Finalmente anoche me terminé el mega-mamotreto de 700 páginas que recopila todo Alack Sinner, el magnum opus de José Muñoz y Carlos Sampayo. Obviamente es un sinsentido tratar de resumir en estos pocos caracteres la cantidad de cosas que podría decir acerca de esta obra, pero bueno, vamos a intentarlo. Por suerte, para los que quieran leer un análisis más extenso y más sesudo, hace poquito se editó El Exilio de las Formas, el libro teórico en el que el maestro Pablo Turnes disecciona a Alack Sinner con un nivel de profundidad al que yo no puedo ni aspirar.
Básicamente, Alack Sinner se trata de la corrupción enquistada en todos los niveles de la sociedad estadounidense, sobre todo en los ricos y poderosos. A lo largo de 30 años, Muñoz y Sampayo se encargaron de denunciar (con distintos grados de sutileza) las miserias y las atrocidades que sostienen al “American way of life”, tomado además como metonimia del capitalismo moderno. La ciudad como ámbito del crimen, la desigualdad social como caldo de cultivo de la violencia y la abyección, son tópicos clásicos del policial negro norteamericano y sobre esas bases Muñoz y Sampayo construyen un discurso que rápidamente trasciende lo urbano para, por un lado, hablar de la violencia política a un nivel más global, y por el otro para meterse de modo casi voyeurístico en las idas y vueltas de los vínculos sentimentales entre las personas.
Sinner es un personaje bastante cínico, porque algunos hechos de su juventud lo hicieron despertar temprano del Sueño Americano. Por eso lo vemos desconfiado, desafiante, siempre del lado contrario al de la autoridad, desde aquellas primeras aventuras de los ´70 hasta la última (a la que ya le dedicamos una reseña allá por el 19/01/12). Por supuesto que con los años, el personaje va cambiando y lo mejor que tiene este libro es eso: poder ver de modo muy claro, muy directo, como Muñoz y Sampayo hacen evolucionar tanto al protagonista como a la serie en sí, mientras encuentran y afianzan una identidad autoral propia que los pone en la cima de la historieta para adultos a nivel mundial.
Lo que menos cambia (creo yo) es la prosa de Sampayo. Arranca muy arriba, con un gran manejo de las convenciones de la literatura policial clásica, y termina también muy arriba. La diferencia está en que sobre el final encara relatos más extensos, que le permiten combinar el hard boiled con el aspecto más humano de la serie, es decir, los vínculos que Sinner entabla con los personajes –sobre todo femeninos- que se incorporan a su historia/ historieta. Para los dos últimos álbumes, Sampayo maneja los dos registros: el de un thriller con crímenes, investigaciones y suspenso, y el del drama familiar con novias, hijas, amantes, etc.
De todo el material que ofrece el libro, el único arco que nunca había leído es Historias Privadas, editado originalmente en 2000. Casualmente es el que menos me gustó. Y si me tengo que quedar con un sólo arco, creo que elijo al que es mi favorito desde siempre: Encuentros y Reencuentros. Me parece que ahí es donde Muñoz y Sampayo patearon el tablero y redefinieron totalmente qué carajo es hacer historietas de autor. Se animaron a sacarlo a Sinner de New York, a abandonar la estructura típica de la investigación policial… Es un auténtico cruce del Rubicón que no pierde para nada la magia y el impacto leído por tercera o cuarta vez (no recuerdo exactamente cuántas veces la leí). Y sí, a nivel dibujo Muñoz se zarpa un poquito más en el arco siguiente, Nicaragua. Pero el guión de Nicaragua tiene problemitas y la conjunción entre texto y dibujo no está tan lograda como en Encuentros y Reencuentros, donde ambos autores parecen uno solo.
Los saltos gráficos que pega Muñoz entre un arco y el siguiente son otro de los grandes atractivos que tiene el mega-broli. De acompañar a la prosa de Sampayo, pasa a agregarle varias capas de profundidad. En algún punto, el dibujo de Muñoz logra incluso graficar esa ironía, ese tinte farsesco que tienen las historias de Sampayo. Muñoz le sube el volumen a ese humor extraño, a la cacofonía de las grandes urbes, a los climas sórdidos, a la sensación de agobio que muchas veces pesa sobre los personajes. A veces le añade una dimensión más grotesca, granguiñolesca, que es muy linda de mirar pero que no sé si contribuye mucho al relato. Y a veces ese claroscuro hiper-expresionista logra imágenes tan bellas, tan potentes, que relegan al relato a un tercer plano y uno se queda ahí, babeando como un subnormal, mirando esas composiciones como si estuviera no frente a un comic, sino frente a un cuadro en un museo. El trazo de MunDios muta mucho más y más rápido que la prosa de Sampayo y –repito- ambos alcanzan la cumbre en la estremecedora Encuentros y Reencuentros. Cumbre de la que nunca van a bajar, por otra parte, porque a partir de ese trabajo (serializado entre 1981 y 1982 en la revista italiana alteralter) vendrán muchos más, dentro y fuera de la saga de Sinner, en los que los veremos arrasar con todo sin achancharse jamás.
A caballo entre el Siglo XX y el XXI, entre el comic de género y el comic de autor, entre la publicación episódica en revistas y la novela gráfica, entre Europa y Argentina, Muñoz y Sampayo (virtualmente desconocidos en 1975, cuando se publica El Caso Webster) construyeron una obra devastadora, con un mensaje potente y un corazón enorme. Una obra que no puede faltar en la biblioteca de ningún lector al que le interese mínimamente la historieta moderna de impronta autoral. Gloria eterna para ambos.
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viernes, 26 de octubre de 2018
jueves, 20 de agosto de 2015
20/ 08: FRAGMENTOS
Estoy leyendo un libro bastante extenso, que seguramente lograré terminar y reseñar mañana.
