y por el otro un hito realmente jodido de superar en la cada vez más interesante carrera de Brian Janchez.
Gracias por el aguante y volvemos pronto con nuevas reseñas.
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jueves, 22 de febrero de 2018
domingo, 19 de octubre de 2014
19/ 10: SAUCER COUNTRY Vol.2
¿Y, qué onda? ¿Pudiste repasar la reseña del Vol.1? A mí me da la sensación de que si hubiese tenido más fresco aquel tomo, me habría costado menos engancharme con este, se me habría hecho menos ardua la lectura sobre todo del primer tramo de este Vol.2.
Lo cierto es que, si bien no se me hizo aburrido, el planteo de Paul Cornell era ambicioso, complejo y –como señalamos la vez pasada- deja poco margen para la acción. Saucer Country es una historia que se dirime en dos terrenos poco propicios para la machaca: por un lado, el de la ciencia, porque uno de los temas centrales es el de la existencia de los alienígenas y su eventual contacto con los terrícolas. Y por el otro, el de la política, porque buena parte de la trama la motoriza la campaña de Arcadia Alvarado, la gobernadora de New Mexico, para llegar a la Casa Blanca. Obviamente esto es un comic y Cornell va a encontrar la forma de conjurar situaciones fuertes, de alto impacto, y de colar por algún lado alguna piña o algún tiroteo. Pero preparate a entrarle a una serie muy hablada, donde los diálogos -y no la acción- cargan con el peso de llevar adelante los conflictos.
Por eso es tan importante el desarrollo de los personajes, profundizar en ellos, darles carnadura, y en ese rubro la labor de Cornell es excelente. También se nota mucho que el guionista británico estudió a fondo el tema de los OVNIs (sin dejar de lado las shockeantes revelaciones acerca del vínculo entre los aliens y el poder político tan bien expuesto por el maestro Doug Moench en el Big Book of Conspiracies) y que además indagó a fondo en la trastienda de las campañas electorales en EEUU, que se parecen MUY poco a las de países como el nuestro. O sea que el andamiaje sobre el cual Cornell armó la historia era bastante sólido. La historia en sí… quizás un poco menos. Por momentos parece que sobraran personajes, y esto supongo yo, se debe a que el guionista pensó la trama para durar mucho más de 14 episodios. De hecho, sobre el final se resuelve (de modo sintético, pero no abrupto) el tema de las elecciones que decidirán si Arcadia llega o no a la presidencia; pero queda abierto el otro plot, el de los aliens. Se cierra el misterio del Profesor Kidd, pero queda abierto lo más grande, el misterio principal, que tiene que ver con la abducción de Arcadia y su ex-marido por parte de los aliens, y la supuesta rosca entre estos y el presidente de los EEUU que va por la reelección.
Sería largo analizar por qué Saucer Country no vendió una chota y se canceló tan rápido. Lo bueno es que Cornell supo varios números antes que la serie tenía los días contados y así es como en el último tramo pasa de todo, a un ritmo alucinante. Y lo malo, bueno, eso… no se pudo llevar a fondo una de las líneas argumentales más interesantes. Por suerte esto es 100% propiedad de los autores, con lo cual dentro de unos años Cornell se puede llevar esta serie a otra editorial y eventualmente escribir una secuela que explore lo que acá quedó a medio resolver.
En el dibujo lo tenemos de nuevo a Ryan Kelly, a quien ya definimos como una mezcla entre Tom Grummett y Paul Pope, acá un poco más consistente que en el Vol.1 y con un gran laburo en las portadas. Hay un episodio dibujado por Mirko Colak y Andrea Mutti que me dejó gusto a poco, y uno que –paradójicamente- no aporta demasiado a la trama principal, pero tiene el atractivo de estar dibujado por el maestro David Lapham, que se destaca holgadamente incluso cuando trata de mostrarse sobrio y no pelar virtuosismo.
Una pena que Saucer Country no haya tenido mejor suerte, y ojalá los próximos experimentos de Vertigo con géneros atípicos y sagas no orientadas a la machaca encuentren una mejor recepción por parte de los lectores. Y que Paul Cornell no deje nunca de adentrarse en estos terrenos difíciles, poco transitados por la mayoría de sus colegas.
