el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 12 de febrero de 2026

HOY, MÁS RESEÑAS

Como lo prometido es deuda. acá estamos de nuevo para repasar las lecturas más recientes. Tenía abandonada The Massive hace más de 10 años, desde aquel lejano 27/10/15 en que reseñé el Vol.3. Tarde pero seguro, es hora de comentar el Vol.4, y ojalá antes de fin de año pueda entrarle al Vol.5, que está en la pila de los pendientes pero muy abajo, con chotocientos libros encima. De alguna manera, Brian Wood se las ingenia para que uno recuerde por lo menos lo más relevante de lo que pasó en los tomos anteriores, sin explicarlo detalladamente ni de manera muy explícita. Pero para el segundo episodio de este TPB ya me habían caído unas cuantas fichas y ya estaba de nuevo enganchadísimo con la serie. En la primera mitad del TPB, básicamente se revela un secreto clave para el desenlace de la misma: hay un vínculo real y constatable entre el Crash (el desastre ecológico que cambió por completo la cara del planeta), el Massive (el barco de Callum Israel y su equipo) y Mary, la enigmática integrante de la tripulación que obviamente tiene poderes sobrenaturales que hasta ahora Wood nos había mostrado a los lectores, pero no al resto de los personajes. Para llegar a este punto, tanto Callum como Mag pasan por un montón de peripecias a lo largo y a lo ancho de Europa, mientras Wood nos habilita más data del Crash y de la vida de estos personajes antes de aquel apocalíptico suceso. Y cuando finalmente la verdad sale a la luz, uno quiere que Wood se ponga YA a indagar en esa conexión, que esto que tanto impacto genera en los personajes se explore y se explique a fondo, cuanto antes. Bueno, no. Los tres episodios finales del Vol.4 son una especie de miniserie protagonizada por Mary, lejos del resto del elenco de The Massive, en la que toda esta trama no avanza en lo más mínimo. Recién en las últimas tres viñetas, hay un indicio de que Mary va a tratar de reencontrarse con sus compañeros. El argumento de la trilogía está muy bien, el personaje de Mary se desarrolla muchísimo, Wood juega (una vez más) con los vínculos entre las guerras y los grandes negocios y encima dibuja un ídolo: Danijel Zezelj. Pero yo quería YA el cara-a-cara entre Mary y Callum, y para leer eso tengo que esperar meses. En la primera mitad, el dibujante es el de siempre, Garry Brown, un tipo correcto, al que se nota que le da un poco de vergüenza afanar tanto de fotos, por eso lo poco que dibuja (básicamente los personajes) está muy laburado, con muchas ganas de que quede todo muy lindo, de seducir al lector con un flujo narrativo potente, dinámico a pesar de que el ritmo del guion es pachorro y pausado. Sus personajes se ensamblan bien con los paisajes, fondos, vehículos y demás elementos tomados de fotos, y además el color está a cargo de Jordie Bellaire, que siempre suma. No alcanza para no pasar papelones en la comparación con Zezelj, pero bueno... no hay tantos dibujantes de la calidad del croata. Tomo raro pero atractivo de The Massive, un reencuentro copado que me deja bastante manija rumbo a la lectura del quinto y último TPB.
Tengo como siempre un librito de autor argentino publicado en 2025, en este caso uno aparecido en Diciembre. Y sí, ya son pocos los que me falta leer. Esta vez nos vamos para el lado del humor, de la mano de Gustavo Sala quien, a lo largo de 100 páginas, reinterpreta el universo del Capitán Barato en una clave totalmente personal. Tras unos cuantos años de aventuras narradas en tono realista, con peligros posta, situaciones dramáticas, villanos jodidos y demás, ahora Capitán Barato vuelve a ser un chiste, y encima un chiste de Sala. El libro ofrece varias historias cortas, una más desopilante que la otra, en las que Sala introduce delirio, escatología y una mirada satírica al mundo de los superhéroes y del comic (y sus fans) en general. Aparecen los amigos del Capitán Barato, el principal villano de los comics "serios", la comiquería del Capi, varias versiones del personaje oriundas de universos alternativos, Stan Lee, un conejito... Todo puesto al servicio del humor, con resultados sumamente eficaces. Y dibujado por Sala en un gran nivel, lo cual hace años que es una constante en su trabajo. Para esta ocasión, se suma el colorista C.J. Camba, quien complementa muy bien los tremendos trazos de Gustavo. El libro incluye además tres revistitas muy finitas, en las que sendos autores invitados desarrollan (un poquito) algunas de las ideas limadas que Sala tira durante una de las aventuras del Capi: El Bruno nos cuenta qué pasó cuando Swamp Thing fue a almorzar a lo de Mirtha Legrand, Lubrio narra el combate entre Dragon Ball y Xuxa, y Scuzzo revela cuál de las Tortugas Ninja le tapó el inodoro al Indio Solari con un garco monumental. Son historietas muy breves, obviamente en joda, pero muy graciosas y muy bien dibujadas. Sin dudas, un hallazgo editorial haber generado esas mini-revistitas para acompañar el libro. El Capitán Barato de Gustavo Sala, además de un librazo, es una rareza en el panorama editorial argentino. No es frecuente que un editor (en este caso, también comerciante) contacte a un autor, le tire una consigna ("hacete un libro en joda de mi principal personaje"), y ponga arriba de la mesa la guita que hace falta para que el autor no tome otros compromisos laborales durante el tiempo que va a dedicar a producir la obra. Así, durante un tiempo no tan extenso, Sala se sumergió de lleno en el proyecto, le puso todo, y cuando llegó la hora de entregar, sorprendió incluso a los que lo seguimos hace 30 años con un trabajo realmente grandioso. Lo lógico y lo justo sería que este libro se venda MUY bien, y que más editoriales apuesten por generar obras nuevas desde cero, en lugar de funcionar como "aduanas", que dejan entrar (o no) a sus catálogos las obras que los autores les acercan ya terminadas, o muy avanzadas. Hasta acá llegamos, por hoy. Siempre hay mucho más para leer en la Comiqueando Digital (que se puede descargar por muy poca plata en https://comiqueandoshop.blogspot.com) y siempre está la promesa de reencontrarnos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 15 de diciembre de 2022

HOY SALIMOS DE A CUATRO

Vengo bastante bien en este loco sprint dedicado a las historietas de autores argentinos publicadas en 2022. Hoy tengo para reseñar cuatro títulos, nada menos. Empiezo con Mancha, la obra que marca el regreso de Damián Fraticelli, esta vez con dibujos de Maximiliano Amici. Se trata de una serie de historias cortas protagonizadas por nenes de unos nueve años, pero con un filo muy oscuro, muy deforme y muy perturbador. El primer guion es excelente, trece páginas a puro asco y bizarreada. El resto, se ve un poquito más forzado: me lo imaginé a Fraticelli esforzándose fuerte por encontrar una idea que pudiera desarrollar en el universo de Mancha y Leo y que a la vez se pudiera rematar en menos de 12 páginas. Y sin ser pavadas ni fumanchereadas sin pies ni cabeza, las otras cuatro historias no están al apabullante nivel de la primera. El dibujo de Amici está jugado a un claroscuro extremo, que remite todo el tiempo al estilo de Charles Burns, como sucedía con el de Ezequiel Couselo, co-equiper de Fraticelli en la recordada Putefacción (ver reseña del 07/10/17). Amici propone una narrativa muy clara y una puesta en página tradicional, y si bien su estilo no es muy original, su trabajo no tiene fisuras y refleja a la perfección esos climas retorcidos y perversos que proponen los guiones de Fraticelli. No te pongo a Mancha entre las historietas más destacadas del año, pero la pasé bien con el librito (al que, como sucedía con Putrefacción) le sobran carátulas, separadores y páginas en blanco.
De la dupla de guionistas integrada por Emilia y Emiliano Plissken tenemos un libro más, The Purple Oblivion, esta vez con dibujos del maestro Diego Simone. Esta es una saga bien de body horror, extrema en su planteo y en su realización, con un problema fundamental: a lo largo de casi 100 páginas narra una historia que se podría condensar en menos de 35. El ritmo del relato está tan descomprimido que parece una joda, un desafío para ver hasta dónde se puede llegar, cuál es el límite de páginas que se pueden ocupar con una idea atractiva, pero muy chiquita. Es una lástima, porque es un libro de impecable factura técnica, bien impreso, a todo color, bien rotulado, con un color alucinante y los dibujos de Simone que jerarquizan cualquier cosa. Esta vez no apareció el cartelito de "fin del Vol.1" en la última página, con lo cual supongo que se trata de una obra completa, autoconclusiva, que termina en esa última escena ida al recontra-mil carajo. Y una vez más, tenemos esos diálogos que imitan al doblaje centroamericano de las series y películas yankis. Sin dudas lo mejor de The Purple Oblivion es la faceta visual, donde entre todas esas splash-pages innecesarias, Simone saca a relucir su chapa de gran dibujante y gran narrador gráfico. Al guion le falta profundidad y le sobran, básicamente, un montón de páginas.
Breve glosa para Casting de Gatos, una historieta infantil creada por Gustavo Sala. Esta edición es extraña en dos sentidos: 1) ¿En serio le quieren vender a los chicos historietas en blanco y negro? Lo veo dificilísimo. Ojalá me equivoque y esto sea un éxito, pero para mí es un suicidio comercial. 2) Cada página del librito trae una sola viñeta, o sea que la historia está contada en 27 cuadritos iguales, uno por página (el libro ofrece 32). O sea que si Sala rearmara este material en una grilla de 9 cuadros por página, Casting de Gatos podría ocupar TRES páginas de una revista. De todos modos, y a pesar de estas decisiones medio extrañas, estamos ante una muy buena historieta, que me hizo reir bastante y que está muy bien dibujada. Sin dudas a los menores de 10 años, si no los ahuyenta el tema del blanco y negro, les va a encantar. Y a los mayores sospecho que también, sobre todo a los fans de Sala.
A menos de dos meses de haber leído el tercer librito, me devoré el cuarto de Roque & Gervasio Pioneros del Espacio, de Federico Reggiani y Ángel Mosquito. Creo que hasta ahora "En el planeta Culo" es la más graciosa de las aventuras que integran esta magnífica serie en la que puede pasar cualquier cosa. En un contexto de ciencia ficción, los autores te impactan con escatología, bizarreadas, vueltas de tuerca impredecibles y un humor basado en la berretada, la chantada y la truchada más argenta que te puedas imaginar. Lo único que me resultó un poco forzada es la casualidad por la que Helena (gran personaje secundario) justo está en el mismo planeta que los protagonistas al mismo tiempo que ellos. Pero esas trampitas que hace Reggiani son totalmente funcionales al relato, están ahí para sumarle picante a las historias y para garantizar, además de la diversión, que el elenco de la serie se siga desarrollando. El dibujo de Mosquito, impecable, con unas onomatopeyas gloriosas (pensar que hay autores y autoras que se niegan a usar onomatopeyas...), un gran trabajo de aplicación de grises y un par de splash-pages para la inmortalidad. Nunca es suficiente el material que hay publicado de Roque & Gervasio. Esto es tan bueno, tan entretenido, tan original y tan eficaz en su mixtura de peripecias espaciales y humor de pésima leche, que a pesar de la excelente periodicidad (dos o tres libritos al año sin mezquinar un ápice de calidad) uno siempre quiere más. Y hasta acá llegamos. Vamos Argentina el domingo y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog.

