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martes, 22 de abril de 2025
THE BEST AMERICAN COMICS 2015
Aquell@s que siguen este blog hace mucho tiempo recordarán que hubo una época en la que una vez por año yo me compraba el The Best American Comics del año anterior y lo reseñaba en este espacio. El último reseñado en orden de salida fue el de 2013, allá por el 08/07/14, un par de años más tarde conseguí el de 2007 y lo reseñé el 28/04/16. El año pasado, encontré MUY barato el de 2015 y dije "bueno, dale, reincidamos". Craso error.
La verdad que la selección que presentan Jonathan Lethem y Bill Kartalopoulos por momentos es tan decepcionante, que hasta puede ser motivo de orgullo para los que quedaron afuera NO formar parte de la misma. Todo el tiempo flota la duda... "Si estos son los mejores, no me quiero imaginar lo que serán los peores". La selección de 2015 va más a fondo con dos de las características más polémicas de las ediciones anteriores: primero, centrarse en la producción marginal, mucho más cerca del underground que de las historietas que aparecen en los diarios y en las grandes editoriales de comic books. Y segundo, incluir un montón de extractos de novelas gráficas, fragmentos elegidos de manera dudosa de obras que uno ya tiene, o ya sabe que quiere tener... completas, no en una muestra "gratis" de 12 ó 14 páginas. A mí esto último esta vez me jugó a favor: gracias a los extractos que aparecen en este libro, decidí que NO me voy a comprar dos novelas gráficas que tenía en la mira, una de Jules Feiffer y una de Peter Bagge.
Como nunca antes en los libros de esta serie, me encontré con un montón de páginas ocupadas por material francamente horrible, trabajos de chicos y chicas que dibujan muy mal y narran peor. Y lo más loco: estos son trabajos de 2014, y en los 10 años posteriores nunca vi otros trabajos posteriores de estos mismos autores, ni mejores ni peores. Lo que me hace suponer que Lethem y Kartalopoulos metieron en el BAC a una camada de autores cuyo paso por la historieta fue efímero e intrascendente. Pero, como siempre que caigo en garras de una antología que me decepciona, encontré varias cosas para rescatar. Veamos.
Ben Duncan, dibujante de la San Puta, con ideas muy limadas.
Julia Gfrörer, con una muy buena historieta histórica protagonizada por Simón el Bautista. Gran manejo del tempo narrativo y un trazo en la línea del Eddie Campbell de From Hell.
Megan Kelso, que siempre dibuja bien, aunque acá no me interesó lo que tenía para contar.
Eleanor Davis, dibujante extraordinaria, con un manejo impactante del color y muchos logros en la puesta en página.
Henriette Valium, una autora con un dibujo DEMENCIAL, completamente incompatible con la función narrativa que debe tener el dibujo en la historieta, pero muy, muy atractivo.
Ron Regé Jr., otro que siempre cumple. Una pena que le hayan seleccionado solo tres paginitas.
Mat Brinkman, una bestia con un manejo alucinante del blanco y negro, con cosas de Hideshi Hino, Thomas Ott y Richard Corben. No entiendo cómo en los últimos 10 años no escuchamos hablar de él, al menos día por medio.
El recordado Ed Piskor, gran dibujante y gran narrador.
Peter Bagge, con un fragmento de una novela gráfica que no me generó mayor interés (Woman Rebel: The Margaret Sanger Story), pero que obviamente está muy bien dibujada.
Jim Woodring, cada día más zarpado. Un dibujante inexplicable, de una imaginación y un talento indescriptibles.
Jesse Jacobs, un autor interesantísimo, precursor de varias cosas que vimos más tarde en obras de Femimutancia y Sole Otero, por poner ejemplos que todos conocemos.
Y finalmente, las seis páginas de Crime Chime Noir, del ignoto (o ignota) A. Deger, una especie de vuelta de tuerca lisérgica al estilo de Massimo Mattioli, muy bien lograda.
Fuera de eso, muy poco para rescatar. Un extracto de la maravillosa The Wrenchies (de Farel Dalrymple), que vimos acá el 26/05/16... y el resto no está ni cerca de ese nivel. Huyendo del mainstream, Lethem y Kartalopoulos cayeron en las garras de un montón de autobiografías pedorras de chicos y chicas con menos calle que una pantufla, o dibujantes que quieren ser Simon Hanselmann y no les da la nafta.
Una pena cómo chocaron la Ferrari. Los BAC eran (hace muchos años) una cita no te digo impostergable, pero sí muy atractiva, donde solíamos encontrarnos con material muy variado y -casi siempre- muy bueno. Nunca vi ni de cerca el BAC 2014, pero no descarto comprarlo el día que lo encuentre a buen precio. Y posteriores a este de 2015, me parece que no, que no me compro ninguno más, por las dudas de comerme otro garrón como el de hoy.
Tengo por la mitad otro librito, así que calculo que en un par de días se me habrá juntado material como para volver a postear acá en el blog. Gracias y hasta pronto.
