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martes, 7 de diciembre de 2021
29 de NOVIEMBRE al 6 de DICIEMBRE
Tarde pero seguro, repasamos algunas lecturas de la semana pasada.
¡Terminé Cybersix! Llegué al Vol.44 de las novelitas de 96 páginas, y tengo entendido que el Vol.45, que se llegó a anunciar, nunca salió. Otra vez, este es un tomo raro. Las primeras 20-22 páginas parecen estar dibujadas por Carlos Meglia y son un festival, una maravilla hiperkinética, que explota de emoción en cada viñeta. El resto del libro parece dibujado por clones muy esmerados del ídolo, sin la magia irrepetible de Meglia, pero con gran solidez. El guion aparece firmado por Carlos Trillo, pero sospecho que metió mano otra gente. No está mal, es una idea que no daba ni a palos para 96 páginas, pero es interesante y el desarrollo tiene algún giro copado, buenos diálogos y una mirada novedosa al tema de las criaturas artificiales creadas por el Dr. Von Reichter. El problema es que… es un flashback. TODA la novelita está ambientada en el pasado, antes de que Cybersix conociera a Lucas Amato. Esto de por sí no está mal, si no fuera porque se trata del último tomo de la extensa serie, con lo cual quedan sin resolverse TODAS las tramas que venían avanzando en las historias ambientadas en el “presente”.
O sea que cualquier cosa que uno pueda decir a favor o en contra de esta última entrega, empalidece frente a lo más brutal, lo más inaudito de todo: a pesar de algunas declaraciones en sentido contrario formuladas por Trillo a la prensa especializada de Italia, Cybersix no tiene final. Es una telenovela que se corta por la mitad y te deja en bolas, con varios conflictos que no se resuelven jamás. Y ni siquiera le podemos preguntar a los autores cómo pensaban terminarla, porque ya no están entre nosotros.
Y después hay gente que pregunta cómo puede ser que nadie haya publicado la serie completa en nuestro idioma… Entre los tomos decididamente flojos, los tomos a cargo de autores que no son ni Trillo ni Meglia, y el build-up infinito hacia un conflicto final que nunca llega, es muy lógico que nadie quiera publicar Cybersix de punta a punta. En un punto es lamentable, pero más que nada es muy lógico. Leer la obra completa es algo que solo le puede cerrar al fanático a ultranza, y a esos fanáticos no me tiembla el pulso a la hora de decirles “cúrtanse y léanla en francés o en italiano”.
También leí el segundo y último tomo de Tomie, que tiene un par de historietas que no estaban en la edición yanki (reseñada por acá un lejano 25/02/11). Buenísima la edición de Ivrea, ingeniosa la traducción, maravillosos los dibujos de Junji Ito, y –como me pasó con la relectura de la primera mitad- las historias me impactaron un poco menos que la primera vez. Pero están muy bien, me encanta la truculencia pasada de rosca, la historia que cierra el tomo es excelente, me copa que todo el tiempo haya insinuaciones sexuales y no se vea ni media teta (excepto en la portada, claro)… Los relatos son dinámicos, Ito no se cuelga en limaduras ni en pelotudeces que no hacen avanzar las tramas, y se sube la apuesta a sí mismo todo el tiempo en materia de dibujo, de narrativa y de llevar al extremo la idea que motoriza la serie. Esto se puede recomendar sin asco a los fans del terror ido a la mierda, e incluso a los fans del buen manga, en general. Tengo más material de Ito en el pilón de las lecturas pendientes, por suerte.
Tarde pero seguro leí La hija de Vercingetorix, el álbum de Astérix aparecido en 2019, a cargo de Jean-Yves Ferri y Didier Conrad. Del dibujo, la verdad que no hay mucho para opinar: Conrad es un clon milimétrico de Uderzo, que no propone mucho más que la mímesis del estilo del maestro, y le sale igual. Los expertos nos damos cuenta de que no dibuja Uderzo, pero para el lector normal, esto se ve como cualquier otro álbum de Astérix, o sea, MUY bien.
En cuanto al guion, me parece que le pegaron un poco de más. Sí, es cierto: la idea es muy grossa y rematarla en 44 páginas obliga a Ferri a desaprovechar algunas aristas que no se llegan a explorar. Re daba para romper el esquema tradicional de la serie y desarrollar la trama en dos álbumes, y bueno, primó una línea más conservadora y quedó todo contenido en una única entrega en la que todo queda tan ajustado que Asuranceturix no llega a entonar ni una mísera nota. Pero es un álbum atractivo, muy disfrutable, que me causó bastante gracia. Lo menos interesante es la aventura, el aspecto más “físico” del conflicto, las peleas, su causa y su resultado. Pero el conflicto en sí está muy bueno, y le sirve a Ferri para explorar puntas que nunca se habían explorado en la serie. Hay nuevos personajes, hay un rol muy destacado para los queridos piratas, se retoma por primera vez en 60 años el argumento de la batalla de Alesia, hay afilados apuntes acerca de la sociedad y la política (de la época de Astérix y de la nuestra) y –como en todos los álbumes ambientados en la aldea gala- hay pequeños toques que le agregan carnadura y onda a secundarios de larga data como Geriatrix, Esautomatix y Ordenalfabetix.
La traducción argentina es muy buena y en general podemos hablar de un álbum muy digno. No al nivel de lo mejor de la dupla Ferri-Conrad (El Papiro del César), no al nivel de los grandes clásicos escritos por René Goscinny, pero sí muy por encima de aquellos engendros que nos comimos durante la etapa solista de Albert Uderzo. Ya hay un nuevo álbum de Astérix publicado en un montón de países, así que espero ansioso la edición argentina, para leerlo y ver qué onda.
Nada más, por hoy. Gracias por el aguante y los espero el viernes a las 19 hs en el pabellón de historieta y humor gráfico de la Biblioteca Nacional, donde vamos a estar presentando ¿Quién quiere ser superhéroe?
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sábado, 4 de septiembre de 2021
30 de AGOSTO al 5 de SEPTIEMBRE
Si leés esto el sábado 4 de Septiembre, Feliz Día de la Historieta. Si no, no calienta. Vamos con las reseñas del escaso material que pude leer esta semana.
Empiezo con una historieta hecha por autores argentinos para Italia, e inédita en nuestro país: el Vol.31 de la colección de novelas gráficas de Cybersix, publicado en 1996. Esta vez el guion aparece firmado por Carlos Trillo “con la collaborazione” de Fernando Calvi, mientras que Alejandro Santana aparece acreditado como colaborador de Carlos Meglia en el dibujo. Me atrevo a asegurar que, salvo algún otro fondo, todo en esta historieta está dibujado por Santana, que para 1996 era un clon impecable de Meglia, sin la magia, sin el desparpajo del que hacía gala el maestro, pero de gran solidez gráfica y narrativa. O sea que en el apartado visual tenemos un producto más que digno.
El guion tiene un solo problema, y es que está muy estirado. Una historia que podría contarse en 40 páginas, se cuenta en 96. El resto está muy bien. Habitualmente, en los episodios en los que se presentan nuevos personajes, Trillo y su equipo desarrollan mucho a estos, y poco a Cybersix. Esta vez se nota que Trillo y Calvi quieren darle mucho relieve a Hard Boiled, pero también trabajan a fondo al villano y hay espacio para que Cybersix tenga un rol interesante en la trama, y hasta se mecionan un par de los subplots de largo aliento que para este momento estaban sin resolver. Hay muchos homenajes a los clásicos de la novela negra norteamericana, a Titanes en el Ring (de hecho aparece Martín Karadagián) y a Hulk. No me lo imagino a Trillo fan de Hulk o de los Titanes, con lo cual sospecho que eso vino de la mano de Calvi. En general, la trama fluye de manera lógica y si bien está un poquito forzado el tema de que Adrián Seidelman quede al frente de una agencia de detectives, el relato está bien llevado, te logra atrapar. Además, el buen nivel de los textos y la forma en que se dosfican las revelaciones acerca de Hard Boiled y los villanos hacen que el interés no decaiga pese a lo extenso de la narración. Así que el balance general es bastante positivo. Sin ser la gloria ni mucho menos, “Un vendicatore per amico” es una historieta correcta, sin fisuras y entretenida, lo cual no es poco.