sábado, 19 de noviembre de 2022

OTRA VEZ DE A TRES

Bueno, tengo tres libritos leídos y es hora de reseñarlos. Empiezo en Alemania, año 1992, cuando el maestro Andreas Martens se despacha con Azteca, una obra poco conocida, pero que tuvo edición en España, prologada nada menos que por Eduardo Galeano. Andreas se propone la difícil tarea de contarnos en solo 46 páginas un complejo entramado de historias, todas ambientadas en el Imperio Azteca más o menos en el momento de la caída de Moctezuma. El álbum va saltando de un protagonista a otro, incluso en la misma página, lo cual hace que haya que prestar bastante atención para entender lo que está pasando. Además todos los personajes tienen contexturas y edades similares, y viven en la misma época en la misma civilización, con lo cual no es tan sencillo distinguir a unos de otros. La más fácil de distinguir es Malinalli, la única protagonista femenina, y quizás por eso la historia de esta chica haya sido la que más me enganchó. Andreas además ensaya puestas en página arriesgadísimas, mete un montón de secuencias mudas, algún que otro flashback, alguna secuencia onírica... o sea que entender todo lo que nos cuenta resulta todo un desafío. Pero no es un caos, ni un mamarracho: simplemente hay que prestar atención y no dejarse distraer por esos dibujos gloriosos, repletos de belleza y expresividad. Y de rigor histórico, porque se nota que el alemán estudió a fondo la cultura del Imperio Azteca. Lo único choto es el final: en la última viñeta, mediante dos bloques de texto, Andreas nos cuenta qué fue de la vida de cada uno de los cinco personajes principales, cómo terminó la historia de cada uno de ellos. Maestro, ¿no hubiera sido mejor elegir UN protagonista y dedicarle las 46 páginas, con principio, desarrollo y final narrado en historieta y no en dos líneas de texto? El desenlace que imagina el autor para Malinalli, e incluso para Chimalhuatl, es tan interesante que ameritaba narrarlo en forma de comic, aún si esto requería dejar afuera del álbum las historias de los otros personajes. Una pena que la ambición por crear una obra enorme, de protagonismo coral, haya nublado el juicio del autor. Así como está, Azteca es un gran álbum, sobre todo por la magia que tira Andreas en el dibujo. Pero podría haber sido mucho mejor, ya sea si se desarrollaba en más páginas o si se centraba en menos personajes. Esta es una obra rara, semi-oculta, del creador de Rork, Arq, Capricornio y Cromwell Stone, que vale la pena descubrir porque -más allá de alguna decisión criticable- acá Andreas dejó el alma en cada secuencia.
Me voy a EUU, año 1998, cuando se recopilan en libro nueve historias cortas de Daniel Clowes, casi todas publicadas originalmente en la revista Eightball. Este es un punto de quiebre en la carrera del ídolo: acá vemos cómo abandona todos esos elementos fantásticos, bizarros y davidlyncheanos que metía en sus primeras historias y se sumerge en el mundo del slice of life. Las historias de Caricature cuentas pedacitos de la vida, anécdotas de personajes retorcidos, que rara vez nos generan cariño o empatía. Son historias con MUCHÍSIMO texto: cada historia corta (de no más de 16 páginas) requiere el mismo tiempo de lectura que un trade paperback de cualquier serie actual de Marvel. El esfuerzo de Clowes está puesto en darles a los protagonistas de estas anécdotas una voz, una personalidad interesantes. Y le sale bien: la construcción de personajes es sin dudas el punto más alto de los relatos que recopila Caricature. El problema es cómo Clowes incorpora los conflictos y cómo los resuelve (las pocas veces que lo hace). Por momentos parece como si el ídolo acabara de descubrir a Adrian Tomine y se propusiera hacer algo parecido: historias comunes de gente chota, medio trastornada y bastante mediocre que terminan en cualquier lado, sin una estructura narrativa de introducción/ nudo/ desenlace. Lo cual no está necesariamente mal, si no fuera porque Tomine lo hizo antes y mejor. Donde nadie le moja la oreja a Clowes es en el dibujo. Acá el talento del creador de Wilson y Ghost World te avasalla, te lleva puesto como un tren bala japonés. Incluso cuando el dibujo se limita a ilustrar un cachito de lo que Clowes cuenta en los omnipresentes y abultados bloques de texto, ese trazo, esas texturas, esas expresiones, esa forma de meter las masas de negro te ponen la piel de gallina. La historieta mejor dibujada es MCMLXVI, la menos narrativa de todas (se podría considerar un manifiesto, una declaración de principios), y paradójicamente la que más me gustó. Son apenas seis páginas en las que Clowes trabaja el color de una manera novedosa, con una técnica que le permite sugerir volúmenes, y además no hace "la Gran Columba" de pintar todo el fondo rosa, o violeta, sino que le pone tonalidades a todos y cada uno de los elementos que se ven atrás de los personajes. En el paso de las historias delirantes y bizarras a las anécdotas urbanas y tristonas, de perdedores y consuetudinarios y abanderados de la mala leche, me parece que Clowes salió perdiendo... hasta que le encontró la vuelta en David Boring, que es brillante. Pero siempre está el dibujo, como gancho irresistible para comprar cualquier cosa que produzca este asombroso prócer del plumín.
Tengo muchos libros de autores yankis y europeos en la pila de los pendientes, pero me quiero poner al día con el material argentino, que tengo leídos pocos libros de los que salieron en 2022. Y hasta me quedaba sin leer uno de fines de 2021: Cabeza de Dibujante. Este es un recopilatorio de la historieta que Gustavo Sala realizaba para la versión digital de Fierro, poco más de 60 páginas en las que el ídolo marplatense se mete en la vida y la profesión de un dibujante de historietas cuyo nombre desconocemos. Esta vez hay pocos chistes de pija y concha, aunque abundan los de culos y soretes. La serie mejora mucho, se abre mucho, cuando Sala abandona el formato de cuatro tiras por página y adopta el de tres. Ahí se lo ve más libre, más a gusto, con la posibilidad de que el dibujo se vea mejor e impacte más cuando Gustavo se va a la mierda dibujando bizarreadas atroces e imposibles. Por motivos que desconozco, Sala elige una paleta de colores muy acotadas, en la que no existen -por ejemplo- ni el rojo ni el naranja. Y no me parece que esto sume en lo más mínimo, de hecho me gustaría tener estas mismas historietas en blanco y negro. No te digo que es el libro más gracioso de Sala, ni a palos, pero me reí bastante, sobre todo cuando el autor jode con cosas vinculadas a la historieta: el tutorial en joda con el que cierra el libro es brillante, el juego con los diálogos en off, los personajes rechazados, la parodia a los cursos de Domestika... eso me causó mucha más gracia que otro tipo de chistes con otra estructura más similar a la que usa Sala en otras historietas suyas. Si sos fan de Gustavo y (como yo) tenés todos sus libros, no te pierdas este, aunque esté editado por Deux. Y ya está. A partir de la semana que viene, le empiezo a dar con todo a los libros argentinos editados en 2022. Veremos hasta dónde aguanto sin que se cuele alguna otra lectura, pero le quiero dar prioridad a ese material. Gracias y hasta pronto.