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martes, 8 de julio de 2014
08/ 07: THE BEST AMERICAN COMICS 2013
Una vez más me toca adentrarme en esta voluminosa antología, con una novedad interesante: el coordinador invitado para esta edición es el maestro Jeff Smith. La mano de Smith se nota mucho en la selección, principalmente en la ausencia de los “números puestos” del palo Indie. No están los Hermanos Hernández, ni Charles Burns, ni Jim Woodring, ni Daniel Clowes, ni Chris Ware, ni ninguno de los que parecieran tener alquilado un espacio en esta antología anual. Veamos qué eligió el creador de Bone para este tomo, en el que llama la atención el amplio porcentaje ocupado por autoras de sexo femenino.
Dos de ellas, Alison Bechdel y Faith Erin Hicks, participan con fragmentos de novelas gráficas ya reseñadas en el blog, así que no vamos a ahondar en eso. Sophie Goldstein me sorprendió con una historia corta muy rara, dibujada en un estilo muy interesante, de algún modo similar al de los trabajos de los ´90 de James Kochalka. Coleen Doran, ya veterana, aporta un segmento de su novela gráfica Gone to Amerikay, escrita por Derek McCullouch, que me dejó con ganas de leer más, sobre todo por el dibujo, que es majestuoso. Otra grossa con mucha trayectoria encima, Jill Thompson, aporta una historia corta de los Beasts of Burden, la serie que (de vez en cuando) dibuja para Dark Horse, con guiones del gran Evan Dorkin. La historia no es genial, pero el dibujo la recontra-rompe. Leela Corman también ofrece un fragmento de una obra más extensa, pero la verdad que no me pude enganchar con el relato por lo flojo que me pareció el dibujo.
Una gratísima sorpresa fue Eleanor Davis, que aporta una excelente historia corta, muy original y muy bien dibujada. Lo mismo se aplica a otra joven revelación, Laura Park, esta con un estilo más cercano al de Seth, con unas aguadas muy lindas y un perfecto manejo de la narrativa. Kate Beaton, a esta altura una habitué de esta antología, dibuja muy, muy bien, pero lo que tiene para contar peca de simplón y de intrascendente. Jennifer Hayden juega, en apenas dos paginitas, a contar una breve anécdota autobiográfica, y a dibujar en un estilo casi clonado el de Joann Sfar. Nada del otro mundo, realmente. Gabrielle Bell, otra que juega de local en este seleccionado, sigue en busca de su estilo y esta vez, si bien opta por un dibujo más crudo, más “desangelado”, se luce con un guión cautivante y un gran manejo del tiempo narrativo. Y cierro la “rama femenina” con Vanessa Davis, exquisita dibujante de una línea afín a la de Richard Sala, cuya historieta queda sepultada por la grosera cantidad de texto que mete en cada viñeta, encima con una caligrafía para nada atractiva. Una pena.
¿Y los varones, qué onda? El cada vez más grosso Brandon Graham se luce con una historia corta que entra al podio de lo mejor del libro. Otra que me pareció maravillosa es la historia corta de Jesse Jacobs, a quien no conocía. Flashero y genial, quiero más obras suyas. Sam Alden, gran dibujante, gran colorista, gran planificador de secuencias mudas, fue otro descubrimiento sumamente placentero. Michael DeForge… mmmmno, seguí participando. No lo rotulo como choto, pero no me gustó. Un autor al que es obvio que Smith venera es Craig Thompson. Por eso acá hay un extracto de Habibi, la voluminosa novela gráfica del creador de Blankets. El dibujo es perfecto, la narrativa es brillante y el guión tiene más onda de la que yo imaginaba. Así que del “me interesa hasta por ahí nomás”, Habibi pasó a la lista de los comics que quiero ya. ¿Tiras autobiográficas de James Kochalka? Nah, no me jodan. Ya me fumé varias en tomos anteriores. Me causa gracia una de cada seis.
Jorge Aguirre y Rafael Rosado aportan un fragmento de una obra larga, también muy afín al palo de Bone. Muy lindo. Sammy Harkman narra muy bien, pero la historia no es gran cosa y el dibujo… zafa. Grant Snider aporta cuatro chistes de una página, muy ingeniosos. Le veo futuro. Muy notable también lo de Tony Puryear, que muestra el primer episodio de una obra larga, Concrete Park, que me interesa leer completa. Lo de Malachi Ward es casi un chiste largo, pero acierta en la narrativa, en el tono y en el dibujo. Me gustó. Derf Backderf es un dibujante extraño, con una impronta under muy fuerte. Pero narra bien y la historia (también un cachito de algo mayor) me resultó muy interesante. Terry Moore, recordado creador de Strangers in Paradise, también aporta un fragmento de una serie, centrada en un misterio sobrenatural, con muy buenos dibujos. El maestro Evan Dorkin la rompe con sus tiras cómicas y te deja pidiendo más. Michael Kupperman opta por una de terror bizarro, bastante en joda, que no me convenció demasiado. Jeremy Sorese (a quien no conocía) dibuja como los dioses una excelente historia autobiográfica centrada en el matrimonio igualitario. La de Joseph Lambert tiene un tema original y muchos hallazgos en la narrativa, pero me la bajó bastante el dibujo. Y cerramos con el genial Paul Pope, en vibrante blanco y negro, y usando documentación histórica por primera vez en su carrera (creo) para contar una historia real, ambientada en la luna en 1969.
En síntesis, una selección rara, para “romper los boletos”, con varias revelaciones impactantes y con fragmentos de muchas novelas gráficas atractivas, como para que quede claro que por ahí es donde pasa hoy la movida del buen comic de autor.