Lo cierto es que, si bien no se me hizo aburrido, el planteo de Paul Cornell era ambicioso, complejo y –como señalamos la vez pasada- deja poco margen para la acción. Saucer Country es una historia que se dirime en dos terrenos poco propicios para la machaca: por un lado, el de la ciencia, porque uno de los temas centrales es el de la existencia de los alienígenas y su eventual contacto con los terrícolas. Y por el otro, el de la política, porque buena parte de la trama la motoriza la campaña de Arcadia Alvarado, la gobernadora de New Mexico, para llegar a la Casa Blanca. Obviamente esto es un comic y Cornell va a encontrar la forma de conjurar situaciones fuertes, de alto impacto, y de colar por algún lado alguna piña o algún tiroteo. Pero preparate a entrarle a una serie muy hablada, donde los diálogos -y no la acción- cargan con el peso de llevar adelante los conflictos.
Por eso es tan importante el desarrollo de los personajes, profundizar en ellos, darles carnadura, y en ese rubro la labor de Cornell es excelente. También se nota mucho que el guionista británico estudió a fondo el tema de los OVNIs (sin dejar de lado las shockeantes revelaciones acerca del vínculo entre los aliens y el poder político tan bien expuesto por el maestro Doug Moench en el Big Book of Conspiracies) y que además indagó a fondo en la trastienda de las campañas electorales en EEUU, que se parecen MUY poco a las de países como el nuestro. O sea que el andamiaje sobre el cual Cornell armó la historia era bastante sólido. La historia en sí… quizás un poco menos. Por momentos parece que sobraran personajes, y esto supongo yo, se debe a que el guionista pensó la trama para durar mucho más de 14 episodios. De hecho, sobre el final se resuelve (de modo sintético, pero no abrupto) el tema de las elecciones que decidirán si Arcadia llega o no a la presidencia; pero queda abierto el otro plot, el de los aliens. Se cierra el misterio del Profesor Kidd, pero queda abierto lo más grande, el misterio principal, que tiene que ver con la abducción de Arcadia y su ex-marido por parte de los aliens, y la supuesta rosca entre estos y el presidente de los EEUU que va por la reelección.
Sería largo analizar por qué Saucer Country no vendió una chota y se canceló tan rápido. Lo bueno es que Cornell supo varios números antes que la serie tenía los días contados y así es como en el último tramo pasa de todo, a un ritmo alucinante. Y lo malo, bueno, eso… no se pudo llevar a fondo una de las líneas argumentales más interesantes. Por suerte esto es 100% propiedad de los autores, con lo cual dentro de unos años Cornell se puede llevar esta serie a otra editorial y eventualmente escribir una secuela que explore lo que acá quedó a medio resolver.
En el dibujo lo tenemos de nuevo a Ryan Kelly, a quien ya definimos como una mezcla entre Tom Grummett y Paul Pope, acá un poco más consistente que en el Vol.1 y con un gran laburo en las portadas. Hay un episodio dibujado por Mirko Colak y Andrea Mutti que me dejó gusto a poco, y uno que –paradójicamente- no aporta demasiado a la trama principal, pero tiene el atractivo de estar dibujado por el maestro David Lapham, que se destaca holgadamente incluso cuando trata de mostrarse sobrio y no pelar virtuosismo.
Una pena que Saucer Country no haya tenido mejor suerte, y ojalá los próximos experimentos de Vertigo con géneros atípicos y sagas no orientadas a la machaca encuentren una mejor recepción por parte de los lectores. Y que Paul Cornell no deje nunca de adentrarse en estos terrenos difíciles, poco transitados por la mayoría de sus colegas.
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lunes, 9 de septiembre de 2013
09/ 09: SAUCER COUNTRY Vol.1
Arranco con una nueva serie de Vertigo y como estoy tan atrasado con la lectura, ya sé que le va a ir mal, que se va a cancelar tras apenas 14 episodios y que el segundo tomo recopilatorio va a ser el último.
