
El primer Iron Man que me enganchó, que me resultó mínimamente copado, fue el de la peli de 2008. Del Iron Man de los comics, podría rescatar -con buena leche- tres o cuatro sagas desde su primera aparición hasta hoy. Odio al Iron Man de los comics. Me parece un personaje chotísimo, sin onda, sin ningún atractivo. No entiendo cómo hizo para perdurar tantos años, hasta que las pelis con Robert Downey Jr. lo hicieron popular y masivo, como para seguir vendiendo muy bien aún con más títulos de los que banca el personaje, y aún sin buenas historias para contar.
La mejor historia que leí es una gema oculta. Rara, porque –como la peli- plantea una nueva versión de Iron Man que, acertada y felizmente, traiciona a casi todos los conceptos creados por Stan Lee en los ´60, que para mi gusto no funcionan. En Ultimate Iron Man, el escritor de ciencia-ficción Orson Scott Card recibe luz verde para cagarse en todo y el resultado es muy, pero muy satisfactorio. Tony Stark no es Anthony sino Antonio (wow, qué jugado!) y además es una especie de freak de la ciencia, que arrastra desde su nacimiento una genética única y alucinante, o para decirlo en términos más geeks: es un metahumano, con las funciones cerebrales repartidas por todo el cuerpo, la incapacidad de sentir dolor y el poder de regenerarse en caso de sufrir heridas y hasta amputaciones de sus miembros.
Como en Ultimate Fantastic Four, Card hace una de más: para que este sea un comic fresco, cool, reader-friendly, atractivo para el borregaje, Iron Man es Iron Boy. En los 10 episodios que llega a escribir Card, Tony no llega a cumplir ni 18 años. Pero, por extraño que parezca, esto no jode para nada. No sólo porque Card escribe adolescentes creíbles y gancheros, sino porque buena parte de estos 10 episodios están centrados en la infancia de Tony, en la que pasan miles de cosas fundamentales para la saga. De hecho, la primera vez que aparece la armadura es en la segunda mitad del quinto episodio, donde termina en primer arco. Hasta ese momento, no sólo no hay héroes que vuelan y lanzan rayos: prácticamente no hay machaca. La historia avanza con muy buen ritmo, pero movida por tramas que van por el lado del espionaje, la ciencia-ficción y el thriller financiero, con poco margen para los combates violentos y la estridencia pochoclera tan típica del género superheroico.
El segundo arco (con Tony y Rhodey ya vestidos cada uno en su armadura) tiene un poco más de acción, pero de nuevo, la trama avanza por otros carriles más sutiles, donde el diálogo, los aprietes, las runflas y la investigación tienen más peso que las peleas y las explosiones. Card maneja muy bien el suspenso, la sensación de peligro, y la rompe cada vez que en esas situaciones tensas mete chistes, abruptas bajadas a la realidad de algún personaje con el cinismo (o la mente fría) suficiente para señalar lo bizarro o lo cuasi-inverosímil de la situación. Muy grosso.
La primera saga está casi toda dibujada por un Andy Kubert muy comprometido, con muchas pilas. Se debe haber querido matar cuando leyó el guión, porque su estilo brilla más cuando hay tole-tole que cuando todo se centra en cabecitas que hablan, pero igual no mezquinó nada. Bueno, sí… las últimas 13 páginas, que las termina Mark Bagley tratando de copiar el estilo de Andy. El segundo arco cuenta con los dibujos de un inspiradísimo Pasqual Ferry, complementado con una gran labor de Dean White y otros coloristas. Ferry se banca con elegancia muchas páginas con muchos cuadros y muchos diálogos entre muchos personajes normales, sin nada estridente ni impactante para dibujar. Y tampoco se arremanga hasta el final: las últimas 14 páginas (en las que hay bastante acción) las termina Leo Manco, sin intentar en lo más mínimo clonar el estilo del maestro español.
Ultimate Iron Man es infinitamente más interesante, emocionante y creíble que cualquier comic del Iron Man “posta” que hayas leído. Y además tiene a tres dibujantes de enorme nivel (Kubert, Ferry y Manco) y a un guionista que venía de otro palo pero que mostró una gran solvencia y un gigantesco ingenio para captar y sorprender al lector. Ojalá se vengan más comics (de Iron Man o de lo que sea) escritos por Orson Scott Card.