jueves, 3 de marzo de 2022

A TODA MARCHA

Bueno, vengo leyendo bastante. Y por suerte no me está faltando tiempo para sentarme a escribir reseñas. Antes de fin de mes vamos a hacer una pausa de unos 15 días, pero mientras tanto, vengo bastante embalado. Después de haber coleccionado durante años las revistitas, cambié mis Thor de Walt Simonson por los libros, donde me encuentro que las historietas fueron notablemente recoloreadas por el maestro Steve Oliff y su tropa. No me quiero enfrascar en el debate acerca del recoloreado de comics clásicos, porque no me considero un experto en el tema. Simplemente quiero decir que esta versión, con estos colores y estos efectos, me gustaron mucho y captan muy bien el espíritu de lo que Simonson nos narra en sus historias. En cuanto a los guiones y los dibujos, me sorprendió el hecho de que me acordaba bastante… y eso que leí estas historietas por primera vez hace más de 30 años. Por ahí en algún momento, cuando completé la colección, las releí todas de un saque y por eso me las acuerdo. Lo importante es que están muy bien, no se sienten antiguas, tiene una fuerza increíble y, comparado con los números de Thor inmediatamente anteriores al 337 (que es donde Simonson asume como autor integral), acá hay un salto de calidad que se mide en años luz, o eones. Si pasás del último número de Stan Lee al primero de Simonson, se entiende todo y te ahorrás el mal trago de ver cómo una serie que en los ´60 era una aplanadora decae mes a mes durante toda la década del ´70 y llega al ´83 de milagro, enchastrada en el fango de una mediocridad alarmante. Y lo mejor de todo es que Simonson no viene a recontar las historias de Lee y Kirby. Se nutre un poco de esa etapa de gloria, pero claramente su intención es ir para adelante, es inaugurar la Era Moderna del Dios del Trueno con otro tipo de historias, nuevos personajes, nuevos vínculos entre los personajes que ya existían, etc. Y con algo a lo que Walt le saca un provecho enorme que es la posibilidad de planificar a largo plazo. Este es un material clásico, acerca del cual ya se escribió mucho, así que no me quiero poner a analizarlo de manera puntillosa. Sí me interesa recomendarlo, para que el fan de Thor (o de Simonson) que todavía no lo haya leído, se tire de cabeza y lo disfrute. Por ahí cuando encare la lectura de los otros cuatro tomos encuentro elementos para plantear algún tipo de crítica o de discusión, pero por ahora esto me sigue pareciendo tan alucinante y tan impactante como cuando lo leí de adolescente. Ah, magnífica la edición del TPB, con un montón de extras copados.
Durante 2021 la editorial Sudamericana publicó un libro de humor de Gustavo Sala titulado Buenos Aires en Pelotas, ingenioso guiño al Buenos Aires en Camiseta del legendario Calé. En general, cuando los capos del humor gráfico revulsivo o transgresor publican en estos grandes oligopolios que dominan la industria del libro, salen trabajos blanditos, domesticados, donde la identidad temática o incluso gráfica de los autores se puede llegar a diluir en ese intento por llegar a un público lo más amplio posible. Gustavo Sala, en cambio, abre una página del libro con la frase “me cogí tres bebés con Down y les hice caca en la boca”. O sea, esto es sin concesiones. Es Sala puro, con toda la carga desmesurada y genial de escatología, sexo y delirio que el marplatense despliega normalmente en sus historietas para medios más cercanos al under. Las distintas historietas, viñetas y chistes giran en torno a la ciudad de Buenos Aires, y además de analizar la vida y el ecosistema de los porteños desde la guasada y la bizarreada, el autor mete reflexiones muy afiladas acerca de la proliferación de indigentes, los curros inmobiliarios del funesto Rodríguez Larreta y otros aspectos bastante oscuros y sórdidos de la vida en la capital argentina. Hay muchos momentos para reírse, otros para decir “nah, te fuiste a la mierda”, pero también hay momentos en que el humor gira en torno al drama de la gente que vive en la calle y come de la basura. Barrios, edificios, monumentos, taxis, subtes, colectivos, pizzerías, cines, teatros, estadios, bares y fondas forman parte de este recorrido en el que Sala satiriza las más sacrosantas instituciones porteñas con una mala leche sumamente disfrutable y con esa impronta tan típica del autor que hace que uno sepa dónde empieza el chiste pero no dónde puede llegar a terminar. No sé si Buenos Aires en Pelotas está entre los mejores trabajos de Sala. Probablemente no, porque me consta que se divierte más jodiendo con la fauna del rock que con el tango, los vendedores ambulantes y las bicisendas. Pero tanto si sos porteño y amás a Buenos Aires como si la visitaste alguna vez ocasionalmente y dijiste “no vuelvo nunca más”, el libro te va a arrancar varias sonrisas y alguna que otra carcajada estridente. Y además vas a ser testigo de cómo el dibujo de Gustavo Sala sigue su curva ascendente. Como siempre, es humor para gente a la que no le molestan los chistes de porongas, caca y curas pedófilos. Si eso no te escandaliza ni te repugna, ponete en pelotas y corré hasta la librería de tu barrio a buscar este libro. Me despido por hoy, no sin antes contarles a quienes siguen este blog desde San Nicolás que en martes 8 presento ¿Quién quiere ser superhéroe? en la librería El Buen Libro. Y a quienes nos leen desde Rosario, los espero el miércoles 9 en la sala Irma Peirano del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa. En ambos casos la cita es a las 19 hs y van a poder comprar el libro a precio promocional y llevárselo firmado. Nos vemos pronto.

miércoles, 5 de junio de 2019

MIERCOLES TRANQUI

De a poquito, sin sobresaltos, estoy empezando a leer algunas cosas que conseguí en 2018, mientras dejo para más adelante libros que compré en 2017 y a los que algún día les entraré.
Parte de la cosecha 2018 es el Big Book of Martyrs, un título que en su momento no me interesó para nada, pero una vez que lo tuve en la mano, repasé la lista de autores y vi que estaba a buen precio, se vino conmigo, a sumarse a mi colección de Big Books.
El guionista de todas las historias del tomo es el maestro John Wagner, emblemático guionista de Judge Dredd, quien acá hace gala de su característico humor negro, sumado a un gran trabajo de investigación acerca de las vidas y muertes de los mártires, los tipos y minas que dieron sus vidas por su fe religiosa. Además, Wagner nos explica el proceso por el cual la Iglesia reconoce a los mártires, cómo llegás a ser beatificado y eventualmente canonizado, un proceso sinuoso y bizantino que yo desconocía por completo. Casi todas las historias son fuertes, con momentos muy impactantes, repletas de atrocidades y bizarreadas casi dignas del Antiguo Testamento.
Los dibujantes de los Big Books trabajan generalmente muy condicionados, encorsetados en una narrativa que los relega prácticamente a ilustrar pedacitos de lo que nos cuentan los textos, con pocas chances de ponerse al hombro la narración gráfica. Todas las páginas de los todos los Big Books están divididas en tres tiras, jamás vemos siquiera una mano “romper” los bordes de las viñetas y hay muchos más bloques de texto que en cualquier otro comic yanki posterior a 1985. También hay pocas transiciones “momento a momento” o “acción a acción”. En general son todas “escena a escena”, con saltos de muchos días (o años, o siglos) o amplias distancias entre una viñeta y otra. Aún contra esas restricciones, el Big Book of Martyrs despliega un nivel de dibujantes realmente llamativo.
¿Querés genios del Noveno Arte? Te puedo ofrecer a Frank Quitely, Roger Langridge, David Lloyd, D´Israeli, Joe Sacco y Michael Cherkas. ¿Querés maestros grossos, tipos y minas que –sin ser genios- aportan un talento impresionante? También hay: Joe Staton, Trina Robbins, Tom Sutton, Marie Severin, Rick Geary, Erik Shanower, George Freeman, Coleen Doran, Bob Fingerman, Brian Buniak y Steve Lieber. ¿Y tipos cumplidores, que por ahí no descollan, pero tampoco tiran para atrás el promedio? Robin Smith, Jim Fern, Peter Gross, Rick Parker, Rafael Kayanan, Randy DuBurke, Joe Phillips, Flint Henry, Dan Lawlis… un montón. Habrás notado que hay una proporción bastante alta de dibujantes británicos, lo cual tiene que ver (lógicamente) con el ámbito en el que se desenvuelve Wagner. Y entre esos nombres, encontré a varios que no conocía y me gustaron mucho, como Lennie Mace, Dan Burr y sobre todo Graham Higgins.
Entre todos (con el maestro Wagner incluído, por supuesto) ponen lo que hay que poner para que leer este Big Book no sea un martirio, si no una experiencia sumamente disfrutable. A priori, casi 180 páginas de historias de gente que se deja acribillar, crucificar o empalar por amor a Dios pueden parecer una propuesta poco seductora, pero si sos comiquero ya lo sabés: el talento de los historietistas muchas veces hace milagros.
Salto a Argentina, a 2019, para una breve glosa del Vol.5 de Bife Angosto, una colección que reaparece después de cuatro largos años, con dos novedades: 1) ahora las tiras que hace Gustavo Sala para el Suplemento No de Página/12 se republican en blanco y negro, y 2) según se comenta por ahí, la tirada de este libro fue bajísima, sólo comparable a la de los fanzines que se autoeditaba Gustavo en los ´90. Lo del blanco y negro, la verdad, no me jode. Ahora, lo de la tirada… uno entiende que muchos fans de Sala no pueden comprar el librito porque tienen que pagar fortunas por la luz, el gas, el bondi, la comida… pero siendo así, en una situación en la que la editorial prácticamente apuesta a recuperar los costos y el autor se lleva una guita ínfima, ¿tiene sentido trabajar con una editorial? ¿O conviene romper el chanchito y editarse uno mismo, que tiene muchas más herramientas para llegar al público que se interesa por lo que uno hace?
Fuera de eso, el dibujo de Sala está en un nivel apabullante, las caricaturas de los famosos están cada vez más logradas y entre los chistes hay una cantidad de ideas brillantes imposibles de enumerar exhaustivamente. Me reí muchísimo con boludeces como la Rappisodia Bohemia, los chistes de Trump, los chistes de curas pedófilos, el Turco Asís-Tiré, los gremlins del Indio Solari, los juegos olímpicos del rock, el patriarcade, la rockola de Bolsonaro y el Tintinder, la aplicación que usan los personajes de historieta para levantar. Obvio que, tiradas así, en el medio de una reseña aburridísima, estas ideas no tienen ni a palos el efecto cómico que sí tienen en su contexto original, que son las historietas y chistes de Sala.
¿Y sigue habiendo chistes de conchas, de soretes, de gente que se transforma en cosas bizarras, meta-chistes sobre el humor, etc.? Sí. Me causaron bastante menos gracia que en libros anteriores, pero hay unos cuantos. Por suerte, la realidad evoluciona y le da a quien sabe entenderla nuevos elementos con los que hacer humor. Sala tiene las antenas perfectamente sintonizadas con las transformaciones socio-culturales de los últimos años, y eso también se ve en unos cuantos chistes y tiras. Ojalá pronto haya otro plato de este adicitvo y siempre vigente Bife Angosto.
Grazie per tutti y la seguimos pronto. Arrivederci.


