el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 22 de diciembre de 2025

TRES MUNDOS DE FANTASÍA

Casualmente, este elemento se repite en las historietas que tengo para reseñar. Veamos. Un muy lejano 13/05/20, teníamos en este espacio la reseña del Vol.1 de Descender, de Jeff Lemire y Dustin Nguyen. En ese momento no suponía que iba a tardar tanto en leer el Vol.2, pero puede pasar. Por lo menos me queda la tranquilidad de que en el medio leí un montón de obras más de este prolífico canadiense. Cuando leí el Vol.1, sentí a Descender emparentado con Sweet Tooth. Ahora también le veo puntos en común con Saga (de Brian Vaughan y Fiona Staples), y no me refiero solo al género de ciencia ficción. Descender replica lo mejor que tiene Saga, que es la capacidad de combinar una aventura de proporciones épicas con una gran humanidad, un gran laburo para convencer al lector de que estos personajes y sus emociones son realmente importantes para que la trama avance. Y además, toda esa vasta exploración de un universo fantástico, con razas, planetas, culturas, tecnologías y demás, que -bien hecho- siempre resulta fascinante. En la reseña del Vol.1 yo hablaba del "riesgo de irse por las ramas, de que algunas de esas buenas ideas que nacen en este tomo se diluyan en los que vienen después". Bueno, la chota. En este segundo tramo se incorporan nuevos personajes, locaciones y conceptos, pero Lemire no pierde para nada el foco y la narración se mantiene 100% ajustada a las consignas que nos atraparon en el Vol.1. El final del tomo llega en un momento áspero, un cliffhanger jodido como enema de chimichurri, que te ceba como para salir de tu casa a las 3 AM a buscar un dealer que te venda YA el Vol.3, al precio que sea. Y eso no se debe a que Descender sea un torbellino de acción y machaca, sino a que los autores se matan para que los personajes nos importen y los vínculos entre ellos se vuelvan el elemento central de la saga. El dibujo y el color a cargo de Nguyen siguen muy arriba, aunque ahora son más las excusas para no dibujar fondos, y están más presentes los primeros planos. Cuando dibuja fondos, naves, satélites, asteroides agujeros negros y demás, la rompe toda. Pero -de nuevo- el énfasis está puesto en las emociones de los personajes, y eso se resuelve fácil y rápido con un buen trabajo en los primeros planos. Nguyen ofrece un menú muy amplio de grillas, para que cada puesta en página sea única y sobre todo muy efectiva. Una vez más, me la baja un poco la extensión de la serie, sobre todo cuando uno arranca tan de atrás. Pero por ahora, Descender justifica plenamente no solo la cantidad de TPBs que hay que comprar, sino todos los elogios que recibió mientras se publicaba. Ni bien pueda, voy por más.
Me voy de EEUU a Argentina, y de los remotos confines del cosmos a un reino medieval, para internarme en La Gloriosa Historia, primer trabajo conjunto de dos autores que me gustan mucho. El guion es de Alejo Valdearena y los dibujos de Agustín Paillet. Y sí, el combo entre dos capos dio como resultado una historieta sumamente disfrutable. La Gloriosa Historia tiene comedia, aventura, romance, batallas entre ejércitos, un toquecito de sexo, una sátira despiadada al absolutismo y los caprichos criminales de quien se sabe enormemente poderoso, y por si fuera poco, nos presenta otro mundo fantástico en el que caben muchas más historias, con estos u otros personajes. ¿Qué se le puede criticar? En mi caso, creo que esto se vería mucho mejor publicado a color, más allá de que el trabajo de Paillet en blanco, negro y grises (aplicados con tramas) sea impecable. El principal argumento para sostener esto me lo da la propia portada del libro, que es a todo color y se ve espectacular. Y después, y en mucha menor medida, capaz que llega un poco tarde, cuando muchos lectores están ya muy cansados de que el personaje de "la minita" sea la Guacha Pistola, la que tiene todo claro, la que resuelve todo, la que le gana a todos, la que hace que -en la comparación- todos los personajes masculinos que la rodean se vean como imbéciles. Ya está, ya pasó, ya entendimos que está bueno subvertir esas reglas de la aventura clásica en las que "la minita" era parte del decorado, o estaba ahí solo para que el héroe (varón) la rescatara de algún peligro. Pero esa vertiente empezó... no sé, en 1984 con la primera Terminator... y hoy está un toque gastada. Estaría bueno agarrar para otro lado, así no se pierde la sorpresa. El resto es una fiesta, 100 páginas a pura diversión, con buenos personajes, conflictos entretenidos y variados, una narración gráfica muy tradicional, pero a la vez muy dinámica y muy fluida, los clásicos diálogos llenos de ingenio a los que nos tiene acostumbrados Valdearena (pero ahora en castellano antiguo) y -como ya señalé- un trabajo magnífico de Paillet en el diseño de los personajes, el mundo que habitan y la forma en que se mueven. Sin dudas, La Gloriosa Historia merece un lugar entre las mejores historietas argentinas de 2025.
Y cierro con una breve mención a Gauchobots, primera historieta del experimentado animador y diseñador de videojuegos Martín Eschoyez. La idea de un mundo de androides y robots en el que sobreviven las tradiciones de los gauchos argentinos es una genialidad absoluta. Es algo que habría funcionado maravillosamente como un serie humorística, en entregas de dos o tres páginas en cada número de Fierro. Historias cortas, en joda, muy basadas en la exploración de este universo fantástico. El tema es que Eschoyez plantea una aventura "larga", de 26 páginas, y ahí ya no alcanza con el world building: tiene que "pasar algo". Lo que pasa es una típica pelea entre el héroe y un monstruo, en la que Jote (el héroe) repite frases y hasta poses que ya vimos miles de veces en otros comics de machaca con monstruos ("¡esto se termina... ahora!"... ¿en serio? ¿Otra vez sopa?). Menos mal que el dibujo de Eschoyez es alucinante de punta a punta, porque el guion, al abordar la aventura de una manera tan remanida, pierde un poco del atractivo que tiene en las primeras páginas. Nada más. Estén atentos al sitio web y el canal de YouTube de Comiqueando, así se enteran cuándo está disponible la nueva revista Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Calculo que habrá como mínimo una entrada más en el blog antes de fin de año. Gracias y hasta entonces.

