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miércoles, 6 de diciembre de 2023
TIEMPO PARA RETOMAR
Finalmente encontré el huequito para leer un par de libros más, y es hora de reseñarlos.
Empiezo por Mundus, el nuevo trabajo de Mauro Mantella, una vez más editado por Rabdomantes. Se trata de la historia de un grupo de personas que intentan sobrevivir en un mundo muy extremo y alucinante al que aparentemente llega sólo gente que murió, y que en vida le cagó la existencia a alguno de sus semejantes. Estos hombres y mujeres están perdidos, a la deriva en un lugar que no terminan de entender qué carajo es (parecido a Lost, que -aclaro- nunca vi, pero me contaron de qué se trataba). Hay mucho desarrollo de personajes, muy buenos diálogos, momentos en los que cada uno de los protagonistas tiene la oportunidad de contar algo de su pasado como para que entendamos por qué corno cayeron ahí... todo muy lindo hasta que llegás a la última viñeta y te enterás de que lo que compraste no es una historia completa, sino "el volumen 1". No hay ninguna advertencia ni en la portada, ni el lomo del libro, ni en ningún lado. Te cortan la aventura, así, en seco, sin avisar, y esto sin dudas es una mierda. Hay que ser muy perverso para 1) no explicitar que lo que estás comprando no es una obra completa sino una primera parte de una serie, 2) ponerle punto final a la narración en un momento tenso, picante, que te deja con toda la leche, y 3) no comunicar por ningún medio ni red social cuándo va a estar a la venta el Vol.2.
Lo bueno es que mientras leía Mundus me enganché y la pasé muy bien. Y lo mejor (lo que casi me hace perdonar tanta maldad) es que está todo dibujado como los dioses por Mauro Lirussi, un autor al que conocí cuando era adolescente y que -en los más de 20 años transcurridos- pasó de ser un animal a ser un crack absoluto. Lirussi ya era obscenamente bueno cuando era muy pibe, y a lo sumo mi "miedo" era que no agarrara el training que hace falta para aprender a poner el dibujo (¿qué digo "dibujo"? ¡recontra-dibujazo!) al servicio del relato. Bueno, acá la narrativa es impecable y vemos a Mauro bancarse todo, hasta esas páginas repletas de texto en las que Mantella les hace decir a los personajes unos choclos de texto dignos de un monólogo de Enrique Pinti. El trazo de Lirussi es complejo, generoso, frondoso... siempre dentro de esa línea realista y oscura que por ahí identificamos con Leonardo Manco, Salvador Sanz, con rostros expresivos, fondos imponentes, monstruos aterradores y un manejo sobernio de todas las técnicas vinculadas al dibujo en blanco y negro que se te puedan ocurrir.
Espero lo que haga falta por otras 75 páginas dibujadas por Lirussi a este nivel... aunque temo que para cuando se publique un segundo libro de Mundus no me voy a acordar nada de la trama.
Y me queda el Vol.15 de Historieta Revólver, la antología de historietas autoconclusivas que aparece una vez por año en formato libro, muy bien impreso, con material a color y en blanco y negro de autores y autoras (básicamente) de nuestro país. Lo primero que me llamó la atención es que dos de las historietas más interesantes ya las tengo en otras antologías: la de Rodolfo Santullo y Guillermo Hansz la vimos el 05/08/23 y la de Ezequiel Rosingana, el 15/03/19. Una pena.
Pero me encontré con otras dos historietas que me gustaría destacar. Creo que la mejor es la de Fabián Slongo, cautivante desde el dibujo y muy sólida desde el guion. Me encantó también la del maestro brazuca Wander Antunes, casi un continuador de las malignas historias cortas que hacía Oswal con Sánchez Abulí. Ahí ya hay cuatro muy buenas.
Y después, lo de siempre: buenos dibujantes a los que le faltan mejores guiones... Julio Azamor, con ese trazo vigoroso, impactante, lo quiero ver dibujar mejores historias. Juan Bobillo, un monstruo de una versatilidad asombrosa, acá también, se escribe él un guion que tiene momentos graciosos, pero que no le hace justicia al dibujo. La de Sergio Ibáñez tiene un guion de Marcelo Pulido... en el que no hay conflicto. Es gente que habla, o que se queda en silencio, pero nunca se llega a esbozar un conflicto, algo que hay que resolver. Me impactó también el dibujo de Diego Pogonza, realmente exquisito, con un gran manejo de la anatomía, las expresiones faciales y la iluminación... pero el guion se me hizo largo al pedo (y el rotulado, casi ilegible).