Hoy quiero aprovechar para invitarlos a todos a la primera de las muchísimas actividades que este año forman parte del Esperando a Comicópolis, en el inicio de una larga previa rumbo al festival internacional de historieta que explota del 17 al 20 de Septiembre en Tecnópolis. Como siempre, las propuestas de Esperando a Comicópolis tienen lugar en espacios culturales de la ciudad de Buenos Aires y este año todo empieza temprano y con un estruendo, como el Big-Bang.
Este martes 25 a las 19 hs. inauguramos la muestra Fragmentos, la mega-retrospectiva del maestro José Muñoz (argentino radicado hace décadas en Europa) que recorre más de 40 años de la trayectoria del genio del claroscuro. Dibujos, historietas, ilustraciones, material audiovisual y mucho más en una muestra que ofrecerá más de 200 originales de Muñoz, algo nunca visto en nuestro país. De las primeras aventuras de Alack Sinner hasta sus trabajos más recientes, Muñoz viene a mostrarnos absolutamente todo, incluso muchas obras que nunca se publicaron en nuestro idioma y que muchos de sus fans ni siquiera imaginan que existen.
Todo esto podrá disfrutarse a partir del 25 de Agosto y hasta el 20 de Septiembre en el Palais de Glace, Av. Libertador 1248 o Posadas 1725, ciudad de Buenos Aires, por supuesto con entrada libre y gratuita. El maestro Muñoz (quien se ocupó de curar personalmente la muestra) estará presente el martes en la inauguración y –como no podía ser de otra manera- es una de las inmensas figuras que integran la lista de invitados de Comicópolis 2015.
Así que si te gusta la buena historieta, el martes tenemos una cita impostergable con uno de sus exponentes más brillantes, nada menos que el único argentino que fue elegido para presidir el Festival de Angouleme, el evento comiquero más prestigioso de Europa.
Más adelante vamos a compartir otros puntos destacados de la ambiciosa programación de Esperando a Comicópolis, como así también la lista completa de los artistas que van a participar este año del festival, pensada para provocarle a los fans unos cuantos cambios de ropa interior.
Por ahora, eso. El genio, el monstruo, José Muñoz (MunDios, para los más devotos) en vivo, en el majestuoso Palais de Glace, rodeado de lo más selecto de su obra en una superproducción con la que Comicópolis 2015 empieza a hacer historia. Nos vemos allá el martes.
Y mañana una nueva reseña, mientras nos seguimos acercando peligrosamente al post número 2000 del blog.
Hoy quiero aprovechar para invitarlos a todos a la primera de las muchísimas actividades que este año forman parte del Esperando a Comicópolis, en el inicio de una larga previa rumbo al festival internacional de historieta que explota del 17 al 20 de Septiembre en Tecnópolis. Como siempre, las propuestas de Esperando a Comicópolis tienen lugar en espacios culturales de la ciudad de Buenos Aires y este año todo empieza temprano y con un estruendo, como el Big-Bang.
Este martes 25 a las 19 hs. inauguramos la muestra Fragmentos, la mega-retrospectiva del maestro José Muñoz (argentino radicado hace décadas en Europa) que recorre más de 40 años de la trayectoria del genio del claroscuro. Dibujos, historietas, ilustraciones, material audiovisual y mucho más en una muestra que ofrecerá más de 200 originales de Muñoz, algo nunca visto en nuestro país. De las primeras aventuras de Alack Sinner hasta sus trabajos más recientes, Muñoz viene a mostrarnos absolutamente todo, incluso muchas obras que nunca se publicaron en nuestro idioma y que muchos de sus fans ni siquiera imaginan que existen.
Todo esto podrá disfrutarse a partir del 25 de Agosto y hasta el 20 de Septiembre en el Palais de Glace, Av. Libertador 1248 o Posadas 1725, ciudad de Buenos Aires, por supuesto con entrada libre y gratuita. El maestro Muñoz (quien se ocupó de curar personalmente la muestra) estará presente el martes en la inauguración y –como no podía ser de otra manera- es una de las inmensas figuras que integran la lista de invitados de Comicópolis 2015.
Así que si te gusta la buena historieta, el martes tenemos una cita impostergable con uno de sus exponentes más brillantes, nada menos que el único argentino que fue elegido para presidir el Festival de Angouleme, el evento comiquero más prestigioso de Europa.
Más adelante vamos a compartir otros puntos destacados de la ambiciosa programación de Esperando a Comicópolis, como así también la lista completa de los artistas que van a participar este año del festival, pensada para provocarle a los fans unos cuantos cambios de ropa interior.
Por ahora, eso. El genio, el monstruo, José Muñoz (MunDios, para los más devotos) en vivo, en el majestuoso Palais de Glace, rodeado de lo más selecto de su obra en una superproducción con la que Comicópolis 2015 empieza a hacer historia. Nos vemos allá el martes.
Y mañana una nueva reseña, mientras nos seguimos acercando peligrosamente al post número 2000 del blog.
viernes, 7 de febrero de 2014
07/ 02: PANNA MARIA
Esta obra ejemplifica las injusticias del mundo editorial. El guionista es yanki, el dibujante es argentino y la novela no está editada ni en castellano ni en inglés. Sólo existe en francés o en italiano, algo que habría que remediar de modo urgente. Panna Maria (de 1999) es la segunda colaboración entre el escritor, docente y guionista Jerome Charyn y nuestro genio del claroscuro, José Muñoz. También es una adaptación al comic de la novela homónima, que Charyn publicó por primera vez en 1982.
No sé qué se sentirá al leer la novela, pero la historieta es una verdadera joya. El guión nos traslada a Manhattan, a principios del Siglo XX, cuando la isla Ellis era la puerta de entrada para miles de inmigrantes europeos que venían –literalmente- a hacerse la América en los prósperos EEUU. En las primeras 15 páginas, Charyn nos cuenta lo poco que le dura el sueño americano a una inmigrante polaca que, seducida y engañada por el protagonista de la novela (otro polaco, Stefan Wilde), terminará como prostituta en un burdel. En las 15 páginas siguientes, Stefan asume claramente el papel principal y el guionista explora a fondo su relación con las putas, con su patrón (un caudillo del Partido Demócrata) y con Panna Maria, el edificio propiedad del puntero donde funciona el prostíbulo y donde Stefan, que se las da de amo y señor, en realidad es un simple ordenanza.