lunes, 10 de abril de 2017

SE VINO EL OTOÑO

Bueno, llegué hace un rato de Córdoba y me recibió la clásica Buenos Aires de otoño, fresquita, lluviosa, con el tránsito colapsado y las 15 radios del Grupo Clarín repitiendo las mismas mentiras. Por suerte entre aeropuertos y aviones tuve tiempo de leer un par de libros, así que tengo material para reseñar.
Arranco en EEUU, en 2013, cuando Dark Horse publica Kiss Me, Satan!, una saguita de acción y terror que me sedujo porque la encontré en oferta y está dibujada por el cordobés Juan Ferreyra, que me tiene entre sus fans desde que militaba en el under, allá por la segunda mitad de los ´90. El argumento de Victor Gischler (de oscuro pasado en Marvel) ofrece ángeles, demonios, licántropos, brujas, hechiceros, zombies, ninjas, ninjas zombies… un flor de bolonki de elementos sobrenaturales puestos al servicio de una trama de acción, con persecuciones, tiroteos, peleas de todo tipo, garches, runfla entre mafiosos y demás escenas de alto impacto.
Por suerte, Girschler evade unos cuantos lugares comunes y logra que esta combinación, además de ser pochoclera y estridente, tenga originalidad y frescura como para sorprender al lector que ya se devoró muchas aventuras parecidas. La machaca sobrenatural está bien condimentada con el trasfondo mafioso, con una trama romántica, con un buen aprovechamiento de la decisión de ambientar la historia en New Orleans y con algunos toques introspectivos que le sirven a Gischler para darle onda a los personajes, incluso a algunos secundarios. O sea que, como comic de entretenimiento sin mayores pretensiones, Kiss Me, Satan! funciona muy bien y garantiza una lectura ágil, ganchera, muy entretenida.
El dibujo de Juan Ferreyra es excelente, con altos niveles de salvajada, figuras muy dinámicas, deformidades bien puestas, personajes muy expresivos magníficamente diseñados, un ritmo de palo-y-palo en la planificación de las secuencias, y sobre todo un laburo alucinante en el color (rubro en el que Juan contó con la colaboración de Eduardo, su papá). El color de los Ferreyra le prende fuego a la página, está hiper-sincronizado con los climas que requiere el guión y tiene ese toque único de genialidad, de experimentación loca que llegó a muy buen puerto. Si sos de los que descubrieron a Ferreyra a partir de su desembarco en DC, o a través de Colder, tirate un cachito más para atrás y descubrí este gran trabajo del ídolo cordobés.
Salto a Uruguay, a 2016, cuando aparece Parto de Nalgas, el bizarro team-up entre Gustavo Sala y el guionista, blogger, conductor de radio y tele, escritor y co-protagonista de la recordada saga de New York acá en el blog, mi amigo Ignacio Alcuri. Con un guión escrito a cuatro manos y muy buenos dibujos de Sala, Parto de Nalgas es un delirio fascinante, una novela gráfica cuyo argumento reproduce la lógica de los sueños, en los que se suceden una atrás de otras escenas muy locas, casi sin explicación y casi sin un hilo conductor. Y claro, además del divague, acá hay muchos chistes. Chistes pavotes, chistes groseros, chistes absurdos, chistes políticamente incorrectos casi al límite, juegos de palabras, reflexiones graciosas tipo stand-up comedy… un repertorio amplio, ecléctico, generoso, para todos los gustos.
Así, entre seres de caca, pandas con síndrome de down, gorilas gigantes, monstruos bizarros, vergas gigantes y la inevitable aparición de famosos de toda calaña (de Gardel y el Papa Francisco a Moria Casán y Gary Coleman), un marplatense y un uruguayo viajan por el mundo, surcan el cosmos, recorren distintas dimensiones y viven la aventura más estrambótica de sus vidas. Algunos chistes funcionan mejor si pescás ciertas referencias muy puntuales (a las canciones de Jaime Roos, o los comics de Stan Lee, o los hábitos sexuales de Woody Allen), pero en general la risa está garantizada aunque no entiendas nada y creas que Marcelo Bonelli y Edgardo Alfano son grandes periodistas.
La obra tiene más de 80 páginas, bastante texto y bastantes volantazos impredecibles, con lo cual no recomiendo leerla toda de un saque, sino meterle un par de pausas, como para intercalar otras lecturas y que la gracia de Parto de Nalgas se mantenga fresca y sorprendente. En Argentina el libro nunca se distribuyó, así que tenés que tener bastante ojete para conseguirlo, o enviar sicarios a que lo busquen del otro lado del charco. Parto de Nalgas lleva un paso más allá la sana costumbre de estos últimos años de las colaboraciones entre autores de Argentina y Uruguay y lo hace de la mano de dos genios malignos del humor. Así que hay que tenerlo, cueste lo que cueste. Y vamo´arriba la celeste.
Nos reencontramos por acá ni bien tenga más libros leídos.

jueves, 15 de diciembre de 2016

TRES Y A SALTA

Tres reseñitas más y paramos hasta el martes.
Debía un comentario acerca del segundo libro de Aurora West, el spin-off de Battling Boy co-escrito por Paul Pope y JT Petty y dibujado por David Rubín. Bueno, me gustó más que el Vol.1. Tiene un poco menos de introspección y un poco más de machaca, pero las escenas tranqui son realmente brillantes. Y las de la machaca son impresionantes, no tienen el más mínimo desperdicio. Esta segunda parte está tan buena que hace que el Vol.1 parezca prescindible… o por lo menos resumible en –como mucho- 30 páginas. El dibujo es espectacular, con Rubín prendido fuego, siempre dispuesto a probar cosas nuevas en la puesta en página y la narrativa y con un gran manejo del blanco, el negro y la escala de grises. Por ahí si en vez de dos libros de casi 160 páginas esta precuela de Battling Boy fuera un sólo tomo de 200 páginas, estaríamos hablando de una obra maestra, de un hito en dos carreras tan gloriosas como son las de Pope y Rubín. Pero bueno, en el momento de leer cada uno de los tomitos, se disfrutan muchísimo. No da para quejarse, ni ahí. Sólo para mirar el calendario de 2017 y subrayar con resaltador luminoso el día en que sale el segundo libro de Battling Boy.
Sigo avanzando con la lectura en TPBs de la etapa de Wonder Woman capitaneada por el maestro George Pérez. Este tercer TPB trae sólo cinco episodios de la serie regular, porque incluye aquella historieta del nº600 de Action Comics, la del team-up entre Superman y Wonder Woman, con John Byrne como guionista y dibujante y Pérez como entintador. Suena a gloria, es cierto, pero no es gran cosa. Páginas y páginas de piñas y destrucción (dibujadas como los mega-dioses), un final muy prolijo, a contramano del fan service y no mucho más para rescatar.
En los números de Wonder Woman, tenemos primero una lucha contra la nueva versión de Silver Swan (que no está nada mal) y después un arco de tres episodios que arranca MUY tranqui (en las primeras 38 páginas no vuela ni un sopapo) y que desemboca en el enfrentamiento con Circe, quizás la villana más interesante en los 75 años de esta serie. Pérez acierta en esto de postergar lo más posible la machaca para darle más bola a los climas (y a su fuerte, que es el desarrollo de personajes), pero en un momento se le acaba el espacio y tiene que resolver la pelea más grossa de un modo abrupto, apretado, sin margen ni siquiera para una explicación coherente de lo que pasó. El dibujo de este tomo no se ve tan bien como en los anteriores, no porque Pérez se tire a chanta, sino porque le cambian los entintadores: en lugar del muy respetuoso Bruce Patterson, acá tenemos a Dick Giordano y su vil esbirro Frank McLaughlin, que se llevan puesto a Pérez con esas tintas pesadas, en las que se ve más el estilo de los entintadores que el del dibujante. Es una lucha…
¿Alguna vez te preguntaste cómo se hace el humor gráfico? ¿Cómo aparecen las ideas, cómo se decide si el chiste es mudo o con diálogos, si tiene remate o no, cómo se da cuenta el autor si lo que quiere mostrar/contar se va a entender o no? Bueno, el que se hizo todas esas preguntas fue uno de los capos del humor gráfico actual: Gustavo Sala. Y las respuestas están todas en Tumor Gráfico. El “problema” es que… son en joda. Tumor Gráfico es como el Understanding Comics del humor gráfico: un libro que pretende plantear temas teóricos, pero que en realidad usa a la teoría como marco para detonarnos la cabeza con una cantidad infernal de chistes y textos graciosísimos. Si lo querés tomar como un libro para aprender a crear humor gráfico, seguro que algún concepto copado te va a tirar. Pero si lo tomás como un libro 100% de humor, donde Sala se disfraza de docente para hacernos hiper-cagar de risa, Tumor Gráfico te va a sorprender por su estructura atípica, y sobre todo por la calidad de los chistes, tanto los dibujados como los que Sala mete en los textos supuestamente explicativos.
El formato grande y el blanco y negro son un combo ideal para que el dibujo de Sala se luzca en todo su esplendor. O sea que si no sintonizás mucho con la onda humorística del ídolo marplatense pero apreciás su talento para dibujar, acá también vas a encontrar un despliegue gráfico monumental, muy lejos de esas tiras abigarradas, en las que el dibujo de Sala se ve chiquito, apretadito, como si fueran estampillitas microscópicas.
Y bueno, mañana temprano nos vamos a Salta con Gustavo Sala y un montón de autores más de todo el país para participar de Dimensión Comics, en la hermosa ciudad de Salta. Si andás por ahí, buscá mi stand (como siempre, con gemas del infinito a precios cuidados) y acercate a saludar. Volvemos la semana que viene con más reseñas.