lunes, 12 de diciembre de 2022

OTRAS TRES LECTURAS

Sigo avanzando en la lectura de las historietas de autores argentinos publicadas durante 2022 y ya tengo otras tres listas para reseñar. Silicium, de Guillermo Villarreal y Leonardo Figueroa, la había leído por lo menos parcialmente hace unos años, cuando salió serializada en revistitas. Creo que de los cuatro capítulos que componen la obra, había leído tres. Ahora la conseguí en libro, y la leí toda junta, de un saque. Se trata de un comic de ciencia ficción muy dinámico, que se lee rápido. Y quizás ese sea su defecto más notorio: pasan pocas cosas para la cantidad de páginas que tiene. Los diálogos están bien, los personajes son bastante tridimensionales, pero la aventura en sí es muy lineal, como si fuera un videojuego de esos en los que vas avanzando por un escenario y cada tanto se te viene encima algo a lo que le tenés que disparar. Recién sobre el final hay un flashback que se propone indagar en el pasado de uno de los protagonistas, pero también está contado en forma de aventura extrema con machaca, estridencia y explosiones. Y la última página pareciera dejar abierta la posibilidad de continuar la historia, lo cual estaría buenísimo, porque en una de esas Figueroa y Villarreal tienen pensado un final que no es el que vimos hasta ahora, sino algo más potente, más redondo. Ojalá en algún momento nos avisen que este librito de Silicium es apenas el Vol.1 de una saga pensada para seguir muchos capítulos más. El principal atractivo de la obra es, claramente, el dibujo de Villarreal. Más allá de algunos planos que se repiten mucho, estamos frente a un dibujante con un gran manejo de la composición de la viñeta, gran equilibrio entre masas negras y espacios blancos, gran criterio para la aplicación de los grises, gran despliegue a la hora de imaginar maquinarias, armaduras, chumbos y edificios futuristas, y con un estilo muy ganchero, tributario de dibujantes del mainstream yanki de los ´90, tipo Joe Madureira, Mike Wieringo, Roger Cruz... esa onda. De ahí aprendió Villarreal a dibujar personajes muy expresivos y a moverlos bien en las escenas de acción. Ya habíamos visto otros trabajos de este dibujante en el blog, pero este sin dudas es superior a los anteriores.
Hay más titanes planetarios, porque Loco Rabia compiló en libro la impactante Estrella Roja, una historieta que Manuel Loza serializó en la web durante varios años. Si te gustan la aventura y la ciencia ficción, Estrella Roja te va a hipnotizar de punta a punta. Es un comic rarísimo, porque está todo narrado sin diálogos y sin viñetas mudas: cada cuadrito tiene su bloque de texto y es por ahí por donde avanza la narración. Lógicamente, los mejores momentos llegan cuando Loza logra que el dibujo no se limite a ilustrar algo de lo que expone el texto, sino que agregue algo más. Por suerte, eso sucede bastante a menudo. La trama avanza a buen ritmo, excepto en un momento en que Loza deja el dibujo a manos de autores invitados, y la historia central se detiene para contar algunos flashbacks que -pese a estar muy bien dibujados- no aportan demasiado. Otra aspecto raro es cómo Loza se limita a sí mismo a la hora de dibujar. El formato de tira le impide jugar con la forma, el tamaño y la ubicación de las viñetas dentro de la página, y el tema de tener un bloque de texto sobre cada dibujo lo lleva a simplificar, a no matarse dibujando fondos que puedan opacar al texto, o quedar sepultados debajo