el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 26 de abril de 2015

26/ 04: BANG!

Después de lo mucho que me gustó Johnny Jungle, era obvio que iba a tratar de conseguir otras obras de su guionista, Jean-Christophe Deveney. La primera que encontré fue esta, Bang!, con dibujos de Loic Godart, a la que me apresuro a definir como un festival de la sangre, la muerte, los diálogos irónicos, repletos de chistes y guarangadas, y la violencia extrema, en la que reinan los tiros, los cuchillazos, las explosiones y la gente atropellada por autos y camiones.
En el típico Super Clásico entre el argumento y el guión, acá gana claramente el segundo. El argumento no llega a ser pobre, pero se zarpa de básico: un coronel de la ex-Unión Soviética muere y su última orden es que los hombres y mujeres que integraban su brigada de elite se maten entre ellos, hasta que no quede ninguno. Claro, pasaron 25 años de la última vez que estos tipos y minas pelearon codo a codo y ya están retirados, viejos, gordos, corrompidos, vendidos a la CIA o simplemente cansados de esa vida. Sin embargo, todos acatan la orden final del Coronel Ivanov y se buscan por distintos lugares del mundo para eliminarse unos a otros en duelos truculentos, sin piedad.
Por suerte, a la hora de escribir los diálogos y desarrollar este argumento secuencia a secuencia, Deveney encuentra un elemento del que aferrarse para que esto sea algo más que una excusa para salpicar sangre: los vínculos. Entre estos muchachos ya baqueteados hay historia. Hay camaradería, rivalidades, rencores, secretos, romances… y eso aparece a la hora del guión, para darle un poco más de profundidad a los personajes (especialmente a Katrinka, Varfolomei y Yepreskaya) y para subrayar la dudosa honorabilidad que está en juego en este fatídico “concurso” orquestado desde el más allá por el Coronel.
El resto va por los carriles obvios: cinismo, mala leche, violencia extrema y alguna ironía un poquito más fina acerca de cómo estos soldados al servicio de la URSS se reinsertaron en un mundo en el que “el bloque comunista” se fue al descenso. Se podría haber enfatizado eso por encima de los corchazos y las explosiones, pero no fue así.
Prefiero concentrarme en el dibujo de Loic Godart, que me pareció fabuloso. Me hizo acordar a esos dibujantes que saben imprimirle un sello muy propio al dibujo realista, que lo saben deformar para hacerl más expresivo, más potente. Me vinieron a la mente trabajos de Pietro, de Nicolás Brondo, incluso cositas de Christophe Chabouté, de Marc-Antoine Mathieu, de Tomaz Lavric… Me encontré con un excelente dibujante, de gran plasticidad, hábil para las escenas de acción, para las escenas de cabecitas que hablan, para integrar la referencia fotográfica a su grafismo, con una puesta en página clásica y efectiva y –lo más impactante- con un manejo originalísimo del color. Godart no sólo colaboró con Deveney en el guión: también se hizo cargo de colorear él mismo sus dibujos, algo que no es muy frecuente en el mercado francés. Para esto, imaginó una paleta de colores opacos, apagados, sin la menor estridencia, sin colores primarios, sino más bien todo virado a los verdes militares y los ocres. Y la verdad es que funciona perfecto, le sirve muchísimo a Godart para remarcar esa sensación de aventura crepuscular que tiene el guión. Visualmente, todo en este libro me pareció brillante.
Tengo entendido que hay un segundo tomo de esta serie, una secuela en la que los autores retoman a un personaje cuya muerte no se muestra con total claridad y que –con mínimo chamuyo- se puede explicar que en realidad no murió un carajo. No es de los personajes que mejor me cayó, así que dudo que alguna vez me lo compre. Entré a Bang! cebado porque era un guión de J.C. Deveney y me voy recontra-cebado por los dibujos de Loic Godart, de quien quiero conseguir YA todas sus obras. ¿Qué le va´cer? Es dura la vida del cebado…