domingo, 13 de septiembre de 2015

13/09: BIFE ANGOSTO Vol.4

Otra vez volvemos sobre el tema de los libros y los tiempos. Cada libro de Bife Angosto tiene 96 páginas. Ponele 92, porque hay que poner una carátula, un prólogo y la indicia. De a dos tiras por páginas, para llenar 92 páginas necesitás 184 tiras. Gustavo Sala produce una por semana, 52 por año. Para juntar 184 tiras producidas a ese ritmo, hacen falta tres años y medio, más o menos. ¿Los tomitos de Bife Angosto salen cada tres años y medio? No, los tiempos entre un librito y otro son bastante más breves. Entonces, ¿cómo se llenan las 96 páginas?
Esta vez, Gustavo tiene MUCHAS páginas para llenar con material inédito, que no salió en el Suplemento No de Página/12. Muchas, de verdad. Y se pone a producir material especialmente para este libro, con resultados desparejos. Los chistes de pogo, por ejemplo, son brillantes. En cambio la saga de “Bife Angosto para colorear” repite muchísimos gags que ya vimos en las tiras, mínimamente camuflados. Además, al publicar una sola tira por página y sin color, hace que le prestemos mucha más atención al dibujo, y la verdad es que no está mejor que en las tiras que salieron en el diario. Ya más cerca del final, esas cinco páginas en las que el autor se dibuja a sí mismo “negociando” con el público cuántos bises va a incluir el tomito, son un choreo a mano armada, con una idea muy obvia y dibujadas así nomás, sin un mísero fondo, apenas salvadas por el color. La última viñeta de esa serie de tiras es brillante, pero hasta llegar a ese punto, Sala te mezquina lo que vos querés leer para hacerte comer un relleno muy poco feliz.
¿Por qué tanto apuro, digo yo? ¿Por qué no esperar un año más y tener 52 tiras nuevas para llenar más dignamente 26 páginas de este librito? ¿Alguien cree que de acá a un año se van a extinguir los fans de Sala? ¿O que alguien en Página/12 está por reemplazar la tira de Bife Angosto con alguna otra? ¿Cuál es la urgencia? Si me dijeran que se trata de un boom editorial sin precedentes, que agota 60.000 ejemplares en dos meses… qué sé yo… quizás se justifica. Pero de Bife Angosto se imprimen 2000 ejemplares y se agotan –con suerte- en 9 ó 10 meses. O sea que las finanzas de la editorial no peligran si durante dos años no salen nuevos tomitos de esta colección.
Y bueno, entre todos estos “bifes infiltrados” de dispar calidad, están los bifes auténticos, los que leímos semana a semana en Página/12, o en el Facebook de Gustavo. Ahí hay, como siempre, varias gemas del humor demente-escatológico-satírico del ídolo marplatense. Y algo que no recuerdo haber visto en otros tomos: una tira que me hizo explotar de risa en la primera viñeta, me hizo reir de nuevo en la segunda y para la cuarta ya estaba doblado en tres, llorando a carcajadas. Fue la de Lito Vicious, de la página 29. Por supuesto están esos otros chistes tan típicos de Sala, donde la gracia se genera en la acumulación, o en el in crescendo de cosas cada vez más zarpadas o más ridículas, y entre esos también hay varios gloriosos. La de las caricaturas de Mahoma o la de la embarazada de izquierda entran de una en el panteón de las mejores tiras de Bife Angosto de todos los tiempos. Otras dos genialidades que quiero destacar son la de la banda que es heavy las 24 horas y la Guía Para Saber si una Película es Buena o Mala. Esa tira es perfecta y, puesto a rellenar espacio, si yo fuera Sala la habría reversionado para darle más espacio y que se lean mejor los textos, que son uno más acertado que el otro. Así, todo apretadito en 10 viñetas microscópicas, es un golazo. En una página entera, sería un hito definitivo del humor gráfico.
Del dibujo de Gustavo ya hemos hablado mucho en reseñas anteriores. Acá lo que más llama la atención es la diferencia entre las tiras a todo color, las tiras en blanco y negro y las que están coloreadas así nomás, con un solo color en los fondos o en alguna figura, sin tonalidades ni atención por los detalles. Obviamente donde mejor se ve el dibujo es donde más pilas se ponen los coloristas. La portada es bastante olvidable, con un dibujo muy extremo, sin el ingenio de ninguna de las tres portadas anteriores, y con un color (del inmenso Ariel López V.) resuelto sin demasiadas ganas.
Espero sinceramente que el próximo recopilatorio de Bife Angosto salga a fines de 2018, cuando Sala ya tenga hechas y publicadas en Página/12 una tanda de 184 tiras nuevas. Total, se trata de un autor con tanta producción por afuera de la tira, que si surge el apuro por editar nuevos libros suyos, nunca va a faltar material. Y ya sabemos (lo comprobamos varias veces acá en el blog) que mucho de lo que crea Gustavo Sala por afuera de Bife Angosto le hace el aguante tranquilamente a la tira en materia de calidad.

jueves, 2 de julio de 2015

02/ 07: HIJITOS DE PUTA

Este libro recopila las historietas que Gustavo Sala publica en Barcelona desde 2011 y que, ya desde el título, son una oda a la incorrección política. En Hijitos de Puta, Sala le canta quiero retruco a lo más jodido que se te ocurra. ¿South Park? ¿Daniel Tosh? Son todos Anteojito y Antifaz al lado de estas historietas.
Hijitos de Puta te ofrece casi 100 páginas repletas de chistes de pedofilia, zoofilia, necrofilia, coprofagia, antropofagia, incestos, violaciones y sodomía, chistes en los que aparecen travestis, sexópatas, fetos abortados, alienígenas, discapacitados, ancianos, linyeras, inmigrantes de países vecinos, demonios, lesbianas, negros, gremlins, famosos de la A (como Marcelo Tinelli, Paul McCartney o el Papa Francisco) y de la B (como Diego Parés o Daniel Melero) y hasta el propio Dios. Nadie se salva del humor desenfrenado de Sala, que acá va a fondo, a no dejar nada en pie. Lógicamente no hay chistes de judíos en campos de concentración, pero todo lo demás está, y está a un nivel de mala leche que me dejó atónito.
Ni hace falta aclarar que si no te gusta ese tipo de humor, ni te acerques a este libro. Si, como yo, te cebás mal con el “humor sin barreras”, acá vas a llorar de risa (de verdad, hubo un par que me hicieron llorar) con las tropelías de Justito, Cirilo y Tomás, y con planchas totalmente descolgadas en las que no aparecen ni los hijitos de puta ni Normita, la mamá. La de los cómicos de stand-up, la del flequillo de Carlotto Balá… son chistes que podrían haber aparecido en Bife Angosto, o en otra publicación, porque no tienen mucha relación con esta tira… excepto por la impronta transgresora, feroz, descarnada, zarpada al límite.
Con o sin los personajes protagónicos (a los que ni se calienta por desarrollar más allá de lo básico), Sala detona en estas páginas todo su arsenal de recursos humorísticos: la escatología, la guarangada sexual, las transformaciones bizarras (quizás el “salismo” que menos me divierte), las apariciones para nada predecibles de celebridades, la posibilidad de que cualquier animal, planta, objeto o cuerpo celeste de pronto pele genitales y se empome a otro, las estructuras de relato circular, el juego de una idea que empieza chiquitita y termina por cobrar dimensiones cósmicas, el remate después del remate, las enumeraciones que se van yendo al carajo, las elipsis… Entre una cosa y otra, el efecto acumulativo de leer una atrás de otra más de 80 historietas es sencillamente devastador.
El libro arranca con cuatro historias narradas por Sala en tres tiras, es decir, en 12 viñetas. En cada una pasan un montón de cosas y hay muchos, muchos chistes, no sólo el remate final. Después, a partir de la quinta entrega, Sala baja un cambio y plantea páginas resueltas en dos tiras, con una cantidad de cuadros que fluctúa entre los 6 y los 9. Ahí pasan menos cosas, las historias enfilan más rápido hacia el remate y el dibujo –lógicamente- se luce más.
En la faz gráfica se ve al Sala de siempre, a la bestia desbocada que parece sufrir de agorafobia y que prácticamente no deja espacios sin ocupar con elementos visuales. A veces hasta se le complica meter en cada viñeta a todos los personajes, fondos y diálogos que quiere meter y recurre a composiciones muy extrañas. Pero lo más extraño de Hijitos de Puta, y donde creo que el ídolo se pasó de vanguardista, es el diseño de los tres chicos protagónicos. Son personajes construídos en base a formas geométricas muy marcadas, los tres muy distintos entre sí, casi como si los dibujara un autor distinto. El resto del universo gráfico es el clásico, el que Sala utilizó toda la vida, y en ese contexto, los diseños de Justito, Cirilo y Tomás desentonan, llaman la atención por los motivos incorrectos.
Hojeo el libro para ver si no me estoy olvidando de nada y me vuelvo a reir como un subnormal. Posta, esto es demasiado. Gustavo Sala volvió a saltar en el trampolín al carajo y creo que todavía no tocó tierra. Ni olvido ni perdón para estos Hijitos de Puta que me hicieron despedazar a carcajadas con las atrocidades, las bizarreadas y las inmundicias más extremas que yo recuerde.

