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jueves, 20 de febrero de 2025
JUEVES A PLENO
Esta noche juega Racing por la Recopa y mañana es mi cumpleaños. Ojalá los gladiadores de Gustavo Costas me regalen un triunfo. Pero vamos a repasar las últimas lecturas...
Un lejano 30/10/17 me tocó comentar la adaptación de Romeo y Julieta realizada por el maestro italiano Gianni De Luca, que me había parecido una maravilla absoluta. Por ende, le entré con altas expectativas a otra obra de William Shakespeare llevada al comic por el mismo titán de la tinta. El Hamlet de Gianni De Luca es apenas un año anterior a su Romeo y Julieta, pero la verdad es que el resultado no se le acerca. Es cierto, es en Hamlet donde De Luca inventa los fascinantes trucos narrativos que me deslumbraron en Romeo y Julieta, pero en esta obra casi nada funciona tan bien como en la siguiente.
El dibujo sí, es fastuoso. De Luca ensaya una actualización de la línea académica elegante y sólida de próceres como Alex Raymond y le sale perfecto. Las figuras son dinámicas, los rostros son expresivos (a veces se parecen más a los de Paul Gillon que a los de Raymond) y el trabajo en decorados, paisajes y vestuario es realmente descomunal. Pero la narrativa por momentos es torpe (en la última página es directamente catastrófica) y -lo más importante- la adaptación no está bien hecha.
De Luca no le encuentra la vuelta a la obra de Shakespeare. No presenta bien a los personajes ni a los conflictos, narra con bloques de texto (bastante extensos) secuencias clave que hubiese estado bueno dibujar, subplots enteros se esbozan pero no se desarrollan... Si uno no conoce la obra de Shakespeare, se va de la adaptación sin haber entendido demasiado qué catzo está pasando en esa Dinamarca medieval gobernada por gente que se vincula con sus familiares de manera muy retorcida y obra de manera totalmente irracional (pero no promociona criptomonedas truchas).
Me quedo con la indescriptible calidad del dibujo, y por supuesto con las ganas de innovar, porque -fallida y todo- Hamlet ofrece una puesta en página que en 1975 no se le había ocurrido a nadie. Y me quedo también con el libro de Romeo y Julieta, que -repito- es muy superior. Este va a la pila del material para largar, porque realmente lo único que me interesa conservar es el notable prólogo del colega y referente Álvaro Pons.
Los memoriosos recordarán que el 29/01/19 hablamos en este espacio del primer tomo recopilatorio de Batman & Robin Adventures, la segunda serie de comics basada en la gloriosa serie animada de Batman estrenada en 1992. Ahora me voy para atrás, a releer (en libros, ya no en revistas) aquella primera colección, la que tuve el placer de traducir casi en su totalidad para la edición argentina de Perfil.
Lo primero que me llamó la atención es que no me acordaba prácticamente de NADA de lo que sucede en estos 10 primeros números. Recordaba -y me copaba- esa pátina de sofisticación que los guionistas le daban al Penguin, en grotesco contrapunto con su accionar violento... y no mucho más. Lo segundo que me llamó la atención es que las historias me gustaron menos que la primera vez. Vamos a repasarlas.
La primera (la del Penguin) está bien, pero es menor. La segunda (con Catwoman) levanta un poquito, pero también es bastante olvidable. Y este primer arco, escrito por Kelley Puckett, termina con un episodio contra el Joker muy pegado a la típica fórmula de los años ´40/ ´50, incluso con un final en el que el payaso parece morir. Nada del otro mundo. En los nºs 4 y 5 se desarrolla una saguita contra el Scarecrow, que parte de un planteo bastante perturbador por parte del guionista Martin Pasko. Pero la resolución no está a la altura del planteo, lamentablemente, y la aparición de Robin no suma ni resta. En el nº6 vuelve Puckett, con un episodio bastante oscuro, una de misterio policial sin villanos, a tono con los capítulos más densos de la recordada serie animada.