Una pena, realmente, que Saucer Country no haya pegado, porque la verdad es que en este tomo hay muchas ideas copadas, muy bien desarrolladas por Paul Cornell. Por ahí se puede llegar a criticar que va un poquito lento, pero hasta ahí. No es que estás páginas y páginas embolándote mientras no pasa nada. Y además, desde la consigna de la serie era obvio que iba a haber un margen... chiquito para la acción y la aventura. Cornell nos sumerge al mismo tiempo en dos mundos complejos, rodeados de sombras, de misterios, de cosas turbias difíciles de dilucidar para la mayoría de los mortales: por un lado, el tema de los OVNIs, su presencia en la Tierra, sus contactos esporádicos con los humanos, con abducciones y sondas anales incluídas. Por el otro lado, otros que suelen actuar como si vivieran en otro planeta y hacernos sentir como si nos metieran cosas (no sé si sondas) en el orto: los políticos. Son dos temas muy, muy atractivos, con mucho para explorar, capaces de dar pie a un montón de conflictos grossos, atrapantes, y no tan trillados en la historieta.
Básicamente, la historia gira en torno a Arcadia Alvarado, separada, latina, gobernadora de New Mexico y candidata a presidente de los EEUU. Arcadia tiene un secreto: fue abducida por alienígenas, los ve como una amenaza global y quiere llegar a ese puesto de enorme poder a nivel mundial para poder proteger a la Humanidad de estos bichos zarpados que la secuestraron y la sometieron a misteriosos experimentos. En este primer tramo, la vemos rodearse por un lado de especialistas en campañas políticas y por el otro, de un profesor de Harvard caído en desgracia por hacer público que cree en los extraterrestres. Pero claro, ¿cómo no va a creer en los extraterrestres, si estos se le aparecen y le hablan? ¿O estará chapita? Por ahora, no sabemos. Y para redondear un elenco muy interesante (al que Cornell enroscará en complejas tramas de conspiraciones, secretos y mentiras) nos queda Michael, el ex-marido de Arcadia, tipo propenso a meterse en kilombos, al que el escabio y la joda siempre le interesaron más que la carrera política de su esposa.
Cornell dedica prácticamente todo el primer tomo a presentar a estos personajes y a posicionarlos respecto de la “mitología” de los OVNIs. Quiénes creen, quiénes no creen y por qué. Y el último episodio cambia el foco de la narración, deja un toque de lado la campaña electoral de Arcadia y nos sumerge a fondo en distintas teorías acerca de los contactos entre humanos y alienígenas, presentadas como un documental, con ese ritmo tan típico de los Big Books. De hecho, lo que cuenta Cornell en esas páginas coincide bastante con cosas que contara Doug Moench en el capítulo que le dedica a los OVNIs en el fundamental Big Book of Conspiracies.
Este episodio final está dibujado por el ignoto Jimmy Broxton, un dibujante bastante versátil, que en sus mejores momentos me recordó a Sean Phillips. También hay una secuencia muy cortita (que ya veremos cómo engancha con el tronco de la serie) dibujada por el maestro Goran Sudzuka. Pero la gran mayoría de las páginas de este tomo están a cargo de Ryan Kelly, con quien ya nos cruzamos varias veces. Kelly no es horripilante ni mucho menos, pero tampoco es bueno. Es un dibujante... casi aceptable, que no aspira a mucho más que a acompañar al guión, en un rol siempre subordinado a este último. En las portadas, Kelly se rompe bastante el culo para lograr imágenes impactantes. En las páginas interiores, no llega a ser chato ni a generar rechazo; simplemente deja gusto a poco, sobre todo si pensamos que le dieron guiones realmente buenos. Lo mejor que tiene Kelly es que no chorea fotos. Su dibujo, en un estilo mezcla de Tom Grummett con Paul Pope, se apoya exclusivamente en su grafismo, no en truquitos del photoshop para mechar edificios y objetos “levantados” de Flickr.
Así que, por ahora, recomiendo Saucer Country. Ojalá no me defraude el segundo tomo, y ojalá Paul Cornell no ceje en su búsqueda de historias distintas, arriesgadas, bastante más intrincadas que las habituales. Con esta no la pegó, pero con la próxima, en una de esas sí.