Para la página 31, llega un sacudón importante: entra en escena Kitty Matlock, la encantadora y aristocrática hija de uno de los capos del Partido Republicano y Stefan se enamora de ella. Acá arranca el segmento más extenso de la novela, una especie de Romeo y Julieta, entre un ordenanza demócrata y una cuasi-princesa republicana. El romance está condenado desde el minuto uno y Charyn nos estremecerá al mostrarnos con crudeza (e incluso cierto vuelo poético) los tremendos costos que pagará Stefan por aferrarse a ese amor a contracorriente. En las últimas 15 páginas, veremos al ordenanza tocar fondo, quedarse ahí un rato largo y eventualmente encontrar una esperanza, un caminito de regreso a Panna Maria, a las calderas y el carbón, y a las prostitutas a las que les mintió con descaro una y mil veces, que al final eran las únicas que alguna vez le tuvieron algún tipo de respeto o de afecto.
En total son 77 páginas inolvidables, repletas de personajes y situaciones muy reales, muy elaborados, sin buenos ni malos, con los que uno rápidamente se encariña. Charyn logra un magnífico equilibrio entre escenas pachorras y escenas más violentas, con bastante acción. Pero lo mejor es que sabe mantenernos atrapados por la trama tanto cuando parece centrarse en la denuncia de las injusticias que padecen los inmigrantes, como cuando se mete a fondo con la rosca política, como cuando la historia parece virar hacia el romance.
Y a todo esto hay que sumarle un manejo impecable de los climas, que corren por cuenta de un Muñoz inspirado, compenetrado, muy al servicio del relato. El genio del claroscuro opta por su grilla más frecuente de los ´80 para acá, la de seis cuadros (y a veces siete) en tres tiras, y rara vez la abandona para probar algo distinto. Cuando lo hace, brinda unas tomas panorámicas del West Side newyorkino que te ponen la piel de gallina. Muñoz aprovecha que Charyn es un experto en narrar mediante escenas mudas, y ahí donde no aparece el diálogo, son las expresiones faciales que conjura nuestro compatriota las encargadas de contarnos qué sucede en las mentes de los protagonistas. Muñoz transmite amores y desamores, respetos y desprecios, sueños y desencantos y hasta piñas y persecuciones con una fuerza expresiva única, inigualable. Ya desde la primera escena, esa primera secuencia de siete viñetas totalmente hipnótica que desemboca en una página de tres cuadros en grilla widescreen, el co-creador de Alack Sinner te avisa que no se piensa guardar nada.
Si te gusta el comic europeo, seguro lo tenés junado a Jerome Charyn por sus colaboraciones con François Boucq, Jacques Loustal, Massimiliano Frezatto, o por El Colmillo de la Serpiente, su otro laburo con Muñoz, que sí se editó en nuestro idioma. Lo cierto es que en su segunda y última colaboración el yanki y el argentino (ambos más famosos en Francia que en sus respectivos países) nos obsequiaron una Historieta Perfecta, que en un mundo más justo debería ser mucho más accesible y mucho más conocida de lo que es hoy. Si podés conseguir Panna Maria, no lo dudes. Garpa aunque no sepas francés, para delirar con los dibujazos de un José Muñoz fuera de escala.
No sé qué se sentirá al leer la novela, pero la historieta es una verdadera joya. El guión nos traslada a Manhattan, a principios del Siglo XX, cuando la isla Ellis era la puerta de entrada para miles de inmigrantes europeos que venían –literalmente- a hacerse la América en los prósperos EEUU. En las primeras 15 páginas, Charyn nos cuenta lo poco que le dura el sueño americano a una inmigrante polaca que, seducida y engañada por el protagonista de la novela (otro polaco, Stefan Wilde), terminará como prostituta en un burdel. En las 15 páginas siguientes, Stefan asume claramente el papel principal y el guionista explora a fondo su relación con las putas, con su patrón (un caudillo del Partido Demócrata) y con Panna Maria, el edificio propiedad del puntero donde funciona el prostíbulo y donde Stefan, que se las da de amo y señor, en realidad es un simple ordenanza.
Para la página 31, llega un sacudón importante: entra en escena Kitty Matlock, la encantadora y aristocrática hija de uno de los capos del Partido Republicano y Stefan se enamora de ella. Acá arranca el segmento más extenso de la novela, una especie de Romeo y Julieta, entre un ordenanza demócrata y una cuasi-princesa republicana. El romance está condenado desde el minuto uno y Charyn nos estremecerá al mostrarnos con crudeza (e incluso cierto vuelo poético) los tremendos costos que pagará Stefan por aferrarse a ese amor a contracorriente. En las últimas 15 páginas, veremos al ordenanza tocar fondo, quedarse ahí un rato largo y eventualmente encontrar una esperanza, un caminito de regreso a Panna Maria, a las calderas y el carbón, y a las prostitutas a las que les mintió con descaro una y mil veces, que al final eran las únicas que alguna vez le tuvieron algún tipo de respeto o de afecto.
En total son 77 páginas inolvidables, repletas de personajes y situaciones muy reales, muy elaborados, sin buenos ni malos, con los que uno rápidamente se encariña. Charyn logra un magnífico equilibrio entre escenas pachorras y escenas más violentas, con bastante acción. Pero lo mejor es que sabe mantenernos atrapados por la trama tanto cuando parece centrarse en la denuncia de las injusticias que padecen los inmigrantes, como cuando se mete a fondo con la rosca política, como cuando la historia parece virar hacia el romance.