Y a partir del nº7, con la llegada del inolvidable Mike Parobeck a los lápices, la estética del comic se despega un poquito de la de la serie animada, y los guiones (y sobre todo el ritmo de los relatos) mejoran bastante. Puckett y Parobeck presentan primero un excelente unitario en el que el protagonista indiscutido es Killer Croc y -como pasaba a menudo en la serie de TV- Batman es un personaje menor en la trama, apenas un obstáculo para el verdadero protagonista, que es el villano. En el nº8 el protagonismo está mejor repartido entre Batman y Clayface, al que los autores desarrollan bastante, de manera muy atractiva. El nº 9 es otro episodio bastante menor, en el que el paladín de Gotham humilla a Rupert Thorne y sus matones a sueldo. Y el nº 10 parece ser un episodio centrado en el Riddler, a quien Puckett le da bastante chapa... pero lo importante resulta ser el debut de tres villanos creados para estos comics, que van a volver varias veces: Mastermind (basado en Mike Carlin), Mister Nice (una caricatura de Archie Goodwin) y The Perfesser (con los rasgos de Denny O´Neil). Con cuatro villanos en acción, el rol de Batman es mínimo, pero la aventura está muy buena (en parte porque Puckett y Parobeck logran inyectarle una sana dosis de comedia) y hubiese sido genial poder desarrollarla en 8 ó 10 páginas más.
Los tres primeros números están dibujados a un nivel superlativo por Ty Templeton, que eventualmente va a volver. Y del 4 al 6 tenemos los dibujos de Brad Rader, con un trazo muy oscuro y un protagonismo de la mancha negra que no es 100% incompatible con la estética de la serie, pero que en un comic que supuestamente iban a comprar los pibes, es medio piantavotos. Obviamente aparecer entre Templeton y Parobeck no favorece en lo más mínimo a Rader que -sin ser choto- pierde por escándalo en la comparación.
Esperaba un poquito más de este Vol.1, pero estoy seguro que en los siguientes (que están ahí, pidiendo pista junto a los que me faltaban de Batman & Robin Adventures) la vamos a ver levantar y tirar magia a un nivel cercano al de la mejor serie animada que tuvo Batman en su historia.
Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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Batman,
Gianni De Luca,
Kelley Puckett,
Mike Parobeck
lunes, 30 de octubre de 2017
CON ESTE RITMO LOCO
Sigo leyendo a muy buen ritmo y ya tengo otros dos libros para reseñar, en este caso dos gemas alucinantes.
Allá por 1976, el autor italiano Gianni De Luca (al que conocí gracias a mi amigo, colega y gurú Norman Fernández) realizaba una adaptación al comic de Romeo y Julieta, la famosa pieza teatral de William Shakespeare, para una revista infantojuvenil, obviamente italiana. En 2013, ese trabajo se reeditó en España en un álbum enorme y en blanco y negro.
Esto es sencillamente magistral. De Luca convierte a cada página en un escenario teatral en el cual mueve a los personajes, los hace actuar sin el encapsulamiento de las viñetas, de un modo único y perfectamente fiel a lo que hacen los intérpretes de una obra de teatro. Años más tarde, Dave Sim pondrá en juego estos mismos recursos en Cerebus… y hasta ayer yo creía que había sido el canadiense el primero en experimentar de esta manera con la página/ escenario. Evidentemente, De Luca estaba MUY a la vanguardia, más aún que el seminal Dave Sim.
Por supuesto que el ritmo de la narrativa, el despliegue de la acción en estas páginas/ escenario es lo que más llama la atención en esta versión de Romeo y Julieta. Pero también hay que destacar la inverosímil calidad del dibujo de Gianni De Luca, resuelto sin sombras, prácticamente sin manchas negras, hasta las últimas páginas, cuando la trama se sitúa en la cripta de los Capuleto y ahí sí, tenemos unos efectos de iluminación complejísimos, unas texturas demenciales y un clima totalmente distinto al del resto de la obra. De Luca hace gala de un excelente manejo de las expresiones corporales y faciales, en un estilo que anticipa muchas de las cosas que más adelante les veremos hacer (muy bien) a dibujantes como P. Craig Russell, Eric Shanower o Gabriel Rodríguez.
