el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 4 de julio de 2012

04/ 07: A.D.A. (AGENCIA DE DETECTIVES DE LA ANTIGÜEDAD)

Chaland not dead! El genio máximo de la línea clara posmoderna (o Estilo Atómico) puede haber muerto en aquel trágico accidente de 1989, pero su esencia, su espíritu, su magia sigue viva en Antonio Lapone, este dibujante italiano al que hasta hace poco no conocía y del que hoy me hice hardcore fan. Por suerte, Lapone es bastante más que un clon prolijo de Yves Chaland. Su estilo, si bien nos remite al malogrado prócer de los ´80 (y obviamente a Hergé, que es muy anterior), es claramente Siglo XXI y se aprecia la sana intención por parte del italiano de no quedarse en el molde, de ampliar el espectro. Sobre todo en la segunda aventura (el libro trae dos), que ofrece climas más bizarros/ oscuros y Lapone responde como lo haría Lucas Varela: choreando iluminaciones de Mike Mignola, rey de la bizarreada dark. Hoy, me parece que no. Pero en 2001, cuando Lapone dibujó la primera aventura de Carter y Belzoni, si le hubiesen dicho a Lucas Varela “dibujate una de aventuras ambientada en los ´50 tratando de clonar la línea de Chaland”, habría salido algo muy, muy similar a la historieta con la que abre este tomo.
Para cuando te recuperás del impacto que producen los magníficos dibujos del italiano, te están esperando dos guionistas franceses para contarte sendas historias de aventuras con arqueólogos, nazis y femme fatales, muy al estilo Indiana Jones (de hecho, los personajes dicen conocer a Indy). En la primera, Pierre Vanloffelt nos presenta a los dos protagonistas, el yanki Carter, impulsivo y audaz, y el europeo Belzoni, refinado y cauteloso. Los dos son especialistas en reliquias de la antigüedad y aunque sus métodos son muy distintos, terminarán por formar equipo para resolver un enigma que los lleva a las pirámides de Egipto. Como suele suceder en este tipo de aventuras, hay acción, persecuciones, traiciones y revelaciones shockeantes, más alguna secuencia virada hacia la comedia y (como en el Freddy Lombard de Chaland) ricos contrapuntos entre personajes con personalidades muy fuertes, muy bien definidas. Lo único molesto es que pasan demasiadas cosas en apenas 48 páginas, lo cual le resta lucimiento al dibujo de Lapone, que tiene que meter chotocientas viñetas por página. Esto mismo, en 64 páginas era mil veces mejor.
La segunda historieta salió en Francia cinco años después que la primera, ahora con otro guionista, Regis Hautiére, frecuente colaborador de Walther Taborda en los trabajos que realiza nuestro compatriota para el mercado franco-belga. Hautiére le tiene un poquito más de piedad al pobre Lapone y afloja un cachito con la cantidad de viñetas por página. Como los personajes ya están presentados, la segunda aventura le pone todo el énfasis a la trama, una trama compleja, ambiciosa, que trae al elenco a México para marearlo con varias vueltas de tuerca impredecibles, con algunos momentos más cercanos a Hellboy que a Tintín y con un rol más importante para dos mujeres, que además de sensualidad aportan una mirada distinta acerca del mundo de los aventureros de parajes exóticos.
Los dos guionistas cumplen con lo suyo de manera más que satisfactoria y nos dejan para la posteridad a dos personajes, Carter y Belzoni, a los que cualquier fan del comic de aventuras quiere volver a ver cuanto antes. De todos modos, y aunque la saga de los Detectives de la Antigüedad no se retome jamás, este libro es un hallazgo inolvidable, simplemente porque me sirvió para descubrir a este nuevo ídolo llamado Antonio Lapone. No sabemos si de vez en cuando o muy seguido, pero Lapone. Siempre Lapone. Ponelo vos también en la lista de los imprescindibles.