Me voy a EEUU, año 2017, cuando se publica el primer recopilatorio de Snotgirl, una creación del consagrado Bryan Lee O´Malley junto a la notable Leslie Hung. Snotgirl es un comic de doble filo: utiliza una estética que puede parecer cool o frivola, precisamente para satirizar el mundo cool y frívolo que habitan las protagonistas. Redes sociales, moda, maquillaje, reuniones top, cafés con condimentos raros, noches de música y tragos… El mundo de la gente joven y hermosa de Los Angeles se parece bastante al del resto de las grandes ciudades, y O´Malley nos los muestra sin filtros de Instagram. Por debajo de todo eso, incluso por debajo de la comedia (que tiene momentos muy eficaces), hay una historia de vínculos, o de cómo el cálculo y la especulación pueden deteriorar los vínculos. Y también una subtrama de misterio, como para manchar con un poco de sangre tanto glamour.
Es un combo extraño, pero funciona bien a varios niveles. No te digo que es lo más genial que leí en años, ni que mi vida carece de sentido hasta que consiga y lea los tomos posteriores, pero me encontré con un comic que atrapa por motivos distintos a la mayoría, con los cheap thrills pensados y mostrados de un modo muy original.
El dibujo no es hiper-original pero sí muy bueno, el color es maravilloso, y lo único que tengo para criticarle es que Leslie Hung parece confiar poco en su capacidad para “narrar de lejos” y abusa de los planos cerrados, donde se ven las cabezas de los personajes y muy poco más. Esto le permite dibujar muy pocos fondos, pero la verdad que este comic quedaría mucho mejor con más fondos, con más atención a paisajes y decorados.
Dudo mucho que O´Malley pueda estirar esta historia más allá de las 250-300 páginas sin que esta pierda atractivo, pero por ahora Snotgirl me resulta un título fresco, inteligente y bastante recomendable.
Nos reencontramos por acá el finde que viene, pero este lunes no dejen de pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a descargar el monumental nº3 de Comiqueando Digital. Y si quieren conocer en persona a los más grandes autores de la historieta argentina, se pueden acercar el viernes 10 a las 16:30 a la explanada de la Biblioteca Nacional, donde vamos a estar realizando la ceremonia de entrega de los Premios Cinder. Nada más. Gracias y hasta pronto.
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sábado, 21 de agosto de 2021
16 al 22 de AGOSTO
Bueno, esta semana leí bastante, no sé si mucha cantidad, pero seguro bastante variado.
Empecé con Yugurta, una serie de aventura histórica realizada por Jean-Luc Vernal y el maestro Hermann para la revista Tintin, allá por 1967. Es una historieta clásica, con mucho sustento en la historia real de los pequeños reinos del norte de África en los tiempos del Imperio Romano y las Guerras Púnicas. Una historia de honor, lealtad y coraje, contada de manera muy tradicional, con páginas que nunca bajan de las 10 u 11 viñetas, mucho rigor en la documentación histórica, sin chistes, sin tramas románticas, sin personajes femeninos, con bastante acción pero poco énfasis en la sangre. No me aburrió principalmente porque me encontré con unas cuantas secuencias mudas, en las que estos príncipes, caudillos y dignatarios imperiales se callan un poco la boca y dejan que el dibujo conduzca el hilo de la narración.
Y el dibujo es muy bueno. Hermann está todavía muy verde, le falta muchísima sopa para ser el Hermann de Comanche, o sea que está a años luz del Hermann de los ´80 en adelante, que es el que a mí más me gusta. Pero la jerarquía se le nota más que la inexperiencia. El belga sabía que estaba haciendo sus primeros palotes, y para asegurarse de no pifiar, optaba por el camino más seguro: chorearle al maestro Jijé, al capo indiscutido de aquella época al que copiaban todos los muchachos que se volcaban a los estilos vinculados a la aventura realista. El resultado es ese: un Hermann embrionario que se disfraza de Jijé y le da a Yugurta una impronta para nada personal, pero sí muy efectiva. Tengo el segundo álbum, también pendiente de lectura, y creo que Hermann solo dibujó esos dos. Cualquier garrón que haya que comerse en materia de guiones, está ampliamente justificado por el atractivo de ver en primera fila los inicios de este monstruo sagrado del dibujo y la narrativa, que hoy sigue vigente con sus 81 enormes años.
Me voy a Italia, al año 1996, cuando se publica el 30º tomito de 96 páginas de Cybersix, con una nueva novela gráfica completa de la superheroína-androide-vampiro-transexual. Esta entrega tiene la particularidad de que en los créditos solo figuran Carlos Trillo y Carlos Meglia, con lo cual se puede suponer que esta vez la dupla produjo estas 96 páginas sin asistentes, ni en el guion ni en el dibujo. Eso hace a “Bella Senz´Anima” una historieta 100% atractiva… hasta que la leés. Ojo, no es chota. Comparada con muchas de las que vimos hasta ahora, es una buena novelita de Cybersix. Pero sigue sin acercarse al nivel que tenía la serie cuando Trillo y meglia producían solo historias cortas de 12 páginas.
Acá el principal problema es que el argumento daba para… una historia corta de 12 páginas, 16 con la mejor voluntad. Y la decisión de estirarla a 96 hace que Trillo le agregue un sinnúmero de escenas muy predecibles, que están narradas con onda y oficio, pero que podrían tranquilamente no estar. ¿Qué logra con esta estirada brutal? Que los verdaderos protagonistas de la aventura, que son el ángel Azrael y el demonio Shaitan (ambos de infinito poder), no se ajusten al clásico estereotipo y ganen en complejidad y profundidad. Y nada más que eso. El conflicto central, en el que ambos se disputan la afiliación de Cybersix a un bando o al otro, se resuelve en menos de 10 páginas, que ni siquiera son las más divertidas. O sea que, de verdad, la estirada del argumento daño seriamente al guion. Por suerte el dibujo es espectacular como pocas veces, con Meglia desencadenado, prendido fuego, dispuesto a demostrar quién es el dueño de la magia visual que tantos otros dibujantes trataban de reproducir en los episodios que el quilmeño “tercerizaba”. En algún momento, el tedio le gana a Meglia y el nivel de descontrol baja un poquito. Pero las primeras 30-35 páginas son un despliegue de talento e imaginación al filo de la maravilla. Solo por eso, “Bella Senz´Anima” entra entre los mejores libritos de esta colección, eternamente inédita en castellano.
Y termino en España, donde entre 1996 y 1997 el gigantesco Carlos Giménez se relaja un toque y produce las siete historietas contenidas en Sexo y Chapuza Vol.6: Talla Especial. Estas son comedias costumbristas, sin elementos fantásticos, sin política, sin pathos. Es simplemente Giménez en plan de joda, dedicado a narrar con su línea versátil y preciosa breves anécdotas que le cuentan sus amigos, ya sea Enrique Ventura, Miguel Fuster, o algún otro. Las anécdotas de Fuster las cuenta a través de un personaje llamado Miguel, un loser al que su mujer lo abandonó y desde entonces se dedica al escabio y al sexo con prostitutas. Y para las otras, crea a los amigos Edu, Pablo y Leo, tres jóvenes alzados dispuestos a casi todo con tal de ponerla.
Obviamente no todos los guiones son igual de buenos. Hay un par MUY buenos y un par meh. Y el título no es humo: en todas es importante el sexo y la joda. Hay diálogos muy graciosos, personajes bien delineados, situaciones al límite, y en general se hace todo muy llevadero porque las historias son cortas, como deben ser las anécdotas para que funcionen. Y –ni hace falta decirlo- está todo tan pero tan bien dibujado, que las historias podrían ser infinitamente más pedorras, y aun así estaríamos hablando de un libro que vale la pena tener. El dibujo de Giménez y su intuición para armar las escenas, elegir los encuadres y ponerle un tempo narrativo a cada uno de estos relatos son sencillamente perfectos. No hay fisuras, no hay “peros”, no hay improvisación. Hay un maestro totalmente afianzado en un oficio que domina como nadie, y que no tiene problema en dar el 100% de su talento incluso para contar historias “menores” de borrachos patéticos y borregos alzados. Genio absoluto.