de este. Es un equilibrio complicadísimo, pero de alguna manera funciona, y hasta deja espacio para que el dibujo se luzca y brille con mucha intensidad. Lo que más me gustó es cómo, en un contexto de aventura extrema, a todo o nada, en la que los protagonistas superan desafíos imposibles y peripecias aún más imposibles, Loza aprovecha para bajar línea. Y lo hace de manera clara, contundente, por momentos hasta con la notable habilidad de combinar consignas militantes con un cierto vuelo poético. Se nota mucho el trabajo a destajo por parte del autor, su esfuerzo por construir un mundo fantástico pero consistente, personajes imbatibles pero vulnerables, capaces de generar empatía en el lector... y a la vez se nota que la estaba pasando bomba, que hay pasión y disfrute a lo largo de toda esta epopeya que es Estrella Roja. El rulito del final, en el que esta saga se conecta con... otra, muy conocida, la verdad que lo vi venir muchas páginas antes. Pero igual está muy piola, muy bien ejecutado. El formato del libro... y, no... la verdad que no me gustó. Pero me doy cuenta que lo eligieron por una cuestión de fidelidad, de reproducir la experiencia de lectura que Estrella Roja ofreció semana a semana en la plataforma de comic online de Loco Rabia. De todos modos, es un formato incómodo para guardar, no para disfrutar de los dibujos y los guiones de Manuel, por eso no tiene sentido putearlo. Gran historieta, de lo más power del año.
Y termino con Tiburcio Tiene Novia, nueva recopilación de las historietas que Alejo Valdearena y Diego Greco publicaban semanalmente en la revista Billiken. Por ahí esta vez los chistes no me causaron tanta gracia como las anteriores, pero creo que nunca me reí tanto con un poema de El Gaucho Zombie como el que incluye el librito en esta ocasión. Como toda serie que ya lleva muchos años, Tiburcio amplió su elenco y muchos de los argumentos de estas historietas (todas de una página) surgen de la interacción entre los distintos personajes y los choques entre las distintas personalidades. La Gran Peanuts, digamos. Y también lo vemos a Valdearena nutrirse de un humor costumbrista, de cosas que hacen los chicos de carne y hueso, quizás llevadas un poco al extremo para que causen más gracia. En general son historias muy sencillas, donde hay una travesura, o un toque de picardía, o donde la imaginación de los chicos aparece contrapuesta a la realidad. Pero claro, esto es una historieta para chicos que leían Billiken, con lo cual la realidad se muestra un toque distorsionada: nunca hay un problema de plata en la familia, nunca hay situaciones de injusticia en la escuela, ni hay violencia ni inseguridad ni pobreza en las calles y plazas donde juegan Tiburcio y sus amigos. Es mundo más idílico que real, y no es ilógico que así sea, aunque leído por un adulto hace un poco de ruido. El dibujo de Greco es excelente, al igual que el color. Y cuando cambia de técnica para ilustrar el poema del Gaucho, directamente te detona las retinas. Un verdadero crack que merece mucho más reconocimiento del que tiene entre los fans de la historieta argentina. Obviamente recomiendo comprar el nuevo librito de Tiburcio, leerlo en 15 minutos y regalárselo a un hijo, sobrino, ahijado o mascota bípeda. Quedás como un duque y te divertís un rato. No se puede pedir mucho más. Y esto es todo por hoy. Mañana, partidazo del Mundial que ojalá ganemos. Y ni bien tenga más libros leídos, nuevas reseñas acá en el blog.

