el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 10 de junio de 2013

10/ 06: TO TERRA... Vol.3

Ultimo tomo de esta ambiciosa serie de Keiko Takemiya, motorizada por buenas ideas y un conflicto duro, fuerte, a todo o nada, como es el de humanos vs. mutantes enfrentados por la posesión de un planeta Tierra ya muy baqueteado, cuyos recursos naturales no alcanzan para bancar a todos los que quisieran vivir en él.
La vez pasada vimos cómo los humanos masacraban a buena parte de los Mu (esta sub-especie humana con poderes psiónicos) y cómo a su vez estos planeaban un contragolpe, con el planeta educativo Ataraxia como primer objetivo. Las primeras 200 páginas de este tomo final se pueden resumir en... tres páginas: los Mu, liderados por Jomy Marcus Shin ganan cada vez más posiciones al derrotar a los humanos en varias batallas espaciales. Cuando ya están cerca de copar Plutón (punto clave para dominar el sistema solar en el que se ubica la Tierra), la Gran Madre, la computadora que rige la vida en la Tierra, convoca a Shin al viejo planeta para parlamentar. No te digo que en las 197 páginas que sobran te quieras pegar un tiro, porque la verdad que se sobrellevan bastante bien. Takemiya se esfuerza por rellenar con escenas intimistas y combates épicos que, en el momento en el que los estás leyendo, no parecen relleno, sino sucesos que van a aportarle cosas grossas a la trama. Y te cae la ficha de que no, de que todo se podría haber sintetizado en tres páginas, cuando a partir de la página 200, con la llegada de Shin a Terra, la historia cambia de dirección para dirigirse hacia un final apoteótico, cuyo tremendo impacto NO es consecuencia de NADA de lo que Takemiya nos narró en las 200 páginas previas.
Y a partir de ahí, quedan casi 130 páginas devastadoras en las que pasa de todo. Keith Anyan se hace cargo de su pasado, confronta finalmente con Shin, este a su vez va hasta las últimas consecuencias en su intento por liberar a los humanos de los designios de la Gran Madre, los chicos psiónicos Mu (liderados por Tony) hacen su movida, aparece la hiper-computadora que controlaba a la Gran Madre... Todo esto en un despliegue de machaca, psicopateadas, dilemas morales y diálogos MUY filosos, que llevan a To Terra... hacia un desenlace totalmente impredecible y definitivo... que obviamente no voy a contar. La tensión sube página a página hasta asfixiarte y todo desemboca en algo de increíble magnitud.
El dibujo está mejor que en los tomos anteriores: Keith ya no parece un pendejito de 15, las escenas que transcurren en paralelo están mejor ensambladas, todo se ve muy, muy bien, especialmente los combates, que te ponen la piel de gallina. Esto es manga clásico de los ´70, muy influenciado por Osamu Tezuka, Shotaro Ishinomori y las pioneras del shojo, pero se ve muy moderno, muy vivo, muy fresco. Hay un laburo colosal en los detalles de las naves, la arquitectura futurista, hasta en las tomas donde sólo se ve el espacio, y Takemiya, en un gesto que la eleva y la distingue, permite que en la última página de la serie aparezcan las firmas de sus NUEVE asistentes. Justicia absoluta, porque acá hay todo un equipo que transpiró la camiseta y dejó la vida para que To Terra... ostente esta infrecuente calidad en su faceta visual, que le debe haber volatilizado el cerebro a los chicos de 1979-80 y que se la recontra-banca aún hoy. Bah, me parece que hoy ya no hay mangas así... ¿Hay space opera en los mangas actuales? ¿Y habrá alguno con esta fuerza, con esta combinación tan impactante entre desarrollo de personajes, conflictos a escala mundial, y machaca épica con naves que explotan en el espacio? Tengo la sensación de que no, de que el género se terminó con Macross y sus secuelas. Ojalá me equivoque.
A pesar de lo bien que la pasé con To Terra..., me encantaría tener estos tres tomos de más de 300 páginas en digital, para hacer una nueva versión, un “director´s cut” de este manga que en vez de 1000 páginas tenga... 350. Hay tanto para sacar y para resumir sin dañar la esencia de lo que quiso contar Keiko Takemiya, que me parece que quedaría algo mucho más potente. Por ahora está esto, estirado como la San Puta, pero con la jerarquía de los clásicos, de los mangas a los que siempre está bueno descubrir, por más décadas que hayan pasado desde que To Terra... era una obra nueva y rupturista.