Y nada más, por hoy. Sigo laburando con tutti para que pronto puedan descargar el nº3 de Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Gracias y hasta el finde que viene.
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sábado, 26 de junio de 2021
21 al 27 de JUNIO
Tras la decepción de la semana pasada, me puse a buscar entre mis libritos de Cybersix pendientes de lectura a ver si tenía traspapelado ese episodio en el que los villanos le roban a su bebé. No lo tengo, pero encontré uno que es secuela directa de ese, y que se publicó justo antes que el que vimos la semana pasada. Se llama “Vita per Vita”, el el Vol.25 de la colección italiana, y es infinitamente mejor que lo que me tocó padecer en la entrada anterior.
El dibujo es excelente de punta a punta. En los créditos, además de Carlos Meglia, figura Alejandro Santana quien se integra al mundo imaginado gráficamente por el prócer quilmeño de una manera sencillamente perfecta, sin fisuras. No hay una sóla viñeta en la que puedas decir “acá Meglia no hizo nada y le dejó todo el laburo a Santana”. Dentro de lo choto que es poner a un dibujante (especialmente a uno con talento) a copiar el estilo de un colega, esto es todo ganancia, y visualmente “Vita per Vita” está a un nivel muy cercano al de los mejores episodios de Cybersix.
Y el guion es muy sólido. No está estirado, no tiene injertos bizarros calzados con forceps, no saca personajes nuevos de la galera para rellenar páginas, no abusa de las secuencias oníricas… Esto es bien canónico, bien del “núcleo duro” de la saga de la criatura artificial que se le sublevó a su diabólico creador. El conflicto central es potente y perturbador: acá vemos qué límites está dispuesta a cruzar Cybersix con tal de recuperar a su hijo, en una aventura violenta y descarnada como pocas. Trillo nos presenta a la heroína como una mujer al límite, enfrentada a un Von Reichter más sorete que nunca, en una lucha en la que por momentos el fin justifica los medios y la frontera entre buenos y malos se hace difusa. También hay un rol muy importante (y mucho desarrollo) para Joseph, el hijo clónico de Von Reichter, buenos diálogos, ese clima ominoso que asociamos con las noches de Meridiana y –por si faltara algo- un final más amargo que la hinchada de Independiente. En cualquier momento voy por más Cybersix.
Vamos a Brasil, año 2015, cuando Marcello Quintanilha publica Talco de Vidrio, la novela gráfica con la que pega el salto del palo indie brazuca a las editoriales prestigiosas de España y Francia, que desde entonces le publican hasta la lista de los mandados.
Talco de Vidrio es un claro ejemplo de novela gráfica existencialista, en la que nos metemos a fondo en la vida de Rosángela, una odontóloga de cuarenta y pocos, que vive una vida tranquila, organizada, sin sobresaltos… hasta que ciertos fantasmas, ciertas inseguridades se transforman en demonios que la llevan al borde del abismo. Quintanilha cuenta una historia de gente común, sin elementos fantásticos, ni aventuras, en la que los conflictos van por dentro. Y ni siquiera los enfatiza demasiado, no es tan explícita la causa de esta “evolución” en el personaje protagónico, es algo más sutil, más sugerido que subrayado. Las pistas están, ya que cada diálogo, cada bloque de texto, pasa por ahí, por bucear en la psiquis de esta mujer, por acompañarla en su crisis y en el replanteo de sus prioridades, sus actitudes y sus vínculos. Esto hace que Talco de Vidrio no sea una novela gráfica para cualquier tipo de lector. Más de uno preferirá un relato más aventurero, y es entendible. Esto va por otro lado, claramente.
En el dibujo y en la narrativa, Quintanilha me enloqueció. Por momentos me hizo acordar a Stray Toasters y Big Numbers, las obras más experimentales de Bill Sienkiewicz, no en la estética, sino en la forma de armar las secuencias. Quintanilha le pone una onda increíble a una historia 100% urbana y real, y trastoca ese grafismo hiper-pendiente del realismo fotográfico para lograr efectos notables, tanto en las personas como en los objetos y los paisajes. Estamos frente a un tipo con un manejo devastador de una gran cantidad de técnicas, que engaña al lector incauto con su impronta “Juan Carlos Flicker” y enseguida lo lleva a otro terreno, en el que da cátedra. Esto es el mundo real, pero visto a través de un prisma que le permite al autor sorprender una y mil veces al lector y –lo más importante- imponer una estética propia por sobre el mero retrato de la realidad. Enorme trabajo de un autor de una madurez inverosímil, coronado por un final impactante e impredecible.
Para cerrar, sigo intentando liquidar el pilón de los libros de historieta argentina editados en 2020, y hoy le dedico una breve glosa a Roque & Gervasio, Pioneros del Espacio, protagonistas de la novelita gráfica titulada “Venganza Vegetal”. Esta creación de Federico Reggiani y Ángel Mosquito retoma la consigna de Los Visitantes del Agujero del Comedor: mezclar de la manera más divertida posible los tópicos de la cklásica aventura de ciencia-ficción con lo más prosaico y lo más grasa de la comedia barrial argenta. El resultado es muy, muy efectivo, y logró arrancarme más de una carcajada.
Ni hace falta subrayar la química entre los autores, que se conocen hace décadas y en todo momento ejecutan como si fueran una sola persona, no una dupla. El estilo de dibujo engancha perfecto con el tipo de historia que se quiere contar, hay muy buenas secuencias de acción, muchos chistes, un trabajo alucinante de Mosquito a la hora de poner los grises… y en todo caso lo que tengo para criticar es la omisión de las zanjas entre las viñetas, que no deberían faltar nunca. La otra decisión medio extrema en materia de puesta en página (bancar una grilla de cuatro viñetas iguales a lo largo de casi toda la novela) no me hizo ruido para nada. Espero con muchas ganas las próximas aventuras de Roque & Gervasio.
Y nada más, por hoy. Gracias por el aguante y no se olviden de descargar la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/.
sábado, 19 de junio de 2021
14 al 20 de JUNIO
Otra semana de escasa lectura, porque estoy muy cebado leyendo otra cosa (vinculada a la historieta) y no le dediqué muchas horas a los comics que pueblan mi estante de material pendiente de lectura.
Me devoré una novela gráfica de 96 páginas de Cybersix, de fines de 1995, la época de pleno auge de la creación de Carlos Trillo y Carlos Meglia. Y me pareció flojísima. El planteo no es malo: aparecen en Meridiana tres robots creados por los nazis en los años ´40, que se alimentan de Odio, Miedo y Dolor (por eo el librito se titula “Odio, Paura, Dolore”). Estas criaturas provocan un in crescendo de muertes, que va a desembocar en el choque con Cybersix, en medio de una especie de gran convención anual de sadomasoquistas, donde habrá grandes dosis de odio, miedo y dolor. Pero el desarrollo es poco interesante, a tal punto que nada de lo que sucede logra empañar al principal sub-plot que tiene en este momento la serie: Cybersix tuvo un bebé, que fue raptado por los villanos, y esto la desestabiliza emocionalmente como nunca antes. Ese conflicto eclipsa por completo al de los robots y es el que le da a la historieta buena parte de su interés dramático. Por otro lado, Trillo se da cuenta de que el argumento que se le ocurrió no soporta un relato de 96 páginas, entonces TRES VECES a lo largo de la novela, interrumpe la narración para llevarnos –con cualquier excusa- al terreno de la “ficción dentro de la ficción”. Allí encaja con forceps tres historias cortas (también vinculadas al terror), que no tienen nada que ver con la saga de Cybersix, dibujadas en un estilo totalmente distinto al de Meglia por Ricardo Vispo, uno de los integrantes de la Legión de Asistentes de Meglia. ¿Cuándo y para qué proyecto habrán realizado Trillo y Vispo esas páginas que acá aparecen a modo de relleno? Ni idea, pero se nota mucho que no se pensaron originalmente para integrarse a la trama de este librito de Cybersix.