De la trama ni hace falta hablar, porque creo que todos saben de qué se trata Romeo y Julieta, no? Esta es una versión 100% respetuosa de la historia clásica. Ahí es donde a De Luca claramente NO se le ocurrió innovar. Pero así y todo, sin cambiarle una coma a la obra del bardo de Stratford-upon-Avon, el autor logró crear un comic absolutamente personal, visualmente inolvidable, con el que marcó un antes y un después en la adaptación de obras de teatro al lenguaje de la historieta. Muy recomendable.
Ahora sí, arranco con las reseñas de los libros de historieta argentina aparecidos en 2017 (algún día iba a llegar) y arranco muy, pero muy arriba con un librazo devastador: el tercer y último tomo de la Liga del Mal, con otras seis historias cortas a cargo de (por orden de aparición) Tony Ganem, Gerardo Baró, Patricio Plaza, Industrias Lamonicana, Diego Simone y Pablo Tambuscio. El prólogo de Rodolfo Santullo no miente: los seis se superaron respecto de sus aportes anteriores a esta antología. Quizás por la posibilidad de encarar historias un poco más extensas (16 páginas contra 12 que tenían antes), o quizás porque simplemente están más afianzados en esto de contar historias inclasificables en este maravilloso medio, en el que los seis corren con la ventaja de ser excelentes dibujantes.
Ganem reincide en su zona de confort: una supuesta aventura de fantasía heroica, a la que llena de chistes y situaciones absurdas realmente brillantes. Los diálogos están perfectos, la puesta en página tiene ideas geniales y visualmente no se puede creer.
Baró ensaya un post-holocausto uruguayo, también con muy buenos diálogos y un dibujo espectacular, un color hermoso, buenas ideas en la puesta en página y un protagonista sumamente carismático.
Plaza arriesga menos a la hora de armar las secuencias, pero te la clava en el ángulo con el dibujo, el color y sobre todo con el guión, que es original y sorprendente. Gran historia.
Lamonicana te atrapa en un thriller bizarro que logró ponerme muy nervioso. Un misterio, una obsesión, un relato que se despliega en dos tiempos distintos pero en un mismo lugar, notablemente resuelto y con los mejores diálogos del libro.
Simone finge contarte “una de acción”, pero por detrás de la acción urde una trama magnífica de vínculos entre personajes a los que YA quiero ver volver. Acá hay cameos de varios personajes de la Liga y un nivel de experimentación en la narrativa que te hiela la sangre.
Finalmente llega Tambuscio a tirarte la fatality, con una historieta PERFECTA (otra vez) que combina amor y horror, nostalgia y obsesión, dibujada como la hiper-concha de Dios. Si sos veterano y fan de Serú Girán, esta historia te agarra el alma, te la abolla como si fuera una servilletita de pizzería crota y te la tira al agüita del cordón de la vereda. Una maravilla, posta.
No me alcanzan las palabras para recomendar esta antología y una vez más, pido a gritos nuevas obras de estas seis bestias que ya se ganaron un lugar en la historia grande de la historieta argentina.
Y como siempre, prometo volver con nuevas reseñas ni bien tenga un par de libros más ya leídos. Ci vediamo.
Allá por 1976, el autor italiano Gianni De Luca (al que conocí gracias a mi amigo, colega y gurú Norman Fernández) realizaba una adaptación al comic de Romeo y Julieta, la famosa pieza teatral de William Shakespeare, para una revista infantojuvenil, obviamente italiana. En 2013, ese trabajo se reeditó en España en un álbum enorme y en blanco y negro.
Esto es sencillamente magistral. De Luca convierte a cada página en un escenario teatral en el cual mueve a los personajes, los hace actuar sin el encapsulamiento de las viñetas, de un modo único y perfectamente fiel a lo que hacen los intérpretes de una obra de teatro. Años más tarde, Dave Sim pondrá en juego estos mismos recursos en Cerebus… y hasta ayer yo creía que había sido el canadiense el primero en experimentar de esta manera con la página/ escenario. Evidentemente, De Luca estaba MUY a la vanguardia, más aún que el seminal Dave Sim.