martes, 26 de agosto de 2014

26/08: TIBURCIO Vol.2

Poco para agregarle a la reseña del Vol.1, publicada el 19/05/13. Me encanta Tiburcio, me divierto mucho con sus mini-aventuras; me siento identificado, como si Alejo Valdearena conociera oscuros secretos de mi infancia: el miedo a tirarse del trampolín, las enfermedades fingidas para zafar de la clase de Educación Física, la onda con algunas maestras cuya belleza y simpatía me hicieron deponer mi clásica actitud de rebeldía, de ¿quién carajo sos vos para decirme lo que tengo que hacer?, los “cloros” en la pileta… Cuando yo era chico no había internet, ni videojuegos, ni comiquerías. Pero muchas de las cosas que vive Tiburcio en esta década, yo las viví en los ´70 y me causó mucha gracia verlas reflejadas en las tiras de Alejo.
Por supuesto, el dibujo de Diego Greco se luce más y más a medida que pasan las tiras. Lo que vimos en el Vol.1 era realmente notable y acá ya vemos al crack de Banfield en un nivel extraordinario, muy por encima de lo que se puede encontrar en casi todas las historietas de la Genios o la Billken. Claro, Greco juega con la ventaja de poder dibujar cuatro o a lo sumo cinco viñetas por semana, contra la página o las dos páginas que entregan sus colegas en las revistas semanales. Pero aprovecha a full esa posibilidad y realmente deja la vida en cada tira. Que además se aprecia muchísimo en el formato elegido para el tomito recopilatorio, en el que cada tira ocupa dos páginas. Te lo terminás muy rápido, es cierto, pero el dibujo de Greco impacta y se disfruta mucho más.
Quiero más Tiburcio. Compré esta fórmula de humor directo, simple, efectivo, finamente sazonado con mala leche y que, además de causarle gracia a los chicos (lo comprobé con mi sobrino, que ya se había hecho fan incondicional con el Vol.1 y esperaba al Vol.2 tanto como a la segunda peli de los Avengers) le puede hacer pasar un muy lindo momento a los grandes. Lo único que me costó entender del Vol.1 y que ahora entiendo menos que antes es cómo Valdearena y Greco tienen que disfrazarse de editores para publicar sus tiras, en vez de dedicarse a elegir la más copada entre las decenas de propuestas que deberían lloverles de las editoriales distintas que incursionan en el rubro de la historieta infantil. Ojalá haya libritos de Tiburcio para rato, así podemos disfrutar de esta exquisitez sin ensuciarnos las manos con esa inmundicia editorial conocida como la revista Viva.