lunes, 27 de mayo de 2013

27/ 05: TO TERRA... Vol.2

Ah, bueno, se puso densa la cosa. Al lado de lo que pasa en este tomo, todas las escenas de acción del Vol.1 (que no eran tantas) parecen una gilada, un engaña-pichanga para que no creyéramos que nos estábamos fumando un manga de más de 300 páginas sin acción. Este tomo mantiene esa onda de poca acción, de conflictos más psicológicos que físicos, unas... 50 ó 60 páginas. Y de ahí en más, pasa de todo.
Por supuesto, recomiendo releer la reseña del Vol.1 (salió hace un par de semanas, el 12/05) para entender un poco más de qué va esta epopeya espacial con la que Keiko Takemiya redefinió el manga de ciencia-ficción en la segunda mitad de los ´70. Aquella vez, yo decía que para el final del tomo no me quedaba claro quiénes eran los malos y quiénes los buenos. Con otras 300 páginas más en el buche, ahora sí, creo que los malos son los terrícolas y los buenos los Mu, humanos mutantes con cuerpos más débiles y zarpados poderes mentales. En este tomo, los humanos (liderados por Keith Anyan) no tendrán reparos en destruir un planeta entero para tratar de exterminar a los Mu, y cuando estos traten de escapar en sus naves, serán misileados sin piedad por la flota terrestre, que logrará masacrar a un tercio de los Mu. El propio Keith Anyan bajará al planeta donde se refugian los telépatas a tratar de matar a su líder, Jomy Marcus Shin, y se irá con un empate: no logra matar a Jomy, pero sí secuestrar a Physis, la pitonisa, la mujer-oráculo cuya sabiduría y habilidad de ver el futuro orientan y contienen al impulsivo Jomy.
Había un tercer personaje importante en el primer tramo, Seki Ray Shiroe, que en este morfa banco de suplentes a lo pavote. Lo reemplaza un nuevo personaje mucho más atractivo, pero del bando contrario: Tony es el primer niño Mu nacido de un vientre materno en cientos de años, durante esa “primavera” en la que los telépatas logran asentarse en el planeta Naska. Una bizarra transformación lo convertirá de un día para el otro en un muchachito de 12 años, con una inteligencia y unos poderes sobrehumanos, una especie de ancho de espadas para el mazo de los Mu... si Jomy supiera cómo jugar al truco. Lo cierto es que la presencia de Tony desequilibra más de lo que ayuda al líder de los mutantes en fuga, que para el final del tomo irán por la revancha contra los terrícolas. Ya en esas últimas páginas, la misión que hasta entonces motivaba a ambos bandos (regresar a Terra y repoblarla) ya importa poco y nada. Ahora es más atractivo vengar un genocidio con otro.
Lo que antes era medio Matrix y medio saga de la Fundación de Asimov, ahora es mucho más Star Wars, o sea, más obvio, menos sutil, más virado a la machaca. Desde que Keith Anyan pisa el suelo de Naska, Takemiya nos bombardea con larguísimas escenas de acción, muy complicadas de dibujar, además, porque los telépatas combaten a distancia, y porque pasan muchas cosas al mismo tiempo. Ahí la autora se enreda un poco en la narrativa, al tratar de mostrar tantos sucesos paralelos. Hay que prestar mucha atención para no perderse, y eso nos distrae un toque de la magnitud de lo que está narrando Takemiya. Una vez que Keith deje Naska, se reestablecerá (más o menos) el status quo, con conflictos menos físicos, la retorcida intriga palaciega entre gente que se lee la mente, y el misterio de Tony, sumado a las consecuencias de la muerte de su madre y las pistas que tira el borrego acerca de Physis. Y después, la destrucción de Naska, des-enfatizada, casi desaprovechada por la autora, que elige no mostrar en detalle cómo se hace mierda el planeta que albergaba a los Mu.
Por suerte, todos estos golpes de efecto hacen que la trama, si bien pierde sutileza, no pierda interés. Acá también hay algunas escenas de sobra, que aportan poco y nada, pero son menos que en el Vol.1. La decompresión del relato es mucho menor. Y en cuanto al dibujo, el principal logro de Takemiya siguen siendo los espectaculares trucos expresionistas a los que recurre cuando decide meterse en la mente de sus personajes y mostrarnos sus miedos, sus angustias, sus inseguridades, los fantasmas que los atormentan. Esa secuencia en la que la flota de los Mu abandona Naska y empiezan a llover los misiles también es majestuosa. Y lo más flojo también se repite del Vol.1: los protagonistas masculinos tienen cara de nena de 15 años, excepto Tony, que tiene cara de nena de 12. Hay personajes “viejos” sin cara de nene, pero para mostrar que los grossos son muchachos jóvenes, Takemiya los apendeja y los aputaza demasiado, como si esto fuera un shojo o –peor todavía- un yaoi, el género que inventó la propia Takemiya. Aún así, estamos ante un excelente trabajo de una dignísima heredera de Osamu Tezuka y Shotaro Ishinomori, a años luz de las pelotudeces que les vemos hacer a tantas chicas que hoy brillan en el shojo.
Prometo entrarle pronto al Vol.3, a ver cómo cierra la saga.