Una pena, realmente, que Saucer Country no haya pegado, porque la verdad es que en este tomo hay muchas ideas copadas, muy bien desarrolladas por Paul Cornell. Por ahí se puede llegar a criticar que va un poquito lento, pero hasta ahí. No es que estás páginas y páginas embolándote mientras no pasa nada. Y además, desde la consigna de la serie era obvio que iba a haber un margen... chiquito para la acción y la aventura. Cornell nos sumerge al mismo tiempo en dos mundos complejos, rodeados de sombras, de misterios, de cosas turbias difíciles de dilucidar para la mayoría de los mortales: por un lado, el tema de los OVNIs, su presencia en la Tierra, sus contactos esporádicos con los humanos, con abducciones y sondas anales incluídas. Por el otro lado, otros que suelen actuar como si vivieran en otro planeta y hacernos sentir como si nos metieran cosas (no sé si sondas) en el orto: los políticos. Son dos temas muy, muy atractivos, con mucho para explorar, capaces de dar pie a un montón de conflictos grossos, atrapantes, y no tan trillados en la historieta.
Básicamente, la historia gira en torno a Arcadia Alvarado, separada, latina, gobernadora de New Mexico y candidata a presidente de los EEUU. Arcadia tiene un secreto: fue abducida por alienígenas, los ve como una amenaza global y quiere llegar a ese puesto de enorme poder a nivel mundial para poder proteger a la Humanidad de estos bichos zarpados que la secuestraron y la sometieron a misteriosos experimentos. En este primer tramo, la vemos rodearse por un lado de especialistas en campañas políticas y por el otro, de un profesor de Harvard caído en desgracia por hacer público que cree en los extraterrestres. Pero claro, ¿cómo no va a creer en los extraterrestres, si estos se le aparecen y le hablan? ¿O estará chapita? Por ahora, no sabemos. Y para redondear un elenco muy interesante (al que Cornell enroscará en complejas tramas de conspiraciones, secretos y mentiras) nos queda Michael, el ex-marido de Arcadia, tipo propenso a meterse en kilombos, al que el escabio y la joda siempre le interesaron más que la carrera política de su esposa.
Cornell dedica prácticamente todo el primer tomo a presentar a estos personajes y a posicionarlos respecto de la “mitología” de los OVNIs. Quiénes creen, quiénes no creen y por qué. Y el último episodio cambia el foco de la narración, deja un toque de lado la campaña electoral de Arcadia y nos sumerge a fondo en distintas teorías acerca de los contactos entre humanos y alienígenas, presentadas como un documental, con ese ritmo tan típico de los Big Books. De hecho, lo que cuenta Cornell en esas páginas coincide bastante con cosas que contara Doug Moench en el capítulo que le dedica a los OVNIs en el fundamental Big Book of Conspiracies.
Este episodio final está dibujado por el ignoto Jimmy Broxton, un dibujante bastante versátil, que en sus mejores momentos me recordó a Sean Phillips. También hay una secuencia muy cortita (que ya veremos cómo engancha con el tronco de la serie) dibujada por el maestro Goran Sudzuka. Pero la gran mayoría de las páginas de este tomo están a cargo de Ryan Kelly, con quien ya nos cruzamos varias veces. Kelly no es horripilante ni mucho menos, pero tampoco es bueno. Es un dibujante... casi aceptable, que no aspira a mucho más que a acompañar al guión, en un rol siempre subordinado a este último. En las portadas, Kelly se rompe bastante el culo para lograr imágenes impactantes. En las páginas interiores, no llega a ser chato ni a generar rechazo; simplemente deja gusto a poco, sobre todo si pensamos que le dieron guiones realmente buenos. Lo mejor que tiene Kelly es que no chorea fotos. Su dibujo, en un estilo mezcla de Tom Grummett con Paul Pope, se apoya exclusivamente en su grafismo, no en truquitos del photoshop para mechar edificios y objetos “levantados” de Flickr.
Así que, por ahora, recomiendo Saucer Country. Ojalá no me defraude el segundo tomo, y ojalá Paul Cornell no ceje en su búsqueda de historias distintas, arriesgadas, bastante más intrincadas que las habituales. Con esta no la pegó, pero con la próxima, en una de esas sí.
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jueves, 2 de mayo de 2013
02/ 05: AMERICAN VIRGIN Vol.4
Ultimo tomo para esta serie que vendió poco y por ende duró menos de 25 episodios. El tomo final es gordito, sustancioso, con nueve episodios y dos sagas completas, que deberán alcanzarle a Steven Seagle y Becky Cloonan para darle un final coherente a las andanzas de Adam Chamberlain, el muchacho virgen más famoso del planeta.