Por supuesto que el ritmo de la narrativa, el despliegue de la acción en estas páginas/ escenario es lo que más llama la atención en esta versión de Romeo y Julieta. Pero también hay que destacar la inverosímil calidad del dibujo de Gianni De Luca, resuelto sin sombras, prácticamente sin manchas negras, hasta las últimas páginas, cuando la trama se sitúa en la cripta de los Capuleto y ahí sí, tenemos unos efectos de iluminación complejísimos, unas texturas demenciales y un clima totalmente distinto al del resto de la obra. De Luca hace gala de un excelente manejo de las expresiones corporales y faciales, en un estilo que anticipa muchas de las cosas que más adelante les veremos hacer (muy bien) a dibujantes como P. Craig Russell, Eric Shanower o Gabriel Rodríguez.
De la trama ni hace falta hablar, porque creo que todos saben de qué se trata Romeo y Julieta, no? Esta es una versión 100% respetuosa de la historia clásica. Ahí es donde a De Luca claramente NO se le ocurrió innovar. Pero así y todo, sin cambiarle una coma a la obra del bardo de Stratford-upon-Avon, el autor logró crear un comic absolutamente personal, visualmente inolvidable, con el que marcó un antes y un después en la adaptación de obras de teatro al lenguaje de la historieta. Muy recomendable.
Ahora sí, arranco con las reseñas de los libros de historieta argentina aparecidos en 2017 (algún día iba a llegar) y arranco muy, pero muy arriba con un librazo devastador: el tercer y último tomo de la Liga del Mal, con otras seis historias cortas a cargo de (por orden de aparición) Tony Ganem, Gerardo Baró, Patricio Plaza, Industrias Lamonicana, Diego Simone y Pablo Tambuscio. El prólogo de Rodolfo Santullo no miente: los seis se superaron respecto de sus aportes anteriores a esta antología. Quizás por la posibilidad de encarar historias un poco más extensas (16 páginas contra 12 que tenían antes), o quizás porque simplemente están más afianzados en esto de contar historias inclasificables en este maravilloso medio, en el que los seis corren con la ventaja de ser excelentes dibujantes.
Ganem reincide en su zona de confort: una supuesta aventura de fantasía heroica, a la que llena de chistes y situaciones absurdas realmente brillantes. Los diálogos están perfectos, la puesta en página tiene ideas geniales y visualmente no se puede creer.
Baró ensaya un post-holocausto uruguayo, también con muy buenos diálogos y un dibujo espectacular, un color hermoso, buenas ideas en la puesta en página y un protagonista sumamente carismático.
Plaza arriesga menos a la hora de armar las secuencias, pero te la clava en el ángulo con el dibujo, el color y sobre todo con el guión, que es original y sorprendente. Gran historia.
Lamonicana te atrapa en un thriller bizarro que logró ponerme muy nervioso. Un misterio, una obsesión, un relato que se despliega en dos tiempos distintos pero en un mismo lugar, notablemente resuelto y con los mejores diálogos del libro.
Simone finge contarte “una de acción”, pero por detrás de la acción urde una trama magnífica de vínculos entre personajes a los que YA quiero ver volver. Acá hay cameos de varios personajes de la Liga y un nivel de experimentación en la narrativa que te hiela la sangre.
Finalmente llega Tambuscio a tirarte la fatality, con una historieta PERFECTA (otra vez) que combina amor y horror, nostalgia y obsesión, dibujada como la hiper-concha de Dios. Si sos veterano y fan de Serú Girán, esta historia te agarra el alma, te la abolla como si fuera una servilletita de pizzería crota y te la tira al agüita del cordón de la vereda. Una maravilla, posta.
No me alcanzan las palabras para recomendar esta antología y una vez más, pido a gritos nuevas obras de estas seis bestias que ya se ganaron un lugar en la historia grande de la historieta argentina.
Y como siempre, prometo volver con nuevas reseñas ni bien tenga un par de libros más ya leídos. Ci vediamo.
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