Y a todo esto hay que sumarle un manejo impecable de los climas, que corren por cuenta de un Muñoz inspirado, compenetrado, muy al servicio del relato. El genio del claroscuro opta por su grilla más frecuente de los ´80 para acá, la de seis cuadros (y a veces siete) en tres tiras, y rara vez la abandona para probar algo distinto. Cuando lo hace, brinda unas tomas panorámicas del West Side newyorkino que te ponen la piel de gallina. Muñoz aprovecha que Charyn es un experto en narrar mediante escenas mudas, y ahí donde no aparece el diálogo, son las expresiones faciales que conjura nuestro compatriota las encargadas de contarnos qué sucede en las mentes de los protagonistas. Muñoz transmite amores y desamores, respetos y desprecios, sueños y desencantos y hasta piñas y persecuciones con una fuerza expresiva única, inigualable. Ya desde la primera escena, esa primera secuencia de siete viñetas totalmente hipnótica que desemboca en una página de tres cuadros en grilla widescreen, el co-creador de Alack Sinner te avisa que no se piensa guardar nada.
Si te gusta el comic europeo, seguro lo tenés junado a Jerome Charyn por sus colaboraciones con François Boucq, Jacques Loustal, Massimiliano Frezatto, o por El Colmillo de la Serpiente, su otro laburo con Muñoz, que sí se editó en nuestro idioma. Lo cierto es que en su segunda y última colaboración el yanki y el argentino (ambos más famosos en Francia que en sus respectivos países) nos obsequiaron una Historieta Perfecta, que en un mundo más justo debería ser mucho más accesible y mucho más conocida de lo que es hoy. Si podés conseguir Panna Maria, no lo dudes. Garpa aunque no sepas francés, para delirar con los dibujazos de un José Muñoz fuera de escala.
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jueves, 19 de enero de 2012
19/ 01: ALACK SINNER Vol.8
¿Te acordás de los episodios clásicos de Alack Sinner? El Caso Fillmore, el Caso Webster... bueno, acá Carlos Sampayo y José Muñoz proponer volver a eso. Sinner reabre su agencia de detectives y, viejo y todo, vuelve a patear las calles de New York para ganarse unos mangos fisgoneando en las vidas ajenas. Por eso esta historia se llama El Caso USA, para hacer más obvia la relación con las primeras entregas de la serie.
Pero claro, Muñoz y Sampayo proponen y el que dispone es Sinner. Y no, por más que lo intenten, El Caso USA (de 2004-05) termina por parecerse poco a los clásicos de los ´70. Alack largó el pucho y está a punto de ser abuelo, Joe (el del bar) se está por jubilar, Nick Martínez ya colgó la chapa y la reglamentaria hace años, está todo demasiado cambiado. Lo único que no cambia es la corrupción. En los ´70 la veíamos en garcas más chicos y en El Caso USA la vemos a un nivel de garcas tamaño Galactus. Faltan poquitos días para los atentados del 11/09/01 y Sinner se ve envuelto en una compleja tramoya entre la mafia, los funcionarios del gobierno de George W. Bush y dos agencias de espionaje, supuestamente dedicadas a garantizar la seguridad del pueblo de los EEUU.
El contexto es distinto, la magnitud de lo que está en juego también, pero Alack reacciona como en los ´70: investiga, se involucra, se cubre y cuando la cosa se hace personal y se meten con su hija, no tiene problemas en repartir piñas o pelar el chumbo. Parece mentira, pero Muñoz y Sampayo armaron un comic bien de género, con un héroe definido, incuestionable, casi como “los de antes”. Sinner se desenvuelve con coraje por una trama intensa, muy bien pensada, con vericuetos impredecibles y momentos más... protocolares. El detective se juega la vida varias veces, parece flaquear (cuando cae de nuevo en el pucho), termina por deber unos cuantos favores, y finalmente sale victorioso, con su integridad intacta y con apenas un par de sueños aplastados por la mierda a la que se tuvo que enfrentar, y sobre todo por el lugar que ocupa esa mierda en la estructura de poder del país donde vive.
Ese epílogo, esas últimas tres páginas que transcurren tres años después del 11/9, resumen un poco todo: pasan los gobiernos, pasan las guerras, EEUU cambia de enemigos, un montón de gente sufre y muere sin demasiado sentido ni explicación, y lo que se mantiene siempre es un status quo injusto, de prosperidad e impunidad para un grupito de garcas enquistado muy, muy arriba. Muñoz y Sampayo lo exponen de modo filoso, con cáustica ironía, como para amargarnos el final feliz que Sinner había logrado para el tramo aventurero de la obra, como para recordarnos que la desazón y la abyección moral tienen todo para ganar, incluso cuando parece que van perdiendo.
El dibujo de Muñoz está perfecto. Encasillado (como en las primeras historias de Sinner) en la grilla de tres tiras, sin superar casi nunca las seis viñetas por página, el genio del claroscuro pone la magia de su pincel endemoniado al servicio de este cautivante relato. Por ahí se luce menos que en otros trabajos, seguramente para integrarse mejor con los textos, para no distraer al lector con su virtuosismo y permtirle concentrarse a full en la trama. Aún así, controlado y sin estridencias, Muñoz da cátedra de cómo combinar dibujo expresionista y narrativa clásica. Cátedra en la que deberían inscribirse unos cuantos.
Ojalá tengamos pronto un nuevo regreso de Alack Sinner, aunque sea viejo y choto. Es uno de esos clásicos de la historieta mundial que no pasan de moda, que cada vez que reaparecen redefinen todo, sin los cuales nada es lo mismo. Excepto que vivas en Argentina, donde Sinner no se edita, ni se difunde, ni nada, como si Muñoz y Sampayo en vez de genios fueran pichis, o en vez de argentinos fueran zimbabwenses...