El primer arco vuelve a poner en el freezer a casi todo el elenco de la serie: Adam, el chico rico, fachero y sensible, vuelve a dejar su Miami natal, para perseguir por el mundo a Vanessa, la chica de la que se enamora, convencido de que esta vez sí, será el amor verdadero, definitivo, por el cual valdrá la pena abandonar la virginidad. Seagle le reserva apenas unas escenitas a Cyndi y Mel, y el resto es todo Adam y Vanessa, que recorren distintos países y se encuentran con distintas formas de vivir la sexualidad: la gente en bolas en las playas de Rio, el fetichismo de los pajeros japoneses, los tatuajes místico-eróticos de Bangkok, la extraña relación de los hindúes con los travestis y el romanticismo tan típico de París, la ciudad en la que Adam y Vanessa finalmente... se casan!
Y bueno, ahora sí, por más católico que seas, si estás enamorado y casado, no tenés más excusas para no coger. Pero no. Durante todo el arco lo vemos a Adam levantar temperatura cada vez que se le acerca Vanessa, hay mimos, hay pajas, hay petes, pero el garche posta no llega ni siquiera en la luna de miel. Ojo, de eso nos enteramos después, cuando Adam vuelve a Miami y tiene que pasar por la dura prueba de blanquear su casamiento frente a su madre, cada vez más retrógrada y autoritaria. Este es el momento más heavy, donde menos margen le queda a Seagle para la comedia. Y la madre de Adam, que hasta ahora era un personaje más bien pintoresco, o grotesco, asume definitivamente el rol de villana.
Por suerte no tiene tiempo para afianzarse en ese rol, porque enseguida arranca la saga final, que lleva a casi todo el elenco a Cuba, a buscar al verdadero padre de Adam y –en frenética seguidilla, casi sin tiempo para digerir lo que sucede en ese encuentro- a República Dominicana, donde Adam y Mel buscarán venganza contra el capo de Batu Balan, la célula terrorista que asesinara a Cassandra, la novia anterior del protagonista. El ritmo se acelera muchísimo, pero igual no alcanzan las páginas: hay que terminar la serie y Seagle recurre a un final de altísimo impacto (no lo puedo contar), que no es para nada el que uno hubiera esperado. No me convenció demasiado, me pareció más una escapatoria que un final. Y por supuesto no cierra todas las puntas que abrió en las sagas anteriores, entre ellas la del misterioso embarazo de Cyndi, que llevaba varios meses en una relación lésbica, sin pijas de por medio.
¿Qué pasó ahí? No se explica. Faltarían unas... 30 ó 40 páginas más, como para darle un cierre lindo, o al menos digno, a todos estos personajes con los que Seagle logró que nos encariñáramos. No esperaba la resolución definitiva al tema central de la serie (el conflicto entre la fe cristiana y la vida sexual plena y sin culpas), sabía que no iba a terminar con Jesucristo bajando de la cruz para enfiestarse con seis yiros, dos travas, un burro y un enano, pero Seagle, sin irse al mazo ni arrugar, opta por resolver todo de un modo demasiado abrupto, sin margen para la reflexión que es algo que convivió armónicamente con el tono de comedia durante toda la serie.
El dibujo está bien, es Becky Cloonan con pilas y con Ryan Kelly (otro descendiente de Paul Pope) en el banco de suplentes, listo para entrar y dar una mano en los episodios en los que Cloonan descansa. Los dos se las ingenian bastante bien para dibujar pocos fondos y cuando no les queda otra se la bancan y retratan con más onda que rigor todas las locaciones por las que pasean los protagonistas. No esperes virtuosismo porque no hay. O sí, pero en las portadas de Celia Calle, no en las historietas propiamente dichas.
Y bueno, otra buena idea, otra propuesta novedosa y jugada de Vertigo que se termina en cualquier parte porque las ventas no acompañaron. Una pena, porque el planteo era muy atractivo y hasta la saga final, el desarrollo venía también en un nivel muy satisfactorio, con buen balance entre comedia, aventura, romance y –lo más grosso- una indagación lúcida y punzante en el inagotable tema de la sexualidad. Que la sigan chupando.