viernes, 20 de agosto de 2010

20/ 08: GHETTO POURSUITE


Los editores de Francia, esos que tienen al mercado bajo permanente análisis e investigan los fenómenos del comic a nivel molecular, descubrieron que hay un segmento del público juvenil en el que el consumo de historietas es particularmente bajo: los fans del rap y el hip-hop. Así es como Dargaud (nada menos) se aventuró a seducir a ese segmento “rebelde” con un libro en cuya trama tiene bastante peso Rim´K, el líder del grupo de hip-hop galo 113.
Rim´K participó del guión junto a Régis Hautiére, un guionista prolífico (acumuló más de 20 obras en seis años) y querido por los fans. Pero entre los dos se mandaron un cagadón: buena parte del peso dramático de la trama recae en un recurso maravilloso para el cine y muy complicado para la historieta: una persecución de autos. La persecución de autos en un medio sin sonido y (sobre todo) sin movimiento se hace muy, muy cuesta arriba. Por supuesto, hay metáforas visuales para sugerir el movimiento, pero no es lo mismo. En el cine ves y hasta sentís con mucha más intensidad lo cerquita que pasa un auto de otro, los sacudones que se dan dentro de la cabina en cada frenada o cada curva agarrada medio a lo salvaje, el verdadero vértigo de una persecución. En el comic, si extremás los recursos expresionistas para acentuar el vértigo, te despegás mucho de la imagen “real”, de cine, que es la que el lector tiene como referencia para la persecución de autos. Si la dibujás muy real, con fotos mínimamente retocadas, te queda algo estático, donde no se lucen ni la velocidad ni el vértigo.
El dibujante al que le tiraron este fardo no es otro que el argentino Walther Taborda, el “BD Maker”, uno de los artistas locales más curtidos en el tema de laburar con constancia para el mercado francés. Y la verdad es que Taborda pilotea el avión averiado con destreza y profesionalismo. Hay escenas en las que tanta foto de auto retocada te llena un poquito las bolas, pero el BD Maker trata de variar los ángulos y de mechar con tomas de adentro de los autos, donde los personajes aparecen dibujados en su estilo habitual, más suelto, menos acartonado. Ahí es donde Taborda hace la diferencia, cuando interactúan entre sí los cinco chicos protagonistas, e incluso los villanos. En esas secuencias, entre personajes con mucha onda y unos fondos laburadísimos, transcurren los mejores pasajes del álbum.
Por el lado de los guionistas, no todo está perdido. Sí, se mandan una que cualquier profesor de guión les recomienda a sus alumnos no hacer. Pero también hay aciertos: la trama de corrupción política descubierta casi sin querer por estos pibes del suburbio está muy bien llevada. Los chicos además son reales. Parecen de acá nomás, de cualquier barrio del conurbano bonaerense. Juegan al fulbito en el potrero, se ceban con la playstation, y coexisten con padres que no les dan ni bola y con malvivientes que los usan para algún laburito sucio, pero menor. Los diálogos están cuidados y el rol que Rim´K se reserva para sí mismo no es intrascendente, pero tampoco es el superhéroe omnipotente que resuelve todo solito y sin ensuciarse la capuchita. O sea que, a pesar de abusar de un recurso que en el comic cuesta un huevo hacer funcionar, la historia tiene onda, sustento y –sin ser nada del otro mundo- atractivo.
Y bueno, no sé si los fans del hip-hop acudieron masivamente a las librerías a comprar Ghetto Poursuite, pero me sirvió para ver a Taborda en un muy buen nivel, en una historieta de temática urbana, actual, dinámica, con un guión que no le exige 150 cuadros por página, y con un colorista que entendió el tema del claroscuro y desarrolló una paleta intencionalmente limitada, y a la vez muy bien ajustada al clima de la historia y al dibujo del BD Maker. Por ahí, y por la construcción de los personajes, pasan los logros de este álbum.