jueves, 5 de febrero de 2015

05/ 02: JOHNNY JUNGLE Vol.1

Ay, ay, ay… Este libro clavó a milímetros de la categoría Historieta Perfecta. ¿Qué le faltó? Nada, le sobró el “Vol.1”. Si la historia terminara acá en lugar de continuar, estaríamos hablando de una obra maestra, de una joya definitiva. Quizás más adelante, cuando consiga el Vol.2 y lo lea, la suba a esa categoría. Por ahora quedó ahí, en el zaguán. Lo cual es un mérito inmenso, porque la verdad es que son 72 páginas de historieta de una calidad impresionante, y que encima al no terminar, dejan abiertas las puertas a otras 72 páginas de la misma calidad, que avancen hacia un final más definitivo, que es lo único que este tomo no tiene. Pero bueno, me queda claro que el guionista Jean-Christophe Deveney tiene varios ases en la manga para jugar en la segunda mitad y no puedo menos que apostarle toneladas de fichas.
Johnny Jungle se propone jugar con el mito de Tarzan, con una pirueta brillante, bien pensada y bien ejecutada: en un momento, la historia del clásico hombre mono creado por Edgar Rice Burroughs se empieza a entrelazar con la de los actores que interpretaron a Tarzan en las películas de los años ´30, especialmente Johnny Weissmüller, Buster Crabbe y Bruce Bennett. De las biografías de estos tarzanes de carne y hueso provienen elementos cruciales en la vida de Johnny Jungle, como el nacimiento en Alemania (Bennett), las medallas olímpicas en natación (Weissmüller y Crabbe) y las dificultades para adaptarse al extraño mundo de Hollywood. El choque de culturas, tan importante en el mito de Tarzan, acá no se produce cuando Lord Greystoke trata de integrarse a la aristocracia inglesa, sino cuando Johnny se ve inmerso en la subcultura superficial y frívola de la era dorada de Hollywood.
Hasta ese momento, la historia se asemeja bastante a la de Tarzan, incluso con la presencia de una Jane convertida en un personaje de enorme complejidad, mucho más atractivo que en la mayoría de las versiones del héroe selvático. O sea que hay un primer tramo más aventurero, con Johnny en la jungla y peleas con animales salvajes; un segundo tramo de transición, en el que Johnny y Jane se conocen y empiezan a ver qué puede ceder cada uno para cimentar una relación que arranca calentita desde el primer día; y un tercer tramo ya más extenso, que nos cuenta las andanzas de Johnny entre los animales bípedos, en un tono que coquetea hábilmente con la comedia y el drama, el romance y la denuncia, y además habilita toneladas de data acerca de cómo se filmaban las películas de Tarzan, de dónde sacaban a los actores, etc.
J.C. Deveney no se propone respetar a muerte el verosímil, pero hay una escenita en la que este se va muy al carajo, que es cuando Johnny se reencuentra con Kinka durante su fiesta de casamiento. Esa escena dispara otras espectaculares, muy tiernas y muy cómicas, pero me hizo un poco de ruido porque –si bien se desliza bastante antes la posibilidad de que Kinka haya viajado a EEUU- todo es demasiada coincidencia.
El dibujo, a cargo de Jerome Jouvray, es sencillamente glorioso. Tiene un estilo en algún punto emparentado al de Joann Sfar y Blutch, pero mucho más prolijo, más redondito, más amistoso, como si cada tanto se colara Morris, o algún otro dibujante más clásico. Para que lo ubiques más rápido, se parece bastante a lo que hacía Pablo Túnica en sus trabajos para la revista Genios. Las páginas están todas armadas en cuatro tiras y rara vez tienen menos de 9 ó 10 viñetas. También hay algunas secuencias “testimoniales”, armadas con la grilla de Watchmen, y a modo de separadores entre capítulo y capítulo, unas ilustraciones majestuosas en las que Jouvray imita el diseño y la estética de los afiches de las películas de Tarzan de los años ´30. De punta a punta del tomo, al dibujo de Jouvray le sobra onda, plasticidad, dinamismo, elegancia, expresividad, ternura… Está todo tan cuidado, que sería genial incluso en blanco y negro. El color lo incorpora Anne-Claire Jouvray, la esposa del dibujante, y tiene escenas en las que aporta un montón y otras en las que se vuelve totalmente prescindible, aunque nunca eclipsa la colosal labor de Jerome.
Este libro se publicó en Argentina casi por accidente, para acompañar la visita a Crack Bang Boom de un autor que finalmente no vino (creo que Deveney). Johnny Jungle llegó a las bateas medio rengo, sin ese impulso que significa tener a uno de los autores promocionándolo en un evento gigante, pero por suerte la venta fue muy buena y además se alzó con el premio a la Mejor Edición Argentina de Historieta Extranjera en la última edición de Comicópolis. Es tan infrecuente que en nuestro país se edite historieta europea (y menos de esta calidad) que hay que ovacionar de pie a la gente de la Editorial Municipal de Rosario y rogarles de rodillas que editen pronto el Vol.2, así zafo de tener que comprarlo en francés… Tengo otro trabajo de J.C. Deveney para reseñar más adelante, acá en el blog.