Pero claro, Muñoz y Sampayo proponen y el que dispone es Sinner. Y no, por más que lo intenten, El Caso USA (de 2004-05) termina por parecerse poco a los clásicos de los ´70. Alack largó el pucho y está a punto de ser abuelo, Joe (el del bar) se está por jubilar, Nick Martínez ya colgó la chapa y la reglamentaria hace años, está todo demasiado cambiado. Lo único que no cambia es la corrupción. En los ´70 la veíamos en garcas más chicos y en El Caso USA la vemos a un nivel de garcas tamaño Galactus. Faltan poquitos días para los atentados del 11/09/01 y Sinner se ve envuelto en una compleja tramoya entre la mafia, los funcionarios del gobierno de George W. Bush y dos agencias de espionaje, supuestamente dedicadas a garantizar la seguridad del pueblo de los EEUU.
El contexto es distinto, la magnitud de lo que está en juego también, pero Alack reacciona como en los ´70: investiga, se involucra, se cubre y cuando la cosa se hace personal y se meten con su hija, no tiene problemas en repartir piñas o pelar el chumbo. Parece mentira, pero Muñoz y Sampayo armaron un comic bien de género, con un héroe definido, incuestionable, casi como “los de antes”. Sinner se desenvuelve con coraje por una trama intensa, muy bien pensada, con vericuetos impredecibles y momentos más... protocolares. El detective se juega la vida varias veces, parece flaquear (cuando cae de nuevo en el pucho), termina por deber unos cuantos favores, y finalmente sale victorioso, con su integridad intacta y con apenas un par de sueños aplastados por la mierda a la que se tuvo que enfrentar, y sobre todo por el lugar que ocupa esa mierda en la estructura de poder del país donde vive.
Ese epílogo, esas últimas tres páginas que transcurren tres años después del 11/9, resumen un poco todo: pasan los gobiernos, pasan las guerras, EEUU cambia de enemigos, un montón de gente sufre y muere sin demasiado sentido ni explicación, y lo que se mantiene siempre es un status quo injusto, de prosperidad e impunidad para un grupito de garcas enquistado muy, muy arriba. Muñoz y Sampayo lo exponen de modo filoso, con cáustica ironía, como para amargarnos el final feliz que Sinner había logrado para el tramo aventurero de la obra, como para recordarnos que la desazón y la abyección moral tienen todo para ganar, incluso cuando parece que van perdiendo.
El dibujo de Muñoz está perfecto. Encasillado (como en las primeras historias de Sinner) en la grilla de tres tiras, sin superar casi nunca las seis viñetas por página, el genio del claroscuro pone la magia de su pincel endemoniado al servicio de este cautivante relato. Por ahí se luce menos que en otros trabajos, seguramente para integrarse mejor con los textos, para no distraer al lector con su virtuosismo y permtirle concentrarse a full en la trama. Aún así, controlado y sin estridencias, Muñoz da cátedra de cómo combinar dibujo expresionista y narrativa clásica. Cátedra en la que deberían inscribirse unos cuantos.
Ojalá tengamos pronto un nuevo regreso de Alack Sinner, aunque sea viejo y choto. Es uno de esos clásicos de la historieta mundial que no pasan de moda, que cada vez que reaparecen redefinen todo, sin los cuales nada es lo mismo. Excepto que vivas en Argentina, donde Sinner no se edita, ni se difunde, ni nada, como si Muñoz y Sampayo en vez de genios fueran pichis, o en vez de argentinos fueran zimbabwenses...
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sábado, 27 de agosto de 2011
27/ 08: CARLOS GARDEL
Por segunda vez en pocos meses me toca leer la biografía de uno de los mitos que la remota Argentina le regaló al mundo en el Siglo XX. Ya pasó el Che, y ahora es el turno del Zorzal, el carismático y enigmático Carlos Gardel.
Y el rótulo “biografía” en este caso no es del todo exacto, porque Carlos Sampayo y José Muñoz agarran para otro lado: proponen –antes que una biografia lineal- un debate acerca de puntos oscuros en la vida de Gardel. Centrados en sus últimos años (desde su viaje a EEUU hasta su muerte), hacen hincapié precisamente en el carácter esquivo, ambiguo, del ídolo máximo de la canción rioplatense. Nos lo muestran coquetear con el socialismo, pero mantener vínculos con el partido conservador; nos lo muestran viril y ganador con las minas, pero hábil para gambetear el encuentro sexual, incluso con su novia; nos lo muestran esmerado por no definir nunca el tema de su verdadera fecha y lugar de nacimiento, como si el tipo buscara intencionalmente fomentar las versiones contradictorias, como si supiera que la incertidumbre acerca del hombre sólo podía potenciar la fuerza del mito.
La reflexión que parece mover a Sampayo (y que según cuenta en un prólogo, nace de una charla con Oscar Zárate) nos habla de cómo un personaje de identidad borrosa se convierte en el más notorio rasgo de identidad de un país (el nuestro) siempre proclive a la ambigüedad y la indefinición a niveles patológicos. Para hilvanar las anécdotas, Sampayo imagina un debate televisivo entre un fan acérrimo de Gardel y un iconoclasta que subraya sus rasgos menos atractivos, y por otro lado –pero destinado a chocar contra el civilizado debate- un anciano que dice conocer a fondo a Gardel desde su juventud. Este personaje, Merval, logrará que su obsesión por Gardel termine por subsumir su propia identidad: en sus momentos finales, preso del delirio, Merval creerá (como nos hemos creído tantas veces tantos argentinos) ser Gardel, y morirá abrazado al recuerdo del cariño de su viejita (la del Zorzal) y del aplauso de las masas fascinadas por su voz.
