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miércoles, 9 de noviembre de 2011

09/ 11: EL GATO NEGRO Y OTRAS HISTORIAS


Seguimos por el lado del terror y ahora nos acompaña el sublime, el excelso, el insuperable Alberto Breccia. A lo largo de su ilustre trayectoria, el Viejo se abocó muchas veces a adaptar a la historieta obras literarias bastante diversas, a veces solo y a veces junto a algún guionista. Este lujoso volumen reúne cinco cuentos del mítico escritor estadounidense Edgar Allan Poe, padre fundador de la literatura fantástica, convertidos en historietas por otro mito, otro artista inconmensurable que marcó un antes y un después en lo suyo, pero de acá nomás, del Río de la Plata.
Dos de estas adaptaciones fueron realizadas por el Viejo entre 1982 y 1983 y publicadas por primera vez en Italia, en 1985. Una de ellas es la que da título al libro, El Gato Negro, 12 páginas tremendas que nos muestran al Breccia grotesco, caricaturesco, volcado al color, similar al de su increíble parodia de Drácula, pero menos oscuro, con una paleta basada en verdes, marrones y rosados. Lo más notable es algo que llamará la atención en varias de las adaptaciones del genio: la poquísima cantidad de texto. Mientras la mayoría de los autores que parten de obras literarias se enamoran perdidamente de los textos y los respetan al punto de sacrificar el ritmo del relato historietístico, Breccia hace todo lo contrario: se queda sólo con los textos que no pueden faltar y el resto lo tira a la mierda. Muchísimo de lo que Poe dijera con palabras, el Viejo lo dijo con sus dibujos, a tal punto que sus adaptaciones están repletas de viñetas sin texto y a veces hasta de extensas secuencias mudas.
La otra adaptación del ´82-´83 es La Máscara de la Muerte Roja, otras 12 páginas en un estilo muy similar al de El Gato Negro, pero con una paleta de colores más amplia, más festiva. Desbordante de sangre y lujuria, es también la historieta más salvaje del tomo y la única que –además de shockearnos con una historia jodida y macabra- se propone bajar línea socio-política. Y hay orgías, gloriosamente dibujadas.
También a color, pero en los ´90 y para Francia, el Viejo realizó una adaptación (la segunda en su carrera) de El Extraño Caso del Sr. Valdemar, en la que mezcla viñetas totalmente despojadas (en las que acentúa el horror de lo que está sucediendo) con viñetas sobrecargadas, barrocas, llenas de figuras granguiñolescas y colores estridentes por todos lados, incluso dentro de los globos de texto (truquito que también vimos en su Lope de Aguirre, de 1991-92). Tal vez esta sea la menos interesante de las historietas del tomo.
Pero vamos para atrás, a los ´70, que ahí también hubo Poe dibujado por Breccia. En el ´79, y sobre guión de Guillermo Saccomanno, realizó la adaptación de la perturbadora William Wilson, con la particularidad (a mi juicio acertadísima) de transplantar la historia a Buenos Aires, al barrio de Mataderos que tan bien conociera el Viejo. Acá vemos al Breccia más raro, más experimental, con sus pinceladas viscerales, sus manchas y sus texturas fuera de control, sus coqueteos más obvios con las vanguardias de las artes plásticas del siglo pasado. Lo más loco es que, aún con todo esto, la narrativa es ajustada y sin fisuras. El texto, tan exiguo como cuando el propio Breccia se encargaba de los guiones.
Y –no podía faltar- cierra el tomo la versión de Breccia de El Corazón Delator, esa historieta mundialmente famosa, ya publicada hasta en la Condorito. Cualquiera que alguna vez haya dado clases de Historieta se la sabe de memoria, porque todos la usamos para explicar cómo se crea suspenso, tensión, como se manipula la percepción del lector del paso del tiempo, etc. También es una cátedra absoluta de claroscuro, un ejemplo asombroso de cómo se puede contar una historia sin dibujar fondos, otro ejemplo de adaptación despojada, que reduce la presencia de los textos a la mínima expresión... Todo eso y mucho más enseña el Viejo en estas 11 páginas demoledoras y fundamentales.
Si nunca leiste a Breccia, no te recomiendo empezar por acá. Agarrá material un poco anterior, como Sherlock Time o Mort Cinder. De ahí pasá a Buscavidas o Perramus y recién después metete con estas historias más raras, donde el Viejo se iba más al carajo con su expresionismo pasado de rosca, sus climas ominosos y sus constantes innovaciones técnicas. La narrativa siempre es clara, cristalina, bien clásica. Pero en la faceta visual de estos trabajos, suele estallar un Breccia poco apto para principiantes. Ahora, si te resulta atractivo porque sos fan de Poe, preparate porque esto te va a parecer alucinante y a la vez muy, muy raro.
Ah, y lo más raro de todo: varias de estas historietas nunca se habían publicado en Argentina!