jueves, 7 de noviembre de 2013

07/ 11: BIFE ANGOSTO Vol.3

Durante 2011 se editó en Argentina un sólo libro de Gustavo Sala, la primera quincena de Enero. Después, nada. Durante 2012, mucho menos que eso: no se editó ningún libro de Sala. Hubo que esperar hasta la Feria del Libro de este año para que los editores se despertaran y nos dieran una nueva dosis de humor a los muchísimos fans del marplatense. En total, pasaron más de dos años entre el devastador Ordinario (lo vimos el 05/04/11) y este tercer recopilatorio de Bife Angosto, que se parece poco al Vol.2 (reseñado el 11/02/11).
La diferencia fundamental es que este tomo no sólo reúne tiras realizadas por Sala para Bife Angosto (su espacio semanal en el Suplemento No de Página/12), sino que además ofrece tiras publicadas en Fierro, El Jueves, el periodico del Festival de Cine de Mar del Plata y en otros medios de los que tienen (o tuvieron) a Gustavo entre sus colaboradores. Y hay bastante material inédito, como ya es costumbre en los libros del ídolo. Esta heterodoxia está muy buena por dos motivos: primero, porque hace ya varios años que Gustavo sube a Facebook su tira semanal para Página/12 el mismo día que sale impresa en el diario. O sea que, los que lo seguimos en esa red social, ya conocíamos la inmensa mayoría de las tiras que reúne el libro. Por ese lado, es un acierto incluir otro material, que uno no vio, o vio hace mucho y no se lo acuerda.
Y por otro lado, las tiras que no fueron pensadas para Página/12 muchas veces exploran temáticas distintas, o están planteadas de otra manera. No es que sea un humor totalmente distinto (como pasa con el Langer de La Nelly vs. el Langer de Barcelona), o que cueste darse cuenta de que se trata de un mismo autor (como pasa con el Diego Parés de Humor Petiso vs. el Diego Parés de Barcelona), sino que los chistes van para otro lado y cuesta más intuir o deducir cómo se van a resolver. Acá Gustavo deja descansar a Charly García, el Indio Solari, Ricardo Iorio o Bono (algunos de sus fetiches, de los que más se repiten en las tiras de Página/12) y por ahí los protagonistas son Perón, Fangio, Juan Sáenz Valiente, Mickey, o un unicornio. O cualquier otra cosa. Esto le renueva el aire al libro (y permite sacarlo más rápido, porque sino, para llenar 91 páginas de tiras habría que esperar 182 semanas, una puta eternidad), sin romper con las consignas básicas y aportando una bienvenida diversidad.
En varias de las páginas inéditas, Sala satiriza con aguda mala leche la interacción que se genera con sus fans en las redes sociales, cuando él postea tiras y los lectores dejan sus comentarios. Ahí hay hallazgos realmente graciosos, y recursos humorísticos distintos, impredecibles, que no se ven en el resto del libro.
En cuanto al dibujo, no hay muchas sorpresas. Hacé click en la etiqueta de Sala, repasá cualquiera de las reseñas de sus obras anteriores y eso se aplica, básicamente, a este tomito. El color de las tiras varía bastante: hay algunas muy bien coloreadas, otras coloreadas medio así nomás y otras que fueron coloreadas para esta edición de modo muy básico (sólo los fondos, y todo con un mismo color). Lamentablemente, los coloristas no aparecen acreditados, excepto Lucas Varela (¿te suena?), quien coloreó los magníficos dibujos de la tapa y la contratapa.
Y si te preguntabas si se iban a animar a incluir en el recopilatorio la polémica tira de David Ghetto (ver artículo del 21/01/12), te respondo que no, que esa tira –para bien o para mal- quedó afuera.

sábado, 21 de enero de 2012

21/ 01: HUMOR SIN BARRERAS

Y, no... no me podía hacer el boludo, por más que la Naturaleza me haya dotado generosamente para ese rol. Como fan, como lector, como exégeta, como amigo, como el tipo que lo publicó profesionalmente por primera vez, no me puedo quedar callado en medio del hiper-kilombo que se armó con la tira que Gustavo Sala publicó el jueves en Página/12.
Mi postura ante esto es bastante simple: el humorista que se esfuerza por no ofender, difícilmente se esfuerce por hacer reir. Por eso reivindico a Gustavo Sala. Y a South Park, y a Sergio Langer, al Niño Rodríguez, a Diego Parés, a Charly Putowznschvtzky, a Phillipe Vuillemin, a los salvajes de El Jueves, de la Lule le Lele, incluso reivindico las atrocidades más escabrosas de Cazador. No son genocidas, no son nazis, no son anti-nada. Son tipos que creen que, a la hora de generar humor, no hay límites, no hay temas con los que “no se jode”.
Yo banco a full al humor sin barreras. Minorías raciales, religiosas o sexuales, discapacitados, indigentes, curas pedófilos, Madres de Plaza de Mayo, campos de concentración, próceres de la patria, enfermedades terminales, tsunamis, AMIA, Torres Gemelas, Cromagnon, todo vale para hacer reir. Después discutimos si el chiste es gracioso o no, si es de buen gusto o de mal gusto (aunque sobre gustos...). Lo que no se puede discutir es el derecho del artista de joder con lo que se le canten las bolas.
El verbo clave es “joder”. Muchachos, era una joda... Y además es obvio, no? ¿Qué hace un DJ del 2011 en un campo de concentración de 1941? Claramente ahí, en la primera viñeta, se rompió el verosímil, quedó absolutamente claro que esto NO es real. Cuando la tira descarta el verosímil, pierde todo valor testimonial, todo valor documental. Ya no quiere bajar línea, no quiere reflejar ninguna situación. De ahí en más, todo lo que entra o sale de escena, todo lo que se hace y dice, son –ni más ni menos- recursos humorísticos, puestos en función de lograr un chiste. Eso sólo: un chiste. Y ahí sólo importa si es gracioso, no si Gustavo quiso o no ofender a los judíos, los nazis, los DJs, o los subnormales que bailan en las raves donde no les tiran gases letales, pero casi.
Y si hilamos un cachito más fino, me parece que el principal motivo por el que explotó la polémica en torno a la tira de Sala fue el medio en que se publicó. Si esa tira hubiese salido en el Vol.2 de Ordinario, en la Barcelona, en la Lule le Lele o –mirá lo que te digo- incluso en la Fierro, no habría pasado nada. Algunos se reían, otros no, y ya fue. Pero claro, en el contexto de un diario, hace más ruido. Primero porque al diario lo lee un montón de gente que no conoce ni comparte los códigos de Gustavo (que tiene en su haber decenas de chistes con nazis y judíos). Y segundo porque, al ser un diario oficialista, está bajo permanente escrutinio por parte de los medios opositores, siempre ávidos de encontrar un flanco por el cual atacar a Página/12, porque es un grano en el orto de los diarios más poderosos.
Lo más loco es que a lo largo de los años, Gustavo se vio varias veces en la situación de que lo llamaran de los medios donde trabaja para decirle “che, te fuiste un poco a la mierda con este chiste, ¿lo podrás suavizar un cachito?”. Esta vez, andá a saber cómo, al encargado de publicar la tira de Sala en Página/12 esta le pareció publicable, así como estaba, así como la vimos. Eso es más limado que el Hitler buena onda que aparece en la historieta.
En Marzo del año pasado, yo escribía “En la tele, todos hablan de Natalie Portman, de Manu Ginóbili o de Cristian U. En el mundillo comiquero –en cambio- hoy la pulenta más que pulenta es un bife, bastante ordinario y amasado en Mar del Plata”. Y mirá cómo se dio vuelta la tortilla: hoy de Cristian U no se acuerda nadie y de Gustavo Sala se habla en todas partes. Hoy, sábado 21 de Enero. Por ahí el sábado que viene nadie se acuerda de nada esto y están todos de nuevo con Carmen Barbieri, Santiago Bal o alguna otra pelotudez en ese estilo. Mientras tanto, este blog banca a Sala y a todos los artistas decididos a apostar al humor sin barreras. Si a alguno no le gusta... que la siga chupando.

