Mirá si todas las series fueran así... Este tercer tomo de Bouncer arranca un nuevo arco argumental (después de aquella magistral saga con la que arrancó la serie, repartida entre los dos primeros tomos) y lo hace de tal manera que no necesitás en lo más mínimo haber leído los álbumes anteriores. Si este es tu primer libro de Bouncer, ni vas a sospechar que antes hubo otros dos. Por ahí te preguntarás por qué le falta un brazo, pero bueno, no es lo importante. Alexandro Jodorowsky te presenta a los personajes que vienen desde el Vol.1 de la misma manera que a los nuevos, y de la misma manera que al conflicto que los va a envolver en este tomo y en el próximo. Todo da la sensación de empezar acá y eso es realmente muy, muy notable.
Por supuesto, lo grosso es que la nueva trama también está bárbara: Bouncer se convierte casi por accidente en el verdugo de su pueblo y recibe la orden de ejecutar a la mujer a la que ama y al marido de esta, un ex-esclavo negro que encontró oro y se convirtió en minero. Por algún motivo, Bouncer está seguro de que la pareja es inocente, y ahora va a tener que demostrarlo. En el medio, hay un enfrentamiento muy heavy con los muchachones de un peso pesado, un millonario que de a poco se quiere comprar todo el pueblo, incluyendo el saloon donde labura Bouncer. Y además hay un subplot que avanza poco e intriga mucho: los hombres importantes del pueblo que mueren envenenados por la picadura de una serpiente coral. Seguramente en el próximo tomo esto se integrará al tronco central de la trama.
El villano, el soberbio y desalmado Clark Cooper, es el personaje más opaco de este tomo. Es demasiado obvio, tiene pocos matices, tanto él como sus matones. Y el personaje mejor trabajado, lejos, es Noemie, la puta del saloon que tiene la mejor onda con Bouncer pero a la hora de los bifes, lo deja en banda para... no te lo puedo contar. La secuencia de la juventud de Noemie, su secret origin que termina con ella ya convertida en prostituta, es probablemente la más estremecedora de un tomo en el que las emociones fuertes se acumulan como las puteadas contra Macri por el paro de los subtes. Así como en los dos primeros álbumes sorprendían la crueldad, la violencia, lo escabroso de las atrocidades que veíamos perpetrar a los personajes, acá sorprende lo conmovedor de las escenas, cómo Jodorowsky juega todo el tiempo a exaltar sentimientos de lealtad, de amor, de amistad, de dignidad, pero también de codicia, de lujuria, de odio e intolerancia.
El otro integrante de la devastadora dupla de Bouncer, el maestro François Boucq, también hace, a su manera, una especie de “borrón y cuenta nueva”. No le cambia los rasgos al personaje principal, ni mucho menos, pero sí encuentra la vuelta para desprenderse del omnipresente fantasma de Jean Giraud, que tanto se notaba en los primeros tomos. Acá hay “giraudismos” sólo en las tomas amplias de los paisajes, esos cañones y desfiladeros semi-desérticos que sí, parecen copy-pasteados de algún álbum del Teniente Blueberry. Pero todo el resto es mucho más Boucq que en las entregas anteriores. Sobre todo las expresiones faciales (más extremas, más zarpadas) y las peleas, tienen cero Giraud y muchísimo Boucq. En el Vol.2, el creador de Jerónimo Puchero la descosió con una secuencia onírica, en la que uno de los personajes flasheaba bajo los efectos del peyote. Esta vez, el guión encuentra la forma de meter otra escena en esa onda y de nuevo, el lucimiento de Boucq es prodigioso.
Si no conseguís los dos primeros tomos de Bouncer, no te calentés: arrancá con el Vol.3 y dale para adelante. Yo ahora tengo que conseguir el Vol.4, a ver cómo catzo termina esta saguita, que arrancó con un tomo brillante, que no bajó ni un milímetro el altísimo listón propuesto por los dos anteriores. Aguante el buen western!