La de Dolores Alcatena tiene una idea ingeniosa y muy buenos diálogos, pero el dibujo parece hecho así nomás, sin demasiado esfuerzo (aunque el color lo levanta bastante). Y después hay otros dibujantes que ofrecen trabajos correctos, como Santiago Miret, Fernando Papino, Migue Ramírez, Daniel Mendoza... pero ninguno descolla ni genera mayor entusiasmo. Ni siquiera Walther Taborda que también, parece poner lo justo como para que la historieta se vea bien, pero sin onda, ni pasión, ni ganas de inventar nada.
Como siempre digo, me encanta leer historias autoconclusivas de distintos géneros, me copa que Historieta Revólver mezcle a autores de mucha trayectoria con chicos y chicos menos publicados, y técnicamente el libro está muy bien hecho. Falta ajustar un poco la calidad de los dibujos, y sobre todo la de los guiones, para subir la vara y que esto parezca más una selección que un rejunte.
Nada más, por hoy. Me vuelvo a sumergir en la Comiqueando Digital nº8 (se viene un numerazo de la hostia) y prometo volver a postear por acá ni bien logre bajar un poco más la pila de las lecturas pendientes. Gracias y hasta pronto.
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jueves, 22 de diciembre de 2022
HORA DE RETOMAR
Sigo jugadísimo en la recta final de la Comiqueando Digital nº6 (si todo sale bien, va a estar disponible el lunes), pero como ya terminó el Mundial, y ya vi todos los miles de videos de la Selección Argentina que necesitaba ver, y los goles, y los testimonios, y las reacciones y toda esa hiper-manija que generó uno de los mejores mundiales que recuerdo haber visto, ahora sí, me queda un ratito libre para dedicárselo a las reseñas.
Empiezo con La Orden del Bes, un nuevo trabajo de la dupla integrada por Rodolfo Santullo y Horacio Lalia. Una aventura original, interesante, con buen equilibrio entre la machaca y la intriga política, con algunas peculiaridades que me llamaron la atención: Un final que no es muy final, porque no sabés si los protagonistas tuvieron éxito o no en su cruzada; un personaje femenino cuyo rol crece bastante en el segundo tramo de la obra pero de un modo que se siente bastante forzado, como si Santullo se hubiese impuesto a sí mismo incorporar a una mujer al elenco protagónico cueste lo que cueste; y algunas peripecias que están medio al pedo, como para que no falte acción, pero que en realidad no aportan mucho, más allá de ver cómo los protagonistas zafan de peligros extremos, en buena medida gracias a la pésima puntería de sus adversarios.
Todo el tiempo repito "los protagonistas", porque no los quiero definir como "los buenos" ni como "los héroes". Eso le restaría capas de complejidad a la trama que urde Santullo y, sin dudas, parte del atractivo de La Orden del Bes pasa por ese dilema moral que enfrentan Rodya y Orel, y que resulta fundamental en el devenir de los acontecimientos. Son 96 páginas narradas a muy buen ritmo, con buenos diálogos, bastante desarrollo para los personajes centrales y buena construcción de un universo duro y opresivo, cuyas particularidades le dan más sentido a la epopeya que -tarde o temprano- se come cruda a la rosca política y a la onda más de espionaje con la que empieza la historia.
El dibujo de Lalia es correcto, sin olvidar nunca que se trata del Lalia del Siglo XXI, no de aquel dibujante virtuoso y exuberante de los ´70 y ´80, ni de aquel dibujante espectacular y potente de los ´90. Acá el maestro se luce cuando dibuja casas, castillos, fortalezas y palacios, y flaquea un poco cuando le toca dibujar cuerpos en acción. El armado de la página tiene esos típicos momentos en los que Lalia desorienta un toque al lector con la ubicación de algunos cuadros y algunos globos, pero nada demasiado grosero. La Orden del Bes está lejos de entrar en la categoría de los imprescindibles, pero como aventura para entretenerse un rato, no está nada mal.