Las 70 páginas que sí están dibujadas en el estilo habitual de la serie tienen muy poco de la magia de Meglia. No me atrevo a afirmar que TODO haya sido dibujado por asistentes que imitaban la línea del prócer quilmeño, pero no lo descarto. La mano maestra de Meglia se nota en los fondos (que son los mismos en todas las aventuras de Cybersix) y no mucho más. La verdad, me lo voy a guardar sólo por el amor incondicional a Trillo y Meglia y porque al estar en italiano es difícil que alguien me la quiera comprar, o me la acepte como regalo. Tengo sin leer varias novelitas más de Cybersix en italiano, así que en los próximos meses las vamos a recorrer en este espacio.
Me fue mucho mejor con el Vol.3 de The Goon, la serie de Eric Powell, hoy casi “de moda” gracias a la edición en castellano que pulula por las comiquerías a un precio bastante amistoso. Esta vez no hay autores invitados, está todo escrito y dibujado por el ídolo. Incluso en el episodio en el que aparece Hellboy a compartir una aventura con The Goon, Mike Mignola apenas aporta un par de páginas y algunos diálogos, como para no eclipsar en absoluto a un Powell que está en un nivel increíble.
Además, en este tomo, no sólo hay historias que impactan por la violencia y la guarrada. También hay historias emotivas, que te llegan al alma y demuestran que Powell es mucho más que un especialista en “chabones grandotes y monstruos que se cagan a trompadas”. La historia de la dama vampiro, y la del zombie que resucita pero quiere volver a morir, son dos joyas que le suman a la serie una capa de profundidad y hasta de lirismo. Y después, la de Hellboy y la del Hombre Lagarto, son aventuras clásicas de machaca, descontrol y delirio, con guiños irónicos, groserías y todas esas cosas que ya vimos y disfrutamos en los TPBs anteriores de The Goon.
Por supuesto, el dibujo sigue tan potente y tan glorioso como siempre, repleto de esa magia heredada de los grandes cracks de la E.C. Comics y de Will Eisner, y siempre puesto al servicio de una narrativa cristalina, cautivante y efectiva como pocas. No sé cómo seguirá la evolución de la serie, porque no me quedan más TPBs sin leer. Pero lo que leí hasta ahora es realmente grosso. No es la mera suma de elementos fantásticos y bizarros + violencia al palo + chistes groseros. Hay más. Hay un espíritu, un corazón… no sé cómo definirlo, pero hay algo que está ahí, que le suma una onda alucinante y una identidad reconocible al instante a esta creación de Eric Powell cuyo aporte al mainstream yanki de este siglo sería absurdo soslayar.
Y nada más, por hoy. Nos reencontramos el finde que viene, con nuevas reseñas acá en el blog. Y si quieren leer más (y mejores) textos sobre comics, siempre tienen la posibilidad de descargarse el apoteótico nº2 de Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Gracias y hasta pronto.
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martes, 3 de febrero de 2015
03/ 02: CYBERSIX Vol.3
Volvemos a las historias cortas de Cybersix, retomando desde donde dejamos en el Vol.1 (reseñado el 18/01/13). Algo de esto se había editado en Argentina en la Comiqueando clásica y en los one-shots Edición Platino y Chip Woman, pero leído en libro, todo tiene más sentido. Esto es material de 1993-94, cuando la serie creada por Carlos Trillo y Carlos Meglia se empieza a imponer en los semanarios italianos, donde aparece en todos los números con episodios de 12 páginas. Que supuestamente eran autoconclusivos, pero acá Trillo empieza a hacer trampa y a dejar muchas puntas irresueltas entre un episodio y otro, puntas que cerrarán luego de cuatro o cinco entregas de 12 páginas que componen pequeñas sagas.
En este tomo hay varias sagas muy definidas: la de las elecciones, la de Crisálida, la de la falsa Cybersix y la de Big Bang. En el medio, hay algunos unitarios “puente”, en los que la acción casi no avanza, sino que Trillo elige focalizarse en los villanos, para ahondar un poco más en sus orígenes y sus motivaciones, o en Cybersix y sus amigos, pero en plan “slice of life”, sin la imposicién de mostrar peleas impactantes en todas y cada una de las entregas de 12 páginas. De estos arcos argumentales, el que más me atrapó fue el de la falsa Cybersix, que no lo había leído nunca. Obviamente la idea de enfrentar a una heroína con uan réplica exacta de sí misma no es muy original, pero Trillo sabe sacarle buen provecho a este tópico gastadísimo del comic de superhéroes.
Y el breve arco de Big Bang tiene un atractivo extra: de las 36 páginas que abarca, 12 son refrito, son páginas realizadas por Trillo y Meglia algunos años antes, cuando el dibujante no tenía un equipo de asistentes y dejaba la vida en cada viñeta. Astutamente intercaladas con páginas nuevas, esas páginas “viejas” de Big Bang cobran otro sentido y se integran sin demasiada dificultad a la saga de Cybersix. No es que a nivel argumental aporte mucho, pero es un truco ingenioso que además nos permite disfrutar de varias secuencias de Meglia en un nivel extraordinario.
Lo mejor que tiene este tomo es que acá los personajes ya están presentados y Trillo no siente la necesidad de volver a explicarnos (por enésima vez) quién es Cybersix, cómo funciona, por qué hace lo que hace y por qué el Dr. Von Reichter y sus esbirros la quieren eliminar. Lo que menos me cerró es el inagotable repertorio de excusas que maneja Trillo para que en todos los capítulos (incluso en los que no es en absoluto necesario) haya alguna escena de sexo, o alusiones muy explícitas a garches y/o violaciones. Entiendo que Cybersix era una serie apuntada al público adulto, pero precisamente por eso confío en que los lectores de esta historieta podían vivir sin ver tetas cada 12 páginas, sobre todo en aquellas ocasiones (muchas) en las que el sexo no suma nada al desarrollo de las tramas. El último unitario me sorprendió porque a) nunca lo había visto y b) Trillo emplea exactamente el mismo recurso que vimos en el Vol. 7 de El Negro Blanco (reseñado el 10/07/12): un compilado de escenas tomadas de los sueños de los distintos miembros del elenco. Acá el tono es claramente más dramático, pero funciona igual de bien.
En cuanto al dibujo, lo mejor lejos está en esas páginas refritadas de Big Bang. Enseguida te das cuenta cuáles son porque tienen los globos negros con letras blancas. El resto está bien, pero se nota mucho que no es Meglia puro, sino Meglia al frente de un equipo de asistentes. Hay un par de secuencias muy locas en las que un par de personajes deliran de dolor, y ahí vemos el lápiz de Meglia crudo, sin entintar, con la desprolijidad y la magia del boceto. El resto es todo muy correcto, muy prolijo, con mucho laburo en los fondos (que se repiten hasta el infinito y más allá, un recurso más que válido), mucho cuidado en la narrativa, muy buenos climas y un nivel de salvajada importante tanto en las peleas como en los garches.
Si sos fan a muerte de Meglia, seguro vas a querer tener este tomo por los dibujos del ídolo, aunque no sea la obra en la que más se luce. Y si ya estás enganchado con la extraña epopeya de la superheroína-vampiro-androide-transexual, entrale con confianza, que Trillo te garantiza más drama, más conspiraciones, más romance, más comedia, más machaca y más desarrollo de estos personajes que durante algunos años fueron furor en Europa y acá nunca terminaron de pegar. ¿Habrá un Vol.4? Ni idea, pero si sale, me lo compro de una.