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lunes, 6 de agosto de 2012
miércoles, 4 de abril de 2012
04/ 04: BOUNCER Vol.2
Ningún asesino que se precie deja un trabajo a medio hacer y yo ya soy un asesino serial de comics, así que vuelvo al toque, a despachar a este sucio bastardo que zafó casi de milagro, el otro día.
No me lo vas a creer, pero este tomo de Bouncer es mucho mejor que el anterior. Tiene un único “problema”: acá cierra TODO lo que planteó Alexandro Jodorowsky en el Vol.1. El plot de la venganza de Seth contra el asesino de sus padres (que no es otro que su tío Ralton) y el misterio acerca del paradero del fastuoso diamante que se choreó Lola en el último asalto que perpetró junto a sus hijos, hace ya muchos años. Y no sólo eso. Además de resolver perfectamente los plots pendientes, Jodorowsky ahonda un poco más en el pasado de Bouncer, y presenta, desarrolla y les pone moñito a dos nuevos personajes: por un lado Deborah, el interés romántico de Seth, y por el otro el carismático Crazy Butterfly, un personaje que a Jodorowsky no le interesa trabajar hacia adelante, pero que trabaja maravillosamente hacia atrás, en un flashback sencillamente glorioso.
¿Cómo seguirá esta serie? Ni idea. La verdad es que este tomo cierra todo tan bien, que el Vol.3 va a tener que abrir otra saga, que lleve a Bouncer para otro lado totalmente distinto. Y va a tener que ser una historia del mega-carajo, para que no parezca que los autores están estirando una serie sin ideas nuevas (y grossas) simplemente para que no se corte la facturación. Por suerte, están los elementos para gestar nuevas aventuras fuertes, impactantes. Ya está resuelta la cuestión familiar (madre, hermanos y sobrino) de Bouncer, y ahora es tiempo de que el manco encargado del saloon/ cabarulo “El Infierno” se convierta en el verdadero protagonista, ya no en el mentor de Seth, que lo opacaba bastante. Será cuestión de que el shaman Jodorowsky no baje ningún cambio en la salvajada, en la forma atroz y descarnada que propone para redescubrir el tan remanido (pero evidentemente, todavía viable) Far West.
Por el lado del dibujo, tenemos al maestro François Boucq muy inspirado, y no sólo en el Teniente Blueberry de Jean Giraud. Guarda: mirás un álbum de Bouncer de lejos y parece un álbum de Blueberry, de no ser por dos detalles. El color, que es mil veces mejor, y los diálogos, que son menos y mejor repartidos entre las viñetas. Después, cuando lo mirás de cerca, descubrís que –a pesar de las nada desdeñables similitudes- el estilo de Boucq dice presente, se planta, se muestra y la rompe. Y además Giraud nunca dibujó una escena en la que Blueberry le entrara al peyote y empezara a alucinar, sin duda uno de los picos más altos de este tomo. La narrativa, una vez más, está muy jugada a las viñetas chatas y horizontales, tipo widescreen, con bastantes primeros planos, en los que Boucq muestra con lujo de detalles las caras de los personajes y hace gala de su virtuosismo a la hora de dibujar expresiones faciales.
Con mucha acción, excelente caracterización, mucha violencia, mucha crueldad y una asombrosa capacidad para rematar las tramas en espacio breves, sin estirar en lo más mínimo, Jodorowsky y Boucq pegaron un hitazo que duró siete tomos. Cuando lea el Vol.3 me voy a enterar si valió la pena seguir más allá del final que propone el Vol.2 que –repito por enésima vez- es redondísimo, emotivo y brillante.
Ah, me quedaba pendiente el tema de la traducción: impecable, realmente. Muy buen trabajo de la gente de Norma, que logra que esto se lea tan lindo en castellano como en francés.