Dos de ellas, Alison Bechdel y Faith Erin Hicks, participan con fragmentos de novelas gráficas ya reseñadas en el blog, así que no vamos a ahondar en eso. Sophie Goldstein me sorprendió con una historia corta muy rara, dibujada en un estilo muy interesante, de algún modo similar al de los trabajos de los ´90 de James Kochalka. Coleen Doran, ya veterana, aporta un segmento de su novela gráfica Gone to Amerikay, escrita por Derek McCullouch, que me dejó con ganas de leer más, sobre todo por el dibujo, que es majestuoso. Otra grossa con mucha trayectoria encima, Jill Thompson, aporta una historia corta de los Beasts of Burden, la serie que (de vez en cuando) dibuja para Dark Horse, con guiones del gran Evan Dorkin. La historia no es genial, pero el dibujo la recontra-rompe. Leela Corman también ofrece un fragmento de una obra más extensa, pero la verdad que no me pude enganchar con el relato por lo flojo que me pareció el dibujo.
Una gratísima sorpresa fue Eleanor Davis, que aporta una excelente historia corta, muy original y muy bien dibujada. Lo mismo se aplica a otra joven revelación, Laura Park, esta con un estilo más cercano al de Seth, con unas aguadas muy lindas y un perfecto manejo de la narrativa. Kate Beaton, a esta altura una habitué de esta antología, dibuja muy, muy bien, pero lo que tiene para contar peca de simplón y de intrascendente. Jennifer Hayden juega, en apenas dos paginitas, a contar una breve anécdota autobiográfica, y a dibujar en un estilo casi clonado el de Joann Sfar. Nada del otro mundo, realmente. Gabrielle Bell, otra que juega de local en este seleccionado, sigue en busca de su estilo y esta vez, si bien opta por un dibujo más crudo, más “desangelado”, se luce con un guión cautivante y un gran manejo del tiempo narrativo. Y cierro la “rama femenina” con Vanessa Davis, exquisita dibujante de una línea afín a la de Richard Sala, cuya historieta queda sepultada por la grosera cantidad de texto que mete en cada viñeta, encima con una caligrafía para nada atractiva. Una pena.
¿Y los varones, qué onda? El cada vez más grosso Brandon Graham se luce con una historia corta que entra al podio de lo mejor del libro. Otra que me pareció maravillosa es la historia corta de Jesse Jacobs, a quien no conocía. Flashero y genial, quiero más obras suyas. Sam Alden, gran dibujante, gran colorista, gran planificador de secuencias mudas, fue otro descubrimiento sumamente placentero. Michael DeForge… mmmmno, seguí participando. No lo rotulo como choto, pero no me gustó. Un autor al que es obvio que Smith venera es Craig Thompson. Por eso acá hay un extracto de Habibi, la voluminosa novela gráfica del creador de Blankets. El dibujo es perfecto, la narrativa es brillante y el guión tiene más onda de la que yo imaginaba. Así que del “me interesa hasta por ahí nomás”, Habibi pasó a la lista de los comics que quiero ya. ¿Tiras autobiográficas de James Kochalka? Nah, no me jodan. Ya me fumé varias en tomos anteriores. Me causa gracia una de cada seis.
Jorge Aguirre y Rafael Rosado aportan un fragmento de una obra larga, también muy afín al palo de Bone. Muy lindo. Sammy Harkman narra muy bien, pero la historia no es gran cosa y el dibujo… zafa. Grant Snider aporta cuatro chistes de una página, muy ingeniosos. Le veo futuro. Muy notable también lo de Tony Puryear, que muestra el primer episodio de una obra larga, Concrete Park, que me interesa leer completa. Lo de Malachi Ward es casi un chiste largo, pero acierta en la narrativa, en el tono y en el dibujo. Me gustó. Derf Backderf es un dibujante extraño, con una impronta under muy fuerte. Pero narra bien y la historia (también un cachito de algo mayor) me resultó muy interesante. Terry Moore, recordado creador de Strangers in Paradise, también aporta un fragmento de una serie, centrada en un misterio sobrenatural, con muy buenos dibujos. El maestro Evan Dorkin la rompe con sus tiras cómicas y te deja pidiendo más. Michael Kupperman opta por una de terror bizarro, bastante en joda, que no me convenció demasiado. Jeremy Sorese (a quien no conocía) dibuja como los dioses una excelente historia autobiográfica centrada en el matrimonio igualitario. La de Joseph Lambert tiene un tema original y muchos hallazgos en la narrativa, pero me la bajó bastante el dibujo. Y cerramos con el genial Paul Pope, en vibrante blanco y negro, y usando documentación histórica por primera vez en su carrera (creo) para contar una historia real, ambientada en la luna en 1969.
En síntesis, una selección rara, para “romper los boletos”, con varias revelaciones impactantes y con fragmentos de muchas novelas gráficas atractivas, como para que quede claro que por ahí es donde pasa hoy la movida del buen comic de autor.
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martes, 2 de julio de 2013
02/ 07: THE BEST AMERICAN COMICS 2012
Cuarta temporada del blog, cuarto repaso por esta antología anual coordinada por Jessica Abel y Matt Madden, esta vez con Françoise Mouly como coordinadora invitada. Veamos qué le gustó a la esposa de Art Spiegelman y fundadora de la inolvidable revista Raw.
