el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Pasqual Ferry. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pasqual Ferry. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de noviembre de 2015

03/11: MR.BULB

Este libro es raro, no es exactamente de historieta, pero es glorioso. Allá por 2010-2011, el maestro Pasqual Ferry estaba atravesando una depresión (sospecho que por la pérdida de un ser querido) y empezó a garabatear en una libreta, para boludear, para sacarse un poco la amargura. De ahí salió Mr. Bulb, este hombre-bombita de luz, que empezó a protagonizar dibujos cada vez más zarpados, pero totalmente espontáneos, sin boceto, dibujados directamente en birome. Ferry encontró en este monigote un vehículo para dialogar consigo mismo, siguió llenando libretas con nuevos dibujos y un día hasta se puso a colorearlos. Cuando tuvo un montón, dijo “uia, acá hay un libro”, lo llevó a Planeta y se lo publicaron.
Los dibujos de Mr. Bulb ocupan una o dos páginas, casi no tienen texto, y son como pedacitos de historias, o remates de chistes, aunque no son necesariamente humorísticos. No hay secuencias, no hay globos de diálogo, no hay una continuidad entre un dibujo y otro. Pero de a poco, Ferry construye un universo para este y otros personajes que lo van a acompañar (los monstruos, los seres de ectoplasma, Mr. Egg, etc.). Lo más interesante que tienen estas imágenes es que se prestan a múltiples interpretaciones. Vos creés que Ferry está tratando de tirarte un mensaje X, pero capaz yo creo que lo que está diciendo es Y. La relación entre las imágenes y los textos abre el juego a una ambigüedad muy interesante, donde Ferry juega muy finito en el límite entre la moraleja y la ironía, entre la melancolía y el desenfreno.
A nivel visual, Ferry se va al carajo y más allá. Esto no se parece ni a lo que hacía para las revistas españolas cuando era autor integral, ni a lo que hizo después para los muchos comics de Marvel y DC en los que le tocó meter mano en calidad de dibujante. Esto es Ferry desencadenado, pasado de rosca. El arte de este libro es maravilla pura, con un trazo libre, suelto y a la vez muy preciso, potenciado por un sinfín de efectos digitales logrados con la computadora. Hay dibujos más simples, otros más elaborados, otros directamente demenciales. Todos desbordan de imaginación y talento y algunos directamente te dejan babeando como un idiota. Algunos narran casi sin querer, porque Ferry es un narrador y no lo puede evitar. Y otros no tienen pies ni cabeza, son delirios gráficos del autor, que por ahí le sirven para practicar con alguna técnica de coloreado digital o con alguna textura o efecto que le interesa probar. La verdad es que acá hay tantas genialidades, que si Ferry llega a dibujar una historieta extensa en este estilo, pone en juego la contextura de la realidad misma.
Extraña mezcla entre disparate, reflexión, exorcismo y auto-conocimiento, a Mr. Bulb le sobran méritos para compensar el hecho de que acá, en vez de contarnos una historia, Pasqual Ferry se lanza a explorar un mundo nuevo. Si sos fan de este monstruo oriundo de Barcelona, internate en su obra más personal y vibrá al ritmo de un festival de climas, ideas y técnicas gráficas absolutamente inolvidable.

domingo, 6 de febrero de 2011

06/ 02: ULTIMATE IRON MAN


El primer Iron Man que me enganchó, que me resultó mínimamente copado, fue el de la peli de 2008. Del Iron Man de los comics, podría rescatar -con buena leche- tres o cuatro sagas desde su primera aparición hasta hoy. Odio al Iron Man de los comics. Me parece un personaje chotísimo, sin onda, sin ningún atractivo. No entiendo cómo hizo para perdurar tantos años, hasta que las pelis con Robert Downey Jr. lo hicieron popular y masivo, como para seguir vendiendo muy bien aún con más títulos de los que banca el personaje, y aún sin buenas historias para contar.
La mejor historia que leí es una gema oculta. Rara, porque –como la peli- plantea una nueva versión de Iron Man que, acertada y felizmente, traiciona a casi todos los conceptos creados por Stan Lee en los ´60, que para mi gusto no funcionan. En Ultimate Iron Man, el escritor de ciencia-ficción Orson Scott Card recibe luz verde para cagarse en todo y el resultado es muy, pero muy satisfactorio. Tony Stark no es Anthony sino Antonio (wow, qué jugado!) y además es una especie de freak de la ciencia, que arrastra desde su nacimiento una genética única y alucinante, o para decirlo en términos más geeks: es un metahumano, con las funciones cerebrales repartidas por todo el cuerpo, la incapacidad de sentir dolor y el poder de regenerarse en caso de sufrir heridas y hasta amputaciones de sus miembros.
Como en Ultimate Fantastic Four, Card hace una de más: para que este sea un comic fresco, cool, reader-friendly, atractivo para el borregaje, Iron Man es Iron Boy. En los 10 episodios que llega a escribir Card, Tony no llega a cumplir ni 18 años. Pero, por extraño que parezca, esto no jode para nada. No sólo porque Card escribe adolescentes creíbles y gancheros, sino porque buena parte de estos 10 episodios están centrados en la infancia de Tony, en la que pasan miles de cosas fundamentales para la saga. De hecho, la primera vez que aparece la armadura es en la segunda mitad del quinto episodio, donde termina en primer arco. Hasta ese momento, no sólo no hay héroes que vuelan y lanzan rayos: prácticamente no hay machaca. La historia avanza con muy buen ritmo, pero movida por tramas que van por el lado del espionaje, la ciencia-ficción y el thriller financiero, con poco margen para los combates violentos y la estridencia pochoclera tan típica del género superheroico.
El segundo arco (con Tony y Rhodey ya vestidos cada uno en su armadura) tiene un poco más de acción, pero de nuevo, la trama avanza por otros carriles más sutiles, donde el diálogo, los aprietes, las runflas y la investigación tienen más peso que las peleas y las explosiones. Card maneja muy bien el suspenso, la sensación de peligro, y la rompe cada vez que en esas situaciones tensas mete chistes, abruptas bajadas a la realidad de algún personaje con el cinismo (o la mente fría) suficiente para señalar lo bizarro o lo cuasi-inverosímil de la situación. Muy grosso.
La primera saga está casi toda dibujada por un Andy Kubert muy comprometido, con muchas pilas. Se debe haber querido matar cuando leyó el guión, porque su estilo brilla más cuando hay tole-tole que cuando todo se centra en cabecitas que hablan, pero igual no mezquinó nada. Bueno, sí… las últimas 13 páginas, que las termina Mark Bagley tratando de copiar el estilo de Andy. El segundo arco cuenta con los dibujos de un inspiradísimo Pasqual Ferry, complementado con una gran labor de Dean White y otros coloristas. Ferry se banca con elegancia muchas páginas con muchos cuadros y muchos diálogos entre muchos personajes normales, sin nada estridente ni impactante para dibujar. Y tampoco se arremanga hasta el final: las últimas 14 páginas (en las que hay bastante acción) las termina Leo Manco, sin intentar en lo más mínimo clonar el estilo del maestro español.
Ultimate Iron Man es infinitamente más interesante, emocionante y creíble que cualquier comic del Iron Man “posta” que hayas leído. Y además tiene a tres dibujantes de enorme nivel (Kubert, Ferry y Manco) y a un guionista que venía de otro palo pero que mostró una gran solvencia y un gigantesco ingenio para captar y sorprender al lector. Ojalá se vengan más comics (de Iron Man o de lo que sea) escritos por Orson Scott Card.