En este tomo hay varias sagas muy definidas: la de las elecciones, la de Crisálida, la de la falsa Cybersix y la de Big Bang. En el medio, hay algunos unitarios “puente”, en los que la acción casi no avanza, sino que Trillo elige focalizarse en los villanos, para ahondar un poco más en sus orígenes y sus motivaciones, o en Cybersix y sus amigos, pero en plan “slice of life”, sin la imposicién de mostrar peleas impactantes en todas y cada una de las entregas de 12 páginas. De estos arcos argumentales, el que más me atrapó fue el de la falsa Cybersix, que no lo había leído nunca. Obviamente la idea de enfrentar a una heroína con uan réplica exacta de sí misma no es muy original, pero Trillo sabe sacarle buen provecho a este tópico gastadísimo del comic de superhéroes.
Y el breve arco de Big Bang tiene un atractivo extra: de las 36 páginas que abarca, 12 son refrito, son páginas realizadas por Trillo y Meglia algunos años antes, cuando el dibujante no tenía un equipo de asistentes y dejaba la vida en cada viñeta. Astutamente intercaladas con páginas nuevas, esas páginas “viejas” de Big Bang cobran otro sentido y se integran sin demasiada dificultad a la saga de Cybersix. No es que a nivel argumental aporte mucho, pero es un truco ingenioso que además nos permite disfrutar de varias secuencias de Meglia en un nivel extraordinario.
Lo mejor que tiene este tomo es que acá los personajes ya están presentados y Trillo no siente la necesidad de volver a explicarnos (por enésima vez) quién es Cybersix, cómo funciona, por qué hace lo que hace y por qué el Dr. Von Reichter y sus esbirros la quieren eliminar. Lo que menos me cerró es el inagotable repertorio de excusas que maneja Trillo para que en todos los capítulos (incluso en los que no es en absoluto necesario) haya alguna escena de sexo, o alusiones muy explícitas a garches y/o violaciones. Entiendo que Cybersix era una serie apuntada al público adulto, pero precisamente por eso confío en que los lectores de esta historieta podían vivir sin ver tetas cada 12 páginas, sobre todo en aquellas ocasiones (muchas) en las que el sexo no suma nada al desarrollo de las tramas. El último unitario me sorprendió porque a) nunca lo había visto y b) Trillo emplea exactamente el mismo recurso que vimos en el Vol. 7 de El Negro Blanco (reseñado el 10/07/12): un compilado de escenas tomadas de los sueños de los distintos miembros del elenco. Acá el tono es claramente más dramático, pero funciona igual de bien.
En cuanto al dibujo, lo mejor lejos está en esas páginas refritadas de Big Bang. Enseguida te das cuenta cuáles son porque tienen los globos negros con letras blancas. El resto está bien, pero se nota mucho que no es Meglia puro, sino Meglia al frente de un equipo de asistentes. Hay un par de secuencias muy locas en las que un par de personajes deliran de dolor, y ahí vemos el lápiz de Meglia crudo, sin entintar, con la desprolijidad y la magia del boceto. El resto es todo muy correcto, muy prolijo, con mucho laburo en los fondos (que se repiten hasta el infinito y más allá, un recurso más que válido), mucho cuidado en la narrativa, muy buenos climas y un nivel de salvajada importante tanto en las peleas como en los garches.
Si sos fan a muerte de Meglia, seguro vas a querer tener este tomo por los dibujos del ídolo, aunque no sea la obra en la que más se luce. Y si ya estás enganchado con la extraña epopeya de la superheroína-vampiro-androide-transexual, entrale con confianza, que Trillo te garantiza más drama, más conspiraciones, más romance, más comedia, más machaca y más desarrollo de estos personajes que durante algunos años fueron furor en Europa y acá nunca terminaron de pegar. ¿Habrá un Vol.4? Ni idea, pero si sale, me lo compro de una.
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sábado, 2 de agosto de 2014
02/08: CYBERSIX Vol.2
Segundo tomo de esta colección que recopila el hitazo noventoso de Carlos Trillo y Carlos Meglia, y ya tenemos una decisión claramente polémica. El Vol.1 traía los primeros 15 unitarios de Cybersix. El Vol.2, ¿trae los siguientes?. No, trae las dos primeras novelas gráficas de 96 páginas, que no sólo son muy posteriores, sino que además se publicaron en su momento en Argentina, con los nombres de Secuestro en Meridiana y Chip Woman, respectivamente. ¿Hay alguna explicación para esto? Sí, pero es muy chota: en Francia hicieron lo mismo, armaron el Vol.2 con las dos primeras novelas gráficas.
Pero bueno, supongamos que son muchos los fans argentinos de Cybersix que en su momento no leyeron Secuestro en Meridiana y Chip Woman. ¿Con qué se van a encontrar? La primera novela gráfica sufre algo que ya habíamos visto en el Vol.1 (reseñado el 18/01/13), que es la reiteración. Como en Italia se editó como Vol.1 de una nueva colección, Secuestro en Meridiana arranca con la consigna de explicarle a los nuevos lectores quién es Cybersix, de dónde salió, por qué hace lo que hace, de qué se disfraza cuando no está peleando con los malos… un montón de información que Trillo presenta de modo bastante dinámico, bastante ingenioso, pero que a los que ya leyeron el Vol.1 de esta colección no les aporta nada.
Para ayudarle al nuevo lector a adentrarse en esta historia que ya estaba muy empezada, Trillo apela con buen criterio al recurso de un investigador privado, que intenta descubrir los secretos de la taciturna heroína. Así da vida a Miao Yashimoto, el detective japonés que sueña con triunfar como dibujante de historietas. Como sucede con varios personajes de esta serie, Trillo nunca se decide entre tomar a Yashimoto como un personaje serio o como un “comic relief”, y ahí va, un poco para cada lado, sin ser nunca una cosa ni la otra. Lo cual no es óbice para que tenga buenas escenas y buenos diálogos.
El segundo guión no daba jamás para 96 páginas y está estirado de un modo grosero, más que evidente. Acá también se manifiesta con fuerza algo que está presente en toda la saga de Cybersix, que es un tratamiento del sexo muy frontal, muy in-your-face. Esto por un lado está bueno para diferenciar a esta serie del típico comic de superhéroes (donde los personajes suelen tener la vida sexual de un Playmobil), y por el otro muchas veces se ve forzado, metido a presión, e incluso hasta tan pasado de rosca que puede resultar grotesco, o –si te sensibilizan esas cosas- ofensivo. No voy a ser yo quien se ponga en censor ni en mojigato, pero acá se da todo el tiempo que los que se aman no garchan, y los que garchan, lo hacen con bronca, con violencia, como expresión de autoritarismo, de superioridad, de dominio por sobre el otro, y eso me deja un regusto bastante asqueroso en el paladar.
En los dibujos vemos a un Meglia que ya claramente supervisa el laburo de un montón de otros dibujantes, una legión de lápices amaestrados para clonar (y copy-pastear) los dibujos y los fondos realizados por el maestro para las primeras historietas de Cybersix. En la primera novela gráfica está como invitado Félix Saborido que a lo largo de seis bellísimas páginas, rinde homenaje a varios maestros del comic. Y para rellenar de algún modo las 96 páginas de Chip Woman, tenemos intercaladas con la trama central una aventura de 18 páginas protagonizada por una Cybersix de una realidad alternativa (creada por Yashimoto para una historieta) y dibujada con cancha y talento por el glorioso Eduardo Risso. O sea que esto, en general, se ve muy bien. Y en las páginas en las que estalla Meglia, levanta un vuelo increíble.
La edición argentina, flojita, con unos cuantos negros que no son negros y un lomo que cuando lo mirás fijo se empieza a resquebrajar. No esperaba mucho más de una publicación que lleva el logo de Deux, obviamente. Por suerte ya salió el Vol.3 y ahí sí, creo que hay episodios cortos de los que nunca se habían editado en Argentina. Prometo entrarle… eventualmente.
Pero bueno, supongamos que son muchos los fans argentinos de Cybersix que en su momento no leyeron Secuestro en Meridiana y Chip Woman. ¿Con qué se van a encontrar? La primera novela gráfica sufre algo que ya habíamos visto en el Vol.1 (reseñado el 18/01/13), que es la reiteración. Como en Italia se editó como Vol.1 de una nueva colección, Secuestro en Meridiana arranca con la consigna de explicarle a los nuevos lectores quién es Cybersix, de dónde salió, por qué hace lo que hace, de qué se disfraza cuando no está peleando con los malos… un montón de información que Trillo presenta de modo bastante dinámico, bastante ingenioso, pero que a los que ya leyeron el Vol.1 de esta colección no les aporta nada.