Y me liquidé también el Vol.14 de Historieta Revólver, una antología de más de 200 páginas repleta de historietas autoconclusivas de autores argentinos. No me gustó tanto como el anterior, principalmente porque no encontré una historieta que me volara la cabeza, que me conmoviera con su originalidad o con su belleza plástica. Dentro de ese panorama donde es más difícil destacar gemas del dibujo o genialidades del guion, encontré algunos trabajos que me gustaron bastante.
El dibujo de Paula Andrade en la historieta llamada "Hypnos" me pareció excelente. Lástima que sean tan poquitas páginas. Santiago Miret dibuja dos historietas en la antología y hay mucha diferencia en la calidad. Muchísimo mejor en "Selección" que en "Más Allá", donde dibuja un muy lindo guion de Javi Hildebrandt. "El Llamado", de Fabián Slongo, probablemente sea la historieta más pareja, donde tanto guion como dibujo están a un gran nivel. Nunca había visto a Slongo dibujar en ese estilo, y me encantó. Me pareció brillante el guion de Walter Koza en la historieta "Los Negros de Nueva Esperanza". El dibujo también es bueno (a cargo de Loco Gonzales), pero al lado del guion queda chiquito.
Más dibujantes que me impactaron con su trabajo: la gran Carina Altonaga y Carlos Vera, a quien no conocía, pero es un capo. Muy bueno el trabajo de Wander Antunes (un brazuca invitado de enorme trayectoria en Europa). Y por debajo de lo que yo esperaba la colaboración entre los míticos Robin Wood y Solano López. La de Walther Taborda tiene unos dibujos impresionantes en los edificios, calles, decorados de interiores, pero se desluce un poco cuando dibuja a todas las mujeres con cuerpos de vedette, como si fuera una historieta erótica. Tomás Coggiola me sorprendió con un giro interesante al clásico mito del hombre lobo. Sebastián Rizzo me atrapó con los excelentes diálogos en su historieta "San La Muerte". Y para terminar destaco la colaboración entre J.J. Rovella y Julio Azamor, ocho páginas con buen nivel tanto en guion como en dibujo.
El resto, o no me llamó la atención o no me gustó. Pero por supuesto está bueno que cada tanto aparezcan estos masacotes en los que tienen cabida decenas de autores y autoras y donde se le da protagonismo a las historias cortas, sin personajes recurrentes, que es algo que corre el riesgo de desaparecer hoy que todo el mundo está tan pendiente de las las obras de gran extensión.
Ni bien tenga un par de libritos leídos, nos reencontramos por acá. Aguante la Scaloneta y las Abuelas de Plaza Mayo, que encontraron al nieto nº 131. Será hasta pronto.
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domingo, 28 de agosto de 2022
HISTORIETA REVÓLVER: CASA ABIERTA
Por su volumen y por su repercusión, este libro merecía una reseña para él solito. Ahí vamos.
Después de un par de años de intentar la proeza con una antología que salía en kioscos y comiquerías de manera bastante periódica, en 2021 la editorial Primavera Revólver rompió su propia lógica y se volcó decididamente al formato libro. Y en vez de discontinuar la antología, la agrandó, la convirtió en un potente masacote de más de 200 páginas, en el que conviven 28 historietas. Como es lógico, la calidad no puede ser pareja si hay 28 historietas y 58 autores involucrados, pero la lectura del tomo resulta -en general- muy satisfactoria. Vamos a recorrer algunos momentos destacados.
¿Está piola poner la mejor historieta adelante de todo, o conviene guardarla para el medio, o para el final? No sé, es un lindo tema para debatir: anatomía de las antologías. Lo dejo picando. Esto viene a cuento de que Casa Abierta arranca con Vacío, una historieta de Sergio Carrera que sin dudas está en el podio de lo mejor del libro. Oro, plata, bronce... no sé, pero seguro es de las tres mejores. Una verdadera gema.