El primer arco vuelve a poner en el freezer a casi todo el elenco de la serie: Adam, el chico rico, fachero y sensible, vuelve a dejar su Miami natal, para perseguir por el mundo a Vanessa, la chica de la que se enamora, convencido de que esta vez sí, será el amor verdadero, definitivo, por el cual valdrá la pena abandonar la virginidad. Seagle le reserva apenas unas escenitas a Cyndi y Mel, y el resto es todo Adam y Vanessa, que recorren distintos países y se encuentran con distintas formas de vivir la sexualidad: la gente en bolas en las playas de Rio, el fetichismo de los pajeros japoneses, los tatuajes místico-eróticos de Bangkok, la extraña relación de los hindúes con los travestis y el romanticismo tan típico de París, la ciudad en la que Adam y Vanessa finalmente... se casan!
Y bueno, ahora sí, por más católico que seas, si estás enamorado y casado, no tenés más excusas para no coger. Pero no. Durante todo el arco lo vemos a Adam levantar temperatura cada vez que se le acerca Vanessa, hay mimos, hay pajas, hay petes, pero el garche posta no llega ni siquiera en la luna de miel. Ojo, de eso nos enteramos después, cuando Adam vuelve a Miami y tiene que pasar por la dura prueba de blanquear su casamiento frente a su madre, cada vez más retrógrada y autoritaria. Este es el momento más heavy, donde menos margen le queda a Seagle para la comedia. Y la madre de Adam, que hasta ahora era un personaje más bien pintoresco, o grotesco, asume definitivamente el rol de villana.
Por suerte no tiene tiempo para afianzarse en ese rol, porque enseguida arranca la saga final, que lleva a casi todo el elenco a Cuba, a buscar al verdadero padre de Adam y –en frenética seguidilla, casi sin tiempo para digerir lo que sucede en ese encuentro- a República Dominicana, donde Adam y Mel buscarán venganza contra el capo de Batu Balan, la célula terrorista que asesinara a Cassandra, la novia anterior del protagonista. El ritmo se acelera muchísimo, pero igual no alcanzan las páginas: hay que terminar la serie y Seagle recurre a un final de altísimo impacto (no lo puedo contar), que no es para nada el que uno hubiera esperado. No me convenció demasiado, me pareció más una escapatoria que un final. Y por supuesto no cierra todas las puntas que abrió en las sagas anteriores, entre ellas la del misterioso embarazo de Cyndi, que llevaba varios meses en una relación lésbica, sin pijas de por medio.
¿Qué pasó ahí? No se explica. Faltarían unas... 30 ó 40 páginas más, como para darle un cierre lindo, o al menos digno, a todos estos personajes con los que Seagle logró que nos encariñáramos. No esperaba la resolución definitiva al tema central de la serie (el conflicto entre la fe cristiana y la vida sexual plena y sin culpas), sabía que no iba a terminar con Jesucristo bajando de la cruz para enfiestarse con seis yiros, dos travas, un burro y un enano, pero Seagle, sin irse al mazo ni arrugar, opta por resolver todo de un modo demasiado abrupto, sin margen para la reflexión que es algo que convivió armónicamente con el tono de comedia durante toda la serie.
El dibujo está bien, es Becky Cloonan con pilas y con Ryan Kelly (otro descendiente de Paul Pope) en el banco de suplentes, listo para entrar y dar una mano en los episodios en los que Cloonan descansa. Los dos se las ingenian bastante bien para dibujar pocos fondos y cuando no les queda otra se la bancan y retratan con más onda que rigor todas las locaciones por las que pasean los protagonistas. No esperes virtuosismo porque no hay. O sí, pero en las portadas de Celia Calle, no en las historietas propiamente dichas.
Y bueno, otra buena idea, otra propuesta novedosa y jugada de Vertigo que se termina en cualquier parte porque las ventas no acompañaron. Una pena, porque el planteo era muy atractivo y hasta la saga final, el desarrollo venía también en un nivel muy satisfactorio, con buen balance entre comedia, aventura, romance y –lo más grosso- una indagación lúcida y punzante en el inagotable tema de la sexualidad. Que la sigan chupando.