No me lo vas a creer, pero este tomo de Bouncer es mucho mejor que el anterior. Tiene un único “problema”: acá cierra TODO lo que planteó Alexandro Jodorowsky en el Vol.1. El plot de la venganza de Seth contra el asesino de sus padres (que no es otro que su tío Ralton) y el misterio acerca del paradero del fastuoso diamante que se choreó Lola en el último asalto que perpetró junto a sus hijos, hace ya muchos años. Y no sólo eso. Además de resolver perfectamente los plots pendientes, Jodorowsky ahonda un poco más en el pasado de Bouncer, y presenta, desarrolla y les pone moñito a dos nuevos personajes: por un lado Deborah, el interés romántico de Seth, y por el otro el carismático Crazy Butterfly, un personaje que a Jodorowsky no le interesa trabajar hacia adelante, pero que trabaja maravillosamente hacia atrás, en un flashback sencillamente glorioso.
¿Cómo seguirá esta serie? Ni idea. La verdad es que este tomo cierra todo tan bien, que el Vol.3 va a tener que abrir otra saga, que lleve a Bouncer para otro lado totalmente distinto. Y va a tener que ser una historia del mega-carajo, para que no parezca que los autores están estirando una serie sin ideas nuevas (y grossas) simplemente para que no se corte la facturación. Por suerte, están los elementos para gestar nuevas aventuras fuertes, impactantes. Ya está resuelta la cuestión familiar (madre, hermanos y sobrino) de Bouncer, y ahora es tiempo de que el manco encargado del saloon/ cabarulo “El Infierno” se convierta en el verdadero protagonista, ya no en el mentor de Seth, que lo opacaba bastante. Será cuestión de que el shaman Jodorowsky no baje ningún cambio en la salvajada, en la forma atroz y descarnada que propone para redescubrir el tan remanido (pero evidentemente, todavía viable) Far West.
Por el lado del dibujo, tenemos al maestro François Boucq muy inspirado, y no sólo en el Teniente Blueberry de Jean Giraud. Guarda: mirás un álbum de Bouncer de lejos y parece un álbum de Blueberry, de no ser por dos detalles. El color, que es mil veces mejor, y los diálogos, que son menos y mejor repartidos entre las viñetas. Después, cuando lo mirás de cerca, descubrís que –a pesar de las nada desdeñables similitudes- el estilo de Boucq dice presente, se planta, se muestra y la rompe. Y además Giraud nunca dibujó una escena en la que Blueberry le entrara al peyote y empezara a alucinar, sin duda uno de los picos más altos de este tomo. La narrativa, una vez más, está muy jugada a las viñetas chatas y horizontales, tipo widescreen, con bastantes primeros planos, en los que Boucq muestra con lujo de detalles las caras de los personajes y hace gala de su virtuosismo a la hora de dibujar expresiones faciales.
Con mucha acción, excelente caracterización, mucha violencia, mucha crueldad y una asombrosa capacidad para rematar las tramas en espacio breves, sin estirar en lo más mínimo, Jodorowsky y Boucq pegaron un hitazo que duró siete tomos. Cuando lea el Vol.3 me voy a enterar si valió la pena seguir más allá del final que propone el Vol.2 que –repito por enésima vez- es redondísimo, emotivo y brillante.
Ah, me quedaba pendiente el tema de la traducción: impecable, realmente. Muy buen trabajo de la gente de Norma, que logra que esto se lea tan lindo en castellano como en francés.
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Alexandro Jodorowsky,
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François Boucq
lunes, 2 de abril de 2012
02/ 04: BOUNCER Vol.1
Uh, qué dejá vu (diría el poeta). Por segunda vez en la semana, agarro el Vol.2 de una serie cuyo primer tomo había leído antes de empezar con el blog, para descubrir que no entendía ni me acordaba una chota, y finalmente regresar al primer casillero, a releer el Vol.1. Esta vez me pasó con Bouncer, el impactante western de los maestros Alexandro Jodorowsky y François Boucq (a tacharlos de la lista de ilustres próceres del Noveno Arte a los que este blog nunca les había dedicado ni una mísera reseña), una obra extensa iniciada en 2001 por esta dupla que en algún momento, cuando estaban haciendo Cara de Luna, se peleó para el orto, dejándola inconclusa. Pero pasaron los años, los grossos se reconciliaron y no sólo terminaron con muchas pilas Cara de Luna, sino que se reunieron para una nueva epopeya, que es esta.