domingo, 13 de julio de 2014

13/ 07: ALIENIGENA

Hoy es como que todo importa poco, porque tenemos los cinco sentidos puestos en lo que está por suceder en el Maracaná. Pero bueno, esto es así.
Hoy tenemos otra historieta originada en las páginas de la revista Comic.ar, luego reunida en un librito breve, con sólo 45 páginas de historieta. Se trata de Alienígena, una obra de Alejo Valdearena y Diego Greco, a quienes ya vimos colaborar en otra historieta de tono humorístico allá por el 19/05/13. Alienígena no se centra tanto en los gags como Tiburcio, sino que busca afianzarse en un tono de comedia, que le permita matizar un cierto trasfondo de “aventura”, o por lo menos de un conflicto un poquito más espeso. Por momentos, Alienígena tiene una onda sitcom, no para el lado de 4 Segundos, pero tampoco a años luz.
Básicamente, Alejo y Greco nos contarán la historia de Zaz, un chico hijo de alienígenas que vive en nuestro planeta y que tiene que sumarse a un nuevo colegio secundario, justo cuando su cuerpo sufre una transformación bizarra, típica entre los zongorianos, pero inquietante para los terrícolas. Vimos cosas parecidas en muchas películas yankis, así que la verdad es que las sorpresas no son tantas. Hay un buen desarrollo del protagonista, una especie de aventura divertida, varios chistes ingeniosos (marca de fábrica de Valdearena) y no sé si mucho más. Le falta por ahí definirse un toque, ser un poco más picaresca, ir más al filo de la grosería, o agarrar para el otro lado y ser más comedia de Disney, más limpito, más familiero. En ese tono intermedio es donde Alienígena adolece de una cierta inconsistencia.
El mejor dibujo de Greco es el de la portada, que es donde utiliza un trazo más similar al que vimos en Tiburcio. Adentro, en las tiras, Greco se vuelca por una línea más finita, no tan caricaturesca, que juega mucho para el lucimiento del color, pero a la que le falta peso gráfico. Ojo, se ve todo MUY lindo, pero me quedo con lo visto en Tiburcio, con ese trazo más grueso, más fuerte, más Cartoon Network, si se quiere. Por supuesto lo que más llama la atención y lo que más se disfruta es la expresividad que Greco le pone a los personajes, esa onda, esa gracia que sorprende sobre todo cuando uno ve los trabajos de Greco en su otro estilo, ese más realista, más académico, más oscuro, más pensado para la machaca heroica. Y también hay que destacar la narrativa, que está muy cuidada, y la elcción de los planos, sobre todo cuando Greco se las tiene que ingeniar para no mostrarnos nunca qué corno es “el pimpollo” que le sale a Zaz en la cabeza.
Si sos fan de Alejo Valdearena, o de Diego Greco, seguro que este librito te va a gustar. Si leíste esta tira en la Comic.ar y te gustó, obviamente no dejes de comprarte el librito. Si estás buscando la nueva joya de la historieta argentina, la verdad que no, que acá no la vas a encontrar. Pero para pasar un lindo rato, e incluso para quedar como un duque con algún pibe de 10 a 13 años, está buenísimo.