Para ayudarle al nuevo lector a adentrarse en esta historia que ya estaba muy empezada, Trillo apela con buen criterio al recurso de un investigador privado, que intenta descubrir los secretos de la taciturna heroína. Así da vida a Miao Yashimoto, el detective japonés que sueña con triunfar como dibujante de historietas. Como sucede con varios personajes de esta serie, Trillo nunca se decide entre tomar a Yashimoto como un personaje serio o como un “comic relief”, y ahí va, un poco para cada lado, sin ser nunca una cosa ni la otra. Lo cual no es óbice para que tenga buenas escenas y buenos diálogos.
El segundo guión no daba jamás para 96 páginas y está estirado de un modo grosero, más que evidente. Acá también se manifiesta con fuerza algo que está presente en toda la saga de Cybersix, que es un tratamiento del sexo muy frontal, muy in-your-face. Esto por un lado está bueno para diferenciar a esta serie del típico comic de superhéroes (donde los personajes suelen tener la vida sexual de un Playmobil), y por el otro muchas veces se ve forzado, metido a presión, e incluso hasta tan pasado de rosca que puede resultar grotesco, o –si te sensibilizan esas cosas- ofensivo. No voy a ser yo quien se ponga en censor ni en mojigato, pero acá se da todo el tiempo que los que se aman no garchan, y los que garchan, lo hacen con bronca, con violencia, como expresión de autoritarismo, de superioridad, de dominio por sobre el otro, y eso me deja un regusto bastante asqueroso en el paladar.
En los dibujos vemos a un Meglia que ya claramente supervisa el laburo de un montón de otros dibujantes, una legión de lápices amaestrados para clonar (y copy-pastear) los dibujos y los fondos realizados por el maestro para las primeras historietas de Cybersix. En la primera novela gráfica está como invitado Félix Saborido que a lo largo de seis bellísimas páginas, rinde homenaje a varios maestros del comic. Y para rellenar de algún modo las 96 páginas de Chip Woman, tenemos intercaladas con la trama central una aventura de 18 páginas protagonizada por una Cybersix de una realidad alternativa (creada por Yashimoto para una historieta) y dibujada con cancha y talento por el glorioso Eduardo Risso. O sea que esto, en general, se ve muy bien. Y en las páginas en las que estalla Meglia, levanta un vuelo increíble.
La edición argentina, flojita, con unos cuantos negros que no son negros y un lomo que cuando lo mirás fijo se empieza a resquebrajar. No esperaba mucho más de una publicación que lleva el logo de Deux, obviamente. Por suerte ya salió el Vol.3 y ahí sí, creo que hay episodios cortos de los que nunca se habían editado en Argentina. Prometo entrarle… eventualmente.
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viernes, 18 de enero de 2013
18/ 01: CYBERSIX Vol.1
Hace ya seis largos meses, un team-up entre dos editoriales y una librería generaron algo que –a priori- parecía un sueño: una colección que reeditara Cybersix, el clásico de Carlos Trillo y Carlos Meglia en un formato práctico, atractivo y a un precio más que razonable. Todos hacíamos las cuentas de cuántas páginas tiene en total la serie y cuántos tomos de 196 harian falta para reeditarla completa y los que tenemos algunas historietas en italiano o francés pensábamos en que orificio nos las íbamos a meter cuando salieran editadas –muchas por primera vez- en castellano. Como sucede tantas veces, la cosa nunca pasó de un primer tomo, que es el que tengo para comentar hoy.
Lo más raro que me pasó es que me acordaba de muchas cosas. Yo había leído estas historietas en 1992, cuando las editó Puertitas y a decir verdad, son pocas las historietas que leí hace 20 años y de las que me acuerdo algo más que lo básico. Por ahí es porque en los años siguientes uno siguió leyendo la serie y hasta tuvo la suerte de charlar bastante acerca de ella con los autores. O por ahí es porque a lo largo de los episodios (no sólo de estos 15) hay conceptos, climas, situaciones y hasta dibujos que se repiten muchas, muchas veces.
Creo que ese es el punto débil de Cybersix. Para esta obra, Trillo adopta TODOS los clichés del género de los superhéroes: la doble identidad, el secret origin, los villanos recurrentes, la ciudad como foco de los conflictos, la telenovela con un triángulo en el que participan las dos identidades del héroe/ heroína... y un cliché más, que uno no lo nota tanto en los comics de superhéroes de hoy, pero que a principios de los ´90 era más frecuente: la reiteración. La cantidad de veces que los guionistas nos recuerdan quién es este personaje, por qué hace lo que hace, dónde vive, de qué se disfraza cuando no está combatiendo al crimen, qué poderes tiene, de dónde los saca, cuáles son sus debilidades... En Cybersix eso vuelve y vuelve y vuelve, encima en episodios de 12 páginas, o sea que en casi 200 páginas nos lo repiten 150.000 veces.
Si te acostumbrás a esto (o si no te jode) vas a poder disfrutar de un Trillo muy sólido, a la altura del desafío no menor de embarcarse en una saga superheroica de duración indefinida, algo que nunca antes había encarado. Con una protagonista muy compleja e interesante, buenos personajes secundarios, villanos atractivos y poco énfasis en la machaca, el prócer logró construir un híbrido efectivo entre el comic para adultos típico de Argentina y Europa y el típico comic de superhéroes yanki. Le puso diálogos cuasi-poéticos, conflictos que no son los obvios y una bajada de línea muy linda contra el autoritarismo.
Claro que, con un ancho de espadas como el dibujo de Meglia, podés escribir los guiones más chotos del mundo y la horda igual te la va a comprar. Acá se nota poco que Meglia coordinaba un equipo de asistentes, porque la serie recién empezaba, todavía no eran un malón de dibujantes haciéndole un gang-bang a los guiones de Trillo. Las secuencias del origen de Cybersix, todas las escenas de la selva, los primeros planos de Data, las tomas panorámicas de la ciudad de Meridiana... en todos esos momentos (y unos cuantos más) el dibujo de Meglia explota como en sus mejores trabajos. Y después, cuando no le toca brillar (o cuando no tiene tiempo) cumple sobradamente con esa narrativa tipo dibujo animado en la que los personajes se desplazan sobre unos fondos laburadísimos que son siempre los mismos. Otro grande que acá afrontó un desafío bravo y salió recontra-bien parado.
Por los comentarios que a uno le llegan, parece que el principal motivo por el cual todavía no salió el Vol.2 es que esto vendió muy mal en el circuito de kioscos. Y se supone que, cuando finalmente se edite ese dichoso segundo tomo, será con una tirada mucho más baja, pensada para abastecer sólo a comiquerías (y eventos, obvio), donde sí obtuvo la repercusión esperada. El bajón es que seguramente la tirada más baja implicará un precio de tapa más alto, pero bueno, ya lo esperamos tanto, que nos lo pueden cobrar tres lucas y lo vamos a pagar igual. Y si realmente van a apuntar los futuros tomos al lector “del palo”, no estaría mal cuidar más la calidad de la impresión y chequear mejor los textos, que ostentan unas cuatro o cinco faltas de ortografía bastante bochornosas. Vamos, que quiero más Cybersix en mi biblioteca.
Lo más raro que me pasó es que me acordaba de muchas cosas. Yo había leído estas historietas en 1992, cuando las editó Puertitas y a decir verdad, son pocas las historietas que leí hace 20 años y de las que me acuerdo algo más que lo básico. Por ahí es porque en los años siguientes uno siguió leyendo la serie y hasta tuvo la suerte de charlar bastante acerca de ella con los autores. O por ahí es porque a lo largo de los episodios (no sólo de estos 15) hay conceptos, climas, situaciones y hasta dibujos que se repiten muchas, muchas veces.