La idea de que Jodorowsky y Boucq pudieran encarar un western ya era, por lo menos, atractiva. Bizarra, sorpresiva, potencialmente llena de sorpresas. Y la verdad es que el primer tomo cumple ampliamente con las expectativas que genera. ¿Querías sorpresas? Hay miles. ¿Querías un western que no se pareciera a los miles que ya existían? Esto es exactamente eso. El primer tomo sirve para presentar a los que –yo sospecho- serán los tres personajes centrales de la saga. El que más chapa acumula (y más secuencias protagoniza) es el tuerto Ralton, sin dudas el villano central de Bouncer. Los otros dos son el hermano de Ralton, quien además de haber perdido un brazo, enterró su antigua identidad y se hace llamar simplemente Bouncer; y Seth, sobrino de Ralton y Bouncer, único sobreviviente de una de las varias masacres que le vemos perpetrar a Ralton, en la que decapita a su hermano Blake, padre de Seth.
La historia de los tres hermanos (Blake, Bouncer y Ralton) y su mamá Lola (una de las prostitutas más aguerridas del Oeste, que dio a luz a sus tres hijos entre los 12 y los 16 años) ocupa un tercio del tomo, un extenso y cautivante flashback que Bouncer le narra a Seth y que ojalá continúe en los próximos tomos. En este racconto aparece un elemento que sin dudas será central, porque tiene todo para convertirse en el eje de la confrontación entre Ralton (capitán del recientemente derrotado ejército de la Confederación) y Bouncer: el botín del más espectacular robo perpetrado por Lola y sus hijos, oculto hace décadas en algún lugar que hasta ahora nadie dice conocer. Pero en el flashback queda bastante claro que Bouncer probablemente sepa dónde están escondidos los miles de dólares y el majestuoso diamante de aquel sangriento asalto a un tren, que terminó con los hermanos enfrentados entre sí.
La codicia, entonces, pareciera ser el motor de esta siniestra trama enchastrada de asesinatos, saqueos, torturas, violaciones, mutilaciones y profanación de cadáveres, en un nivel muy heavy, incluso para los standards del Salvaje Oeste. Al lado de Bouncer, los comics más jodidos de Jonah Hex son para publicar en la Genios o la Billiken.
El dibujo de Boucq es glorioso. Trabaja mucho con viñetas alargadas, horizontales, lo que los yankis llaman “widescreen”. Casi todas las páginas tienen una o dos de esas, y algunas tienen cinco o seis. En las caras, vemos a un Boucq más realista, menos caricaturesco, más cerca de un comic de Hermann (ponele) que de los delirios grotescos que pelaba en Jerónimo Puchero. Por supuesto, a la hora de dibujar westerns, ningún dibujante francés puede zafar de la sombra, de la impronta omnipresente, del insuperable Blueberry de Jean Giraud, y Boucq no es la excepción. Todo el tiempo vamos a encontrar paisajes, angulaciones, trucos de iluminación, etc., que ya vimos en algún álbum del querido Teniente. Un detalle menor, pero notorio: Boucq trabaja acá con dos coloristas... y uno es Nicolas Fructus! La bestia salvaje, el grosso entre los grossos, autor integral de la saga de Thorinth, que ahora labura con Jodorowsky en la serie Showman Killer. Un lujo absoluto.
Bueno, acá hay pasta para disfrutar de una gran serie. Veremos como sigue y lo veremos bastante pronto, porque el Vol.2 está ahí, sobre la mesa. De hecho, me mira y me dice “¿Y, boludo? ¿Ya entendiste lo que antes te dejó descolocado? ¿Cuándo volvés a terminar con lo que empezaste?”. El Vol.1 lo tengo en francés y los siguientes en castellano, así que acá se juegan una parada importante también los traductores de Norma. Que no decaiga.