martes, 5 de abril de 2011

05/ 04: ORDINARIO


Esto no es exactamente historieta, sino un recopilatorio de chistes de una sóla viñeta, sin secuencia. Podría haberlo obviado tranquilamente, pero venimos hablando tanto de Gustavo Sala y del impacto que generó este libro que da para agregar un par de boludeces más a la obvia recomendación para que todos lo compren.
Lo primero es que acá Sala muestra el dominio absoluto sobre distintos tipos de humor. Hay varios chistes que siguen la fórmula de muchas de las tiras y las historietas de Sala, tipo el del pelado barbudo con el pito en forma de conejo. Pero hay por lo menos dos fórmulas más, no tan utilizadas en las otras obras de Gustavo y aún así muy logradas. Una tiene que ver con los juegos boludos de palabras: los aliens que entran a una panadería y dicen venir en misión de pan, la confusión del Yeti con el jet-ski, el plato violador, y así un montón muy graciosos. Y la otra, la que a mí más me impactó es la que tiene que ver con la incorrección política: los chistes de nazis, de curas que se garchan pendejitos y del restaurant xenófobo donde podés pedir “un boliviano de mierda con puré”. En las otras historietas de Sala este tipo de humor casi no aparece y supongo que esto se debe al carácter “progre” de Fierro y Página/12 y el carácter “careta”de la Rolling Stone. Pero la verdad es que por el lado de la incorrección política el marplatense encontró un terreno tan fértil y fecundo como el de los chistes de culo, pija y concha.
Que por supuesto aparecen en Ordinario muchas, pero muchas veces, para deleite de la hinchada. O una cierta parte de la hinchada, porque acá los chistes de temática sexual llegan a un nivel tan, pero tan degenerado y extremo, que entiendo al que me diga “esto no es para mí”. Gustavo también lo entiende y se caga de risa. Sabe que el que hojeó el libro y se escandalizó con las eyaculaciones y las penetraciones de cualquier cosa a cualquier otra cosa, en la intimidad lo lee y se suma al coro de carcajadas que estallan invariablemente en las proximidades de este libro.
Posta, hacé el esfuerzo de leer esto sin reirte. No se puede. Ni aunque lo leas por cuarta o quinta vez, sabiendo ya cuál es la gracia de cada chiste. Por encima de esa gracia sobrevuela una gracia mayor, que no se pierde al conocer los remates, que tiene que ver un poco con el estilo de dibujo de Sala, un poco con la acumulación de guarangadas, gansadas y atrocidades que se suman página a página y un poco con la propuesta en general, con la onda “todo vale para cagarnos de risa”. Porque no va a faltar el que diga que este es el trabajo menos jugado de Sala, porque no cuenta historias, no desarrolla personajes, casi no dibuja fondos y bla-bla-bla. Pero… se te tienen que ocurrir todos esos chistes! Y muchos son chistes pavos (que no es lo mismo que obvios) y muchos son re-jodidos, basados en temas con los que ningún otro humorista conocido se atreve a tocar con la frontalidad con la que arremete Gustavo.
A todo eso sumémosle lo lindo que se ve el dibujo de Sala en blanco y negro, lo gracioso del prólogo y lo desopilante de los agradecimientos del final y nos queda un libro totalmente imprescindible para los fans del humor gráfico del Siglo XXI. Un siglo en el que algunos artistas (pienso primero que nadie en el alucinante Tute) nos enseñaron que el humor puede ser reflexivo, sensible y hasta poético. Y en el que un monstruo como Gustavo Sala llegó a lo más alto a fuerza de un humor 100% ordinario.

viernes, 11 de febrero de 2011

11/ 02: BIFE ANGOSTO Vol.2


Con varias tiras que nunca antes se habían publicado, con la entrevista/ historieta realizada por Juan Manuel Domínguez para la Inrockuptibles y con un prólogo/ poema de Pablo Marchetti que justifica por sí sólo la compra del libro, Ediciones de la Flor cerró un gran 2010 en materia de lanzamientos comiqueros. Y además demostró que no come vidrio, porque la verdad que lo que está pasando con Gustavo Sala en todo el país es un fenómeno impresionante, todavía de culto, pero con una fuerza que se lleva puesto lo que le pongas adelante.
Por si vivís en un iglú, Bife Angosto es la tira que Gustavo Sala publica hace como tres años (o más) todos los jueves, en el Suplemento No de Página/12. Se supone que la tira tiene que girar en torno al rock o la cultura joven, y a veces eso sucede, pero otras veces no. Sala puede hacer chistes con Charly García y León Gieco, o con alienígenas y soretes de perro. También con imprenteros, pedófilos, caballos ciegos hinchas de Boca o señoras que se llaman Normita. La cultura joven, vasta e hiper-difundida como está, no alcanza para contener al humor de Sala. Sala siempre se las va a ingeniar para ir un poco más allá.
En Bife Angosto tenemos por lo menos un chiste grosso por semana (a veces dos) y para eso es imprescindible variar el repertorio, no repetir siempre la fórmula. Y Sala lo tiene muy claro. Juega con el absurdo, el grotesco, el sexo, la escatología, ciertas bajadas de línea socio-políticas muy finitas (aunque Gustavo dice que de política no sabe nada), un poco de todo. La estructura del chiste también cambia: a veces es un in crescendo hacia el remate en el último cuadrito, una subida lineal. A veces, justo antes de alcanzar la cima, el in crescendo se desactiva de golpe y viene una caída estrepitosa, o un golpe de timón totalmente imprevisto, que remata para otra dirección 100% distinta a la que te imaginabas. Otras, la gracia está en TODOS los cuadritos, no sólo en el último. A veces la gracia es cómo, a pesar de todo lo que pasa en cada una de las viñetas, el protagonista no se inmuta y sigue firme en la suya. Casi siempre lo más cómico es el remate después del remate, un segundo (o tercer) globito en la última viñeta que, con el final del chiste ya manifiesto, dispara una última atrocidad que puede salir para cualquier lado.
Con todo ese arsenal de recursos humorísticos, aún dibujando para el orto los fans se te acumulan como las causas judiciales a Clarín. Pero encima Sala dibuja cada vez mejor. Experimenta más, se luce más cuando tiene que caricaturizar los rasgos de algún famoso, se mata como siempre en cada fondo, de modo que su dibujo llene TODA la viñeta, lima más a la hora de contar desde las caras y las expresiones faciales cosas sobre las bizarras vidas de estos personajes. Personajes que nunca vuelven y que a veces tienen nombres de amigos y conocidos (Hernán Martignone, Javier Hildebrandt, Salvador Sanz, Javier Rovella… Andrés Accorsi!), a veces de famosos, pero trastocados (Lionel Pesi, Celeste Caballo, Carlín Caldo) y otras veces se llaman simplemente Aníbal, Ricardo o Mauricio.
A diferencia de Macanudo o Lucha Peluche (las otras dos tiras brillantes de los últimos tiempos), Bife Angosto no construye universo. Todo empieza y termina en cada tira y empieces de donde empieces, vas a entender todo y a mearte de risa. Lo que construye es un código, una complicidad con el lector. A medida que pasás las páginas, te vas sumergiendo cada vez más en el retorcido Universo Sala, y cuanto más creés que conocés sus “reglas” más te impacta cada remate fumado que no te veías venir. La acumulación, la posibilidad de leer más de 150 tiras al hilo, contribuye muchísimo al efecto cómico que -sin querer- Sala edifica tira a tira, semana a semana. El resultado final (el libro) es devastador, deslumbrante y adictivo. Y además da testimonio de cómo con pretensiones mínimas y talentos enormes, también se llega al éxito de ventas, al status de genio entre los fans y al cuasi-unánime aplauso de los colegas. Un ejemplo a seguir, en miles de aspectos.

jueves, 23 de septiembre de 2010

23/ 09: TORNI YO


Bueno, siguiendo con la onda fascista, y a falta de comics de Mussolini para comentar, me encontré con Torni Yo, otra historieta de ese prócer de la intolerancia llamado Gustavo Sala, que le enseña a los niños a discriminar y maltratar a los distintos…
Nah, era una joda. Torni Yo es una historieta de Gustavo Sala pero apenitas. En realidad es una historieta de Carlos Trillo y Eduardo Maicas, a la que Sala simplemente le aporta el dibujo (y Humberto Miranda el color). Y puestos a ahondar, ni siquiera: es una historieta de la revista Genios, con todo lo que eso implica.
Básicamente, dos páginas por semana (mucho más de lo que habitualmente dibujaba Sala en su etapa pre-Torni) y guiones claramente apuntados al público infantil, prácticamente sin guiños a los eventuales lectores adultos que pudieran encontrarse con el material. Se ve que Trillo y Maicas no miran películas de Pixar, o que jamás pensaron que muchos fans de Sala nos compraríamos esta historieta cuando se recopilara en libro…
Las primeras historietas de Torni Yo son muy flojas. Tienen algún chiste bueno perdido entre varios malísimos y las situaciones son repetidas y poco interesantes. El científico que creó al robot trata de recapturarlo mediante planes absurdos y –obviamente- no lo logra. Cuando Trillo y Maicas rompen con ese esquema, la cosa mejora notablemente y avanzan dos plots que atraviesan varios episodios: por un lado, Torni se enamora de Bibi, una muñeca que no le presta ni la menor atención, y que incluso le escapa, en secuencias con cierto aroma (guiño, guiño) a los cortos de Pepe LePew. Por el otro, una raza alienígena abduce a Torni, lo analiza y lo devuelve en apenas dos páginas, pero inteligentemente los autores dedican varias entregas posteriores a explorar las consecuencias de esa bizarra peripecia. Por supuesto, entre el robot, la muñeca y los aliens queda poco espacio para Lucio y los otros chicos humanos, pero eso no resiente en lo más mínimo el atractivo de la serie. Está claro que la química Lucio/ Torni no era el punto más fuerte, por lo menos hasta ahí.
Sin embargo, cuando se desactiva el plot de los aliens, la historieta vuelve a centrarse en la relación entre el chico y el robot (ya sin el molesto y predecible inventor) pero los chistes ahora son más graciosos y las situaciones funcionan un poco mejor. Incluso se empieza a jugar deliberadamente con el efecto Hobbes (el tigre de Calvin, no el teórico político): ante los ojos de los padres de Lucio, Torni es un juguete más, no un robot con vida e inteligencia propias. Era eso o recurrir al viejo truco de Alf: la sitcom familiar “invadida” por un elemento extraño e impredecible, cosa que ya vimos hasta el hartazgo. Y además, convencer a tu familia de que tu robot en realidad es un coñemu es mucho más fácil y creíble que ocultarles que tenés como mascota a un elefante, cosa que Trillo y Maicas estiraron hasta niveles casi insostenibles, durante muchísimas semanas, en Ele, la historieta que dibujaba Lucas Varela, también para Genios.
A los más chicos Torni Yo les va a encantar, no tengo dudas. A los más grandes… y, la veo difícil. Sobre todo a los fans de Sala, acostumbrados a otra cosa totalmente distinta. Por ahí la compran por fanatismo, o para hacerle el aguante al ídolo marplatense, pero si venís cebado con los chistes de animales que se empoman viejas o se transforman en Fabián Gianola, acá vas a hacer patito, mal. Y para los que creen que Sala se repite, o que encontró una fórmula y no la va a cambiar más, bueno, acá tienen una muestra cabal de cómo se las ingenia cuando no puede meter escatología, ni sexo, ni fans de los Redondos. En Torni Yo los veteranos guionistas de Clara de Noche se jugaron a una timba más arriesgada que poner a Tévez a atajar penales. Y Tévez se la bancó a lo macho. A lo Violeta Macho.