Esta escena es terriblemente conmovedora y los autores nos la narran en paralelo con la de la llegada a Buenos Aires de los restos de Gardel, ese momento definitivo en el que mito y pueblo se abrazan para siempre. Pero hay varias secuencias memorables, como aquella en la que Gardel, apasionado de la música y de la timba, une ambas pasiones en una mesa de poker en la que despluma a Duke Ellington y su banda. En todas las secuencias brilla con irresistible fulgor el pincel de José Muñoz, el genio del claroscuro. El incansable maestro inventa algo nuevo cada vez, y este trabajo no es la excepción. En las secuencias que muestran la Buenos Aires de los años ´30, Muñoz dibuja a los “extras” con un trazo 100% caricaturesco, con lo cual los fondos se pueblan de personajes que nos remiten a los grafismos de Quinterno, Battaglia, Divito, Mazzone, Fola, Ianiro, Oski, Torino y demás glorias de la historieta humorística argentina anterior a 1960. También se luce al recrear los rasgos de personajes reales como Alfredo Palacios, Azucena Maizani, Duke Ellington o Alfredo Lepera, y por supuesto en la recreación de vehículos, ciudades y vestimentas de los años ´30. Un trabajo apabullante de un creador único, de inagotable vigencia.
Y otra vez, la música. Como en Billie Holliday, como en el Fats Waller que realizara junto a Igort, Sampayo vuelve a componer odas a los grandes de la música en forma de partituras dibujadas, que no se disfrutarán con el oído, sino con la vista. En este caso cuenta con la interpretación virtuosa, intensa y comprometida de su socio de siempre, el que lo entiende y lo complementa como nadie. Y juntos nos dejan ovacionándolos de pie, al grito de “u-na más, y no jodemos más”… aunque sea mentira, porque en realidad queremos MUCHAS más de Muñoz y Sampayo.
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martes, 4 de enero de 2011
04/ 01: HISTORIAS DEL BAR Vol.2

Como buen boludo, leí esta serie en perfecto desorden: primero el Vol.3, después el Vol.1 y último el Vol.2. Pero bueno, ese fue el orden en el que los pude conseguir.
Este tomo nos ofrece cinco historias de alrededor de 20 páginas y –como ya vimos en los tomos anteriores- a veces el bar es apenas una excusa, un lugar en el que transcurre una secuencia de la historia y no mucho más. Carlos Sampayo y José Muñoz piensan el bar como la instancia de encuentro, como para que los personajes no se crucen por la calle, donde es medio incómodo contar tu vida y formular promesas de amor eterno.
La primera historia es brillante. Nos cuenta el reencuentro entre Gene, Bobby y Eddie, tres compañeros del colegio que hoy tienen 40 años y una vida a sus espaldas. Cada uno le narra a los amigos los últimos años de sus vidas y los autores se mandan el maligno e infalible truco de contraponer lo que ellos cuentan con lo que en realidad sucede, un recurso que le agrega ironía y filo a la historia. Para que no falte el caos (fundamental en la obra de Muñoz y Sampayo), unas bataclanas gordas y estridentes cantan en un escenario a un costadito del bar.
La segunda historia es un experimento raro, que a mi juicio no salió del todo bien. El protagonista es un tipo sin cara (que no es Vic Sage), volcado a investigar el paradero de un tal Stevenson, mientras la gente que se lo cruza cree que él es Stevenson. ¿Es? ¿No es? ¿Está loco?¿Es un plan maligno de los villanos para enloquecer a este detective sin rostro? ¿Es una metáfora acerca de la identidad disfrazada de investigación hard boiled? La verdad, no me quedó claro. Lo más atractivo son los guiños a la realidad, en este caso a las elecciones presidenciales que en 1980 llevaron al decrépito y ultra-conservador Ronald Reagan a la cima del poder político en los EEUU.
La tercera historieta es una cátedra sublime y es bastante conocida porque se publicó en el primer número de la Fierro clásica. Tenochtitlán narra los conflictos que se generan en torno a una película del excéntrico director H. H. Kuntz, que se propone recrear con realismo los episodios más sangrientos de la conquista de México por parte de los españoles, y es una de las historias más intensas y violentas de la larga trayectoria de la dupla. El personaje de Kuntz está perfectamente trabajado, es increíble cómo en 20 páginas llegamos a conocerlo tan bien. Acá aparece (un cuadrito) Alack Sinner, y hasta habla Joe, el dueño del bar.
La cuarta es una hermosa historia de amor, sin más violencia que un sopapo de padre a hija, y con un trasfondo interesante: el protagonista es un dibujante de comics ya veterano, creador de varios personajes que llenaron las arcas de las editoriales para las que trabajó durante décadas. En esta también hay un cameo de Sinner.
Y la quinta es la historia en la que el verdadero protagonista es el bar. Una sucesión de viñetas cacofónicas orquestadas de un modo muy, muy complejo, en la que se entrecruzan varias mini-historias distintas y –lo más loco- todas llegan a resolverse en 24 páginas. Una de las historias involucra a Sophie Milaszewicz, la amigovia de Sinner que protagonizó su propia novela gráfica, o sea que el ídolo aparece y hasta habla bastante. También participan de la trama unas caricaturas grotescas y alienadas de Ronald y Nancy Reagan, en un rol tan desopilante como genial.
No nos olvidemos nunca, por favor, que hace 30 años, dos argentinos que vivían en Europa corrían todos los días los límites de lo que se podía hacer en este medio. Con compromiso, con riesgo, con talento, con indignación convertida en fuerza creativa, que suele ser la mejor de todas las indignaciones. Edición nacional URGENTE para las obras completas de Muñoz y Sampayo!
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miércoles, 27 de octubre de 2010
27/ 10: HISTORIAS DEL BAR Vol.1

Si alguna vez te preguntaste de dónde sacaron tanta chapa Carlos Sampayo y José Muñoz, por qué se los cita siempre entre los mejores artistas que tiene este medio y por qué su influencia atraviesa como una lanza endemoniada la obra de centenares de autores de todo el mundo, este libro ofrece un montón de respuestas a esas preguntas. Son cinco historias, todas realizadas en aquel período mítico de la historieta para adultos, el que arranca en la segunda mitad de los ´70 y llega hasta la primera mitad de los ´80. Es la época en la que todo es nuevo, en la que cuaja la amalgama y aquello que a fines de los ´60 era medio experimental, volátil, caótico y en un punto producto de una moda, pasa a ser algo serio, real, palpable, sustentable (un tiempito) y con un impulso hacia adelante que parecía irrefrenable.