La portada de Gary Panter no puede ser peor y me reafirma la idea de que sólo los amigos de Panter lo consideran buen dibujante. Posta, el dibujo te pide a gritos que no compres el libro. La historieta de Panter que aparece dentro del tomo no es infumable, pero tampoco está buena.
También tenemos un fragmento de X´Ed Out (la genial novela grafica de Charles Burns, ya comentada en el blog hace mil años) y uno de una hermosa historieta de Jaime Hernández que se está serializando en los nuevos tomos de Love & Rockets. Otro consagrado que aporta un cachito de una obra más ambiciosa es Jim Woodring, con una secuencia alucinante de Congress of the Animals, protagonizada por Frank y dibujada a un nivel superlativo. Quiero YA ese libro. Otro ícono del palo indie, Chester Brown, manda un capítulo de Paying for It, su libro sobre el sexo con prostitutas, con un guión tremendamente ganchero y un dibujo muy frío, muy distante, hecho casi sin ganas. Me la bajó un poquito, yo creía que era un libro que merecía ser comprado. Hoy si lo compro, será sólo por el guión. Y me quedan tres próceres: Adrian Tomine, del cual se publica la historieta que hizo para regalarle a los amigos que asistieron a su casamiento; Chris Ware, con una historieta muy cortita que hizo para el new Yorker; y el maestro Sergio Aragonés, con dos breves pantomimas en la sección de historieta infantil.
Porque este año, Mouly propuso un sector de historieta infantil... y se lo aceptaron! Así que al fondo del libro hay 36 páginas (mezcla de unitarios y cachitos de novelas gráficas) apuntadas a los más chicos, en las que brilla Aragonés junto a autores a los que jamás había oído nombrar. Algunos dibujan bien, algunos narran bien, otros tienen un grafismo muy atractivo, pero al lado del creador de Groo, son todos una manga de crotos. Me quedo con Michael J. Buckley, el que me pareció más interesante.
¿Qué más tenemos? Varias páginas humorísticas de Jonathan Bennett (al dibujo le falta bastante, pero es ingenioso); un emotivo y atractivo tratado sobre la ausencia a cargo del siempre inspirado Jordan Crane; un extraño pero sólido Dakota McFadzean; un cacho de una obra de Sammy Harkman que padece un dibujo un poco tosco y demasiadas viñetas por página, pero que deja traslucir la intención de ser una buena historieta; un lindísimo trabajo (raro y perturbador) de Anders Nilsen; una tal Nora Krug, que pela un grafismo similar al de Miguel Calatayud y una historieta que definitivamente requería más páginas para no quedar tan sobrecargada; y un grosso al que no conocía: Scott Chantler, excelente dibujante y narrador del que quiero YA otras historietas.
Y después varios vendehumo, como Jesse Jacobs (un clon correcto de Brian Chippendale, que dibuja bien pero narra para el orto), David Collier (con una historia bien planteada pero mal desarrollada y peor dibujada), David Sandlin (intragable por donde se lo mire), Christoph Niemann (si eso es una historieta, empiezo a escribir un blog sobre decoración artesanal de tortas), Renée French (con lindos dibujos que no cuentan nada), Joyce Farmer (una señora que tiene 80.000 años y dibuja muy mal), Leanne Shapton (otra que no entendió que esto era una antología de historietas), o la insulsa Sarah Glidden (que quiere ser Joe Sacco y no tiene con qué).
Los Best American Comics siguen fieles a su consigna central: mostrarnos material inusual, por afuera de lo que se publica en los principales diarios y en las grandes editoriales de comics. A veces lo inusual coincide con lo bueno y a veces no. Pero poco importa si la que decide quién publica y quién no es Françoise Mouly: la mina tiene tanta chapa, que sin ningún esfuerzo logrará que un montón de boludos salgan a comprar las historietas de un puñado de autores de mediocres para abajo, sólo porque ella los incluyó en esta antología. La edición que sale este año la coordina Jeff Smith, con cuyo criterio –sospecho- coincidiré bastante más. Mientras tanto, a anotar algunos nombres de autores que no conocía y que, definitivamente, valen la pena.
La portada de Gary Panter no puede ser peor y me reafirma la idea de que sólo los amigos de Panter lo consideran buen dibujante. Posta, el dibujo te pide a gritos que no compres el libro. La historieta de Panter que aparece dentro del tomo no es infumable, pero tampoco está buena.
También tenemos un fragmento de X´Ed Out (la genial novela grafica de Charles Burns, ya comentada en el blog hace mil años) y uno de una hermosa historieta de Jaime Hernández que se está serializando en los nuevos tomos de Love & Rockets. Otro consagrado que aporta un cachito de una obra más ambiciosa es Jim Woodring, con una secuencia alucinante de Congress of the Animals, protagonizada por Frank y dibujada a un nivel superlativo. Quiero YA ese libro. Otro ícono del palo indie, Chester Brown, manda un capítulo de Paying for It, su libro sobre el sexo con prostitutas, con un guión tremendamente ganchero y un dibujo muy frío, muy distante, hecho casi sin ganas. Me la bajó un poquito, yo creía que era un libro que merecía ser comprado. Hoy si lo compro, será sólo por el guión. Y me quedan tres próceres: Adrian Tomine, del cual se publica la historieta que hizo para regalarle a los amigos que asistieron a su casamiento; Chris Ware, con una historieta muy cortita que hizo para el new Yorker; y el maestro Sergio Aragonés, con dos breves pantomimas en la sección de historieta infantil.