Creo que ese es el punto débil de Cybersix. Para esta obra, Trillo adopta TODOS los clichés del género de los superhéroes: la doble identidad, el secret origin, los villanos recurrentes, la ciudad como foco de los conflictos, la telenovela con un triángulo en el que participan las dos identidades del héroe/ heroína... y un cliché más, que uno no lo nota tanto en los comics de superhéroes de hoy, pero que a principios de los ´90 era más frecuente: la reiteración. La cantidad de veces que los guionistas nos recuerdan quién es este personaje, por qué hace lo que hace, dónde vive, de qué se disfraza cuando no está combatiendo al crimen, qué poderes tiene, de dónde los saca, cuáles son sus debilidades... En Cybersix eso vuelve y vuelve y vuelve, encima en episodios de 12 páginas, o sea que en casi 200 páginas nos lo repiten 150.000 veces.
Si te acostumbrás a esto (o si no te jode) vas a poder disfrutar de un Trillo muy sólido, a la altura del desafío no menor de embarcarse en una saga superheroica de duración indefinida, algo que nunca antes había encarado. Con una protagonista muy compleja e interesante, buenos personajes secundarios, villanos atractivos y poco énfasis en la machaca, el prócer logró construir un híbrido efectivo entre el comic para adultos típico de Argentina y Europa y el típico comic de superhéroes yanki. Le puso diálogos cuasi-poéticos, conflictos que no son los obvios y una bajada de línea muy linda contra el autoritarismo.
Claro que, con un ancho de espadas como el dibujo de Meglia, podés escribir los guiones más chotos del mundo y la horda igual te la va a comprar. Acá se nota poco que Meglia coordinaba un equipo de asistentes, porque la serie recién empezaba, todavía no eran un malón de dibujantes haciéndole un gang-bang a los guiones de Trillo. Las secuencias del origen de Cybersix, todas las escenas de la selva, los primeros planos de Data, las tomas panorámicas de la ciudad de Meridiana... en todos esos momentos (y unos cuantos más) el dibujo de Meglia explota como en sus mejores trabajos. Y después, cuando no le toca brillar (o cuando no tiene tiempo) cumple sobradamente con esa narrativa tipo dibujo animado en la que los personajes se desplazan sobre unos fondos laburadísimos que son siempre los mismos. Otro grande que acá afrontó un desafío bravo y salió recontra-bien parado.
Por los comentarios que a uno le llegan, parece que el principal motivo por el cual todavía no salió el Vol.2 es que esto vendió muy mal en el circuito de kioscos. Y se supone que, cuando finalmente se edite ese dichoso segundo tomo, será con una tirada mucho más baja, pensada para abastecer sólo a comiquerías (y eventos, obvio), donde sí obtuvo la repercusión esperada. El bajón es que seguramente la tirada más baja implicará un precio de tapa más alto, pero bueno, ya lo esperamos tanto, que nos lo pueden cobrar tres lucas y lo vamos a pagar igual. Y si realmente van a apuntar los futuros tomos al lector “del palo”, no estaría mal cuidar más la calidad de la impresión y chequear mejor los textos, que ostentan unas cuatro o cinco faltas de ortografía bastante bochornosas. Vamos, que quiero más Cybersix en mi biblioteca.
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martes, 22 de mayo de 2012
22/ 05: IRISH COFFEE
Bizarras coincidencias... Esta tarde estuve charlando largo y tendido sobre Cybersix con el maestro Juan Sasturain, para un episodio de Continuará que saldrá al aire el año que viene. Y ahora me toca hablar conmigo mismo sobre Irish Coffee, otra obra de los inolvidables Carlos Trillo y Carlos Meglia.
El imponente libro editado a todo culo por Napoleones Sin Batallas ofrece dos etapas bien marcadas en la historia del personaje. Por un lado, los primeros 12 episodios, los que se vieron en Puertitas, que son los que inician la larga y fructífera colaboración entre Trillo y Meglia, allá por 1988. Y por el otro, un segundo arco inédito en castellano, de cuatro episodios realizados ya a mediados de los ´90, cuando los autores compartían ese multitudinario estudio en el que salían con fritas las páginas de Cybersix. Pero estamos hablando siempre del primer Irish Coffee, del clásico, no del que aparecería más tarde en las páginas de Clarín, metido en una saga ambientada en Argentina, con Menem como villano y demás bizarreadas.
Los primeros 12 episodios muestran a las claras cómo se va ensamblando la dupla. Entre el tercero y el cuarto (o sea, durante el arco contra Ron Collins), el dibujo de Meglia pega un salto cualitativo increíble y de ahí en más, no para nunca de mejorar. Para el final de la saga de Sandy, el dibujo es absolutamente perfecto, mejor incluso que en El Libro de Gabriel, que es justo posterior. Acá es cuando Meglia se enamora de la historieta. Estimulado como nunca antes por los guiones de Trillo, desarrolla ese estilo tan característico, con esos rasgos aniñados, esa dinámica zarpada, esa línea prolija y caótica a la vez y –lo más importante- ese sistema derivado de sus años en el campo de la animación para crear unos fondos devastadores, que se repiten una y mil veces mientras los personajes se desplazan sobre ellos, como en una película o una obra de teatro. El color –agregado para esta edición- es excelente y potencia muchísimo la magia visual que proponía Meglia en la versión original de estas historietas.
Trillo plantea a Irish Coffee como un detective con poderes paranormales, que resuelve casos que involucran a espíritus, fantasmas e incluso a productos de su propio subconsciente. Hay una especie de contradicción muy rica para la serie: por un lado, Irish es un auténtico Guacho Winner, se levanta a las mejores minas y es constantemente requerido por el Inspector Martini para resolver los casos más complejos. Por el otro, muchas de las amenazas que debe combatir... las genera él mismo! Sus recuerdos de la infancia, su torpeza a la hora de mentir, su miedos... todo se le vuelve en contra en algún momento de estos episodios. O sea que nunca lo vemos como al tipo recontra-canchero que se lleva al mundo por delante y soluciona todo de taquito, aunque tiene poderes y carisma como para hacerlo. Irish se comporta más bien como un tipo melancólico, taciturno, al que los poderes le pesan más de lo que lo reconfortan... excepto cuando le toca revolcarse con Sahara Lone en unas escenas de alto voltaje erótico, magníficamente dibujadas por Meglia.
El último arco, el de mediados de los ´90, está dibujado por una legión de asistentes y aún así se la re-banca. Los trucos para repetir los dibujos son medio alevosos, pero como estos siguen fielmente la línea de Meglia, siempre quedan bien. La resolución al misterio es impredecible y emotiva y –por si faltara algo- en estos episodios Trillo suma un nuevo personaje interesante (Mary Bloody) y sitúa la acción en la ciudad de Meridiana, como para abrir el camino hacia un team-up con Cybersix, que no sé si se llegó a concretar.
A diferencia de El Libro de Gabriel, Irish Coffee tuvo tiempo y espacio para evolucionar hasta convertirse en una muy buena serie. Y a diferencia de Cybersix, no se estiró hasta el infinito, sino que estos 16 episodios conforman cinco saguitas (más dos unitarios, los dos primeros) cerradas, sólidas, con espacio para la caracterización, los climas y las vueltas de tuerca poco predecibles al tema del investigador de casos paranormales, tan gastado de Dylan Dog para acá. De última, si los guiones no te hacen decir “Wow! No puedo creer tanta genialidad junta!”, hay varios episodios en los que te lo va a hacer decir el dibujo, sin dudas. Por culpa de Meglia (y del equipo que coloreó estas páginas) esto hay que leerlo con ropa interior de repuesto, de verdad. Mozo, un coffee!
El imponente libro editado a todo culo por Napoleones Sin Batallas ofrece dos etapas bien marcadas en la historia del personaje. Por un lado, los primeros 12 episodios, los que se vieron en Puertitas, que son los que inician la larga y fructífera colaboración entre Trillo y Meglia, allá por 1988. Y por el otro, un segundo arco inédito en castellano, de cuatro episodios realizados ya a mediados de los ´90, cuando los autores compartían ese multitudinario estudio en el que salían con fritas las páginas de Cybersix. Pero estamos hablando siempre del primer Irish Coffee, del clásico, no del que aparecería más tarde en las páginas de Clarín, metido en una saga ambientada en Argentina, con Menem como villano y demás bizarreadas.