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domingo, 27 de noviembre de 2011
27/ 11: DMZ Vol.8

Esta vez me aguanté poco y nada para retomar la durísima historia de esta New York convertida en zona de guerra gracias a la imaginación y la mala leche de Brian Wood y Riccardo Burchielli. Y una vez leído el tomo, llego a esta conclusión: maten a Matty Roth, ya. Es lo que no funciona en esta serie, ya no tengo dudas. Claro, es el protagonista, y por cómo se viene armando la trama, lo más probable es que en el próximo tomo, o a más tardar en el Vol.10, al que hagan mierda sea a Parco Delgado. Pero el que se merece morir ya y dejarle el protagonismo a otro personaje más copado, es Matty.
En este tomo, cuando reaparece su padre (después de varias sagas en el banco de suplentes) y lo inciniera en público, Matty pega un nuevo giro impredecible, pero además reprobable, imposible de bancar. Ya sabemos que es un pichi, un veleta que va para donde sopla el viento. Aún así, en la saga Hearts and Minds se va al carajo, mal. Y no sé si Wood tratará de recuperarlo, pero ya no me interesa. No dejo de comprar DMZ sólo porque deben faltar no más de cuatro tomos para el final y porque Wood escribe demasiado bien, y la temática me interesa demasiado. Los méritos para que uno mande a esta serie a la mierda están, y los hace todos Matty Roth, el protagonista, nada menos.
El primer arquito del TPB es una historia marginal, sin Matty, ni Zee, ni Parco, ni nadie. Está muy buena, es una historia dura, trágica, profunda, jodida... que se podría haber contado en muchísimas menos páginas. Leída en TPB, está todo bien. Te comprometés con la trama, seguís a full al personaje central (un ex-policía que perdió a su familia), vas para adelante más rápido que en un comic normal, pero sin sufrir. Ahora, el pobre gil que leía esto en su formato original de revistita con 22 páginas de historieta, se habrá querido matar: tres meses de tu vida y 9 dólares de tu billetera para leer... tres fetas de nada! Tres cachitos de una historia chiquita, con cero peso en la trama global, y encima dibujada por Ryan Kelly, que no es choto, pero está a años luz de ser un virtuoso o un distinto.
Y después sí, la más extensa Hearts and Minds, donde de nuevo ganan por goleada el bajón y la desesperanza. El Vol.7 situaba a Matty y al resto del elenco en un contexto más bien político, lo cual pintaba interesante. Se ve que para Wood era un embole, y en este tomo ya vuelven las tropas armadas, los combates en las calles, las explosiones y todo el bolonki de los primeros tomos, pero ahora con Matty metido ya no como testigo sino como protagonista (y en una de esas, artífice) de las matanzas. Hay algo así como un sustento ideológico para combatir, por lo menos por parte de “los buenos”, pero todo está enchastrado con mentiras y corrupción, que ya no vienen sólo del lado de “los malos” (el gobierno de los EEUU, los medios masivos y el hiper-conglomerado Trustwell). O sea que de aquel tono esperanzador del Vol.6, no quedaron ni los más mínimos vestigios. Esta serie volvió a ser –como al principio- una lectura heavy metal, más dolorosa que una picadura de avispa en un huevo.
De Ryan Kelly (dibujante del primer arco) no vamos a hablar mucho más. Cualquier cosa, chequeá la reseña del Vol.2 de Northlanders, donde lo vimos en equipo con Wood, allá por principios de 2010. Y del compañero Burchielli ya hemos hablado muchísimo, pero tengo que repetir algo que comenté la vez pasada: qué pena que este tipo no aproveche las páginas de poquísimas viñetas para lucirse más. El tipo es bueno, narra bien, no necesita chorear fotos para crear un entorno absolutamente verosímil, pero por algún motivo, le escapa al lucimiento como las gatas a Pepe le Pew. ¿Será que no se considera ni remotamente virtuoso? ¿Será que lo adoctrinan a latigazos para que no se olvide jamás de que la estrella de DMZ es Brian Wood? ¿O tendrá poquísimo tiempo para laburar y por eso cuando hay pocas viñetas zafa con dibujos más grandes, pero sin ponerles ninguna dedicación extra? Un misterio...
Estirada hasta el infinito, con un protagonista patético y una temática de difícil digestión, DMZ ya dejó de figurar entre las series indispensables. La banco hasta el final, pero no la recomiendo con el fervor religioso de los primeros tomos.