Porque este año, Mouly propuso un sector de historieta infantil... y se lo aceptaron! Así que al fondo del libro hay 36 páginas (mezcla de unitarios y cachitos de novelas gráficas) apuntadas a los más chicos, en las que brilla Aragonés junto a autores a los que jamás había oído nombrar. Algunos dibujan bien, algunos narran bien, otros tienen un grafismo muy atractivo, pero al lado del creador de Groo, son todos una manga de crotos. Me quedo con Michael J. Buckley, el que me pareció más interesante.
¿Qué más tenemos? Varias páginas humorísticas de Jonathan Bennett (al dibujo le falta bastante, pero es ingenioso); un emotivo y atractivo tratado sobre la ausencia a cargo del siempre inspirado Jordan Crane; un extraño pero sólido Dakota McFadzean; un cacho de una obra de Sammy Harkman que padece un dibujo un poco tosco y demasiadas viñetas por página, pero que deja traslucir la intención de ser una buena historieta; un lindísimo trabajo (raro y perturbador) de Anders Nilsen; una tal Nora Krug, que pela un grafismo similar al de Miguel Calatayud y una historieta que definitivamente requería más páginas para no quedar tan sobrecargada; y un grosso al que no conocía: Scott Chantler, excelente dibujante y narrador del que quiero YA otras historietas.
Y después varios vendehumo, como Jesse Jacobs (un clon correcto de Brian Chippendale, que dibuja bien pero narra para el orto), David Collier (con una historia bien planteada pero mal desarrollada y peor dibujada), David Sandlin (intragable por donde se lo mire), Christoph Niemann (si eso es una historieta, empiezo a escribir un blog sobre decoración artesanal de tortas), Renée French (con lindos dibujos que no cuentan nada), Joyce Farmer (una señora que tiene 80.000 años y dibuja muy mal), Leanne Shapton (otra que no entendió que esto era una antología de historietas), o la insulsa Sarah Glidden (que quiere ser Joe Sacco y no tiene con qué).
Los Best American Comics siguen fieles a su consigna central: mostrarnos material inusual, por afuera de lo que se publica en los principales diarios y en las grandes editoriales de comics. A veces lo inusual coincide con lo bueno y a veces no. Pero poco importa si la que decide quién publica y quién no es Françoise Mouly: la mina tiene tanta chapa, que sin ningún esfuerzo logrará que un montón de boludos salgan a comprar las historietas de un puñado de autores de mediocres para abajo, sólo porque ella los incluyó en esta antología. La edición que sale este año la coordina Jeff Smith, con cuyo criterio –sospecho- coincidiré bastante más. Mientras tanto, a anotar algunos nombres de autores que no conocía y que, definitivamente, valen la pena.
domingo, 13 de mayo de 2012
13/ 05: THE BEST AMERICAN COMICS 2011
Por tercera vez en tres años me siento a destripar estas lujosas antologías de material alternativo, que le dan sistemáticamente la espalda a lo que publican los diarios y las editoriales más grandes, para concentrarse en historietas surgidas en las editoriales “boutique” o incluso en la web. Esta vez la coordinación cayó en manos de Alison Bechdel (autora de la fundamental Fun Home) y, lógicamente, hay más autoras mujeres que de costumbre. Y menos maestros indiscutidos.
De los autores mega-consagrados, primero aparece Joe Sacco, con sus tremendas historietas testimoniales ambientadas en la Franja de Gaza. Impresionante material, sobre todo porque Sacco narra y dibuja cada vez mejor. Después, Chris Ware con una historia de Jordan W. Lint formalmente muy interesante, pero aburrida y retorcida al pedo. Por más que lo intento, no logro sintonizar la onda de este supuesto genio del Noveno Arte. En cambio lo de Jaime Hernández (una historieta ambientada en la pre-adolescencia de Maggie Chasacarrillo) me mató. Probablemente sea lo mejor del libro. Bechdel eligió también un hermoso fragmento de Rasl, del maestro Jeff Smith, el que dedica a contar la historia del excéntrico Nikola Tesla. Una maravilla el dibujo, pero la historia ya me la sabía de memoria. Y el otro capo absoluto que aparece en el libro es Paul Pope, con una historieta muy breve (apenas 4 páginas) en las que rinde un magnífico tributo a David Bowie. Historieta cortita pero perfecta, ya que –a diferencia de la de Jaime- no hay que manejar los códigos de un universo ficticio para disfrutarla.
A ver cómo le fue a los Segunda Línea. Gabrielle Belle, que se había sacado buena nota en otras ediciones de TBAC, acá dibuja para atrás un guión aburrido, que quiere ser Fun Home y no tiene con qué. Dash Shaw aparece con un fragmento de su novela Bodyworld y confirma mis sospechas de que es un vendehumo. Ya está, no le doy más chances, lo paso a la lista de los ilegibles. La de Jillian Tamaki es demasiado breve, pero el dibujo es excelente. La re-banco. Y la de Kevin Huizenga está muy bien dibujada, con unos truquitos de narrativa brillantes, pero el guión es la nada misma.