Los primeros 12 episodios muestran a las claras cómo se va ensamblando la dupla. Entre el tercero y el cuarto (o sea, durante el arco contra Ron Collins), el dibujo de Meglia pega un salto cualitativo increíble y de ahí en más, no para nunca de mejorar. Para el final de la saga de Sandy, el dibujo es absolutamente perfecto, mejor incluso que en El Libro de Gabriel, que es justo posterior. Acá es cuando Meglia se enamora de la historieta. Estimulado como nunca antes por los guiones de Trillo, desarrolla ese estilo tan característico, con esos rasgos aniñados, esa dinámica zarpada, esa línea prolija y caótica a la vez y –lo más importante- ese sistema derivado de sus años en el campo de la animación para crear unos fondos devastadores, que se repiten una y mil veces mientras los personajes se desplazan sobre ellos, como en una película o una obra de teatro. El color –agregado para esta edición- es excelente y potencia muchísimo la magia visual que proponía Meglia en la versión original de estas historietas.
Trillo plantea a Irish Coffee como un detective con poderes paranormales, que resuelve casos que involucran a espíritus, fantasmas e incluso a productos de su propio subconsciente. Hay una especie de contradicción muy rica para la serie: por un lado, Irish es un auténtico Guacho Winner, se levanta a las mejores minas y es constantemente requerido por el Inspector Martini para resolver los casos más complejos. Por el otro, muchas de las amenazas que debe combatir... las genera él mismo! Sus recuerdos de la infancia, su torpeza a la hora de mentir, su miedos... todo se le vuelve en contra en algún momento de estos episodios. O sea que nunca lo vemos como al tipo recontra-canchero que se lleva al mundo por delante y soluciona todo de taquito, aunque tiene poderes y carisma como para hacerlo. Irish se comporta más bien como un tipo melancólico, taciturno, al que los poderes le pesan más de lo que lo reconfortan... excepto cuando le toca revolcarse con Sahara Lone en unas escenas de alto voltaje erótico, magníficamente dibujadas por Meglia.
El último arco, el de mediados de los ´90, está dibujado por una legión de asistentes y aún así se la re-banca. Los trucos para repetir los dibujos son medio alevosos, pero como estos siguen fielmente la línea de Meglia, siempre quedan bien. La resolución al misterio es impredecible y emotiva y –por si faltara algo- en estos episodios Trillo suma un nuevo personaje interesante (Mary Bloody) y sitúa la acción en la ciudad de Meridiana, como para abrir el camino hacia un team-up con Cybersix, que no sé si se llegó a concretar.
A diferencia de El Libro de Gabriel, Irish Coffee tuvo tiempo y espacio para evolucionar hasta convertirse en una muy buena serie. Y a diferencia de Cybersix, no se estiró hasta el infinito, sino que estos 16 episodios conforman cinco saguitas (más dos unitarios, los dos primeros) cerradas, sólidas, con espacio para la caracterización, los climas y las vueltas de tuerca poco predecibles al tema del investigador de casos paranormales, tan gastado de Dylan Dog para acá. De última, si los guiones no te hacen decir “Wow! No puedo creer tanta genialidad junta!”, hay varios episodios en los que te lo va a hacer decir el dibujo, sin dudas. Por culpa de Meglia (y del equipo que coloreó estas páginas) esto hay que leerlo con ropa interior de repuesto, de verdad. Mozo, un coffee!
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lunes, 26 de septiembre de 2011
26/ 09: EL LIBRO DE GABRIEL

Hace como 20 años, dos amigos, dos grandes, dos ídolos que hoy ya no están, se juntaron para contar esta historia. Carlos Trillo y Carlos Meglia ya llevaban algunos años trabajando juntos, pero todavía no habían creado a Cybersix, la más famosa de sus colaboraciones. Entonces, con cada nueva idea que se les ocurría (y eran muchas) iban con pies de plomo, mansitos, de a pasos chiquitos. Esa fórmula, que les dio resultado con Irish Coffee (por ejemplo), con El Libro de Gabriel les salió mal. Tirar la cantidad de ideas que tira Trillo en sólo 44 páginas es poco menos que un disparate. Ahí hay conceptos y premisas para una serie larguísima, hasta para un comic mensual de Vertigo, de esos que duran sesentaipico de episodios. Y estas 44 páginas parecen eso: los dos primeros episodios de una serie larga, que nunca podremos leer.
El planteo es ganchero y atractivo, aunque no demasiado original, ya que historietas con ángeles y demonios en la Tierra ya leímos chotocientas cincuenta mil. Pero Trillo construye tres personajes muy sólidos y los envuelve en relaciones muy creíbles, demasiado humanas a pesar de sus orígenes celestiales. Ninguno pela grandes poderes, ni alas, ni espadas flamígeras. Esto es misterio sobrenatural muy, muy low-fi, muy por debajo del radar, a años luz de la grandilocuencia y la sensación épica que suelen tener ese tipo de historias. Hay un clima más bien intimista, con romance, pases de factura y alguna escena medio hot, todo muy tranqui, muy “puertas adentro”. Y una especie de misión a cumplir por parte de Gabriel, que no llega a cumplirse nunca. Y no mucho más. Cuando el argumento sortea sus primeros escollos, cuando los personajes terminan de conocerse y blanquear mínimamente cuáles van a ser los términos de su relación, se termina la historia. No de golpe, pero sí cuando quedaban miles de cosas por explorar, gracias a la enorme riqueza del planteo inicial y el muy buen desarrollo de Gabriel, Michelle y –en menor medida- Lázaro a lo largo de estas 44 páginas.
Si los logros de Trillo en materia de argumento y personajes te deja pidiendo más, lo que hace Meglia con el dibujo directamente te deja pelotudo. Lástima que el libro sea caro, si no habría que comprar dos ejemplares: uno para babear (y tirar) y el otro para guardar. Este es el Meglia pre-Cybersix, o sea, el que todavía no delegaba buena parte del trabajo en un equipo de asistentes, sino que se arremangaba y dibujaba casi todo él. Y además ya tenía bien definido su estilo: los fondos recontra-elaborados y recontra-repetidos (en puestas que asemejaban al comic a una obra de teatro), la exageración en los pelitos de los brazos, las onomatopeyas fuera de control, y sobre todo esa estética limpita y cercana al cartoon, que el genio usaba para contar historias sórdidas y perturbadoras. Dinámico, expresivo y sensual como pocos, el dibujo de Meglia brilla acá en todo su esplendor y es motivo de sobra para comprarse El Libro de Gabriel.
Pero hay más. Cuenta la leyenda que, poco antes de su muerte (sucedida en Agosto de 2008), Meglia se decidió a desempolvar esta historieta y colorearla con las tecnologías modernas. Se sospecha que llegó a colorear (junto a un equipo especializado) unas 10 ó 12 páginas. Para esta edición, Napoleones Sin Batallas (un sello que publicaba historieta por primera vez) apostó a la versión coloreada y le encargó a Carolina Azadte que completara el coloreado de las páginas restantes. El resultado es muy correcto. Los magníficos claroscuros de Meglia siguen ahí, perfectamente respetados, y a la vez la paleta cromática empleada le suma fuerza al dibujo y peso a los climas. Lo más difícil de resolver, que eran los flashbacks de las páginas 18 y 19, quedó alucinante. No sé si hacía falta el color para disfrutar de El Libro de Gabriel, pero puesto así, es un bonus muy bienvenido.
Con buenos diálogos, una dosis justa de acción, un toque de erotismo y una trama muy atractiva, Trillo y Meglia nos presentaron un concepto que daba para muchísimo más. Ojalá lo hubieran seguido a lo largo de varios álbumes más. Y ojalá salga pronto el recopilatorio de Irish Coffee, que debe ser inferrrrrnal!
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