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domingo, 31 de enero de 2010
31/ 01: NORTHLANDERS Vol.2

Y sí, siempre hay más Vertigo, para tu piel de verano, muchacha…
Esta vez se trata del segundo tomo de una serie cuyo primer recopilatorio me generó un cebamiento infinito y se la terminé recomendando hasta a mi sobrino de tres años que todavía no lee. Y claro, comparado con el primer TPB, este (The Cross + the Hammer) no arrima. Lo cual no quiere decir que sea choto, ni mucho menos.
Básicamente, tiene dos problemas. Primero, es una saga que se podría haber desarrollado en –como mucho- 100 páginas, pero que dura 144. O sea, está bastante estirada. Mucho splash, mucha página con dos o tres viñetas, mucha decomprensión para mi gusto. Esto mismo, con dos episodios menos, pegaba mucho más. Y el segundo problema es que en el primer tomo el guionista Brian Wood (el de DMZ) formaba equipo con otro dibujante italiano (la nueva tendencia de Vertigo) al que yo nunca había oído nombrar, pero que me pareció excelente: Davide Gianfelice. Para este segundo libro, en cambio, tenemos a Ryan Kelly, que sin ser malo, está a años luz. De hecho, Kelly mejoró muchísimo respecto de su trabajo anterior (la efímera pero interesantísima The Vinyl Underground), donde pendulaba sin mucha onda entre los afanos a Philip Bond y los afanos a Paul Pope. Ahora se lo ve más cómodo, más personal, y con la cintura suficiente como para sacarle buen provecho a la posibilidad de dibujar pocos cuadros por página. Pero la sombra de Gianfelice pesará forever sobre todos los dibujantes que pasen por Northlanders de acá a que cierre y es una sombra más heavy que Lobo y Cazador sodomizando a Ozzy Osbourne en el backstage de un show de Iron Maiden.
Y ya que mencionamos el tema de los dibujantes italianos, las portadas de Northlanders están a cargo de una bestia, Massimo Carnevale, un dibujante que levanta chapa en camiones de CLIBA desde la década del ´80, que laburó con todos los grossos del mercado italiano, y hasta con el glorioso Robin Wood. La verdad, un lujo, no sólo por una cuestión de trayectoria, sino además por el nivel de cada ilustración que pela Carnevale.
Nombrábamos a Robin Wood, pero el Wood que la talla en Northlanders es Brian Wood (si pescaron el sutil juego de palabras entre “talla” y “wood”, están hechos mierda ;). Este hábil guionista vuelve a mostrar su categoría y cambia BRUTALMENTE el registro de los guiones respecto del primer arco. Acá hay menos runfla política y muchísima más violencia, mucho menos de aventura histórica (una veta en la que este Wood brilla sin nada que envidiarle al Wood de Nippur y Dago) y mucho más de terror psicológico, y sobre todo, una doble vuelta de tuerca: acá los vikingos son los malos! Wood nos los muestra en plena ocupación de Irlanda, decididos a exterminar la insurrección de los nativos a como dé lugar, y eso implica masacres, saqueos, descuartizamientos y violaciones. El comic se llama Northlanders y los northlanders son una banda de salvajes, genocidas e hijos de puta.
Buena parte de la trama gira en torno a los esfuerzos de los vikingos por capturar y eliminar a un irlandés conocido como Magnus, un cuarentón pulentoso y jodido, decidido a responder a la salvajada con más salvajada. Imposible rotularlo como “el bueno” de la historia, porque Magnus es una especie de demonio de tasmania duro de merca y sediento de sangre, que no escatima hachazos al vientre de hombres, animales o ancianos. Son tantas las atrocidades que comete en nombre de su gesta, que de héroe le queda poco y nada. Hasta que el guión pega su voltereta final, que no les pienso revelar, y todo se termina de ir al carajo y más allá.
Estirada y todo, The Cross + the Hammer es una lectura atrapante. No la compares con Sven the Returned y te vas a encontrar sumergido en un muy buen comic que te shockea, te tira mucha data sobre hechos históricos que nos quedan muuuuy lejos, y –ya que está- te pega un lindo baño de sangre y tripas. Las dos boludeces que tengo para cuestionarle a esta saga no alcanzan ni por casualidad para bajar a Northlanders de la lista de los imprescindibles, de las series cuyos TPBs hay que comprarse el día que salen.
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