lunes, 13 de septiembre de 2010

13/ 09: EL BAÑO VIOLETA


Otra vez me toca sumergirme en el mundo ensimismado y pasado de rosca de Gustavo Sala, esta vez con su primer libro editado en España, que reúne sus dos series publicadas en Fierro (El Baño y Violeta Macho) junto a algunas historias cortas originalmente publicadas en otras revistas menos conocidas.
La experiencia de leer todo El Baño al hilo (como seguro hiciste si sos uno de los miles que compraron el imprescindible Bola Triste) es demoledora: la acumulación de guarangadas y delirios es tan monstruosa que te pasa por encima, te aplasta y te lleva barranca abajo como una enorme bola de nieve, pero marrón y con feo olor. En 25 páginas, Sala tira más ideas de las que el guionista promedio genera en diez años. Algunas ni las desarrolla, simplemente las rebolea, las tira a la marchanta para impactarte, arrancarte una carcajada y pasar sin un minuto de pausa a la próxima idea zarpada. El ritmo de las historias es frenético, hasta dentro de cada viñeta pasan (y se ven) demasiadas cosas. La sensación es la de una montaña rusa retorcida y totalmente fuera de control, donde no sólo puede pasar cualquier cosa, sino que efectivamente pasa cualquier cosa.
Violeta Macho tiene menos páginas (apenas 21), pero la cantidad de bizarreadas por capítulo no decae en absoluto. Acá el recurso más usado es el del sexo (en casi todos los episodios hay penetraciones absolutamente explícitas) y para el final (inolvidable y genial), Sala pone en juego un elemento que no usaba desde su época en la Comiqueando: la meta-historieta, la historieta protagonizada por una historietista cuyas historietas también vemos. Si sos fan del comic argentino, el último episodio de Violeta Macho te va a hacer explotar a carcajadas, mal.
Entre las historias complementarias está la que para mí es la mejor historia corta de Sala de su período post-Falsa Modestia: Ricardo Linioskerman, el Dibujante Delicado en “Hacete Hombre”, otro meta-comic aparecido este año en el n°2 de La Murciélaga y que me hizo llorar de la risa. Pero de verdad, con lágrimas y todo.
El trabajo de Sala, además de muy personal, es imponente. Pocos autores dibujan en cada cuadrito todo lo que dibuja Gustavo. El marplatense se mueve con soltura, hasta con suficiencia, en un terreno al que la mayoría de los historietistas le escapan como al SIDA, la AFIP o los eventos de Muñones: las páginas de 16 viñetas! Hay que estar muy hecho mierda (o muy bien pago por un editor francés) para bancarse una página de 16 viñetas, y Sala se banca episodios enteros, historietas de tres o cuatro páginas con la grilla de 16 viñetas. Vistas todas juntas en un libro, casi asustan.
Otra cancha en la que Sala juega de local y la mayoría de los autores sale a jugar con seis defensores es la de las historias de dos o tres páginas. Nadie quiere contar una historia en tres páginas, todos quieren de seis para arriba, porque si no se complica mucho pensar una idea, desarrollarla mínimamente y encima rematarla con algo gracioso. A Gustavo tres páginas le recontra-sobran. Mete todas esas viñetas, las llena de detalles, de fondos, de personajes, pero sobre todo de chistes, y en tres páginas cuenta un montón de cosas y te hace reir un montón de veces.
Con todas estas armas, Sala desembarcó en España y hoy sus fans en el Viejo Continente son legión. Me queda por preguntarme si los españoles (que no conocen a Pablo Codevlla, ni los caramelos Media Hora, ni las empanadas de humita, ni las canciones de Ignacio Copani) entienden los chistes. Esta edición (perfecta e impecable, a cargo de Diábolo) mantiene las historietas en “argentino”, con nuestra forma de hablar, nuestras puteadas, y miles de referencias a nuestra (sub)cultura que parecen dificilísimas de traducir, pero también dificilísimas de entender para el que no vive en Argentina. Pero claro, ¿qué le hace una bizarreada más a un comic donde las manzanas se convierten en ballenas, en libros de Coelho, en gatos recién castrados o en Enzo Francéscoli? Cuando los guiones y los dibujos son tan contundentes como los de Sala, la barrera idiomática importa poco: reemplazás mentalmente “poronga” por “polla” y ya está, todo sigue su curso anormal

miércoles, 31 de marzo de 2010

31/ 03: AMASALA


En general, entre que sale un libro y que yo lo leo y lo reseño pasan más o menos cuatro meses. Hoy no me puedo dar ese lujo. Amasala salió hace poquitas horas y yo estoy tan cebado que no puedo leer otra cosa y mucho menos analizarla como para escribir una reseña.
Amasala es otra salvajada de Gustavo Sala, el genio que pasó del under marplatense a la Comiqueando y de ahí a la conquista del Universo. En estas páginas nos reencontramos con algunas historietas de la Comicu Clásica, varias que ya habían sido recopiladas en el hoy mítico FalSALArma (es más fácil encontrar el Santo Grial o un macrista honesto que un ejemplar de FalSALArma), material de Vagina Joe y cositas dispersas de Fierro, Lule le Lele, revistas y fanzines de España y muchos medios más que cuentan con el siempre atractivo aporte de Gustavo.
Me gustaría agarrar para el lado menos explorado, que es el del dibujo. Casi nadie habla del dibujo de Gustavo y es lógico, porque a todos nos detona el cerebro su humor, su universo bizarro y retorcido donde los tipos se llaman Ricardo, Mauricio o Aníbal, donde puede pasar cualquier cosa y cualquiera puede transformarse en cualquier cosa y terminar penetrado por cualquier otra cosa. Eso es genial y sobre todo es original. Queda claro cuando otros autores más jóvenes tratan de imitar a Gustavo: uno al toque reconoce los “salismos”, porque ya son marcas de fábrica.
Pero el dibujo es todavía más difícil de imitar. Gustavo viene de la tradición española de Ibáñez y Vázquez, mezclada en un cóctel obsceno con los autores yankis más kilomberos, básicamente Crumb y Bagge. A todo eso hay que sumarle un elemento más (que subraya con habitual precisión el maestro Juan Sasturain en el texto con que abre Bola Triste): la compulsión de Sala por no dejar espacios vacíos, por dibujar hasta el último rincón de la viñeta en un despliegue de agorafobia al que acompaña a la perfección el trazo jugado y pulentoso del marplatense. Cualquiera que lo trate de copiar se cansa a la mitad de la segunda viñeta.
La posibilidad de ver en un sólo libro trabajos que van de fines de los ´90 hasta hoy nos sirve como testimonio elocuente de cómo Gustavo se afianzó en un estilo, qué cosas dejó de hacer, cuáles perfeccionó, a cuáles vuelve cada vez que no se le ocurre nada mejor. Hoy las guarradas causan el triple de gracia, porque se nota que están puestas ahí por un super-profesional, no por un pichi que sólo sabe hacer eso y al que si lo sacás de los chistes de pija y concha queda más perdido que José Luis Perales desde que se separaron los Redondos. Gustavo vuelve todo el tiempo a la pija, la concha, los fetos abortados, las acabadas en la cara y la gente que caga sandwiches de milanesa o abogados, pero no porque no pueda ir más allá, sino porque adoptó esas temáticas como propias y porque siempre le encuentra la vuelta para que el chiste sea brillante. Por si cabe alguna duda, en paralelo hace chistes sobre estrellas de la música en Bife Angosto, y durante un par de años contó las simpáticas aventuras de un nene y su robot en las páginas de Genios. Y sí, fuera de las atrocidades sexuales o escatológicas también le fue muy, pero muy bien.
En fin, si te gustan los chistes asquerosos, con pedofilia, necrofilia, zoofilia, incestos y Fabián Gianola, ya sabés que en Argentina hay un historietista de la San Puta, capaz de darte una sobredosis de todo eso y lograr que te rías a carcajadas aunque te estés agarrando un huevo con la puerta. Amasala te da la posibilidad de capturar muchas de esas joyas sueltas de Sala y conservarlas en tu biblioteca, hasta que te mandes la boludez de prestarlo. Sabelo: NADIE devuelve un libro de Gustavo Sala.
Y ya que estoy, el chivo: conseguilo por sólo $ 20 en las mejores comiquerías del país.