La idea de que Jodorowsky y Boucq pudieran encarar un western ya era, por lo menos, atractiva. Bizarra, sorpresiva, potencialmente llena de sorpresas. Y la verdad es que el primer tomo cumple ampliamente con las expectativas que genera. ¿Querías sorpresas? Hay miles. ¿Querías un western que no se pareciera a los miles que ya existían? Esto es exactamente eso. El primer tomo sirve para presentar a los que –yo sospecho- serán los tres personajes centrales de la saga. El que más chapa acumula (y más secuencias protagoniza) es el tuerto Ralton, sin dudas el villano central de Bouncer. Los otros dos son el hermano de Ralton, quien además de haber perdido un brazo, enterró su antigua identidad y se hace llamar simplemente Bouncer; y Seth, sobrino de Ralton y Bouncer, único sobreviviente de una de las varias masacres que le vemos perpetrar a Ralton, en la que decapita a su hermano Blake, padre de Seth.
La historia de los tres hermanos (Blake, Bouncer y Ralton) y su mamá Lola (una de las prostitutas más aguerridas del Oeste, que dio a luz a sus tres hijos entre los 12 y los 16 años) ocupa un tercio del tomo, un extenso y cautivante flashback que Bouncer le narra a Seth y que ojalá continúe en los próximos tomos. En este racconto aparece un elemento que sin dudas será central, porque tiene todo para convertirse en el eje de la confrontación entre Ralton (capitán del recientemente derrotado ejército de la Confederación) y Bouncer: el botín del más espectacular robo perpetrado por Lola y sus hijos, oculto hace décadas en algún lugar que hasta ahora nadie dice conocer. Pero en el flashback queda bastante claro que Bouncer probablemente sepa dónde están escondidos los miles de dólares y el majestuoso diamante de aquel sangriento asalto a un tren, que terminó con los hermanos enfrentados entre sí.
La codicia, entonces, pareciera ser el motor de esta siniestra trama enchastrada de asesinatos, saqueos, torturas, violaciones, mutilaciones y profanación de cadáveres, en un nivel muy heavy, incluso para los standards del Salvaje Oeste. Al lado de Bouncer, los comics más jodidos de Jonah Hex son para publicar en la Genios o la Billiken.
El dibujo de Boucq es glorioso. Trabaja mucho con viñetas alargadas, horizontales, lo que los yankis llaman “widescreen”. Casi todas las páginas tienen una o dos de esas, y algunas tienen cinco o seis. En las caras, vemos a un Boucq más realista, menos caricaturesco, más cerca de un comic de Hermann (ponele) que de los delirios grotescos que pelaba en Jerónimo Puchero. Por supuesto, a la hora de dibujar westerns, ningún dibujante francés puede zafar de la sombra, de la impronta omnipresente, del insuperable Blueberry de Jean Giraud, y Boucq no es la excepción. Todo el tiempo vamos a encontrar paisajes, angulaciones, trucos de iluminación, etc., que ya vimos en algún álbum del querido Teniente. Un detalle menor, pero notorio: Boucq trabaja acá con dos coloristas... y uno es Nicolas Fructus! La bestia salvaje, el grosso entre los grossos, autor integral de la saga de Thorinth, que ahora labura con Jodorowsky en la serie Showman Killer. Un lujo absoluto.
Bueno, acá hay pasta para disfrutar de una gran serie. Veremos como sigue y lo veremos bastante pronto, porque el Vol.2 está ahí, sobre la mesa. De hecho, me mira y me dice “¿Y, boludo? ¿Ya entendiste lo que antes te dejó descolocado? ¿Cuándo volvés a terminar con lo que empezaste?”. El Vol.1 lo tengo en francés y los siguientes en castellano, así que acá se juegan una parada importante también los traductores de Norma. Que no decaiga.
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