En ese contexto, la dupla Muñoz-Sampayo se juega una carta brava: desplazar del foco a Alack Sinner y contar historias de gente común en la que los elementos detectivescos o policiales no fueran el hilo conductor de las tramas. Así aparece un subgénero poco explorado hasta ese entonces en Occidente, un ancestro del slice of life al que podríamos llamar “drama urbano” y que se parece bastante a lo que en la misma época (e incluso un cachito antes) hacía en Japón el sensei Yoshihiro Tatsumi.
Los cinco guiones de Sampayo son realmente excelentes. En el primero, un chico latinoamericano que en su país era arquitecto y en New York trabaja de lavacopas se hunde en el pantano de la desesperación y la violencia luego del encuentro fortuito con una mujer que lo acosa, lo enloquece y lo humilla. El segundo nos muestra la sincera y profunda amistad que entablan dos hombres solitarios, cincuentones y de buena posición, y tiene un final absolutamente shockeante y perturbador. En la tercera tenemos de protagonista a otro perdedor, Moses Man, un muchacho judío que pasó de chico pobre a multimillonario campeón mundial de boxeo y, tras su estruendosa caída, tiene la chance de ganarse unos mangos si acepta la propuesta de una especie de Martín Karadagián que le ofrece armar una lucha medio farsesca. La cuarta historia gira en torno a otro amor obsesivo y condenado a la desventura, entre una fotógrafa blanca y un médico negro, y también tiene un final imprevisible e impactante. Además hay cameos de los protagonistas de las tres historias anteriores (truquito luego repetido en muuuchas obras posteriores) y es la única en la que no muere nadie. Y la quinta nos cuenta otra historia de amor desesperado, entre dos chicos hijos de comerciantes judíos, que degenera en un grotesco de tremenda crueldad.
El bar en sí es importante sólo en la primera historia y después es apenas un punto de referencia por el cual los personajes pasan, como pasás por cualquier otro lado. El verdadero protagonismo se lo lleva la ciudad, o en realidad las miserias y angustias de la vida en la ciudad. Sampayo se juega a desgarrarte el alma con sus losers deshauciados y sus historias de desamor y la ciudad le brinda el marco ideal y le guiña un ojo cómplice.
El dibujo de Muñoz pega un salto importante entre el primer y el segundo episodio y ahí ya salta en el famoso trampolín al carajo. Acá están todas esas cosas que definen el estilo del genio del claroscuro: las lagunas de tinta negra, las arrugas que parecen tajos, las multitudes caóticas que hablan en varios idiomas distintos, los gotones de transpiración, las secuencias oníricas pasadas de rosca, el expresionismo en carne viva.
Hubo un tiempo que fue hermoso en el que esto no era clásico, era vanguardia, era un camino nuevo. Un camino al que Muñoz y Sampayo volvieron, laburaron (a tal punto que la serie de Sinner viró hacia la estética y la temática de estas historias) y terminaron por convertir en una autopista a la que después se subió cualquiera. Si te tenés que comprar un sólo libro de la dupla (fuera de la saga de Sinner, que es TODA imprescindible), jugate por este, de una.
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viernes, 8 de octubre de 2010
08/ 10: EL LIBRO

El Libro es una historia extraña, más parecida a un cuento de Borges que a las típicas historietas de Carlos Sampayo y José Muñoz. La trama gira en torno a un libro, o en realidad a un ejemplar de un libro. Un ejemplar de Novela de Ajedrez, de Stefan Zweig (edición alemana) al que nuestros queridos amigos los Villanos Nazis (hacía bastante que no aparecían, no?) le cosieron una página extra con contenidos secretos, que le dan un ribete de espionaje a una novela gráfica que, de otra manera, se quedaría en un discurrir más bien costumbrista, o de drama urbano tipo Yoshihiro Tatsumi.
El protagonista, un argentino ya anciano llamado Huergo, repasa el periplo del libro desde 1942 hasta 2002. El tramo más interesante es, lejos, el primero, el que nos cuenta cómo el libro llega a Argentina en 1942. Pero nos lo cuenta de modo raro, como suele hacer Sampayo, como disfrazando ese evento crucial entre una miríada de elementos sumamente interesantes, a los que les presta más atención. Los negocios de Otto Schmelling, su relación con los nazis y con los peones argentinos a los que contrata dan muchísimo jugo y arman –literalmente- el bosque en el que Sampayo esconde el árbol, o en realidad la llegada del libro.
Una vez terminado ese flashback cobra verdadero protagonismo Huergo, fanático (como Borges) de los libros y del ajedrez, al que vemos perder su bibiloteca a manos de su inescrupuloso socio y –ya sin sus libros ni su ajedrez- precipitarse en caída libre hasta que la nueva oportunidad le llega en los brazos de una mujer.
La historia hace bastante hincapié en la vida cotidiana de Huergo sobre todo durante la década del ´50 y ´60 y ahí los autores se lucen con una reconstrucción impecable del típico barrio porteño de clase media. Le siguen más flashbacks, un breve paso por 1977 (en el que se remata brevemente una de las puntas abiertas, la de Annemarie, la joven fanática del ajedrez) y un salto final al presente, a 2002, en el que la crisis pega con todo y Huergo presencia cómo su ex-socio, el avechucho insolidario y ventajero, debe recurrir a pedirle ayuda a sus viejas víctimas.