El resto, entran todos en la categoría de Autores Revelación, de chicos y chicas prácticamente desconocidos. La más grossa de este paquete es Kate Beaton, a quien vimos no hace mucho en el Vol.2 de Strange Tales, jugando con los personajes de Marvel. Acá pela una tira cómica MUY lograda. Y la otra a la que le pongo muuuuchas fichas es Angie Wang, que acá experimenta con los clichés de los comics de superhéroes en un estilo hipnótico, onda Suehiro Maruo, pero con un manejo glorioso del color. Al resto le falta un poco más de sopa, en distintas proporciones, claro. Kevin Mutch va bien encaminado en la comedia costumbrista, con buenos diálogos y demás. Ken Dahl dibuja muy bien, le falta un poco de narrativa y un guión menos hermético. Eric Orner, al revés: tiene talento para narrar y maneja muy bien la autobiografía, pero como dibujante se cae a pedazos viñeta por medio. A Robert Sergel le falta un toquecito más de personalidad en el dibujo, el resto está muy bueno. Joey Alison Sayers tiene un estilo muy personal, lástima que a mí no me copa. Su guión, sin embargo, es de los más punznates y graciosos. Sabrina Jones narra bien y toca un tema muy interesante. El dibujo es demasiado limitado, pero en un contexto under, zafa dignamente. Lo mismo se aplica a Noah Van Sciver, gran narrador, gran autobiógrafo, pero el dibujo sólo es aceptable en un fanzine, todavía no tiene nivel profesional. Muy lindo lo de Peter y Maria Hoey, me hizo acordar a los buenos dibujantes europeos de línea clara posmoderna. Brendan Leach, muy grosso. Buenos dibujos, buen guión, excelentes diálogos, una onda originalísima... me chocó un poquito el rotulado, nomás. Quiero ya su novela gráfica. Y la última página, en la que David Lasky resume en seis viñetas todos los clichés de las novelas gráficas tan de moda en la actualidad, es otra joya.
El resto, no jodamos... Aprendan a dibujar, a narrar, a escribir, a rotular, a entintar... o dejen las páginas del próximo TBAC a autores más curtidos, con más solvencia profesional. La verdad que si esta gente pone a Julia Gfrörer entre los mejores, me interesa mucho su selección de los peores.
Y más allá del inevitable debate, como siempre digo, esta antología cumple con creces el objetivo de mostrarnos a nuevos autores con los que cebarnos. Es un bajón que haya tantos fragmentos de novelas gráficas en vez de más unitarios, pero bueno, hacia ahí viró este segmento de la producción historietística yanki. Y es lógico y sano que así sea.
De los autores mega-consagrados, primero aparece Joe Sacco, con sus tremendas historietas testimoniales ambientadas en la Franja de Gaza. Impresionante material, sobre todo porque Sacco narra y dibuja cada vez mejor. Después, Chris Ware con una historia de Jordan W. Lint formalmente muy interesante, pero aburrida y retorcida al pedo. Por más que lo intento, no logro sintonizar la onda de este supuesto genio del Noveno Arte. En cambio lo de Jaime Hernández (una historieta ambientada en la pre-adolescencia de Maggie Chasacarrillo) me mató. Probablemente sea lo mejor del libro. Bechdel eligió también un hermoso fragmento de Rasl, del maestro Jeff Smith, el que dedica a contar la historia del excéntrico Nikola Tesla. Una maravilla el dibujo, pero la historia ya me la sabía de memoria. Y el otro capo absoluto que aparece en el libro es Paul Pope, con una historieta muy breve (apenas 4 páginas) en las que rinde un magnífico tributo a David Bowie. Historieta cortita pero perfecta, ya que –a diferencia de la de Jaime- no hay que manejar los códigos de un universo ficticio para disfrutarla.
A ver cómo le fue a los Segunda Línea. Gabrielle Belle, que se había sacado buena nota en otras ediciones de TBAC, acá dibuja para atrás un guión aburrido, que quiere ser Fun Home y no tiene con qué. Dash Shaw aparece con un fragmento de su novela Bodyworld y confirma mis sospechas de que es un vendehumo. Ya está, no le doy más chances, lo paso a la lista de los ilegibles. La de Jillian Tamaki es demasiado breve, pero el dibujo es excelente. La re-banco. Y la de Kevin Huizenga está muy bien dibujada, con unos truquitos de narrativa brillantes, pero el guión es la nada misma.