miércoles, 14 de abril de 2010

14/ 04: ADAM STRANGE: PLANET HEIST


Esta saga de 2005 apunta a varias cosas. Por un lado, a rescatar del olvido a Adam Strange, personaje poco explotado por DC de 1965 para acá. Por otro lado, a re-armar el panteón heroico de DC que tiene al espacio por ámbito natural. Algo de eso habíamos visto cinco o seis años antes en Starman, pero acá la cosa va mucho más a fondo. Así reaparecen los Omega Men (que juntaban polvo en un rincón hacía añares), los Darkstars, y hasta Vril Dox y su L.E.G.I.O.N. que también llevaban varios años sin dejarse ver por ningún lado. Un tercer objetivo de esta saga es funcionar como precuela a The Rann-Thanagar War, que a su vez es una de las sagas que desembocan en la impresentable Infinite Crisis. Y un cuarto puede ser probar a Andy Diggle (guionista inglés con algunos títulos no muy exitosos en Vertigo) como posible guionista para reforzar el mainstream. Ah, y además contar una buena historia, bien escrita y bien dibujada.
Increíblemente, todos los objetivos se cumplieron. Diggle se sentó a hacer los deberes y logró armar una historia trepidante, con muchísimo ritmo, con muchísimas escenas de alto impacto, pero además con ingenio, humor y personajes muy bien logrados. El falso Flash Gordon es un personaje que no necesita mucha más profundidad, porque funciona así, casi como ícono. Pero Diggle igual se mete a fondo con él y lo dota de una carnadura más humana y más copada. Su manejo de Tigorr (de los Omega Men) y de los villanos también es grosso, sus aportes a Vril Dox no creo que sean muy tenidos en cuenta por los guionistas posteriores pero no están mal, y el final que les da a los Darkstars es mucho más honroso que todas las historietas que los tuvieron por protagonistas que –para qué negarlo- son un bofe irredimible.
Lo mejor que tiene el guión es que Adam Strange entra a la historia muy tarde, cuando casi todo lo importante ya pasó. La situación desesperada que vive Rann hace que Sardath actúe por la suya, sin informarle nada a su yerno, y este queda de garpe y termina sacándole más data a los malos que a su propia familia. Después vendrán el reencuentro y el combate final contra el hiper-villano de turno (no voy a decir quién es, porque Diggle lo mantiene en secreto a lo largo de casi toda la obra) y ahí sí, tanto Adam como los aliados que supo cosechar serán fundamentales para que Rann tenga una chance de zafar sin condenar al resto del Universo.
El dibujo del español Pasqual Ferry es magnífico, de punta a punta. Por supuesto, a los que somos fans de Ferry desde los ´80 nos gusta más su estilo de aquel entonces, más personal, más fuerte, con esos claroscuros impresionantes, esos climas melancólicos y bizarros, todo eso que hacía de Ferry un AUTOR con todas las letras, no un simple “penciller”. Pero bueno, acá tuvo la oportunidad de consagrarse definitivamente en el mercado yanki y no la desaprovechó. Con una narrativa arriesgada, excelentes expresiones faciales y un despliegue visual alucinante, cumplió con creces las expectativas más exigentes. Mucho ayuda el trabajo del colorista, Dave McCraig, aunque a veces todos esos efectos y esos colores medio esfumados (encima aplicados a un comic de ciencia-ficción, naves y rayos locos) hacen que Pasqual se vea como una especie de Juan Giménez del Nacional B, cosa que no es ni creo que quiera ser, por más que nos cebe a todos el estilo del prócer mendocino (no, ¿qué Cobos? Giménez).
Planet Heist demuestra a las claras que DC no necesita apelar al mínimo denominador común para pegar un hit, porque también con personajes y autores menos conocidos, si hacen las cosas bien, los fans van y compran. Pero cuando ya estás taaaan acostumbrado a bajarte los lienzos, se complica…