La otra que seguro pelea el primer puesto es la de María Eugenia Alcatena y Muriel Frega. Se llama La Siesta y en apenas 12 páginas ofrece tantas buenas ideas, tanta imaginación en la puesta en página y unos dibujos tan hermosos, que la tuve que releer dos veces más.
Y también me parece alucinante que se haya publicado en castellano La Noche de Rasputín, una de las 10 historietas que componen la mítica antología Un Giorno, Un Secolo. En este caso, el guion de Robin Wood lo dibuja Quique Alcatena y de la magia de estos dos próceres del Noveno Arte sale un relato realmente inquietante, fiel a la historia real, pero con espacio para la fantasía y la poesía.
Después hay cosas raras, como esa historieta de Carlos Albiac y Horacio Lalia, que parece de principios de los ´80. ¿Estaba inédita, o es algo que ya se publicó hace más de 40 años en alguna revista de Record? Me encantaría saberlo. También es polémica la decisión de republicar (pasada a grises de manera no muy lograda) una historieta de Luciano Saracino y Dante Ginevra que ya formó parte de otra antología (De Amor, de Locura y de Muerte, reseñada el 26/05/11). La historia más larga del tomo está escrita por Néstor Barron y dibujada por el recordado Walther Taborda, en un estilo espectacular, muy loco, como si la estética de Taborda de pronto se fusionara con la de Enki Bilal. El guion, lamentablemente, se me hizo largo. Para cuando el conflicto realmente cobra tensión, ya me había aburrido con muchas secuencias innecesarias.
¿Qué más me gustó? Muchas cosas. Ver a El Sombra y Tito dibujados por Edu Molina fue genial. Esas cuatro paginitas de Martín Renard y Tomás Aira (Timeblocked) también me encantaron, sobre todo por el excelente manejo de los diálogos que muestra el guionista. Los dibujos de Diego Pogonza, impresionantes, de altísimo nivel. En general hay muy buenos dibujantes, sobre todo de estilos realistas: Manuela Mauregui la rompe, Carina Altonaga la rompe, Marcelo Valentini está muy bien, Julio Azamor también... Y fuera del estilo más académico, sin dudas Sejo se lleva todas las palmas.
También me gustaron mucho el dibujo de Oscar Capristo, la breve historieta de Emilio Balcarce y Fabián Mezquita, y dos ideas, que dieron pie a sendas historietas que por ahí no alcanzaron todo su potencial: la de Dolores Alcatena parte de una premisa sumamente atractiva, pero algo en el dibujo hizo que no me pegara tan fuerte. Y la de Hernán Martignone y Diego Rey, también, parte de una premisa que me entusiasmó, pero me encontré con que eran cuatro páginas sin un conflicto, y yo soy de esos pelotudos que quieren que en las historietas haya un conflicto, algo que se tenga que resolver en algún momento de la trama.
Ya nombré a un montón de autores y autoras destacados, y podría sumar menciones a Lubrio, Pablo Barbieri, Sergio Ibáñez, Juan Sáenz Valiente, Alejandro Farías, Gustavo Schimpp, Kripto... Mucha gente muy talentosa hizo su aporte a Casa Abierta, y si bien no todos estuvieron a la altura del material que más me interesó o más me emocionó, la acumulación de experiencias, estilos y miradas diversas sin dudas enriquece la propuesta. La portada de Aleta Vidal está buenísima, la calidad del papel es muy buena, el material está muy bien reproducido (tanto las páginas en blanco y negro como el segmento a todo color), y en general se siente que Paula Varela, la editora de la antología, le pone mucho amor al proyecto, no lo hace para facturar unos mangos ni para buscar chapa o protagonismo.
La verdad que está buenísimo que en la era de las novelas gráficas de chotocientas mil páginas haya un espacio para que los maestros de siempre compartan con los autores más jóvenes las páginas de una antología potente, donde todos puedan brillar con historias cortas que visiten distintas temáticas y las aborden en distintos estilos. Este año ya se publicó otro número bien nutrido de Historieta Revólver, que seguramente voy a leer recién en 2023. Así que el proyecto sigue adelante, y eso hay que celebrarlo.
Nada más, por hoy. Como suele suceder, reapareceré con nuevas reseñas ni bien tenga más material leído. Gracias y hasta entonces.
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