El resto, entran todos en la categoría de Autores Revelación, de chicos y chicas prácticamente desconocidos. La más grossa de este paquete es Kate Beaton, a quien vimos no hace mucho en el Vol.2 de Strange Tales, jugando con los personajes de Marvel. Acá pela una tira cómica MUY lograda. Y la otra a la que le pongo muuuuchas fichas es Angie Wang, que acá experimenta con los clichés de los comics de superhéroes en un estilo hipnótico, onda Suehiro Maruo, pero con un manejo glorioso del color. Al resto le falta un poco más de sopa, en distintas proporciones, claro. Kevin Mutch va bien encaminado en la comedia costumbrista, con buenos diálogos y demás. Ken Dahl dibuja muy bien, le falta un poco de narrativa y un guión menos hermético. Eric Orner, al revés: tiene talento para narrar y maneja muy bien la autobiografía, pero como dibujante se cae a pedazos viñeta por medio. A Robert Sergel le falta un toquecito más de personalidad en el dibujo, el resto está muy bueno. Joey Alison Sayers tiene un estilo muy personal, lástima que a mí no me copa. Su guión, sin embargo, es de los más punznates y graciosos. Sabrina Jones narra bien y toca un tema muy interesante. El dibujo es demasiado limitado, pero en un contexto under, zafa dignamente. Lo mismo se aplica a Noah Van Sciver, gran narrador, gran autobiógrafo, pero el dibujo sólo es aceptable en un fanzine, todavía no tiene nivel profesional. Muy lindo lo de Peter y Maria Hoey, me hizo acordar a los buenos dibujantes europeos de línea clara posmoderna. Brendan Leach, muy grosso. Buenos dibujos, buen guión, excelentes diálogos, una onda originalísima... me chocó un poquito el rotulado, nomás. Quiero ya su novela gráfica. Y la última página, en la que David Lasky resume en seis viñetas todos los clichés de las novelas gráficas tan de moda en la actualidad, es otra joya.
El resto, no jodamos... Aprendan a dibujar, a narrar, a escribir, a rotular, a entintar... o dejen las páginas del próximo TBAC a autores más curtidos, con más solvencia profesional. La verdad que si esta gente pone a Julia Gfrörer entre los mejores, me interesa mucho su selección de los peores.
Y más allá del inevitable debate, como siempre digo, esta antología cumple con creces el objetivo de mostrarnos a nuevos autores con los que cebarnos. Es un bajón que haya tantos fragmentos de novelas gráficas en vez de más unitarios, pero bueno, hacia ahí viró este segmento de la producción historietística yanki. Y es lógico y sano que así sea.
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domingo, 6 de marzo de 2011
06/ 03: THE BEST AMERICAN COMICS 2010

Como todos los años, me sumerjo en esta antología lujosamente editada para enterarme qué están leyendo los yankis de paladar más refinado, esos snobs anti-COGA que creen que cualquier cosa en la que aparezca un superhéroe contagia enfermedades venéreas. ¿Y con qué me encuentro? Con que la primera de las 25 historietas elegidas es un comic de superhéroes… encima editado por Marvel! ¿Qué pasó acá? ¿Se volvieron todos locos? No. El comic elegido es un capítulo de Omega the Unknown, re-imaginado por el escritor Jonathan Lethem y dibujado por un capo indie, Farel Darlymple, y el prócer underground Gary Panter. O sea que casi no se parece a un comic de superhéroes. Y el otro dato fundamental: el coordinador de esta antología, encargado de la selección final del material, este año fue Neil Gaiman, que algo sabe de re-imaginar viejos superhéroes.
Para las 24 historietas restantes, Gaiman va más a lo seguro, o sea, a los íconos del comic indie americano: está Robert Crumb (con un fragmento de su Génesis), está Peter Bagge, está Ben Katchor, hay dos historietas de Chris Ware (una cortita y un largo extracto de una de sus novelas gráficas), están los Hermanos Hernández (con un episodio de Citizen Rex, de Mario y Beto)… y por supuesto hay un extracto de Asterios Polyp, la fundamental novela gráfica de David Mazzucchelli. Nada de eso sorprende en lo más mínimo, más allá de lo buenas que están las historietas.
Gaiman también puso de titulares a autores que todavía no son íconos, pero que en los últimos años lograron un merecido reconocimiento, como James Kochalka (con tiras “cómicas” autobiográficas que no me movieron un pelo), Bryan Lee O´Malley (con un cachito de Scott Pilgrim), Dean Haspiel (con un fragmento de una novela gráfica), Josh Neufeld (idem) y Lili Carré, abonada hace años a esta antología, también con un capítulo de una obra extensa. Fijate cómo el viraje del comic a la librería, y a las obras más largas y ambiciosas, le complica la vida a los encargados de armar antologías: antes sobraban las historias cortas, ahora te re-cagan al llenarte el libro de cachos de historias largas. Hoy, este libro más que una antología es un catálogo, son trailers de las novelas gráficas que te vas a querer comprar. Lo mismo que le criticamos a la Fierro, con el agravante de que el mes que viene no te editan otro fragmento de las historias que te muestran.
Y como siempre, me encontré con autores que no conocía y me gustaron mucho. Fred Chao cuenta una muy buena historia, con personajes muy bien trabajados y mucho ritmo. Le falta ajustar un poquito el dibujo, sacarse de encima ciertas influencias de “dibujante cool y fan del manga” y apostar más para el lado de Jason Lutes. Pero promete a full. Theo Ellsworth me mató con una historia redondísima, originalísima por donde se la mire. Su dibujo viene de la línea noventosa de Brian Chippendale y sus amigos, pero Ellsworth no huele a clon, sino más bien a potencial genio. Y la historieta que más me llegó fue la de Michael Cho, que en realidad es casi un artículo periodístico contado en formato de comic, medio al estilo de los míticos Big Books, pero con una puesta en página más jugada y con un dibujo sobrio, realista, de gran solidez y gran belleza. Y también me gustaron mucho el argumento y los personajes de la historieta de Derf, pero tiene fallas en el guión y el dibujo es un poco precario, demasiado pegado al indie de fines de los ´80, y a la vez lejos de la solvencia de los grandes autores de esa movida.