Y parece que no, pero sí: el libro de Zweig le cambia la vida a varias personas a lo largo de la obra, o sea que le discute algo de protagonismo a Huergo y a su ex-socio, que son los personajes que más aparecen y a los que Sampayo más desarrolla. Como suele suceder en los comics de la dupla, los sacudones políticos de nuestro país aparecen magistralmente reflejados, como para que el contexto enriquezca (o al menos enrarezca) la historia más chiquita, más íntima, que sucede puertas adentro.
El dibujo de Muñoz, como de costumbre, desafía la comprensión humana. No se puede concebir que el tipo vuele y experimente tanto y aún así logre mantener un hilo narrativo perfecto y sin fisuras. Con su expresionismo pasado de rosca y ese pincel mágico que hace bailar a personajes, fondos, globos y letras una danza inimaginable por cualquier otro autor, Muñoz recrea lugares, épocas, climas, estados de ánimo muy distintos entre sí y acierta siempre. La escena en la que Huergo alucina con la caída de un piano sobre su némesis es tan maravillosa como desconcertante. ¿Qué es eso? ¿Qué hace ahí? ¿Y cómo puede estar tan bien dibujada, encima en un estilo que parece una caricatura del que usa Muñoz en el resto de la obra? La viñeta en la que vemos el rancho de Don Cosme en la noche de su muerte es para recortarla, enmarcarla y colgarla en un museo. Y así un montón. Realmente no se puede creer lo que hace el genio del claroscuro en las páginas de El Libro.
Bueno, acá están de nuevo los grossos, sin retomar a Sinner ni a sus personajes secundarios, sin adaptar obras literarias, ni contarnos la biografía de ningún músico. El Libro es una historia 100% original, apasionada y apasionante, contada como sólo ellos saben hacerlo. Vale la pena de verdad y –por supuesto- hay que hinchar las bolas para que esto se edite en el país donde nacieron los autores y donde transcurre la historia de Huergo, el ajedrez y el libro.
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lunes, 12 de abril de 2010
12/ 04: HISTORIAS DEL BAR Vol.3

Con este título genérico (y bastante mentiroso, porque hay historietas que no tienen nada que ver con los bares), Planeta-DeAgostini recopiló en hermosos libros un montón de historias cortas de los maestros José Muñoz y Carlos Sampayo, muchas de ellas hasta ese momento inéditas en castellano.
Las cinco historietas que componen este tercer álbum son bastante distintas entre sí, pero están unificadas, o más bien hermanadas, por el dibujo de José Muñoz, el monstruo máximo del claroscuro, el tipo que hace 35 años revoluciona el blanco y negro en cada historieta que dibuja. Lo que hace Muñoz con su pincel no tiene límites. Cada página es una danza alucinante de manchas negras y espacios blancos, donde las figuras, los fondos y hasta los globos se entreveran de un modo absolutamente único y genial. Muñoz tiene un repertorio de enfoques ya habituales en su obra y rara vez mete uno nuevo. Acá hay varias de esas raras veces, y una rareza más, que es la acción. Cuatro de las cinco historias tienen piñas y persecuciones y ahí Muñoz recurre a una estilización todavía más extrema que la habitual, para presentarnos a los personajes en movimiento y que estos tengan dinámica y plasticidad. Hay páginas que directamente te dejan helado, no lo podés creer. Como si esto fuera poco, varias de las historias ofrecen flashbacks a tiempos pasados y Muñoz los refleja con un detallismo documental intachable.
A veces, entre flashbacks sin previo aviso y lo alucinante de cada viñeta, nos distraemos un cachito y al toque cuesta retomar el hilo de la trama, pero esto es así: Muñoz y Sampayo siempre exigieron del lector un poco más de atención y de compromiso que los autores más comerciales. Cuando entrás a una obra de la dupla, sabés que se te viene encima una experiencia intensa, brava, arriesgada, casi una ordalía. Pero es impresionante cómo los maestros aciertan siempre, incluso en las apuestas más improbables.
Los guiones de Sampayo –decíamos- son muy distintos entre sí. El primero transcurre en el conurbano bonaerense y habla de las miserias humanas y de cómo la gente mediocre se acostumbra a convivir con la corrupción más abyecta. La segunda narra en paralelo las desventuras en Europa de dos muchachos de hoy, y de sus abuelos, que eran el guitarrista de tango Oscar Alemán (argentino y mulato) y el guitarrista de jazz Django Reinhardt (belga y gitano). Obviamente, la discriminación y la xenofobia juegan roles importantísimos. La tercera historia tiene por protagonistas a cuatro viejitos catalanes, que recuerdan anécdotas de la Guerra Civil Española y de otros momentos importantes en sus vidas, todo teñido por la nostalgia y por una memoria a veces dudosa. Sampayo también aprovecha para invitarnos a reflexionar acerca de cómo la sociedad de hoy trata a sus ancianos.
La cuarta historieta gira en torno a una desparecida argentina, que luego de ser secuestrada y torturada en la ESMA durante dos años, vive oculta en el camarote del barman de un lujoso transatlántico. La historia de la mujer, la del barman y la de otros pasajeros clandestinos se entralazan de modo absolutamente genial. Y para el cierre, una ambientada en New York en Septiembre de 2001, donde un pintor de graffitis italiano profetiza la catástrofe de las Torres Gemelas horas antes de que se produzca el ataque. En el medio, un poeta bizarro y casi surreal subvierte desde la palabra, el pensamiento y la acción el mundo confortable y mesurado de un periodista y un profesor. Ah, y Alack Sinner hace un pequeño cameo.
Como siempre, las historias de Muñoz y Sampayo van para el lado contrario de la epopeya grandilocuente y tienen mucho más que ver con los conflictos reales, los de la gente común y corriente, que con los de héroes y villanos. El material que compone este libro no es para nada la excepción. También como siempre, no suelen alcanzar las palabras para explicar lo bien que le hace a la historieta como medio que haya autores como Muñoz y Sampayo, firmes en la lucha por un comic realmente adulto, y por supuesto, lo importante que es que esto se edite y que los lectores lo compren. Papa muuuuuy fina, de verdad.
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