domingo, 19 de mayo de 2013

19/ 05: TIBURCIO Vol.1

Qué increíble cómo se le escapó este libro a las grandes editoriales, o a Comiks Debris, que es un sello pequeño, pero 100% centrado en historieta infantil... Lo cierto es que, en vez de seguir esperando el llamado providencial de algún editor que les propusiera convertir en libro esta tira que publican desde 2009 en la revista Viva, el guionista Alejo Valdearena y el dibujante Diego Greco rompieron el chanchito y se largaron ellos mismos a editar el primer recopilatorio de Tiburcio en formato libro. La verdad es que les quedó lindísimo: más de 100 páginas, muy buen papel, hermosa portada, un formato más grande que el de los libritos de tiras de Mafalda o Gaturro, y hasta un bonus track: un poema ilustrado inédito, protagonizado por el Gaucho Zombie.
Cuesta acostumbrarse al hecho de que tenemos una tira de Tiburcio cada dos páginas. Las tiras están reproducidas en un tamaño mayor que el de la publicación en Viva, y cada una ocupa dos páginas. En las primeras tiras, esto hace un poco de ruido, porque Greco rara vez dibuja más de cuatro viñetas, lo cual nos deja con sólo dos viñetas por página. A medida que avanza la tira, se hacen más frecuentes las seis viñetas y ahí sí, cada página del librito ofrece un poco más. En total tenemos 42 breves historietas de Tiburcio, más el poema del Gaucho Zombie, que consta de seis hermosas ilustraciones.
Lo bueno de publicar una tira cada dos páginas es que el dibujo de Greco se ve maravillosamente bien y se disfruta en toda su dimensión. El estilo que desarrolla acá el crack de Banfield no se parece en nada al de sus trabajos anteriores: esto es una especie de García Ferré del Siglo XXI,con una estética simple, muy jugada a la caricatura, personajes muy expresivos, fondos muy trabajados, color digital muy logrado (en el cuento del Gaucho Zombie es probable que el color sea analógico), variedad de enfoques, variedad en los tamaños y formas de las viñetas... y todo dibujado con una cancha tremenda, como si Greco hubiese incursionado en ese estilo 25 ó 30 años ininterrumpidos.
Alejo Valdearena también sorprende en su primera incursión por el género infantil, y en el formato de tira, que lo obliga a plantear y rematar situaciones en espacios muy acotados. Las mini-historias de Tiburcio y su sapo Batracio tienen ingenio, chispa, la cuota justa de ternura, y hasta cierta pizca de mala leche, de mirada poco piadosa hacia algunas convenciones sociales que el guionista de 4 Segundos no filtra (y lo bien que hace).. Tal vez porque la tira no sale en una revista infantil, el mundo en el que se mueve Tiburcio es mucho más real (y complejo) que el que vemos en las típicas historietas de Genios o Billiken, lo cual es un punto a favor, porque le permite a la Alejo jugar a menudo su ancho de espadas, que es el humor basado en la comedia costumbrista, con diálogos filosos, mordaces y que suenan muy reales, incluso dichos por chicos de 8 ó 9 años.
Nunca había leído las tiras de Tiburcio en la revista Viva (publicación excecrable, pensada para viejas culonas, con mucho tiempo al pedo, escaso gusto en materia de diseño y con el cerebro carcomido por las mentiras de Clarín) o sea que para mí este libro fue pura sorpresa. Y puro deleite, porque me encontré con una tira muy divertida, con un humor amplio, que funciona en varios niveles, con rasgos muy originales dentro de un género hecho hasta el hartazgo y con un dibujo increíble, muy por encima de la media. Uno podría pensar que Greco y Valdearena se guardarían sus mejores esfuerzos para trabajos que tengan más que ver con sus pasiones (que supongo que no pasan por hacer una tira infantil para Viva), y sin embargo acá tenemos a dos grossos de la historieta argentina actual decididos a no retacear ni lo más mínimo de su indiscutible (e infrecuente) talento. Me encanuto este librito en mi biblioteca y salgo a buscar otro ejemplar para regalárselo a mi sobrino, que en unos días cumple 7 años y –por supuesto- ya es comiquero a full. Ojalá salga pronto el Vol.2!