domingo, 12 de mayo de 2013

12/ 05: TO TERRA... Vol.1

Hoy trataré de no extenderme demasiado, porque tengo poco tiempo. Igual es el primer tomo de una trilogía, con lo cual me podré zarpar más cuando reseñe los próximos volúmenes.
To Terra... se publicó en Japón como Tera he..., entre 1977 y 1980. Es una obra considerada seminal en el manga de ciencia-ficción, nacida de la imaginación de Keiko Takemiya, una autora muy famosa, principalmente por haber sido la pionera absoluta del género yaoi (mangas románticos en los que ambos protagonistas son varones) con su Kaze to Ki No Uta (La Balada del Viento y los Arboles), publicada entre 1976 y 1984.
Como resulta obvio al mirar las fechas, To Terra... fue realizada en simultáneo con el manga más conocido de la autora. Y tiene algún tenue atisbo de historia de amor entre varones, en la segunda mitad de este primer tomo. Hay una onda rara entre Keith Anyan y Seki Ray Shiroe, pero apenas insinuada, no manifiesta. Estos dos personajes junto a Jomy Marcus Shin son los protagonistas más fuertes que tiene hasta ahora esta ambiciosa saga.
Qué flashero debe haber sido leer esto a los 14 ó 15 años. To Terra... es una mezcla muy osada entre The Matrix, X-Men y la saga de la Fundación de Isaac Asimov, con unos conceptos alucinantes y con protagonistas que tienen 14 ó 15 años, o tienen un poco más, pero parecen pendejos. Sin duda, lo más grosso son las ideas, las premisas sobre las cuales Takemiya construye este universo futurista y este relato de manipulación, persecución y promesas que –uno sospecha- jamás se van a cumplir. Y lo menos ganchero es el ritmo del relato, sumamente descomprimido, al punto de “perder tiempo” en escenas que no aportan nada, ni a la caracterización ni al desarrollo del argumento. Las escenas no están mal construídas, pero te das cuenta de que están ahí para subrayar cosas que la autora ya nos explicó, o cosas que –en el big scope de la saga- son sumamente irrelevantes.
El dibujo tiene un sólo problema: los varones se ven todos como nenes muy afeminados. Esto no lo inventó Takemiya, es una constante en casi todas las autoras japonesas, desde tiempos inmemoriales. Si eso no te jode, To Terra... te va a parecer visualmente maravillosa. Me imagino este guión dibujado por Yukinobu Hoshino y me gusta más, claro, pero Hoshino es unos años menor y no se jugaría tanto en las secuencias en las que las emociones de los personajes explotan y rompen la frialdad típica de la ci-fi futurista, de naves que recorren billones de años luz y computadoras que lo controlan todo. Takemiya, en cambio, le pone todo a esas escenas, y recurre a un montón de trucos expresionistas impactantes para que su dibujo refleje sensaciones, emociones y trastornos psicológicos jodidos del modo más eficaz que te puedas imaginar.
Sin demasiada violencia, sin sexo, sin irse muy al carajo, este primer tramo de To Terra... te mete de lleno en una historia compleja, muy bien elaborada, que avanza un poco lento, pero que se apoya en conceptos demasiado interesantes como para tirarlos a la marchanta y no indagar a fondo en lo que implican para la vida de estos muchachos. Ah, y tras casi 350 páginas, uno no tiene ni la más puta idea de quiénes son los buenos y quiénes los malos. Prometo entrarle pronto al Vol.2, a ver si me entero.