Y bueno, mojó Marvel en este sectario festival del anti-mainstream. Como conté la vez pasada, en 2008 había quedado elegida Batman: Year 100 (de Paul Pope) y DC no autorizó la publicación de un fragmento, pero en 2010 Marvel se copó y –con la complicidad del glorioso Neil Gaiman- rompió una especie de Muro de Berlín. Fuera de eso, que es casi anecdótico, The Best American Comics conserva su atractivo como repaso anual por lo más notable de la producción que no se publica ni en los diarios ni en las editoriales más fuertes del circuito comiquero. Por suerte, por afuera de esas áreas se sigue generando historieta de gran nivel.
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sábado, 30 de enero de 2010
30/ 01: THE BEST AMERICAN COMICS 2009

Desde 2006, la prestigiosa editorial Houghton Mifflin Harcourt edita cada año un lujoso hardcover de más de 300 páginas con una selección de historietas de la Norteamérica anglófona, coordinada por Jessica Abel y Matt Madden. Además, cada año convocan a un autor grosso como Editor General, encargado de la selección final. Por ese sillón pasaron Harvey Pekar, Chris Ware, Lynda Barry, y esta vez le tocó al siempre alucinante Charles Burns.
Burns se jugó mucho por “los que no pueden faltar”. Está su ídolo de toda la vida (Robert Crumb), está el tipo que le abrió las puertas para empezar a publicar (Art Spiegelman), está su gran amigo de siempre (Gary Panter), están los muchachos que renovaron el indie en los ´80 (Beto Hernández, Peter Bagge, Kaz, Daniel Clowes) y algunos de los más destacados monstruos surgidos en los ´90 (Ware, Adrian Tomine, Al Columbia, Jason Lutes, Ben Katchor y Tony Millionaire). Y a la hora de mostrarnos autores nuevos (o menos conocidos) armó un cóctel ecléctico e impredecible, donde se distinguen básicamente tres subgrupos.
Los Horribles: autores y autoras que no tienen idea de guión ni de dibujo, que cualquier historieta que publiquen por afuera de un blog o un fanzine deja a las claras su falta de nivel profesional. No hay muchos de esos en el libro, por suerte, pero sí un par de los que te dejan secuelas irreversibles en las retinas.
Los Bizarros: No es ninguna novedad que el indie norteamericano está dominado hace años por la autobiografía y el “slice of life”. Burns se caga bastante en eso, y por eso habilita a autores que pelan extrañas historias de géneros que van desde el policial hasta los funny animals, pero abordados desde con enfoques muy, muy inusuales. De ese paquete, me parece que Michael Kupperman y Anders Nilsen son los que más aportan.
Los Copados: Y sí, a todos estos chicos y chicas les gusta la autobiografía y el “slice of life” . Algunos narran sus no-aventuras con más humor y otros en un tono más introspectivo, o más amargo. Lo cierto es que varios de ellos se la re-bancan al lado de los grossos, principalmente Kevin Huizenga, el limado Tim Hensley (que si lo dejan, puede ser el próximo Bagge), Matt Broersma (casi un autor europeo de línea clara de los ´80), Laura Park y el israelí Koren Shadmi.
Y cuando digo “se la re-bancan al lado de los grossos” estoy tirando un elogio tamaño Galactus, porque la verdad es que los grossos aportan a este libro unas historietas de un nivel impresionante. La de Clowes, la de Crumb (con Aline Kominsky), las páginas de Katchor y el fragmento de Shortcomings de Tomine son un material especialmente devastador. Y hay tres o cuatro historias más que se acercan a ese Olimpo.
Ni hace falta decir que estos libros son sumamente útiles para saber siempre en qué andan los capos de la movida indie (y esperar con más ansias sus libros individuales) y por supuesto, para descubrir autores nuevos y seguirlos ya sea en blogs, antologías o recopilatorios de sus obras. Lo único para criticar es que se llamen “The Best American Comics”, no sólo por el mal uso del término “American”, sino porque la selección está hecha sobre una porción de la oferta de comics a disposición del lector anglófono. No hay prácticamente material del que sale en los diarios y ni por asomo aparecen las historietas que editan las grandes compañías tipo DC, Marvel, Dark Horse, etc. En cuatro años, una sóla vez un comic de origen mainstream entró en la selección (Batman: Year 100, de Paul Pope), pero DC no autorizó la reproducción de un fragmento, con lo cual lo tuvieron que reemplazar con otra cosa.
Esto, a su vez, nos lleva a un tema muy interesante, que seguramente vamos a analizar en detalle en un próximo podcast de Comiqueando: el cisma brutal entre estos dos universos en los que se dividió la historieta norteamericana, dos mundos con lógicas tan distintas que ya casi no intersectan en lo más mínimo. En un mundo, Clowes es Dios y el que se compra un comic donde aparece Wolverine es un subnormal invertebrado a milímetros de hacerse fan de Naruto o de ir a ver la obra de Ricardo Fort, y en el otro Leinil Francis Yu es Dios y Eightball es un comic para idiotas que se creen cool y comen ensalada de rúcula de cuarenta mangos en los restó de Palermo Gólico. Si sos de los que saltan de un mundo a otro y disfrutan lo mejor de ambos, relajate, gozá, y dejale ese Boca-River ridículo a la gilada…
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