miércoles, 30 de mayo de 2012

30/ 05: CONTRARRELOJ

Alejo Valdearena y Pier Brito hicieron esta historieta para subirla a un blog, sin ver un mango, para cagarse de risa con sus amigos y seguidores. Y tuvieron suerte, porque al toque apareció una editorial española (Glénat, hoy rebautizada EDT) que la recopiló en un hermoso librito, para los que nos da fiaca entrar todas las semanas a un blog a leer fetas de historieta. Los localismos argentos fueron reemplazados por localismos españoles, pero hay algunas “aldeas galas” que resistieron la colonización: la historia transcurre en un lugar donde en Diciembre hace calor, hay supermercados chinos y Back to the Future se conoce como “Volver al Futuro” y no como “Regreso al Futuro”. Obviamente, en España no es. Entonces, aunque los personajes hablen de tú y digan “coño” y “polla”, la argentinidad profunda se hace sentir en Contrarreloj.
Valdearena propone una de sus especialidades, la comedia costumbrista con jóvenes loosers y alzados, pero con un twist muy rendidor: un elemento fantástico, un Fiat 600 hecho mierda que, como aquel inolvidable DeLorean, le permite a Crono (nuestro “héroe”) volver una y otra vez a tratar de enmendar las cagadas que –por obra u omisión- se mandó aquella tarde en la que tuvo regalada a Cecilia Suave y no se la transó por boludo. Es una especie de versión más geek de Dejala Correr, esa peli con Nicolás Cabré, Julieta Díaz y Fabián Vena, en la que Cabré volvía el tiempo atrás para corregir todo lo que le salía mal en su plan para voltearse a Julieta. En la peli creo que nadie llega a acostarse con nadie, pero acá sí, hay un garche, borracheras, bombachas y videojuegos.
Pero además hay varias secuencias muy cómicas ambientadas en el presente y otro flashback, a la infancia de Crono y Gómez, su primo el nerd, el genio que inventó la forma de volver atrás en el tiempo (sin condensador de flujo) y hasta creó un robot hinchapelotas adicto a la Coca-Cola (me sentí identificado con JARVIS, lo admito). Y al final, a modo de epílogo, una especie de final alternativo, un What If... muy ingenioso. En conjunto, Contrarreloj no llega a ser una obra maestra de Alejo, pero aún así tiene una premisa muy ganchera, muy buen ritmo, muchos buenos momentos, muchos diálogos y situaciones de alto impacto y asombrosa comicidad.
Pier Brito, radicado hace varios años en Holanda, es un dibujante al que la mayoría de los lectores argentos le perdieron el rastro hace más deuna década, probablemente desde que se fue al descenso Ultra, la antología en la que dibujaba Convergencia. La evolución de Pier entre aquellos trabajos y Contrarreloj es muy, muy notoria. En principio, porque hoy está canchero en varios estilos, a falta de uno. El que más usa en esta obra es su estilo más realista, una mezcla entre Eduardo Risso y Katsuhiro Otomo, con mucha expresividad en las caras y mucho laburo en los fondos, la ropa, los peinados, etc. Además maneja muy bien los efectos digitales, como esa textura de revista antigua que le imprime a las secuencias que transcurren en el pasado y que quedan buenísimas. Y además, en algunas secuencias pela otro estilo totalmente distinto, más sintético, más cercano al humor gráfico o la ilustración infantil, también muy bien complementado con buenos efectos de Photoshop.
Contrarreloj no te cambia la vida ni mucho menos, pero está muy bien para cagarse de risa un rato, para prestársela a gente que habitualmente no lee historietas y para redescubrir a un Pier Brito mucho más afianzado, versátil y completo que el de sus historietas publicadas en Argentina a fines de los ´90. Y hablando de publicar en Argentina, no estaría nada mal una edición local de Contrarreloj, sin los “coño” y “polla” y con los diálogos 100% argentos, como seguramente los pensó Alejo. Esto es pochoclo, sí, pero del bueno.

