el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 2 de marzo de 2010

02/ 03: LOS HERMANOS


Cada tanto, los comiqueros argentinos escuchamos las leyendas de ese El Dorado fastuoso e inalcanzable que es la inmensa producción de nuestros autores para el mercado italiano. Esa que, desde que desapareció Skorpio en 1995, no sólo casi no se conoce en nuestro país, sino que en su gran mayoría ni siquiera se publica jamás en castellano. Así es como leer a Robin Wood o a Mazzitelli, nos resulta tan excéntrico e improbable como leer al más vanguardista de los autores del under ucraniano. El bache ya es un abismo de 15 años, del cual se han rescatado apenas un puñado de obras (algunas, gracias a un sello editor uruguayo) y desde cuyo lejano fondo nos llegan ecos de Alcatenas, Capristos, Tabordas, Lalias, Vogts o Carlitos Gómez, ecos de voces gloriosas que acá casi ni se conocen.
Esta vez fue La Duendes la editorial que se animó a bucear en el abismo y rescatar a una de las miles de historietas creadas en Argentina para ver la luz en Italia, y que por supuesto no existía en nuestro idioma hasta que apareció esta edición. Ricardo “Infinito” Ferrari y Diego “el Chueco” Aballay son los autores de esta saga que se propone rescatar la aventura en su más puro estado: una epopeya 100% fantástica, sin contacto alguno con la realidad, ni obvio ni sugerido a través de sutiles metáforas. Los Hermanos juega a ser historieta “de la de antes”, con malos muy malos, buenos muy buenos y un contexto fantástico en el que la magia, los bichos fumados, las gemas de luz, los zombies, gigantes, enanos y brujos puedan cagarse libremente a espadazos, o sacrificarse los unos a los otros en algún altar bañado en sangre.
Y le sale bien. Ricardo Ferrari (uno de los guionistas con más obra publicada en Italia e inédita en Argentina) maneja perfectamente los mecanismos del clásico guión de aventuras y lleva esta historia adelante sin mayores sobresaltos. Crea un mundo coherente, interesante, y suelta a los personajes para que jueguen en él. Como en casi todas las obras de Ferrari, prácticamente no hay viñetas sin texto. El diálogo es omnipresente y a veces –viejo vicio columbero- nos cuenta exactamente lo que nos está mostrando el dibujo, mientras que otras veces –las mejores- sirve para que Ferrari dé cátedra de finas ironías y afilado sentido del humor. Tal vez lo más logrado sea la forma en que Ferrari se resiste a estirar innecesariamente la historia. El planteo argumental da para una serie infinitamente más extensa, para chorear años y años y hasta vender la licencia para el videogame. Esta misma historia, cualquier guionista japonés te la hace durar no menos de 7.000 páginas. Ferrari la remata en 96 sin dejar cabos sueltos y sin retacearle espacio al desarrollo de los personajes. Eso es oficio.
Por el lado del dibujo, el Chueco Aballay deja ver en algunos momentos que este trabajo (de 2005) marca su debut en Primera División. Si viste sus páginas más recientes (y si no, chequeá su blog, que es una orgía), te quedará clarísimo que el Aballay de 2010 le pasa 136 trapos al Aballay de 2005. Lo cual no significa que su desempeño en Los Hermanos sea flojo. Hay algunos dibujos muy estáticos, falta un poquito de soltura y de onda, pero –Bambino dixit- la base está. Y es una muy buena base, en la que vemos la influencia de uno de sus maestros, el recordado Alberto Salinas, pero también la inquietud de ir un poco más allá de los cánones hiper-clásicos del prócer, y meterse también con algunos de los autores yankis que en décadas recientes cambiaron bastante la forma en que se piensa el dibujo realista, o de aventuras. Lo cual no siempre se puede capitalizar en favor del relato, porque los capos de la Eura Editoriale te van a pedir siempre que te ajustes a la narrativa clásica, por más que hayas estudiado al dedillo y puedas imitar todos los yeites de Neal Adams, Steranko, Chaykin o –Dios nos libre- McFarlane o Jim Lee. Pero la intención de buscar variantes novedosas está, y se agradece.
Si te gusta la fantasía épica pura y dura, con machaca tipo Conan, criaturas pesadillescas, buenos diálogos y un argumento que no se empantana ni pierde tiempo en boludeces, Los Hermanos te va a resultar una aventura sumamente gratificante.