lunes, 5 de septiembre de 2011

05/ 09: PEATONES


Mi intento de puesta al día con el material argentino me lleva a un comic hecho por argentinos, pero para una revista española, e incluso mientras residían en España. Y por supuesto, lleno de localismos e informalismos típicos de la Madre Patria que acá no tienen mayor sentido. Pero bueno, eran los primeros años del milenio, la situación en Argentina estaba jodida como enema de chimichurri, y Alejo Valdearena y Feliciano Zecchín, tras el mini-suceso de culto obtenido con 4 Segundos, decidieron que en España tenían mejores chances de no cagarse de hambre, y para allá enfilaron. Alejo volvió un par de años después y Feliciano todavía está allá.
Lo cierto es que en la mítica El Víbora dieron luz a lo más parecido a una secuela de 4 Segundos que se podría imaginar. Peatones arranca como una serie de protagonismo coral, con personajes que se cruzan unos con otros por la ciudad al estilo Sin City, pero rápidamente decanta hacia las desventuras sentimentales de Beto, el que cree en el amor, y Tony, al que sólo le importa el sexo. Con estos protagonistas, y un elenco de secundarios y de personajes ocasionales que se va armando sobre la marcha, Alejo y Feliciano ponen de nuevo en marcha su maquinaria de irresistible comedia urbana, repleta de losers, cínicos, degenerados y alienados.
Las situaciones son un poquito menos extremas que las de 4 Segundos, es cierto, pero los diálogos están mucho más afilados y el timing sigue a ese insuperable nivel. Los protagonistas de Peatones hablan más que los de 4 Segundos, y por supuesto también “vemos” lo que piensan, tanto en los globos de pensamiento (debe haber más que en cualquier otro comic de este milenio) y en secuencias totalmente limadas, que se sitúan dentro del subconsciente, o en los sueños de Tony y Beto. Como en toda historieta apuntada a jóvenes y adultos, el sexo ocupa un lugar importante, pero acá todo está sugerido. Se habla mucho de coger, y de hecho se coge bastante, pero se muestra poco. En ningún momento parece una historieta erótica ni porno.
Detrás de esos 20 episodios uno más gracioso que el otro, el tomo nos ofrece un puñado de historias cortas realizadas por Alejo y Feliciano también para El Víbora, pero no todas son en joda. Casi siempre se trata de breves historias de amor marcadas por el desencuentro. Mi favorita es la primera, y el resto… no todas me terminan de cerrar.
Las historias cortas sirven, sobre todo, para ver a Feliciano probar otras cosas en materia de dibujo y sobre todo de narrativa. Los 20 episodios de Peatones se ajustan todos a una misma grilla, con páginas divididas en cuatro tiras, de una o dos viñetas (tres, alguna vez). Dentro de esos confines, Feliciano pone todo, en un estilo más suelto, menos definido que el de 4 Segundos, seguramente pensado para dibujar más rápido. Lo cual no le resta ni 15 gramos de encanto a esa ciudad y a esos personajes, todos perfectamente diseñados, con atención a los gestos, la ropa, los accesorios, un lujo. Y en las historias complementarias, vemos a Feliciano zarparse mucho más en el color, trabajar en un registro más expresionista, y probar distintas planificaciones de página, entre ellas clásica grilla de 9 viñetas (la Gran Watchmen) que tantos buenos resultados le diera en 4 Segundos.
Y bueno, lo de siempre… Grossísimo material, gloriosos autores en un nivel muy, muy alto, y la inconmensurable vergüenza que produce pensar que esto no está editado en Argentina y que una ínfima fracción de los fans de Alejo, Feliciano y 4 Segundos saben que esto existe, que está buenísimo y que se puede comprar sin subastar los órganos en e-bay.